Guárdate de los Idus; Lola González

Literatura española contemporánea del siglo XX. Narrativa. Novela histórica. Roma antigua. Personajes. Argumento

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  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 27 páginas
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Índice.

Tema Página

Argumento..........................................................................................................2

Clases sociales....................................................................................................3

-Las mujeres romanas.

-Las vestales.

La familia......... ..................................................................................................7

-La educación.

La casa romana...................................................................................................9

La religión.........................................................................................................12

-Lista de los dioses mas importantes.

-La religión familiar.

-Supersticiones.

Costumbres de los romanos..............................................................................16

-El cuidado del cuerpo entre los romanos.

-El afeitado.

-Vestimenta de la mujer romana.

-El matrimonio

-El divorcio en Roma.

-La vida en familia.

-Los funerales

-La educación de los niños

Situación política: La república........................................................................26

Bibliografía.......................................................................................................27

Argumento

El asesinato de Julio Cesar es el mediante el cual transcurre la acción a lo largo de todo el libro.

Primeramente en Roma, como consecuencia del asesinato del Cesar, surgen multitud de revueltas en las cuales se perseguia a los asesinos del cesar y a las personas relacionadas.

Mario Dimitio ordena a sus sobrinos, Druso y Porcía, quedarse en casa. Tras relatarles todo lo acontecido en la conjetura contra el Cesar le entrega el pergamino secreto a Druso y le pide que lo guarde como oro en paño. Después de esto se suicida cortándose las venas dentro de una bañera.

Después de todo aquello debían abandonar la casa y lo hicieron todos menos Porcía y la nodriza que se quedaron en un antiguo pozo. Ellos se hospedaron en casa del senador Flavio Valerio y con el se desahogó, ya que le mostraba afecto. Al regresar la gente de Flavio Valerio en busca de Porcía y su nodriza estas no estaban, sin embargo le trajeron a Druso el diario de su hermana, que leyó con melancolía y angustia por no saber si estaba viva.

Más tarde Druso y Membo fueron a comprobar opr si mismos que Porcía no estaba en el pozo y este dedujo que habían escapado por un antiguo tunel subterráneo aunque no lograron hallar donde estaba su entrada.

Aparece valeria en escena, una joven de 16 años que está prometida a Sempronio Cinna pero ella no lo quiere como esposo.

En casa de Flavio Valerio se hizo una cena, y tras esta unos asesinos entraron y mataron al anfitrión.

En el momento que Porcía huyó con su nodriza por el pasadizo lo que la animó a seguir adelante fue el vaticinio que hacía años había recibido y que en esos momentos estaba tomando forma y un significado que Porcía por fin podía interpretar.

Fueron avanzando por el tunel no sin adversidades y al final ayeron exhaustas.

Mientras tanto Druso y Membo se habían mudado a la zona marginal de Roma para evitar ser reconocidos. Allí se hicieron amigos de gente propia de aquel ambiente. Gracias a ellos consiguieron localizar por fin a Porcía que resultó encontrarse en compañía de las Vestales.

A manos de Valeria llegó una carta dirigida a Druso de parte de su madre, así que inició una búsqueda para entregársela. Puso un pregón para poderlo encontrar y lo consiguió. Fruto de ese encuentro se enamoraron y acordaron marchar juntos a Hispania como proponía la carta. Pero antes de partir debía ir en busca de su hermana aventurándose en el recinto de las vírgenes Vestales. Y así lo hizo. Entró furtivamente al recinto, pero fue descubierto por lo que pidió hablar con la vestal máxima a la cual le contó toda su historia y esta le permitió ver a Porcía. Porcía había decidido convertirse en Vestal, así que le dijo que no iba a ir con el a Hispania.

Después de eso le entregó el documento secreto a la vestal máxima y decidieron leerlo todo juntos. Resultó ser un documento en el que se recogían las firmas de todos los que apoyaron la conjetura contra el cesar y decidieron quemarlo.

Al salir del recinto de las vestales fue apresado por los soldados de Cinna y fue mandado estrangular por este. Sin embargo justo antes de que llegase la hora de la ejecución fue rescatado y partió con Valeria hacia el puerto por las cloacas subterráneas para evitar ser apresados de nuevo por Cinna. Llegaron exhaustos al pueto de Ostia donde les esperaba n barco que les condujo a Hispania.

CLASES SOCIALES

Es una sociedad desigual donde hay diferencias por nacimiento y riqueza que se asienta sobre una gran base de esclavitud. Las diferencias vienen marcadas por la ley, no todos los hombres tienen las mismas capacidades:

Hombres

  • Libres

Honestiores (patricios)

Humiliores (plebeyos)

 

  • Semilibres

Colonos

Libertos

Encomendados

 

  • Esclavos

Domésticos

Campo

Mina...

 

Los hombres libres tienen plenos derechos: tienen propiedades, pueden formar parte de las instituciones romanas o ser elegidos. Hay una diferencia por riqueza: ricos (honestiores o patricios como los generales o militares ricos) y pobres (humiliores o plebeyos como los artesanos o agricultores libres).

Había tres categorías de hombre libre:

  • Ciudadano romano: Era aquel nacido en Roma (ciudad) y podía gozar de todos los derechos

  • Ciudadano latino: Eran aquellos nacidos en el Lacio. Tenían los derechos más restringidos

  • Ciudadano peregrino: Eran todos aquellos que habiendo nacido en cualquier parte del Imperio se encontraban de paso por Roma capital

 

Los hombres semilibres teniendo ciertas libertades tienen determinados lazos de unión con un hombre libre: se pueden casar, tener propiedades, gestionar negocios, pero tiene que adorar a los dioses del señor y hacer ciertos trabajos si él se lo pide.

Categorías:

  • Colonos: Trabajan las tierras del señor, la terra indominicata y tienen un contrato económico y personal.

  • Libertos: Son esclavos manumitidos, es decir, que han conseguido la libertad. Eran libres pero siempre rendían cierta sumisión al señor, como adorar a sus dioses y cosas de este estilo.

  • Encomendados: Eran personas libres que por distintas causas pasan a depender de otros como para que aprendan un oficio. Estos son hombres libres que mantiene cierta sumisión.

 Los esclavos son de una categoría inferior, nula, sin derechos ni libertad. No mandan sobre su persona ni en sus bienes ni en su familia. Eran propiedad del señor y éste podía hacer con ellos lo que le viniera en gana, hasta matarlos. Esto último al principio no era penalizado, y en el bajo imperio era multado por destruir material de trabajo.

 

La sociedad contó con muchas comodidades y avances que se perdieron con la llegada de la edad media. Había agua corriente, cloacas, alcantarillas, acueductos, alimentación sana, fiestas, teatro, circo... Todo esto tardó bastantes siglos en volver a llegar, incluso se podría afirmar que en algunos sitios se llegó en el siglo XX.

  • Las Mujeres Romanas

El papel principal que desempeñarán las mujeres en Roma será el de fiel y abnegada esposa ya que dependían en todo momento de su marido. Los enlaces matrimoniales solían ser concertados por las familias y el padre de la joven debía entregar una dote a la muchacha. Ella tenía derecho de sucesión respecto a su padre e incluso capacidad de testar por lo que se dieron matrimonios donde la esposa era más rica que el marido y rehusaba su autoridad, recibiendo en ocasiones todas las clientelas del padre. Pero lo habitual era que la mujer estuviera absolutamente supeditada a su esposo. Si tradicionalmente es el pater familias el que dirige la casa, quien da las órdenes a los esclavos y dirige la administración del hogar, ¿cuál es el papel de la mujer en las casas respetables de Roma? Lo habitual es que las matronas mataran la mayor parte del tiempo en los trabajos relacionados con la costura y el tejido. Paulatinamente la mujer irá ocupando un papel protagonista en la organización de la familia, incluso por prescripción médica ya que los galenos consideraban que las mujeres debían desarrollar alguna actividad. Algunos hombres empezaron a dejar en manos de sus esposas la dirección del hogar, incluso la llave de la caja de caudales. El contar con varios esclavos permitía a la matrona poder delegar en ellos todos los trabajos de la casa, incluso los relacionados con su propia higiene personal. El esclavo viste y calza a la dama, aunque no lava sus dientes. Los esclavos acompañan a la señora en la alcoba, aunque la matrona duerma sola o en compañía de su esposo. Era frecuente que los esclavos durmieran en las puertas de las alcobas, contándonos un poeta satírico que "cuando Andrómaca hacía el amor con Héctor, sus esclavos, con la oreja pegada a la puerta, se masturbaban". Esta omnipresencia de los esclavos en las vidas de las clases acomodadas romanas provocarán que las infidelidades fueran públicas en la mayor parte de los casos. Para mantener una relación amorosa secreta lo mejor era alquilar una habitación a un sacristán ya que estaba obligado a guardar silencio. Si el esposo fallecía, la matrona vería protegida su virtud por su familia, ante la inminente llegada de una legión de pretendientes que deseaban hacerse con su fortuna. Previamente debía haber muerto el padre porque sino como pater familias era dueño de todo lo que pertenecía a la familia. El sino de esta viuda es volver a contraer matrimonio o buscarse un amante que la complazca en el lecho, a pesar de la indignación de los moralistas romanos. Si era el hombre el que quedaba viudo podía buscarse una concubina, mujer o mujeres con los que un hombre solía acostarse habitualmente. No olvidemos que los emperadores contaban con un amplio harén de concubinas en palacio. Pero llegaría un momento en que ese hombre viudo decidiera establecer un vínculo más estrecho con esa concubina de inferior rango social por lo que se produce una unión de hecho entre ambos denominada concubinato. La concubina debía ser una mujer libre y la unión monogámica. Este concubinato no da lugar a consecuencias jurídicas, siendo libres los hijos nacidos de esa relación

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  • Las vestales

Todos los dioses tenían a su disposición una casta propia de sacerdotes que se encargaban del cuidado de sus respectivos templos. Sin duda, uno de los grupos de sacerdotisas más destacado sea el de las Vestales, jóvenes consagradas a la diosa Vesta, conocida en Grecia como Hestia. La selección de las Vestales, cuyo número pasó de cuatro a seis, correspondía en un principio a los reyes pero después esa atribución se le trasladó a los pontífices. Las Vestales debían ser niñas de entre seis y diez años pertenecientes a una clase social libre y no podían tener ningún defecto físico. Cuando eran aceptadas se les cortaba el cabello y se las vestía con una gran túnica blanca llevando en sus quehaceres diversos tipos de velos. Las Vestales debían cuidar de que jamás se apagase el fuego eterno del templo de Vesta porque éste representaba el porvenir del imperio. Si alguna vez el fuego se extinguía las Vestales recibían severas palizas y todo el mundo entraba en profunda depresión y pánico ante lo que pudiera suceder hasta que los sacerdotes reavivaban de nuevo el fuego usando directamente los rayos del sol. Vestales debían guardar un total celibato y tanto las adúlteras como los hombres que abusaran de ellas eran castigados con la pena de muerte. La muerte de las Vestales no era, sin embargo, igual a la del resto: en medio de espantosas ceremonias en las que se recordaba a las divinidades más malignas, la Vestal castigada debía bajar a su propia tumba, donde se la encerraba con una lamparilla, algo de aceite, un pan, agua y leche. Así pues, la infortunada moría de inanición. A pesar de todos estos horrores, las Vestales que cumplían su deber recibían múltiples honores. Todos los magistrados, y por supuesto, las gentes de menor clase les cedían el paso. Su palabra era digna de crédito por sí sola en los juicios y si se encontraba por la calle un reo solo con afirmar que el encuentro era fortuito, éste quedaba en libertad. Todos los secretos del estado le eran confiados y también se les reservaba el mejor sitio en el circo. Además, todos sus gastos eran responsabilidad del Estado de por vida. Después de treinta años consagradas a esta labor, podían abandonar sus funciones y casarse, pero perdida su juventud, la mayoría se quedaba al cuidado de las novicias que allí ingresaban.

Hestia / Vesta Era la diosa del hogar aunque debido a que en todos sus ritos y representaciones había abundantes antorchas con fuego, se la considera también diosa de este elemento. Fue la primera hija de Cronos y de Rea. La versión romana de esta diosa, Vesta, ha sido más famosa que su correspondiente griega debido al culto que se le impartía, a través de las Vestales, guardianas del fuego sagrado de sus templos y que denotaba la perennidad del imperio. Tanto Hestia como Vesta aparecen en muy pocos mitos. Hestia es representada con una larga túnica y la cabeza cubierta por un velo. En las manos sostiene una lámpara o una antorcha, pero también puede empuñar un dardo o llevar el cuerno de la abundancia.

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LA FAMILIA

La familia es monógama, no acepta la poligamia. Permite el divorcio y está constituída por individuos de un mismo grupo social (casi siempre, menos cuando es por un esclavo y una mujer libre o un hombre libre y una esclava). Tiene carácter patriarcal en el que el padre, el pater familias es el que organiza y plantea la economía y distribuye los recursos: sólo él tiene endidad jurídica. No sólo es el dueño y señor de sus propias cosas, sino que también es amo de todo lo que procede de toda la dote de su esposa. Al cabo del tiempo, en el caso de mujeres con cuatro hijos varones podían disponer de sus bienes. Si era viuda, el padre, su hermano o su propio hijo mayor tenía total potestad sobre la mujer. A veces los esclavos eran miembros de la familia. Los clientes eran el grupo de personas que tenían alguna relación con ese pater familias: antiguos libertos o colonos que pueden llegar a pagar deudas, hacer regalos, dar protección, etc. Los hijos podían ser adoptados o legales. Si eran legales (en el matrimonio), podían ser aceptados o repudiados en el momento del nacimiento; esto último era si el padre no lo elevaba.

  • LA EDUCACIÓN

En la Roma austera de los primeros tiempos eran los padres los encargados de la educación de sus hijos. La madre les enseñaba a leer, a hacer cuentas y las leyendas de dioses y héroes. El padre guiaba sus primeros pasos, orientaba su despertar a la vida, los educaba en los deberes cívicos, vigilaba sus palabras y acciones y evitava el trato con esclavos. De este modo aseguraba la continuidad espritual de la raza romana.

El engrandecimiento de Roma y el contacto cultural con Grecia hizo que la educación fuese cada vez más compleja. Por ello, la mayoría confiaba sus hijo a un maestro (magister), generalmente griego, o los enviaba a un escuela (schola, ludus, ludus litterarius) acompañados por un esclavo de confianza (paedagogus) que les llevaba el material escolar.

La enseñanza comprendía varios grados. En el primero, bajo la direccción del magister ludi, litterator, calculator y demás maestros elementales, el niño aprendía a leer, escribir y hacer operaciones aritméticas. La lección se daba en una habitación alquilada (taberna, pergula) y a veces en el aire libre o bajo un póritco de columnas, en medio de un jardín. El maestro se sentaba en una silla con respaldo (cathedra) o si él (sella), los discípulos, en banquetas (subsellium). El material escolar era sencillo: se escribía sobre tablillas recubertas de cera (tabellae, tabulae, cerae) con un punzón (stilus), que tenía en el extremo opuesto una espátula para borrar lo escrito y allanar de nueno la cera (stilum vertere: corregir). Se juntaban varias tabletas mediante un cordón pasado por orificios practicados en el borde (cerae duplices, triplices, etc). El conjunto de varias tabletas se llamaba codex. Cuando escribían en ellas cartas (epistula, litterae), las ataban con un cordón (linum) y les ponían un sello (signum) con el anillo (anulus).

El sistema educativo se basaba generalmente en el lema "la letra con sangre entra". El maestro usaba con frecuencia la palmeta (ferula) y era el ejecutor de los castigos corporales, incluso por faltas cometidas fuera de la escuela.

Terminados los estudios elementales, comenzaba la enseñanza que pudiera llamarse media, en casa, con un profesor griego o en una escuela pública. Con el grammaticus aprendían la lengua y literatura de Grecia y Roma y nociones de Historia, Geografía, Física, etc. Con el rhetor aprendían elocuencia y se preparaban para la vida pública. Sus ejercitaciones eran las suasoriae, o monólogos, en los que personajes famosos de la Historia o de la Mitología sopesaban el pro y el contra antes de tomar una decisión, y las controverisae, discusiones entre dos escolares que defendían puntos de vista opuestos sobre los temas más variados.

La casa romana

En latín existen dos palabras para designar la vivienda:  

Domus:es la vivienda romana por excelencia por oposición a Casa.

Por sus diferentes características la domus puede clasificarse en tres clases distintas:

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  • La insula: viviendas de varios pisos construidas para albergar cierto número de familias diferentes.

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  • la Villa: casa situada en el campo y que podía estar dedicada al recreo, en cuyo caso se considera una villa urbana  o bien, además de servir para descansar, sirve también como explotación agrícola o ganadera, denominándose entonces villa rústica

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Las viviendas romanas han sufrido con especial dureza el paso de los siglos. Las ciudades, como organismos vivos, se van renovando con el paso de los años y ello afecta a sus edificios. No tiene nada de especial por lo tanto que hayamos conservado pocos ejemplos de casas romanas hasta el descubrimiento de Pompeya en el siglo XVIII. En efecto, Pompeya y Herculano nos han legado los mejores ejemplos del tipo de viviendo romana predominante en esa zona en el cambio de era. Gracias a estos descubrimientos arqueológicos y a otros posteriores en diversos ámbitos del Imperio, estamos ahora en condiciones de estudiar y conocer mejor cómo vivían los romanos.

La religión

Los romanos de los primeros tiempos sentían un profundo respeto por sus dioses nacionales, símbolos de las fuerzas de la naturaleza que más influían en su vida. Estas divinidades tutelares del hogar y de los campos eran principalmente Ianus, Saturnus, Consus, Flora, Pomona, Faunus, Silvanus, Pales y Terminus. Las conquistas militares y los contactos culturales y económicos con otros pueblos, en especial con los guiegos, hicieron surgir, con ímpetu creciente, los cultos de los grandes dioses de la mitología griega: Iuppiter, Iuno, Minerva; Venus; Mars; Mercurius; Vulcanus, Vesta, Neptunus, Pluto; Apollo, Diana; Ceres, Bacchus, etc. Los romanos de los primeros tiempos adoraban como divinidades a las fuerzas que influían en su vida, es decir, las que regían el nacimiento, la muerte, la prosperidad o la ruina de sus hogares, de sus campos y rebaños o de la comunidad política de que formaban parte. Al principio temían individualizar estas fuerzas invisibles; no poseían, por tanto, imágenes de sus dioses y los representaban por medio de símbolos; una lanza, por ejemplo, representaba a Marte. Del contacto con otras civilizaciones (etruscos, griegos, etc.) surgieron las representacioes humanas de los dioses. Erigieron templos, añadieron nuevas divinidades y trasformaron o fundieron con éstas las antiguas. Por ello, en época histórica, los dioses romanos coinciden, en sus rasgos, esencialmente, con los dioses de la Mitología griega. No obstante, persistieron bien diferenciadas, algunas divinidades tiálicas, genios tutelares del hogar y de los campos. Ianus, Jano es el dios de la puerta de la casa (ianua), con doble cara (como las puertas), dios bifronte; su templo sólo se cerraba en tiempos de paz. Saturnus era el dios de las simientes y de la tierra fértil; la leyenda contaba que, expulsado del cielo por su hijo Júpiter, había sido rey en el Lacio, dando origen a la Edad de Oro, revivida cada año durante las fiestas Saturnales. Consus (de condere, guardar) era el protector de las cosechas y se le honraba en las fiestas Consualia. Flora y Pomona protegían, respectivamente, las flores y los frutos; Faunus, los montes y praderas; Silvanus, las selvas; Pales, los rebaños; Terminus, las fronteras y linderos. El Genius era el espíritu tutelar de un hombre o de una comunidad (Genius loci). Frente a estas divinidades locales se destacan los grandes dioses (Dii Consentes); Iuppiter, Iuno, Minerva, Vesta, Ceres, Mars, Mercurius, Venus, Neptunus, Vulcanus, Apollo.

- Lista de los dioses más importantes:

Iuppiter (Júpiter, Zeus), padre y rey de los hombres y de los dioses, era el primitivo dios itálico del aire, del cielo luminoso y de la claridad del día.

Iuno (Juno, Hera) es el complemento femenino de Iuppiter, de quien era a la vez, hermana y esposa.

Minerva (Minerva, Atenea) hija de Júpiter, diosa de la guerra y también de la pez, protegía las artes y las ciencias.

Venus (Venus, Afrodita) diosa de la belleza y del amor.

Mars (Marte, Ares) dios de la guerra y símbolo del genio conquistador de Roma.

Mercurius (Mercurio, Hermes) fue venerado como dios protector del comercio, de los ladrones la elocuencia, y sobre todo de los viajes y viajeros; por eso lleva el bastón y el sombrero del caminante (caducaeus, petasus). Es el mensajero de los dioses.

Vulcanus (Vulcano, Hefesto) es el dios del fuego y el protector de los herreros.

Vesta (Vesta, Hestia) representa el fuego del hogar; es el símbolo de la pureza y la castidad y, como tal, protectora del matrimonio y de la familia.

Neptunus (Neptuno, Poseidón) hermano de Júpiter y Plutón, es el soberano de los mares y de todas las aguas

Pluto (Plutón, Hades) es el rey todopoderoso del mundo subterráneo, de las mansiones sombrías de los muertos. Habita en los infiernos y su esposa es Proserpina, hija de Ceres.

Apollo (Apolo, Apolo) hijo de Júpiter y de Latona y hermano gemelo de Diana, es el dios de la belleza masculina y de la luz, por lo que se identifica con Helios, símbolo del sol. Eran muy famosos sus santuarios de Delos, Delfos y Cumas, a los que acudían a consultarle acerca del futuro. Las ambiguas respuestas del dios recibían el nombre de "oráculos".

Diana (Diana, Artemisa) diosa lunar, era la protectora de los cazadores.

Ceres (Ceres, Démeter) protegía la agricultura y en especial, los cereales.

Bacchus (Baco, Dionisio) era el rey protector del desenfreno y de la naturaleza agreste; era el dios de las vendimias y del vino.

  • La religión familiar.

El larario Era una hornacina o pequeña capilla de frontón triangular donde se colocaba la imagen pintada o la estatuilla del lar familiaris. Delante del larario se desarrollaba la parte esencial del culto doméstico. Estaba situado en el atrium.

Manes: era el término con el que los romanos designaban a los espíritus de los muertos.

Los manes era espíritus con los que se estaba en paz. Para eso había que dar a los muertos una sepultura adecuada y honrarlos regularmente en las fiestas oficiales, y también realizar escrupulosamente los actos del culto doméstico.

Lares: designaba al principio a unos espíritus infernales que perseguían a los vivos. Luego pasaron a ser divinidades tutelares que protegían las cosechas, las calles y las ciudades. Había:

  • Lares praestites: protectores de Roma.

  • Lares compitales: protectores de los cruces de caminos.

  • Lares viales: protectores de las carreteras

Más tarde hubo también lares Augusti, venerados en los cruces de caminos junto con el genio de Augusto.

Con motivo de un suceso señalado (nacimiento, boda, o muerte) se rendía culto ante el larario.

Penates: eran dioses domésticos.

Eran divinidades que cuidaban de la provisión de alimentos, uno para la bebida y otro para la comida. Su altar era el hogar y se les representaba bajo la forma de genios danzantes y provistos de un cuerno para beber. Cada día, la comida se interrumpía y, en silencio, una porción de los alimentos se ponía sobre el hogar y se tiraba a su fuego.

Genius: Cada hombre poseía su genio (las mujeres poseían una Juno individual) y se representaba como una serpiente o como un hombre con toga que llevaba un cuerno de la abundancia y una pátera: figuraba en el larario. En la casa se le consagraba el lecho nupcial colocado en el atrium. El culto del genio consistía sobre todo en ofrendas de pasteles, vino y flores. El genio de los grandes hombres se acercaba a la divinidad.

Se podía decir que todo lo que existía tenía su genio: barrios, municipios, corporaciones, ejércitos, monumentos, etc. En este caso se trataba de un doble, de un demonio protector que aseguraba y mantenía la vida.

  • Supersticiones

Como todos los pueblos antiguos, los romanos son muy supersticiosos. Cuando estalla una tormenta sudan y se angustian, permanecen inmóviles en sus casas, acurrucados y con la cabeza cubierta por un trozo de tela. A cada relámpago que perciben silban para conjurar los desatados espíritus. Si se produce un eclipse, la ya de por sí ruidosa Roma se conmueve con el fragor de las cacerolas.

Todo el que posee objetos de cobre los hace entrechocar para alejar de su casa la mala suerte. Los pobres se sienten más pobres que nunca puesto que sus cacharros de barro no consienten tan ruidosas instrucciones.

Miles de supersticiones limitaban la vida cotidiana. Nadie se cortaba las uñas si es día de mercado o cuando viaja por mar. Si están comiendo y un tajada cae al suelo, la recogen y la comen sin limpiar.

El romano siente pavor por el mal de ojo. Para conjurarlo no se cansan de hacer la higa o recurre al falo, que es símbolo de saludable vida.

Cae uno enfermo y lo primero que piensa es que algún enemigo lo ha embrujado: queman azufre en torno al enfermo, lo espolvorean con harina bendita,  salmodian secretas fórmulas mágicas a Hécate, la diosa hechicera, cuyos dominios son la fiebre y la epilepsia.

Los romanos creen en los fantasmas, en las casa encantadas , en los vampiros devoradores de difuntos, en los hombres lobos( versipellis) y en las brujas que vuelan por los aires.

Los procedimientos mágicos son infinitos, sirva de ejemplo el siguiente: sortilegio de  la mujer adúltera para que su marido no se percate de que se recibe a un amante en el lecho:

Se toma una corneja, se reza sobre ella ciertos conjuros y a continuación, con unas tijeras, se le extraen los ojos. Es magia simpática, sin duda más terrible par las cornejas que para los maridos.

Las costumbres de los Romanos

  • La comida de los romanos.

Para comer, los romanos se reclinaban en el triclinium, el cual era un lecho de tres plazas. En un inicio sólo los hombres comían estirados y las mujeres quedaban sentadas. Pero esta distinción se perdió poco a poco. Generalmente se disponían tres triclina alrededor de la mesa (mensa). El lugar de honor era el de la derecha (mirando a la mesa) del lecho medio (locus imus in lecto medio). Hacia el fin de la República, un lecho semicircular, el sigma (del nombre de la letra griega ) remplazó los tres triclinia.

Guárdate de los Idus; Lola González

Pero como es natural la palabra triclinium designaba también el comedor. Si se lo podían permitir, los romanos disponían de varios comedores que utilizaban según las estaciones. El triclinium más agradable era el que daba el peristilo.

El banquete constaba de tres partes: el gustus o aperitivo, la prima mesa y la secunda mesa.

El gustus o aperitivo se tomaba antes dela cena. Consistía en una serie de alimentos para despertar el apetito: melón, lechuga, atún, croquetas, alcachofas, trufas, ostras y pescado salado.

La prima mesa constistía en servir un sinfín de manjares variados, era el plato fuerte; se tomaba cabrito, pollo, jamón, pescados, mariscos y otros platos exóticos preparados con las vísceras de los animales.

La secunda mesa la componían los postres; tomaban fruta, dulces, dátiles, pasas y vinos dulces.

  • El cuidado del cuerpo entre los romanos: cura corporis.

Las termas eran establecimientos de baños públicos o privados, destinados no solo a la limpieza del cuerpo, sino también para reunirse con las amistades, charlas, hacer gimnasia, jugar y hasta leer.

Las termas más lujosas contaban con paseos, bibliotecas y piscinas, así como bares. Higiene y vida mundana iban de la mano. Se iba a las termas durante la tarde y permanecían abiertas hasta el anochecer.

La palabra terma viene del sustantivo latino thermae, orum (f.): termas, fuentes o baños calientes; y éste del sustantivo griego ððð, ð (ðð calor. Etimológicamente es el sitio donde hay calor.

Las termas comprendían cuatro partes principales: un vestuario (apodyterium), una sala fría (frigidarium) en la que se tomaban baños fríos, una sala tibia (tepidarium) en el que se frotaba a los bañistas con aceites y perfumes, y una estufa (calidarium), lo que hoy se conoce como baño turco. Normalmente se pasaba de una estancia a otra, pero podían existir algunas destinadas a los masajes, a la gimnasia, a las fricciones, etc. con frecuencia, las salas estaban adornadas con mosaicos lujosos y pavimentos de mármol.

Algunas termas se dividían en dos partes, una reservada a los hombres y otra a las mujeres. Si no era así se preveían horarios diferentes.

Las calderas (hypocaustum) se encontraban en el sótano. Un sistema perfeccionado de conductos y de canalizaciones permitía obtener agua y aire a la temperatura deseada. Consistía en un espacio hueco situado debajo del pavimento y en las paredes por el que se hacía circular vapor caliente.

La palestra era una parte más. Era el gimnasio que había en las termas.. Se utilizaba para hacer gimnasia (evidentemente), y para practicar la lucha: se trataba de un terreno cubierto de césped en cuyo centro había una piscina rodeada por un pórtico de dos plantas.

  • El afeitado.

Sólo hasta mediados del s. III a. C. aproximadamente, el hombre romano no solía afeitarse, incluso ni siquiera se cortaban el cabello. A principios del s. II, con Cicerón, los jóvenes dedicaban su primera barba a una divinidad y se impuso la moda de afeitarse diariamente. Esto no quiere decir que todos los varones lo hicieran a diario. Hasta los 40 años se podía dejar una pequeña barba (barbula). Pero en tiempos de Adriano (porque según dicen tenía algo que ocultar), en el 117 d. C., volvió la costumbre de dejarse crecer la barba, aunque muy arreglada siempre. Con Constantino, en el s. IV d. C., cambia la moda y de nuevo los romanos muestran su rostro resplandeciente.

Los que estaban de luto dejaban crecer descuidadamente la barba y el cabello.

Tradicionalmente los filósofos llevaban barba, en particular los cínicos.

Durante mucho tiempo, el peinado femenino fue muy sencillo; moño (tutulus) o trenzas enrolladas en rodetes sobre la frente. La moda se complicó a partir de los flavianos (69 d.C.): aparecieron los rizos y los cabellos se disponían en escalonamientos, mantenidos por alfileres o por una diadema. A mediados del siglo III d. C., la simpleza volvió considerarse de buen tono: las romanas renunciaron a los peinados en altura y prefirieron las ondulaciones, que en ocasiones tomaron la forma de un casco cerrado en torno a las orejas o bien se levantaron hacia atrás para recogerse en una cimera.

Las romanas escogían entre la variedad de peinados de moda aquellos que les parecían más en armonía con su físico, ayudando a la naturaleza con el uso de postizos, pelucas y tintes. Una esclava (ornatrix), ayudada a menudo por otras peluqueras, era la encargada del peinado de la mujer de la casa.

Existía gran cantidad de cosméticos. La mayoría de las mujeres se pintaba cuando salían de casa, pero también, a veces, los hombres se maquillaban los ojos, las cejas y los párpados. Los colores más usados eran el blanco y el rosado. Para disimular las arrugas había un producto hecho con harina de habas mezclada con caracoles secos al sol y pulverizados.

Las romanas se pintaban los labios con carmín.

  • Vestimenta del hombre romano.

En el ropero de un romano había túnicas, abrigos (entre los que se distinguen pallium, lacerna, fibula, paenula, sagum, paludamentum), togas, y bracae. Esta ropa se guardaba en grandes baúles (arcae) o en armarios (armaria). Voy a explicar algo de cada vestido.

Túnica: era una prenda compuesta por dos piezas de lana cosidas que deja un paso para la cabeza y los brazos. El tejido sobrante que caía sobre los brazos hacía de mangas; no obstante, hacia el final del siglo II d. C. hubo túnicas con mangas (dalmáticas). Un cinturón apretaba la talla y hacía que se abombase la túnica. El corte, muy sencillo, era el mismo para los hombres y las mujeres. La túnica masculina sólo llegaba hasta las pantorrillas.

Los hombres sólo llevaban la túnica en su casa, en familia, en el campo, pero cuando debían vestirse se ponían la toga. Existían además dos tipos de túnicas: la túnica con dos franjas verticales, ya fuera de bandas anchas (tunica lato clavo), llevada por los senadores, o de bandas estrechas (angustus clavus), llevada por los romanos de rango ecuestre, y, por otra parte, la túnica bordada (tunica bordata), llevada excepcionalmente durante un triunfo, por ejemplo. La gente humilde, como los esclavos, tomaron la costumbre de salir con túnica. Se podían llevar dos túnicas, o incluso más, una sobre otra, según la estación.

Abrigos: los hombres podían llevar un abrigo bajo la toga y, a partir del siglo I d. C., adoptaron la costumbre de cambiar esta última prenda por el abrigo, mucho más cómodo, siempre que las circunstancias se lo permitieran (porque la toga seguía siendo el vestido nacional).

  • Pallium: era de origen griego, hecho con una gran pieza rectangular en la que se envolvían o embozaban.

  • Lacerna: era un abrigo corto de origen galo, cuyo uso se generalizó desde el fin de la República.

Si hacía mal tiempo, se podía completar con una capucha (cullucus).

  • Fibula: una pieza de tela de forma circular, apoyada en los hombros y sujeta con un broche.

  • Paenula: era un abrigo muy práctico y sencillo, sin mangas, con capucha, útil para viajar, que podría compararse con los actuales impermeables.

  • Sagum: era un abrigo muy corto, abierto por delante y echado hacia atrás.

  • Paludamentum: era parecido al sagum, pero más ancho y largo, de color escarlata, y lo usaba el general.

Toga: Originalmente era rectangular y después se cortó en semicírculo. Sus dimensiones variaron también según la moda, pero su diámetro a veces alcanzaba los seis metros. Ajustarla con elegancia se convirtió entonces en una operación larga y delicada, de tal manera que Quintiliano, por ejemplo, consideró oportuno ofrecer sus consejos a los oradores sobre la manera de obtener unos pliegues y un drapeado elegantes.

La toga era de lana espesa y blanca. Pero los augures llevaban una toga de color amarillo y, durante el Imperio, la moda de las togas de colores se extendió. La del emperador era roja, como la de los dioses. La toga pretexta (toga praetexta) estaba bordeada por una banda púrpura: la llevaban los niños hasta los 16 años y también los magistrados en las ceremonias oficiales. En los triunfos, los generales vencedores tenían derecho a una toga púrpura, bordada en oro (toga picta, palmata).

Símbolo de la ciudadanía romana, la toga era también símbolo de paz: cuando estaban de campaña, los soldados vestían una prenda parecida a la casaca, el sayo (sagum). De todos modos, al ser una prenda pesada y agobiante, los romanos fueron inclinándose, sobre todo a partir del siglo I a. C., por otro tipo de abrigos.

Bracae (pantalones): los usaron los romanos cuando tuvieron que pasar largas temporadas en lugares fríos, en la época imperial. Unos los llevaban hasta los tobillos y otros hasta media pantorrilla. Los propios emperadores los utilizaban de púrpura.

  • Vestimenta de la mujer romana

En los primeros tiempos se usaban las pieles y la lana para confeccionar vestidos. Cuando los mercaderes llegaron a Oriente y Egipto, importaron lino (linteum, carbasa), materia que servía para confeccionar la ropa interior de las mujeres. En la época imperial se introdujo la seda china, que las mujeres usaban de muchos colores.

En el ropero de una romana había túnicas, estolas, y abrigos.

Túnica: era una prenda compuesta por dos piezas de lana cosidas que deja un paso para la cabeza y los brazos. El corte, muy sencillo, era el mismo para los hombres y las mujeres. La túnica femenina era más ancha y más larga: bajaba hasta los talones (tunica talaris).

Stolae: era un vestido largo, ceñido al talle, que llevaban las matronas romanas sobre la túnica. En público llevaban un abrigo por encima. La parte inferior de las stolae estaba adornada con un bordado (instita). Existía un motivo en concreto, que no se conoce, para adornar las stolae de las madres de “familias numerosas” (los padres de tres hijos tenían ciertos privilegios, ius trium liberorum).

Abrigos: era una tela que se ponían por encima de la ropa para abrigarse.

  • Palla: era una especie de mantón ancho, que les cubría los hombros y les envolvía el cuerpo hasta las rodillas. Las matronas romanas se lo ponían encima de la stolae. Se usaba para salir y para momentos solemnes.

  • Paenula: las matronas también lo usaban, y era similar al de los hombres, es decir, que era un abrigo muy práctico y sencillo, sin mangas, con capucha, útil para viajar, que podría compararse con los actuales impermeables.

  • Pallium: era de origen griego, hecho con una gran pieza rectangular en la que se envolvían o embozaban.

  • El matrimonio.

El derecho romano distinguía dos clases de matrimonio: el matrimonio cum manu, que ponía a la esposa bajo el dominio del marido, y el matrimonio sine manu, en el que la esposa no estaba sometida jurídicamente a su marido. Existían tres formas de matrimonia cum manu:

  • La confarreatio (de far: trigo, escanda). Parece la ceremonia más arcaica y su carácter religioso es muy claro: asistidos por el gran pontífice y por el flámine de Júpiter, en presencia de diez testigos ciudadanos romanos, los esposos ofrecían a Júpiter un pastel de escanda (farreus panis) y pronunciaban plegarias. Este rito era bastante raro, pero se le tenía como un honor en ciertas antiguas familias patricias. Era un requerimiento para poder ser flámine.

  • La coemptio (de emo: comprar). Era una boda por “compra” de la novia, en presencia de cinco testigos. Procedimiento de adquisición ficticia, la coemptio había caído en desuso a finales de la República.

  • El matrimonio per usum, es decir, “de hecho”, forma jurídica del rapto. Legitimaba una unión de un año. Este régimen cayó pronto en desuso y no fue más que una curiosidad jurídica.

  • En realidad, el matrimonio cum manu se abandonó rápidamente en beneficio del matrimonio sine manu, que aparece en la ley de las XII Tablas, aunque probablemente

    fuera anterior. Este régimen, que debía contribuir a la emancipación de la mujer romana, recogía también aprobaciones menos confesables. En efecto, aunque desde el año 445 a. C. (lex Canuleia) se admitieron los matrimonios entre patricios y plebeyos, con la boda sine manu el patricio que casaba a su hija con un plebeyo conservaba su autoridad sobre ella y el poder de romper el matrimonio. Esta disposición no se anuló hasta el siglo II d. C., pero había dejado de aplicarse hacía ya mucho tiempo.

    El derecho a contraer bodas justas (ius conubii), reservado a los patricios, no se otorgó a los plebeyos hasta el año 450, pero siguió vetado para peregrinos y esclavos. Uniéndose, los peregrinos conseguían los efectos civiles conformes al derecho de su ciudad. En cuanto a los esclavos, su boda no era más que una “cohabitación” (contubernium).

    La novia iba vestida con un traje nupcial (túnica recta), que se ceñía con un cinturón (cingulum) anudado de forma típica y que era desatado por el novio la noche de la boda, y con un velo rojizo (flammeum).

    Después de ser llevada en brazos, por los asistentes a la boda, desde la casa de su madre hasta la de su marido donde la esparaba en el umbral la mujer romana decía ubi tu Gaius ego Gaia. En el atrium se le presentaba el agua y el fuego y era cuando la mujer pronunciaba esas palabras.

    • El divorcio en Roma.

    Los divorcios, escasos al principio de la República, se hicieron más numerosos al final de la misma y durante el Imperio. El matrimonio se rompía sin formalidades, por mutuo consentimiento o por voluntad de uno solo (en este caso se trataba del repudio, repudium). La fórmula usual era: tuas res tibi habeto (coge tus cosas). Pero en este caso la esposa sólo podía tener la iniciativa si estaba casada sine manu, por lo menos hasta el final de la República.

    El matrimonio por confarreatio era el único que requería una ceremonia inversa a la de la unión de los esposos, la diffarreatio. Al parecer, en un principio, el matrimonio por confarreatio era indisoluble y la diffarreatio sólo se permitía en casos muy especiales.

    Durante el Bajo Imperio los emperadores cristianos lucharon contra el divorcio.

    • La vida en familia.

    El pater familias era la autoridad paterna. Era en él en quién recaía la obligación de conservar la celebración de ritos familiares y transmitirlos a sus descendientes. Tenía todos los bienes y podía dar muerte a sus hijos y esposa si lo deseaba.

    La familia se entendía en el sentido amplio de la palabra, incluidos los esclavos. Las personas y las cosas que había en una casa pertenecían al padre y él era libre de usarlas como se le antojase. Por otra parte, la pérdida del derecho de ciudadanía del padre o su muerte destruían la patria potestad.

    Poco a poco se fue limitando el alcance de esta autoridad, y en la época de Cicerón la familia romana se parecía mucho a la moderna.

    Sólo se libraban de la autoridad paterna el hijo, si había sido vendido tres veces, la hija, si había sido vendida una vez o se casaba cum manu, y los hijos adoptados.

    Al nacer los niños se los ponían a los pies de su padre y si él lo cogía significaba que lo aceptaba y daba una fiesta para reconocerlo públicamente; si se volvía y se iba significaba que lo rechazaba y los había que exponer (a veces ésto se hacía para ocultar que la madre lo confiaba a algún vecino o a algún liberto que lo educara y criara).

    Únicamente, con el transcurrir de los siglos, y gracias a la expansión de la nueva moral estoica, que abriría el paso a la cristiana, esta práctica se convirtió en ilegal, y hasta que eso ocurrió, durante una época, fue objeto de condena o reprobación moral, pero no legal.

    Los niños que no eran reconocidos eran confiados a vecinos o a algún liberto para que lo criase y lo educase, aunque más antiguamente se le dejaba fuera de casa para que muriesen o los recogiera alguien para esclavizarlos.

    una matrona romana debía educar y criar a los hijos paralelamente a llevar la casa y hacer todo lo posible en ella.

    • Los funerales

    Desde el momento en que se constataba la muerte se llamaba al difunto por su nombre (conclamatio). Una vez realizado el último aseo, se le exponía vestido con sus hábitos de gala en el atrio (los habitantes de las insulae organizaban la exposición del cuerpo en el cementerio); ésta podía durar varios días. El hecho fúnebre se adornaba con flores y unas flautistas tocaban músicas fúnebre. Después se celebraban los funerales propiamente dichos: un cortejo acompañaba al cadáver fuera de la ciudad donde tenía lugar el entierro, de noche y después, según parece, de día. El cortejo comprendía: clientes o actores que se ponían máscaras de los ancestros, de tal manera que toda la ascendencia del difunto, venida del más allá, participaba en sus funerales; detrás, las flautistas y las plañideras que cantaban nenias (himnos de alabanza) en su honor; éstas precedían el lecho mortuorio sobre el cual reposaba el cadáver con la cara descubierta; seguían, finalmente, parientes y amigos, con vestidos de duelo (de color para los hombres, vestidos sobrios para las mujeres). El cortejo se desplazaba bajo la luz de las antorchas, incluso en pleno día. Se escuchaban bromas, cargadas de un poder apotropaico. Si el difunto había sido un personaje importante el cortejo atravesaba el foro, o el familiar más próximo pronunciaba un elogio fúnebre.

    Finalmente, se llegaba al lugar del entierro. En Roma se celebraban tanto el rito de la incineración como el de la inhumación. Si se procedía a la incineración, se colocaba el cadáver sobre una hoguera (rogus); las cenizas se depositaban en una urna (loculus) que seguidamente se colocaba en un columbario o en una tumba. En la inhumanción, el cuerpo se depositaba en un ataúd que luego se colocaba en un foso. Una comida completaba y ponía fin a los funerales.

    Durante los aniversarios se llevaban flores, comida y bebidas a las tumbas. Además, todos los años se consagraba una semana a los parientes difuntos, del 13 al 21 de febrero (dies parentales).

    • La educación de los niños.

    Las fases de la educación de un niño romano eran: educación en familia, en casa del litterator, del grammaticus y del rhetor.

    Desde la primera infancia, los padres infundían al niño las aficiones y sentimientos tradicionales: afición al trabajo, puesto que debía continuar al frente de la hacienda, teniendo siempre muy presentes las virtudes del buen agricultor (entrega al trabajo, austeridad y moderación), el respeto a las tradiciones de la propia familia, la piedad para con los dioses (pietas) y el ideal moral romano (sacrificio, renuncia y entrega total de la persona a la comunidad, al Estado).

    Hasta los siete años era la madre quien se cuidaba de la educación de los hijos; si la madre no podía atenderlos, buscaba una señora venerable, generalmente de la familia, que cuidaba en todo momento de los niños. Pero era cuando alcanzaba ésta edad cuando al niño se le enviaba a estudiar con un maestro (litterator, magister ludi), que solía ejercer de forma modesta en un local cercano al foro y enseñaba a leer, escribir y contar. Sólo las personas humildes enviaban a sus hijos al litterator. En las grandes familias, la educación primaria corría a cargo de la madre o de un familiar que inculcaba al niño las grandes virtudes morales. Un maestro privado, normalmente un esclavo o un liberto de la casa, realizaba la labor pedagógica.

    Hacia los 11 años, el pequeño escolar romano acudía a las lecciones del gramático (grammaticus), que le enseñaba el uso correcto de la lengua y le comentaba los autores clásicos. El estudio de los autores daba pie a explicaciones históricas, mitológicas, geográficas, etc., que aclaraban el texto pero también colmaban el deseo de erudición. Los conocimientos impartidos eran más literarios que científicos. A lo largo de estos “estudios secundarios”, el adolescente también aprendía griego y comentaba los grandes autores griegos. El conocimiento de esta lengua resultaba muy útil a la hora de “especializarse”.

    El tercer grado era la enseñanza impartida por el rétor (rhetor), que enseñaba al joven de 17 años el arte de la palabra, que tanta falta de haría para su carrera política. Pronto se convertía en hábil retórico, se ejercitaba en la declamación en público (declamatio) y pronunciaba discursos ficticios, que los rétores dividían en dos géneros: el de la suasoria y el de la controversía. Un profesor de derecho (magister iuris) podía completar la educación del futuro orador. Los estudios de retórica culminaban con un viaje a Grecia, donde un filósofo o un rétor de renombre completaban la educación y la cultura del estudiante.

    Situación política: La República

    La situación política que se vivía en el momento que describe la obra era la República.

    Desde el siglo VII hasta el siglo VI a.C. los reyes etruscos dominaron Roma, pero hacia el 510 a.C. se estableció la República cuando el último monarca, Tarquino el Soberbio, fue destronado. A partir de entonces Roma empezó a absorber las regiones periféricas. A raíz de la invasión gala a principios del siglo IV a.C., se construyó alrededor de la ciudad la llamada Muralla servia. El primer acueducto de Roma se construyó en el siglo 312 a.C.; al mismo tiempo, se construyó la Vía Apia que enlazaba la ciudad con el sur de Italia. Roma siguió expandiéndose tanto durante como después de las Guerras Púnicas (264-146 a.C.). Durante este tiempo se edificó la primera basílica, en el 184 a.C., en el Foro.

    Tras los asesinatos de los hermanos Tiberio (133 a.C.) y Cayo Sempronio Graco (121 a.C.), quienes habían intentado llevar a cabo una reforma agraria que permitiera acceder a la posesión de tierras a los plebeyos, la ciudad experimentó un periodo de inestabilidad que llegó a su cenit con las guerras civiles del siglo I a.C. Por último, Julio César se convirtió en dictador e instituyó una serie de reformas. El Foro se había sobrecargado de edificios y monumentos, por lo que procedió a su ampliación creando el Foro de César y se completó durante el mandato de Augusto, primer emperador, quien también construyó el llamado Foro de Augusto.

    Guárdate de los Idus; Lola González

    Bibliografía.

    • Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation.

    • Diversas páginas de Internet; principalmente:

    http://usuario.tiscalinet.es/dulcitius/

    http://go.to/imperioromano

    • Libro de texto de Latín.

    Carlos García Gual.

    Santillana, Bachillerato.

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