Gobierno del General Augusto Pinochet (1973-1989)

Historia chilena del siglo XX. Presidente de la República Chilena. Golpe de Estado y derrocamiento. Represión política. Salvador Allende

  • Enviado por: Lorelei
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
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El miedo como causa y efecto de la represión política.

(Gobierno del General Augusto Pinochet. 1973-1989)

Introducción.

¿Por qué fue necesaria tanta violencia durante el régimen de Augusto Pinochet?

La obtención del poder político por medio de la fuerza creó un clima de inseguridad y paranoia para el gobierno militar. El temor constante de la sublevación, de que existiesen fuerzas ocultas moviéndose para derrocarlo. Miedo a una reacción tal como la que ellos mismos cometieron.

La respuesta más simple desde una óptica militar fue aplastar por medio de la fuerza cualquier atisbo de amenaza. Crear organismos represivos y de inteligencia y otorgarles poder ilimitado.

Estos organismos cumplieron brutalmente su misión durante el régimen militar, crearon un falso clima de seguridad para el gobierno. Con un costo enorme para el país: un clima de inseguridad y temor para el resto de los ciudadanos.

El poder por medio de la violencia.

El derrocamiento por medio de la fuerza de un gobierno produce sin duda alguna un ambiente de violencia e incertidumbre en un país, esto sin importar el porcentaje de adherentes de uno u otro bando. Algunos intentarán imponer exitosamente su gobierno y otros recuperarlo.

En los días inmediatamente posteriores al 11 de septiembre de 1973 se dieron a conocer numerosos bandos instando a la población que hubiera tenido participación en el gobierno de Salvador Allende a presentarse en los cuarteles militares y policiales. Sin nada que ocultar y nada que temer aún, muchos lo hicieron. El trato por parte de los uniformados fue bastante bueno, pero repentinamente las cosas cambiaron: comenzaron las ejecuciones, la tortura y el maltrato.

Tal como dijo Augusto Schuster: “Que quede en claro que estamos en una firme e inexorable actitud de eliminar todos los elementos desequilibrantes de nuestra patria”. Qué más puede significar esto que una cacería de personas.

El objetivo de la violencia fue logrado en parte. La desarticulación de cualquier intento de resistencia. Pero como en cualquier tipo de guerra (inventada o no) los costos en vidas fueron altos, y lo que es peor aún, vidas inocentes en muchos casos. La tortura como medio de obtención de información escasamente busca la verdad, más bien la desmoralización y el terror.

En las regiones más alejadas del centro del país el punto de quiebre de violencia vino con el paso de la llamada “caravana de la muerte”. Su función fue el imponer la represión de forma brutal. En el interior de los cuarteles se comenzó a vivir un ambiente de guerra civil, en donde los mandos superiores arengaban a sus subalternos respecto a lo peligrosas que eran para el país las personas que se encontraban detenidas y los riesgos que existían de que se organizaran en libertad más como ellos.

Las acusaciones giraban en torno al presunto “plan zeta” y la existencia de armas: “les dijo que tenían que cumplir una misión de gran significado patriótico para librar a Chile de estos indeseables que se habían preparado para tomar el poder del país y para eso iban a eliminar a las Fuerzas Armadas, a sus mujeres y sus hijos. Larraín culpó a Morris de ser quien comandaba el plan Z en la zona. De Cabezas dijo que como era abogado era el cerebro del plan; de Valencia dijo que era el hambreador del pueblo y así de esa manera justificó cada una de las muertes.”.

Los uniformados que en su momento se mostraron en desacuerdo con el golpe militar también fueron detenidos, siendo incluso algunos de ellos fusilados. Esta última actitud se puede entender como un claro mensaje para alinear a las tropas.

El clima impuesto de desconfianza y paranoia instaba a mirar con recelo incluso a los vecinos. La delación en la población civil fue parte importante de las causas de detenciones. El temor que sentía el gobierno se contagió a sus partidarios. Juntos se encargaron de contagiarlo al resto del país.

Los organismos de inteligencia y seguridad.

El empleo de recursos para realizar funciones activas de inteligencia en forma separada en cada rama de las Fuerzas Armadas debe haber presentado más del algún problema.

Surge la DINA, heredando personal de la represión realizada por las fuerzas armadas y de seguridad. Cuenta con un nuevo tipo de integrantes en funciones activas: civiles.

Existiendo un ambiente de odio exacerbado y con un poder excesivo, los crímenes cometidos por estos organismos (DINA y CNI) llegaron incluso a alejarse del típico ataque político y se adentraron incluso en el plano delictual. Con un respaldo impresionante por parte del gobierno incluso cuando eran requeridos por la justicia a causa de sus actos: “considerando que los servicios de seguridad trabajan en condiciones absolutamente secretas, no es posible que pueda comparecer ante este tribunal”.

Esto destaca una característica que reinó durante todo el gobierno de Augusto Pinochet, la negación frente a la opinión pública en la mayoría de los casos de cualquier tipo de abuso. La impunidad de sus actos propició a la corrupción de estos organismos. Este hecho sería incluso de utilidad a los altos rangos militares para negar su implicación.

La disolución de la DINA y la creación de la CNI fue motivada en parte para solucionar este tipo de problemas. Lo cual no se consiguió y quedó demostrado frente a la opinión pública con el publicitado caso de Calama. Donde seis agentes de la CNI contando con información obtenida por ellos mismos en sus funciones de inteligencia asaltaron una sede del Banco del Estado en Chuquicamata, secuestrando y posteriormente asesinando a sus dos cajeros. El caso fue tan vergonzoso que el gobierno lo condenó enérgicamente. Varios de los implicados tenían antecedentes penales previo su ingreso a la CNI.

Numerosos medios de prensa independientes u opositores al gobierno informaban y pedían públicas explicaciones respecto a denuncias de desapariciones, secuestros, torturas y ejecuciones. Pero la tesis del gobierno respecto a hechos aislados y responsabilidades personales y no institucionales perduró.

Los motivos de seguridad nacional continuaron justificando la violación de los derechos humanos. La sensación de poder y el hecho de no querer perderlo.

Con el poder asegurado firmemente. Una oposición política atemorizada y casi inexistente, tan sólo se mantenían como elementos desequilibrantes los grupos terroristas ligados a la izquierda. En pos de su desarticulación se produjeron la mayoría de los actos de terrorismo de estado.

Uno de los golpes más fuertes recibidos por el gobierno militar fue el atentado a la vida de Augusto Pinochet. Un ataque tan osado que casi derrumba la ilusión de seguridad gobierno. La respuesta vendría inmediatamente con una seguidilla de falsos enfrentamientos donde murieron numerosos integrantes del FPMR.

Estos falsos enfrentamientos serían conocidos como la Operación Albania. En la actualidad es sabido que las órdenes para cometer esta operación provinieron desde muy arriba en el poder, se sospecha del mismo Pinochet como autor de la orden. Los recursos empleados fueron enormes, participación conjunta de CNI, Investigaciones y Carabineros, además de una orquestación para los medios muy preparada:

“A primera vista, los enormes recursos empleados para semejante sistema parecen demenciales, pero, si además del albur informativo se piensa que cumple un objetivo de aterrorizamiento masivo de la población, no lo es tanto”.

Los mensajes eran claros, frente a cada amenaza efectiva al poder la respuesta sería terrible. Por supuesto las versiones oficiales dadas a la opinión pública siempre correspondían a actos ajustados a derecho. No obstante muchos comprendían claramente los mensajes.

Conclusión

A lo largo del gobierno militar existió represión, tortura, homicidios y secuestros. Eso es un hecho innegable. Sufridos por pobladores, estudiantes, profesores, jóvenes en protestas, periodistas, líderes sindicales, miembros de partidos de izquierda, sacerdotes, etc.

La realidad ha demostrado ser compleja. Hubo muchos actos cometidos en forma independiente por individuos fanatizados. Pero en la mayoría de los casos las órdenes provenían de superiores competentes. Esto demuestra que existió una voluntad política de mantener a la población sumisa por medio del temor.

La desproporción de recursos e intenciones configuró un enfrentamiento en el cual estuvo involucrado todo un país. Siendo los únicos amenazados, en realidad, la democracia por un lado y un grupo de militares por el otro. Teniendo como resultado final un enfrentamiento, donde el único ganador fue el miedo y todos nosotros los perdedores.

Bibliografía

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María Irene Soto, Pisagua II, Hoy, Nº 674, pág. 9-12. Santiago: Araucaria, Junio de 1990. Alberto Neumann recordando arengas de un comandante en Pisagua al pelotón de fusilamiento.

Carmen Ortuzar y Marcela Otero, Nace un Fantasma, Hoy, Nº 444, La Guerra Oculta (capítulo 2): pág. 32-34. Santiago: Araucaria, enero de 1986. Ministerio del Interior en causa rol Nº 2680 del 11º juzgado del crimen.

Valdés, Hernán. Tejas Verdes, Diario de un Campo de Concentración en Chile. Santiago: LOM Ediciones, 1996. Página 110.

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