Guerra civil española (1936-1939)

Historia de España. Zona republicana y nacionalista. Antecedentes. Franco. Papel de la Prensa. Novela

  • Enviado por: Jose Leon Ezqueta
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 32 páginas

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¿QUÉ ES UNA GUERRA CIVIL?

 La guerra civil es como todas las demás guerras un conflicto bélico, que se inició en julio de 1936 por la sublevación de un sector del Ejército frente al gobierno de la II República Española, y que concluyó con la victoria de los sublevados el 1 de abril de 1939.

CUETIONES TERMINOLÓGICAS

 Aunque, sobre todo desde 1960, para definir el conflicto se prefiere la denominación “guerra civil”, ésta no fue la única en la historia española, por lo que no define el acontecimiento de forma exacta. También recibió otros nombres: movimiento cívico militar, Cruzada, guerra de tres años, guerra nacional y revolucionaria del pueblo español, entre otros. Son nombres todos ellos que ocultan el “enfrentamiento de dos entusiasmos” al que se refirió el historiador británico Raymond Carr y, en suma, de dos concepciones en cierto modo presentes en los resultados de las elecciones celebradas en Febrero de 1936 que supusieron el triunfo, por un corto número de votos de la coalición de izquierdas agrupada en el frente Popular y que se venían gestando desde la proclamación de la II República en abril de 1931.
Ningún acontecimiento como este impactó tanto en la opinión internacional hasta entonces, convirtiéndose en uno de los episodios que provocó mayor número de publicaciones. La “guerra de tinta”, en expresión de Salvador de Madariaga, fue desde el principio una guerra de propaganda con dos tipos de valoraciones propiciadas desde los dos bandos participantes en el enfrentamiento. La muy distinta versión informativa que expresaba el mismo periódico editado en ambas zonas -ABC de Madrid y Sevilla- puede servir como ejemplo de la ruptura o enfrentamiento nacional existente.
Otro tanto cabe decir de las revistas culturales -antifascista y azules- publicadas durante el trienio, sin olvidar las manifestaciones del teatro, cine y cartelismo, símbolos, consignas y mensajes difundidos durante el conflicto y después de su conclusión.

CARACTERISTICAS DE LA GUERRA CIVIL

 Entre las características más importantes de la guerra civil, mencionaremos las siguientes:

a) En primer lugar, que es uno de los pocos casos de la historia moderna en que los militares fueron sus iniciadores esenciales. Con anterioridad, las fuerzas armadas no existían como institución permanente, autónoma y autoconsciente, salvo en los tiempos del Imperio Romano o del Imperio Otomano. Por tanto el ejercito no podía actuar de manera independiente o de forma unitaria.

b) Una segunda característica general, es que toda autentica guerra civil requiere profundas divisiones en la sociedad que permitan a cada bando lograr un amplio eco popular. Esto no implica que puedan producirse breves guerras civiles entre sectores de la capas gobernantes. Pero estas guerras son breves precisamente porque se llevan a cabo por encima del cuerpo principal de la sociedad y no se nutren en él. Aunque no por eso es una autentica guerra civil, la mayoría de las personas tienen que ser partidarias apasionadas de uno u otro bando

c) Como tercera característica general, la ideología es un elemento importante en toda autentica guerra civil, porque requiere una participación de masas. Aunque no es absolutamente indispensable, la ideología contribuye notablemente a crear un cuerpo de militantes que, una vez capacitados, ejerzan presión sobre sectores más neutrales de la población, convenciéndolos para que tomen parte en la guerra.

d) Una cuarta característica general es que la guerra civil es muy cruel. Quizá más de lo que suelen serlo las contiendas entre naciones distintas. Esto es así porque continuamente se libra dentro, y no fuera del territorio ocupado por miembros de una miasma sociedad. En las guerras internacionales, el enemigo es algo distante, no siempre está presente. Solo se entra en contacto con él, en el frente o en las zonas ocupadas de su territorio. En las guerras civiles, especialmente en aquellas como la española de 1936 a 1939, el enemigo no solo se encuentra en el frente, sino también en el seno de cada bando contendiente. No se le puede eludir en ninguna parte, en momento alguno. Es un subversivo con el que debemos tratar; un traidor que merece castigo por haber violado un sagrado vincula humano.

ANTECEDENTES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

LA CAIDA DE LA MONARQUÍA Y LA II REPÚBLICA (abril 1931- julio 1936)

Madrid, 18 de febrero de 1931-El almirante Juan Bautista Aznar forma nuevo gobierno, por encargo de Alfonso XIII, tras la dimisión del general Berenguer el día 14.
Una de las primeras preocupaciones del gobierno es la convocatoria de elecciones.
Pero, con una opinión pública cada vez más favorable al republicanismo, un ejercito que era en parte favorable y en parte expectante, y una clase política monárquica desengañada de las actuaciones de la Corona y de su intrusismo, el resultado de éstas va a suponer un verdadero descalabro para la monarquía.
La pretensión de Aznar, de retornar a la constitucionalidad en un proceso progresivo, está llamada al fracaso.
Los resultados de las elecciones municipales del día 12 dan el triunfo moral a los republicanos, aunque no el numérico.
Los más madrugadores son los del Ayuntamiento de Eibar, que a las seis de la madrugada proclama la república. Mientras, en Madrid, desde primeras horas, los miembros del Comité Revolucionario Nacional, que se han asignado con anterioridad sus futuros cargos de ministro o gobernadores civiles, se preparan para ocupar sus puestos. Tiene que pasar, sin embargo, todo el día, para que la república se proclame en Madrid y se constituya el gobierno provisional republicano, como lo dispone el pacto de San Sebastián (17.8.1930).
Hasta las nueve de la noche no se puede escuchar a Alcalá Zamora proclamando la República en toda España.
Lo más sensato es que el rey abandone España. Así lo reafirma el último Consejo de Ministros de la Monarquía y a las 21.15 de la noche Alfonso XIII marcha a Cartagena, desde donde abandona España con destino a Marsella.
La situación política Española ha sufrido una continua sucesión de desaciertos, que le han llevado a una situación insostenible tal que la República se impone sin necesidad de ninguna revolución sangrienta. Pero no lo tiene nada fácil. El ejército necesita ser reorganizado y modernizado; el paro y la crisis económica internacional, consecuencia del crack de la bolsa neoyorquina en 1929, comienzan a hacerse notar, y el campo precisa una reforma profunda.
 
 
                             ALFONSO XIII

España, 13 de Mayo de 1931. El cardenal Segura abandona España, camino de Roma. Las estrechas relaciones que durante siglos han mantenido Iglesia y Estado, han acabado creando una situación erizada de problemas. La primera ha obtenido una serie de privilegios y pujanza material, cuya disminución se confunde fácilmente con un ataque a los sentimientos religiosos. Además, el anticlericalismo ha calado en amplias capas de la población. Esta es la situación cuando el cardenal Segura, primado de España, profundamente monárquico y con una concepción teocrática del estado, publica un pastoral previniendo a todos los católicos contra la república (1 de Mayo). La apología monárquica del cardenal Segura hace que el Gobierno decida expulsarle de España, de la que parte rumbo a Roma el 13 de mayo.
Tres días antes se desencadena una crisis que se traduce en un violento estallido anticlerical, con incendio de edificios religiosos en Madrid y varias capitales de provincia andaluzas y levantinas.
Madrid, 10 de diciembre de 1931- Las Cortes deciden, por amplia mayoría, nombrar a Don Niceto Alcalá Zamora primer Presidente de la Segunda República.
La victoria del Frente Popular significa un fracaso y las nuevas Cortes le destituyen por haber sobrepasado el número de disoluciones de las Cortes autorizado.
España, 19 de Noviembre de 1933-Se celebran elecciones generales. Pocos incidentes. Van a las urnas 8.711.136 españoles. Triunfo de las derechas, aunque en 14 circunscripciones se habrá de repetir, por no haber alcanzado lo candidatos mínimos exigidos por la ley. Pero de los 473 diputados, ya hay seguros 140 de derechas y 90 de izquierdas.
El 3 de Diciembre se realiza la segunda vuelta de las elecciones. Las derechas vuelven a triunfar. El nuevo congreso se distribuye así: partidos de derechas 217, centroderecha 169, de izquierdas 96 (60 son socialistas).
España 16 de Diciembre de 1935-El comité Nacional del Partido Obrero Español confirma la política de frente común electoral, desde los republicanos a los comunistas, en un llamado Frente Popular.
Ello coincide con una crisis gubernamental y el decreto de disolución de la Cortes.
Uno de los grandes objetivos de Alcalá Zamora, presidente de la república, era que las fuerzas de centro afianzasen la democracia y dieran un tono moderado a la república; por ello, el 14 de Diciembre encargó a Portela Valladares la formación de un nuevo gobierno con el objeto de detener el avance de los grupos de izquierda.
El día 7 de enero Portela Valladares anunciará la convocatoria de elecciones.
España, 16 de Febrero de 1936-Se realiza la primera vuelta de las elecciones legislativas en España, dándose por seguro el triunfo total del frente popular. El señor Portela ya ha manifestado sus deseos de entregar el gobierno al señor Azaña. Hecho que tendrá lugar el día 19. El nuevo gobierno estará así integrado únicamente por republicanos, quedando fuera los socialistas, tal como se estableció en el pacto del frente popular.
Tras la segunda vuelta electoral, celebrada el día 1 de marzo, y la repetición de la elecciones en Cuenca y Granada, el Frente Popular llega a obtener la cifra de 278 diputados, quedando 125 para las derechas y 61 para el centro.
Madrid 12 de Mayo de 1936-Las cortes eligen a Manuel Azaña nuevo presidente de la república por aplastante mayoría.
El día 1 de junio de 1936 Don José Calvo Sotelo pronuncia en las Cortes un duro discurso contra el Gobierno debido al desorden público existente y la pasividad del Gobierno para detener el mismo.
En la noche del 12 al 13 de julio de 1936, un grupo de falangistas asesina en la puerta de su casa, en una de las más frecuentadas esquinas de la calle Fuencarral en Madrid, al teniente José Castillo perteneciente a la guardia de asalto. Escenas de venganza se suceden ante el cadáver en el cuartel de Pontejos, junto a la Puerta del Sol, de donde sale de madrugada una camioneta oficial con una dotación de guardias de uniforme y dirigidos por el capitán Condés.
Las fuerzas del orden público de la República asaltan, de madrugada el domicilio particular del jefe de la oposición (en la calle Velázquez de Madrid), dotado de la inmunidad parlamentaria. Parece que tratar un primero de asesinar a Gil Robles, que no estaba esa noche en Madrid. Arrancaron a José Calvo Sotelo de su familia indefensa y le asesinaron de un tiro en la nuca a las pocas calles. Luego abandonaron su cadáver en el cementerio del este. Como señaló Indalecio Prieto, los dos entierros casi simultáneos que tuvieron lugar el día 14 de julio, preduliaban ya las dos Españas que entrarían en guerra a muerte cuatro días más tarde.
 

DE LOS TRES DÍAS DE JULIO A LA GUERRA LARGA

 Desde el primer momento, el territorio nacional quedó dividido en dos zonas en función del éxito que obtuvieron los militares sublevados. Prácticamente se reproducía el mapa resultante de las elecciones de febrero de 1936; salvo casos aislados, los militares triunfaron en aquellas provincias donde resultaron más votadas las candidaturas de derechas, mientras que fracasaron en aquellas donde la victoria electoral correspondió al Frente Popular. El comienzo del “Alzamiento” tuvo efecto el 17 de julio en Melilla. Las unidades militares de Marruecos que no controlaba el gobierno republicano se hicieron pocas horas después con Tetuán y Ceuta. El general Francisco Franco partió desde Canarias en una avioneta privada (Dragon Rapide) a Tetuán el día 18. ese mismo día se sublevan los mandos militares de otras divisiones peninsulares. Sin embargo, el levantamiento fracasó en las principales ciudades del país. Desde el día 18 ni el gobierno ni los rebeldes controlaban la totalidad del país. El mapa inicial dejaba en manos de los sublevados parte de Castilla la Vieja, León, Galicia, Cáceres, poblaciones de Andalucía, oeste de Aragón, Navarra, Baleares y Canarias. El gobierno conservaba: el País Vasco, Cantabria, Asturias, Castilla la Nueva, Cataluña, Levante y el resto de Andalucía. Conforme avanza la contienda, la zona republicana perdía territorio que, desde finales de marzo de 1939, pasó íntegro a manos del ejército franquista.
 
 
 

 
 
 
 

 

En el mapa de Julio de 1936 se ofrece la situación de las dos Españas a los pocos días del alzamiento militar. Poco más de un año después, los nacionalistas habían conseguido importantes triunfos ( mapa de octubre de 1937): enlace de sus tropas del sur y del norte e incorporación de la región Cantábrica).
 
 
 
 
 
 

La ofensiva nacionalista en Aragón dio como resultado la llegada al Mediterráneo en la primavera de 1938. Pero la ofensiva republicana en el Ebro ( iniciada en Julio de 1938, fecha del mapa) retrasó el avance nacionalista sobre Cataluña. El mapa de febrero de 1939 recoge la situación después de la ocupación de Cataluña por los nacionalistas, y permite ver cual era la zona que aún se mantenía bajo dominio republicano.
 
 
 
 
 

De cualquier forma, el comienzo de la guerra estuvo vinculado al plan establecido previamente por los conspiradores en la primavera de 1936 y en el que participaron mandos militares -la antirrepublicana Unión Militar Española (UME) y la Junta de generales (en la que Emilio Mola era el coordinador)- monárquicos, tradicionalistas y otros sectores de extrema derecha. El asesinato el 13 de Julio de José Calvo Sotelo, líder del derechista Bloque Nacional y participante activo en la conspiración contra el gobierno, fue el episodio previo al pronunciamiento militar.
 Pronto pudo comprobarse que el plan conspirador había fracasado y que lo que se pensaba que sería un pronunciamiento decimonónico se convertiría en una guerra larga y cruel de tres años. Durante este trienio las operaciones militares permiten establecer un desarrollo cronológico, desde el paso del estrecho de Gibraltar por las tropas del ejército de África con el general Franco al frente (julio-agosto de 1936), con tres fases principales. La  primera  muestra  la  importancia  que  ambos  bandos otorgaron a la ocupación de Madrid que, en consecuencia a, pronto fue motivo de asedio por las tropas insurrectas. La estrategia de los sublevados que pretendía acceder a la capital desde el norte y desde el sur fracasó, una acción importante en esta primera fase, que enseguida quedaría en el elenco de 'mitos' de la contienda, fue la liberación del Al cazar de To1edo defendido por el coronel José Moscardó (septiembre 1936). Contando con las fuerzas de África y con la ayuda alemana e italiana, Franco avanzó sobre Andalucía consiguiendo  ocupar  las  plazas  de  Mérida  y  Badajoz, enlazando de esta manera con los sublevados del norte a lo largo de la frontera portuguesa. Mola, a su vez, lograba cortar la frontera francesa al ocupar Irún.
La segunda fase no abandonó la marcha sobre Madrid. Pero la batalla de Guadal ajara (marzo de 1937)  se sal do con el éxito republicano, que tuvo presente el plan de ofensiva general  previsto  por  José  Miaja,  frente  a  las  tropas enviadas  por  Italia. LOS alzados  decidieron  entonces centrar sus principales operaciones en el  Norte,  con el apoyo decisivo de la aviación integrada en la Legión cóndor alemana,  que  ocasionó  una  salvaje  agresión  a  Guernica (abril de 1937), las tropas rebeldes rompían las defensas (el llamado 'cinturón de hierro") de Bilbao poco después de fallecer el  general  Mola en       accidente  de  aviación.  En agosto,  estas mismas tropas entraban en Santander y dos meses después tomaban Gijón, última etapa de la ocupación por los rebeldes de la zona Norte.
A partir de finales de 1937 comenzó la tercera fase. En principio los republicanos, según los planes del general Vicente Rojo, obtenían la gran victoria de Teruel, ciudad que pierden en febrero de 1938. En julio comenzó la dura y decisiva      batalla del Ebro, en la  que la  derrota  del ejército republicano dejó despejada la ruta para el avance de los sublevados hacia Cataluña. En los últimos días de enero del año siguiente estas mismas tropas se instalaron en Barcelona,  para en fechas sucesivas avanzar hacia la frontera francesa ocupando los pasos de Puigcerdá a Port bou (Giroña). La ofensiva final (febrero-marzo) debía quebrantar las posiciones republicanas todavía pendientes, situadas en la zona centro-sur.  Fracasó el  criterio del jefe de gobierno, Juan Negrí n, de mantener la resistencia tras la creación en Madrid del Consejo Nacional de Defensa.
Este organismo que encabezaba el jefe del ejército del centro, coronel Segismundo Casado, opuesto a la intención de Negrín procuró alcanzar una paz honrosa con el gobierno franquista de <Burgos después de hacerse con el control de Madrid tras un cruento enfrentamiento entre las propias tropas republicanas. Sin embargo, no prosperaron sus gestiones por lograr una paz acordada. El 28 de marzo las tropas franquistas entraba en Madrid. Tres días más tarde en gobierno republicano veía caer las últimas plazas todavía fieles. El 1 de abril la guerra había terminado, no así las represalias.
 

LOS ORIGENES DE LA GUERRA
Desde Julio de 1936 hasta abril de 1939 Espa-ña se vio envuelta en una guerra fratricida. El conflicto fue la consecuencia final del enfrentamiento entre derechas e izquierdas, que se había agudizado a partir de la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. No obstante, la sublevación militar, iniciada en Africa el 17 de julio y extendida el 18 a la Península, desembocó en una guerra debido a que, si bien triunfó en algunos luga-res, fracasó en otros, por lo que España quedó dividida en dos zonas, una de obediencia repu-blicana y otra adicta a los nacionalistas.
1. Significado de la guerra civil.—La sublevación militar triunfó, en líneas generales, en las zonas en donde las derechas tenían neto predominio, pero fue abortada en las regiones industriales y en la mayoría de las grandes ciudades. Los rebeldes justificaban su actitud por la necesidad de poner fin al desorden exis-tente. «La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos v pueblos...», se lee en el primer manifiesto de la sublevación militar. Más tarde se añadiría otro elemento Justificativo de la rebelión: la defensa de la religión católica (la sublevación fue calificada de «cruzada» por las autoridades eclesiásticas). Pero sin negar operatividad a estos factores, las rabones profun-das del alzamiento eran otras: básicamente el te-mor de las clases conservadoras a ser desplaza-das de su posición hegemónica, ya fuera me-diante una revolución social, que algunos con-sideraban inminente, o simplemente por la con-solidación de la República democrática apoya-da en los partidos del Frente Popular. De ahí que la guerra civil española tradujera en el fondo un conflicto de clases, aunque también desempeñaran un papel importante otros mu-chos elementos de carácter ideológico. También se oponían dos concepciones sobre la estructura del Estado español. El bando rebelde propugnaba un nacionalismo a ultran-za, lo que significaba un estado centralista. Por el contrario, en el bando republicano se encontraban los partidarios de las autonomías regionales, como los catalanes y los vascos. Estos últimos, a pesar de su carácter católico, fueron leales a la República.
En el bando que a si mismo comenzó a llamarse «nacional)) la dirección, no sólo en el aspecto bélico sino también en el político, correspondía a los militares, secundados por los falangistas, la Iglesia y amplios sectores de las clases medias. En la zona republicana, las masas populares pasaron a jugar un papel prota-gonista. Se exigía la entrega de armas al pueblo. De ahí la actuación en el bando republicano, junto a los militares profesionales leales, de los milicianos.
La guerra civil española tuvo también una vertiente internacional. Es cierto que para evi-tar la internacionalización del conflicto se cons-tituyó, bajo los auspicios de Francia y de Ingla-terra, un comité de «no intervención», pero su fracaso fue manifiesto. El bando nacionalista recibió una importante ayuda militar de la Italia de Mussolini y de la Alemania de Hitler (esta última especialmente aviación, Italia amplios contingentes de combatientes). La España re-publicana contó con la presencia de las Briga-das Internacionales, conjunto de voluntarios idealistas de diversos países, más el apoyo en armas de la URSS.
2. Las primeras fases del conflicto: el avance hacia Madrid.—España había queda-do dividida en dos zonas, la republicana (inte-grada por la Meseta sur, Extremadura, buena parte de Andalucía, Levante, Cataluña, parte de Aragón y la región Cantábrica, excepto Oviedo) y la nacionalista (Meseta norte. Nava-rra, Galicia, alto Ebro, baja Andalucía, más Canarias y Mallorca). El objetivo de los nacio-nalistas era ocupar Madrid. Mientras Mola avanzaba desde el norte, el ejército del sur, dirigido por Franco, avanzó rápidamente por Extremadura y Toledo, llegando a las puertas de la capital. A principios de noviembre de 1936 Madrid estaba cercada. Pero el asalto general, que tuvo lugar el día 9, fracasó ante la resistencia popular, la enorme capacidad del comandante ROJO y la ayuda de las Brigadas Internacionales. Desde ese momento, el frente de Madrid se estabilizó, decidiendo los nacio-nalistas cambiar de táctica.
3. Los avances nacionalistas de 1937: la ocupación del Norte.—En el año 1937 los nacionalistas obtuvieron importantes éxitos militares, especialmente en el norte. En el sur los italianos ocuparon Málaga. En el centro, por el contrario, la ofensiva italiana sobre Guadalajara, que pretendía aislar a Madrid por el este, fue un rotundo fracaso. Desde entonces Madrid dejó de ser atacada. Los nacionalistas volcaron todo su esfuerzo en el norte, en donde la ofensiva se inició en el mes de marzo. En abril tenían lugar los bombardeos de Guernica y Durango por la aviación alemana, Bilbao caía en poder nacionalista en junio, Santander en agosto y Gijón en octubre. Las maniobras de diversión proyectadas por los republicanos (Brúñete en Madrid, Belchite en Aragón), de nada sirvieron.

LA GUERRA CIVIL

El final del conflicto
 

A medida que avanzaba el conflicto y los nacionalistas ocupaban nuevas zonas claves del país, aumentaban sus posibilidades de victoria en la guerra civil española. La ocupación de Cataluña por los nacionalistas, en febrero de 1939, y su entrada en Madrid, a fines de marzo, marcan el final de la contienda. Pero la guerra fratricida dejaba un saldo claramente negativo en el que, a las pérdidas demográficas y los destrozos propios de todo conflicto armado, hay que añadir las heridas abiertas en los espa-ñoles de uno y otro bando.
1. Las batallas de Aragón.—A fines de 1937 los republicanos lanzaron una ofensiva en la zona de Teruel. Pero después de librarse una batalla de extrema dureza, los nacionalistas, que habían recuperado Teruel en febrero de 1938, pudieron continuar su ofensiva hacia el este, con la finalidad de aislar a Cataluña del resto de la zona republicana. A mediados de abril los nacionalistas alcanzaban el Mediterrá-neo en Vinaroz. En junio tomaban Castellón y amenazaban peligrosamente Sagunto y Va-lencia.
En el verano de 1938 tuvo lugar un último esfuerzo militar republicano. Con el fin de descargar la presión nacionalista sobre la huer-ta valenciana y desplazar el centro de atención de k guerra hacia otro lugar, los republicanos cruzaron el Ebro en el mes de julio en las proximidades de Mequinenza. La operación, que causó una indudable sorpresa, fue el co-mienzo de la llamada «batalla del Ebro», la de más larga duración de toda la guerra. No obs-tante, después de un amplio período de guerra de desgaste, los nacionalistas consiguieron romper el frente republicano (diciembre de 1938).
2. El final de la guerra: la rendición de Madrid.—Roto el frente republicano del Ebro, nada podía detener ya el avance de los Ejércitos nacionalistas hacia Cataluña. En enero de 1939 era ocupada Barcelona y al mes si-guiente, después de la entrada en Gerona y de la llegada de los nacionalistas a la frontera francesa, concluía la campaña de Cataluña.
Sólo quedaba en zona republicana Madrid, con una parte de la Meseta sur, v la zona costera levantina. En Madrid se formó una Junta de Defensa, presidida por el coronel Casado, y de la que formaba parte el viejo político socialista Besteiro. La Junta comenzó a preparar la capitulación. Aunque a última hora hubo un intento, dirigido por los comu-nistas, de impedir la rendición y continuar el combate, la Junta consiguió sus objetivos. El 28 de marzo los nacionalistas entraban en Madrid. Dos días más tarde ocupaban Valencia y Alicante y el 31 Almería, Murcia y Cartagena. El 1 de abril de 1939 un parte de guerra, firmado por Franco y fechado en Burgos, de-claraba el final de la contienda.
3. Consecuencias de la guerra civil es-pañola.—La guerra civil española puede consi-derarse, en cierto modo, un precedente de la segunda guerra mundial, que estalló pocos me-ses después de concluir el conflicto hispano. Los bandos que en España se habían enfrenta-do prefiguraban a los que más tarde se opusie-ron en la conflagración mundial. Pero la guerra de España había servido también para el ensayo de armas y de tácticas nuevas (por ejemplo el bombardeo de Guernica).
La guerra civil española despertó un gran interés en todo el mundo, siendo numerosos los intelectuales que se desplazaron a tierras hispánicas para seguir de cerca el conflicto. Numerosas piezas maestras de la literatura y del arte (una muestra singular el «Guernica» de Picasso) tuvieron como motivo la contienda hispana.
Desde el punto de vista estrictamente espa-ñol, la guerra legaba un país traumatizado y en ruinas. Muchas regiones estaban devastadas. Las pérdidas demográficas eran cuantiosas. Tradicionalmente se ha hablado del millón de muertos a consecuencia de la guerra, aunque es posible que el número total de víctimas no sobrepasara el medio millón. De éstos unos perecieron en los combates, otros fueron vícti-mas de represalias políticas. En la zona republi-cana la violencia, particularmente aguda en los primeros meses del conflicto, fue desorde-nada, causando sus principales víctimas entre los religiosos y los hombres destacados de los partidos de derechas. En la zona nacional la represión, más ordenada pero no por ello me-nos violenta, se ejerció sistemáticamente contra los partidarios del Frente Popular. El efecto psicológico de estos baños de sangre, aunque difícil de medir, fue impresionante.
Por otra parte salieron del país amplios con-tingentes de simpatizantes republicanos. Sola-mente en la retirada republicana de Cataluña se estima que pasaron a Francia cerca de 400.000 personas. España perdió además un numeroso grupo de destacados intelectuales, profesionales y artistas, que se dispersaron por todo el mundo.
El bando vencedor se mostró implacable con el vencido. El conflicto entre las dos Españas se había saldado con la exclusión violenta de una de ellas. Pero, en definitiva, la principal consecuencia de la guerra civil fue la instaura-ción de un sistema de gobierno autoritario que, pese a ciertas concesiones de carácter sociali-zante, estaba en última instancia al servicio de las clases tradicionalmente dominantes en la vida española.

LA GUERRA CIVIL
La evolución de la zona republicana

La zona republicana sufrió importantes transformaciones en el curso de la guerra,, tanto en el orden económico y social como en el político. No obstante, el rasgo dominante del bando republicano fue la falta de unidad entre los distintos grupos que lo integraban, pues mientras unos propugnaban la realización in-mediata de la revolución social, otros conside-raban que el objetivo inminente era ganar la guerra y no desarrollar una política que podía asustar a las clases medias.
1. Problemas políticos.—Rápidamente se puso de manifiesto el abismo existente entre el gobierno (a Casares Quiroga le sustituyó Giral), integrado exclusivamente por políticos republicanos, v las masas populares, impulsa-das por los sindicatos, que pasaron a ocupar el primer plano de la acción. Al mismo tiempo la autoridad central del estado fue puesta en entredicho por el florecimiento de experiencias cantonalistas, especialmente en Aragón. Aun-que la fachada, de burguesía liberal y templada, que ofrecía el gobierno republicano era satis-factoria de cara a su imagen en el exterior, como su falta de operatividad era también ma-nifiesta, en septiembre de 1936 se formó un nuevo gobierno, presidido por Largo Caballe-ro e integrado por representantes de todos los grupos del Frente Popular. Este gobierno concedió en octubre su estatuto de autonomía al País Vasco. Pero a principios de noviembre, con motivo del asedio de Madrid, el gobierno hubo de trasladarse a Valencia, dejando en la capital de España una Junta de Defensa que presidía el general Miaja.
Desde finales de 1936 fue creciendo en la zona republicana el papel de los comunistas, debido a la ayuda militar soviética, pero tam-bién a la probada eficacia de sus militantes y a la influencia de los comisarios políticos. Los comunistas eran partidarios de reforzar la disciplina y de posponer la revolución social. Por el contrario, los anarcosindicalistas y los comunistas disidentes del POUM defendían las medidas revolucionarias, puestas en práctica esencialmente en Cataluña. Esto desembocó, en la primavera de 1937, en un conflicto violen-to que tuvo por escenario a Barcelona y que concluyó con la desarticulación del POUM y la formación, en mayo del mismo año, de un nuevo gobierno, presidido por Negrín, más acorde con las ideas de los comunistas. El gobierno Negrín, que se trasladó a Barcelona a fines de 1937, consiguió reforzar su autoridad y poner fin a las disputas internas en la zona republicana. Los cambios introducidos en abril de 1938 daban más homogeneidad a su gabine-te. Pero en esas fechas la marcha de los aconte-cimientos militares era claramente favorable a los nacionalistas.
Después de la caída de Barcelona, las Cortes republicanas celebraron su última sesión en el castillo de Figueras (febrero de 1939). Pocos días más tarde Azaña, va en Francia, dimitió de su cargo de presidente de la República. NegrÍn se trasladó a Madrid, con la finalidad de organizar la resistencia, pero su autoridad fue suplantada por la Junta que, bajo la direc-ción de Casado, preparó la rendición de la España republicana.
2. Transformaciones sociales.—La su-blevación militar aceleró en la zona republicana las transformaciones económicas y sociales. Todas aquellas empresas cuyos dueños habían huido o habían sido declarados enemigos del régimen, fueron incautadas por comités obre-ros. En el mes de septiembre de 1936 habían sido incautadas unas 20.000 empresas. Unica-mente escapó a esta situación el País Vasco, en donde se mantuvo la propiedad privada de los medios de producción. Los grandes servicios públicos fueron intervenidos por el Estado.
En Cataluña la revolución social, im-pulsada por los anarcosindicalistas, fue muy profunda. Un decreto de la Generalitat de octubre de 1936 ordenaba la colectivización de todas las empresas que tuvieran más de 100 obreros, de aquellas cuyo propietario hu-biera huido o fuera un enemigo, y de las que tuvieran de 50 a 100 obreros si lo decidían las tres cuartas partes del personal. Pero se presentaron numerosos problemas como la fal-ta de coordinación entre las distintas ramas de la producción v el choque entre los partida-rios de las nacionalizaciones (la UGT) y los defensores de las socializaciones (la CNT).
Simultáneamente en el campo, sobre todo en Aragón y Cataluña, se realizaron experien-cias de signo libertario, por lo general ampara-das en la tradición del colectivismo agrario. La reforma agraria, que había cobrado un fuer-te impulso en los días del Frente Popular, se acentuó ahora mucho más. Un decreto de octubre de 1936 establecía la expropiación de las tierras de todos los que habían tomado parte en la conspiración contra la República. Las comunidades campesinas podían optar en-tre explotar las tierras de manera colectiva o a título individual. En mayo de 1938 se habían expropiado más de 5 millones de habitantes de las cuales casi la mitad obedecían a abandono o responsabilidades políticas de sus propietarios.
 
 
 

LA GUERRA CIVIL
La evolución de la zona nacionalista

En la zona de España en donde triunfó la sublevación militar se procedió con toda rapidez a desmontar las medidas de carácter social, económico y educativo que habían sido adoptadas por el gobierno de la República. Por ello puede hablarse con fundamento de una contrarrevolución. Aunque en la España nacionalista había diversidad de tendencias, to-das fueron unificadas bajo el mando personal del general Franco.
1. Problemas políticos.—Desde el primer momento se vio con claridad que el ejército era en la España nacionalista no sólo el instru-mento básico para las acciones bélicas, sino también el eje en torno al cual giraba toda la vida política. A poco de iniciarse el alzamien-to se constituyó una junta de Defensa nacional, presidida por el general Cabanellas. En los meses siguientes se vio la necesidad de concen-trar el poder, con objeto de robustecerle y hacerle más eficaz. Por fin, el 1 de octubre de 1936 Franco, cuyo prestigio no había dejado de crecer desde el comienzo de la guerra, fue nombrado en Burgos Jefe del Gobierno del Estado español y generalísimo de los ejércitos. Estaría asistido en sus funciones por una Junta Técnica del Estado.
La dirección del Ejército y de Franco eran aceptadas por todos los componentes del ban-do nacionalista. Pero subsistía una diversidad de opciones políticas. Franco, con la finalidad de dar cohesión política a su bando, decretó en Salamanca, en abril de 1937, la unificación de los falangistas y de los tradicionalistas. Hubo oposición a la medida por parte del sector falangista que acaudillaba Hedilla (suce-sor de José Antonio, que había sido fusilado en la zona republicana en noviembre de 1936), pero fue cortada de raíz. En junio del mismo año se publicaba la carta pastoral colectiva del episcopado español sobre la guerra de España. La carta, que ponía las bases de un peli-groso confusionismo entre España y la tradi-ción católica, prácticamente identificadas, su-puso una inestimable ayuda de carácter ideoló-gico a la causa nacionalista.
El paso siguiente hacia la institucionalización del régimen político de la zona nacionalis-ta fue la constitución, en enero de 1938, del primer gobierno de franco. Sus figuras más desta-cadas eran Serrano Súñer, cuñado del Jefe de Estado, y el dirigente falangista Fernández Cuesta. Se había constituido un Estado de ca-rácter totalitario, a cuyo frente se hallaba, con poderes omnímodos, Franco, proclamado me-diante un decreto del 30 de enero del citado año jefe del Ejército, del Gobierno y del Esta-do. El título de caudillo que se le otorgaba realzaba su imagen política y le confería un poder de tipo carismático. Al mismo tiempo, el Estado formado en la zona antirrepublicana defendía un nacionalismo unitario (rabiosa-mente opuesto a las autonomías regionales, que tildaba de separatismo) y expansivo (de ahí el sueño del Imperio español, cuya base fundamental de asentamiento sería el Mogreb).
2. Problemas sociales.—Las medidas so-ciales y económicas adoptadas en la zona nacio-nalista eran claramente favorables a los intere-ses de las clases conservadoras. La reforma agraria iniciada por la República fue inmediata-mente puesta en suspenso. Se consagró el prin-cipio de la propiedad y de la iniciativa privadas, quedando relegado el Estado a un papel subsi-diario. Se suprimieron los sindicatos de clase, creándose en su lugar un sindicato vertical, de afiliación obligatoria, que asociaba a patronos v obreros (así se afirmaba en el Fuero del Trabajo, proclamado en marzo de 1938). La huelga fue igualmente suprimida. Frente al principio de la lucha de clases se insistía en la concordia de las clases, en aras del interés nacional. Pero esto suponía en la práctica pro-teger los intereses de los poderosos.
Ahora bien, ¿cómo se conciliaba esta políti-ca, netamente conservadora, con los postula-dos revolucionarios que pregonaban los falan-gistas? No hay que olvidar que el bando nacio-nal tenía una doctrina social, el nacionalsindica-lismo, en la que entraban numerosos ingredien-tes, unos tomados de los fascismos europeos, otros próximos al anarcosindicalismo. La Fa-lange afirmaba repudiar tanto el marxismo como el capitalismo y sus puntos programáti-cos habían asustado poco tiempo. Antes a las derechas tradicionales. La consigna de la «justi-cia social» se repetía por todas partes. Pero en la práctica, la mayoría de esos postulados quedaron en soflamas retóricas, sin que se pro-cediera a ningún cambio en profundidad de la estructura social española.
En otro orden de cosas, la influencia de la Iglesia se hacía cada día más patente. Los princi-pios católicos fueron adoptados como únicos inspiradores de la legislación civil. La legisla-ción laica de la República fue anulada, princi-pios educativos como la coeducación suprimi-dos, al tiempo que se aceptaba el regreso a España de la Compañía de Jesús.
 

El terror
Comenzó la sublevación por el procedimiento de liquidar físicamente a los enemigos. Y la respuesta fue del mismo género. No es posible hacer aquí una descripción de las matanzas que tuvieron lugar durante las primeras semanas de la guerra.
La sublevación fue acompañada de medidas draconianas; detenciones de cualquier sospechoso practicadas no sólo por la Fuerza Pública sino por organismos de los grupos políticos que colaboraban en el alzamiento seguidas en muchos casos de ejecuciones irregulares. Se trataba de la eliminación radical de todo enemigo incluso en potencia. La represión fue muy dura en Andalucía. El 18 de agosto, Queipo de Llano decía en la radio: "El ochenta por ciento de las familias andaluzas están de luto y no vacilaremos en recurrir a medidas más rigurosas". La eliminación física del adversario fue también implacable en Navarra, Valladolid, Burgos, Galicia... Algunos casos, como el asesinato de Federico García Lorca en Granada, habían de despertar una honda emoción en el mundo entero. Las numerosas investigaciones realizadas y publicadas sobre este crimen político coinciden en destacar la participación que en su fase preparatoria, de inducción, etc., pudiera tener el dipu-tado de la C.E.D.A. Ruiz Alonso y, en la decisoria, el gobernador civil (Valdés). ¿Los ejecutores? «La escuadra negra» de Valdés; bajo el mando de éste y en aquellos días fueron asesinados también seis catedráticos de la Univer-sidad de Granada. En Valladolid, las escuadras «especiales» ejecutaron
diariamente durante los primeros meses de la guerra un promedio de cuarenta personas. Testigos presenciales de aquella represión recuerdan que durante varios meses de 1936 se sacaba a los presos de las cárceles Vieja y Nueva y de las cocheras de tranvías para ser ejecutados al borde de cualquier camino o fusilados en el Campo de San Isidro; en este lugar, situado en lo que entonces eran afueras de la ciudad, fue tal la afluencia de público que llegó a insta-larse una churrería ambulante para que desayunasen los asistentes a tan macabro espectáculo. El horror llegó a tanto que El Norte de Castilla publicó una nota pidiendo caridad para los que morían y que cesasen tales com-portamientos.
En Burgos, según Ruiz Vilaplana (presidente del Colegio de Secretarios Judiciales de aquella ciudad, que abandonó más tarde la zona franquista y escribió el libro Doy fe...), cada noche se hacía salir a un grupo de detenidos de la prisión para ejecutarlo sumariamente al borde de una carre-tera. Una vez fue testigo de la muerte de sesenta personas eliminadas por ese procedimiento.
Las matanzas colectivas en el territorio rebelde no excusan las que tuvieron lugar en la zona republicana, donde la práctica del terror empujó hacia el campo opuesto a numerosas personas de la clase media que se vieron tratadas de "burguesas". En el campo, la explosión revolu-cionaria de los trabajadores agrícolas, tratados secular-mente como seres infrahumanos, produjo episodios san-grientos. Fue rasgo peculiar de este terror, realizado por lo general al margen de la mayor parte de partidos y sindicatos, el cebarse en los miembros del clero. Quien conociese el comportamiento político de la mayoría del clero español, que había confundido desde hacía mucho tiempo su misión religiosa con la defensa de las más arcaicas estructuras de clase, puede lamentar, pero no extrañar, aquella tremenda sacudida, de la que hablaremos después. La carencia de organismos del Estado permitió la floración, en las primeras semanas de la contienda, de una serie de supuestos servicios y brigadas de investigación que realizaron numerosos desafueros. Las noticias de las ejecuciones sin treno en la zona sublevada y particularmente la horrible carnicería de Badajoz, excitaron más los ánimos y tuvieron por consecuencia que el mes de agosto de 1936 fuera el de más numerosas ejecuciones ilegales realizadas en la zona republicana.
La ira popular la había emprendido, como tantas otras veces en la historia de España, contra las iglesias y edificios de comunidades religiosas. Hubo numerosos incendios y devastaciones de templos —no robos, por lo general, como han asegurado los del bando adverso— y semejante estado de ánimo facilitó que la represión ilegal descargara particu-larmente sobre personas del clero regular y secular. Esta represión tuvo beneficiosos efectos para la propaganda de los rebeldes y se exageró notoriamente. ¿Quién no conoce el poema de Claudel hablando de los 16 000 sacerdotes asesinados? El Osservatore Romano era el que había dado el número de 16 500. La Guía de la Iglesia en España, publicada en 1954 por la Oficina de Información y Estadís-tica de la Iglesia, dio el de 7 338, y añadía que en muchos casos la víctima ha sido incluida dos veces por ser señalada en la diócesis en que murió y en la de su domicilio. El sacerdote Antonio Montero, que publicó en 1961 su libro Historia de la persecución religiosa en España, hace la siguiente clasificación de víctimas: 4 184 del clero regular (incluidos los seminaristas), 2 365 religiosos, 283 religiosas, es decir, un total de 6 832 personas. En esa lista no figuran los quince sacerdotes vascos asesinados por los sublevados, ni los franciscanos padres Revilla y Bombín, también asesinados por los rebeldes en Burgos y la Rioja, respectiva-mente.
El cubileteo con el número de asesinados en ambas zonas ha sido por demás exagerado y los que resultaron vence-dores en 1939 pudieron entregarse a él con facilidad y sin la inquietud de que nadie discutiese sus afirmaciones. La llamada Causa general, incoada por las autoridades vence-doras sin la menor garantía procesal en la misma época en que los piquetes de ejecución seguían disparando diaria-mente sobre los vencidos, no es un documento serio. Lo menos que puede decirse de ella es que su veracidad estáinvalidada por una tremenda carga pasional. En ella se habla de 85 940 personas ejecutadas o asesinadas en la España republicana durante la guerra. No se trata de discutir el número, sino de señalar las necesarias reservas sobre su autenticidad. Por el contrario, el total de 40 000 víctimas de la zona llamada nacional dado por Hugh Thomas es evidentemente inferior al real, si se suman las matanzas iniciales de Navarra, Castilla la Vieja, Galicia, Marruecos, Andalucía y Baleares, las "limpiezas" realizadas al ir conquistando Badajoz, Toledo. Málaga, el País Vasco, Asturias... Ya en 1936 decía el doctor Olaechea, entonces obispo de Pamplona: "No más sangre. No más sangre que la que quiere el Señor que se vierta intercesora en los campos de batalla para salvar a nuestra patria..." Y hay unas palabras escalofriantes de Giménez Caballero, publi-cadas en el diario de San Sebastián La Voz de España, poco después de la toma de Bilbao: "Con todo, también ha sido indispensable en la ex invicta villa de Bilbao el expurgo posvictoria, la limpieza, la depuración... Pero no excusado este deber ni omitido su cumplimiento, estoy seguro de que no llegan a mil las existencias eliminadas en un mes, casi podría afirmar que no pasan de ochocientas." Y añadía: "Las columnas rescatadoras, que Dios guía, no tenían para qué actuar con el ímpetu justiciero y purificador que en Badajoz y en Málaga."
Fierre Vitar, en su Historia de España, ha dicho: "Seria absurdo subestimar las violencias cuyo recuerdo domina aún todas las reacciones del español medio. Terribles en el campo 'rojo' por desordenadas, terribles en el campo blanco porque se ejecutaban en orden y cumpliendo órdenes, dichas violencias han dado lugar sin embargo a juicios que frecuentemente es útil revisar."
Hay, no obstante, una tendencia en numerosos autores extranjeros a considerar que el terror fue la consecuencia del carácter de los españoles, a quienes caprichosamente se nos adjetiva de pasionales, violentos, etc. La segunda tendencia, que con frecuencia coincide en los mismos autores, es la de cargar las tintas en estos aspectos de nuestra guerra, como si fueran los más importantes de ella. Debiera ser innecesario recordar que conmociones como las guerras de religión, la Revolución Inglesa, la Revolución Francesa, la guerra de Secesión de los Estados Unidos, la Comuna de París y su represión, la guerra civil rusa, etc., fuesen acompañadas de violencias análogas. Nada digamos de las invasiones hitlerianas ni de los exterminios colonia-listas durante decenios y decenios.
En verdad, si en aquel verano de 1936 se perpetraron en España crímenes execrables, hay que decir que los crimi-nales fueron una exigua minoría. No era eso lo que caracterizaba a los españoles, y si pasión había —que si que la hubo— se manifestaba en el arrojo, en la valentía, en el heroísmo. En ambos bandos hubo muchos más héroes que criminales. Violencia fratricida, es verdad, engendrada durante más de un siglo, guerra desatada por el sector más agresivo de la oligarquía, vigorosa respuesta popular. Los españoles se mataban entre sí, pero el asesinato fue triste privilegio de minorías.

LA CULTURA
Al producirse el estallido de Julio, los intelectuales de mayor prestigio testimoniaron su adhesión a la causa republicana: Menéndez Pidal. Ortega y Gasset, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Juan Ramón Jiménez, Teófilo Hernando. Otros, como Fernando de los Ríos, Araquistain, Jiménez de Asúa, Wenceslao Roces, etc., a su vez militantes políticos, desempeñaban funciones de embajadores o altos cargos. Poetas y escritores lanzaron el semanario El Mono Azul, y escribieron el Romancero de la guerra civil, etc. (Rafael Alberti, María Teresa León, Bergamín, Altolaguirre, Herrera Petere, Serrano PlaJa, Aleixandre, Miguel Hernán-dez, Ramón J. Sender. Emilio Prados y tantos otros).
La represión ejercida desde los primeros momentos contra numerosísimos maestros, profesores y médicos en los territorios dominados por los sublevados —que culminó con el asesinato de García Lorca— produjo la natural reacción en los medios intelectuales. Hubo escritores como Pío Baroja, que huyó de su pueblo natal, Vera de Bidasoa. Para instalarse en Francia (más tarde regresó a la zona "nacio-nal para huir de nuevo) o Azorín, que pasó también desde San Sebastián a París.
En el territorio rebelde descollaban por su adhesión al movimiento el poeta y dramaturgo José María Pemán (1). Manuel Machado, y jóvenes falangistas como Rosales. Sánchez Mazas, Ridruejo, Laín, etc., y. como primera figura intelectual, la de Eugenio d`Ors (2).
La acción colectiva de mayor trascendencia en el campo republicano fue la de las Alianzas de Intelectuales por organismos como Cultura Popular. Guerrillas del Teatro. La Barraca. Altavoz del Frente, etc.. encaminadas a desa-rrollar una obra de difusión cultural, tanto en los frentes como en la retaguardia. El Quinto Regimiento tuvo pronto su sección cultural, que sirvió de ejemplo a otras unidades. Las bibliotecas, la enseñanza en los frentes y la edición de periódicos de cada unidad importante se convirtieron en una nueva función auxiliar del Ejército regular.
Mas, según evolucionaba la guerra, ciertos intelectuales cambiaron de posición: José Ortega y Gasset  salió de España con un pasaporte del Gobierno republicano y luego escribió que había firmado en Madrid amenazado a punta de pistola; Marañón, que había hablado por una emisora comunista de Madrid y en diciembre se había inscrito en la C.N.T. de Barcelona, marchó también a Francia para escribir un ensayo, según el cual lo esencial del drama español era la lucha del comunismo contra el liberalismo.
En cambio otros intelectuales, al arreciar el sitio de Madrid y los devastadores bombardeos aéreos sobre la población civil, endurecieron su actitud. Fue el caso de la mayoría de profesores universitarios, cuyo manifiesto de 1936 hemos mencionado.
Miguel de Unamuno siguió una trayectoria opuesta a la de Ortega y Gasset. Al inaugurar el curso en la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre, en su calidad de rector, don Miguel opuso enérgicamente a los gritos de ¿Viva la Muerte!,  Lanzados por Millán Astray, palabras que se han hecho célebres: "Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho."
Unamuno no volvió a salir de su domicilio. Poco después hizo unas declaraciones publicadas en el periódico católico Vers, de Namurs:
"El tiempo ha pasado. He visto otros excesos, cometidos éstos por la extrema derecha, he visto otro peligro; y los he denunciado al mismo Franco. (...) Se cometen crímenes, venganzas y ejecuciones sumarias, no aquí. En Salamanca (Unamuno desconocía el asesinato del diputado socialista Manso, y otros análogos, pero había sabido el de su amigo el doctor Vilar. Rector de la Universidad de Granada), sino en Valladolid, por ejemplo, y en los pueblos apartados donde reinan la fuerza y la arbitrariedad. (...) Hace ocho días que me han destituido de mis funciones de rector sin una palabra de explicación. Sin duda, hablo demasiado. Pero continuaré hablando, pase lo que pase. Se trata de la salvación y de la libertad de España."
El 31 de diciembre de 1936 moría Unamuno, enclaustra-do en su casa de Salamanca. Horas antes de morir había dicho, ante un falangista, al que "agradeció que no fuera a verlo con la camisa azul": "A pesar de todo, España se salvará".

LA LITERATURA EN LA GUERRA CIVIL

La Guerra Civil Española ha inspirado más literatura que ningún otro conflicto armado del Siglo XX.; sin embargo dicha literatura ha sido objeto de pocos estudios. Y sobre todo no han llegado al gran público; la falta de información. La falta de bibliografías serías la dificultad para encontrar la gran cantidad de textos. Sobre todo en España, pero también en el resto del mundo. Pueden ser algunas de las causas de esta falta de información. La razón de esta amplia bibliografía sobre el conflicto puede deberse a que España fue el lugar donde se llevo a cabo el violento choque de ideologías nacidas y elaboradas en los siglos anteriores, además de ser también el prólogo a lo que sería la mayor catástrofe de este siglo: La Segunda Guerra Mundial.
El objeto de las publicaciones sobre todo de prensa y la publicidad que se intentaba hacer del conflicto era la de ridiculizar al enemigo en todos los puntos que de alguna manera, pudieran ensalzar su causa. Podemos destacar en el caso que nos concierne a los distintos puntos de vista que se podían tener y que se pretendía que tuviera sobre la opinión pública acerca de las BRIGADAS INTERNACIONALES. Por una parte la opinión Republicana que eran una opinión de ensalzamiento. Engrandecimiento hacia unas personas que por encima de nacionalidad. Cultura, religión, raza....está dispuesta a dar la vida por una causa que en un principio le es ajena. Sería el ejemplo máximo de solidaridad internacional.
Por otra parte. El bando nacional, ya de por sí receloso de intromisión internacional en una causa que no es la suya (incluso receloso con algunas fuerzas que les apoyan),cargará aún más con quienes apoyan los planteamientos republicanos. Los voluntarios internacionales serán unos antihéroes, personas sin patria, mercenarios a los que no les importa nada el problema español y vendrán aquí como una miseria forma de ganarse la vida. A todo esto el hecho de que se les tilde de cobardes. Traidores y sobre todo de ATEOS. Hará que su visión de esta gente sea aun menos "atractiva" que la que tienen de tos propios seguidores de la República. Ahora expondremos las diferentes manifestaciones a una causa u otra en la literatura.
LA ELECCIÓN ¿A QUIEN APOYAR?.

Muchos intelectuales se adhirieron a cada bando, aunque es de destacar la superioridad de simpatizantes hada la causa republicana. Hubo también ciertas voces que intentaron mantenerse por encima de ambas partes, de un intento de neutralidad fuertemente criticado por ambos bandos y muy difícilmente conseguido (Caso de José Ortega Y Gasset, o Miguel de Unamuno en los primeros meses de contienda y últimos de su vida).

 EL PAPEL DE LA PRENSA.
Los intelectuales adheridos a la causa Republicana en cuanto pudieron se organizaron fundando publicaciones para difundir sus ideas. Destacar la revista "Hora de España" que se publicó desde Febrero de 1937 hasta octubre de 1938.Como colaboradores destacar Antonio Machado. León Felipe Jomas Navarro Tomás, Dámaso Alonso, Luis Cemuda. Destacar también la publicación "El Mono Azul" ,de la alianza de intelectuales antifascistas, pretendía ser una publicación que estuviera presente en el frente y recordara a tos combatientes el por qué de la causa por la que luchaban. Cruz y raya fundada por José Bergamín...Indicar también que le producción de las publicaciones republicanas estaba apoyada por el Ministerio de la propaganda. El principal handicap con que se encontró el bando republicano fueron las diferencias entre comunistas y anarquistas que no se pusieron muchas veces de acuerdo sobre la forma y el contenido de las publicaciones.
En la zona nacional, a finales de 1936,salió por primera vez en Barcelona y editada por la delegación nacional de prensa y propaganda, la revista Jerarquía. Dirigida por el Sacerdote Fermín Yzurquiaga. Con el propósito de lanzar el pensamiento de tos intelectuales nacional sindicalistas. EI consejo de redacción estaba formado por Eugenio D´ors, Pedfo Lain Entralgo. Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, Gonzalo Torrente Ballester y Otros. Aunque su vida fue muy corta porque sólo salieron cuatro números. Vértice, de FET y de las JONS tuvo mayor vida que jerarquía (desde abril del 1937 hasta 1946 y compartió con ella la exaltación de lo heroico imperial y el cultivo de la cultura y el arte, destacar a escritores como Ernesto Giménez Caballero. Víctor de la Serna, José María Castroviejo, Edgar Neville. La ametralladora, revista semanal de humor, y la Codorniz merecen también especial mención. LA POESÍA Y LA GUERRA CIVIL.
Desde el primer momento se insertaron poemas en las distintas publicaciones de ambos frentes; entre tos republicanos a los poetas "profesionales" (Alberti. Antonio Machado, Miguel Hernández),se le añadieron otras voces anónimas para llegar a formar el llamado por algunos como el "Nuevo Romancerott o también denominados "cancioneros", (Cancionero de la Guerra de España, Le Romancero de la Guerra Civite. Romancero de la Guerra, Romancero de los voluntarios de la libertad),como poemas destacaremos "A Galopar" y "A las BRIGADAS INTERNACIONALES" de Rafael Alberti, de Antonio Machado el dedicado a la muerte de Federico García Lorca. La defensa de Madrid, Miguel Hernández destacamos "Viento del Pueblo",(en el que mencionamos Canción del esposo soldado, uno de los poemas amorosos más importantes de la literatura española) y su Cancionero y Romancero de Ausencias. Otros autores que nombraremos son León Felipe. Emilio Prados. José Herrera Petera. Pedro Garfias, Rafael Dieste, Luis Cernuda, José Moreno Villa y José Bergamín.
Por parte nacional destacar a José María Pemán y su Poema de la Bestia y el Angelo la Antología poética del Alzamiento, Manuel Machado con Horas de Oro. Agustín de Foxá con el Almendro y la Espada de Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco "Poesía Heroica del Imperio". Otros: Gerardo Diego, José María Castroviejo, Dionisio Ridruejo. Destacar como final que la poesía fue el género que más se cultivó durante el conflicto. aunque es de justicia decir que la comparación de la poesía entre los dos bandos refleja una clara inferioridad para el bando nacional en calidad.

EL TEATRO

Puede que sea el Teatro el que menos ha "sufrido" el conflicto bélico como fuente de inspiración, pero, desde los primeros momentos, ha sido un elemento esencial en la propaganda de ambos bandos. Un dato: los teatros de Madrid. Barcelona y Valencia casi no cerraron, salvo unos días inmediatamente después del 18 de Julio del 1936,las Misiones Pedagógicas populares durante la República, continuaron con su labor. A finales de Agosto del 36 la Alianza de intelectuales Antifascistas comenzó una serie de iniciativas con su comité de Acción y propaganda. Dirigido por Madre Teresa León, en Agosto se representó en Madrid El cuartel de la Montaña y El Frente de Extremadura, otras obras, e/ Amanecer de Rafael Dieste. La llave de Ramón J.Sénder, y los salvadores de España de Alberti La Fam de Joan Oliver. En Barcelona. Pedro López García de Max Aub en Valencia. Los Salvadores de España. Radio Sevilla y Cantata de los Héroes y la fraternidad de los Pueblos De un momento a otro, Noche de Guerra en el Museo del Prado de Rafael Alberti. Teatro en la Guerra de Miguel Hernández Amor de Madre, tiempo, a Vista de Pájaro de Manuel Altolaguirre. El moscardón de Toledo de José Bergamín. Sombras de Héroes de Germán Bleiberg, Los miedosos y valientes de Antonio Aparicio y Al amanecer nuevo retablo de las maravillas de Rafael Dieste. Destacan como otras obras importantes. Aunque lo nombrado es la producción más importante no podemos por último negar que el teatro en su parte más chabacana estaba lleno de grosería y procacidades. Ninguna orden ministerial ni demás recomendaciones pudieron evitar este error.
En la zona nacional, el teatro no alcanzó ni mucho menos la importancia que tuvo entre tos Republicanos, Por la vía del teatro imperial y los resultados fueron bastante tristes, por no decir Lamentables. Podemos destacar la obra Casamiento Engañoso, viaje del Joven Tobías y Milagro representable en siete coloquios de Gonzalo Torrente Ballestería mejor Reina de España de Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco, por ultimo destacar también: El miliciano Remigio de Francisco Muñoz Jiménez.

LA NOVELA EN LOS DOS BANDOS

Género bastante cultivado en ambos bandos. La primera obra que se publicó fue en el mismo año 36 de parte Republicana Gavroche en el parapeto de Elías Palma y Antonio Otero Seco, Ramón J.Sénder y José Herrera Petere destacan en la narrativa castellana, el primero escribió Contraataque y el segundo Acero de Madrid. En lengua catalana Unitats de Xoc, de Pere Calders.
En comparación la zona azul, ofrece una mayor cantidad y variedad. La más conocida es sin duda la de Agustín de Foxá Madrid, de Corte a checa, Cui ping-sing, Concha Espina escribió Retaguardia, Las Alas Invencibles. Esclavitud. Diario de una prisionera, La carpeta gris, Mi Carlitos y El desierto rubio. Otros escritores Cecilio Benítez de Castro y Rafael García Serrano Por último: La Guerra a través de las tocas de Carmen Martel, Cinco Flechas y un corazón de Joaquín Aguilar de Sena, España Bajo la Metralla de Femando Cermeño Soriano, el Teniente Arizcún de Jorge Claramunt, la promesa del Tulipán, de Ignacio Romero Raizabal. De Anarquista A Mártir de Miguel de Salazar, un caballero Legionario de Eduardo Luis Ubreva y varias obras de José Muñoz San Román y Juan Bautista Viza.

APORTACIÓN EXTRANJERA.

Los extranjeros se interesaron o mejor dicho se apasionaron por la situación española desde los primeros momentos del conflicto. Los primeros que podemos nombrar son tos Hispano Americanos Pablo Neruda. César Vallejo y Nicolás Guillen, que publican, respectivamente España en el Corazón, España, aparta de mi este cáliz y España poema en cuatro angustias y una esperanzados Tres se alegraban de que las Brigadas Internacionales acudieran a España para ayudar a tos españoles, cantaban el valor de tos soldados, así como el pueblo Español que luchara fielmente contra la oposición y el oscurantismo.
El francés Paúl Claudel encabeza a los seguidores nacionales, Roy Campbell, W.H.Auden, Louis Mac Neice, Stephen Spender (Destacamos su obra Hora de España y Cedí Day LewÍs, Nombrar a Raph Fox, Julián Bell y John Conford que lucharon con las Brigadas Internacionales y perdieron la vida en combate.

DRAMATURGOS EXTRANJEROS

También el teatro es el menos utilizado por los extranjeros que se comprometieron con el conflicto The Bravo and the Btind de Michael Blankford y la Peste Blanca. Pero la obra más importante en el extranjero es The Fifth Colum de Emest Hemingway, por último destacamos Los Fusiles de la Madre Carrar Bertold Bretch, André Malroux con L'Espoir, Arthur Koestler, sobre su experiencia en la cárcel de Málaga,Spanish  Testament, Les Sept Couleurs de Robert Brasillach.Le Voluntaire de Pierre Fmndaie, L´Heroine de Barcelone, de Jean de la Hire,Toute guerre se fait la nuit, de Henri Polles. The Great crusade, de Gustav Regler.
Como conclusión podemos decir que España fue el lugar donde se fraguó gran parte de la historia del Siglo XX, dos de las grandes "etiquetas del Capitalismo", el Fascismo y el Comunismo, la literatura como reflejo de la realidad no podía escapar esta oportunidad.

DATOS DE MUERTES DURANTE LA GUERRA CIVIL

 Sumando estimaciones separadas tenemos:

   100.000 muertos en los campos de batalla
     10.000 muertos por las inclusiones aéreas
     50.000 por enfermedades y desnutrición (durante la guerra)
     20.000 por represalias políticas en las zona republicana
   200.000 por represalias nacionalistas durante la guerra
   200.000 prisioneros << rojos >> muertos por ejecución
 

                       580.000

El total queda más bien corto, de acuerdo con la opinión del doctor Villar Salinas (800.000). Se debe recalcar una vez más a la naturaleza inevitablemente de todas las cifras. Sin embargo se cree que las primeras cifras tienden a ir hacia arriba.

REALCIÓN DE MONTILLANOS FUSILADOS EN CÓRDOBA CAPITAL DURANTE LOS PRIMEROS MESES DE LA GUERRA

3 de agosto de 1936

José Carmona Luque, 53 años, ferroviario

10 de agosto de 1936

José Catalán Garrido, 22 años, jornalero

19 de agosto de 1936

Francisco Morales Valverde, 42 años

20 de agosto de 1936

Manuel García Berral, 44 años, comercio

10 de septiembre de 1936

José Carretero Baena, 31 años, jornalero

28 de septiembre de 1936

Antonio Méndez Gómez, 34 años, profesor ESCUELA INDUSTRIAL

8 de octubre de 1936

Francisco Duque Blanca, 31 años, mecánico

Total de montillanos muertos por fusilamiento en los primeros meses de la guerra civil en Córdoba capital, 7.

BALANCE GLOBAL SOBRE LOS FUSILAMIENTOS DE MONTILLANOS HABÍDOS EN CÓRDOBA CAPITAL DURANTE LA GUERRA CIVIL(1936-1939)

5 de enero de 1937

José Pompeyano Lucio, 46 años, jornalero

8 de enero de 193
Francisco Criado Ruiz, 45 años, jornalero
 

CONSECUENCIAS BÉLICAS
La principal consecuencia de la Guerra Civil española fue la gran cantidad de pérdidas humanas (tal vez más de medio millón), no todas ellas atribuibles a las acciones propiamente bélicas y sí muchas de ellas relacionadas con la violenta represión ejercida o consentida por ambos bandos, entre las que se pueden incluir también las muertes producidas por los bombardeos sobre poblaciones civiles. En un nivel inmediatamente inferior se puede considerar como consecuencia destacada el elevado número de exiliados producidos por el conflicto, cuyas principales figuras políticas constituyeron durante muchos años el gobierno republicano en el exilio.
En lo que respecta al aspecto económico, las consecuencias principales fueron: pérdida de reservas, disminución de la población activa, destrucción de infraestructuras, fábricas y viviendas, lo que provocó una disminución de la producción y, en fin, hundimiento parcial del nivel de renta. La mayoría de la población española hubo de padecer durante la contienda y, tras terminar ésta, a lo largo de las décadas de 1940 y 1950, los efectos del racionamiento y privación de bienes de consumo.
 
 
 
 
 
 
 
 

BIBLIOGRAFÍA

? GABRIEL JACKSON, La republica española y la guerra civil(1931-1939), Barcelona, ediciones Orbis 1979.
? VARIOS, Geografía e historia de España y de los países hispánicos (3º de BUP),  Salamanca, ediciones Anaya 1977.
? FRANCISCO MORENO GÓMEZ, La republica y la guerra civil en Córdoba(1), Córdoba 1982.
? MANUEL TUÑON DE LARA, La España del siglo XX (2, 3), Barcelona, editorial Laia 1981.
? Enciclopedia Encarta 99.
? www.rincondelvago.com.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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