Globalización

Ciencias políticas. Mercados. Economía. Comercio. Cultura. Antiglobalización

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INTRODUCCIÓN

La globalización se ha convertido en tema obligado de análisis y discusión, tanto en los foros políticos y empresariales como en el ámbito académico. Pese a ser tan difundido el concepto, no existe consenso sobre los alcances que ha tenido el proceso globalizador a escala planetaria, sino que más bien se presenta una verdadera confrontación de ideas bajo el supuesto de que todos los países tienen las mismas oportunidades, al tiempo que otras rechazan cualquier posibilidad de inserción ventajosa en la actual división internacional del trabajo. Una tercera posición trata de conciliar los puntos de vista extremos y de formular una especie de síntesis, en la cual las fortalezas y las debilidades dependen no solo de la correlación de fuerzas en el plano económico y político a escala mundial, sino también de las transformaciones estructurales que se lleven a cabo al interior de las naciones menos desarrolladas.

En este informe se analiza el fenómeno de la llamada globalización, a partir de los diferentes enfoques y teniendo en cuenta los cambios experimentados por la economía mundial durante la segunda mitad del siglo XX. En particular se muestra cómo pese a los innegables avances tecnológicos, que han hecho posible una mayor integración económica, cultural y política entre las naciones, las asimetrías, características de la participación de los diferentes grupos de países en la división internacional del trabajo, no solo se conservan sino que tienden a profundizarse.

Independientemente de los enfoques planteados, la globalización se ha convertido en una especie de pretexto para justificar las desigualdades entre los diferentes grupos de países dentro de la actual división internacional del trabajo y, si bien es cierto que los cambios tecnológicos ocurridos en las últimas décadas ofrecen nuevas oportunidades de mejorar la situación de las naciones atrasadas en el contexto internacional, ésta tiende a depender cada vez más de la estrategia transnacional de acumulación a escala mundial.

Concepto de globalización

Según la Real Academia de la lengua Española (RAE) el significado de globalización es:

Tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales.”

LA GLOBALIZACION

Este término se usa comúnmente desde los años ochenta, es decir desde que los adelantos tecnológicos han facilitado y acelerado - exponencialmente - las transacciones internacionales comerciales y financieras. Se trata de la prolongación, más allá de las fronteras nacionales, de las mismas fuerzas del mercado que durante siglos han operado a todos los niveles de la actividad económica humana: en los mercados rurales, las industrias urbanas o los centros financieros.

De acuerdo a esta definición, el uso dado al término Globalización - es decir que el libre mercado se expanda a través del globo terráqueo - es una exageración, puesto que esto no ha sucedido así, hasta nuestros días.

En efecto, existen en la actualidad vastos sectores de la humanidad que están marginados de la información y los mecanismos que permiten el intercambio en la forma casi instantánea que caracteriza el concepto en uso.

En los estudios relacionados con las relaciones local-global o la globalización frecuentemente se puede encontrar un vasto espectro de interpretaciones y conceptos. Esto se debe al carácter multifacetario de las transformaciones observadas actualmente relacionadas con las diferentes asociaciones que se puede hacer entre cambios globales y consecuencias locales. Por eso mismo, que la palabra globalización se convirtió paulatinamente en el término más adecuado para designar de forma más general a una fuerza que actúa en diferentes dimensiones, superior a la voluntad de los actores individuales o colectivos locales. Sin embargo, este término carece de una mejor conceptuación. Este proceso de cambio es algo que ha evolucionado a lo largo del tiempo, adquiriendo por eso mismo diferentes significados. Quizás el momento más significativo de lo que podríamos llamar, de hecho, proceso de globalización sería el advenimiento de las grandes navegaciones, con la expansión del hombre europeo a las regiones más distantes y desconocidas del mundo. Asimismo los cambios más extraordinarios han sido observados principalmente en el transcurso de los últimos dos siglos, con expansión de los ferrocarriles, la invención del telégrafo, las viajes transcontinentales , con los avances tecnológicos, el extraordinario incremento de los flujos comerciales y financieros, y las notables transformaciones en la esfera política y económica.
El término "globalización" tiene hoy numerosos matices y su connotación varía de acuerdo con la perspectiva interpretativa. En los últimos años pasó a ser empleado de forma más intensa, generalizando su uso en los campos de la política y economía. Fue asociado a otros términos como integración, modernidad, postmodernidad y mercado, hasta adquirir un fuerte recorte economicista que, de cierta forma, prevaleció sobre las demás asociaciones hasta volverse referencia inevitable a la expansión de los mercados, el consumo global, la moda, los veloces flujos comunicativos y las nuevas tecnología de información.

1.- Globalización Económica

   Podríamos definir la globalización económica como el proceso que tiende a la eliminación de las trabas que los países aún mantienen ante la libre circulación de capital y mercancías. Está impulsada fundamentalmente por las grandes multinacionales y los centros del poder económico internacional (como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional). Su herramienta esencial serán las nuevas tecnologías de la comunicación, como Internet. De consumarse, todo el planeta sería un único mercado en manos de grandes multinacionales: capital y mercancías se moverían libremente por todo el planeta. El libre comercio no es meta o fin en sí mismo. El libre comercio debe darse dentro de un marco regulado que se preocupa por la redistribución social y la protección del medio ambiente.

Las mercaderías, los servicios y las inversiones se mueven a través de las fronteras con creciente libertad y velocidad, creando numerosas ventajas económicas para mucha gente y muchas naciones. Pero esta forma de globalización también crea gran cantidad de problemas: Los problemas ambientales aumentan, la desigualdad social es mayor que nunca y la pobreza es todavía la realidad de miles de millones de personas.

Hace cincuenta años, el nivel arancelario promedio sobre mercaderías industriales en los países ricos del Norte sobrepasaba el 40 por ciento. Hoy ha caído por debajo del cuatro por ciento. Este es un aspecto de la liberalización.

En el mismo período de cincuenta años, la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado. La desigualdad ha aumentado, no solamente en el Sur, sino también en una cantidad de países ricos. Al mismo tiempo hemos sido testigos de un alza dramática en los problemas ambientales: Los bosques lluviosos tropicales desaparecen a un ritmo sin precedente, la capa de ozono está amenazada por la contaminación y todo indica que el aumento en la emisión de CO2 conducirá al calentamiento global y a un clima inestable, con consecuencias negativas serias para todos los países, ya sea industrializados o en vías de desarrollo.

El concepto de globalización económica es el hecho de que en los últimos años ha aumentado vertiginosamente la parte de las relaciones económicas entre personas de distintos países. Se consagra a las importaciones de otros países una proporción creciente del gasto en bienes y servicios, y una proporción creciente de la producción de los países se vende al extranjero en calidad de exportación. Entre los países ricos o desarrollados, la proporción en el producto total (exportaciones más importaciones en relación con el PIB) aumentó de 27% en 1987, a 39% en 1997. En los países en desarrollo subió del 10% al 17%. (El origen de muchos de estos datos es el trabajo del Banco Mundial titulado World Development Indicators 2000 (Indicadores del desarrollo mundial).
Las empresas constituidas en un país invierten cada vez más en el establecimiento y funcionamiento en otros países. En 1998, firmas estadounidenses invirtieron en el exterior US$133.000 millones y empresas extranjeras invirtieron US$193.000 millones en los Estados Unidos. En todo el mundo las corrientes de IED se triplicaron con creces entre 1988 y 1998, pasando de US$192.000 millones a US$610.000 millones, y en relación con el PIB, la proporción de la IED generalmente va en aumento, tanto en los países desarrollados como en desarrollo. Estos últimos recibieron, como promedio, alrededor de una cuarta parte de las corrientes de IED movilizadas en todo el mundo entre 1988 y 1998, aunque la proporción varió bastante de un año a otro. Hoy día, esta es la forma más cuantiosa de transferencias de capitales privados hacia los países en desarrollo. En muchos países (especialmente en el mundo industrializado) los ahorristas diversifican cada vez más sus carteras para incluir activos financieros extranjeros (bonos, capitales y préstamos en el exterior) y los prestatarios, también en grado creciente, recurren a fuentes de fondos externas, además de las internas. Si bien la afluencia de capitales de esta clase hacia los países en desarrollo también aumentó considerablemente durante los años noventa, ha sido mucho más inestable que las corrientes comerciales o de IED. En general, el Banco Mundial se inclina a favor de una mayor apertura para el comercio y la IED porque las evidencias sugieren que los beneficios en materia de desarrollo económico y reducción de la pobreza tienden a ser relativamente mayores que los riesgos o costos posibles (aunque también se preste atención a políticas concretas para atenuar o aliviar esos costos y riesgos).
El Banco es más cauteloso respecto de la liberalización de otras corrientes financieras o de los mercados de capital, cuya extrema inestabilidad muchas veces puede fomentar ciclos de auge y quiebra y crisis financieras con enormes costos económicos, como la que sacudió a los mercados emergentes de Asia oriental y de otras partes del mundo entre 1997 y 1998. En este aspecto, debe hacerse hincapié en la configuración de instituciones y políticas internas que reduzcan los riesgos de la crisis financiera antes de emprender una apertura ordenada y cuidadosamente escalonada de la cuenta de capital.
Para muchos de los países menos desarrollados más pobres, el problema no consiste en que la globalización los empobrezca sino que se encuentran en peligro de quedar casi totalmente excluidos de ella. En 1997, la participación de esos países en el comercio mundial era de apenas el 0,4%, proporción minúscula y equivalente a la mitad de lo que había sido en 1980. Su acceso a las inversiones extranjeras privadas sigue siendo insignificante. Lejos de condenar a esos países a que sigan sumidos en el aislamiento y la pobreza, es urgente que la comunidad internacional les ayude a incorporarse en mayor grado a la economía mundial, brindándoles asistencia para ayudarlos a formar las instituciones y las políticas de respaldo necesarias y a continuar mejorando su acceso a los mercados mundiales. Es importante que se comprenda que la globalización económica no es una tendencia totalmente nueva. De hecho, y en un plano básico, ha sido un aspecto presente en la historia de la humanidad desde las épocas más remotas, a medida que las comunidades ampliamente esparcidas por el mundo fueron estableciendo relaciones económicas cada vez más amplias y complejas. En la era moderna, la globalización tuvo un florecimiento temprano hacia fines del siglo XIX, que abarcó a los países que hoy día son ricos o desarrollados, para muchos de los cuales las corrientes de comercio y capitales en relación con el PIB llegaron a ser similares o superiores a las que registran en la actualidad. Ese apogeo de la globalización declinó en la primera mitad del siglo XX, época que se caracterizó por el aumento del proteccionismo dentro de un marco de contiendas nacionales y entre las grandes potencias, guerras mundiales, revoluciones, auge de las ideologías autoritarias y vasta inestabilidad económica y política.
En los últimos 50 años reapareció la tendencia hacia una mayor globalización. Las relaciones internacionales han sido más tranquilas (por lo menos en comparación con la primera mitad del siglo), respaldadas por la creación y la consolidación del sistema de las Naciones Unidas como medio para la solución pacífica de las diferencias políticas entre los Estados, y de instituciones como el GATT (hoy día la OMC), que ofrecen una estructura normativa para que los países administren sus políticas comerciales. El fin del colonialismo incorporó numerosos actores nuevos e independientes a la escena mundial, limpiando al mismo tiempo una mácula vergonzosa asociada al anterior proceso de globalización del siglo XIX. En la Ronda Uruguay del GATT de 1994 los países en desarrollo participaron por primera vez en una gran variedad de aspectos del comercio internacional multilateral.

El ritmo de la integración económica internacional aumentó en los años ochenta y noventa, a medida que en todas partes los gobiernos fueron reduciendo las barreras de política que obstaculizaban el comercio y las inversiones internacionales. La apertura hacia el mundo exterior ha formado parte de un vuelco más amplio hacia una mayor dependencia de los mercados y de la empresa privada, especialmente a medida que muchos países en desarrollo y comunistas fueron comprobando que un alto grado de planificación e intervención del gobierno no rendía los resultados deseados en materia de desarrollo.

Las vastas reformas económicas emprendidas por China a fines de los años setenta, la disolución pacífica del comunismo del bloque soviético a fines de la década de 1980 y el arraigo y crecimiento constante de las reformas con base en el mercado que tuvo lugar en la India democrática en los años noventa, figuran entre los ejemplos más notorios de esta tendencia. El progreso tecnológico, con su consiguiente reducción del costo del transporte y las comunicaciones entre los países, también ha brindado impulso a la globalización. La caída radical del costo de las telecomunicaciones y del procesamiento, acopio y transmisión de la información, facilita enormemente la detección y el aprovechamiento de oportunidades comerciales alrededor del mundo, la coordinación de las operaciones en sitios distantes o las transacciones por línea que comprenden servicios que antes no podían comercializase a escala internacional.

Finalmente, y en estas circunstancias, quizá no sea sorprendente que a veces se use el término "globalización" en un sentido económico mucho más amplio, como otro nombre del capitalismo o de la economía de mercado, pero esto no es de mucha ayuda. Globalización junto con algunas de sus características fundamentales, como la producción en manos de empresas privadas con fines de lucro, redistribución frecuente de los recursos de acuerdo con los cambios de la oferta y la demanda y cambios tecnológicos rápidos e imprevisibles. Es importante, por cierto, el análisis de los aspectos positivos y las deficiencias de la economía de mercado como tal, así como una mejor comprensión de las instituciones y políticas necesarias para que su funcionamiento sea mejor.

2.- Globalización Política

Podría definir la globalización política como la extensión por todo el mundo del sistema político que ha resultado más provechoso en el reconocimiento de la dignidad de la persona, la democracia. Tomando como punto de arranque que todo ser humano tiene derecho a vivir bajo el amparo de un sistema democrático, un sistema global en lo político deberá basarse en un marco jurídico que garantice el estado de derecho, y en una separación de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. La globalización política sólo tiene sentido si es acompañada por la justicia global, con base en un sistema de reglas globalmente vinculantes, la resolución de conflictos y la aplicación colectiva.

Debemos reconocer que la justicia global debe ser justa, y debemos entender que no es necesariamente vista como tal por todas las naciones y toda la gente en la actual fase de globalización. A menudo es percibida como amenazadora para los dictadores, así como para la gente que está siendo oprimida por éstos. Ha ocasionado estragos en Irak, Burundi, Libia y otras partes. Pero no ha lidiado adecuadamente con los Saddam y Milosovich de este mundo. Además, no ha sido aplicada siempre cuando se necesita, ni ha sido aplicada con justicia. Por tanto, causa más bien temor en las personas de las naciones más débiles.

Es importante mantener el principio de subsidiariedad como base de todos los procesos políticos. Pero un número creciente de decisiones debe tomarse en el plano global.

Los países poderosos podrían resistir un sistema internacional basado en la democracia, con tribunales y mecanismos independientes y neutrales para la resolución de conflictos, dado que tal sistema a menudo favorecerá a los países más pequeños y débiles.

Los acontecimientos en la OMC, con respecto a reglas globalmente vinculantes y una función judicial eficaz, pueden servir como ejemplo de cooperación internacional en otras áreas. Sin embargo, no es el único ejemplo positivo:

Globalización

El protocolo de Montreal sobre la reducción de las sustancias que agotan la capa de ozono, es un acuerdo internacional con reglas vinculantes y una combinación de normas, medidas comerciales y asistencia ambiental.

Globalización

El protocolo de Kioto es el primer acuerdo global legalmente vinculante sobre la protección del clima de la tierra.

Globalización

La prohibición del uso de las minas antipersonales ha resultado del impacto global de la sociedad civil.

Globalización

El caso de Pinochet demuestra que ni los jefes de Estado pueden eludir la justicia.

Globalización

Además, el establecimiento de tribunales para delitos internacionales -que persiguen y pasan sentencia a los criminales de guerra sin considerar donde se ocultan- es uno de los avances más alentadores hacia un sistema internacional de justicia.

Estos ejemplos indican que los contornos de un sistema efectivo de globalización política se están haciendo visibles poco a poco. Sin embargo, hay todavía mucho que hacer antes de que las reglas globalmente vinculantes reemplacen la tradición de declaraciones vagas y no vinculantes.

Los llamados "derechos olvidados", como el derecho a la alimentación, a la salud, al abrigo y al trabajo son igualmente importantes que los derechos civiles y políticos

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU se adoptó hace 50 años. Pero no fue sino hasta después del fin de la guerra fría entre el Este y el Oeste que los derechos humanos fundamentales se fueron estableciendo, poco a poco, como un conjunto de reglas globales que se aplican sin distinción de nacionalidad, idioma y cultura.

Es un hecho, sin embargo, que los derechos humanos fundamentales siguen siendo violados diariamente en muchos lugares del mundo. Es también un hecho que todavía se analizan en muchas partes del mundo, porque el régimen de derecho en el que se basó la ONU es considerado como un reflejo del desarrollo de la civilización en Occidente. Y mientras se reconoce que los principios medulares son universales, se entiende también que no necesariamente toman en cuenta otros valores civiles que son igualmente válidos.

Los derechos humanos van más allá de los derechos civiles y políticos. Pero es necesario asegurar que la discusión no solamente se enfoque en la definición estrecha de los derechos humanos como siendo derechos civiles y políticos. Esto es necesario porque todos los derechos, colectivamente, forman la base para la creación de una vida decente y digna. Es también necesario poner más énfasis en los derechos relacionados con el trabajo, como salarios y condiciones laborales decentes.

Un desafío mayor debe ser el desarrollo de herramientas y métodos que aseguren que los derechos humanos universales se cumplan en un mayor grado que hasta ahora. Una posibilidad es hacer de la observación de los derechos humanos una condición necesaria para la completa participación en la cooperación económica global. También se deben fortalecer los tribunales internacionales.

Los derechos humanos, sin embargo, no son simplemente una cuestión de derechos individuales del ciudadano con respecto al Estado. La lucha de mujeres, niños y jóvenes por los derechos humanos, la igualdad y mejores condiciones sociales puede frecuentemente ser vista como una lucha dirigida en contra de ciertos mecanismos de represión determinados local, tradicional y culturalmente. La educación, la sensibilización y la movilización deben dirigirse hacia las mujeres, los niños y los jóvenes en particular. A todos ellos se les debe asegurar participación e influencia.

Mientras que los derechos humanos han llegado a ser piedra angular en la definición de la relación entre individuos y sociedad en muchos países occidentales, esto no ocurre en todos lados. La gente indígena del Sur de Asia encuentra difícil contestar a la pregunta "¿cuáles son sus derechos?". Ellos contestan mediante la descripción de sus obligaciones con respecto a sus comunidades. Dichas obligaciones a menudo son olvidadas en un mundo que -cada vez más- enfoca los derechos.

Se requiere desarrollar un conjunto de obligaciones universales que, como los derechos humanos, pueda aportar valores trascendentales para el comportamiento humano. Las obligaciones humanas deberían consagrar los principios de solidaridad, la consideración del uno hacia el otro, la responsabilidad para con la comunidad y los valores comunes, además de enfatizar en la participación activa para el desarrollo de la sociedad.

Así como deberían haber obligaciones personales individuales -del individuo hacia la comunidad-, los principios relativos a las obligaciones internacionales del Estado tendrían que ser considerados como fundamento para la cooperación internacional. La Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de la ONU en 1986, sostiene que los Estados deben formular políticas apropiadas para su desarrollo, cooperar entre sí y formular políticas internacionales que aseguren el derecho al desarrollo.

La globalización crea riqueza para algunos y se traduce en pobreza y marginación para otros. La promoción del derecho al desarrollo en sus diferentes aspectos requiere la generación de una cultura de solidaridad global, con la asistencia para el desarrollo como una de las expresiones más visibles de solidaridad en un mundo cada vez más interdependiente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la cooperación para el desarrollo se encontraba vinculada a la dinámica del conflicto estratégico entre Este y Oeste. Las prioridades ideológicas y geopolíticas hicieron que los esfuerzos por mejorar la calidad de vida de la gente que vive en las regiones marginadas del mundo fueran relegados.

3.- Globalización Comercial

El proceso de globalización económica se refiere a la creciente interdependencia de económica existente entre los mercados mundiales de bienes, servicios y factores. La misma permite mejorar la asignación de recursos al aumentar la competencia y el tamaño del mercado, variables clave para estimular la eficiencia, la división internacional del trabajo y la especialización por parte de las empresas. Los flujos internacionales de capital contribuyen a una asignación mejor del mismo a nivel mundial (generalmente en función de su productividad marginal), lo que en principio contribuye al desarrollo económico de aquellos países con menor dotación del mismo, en especial aquellos cuyos mercados laborales no sólo ofrecen menores costes sino también trabajadores capacitados para absorber las tecnologías inherentes a los procesos productivos. La globalización se ve favorecida por dos vías: por un lado, por la supresión de obstáculos institucionales al comercio internacional y el otro, por la espectacular reducción en los costes de los transportes y telecomunicaciones internacionales.

La globalización y el progreso técnico no son sólo fuentes de crecimiento económico sino también de cambio estructural, tal y como ha señalado el FMI( Fondo Monetario Internacional ) : “Las economías de mercado son sistemas dinámicos inmensos en un proceso continuo de cambio estructural, en el que el progreso económico es el resultado exitoso de la adaptación y ajuste al mismo y en el que se produce una reasignación sectorial de los factores productivos”. Así, por ejemplo, cuando un determinado país ve desplazada su producción nacional por importaciones más baratas de otro país con menores costes laborales, ello no quiere decir que se produzca una pérdida equivalente de producto en el país importador, sino que más bien lo que sucede es un cambio en el tipo de bienes producidos en el mismo. Así, el poder obtener un bien más económico en el extranjero tiene dos grandes efectos: por un lado, aumenta la renta del país exportador, que pueden ser a su vez mercado para nuestras exportaciones de tecnologías más avanzadas y que incorporan capital humano más cualificado y por el otro, se libera renta en el país importador, que puede destinarse al consumo de servicios, los cuales no están tan expuestos a la competencia exterior. Como resultado, las economías tienden a abrir una brecha salarial entre los trabajadores cualificados (cuyos servicios son más demandados a nivel internacional) y trabajadores no cualificados (que se ven sometidos a la competencia de producción de terceros países con menores costes).

Cuadro 1. El comercio mundial (% del producto mundial)

1950

1960

1970

1980

1990

2000

Exportaciones mundiales

8

9

11

12

14

16

Fuente: OCDE (1997), “The world in 2020”, París.

Los indicadores más utilizados para medir la globalización comercial suelen ser la apertura comercial (suma de la participación de las exportaciones e importaciones en relación al producto) y el cumplimiento de la ley de precio único. Pues bien, según los datos del FMI entre la década de las ochenta y los noventa e comercio mundial ha doblado su elasticidad respecto al crecimiento del producto (pasando la misma de 1 a 2). Las implicaciones de este fenómeno sobre el crecimiento se han cuantificado en torno a un aumento de la renta en un punto y medio por cada punto de crecimiento de la participación del comercio exterior en el producto, gracias a su efecto inducido sobre la acumulación de capital físico y humano. En bienes comerciables a nivel internacional debería producirse una convergencia entre los precios de estos bienes a nivel internacional, circunstancia que incluidas las diferencias en los costes de transporte no se produce en multitud de casos, con excepciones limitadas como sucede con el precio de materias primas homogéneas. De hecho, a nivel internacional se suelen producir entre países socios comerciales oscilaciones de precios dentro de intervalos (pasillos de precios) mayores o menores en función del grado comercial de los mismos. En este sentido, los precios se suelen fijar en función de tres parámetros: costes (suelo), competencia (dentro del intervalo) y demanda (techo de precios).

El comercio internacional permite obtener beneficios a todas las partes involucradas en el mismo, si no se llevaría a cabo y los países optarían por la producción interna de la totalidad de bienes y servicios necesarios para un país, o lo que es lo mismo, por la autarquía. Las principales ganancias procedentes del comercio residen en que permite a los países especializarse en la producción de aquellos bienes y servicios que en términos comparativos producen mejor lo que les lleva a una asignación de sus factores en función de la productivos relativa de los mismos entre sus usos alternativos (Ganancias de la especialización). De esta forma se amplían las posibilidades de consumo de los países, que ahora no se ve contraseñido por la limitada producción interna, al bajo nivel de productividad que la autarquía y la falta de especialización conduce (Ganancias del intercambio). El exceso de producción obtenida al especializarse, una vez satisfechas nuestras necesidades puede intercambiarse por una mayor cantidad de bienes y servicios, que los que hubiéramos obtenido de dedicar nuestros recursos a la producción interna de los mismos.

En todo caso, para que el comercio interese los términos de intercambio internacional (la relación real de intercambio o cociente entre los precios de exportación e importación) debe ser más favorable que los precios relativos internos de la producción de los bienes en la situación de autarquía, incluidos los costes de transporte. En la práctica los países tienden a exportar aquellos tipos de bienes y servicios en los que los factores empleados obtienen una mayor productividad relativa, (o lo que es lo mismo, en los que tiene un menor coste de oportunidad) en su producción, siempre y cuando los precios relativos internos de los mismos sean menores en dichos países que en el resto del mundo. Los precios relativos internos de un bien son el resultado de la interacción entre la oferta del mismo (que depende de la disponibilidad de factores existentes y de la productividad de los mismos) y de su demanda (gustos o preferencias por ese bien en el país en cuestión).

La mayor disponibilidad relativa de uno o varios factores productivos constituye una de las principales fuentes de ventajas comparativas, sobre todo en los casos de exportaciones de bienes primarios. A este respecto, el Teorema de Heckscher-Ohlin, por el que los países tienden a especializarse en la producción y exportación de aquellos bienes más intensivos en el factor que sea más abundante (o más barato), mientras que importará aquellos bienes más intensivos en el factor que sea más escaso (o más caro), todo ello bajo el supuesto de inmovilidad internacional de factores de producción y de compartir el mismo nivel tecnológico a nivel internacional. En principio, el precio de los factores dependerá tanto de su dotación relativa como de las demandas o preferencias relativas por los mismos, ya que la interacción entre la oferta y la demanda será la que en última instancia determinará el precio. De esta forma, el comercio internacional al estimular la producción de los bienes intensivos en el factor relativamente abundante, estimulará la demanda del mismo, lo que a su vez elevará su precio relativo.

El Teorema Stolper-Samuelson nos señala además que cuando se eleve el precio de un bien (gracias al comercio internacional que aumenta su mercado), el factor utilizado en su producción (en el país que es más abundante) verá más que aumentada la retribución que obtiene por su utilización, mientras que en el resto de países (donde el factor era más escaso y por lo tanto más caro), en la medida que ve reducido su empleo, también verá disminuido su precio, esta tendencia proseguiría hasta un punto en el que los precios de los factores empleados en la producción tenderían a aproximarse en los distintos países, al tiempo que las empresas intentarían progresivamente ir sustituyendo los factores encarecidos (antes más abundantes) por los factores más baratos relativamente (antes más escasos). El principal problema que surge aquí es que los factores productivos (capital y trabajo) en la medida que son más específicos y especializados tienden a ser más inmóviles en el corto plazo en la producción de los distintos bienes, con lo que en ocasiones surgen costosos y prolongados procesos de ajuste, ante los cambios en sus precios relativos. Como consecuencia de ello, se elevan los precios de los factores intensivos en aquellos bienes en los que un país tiene ventajas comparativas y se reducen los precios de los factores intensivos en aquellos bienes en los que un país carece de las mismas.

Hasta ahora nos hemos basado en la ficción de que los países intercambian distintos tipos de bienes y servicios en función de sus ventajas comparativas relativas. Sin embargo, los países en la mayor parte de su comercio internacional tienden exportar e importar bienes de las mismas industrias. Este comportamiento se explica por diversas circunstancias, pero la principal suele ser el hecho de que los consumidores tienen similitudes de gustos independientes de su país de residencia (teoría de las demandas superpuestas de Líder) y que existen economías de escala (las debidas al tamaño de la producción); de concentración (las obtenidas en determinadas localizaciones con fuerte densidad de actividad económica, como por ejemplo el acceso a mano de obra o servicios especializados) y de aprendizaje (la experiencia en la producción optimiza la misma y permite reducciones de costes). Como resultado, las empresas se especializan en algunos tipos de productos (productos diferenciados) o incluso en partes del proceso productivo, obteniendo así ventajas competitivas que les permite vender tanto en los mercados internos como externos. A este respecto, conviene señalar que en la medida que aumenta su renta, los países tienden a cambiar su estructura de demanda y en general a orientarse hacia productos de mayor calidad.

Cuadro 2 . Los protagonistas del comercio mundial en los noventa

Participación en las exportaciones mundiales (%)

Estados Unidos

13

Alemania

9

Japón

7

Francia

6

Reino Unido

5

Italia

5

Canadá

3

España

2

Unión Europea

40

Economías Emergentes Asiáticas

10

Asia (incluida China e India)

7

Europa del Este y Oriente medio

3

Africa

2

Fuente: FMI (1997), “World Economic Outlook: Globalization”, Washington DC.

Las diferencias en los niveles tecnológicos, sus cambios y difusión internacional también explican parte del comercio internacional. Así, las Teorías del ciclo de producto de Vernon señalaban que los países más avanzados (y por lo tanto con mayor dotación de capital humano especializado y más recursos destinados a la Investigación y Desarrollo, I + D) son los que generalmente desarrollan los productos más innovadores, que exportan al resto del mundo con grandes márgenes derivados de la renta temporal de monopolio, hasta un momento en que el desarrollo de estos productos, gracias a la difusión de la tecnología y el conocimiento necesarios para su producción, se puede efectuar ya en otros países que cuentan con ventajas comparativas, generalmente con menores costes, ocupándose los países más avanzados en desarrollar y aquellos productos nuevos que han innovado en el período en el que los productos anteriores han llegado a su madurez. Como consecuencia de estas circunstancias, la coincidencia en el tiempo de un gran número de innovaciones pueden dar lugar a nuevos ciclos de crecimiento.

En ocasiones, algunos países intentan proteger y aislar a sus empresas de la competencia internacional, bajo las excusas de la falta de competitividad internacional de la misma, la protección de la industria naciente o consideraciones estratégicas. Los problemas más frecuentes con los que se enfrenta un gobierno en aras a proteger suelen ser tres: ¿Qué industria proteger?, ¿Cuánto tiempo protegerla? y ¿Cómo protegerla?. La elección de las industria a proteger y el tiempo que dura la protección es una cuestión harto compleja por cuanto presupone el conocimiento de las actividades con mayor futuro y el punto de inflexión a partir del cual se puede dejar a dichas actividades expuestas a la competencia internacional. En la práctica, los sectores que se protegen suelen ser aquellos que soportarían mayores costes sociales y de ajuste, que suelen coincidir precisamente con actividades maduras con altos niveles de empleo, cuando no aquellos sectores con mayor capacidad de influencia y/o presión sobre las autoridades comerciales de la nación. Respecto a la duración de la protección, hay que señalar que tienden a perpetuarse hasta que se manifiesta una situación excepcional que la obliga a retirarla, como podría ser la exigencia internacional tras una crisis de balanza de pagos o restricción exterior o la aprobación de un acuerdo multilateral comercial o de integración.

La fórmula proteccionista de más frecuente uso suelen ser las barreras arancelarias, que no son sino cargas tributarias que encarecen la importación de bienes y servicios procedentes del exterior. Las consecuencias inmediatas de un arancel suelen ser el aumento de la producción interna, un incremento de los ingresos públicos por aranceles y una elevación del precio del producto protegido, que si bien beneficia a los productores, perjudica a los consumidores que se ven obligados a soportar un mayor precio por sus adquisiciones. En la medida que las rondas comerciales del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio ) han ido reduciendo las barreras arancelarias, se puede observar que han aparecido otra barreras, con la misma finalidad de aislar la producción interna de la producción internacional, como son las cuotas de importación (que limitan la cuantía de las importaciones en unidades físicas), las normas técnicas o administrativas (que bajo la razón de la protección al consumidor pueden servir para apoyar a la producción nacional) o las subvenciones a la exportación (por la que las empresas exportadoras se ven subvencionadas por sus ventas al exterior). Muy vinculadas a estas últimas están las prácticas de dumping o competencia desleal, por el que las empresas, aprovechando la segmentación internacional de mercados, pueden exportan sus productos a precios por debajo del coste promedio de los mismos.

El objetivo principal del GATT ha sido el de liberalizar gradualmente el comercio internacional y el de establecer las reglas de “buena conducta” comercial y sancionar su incumplimiento. En sus inicios el acuerdo se centró en los productos industriales, quedando hasta la Ronda Uruguay, en general excluido de su ámbito los productos textiles, agrícolas y servicios. El marco donde el GATT ha liberalizado el comercio internacional han sido las Rondas de negociación, de las que hasta el momento ha habido siete: Ginebra (1947), Annecy (1949), Torquay (1951), Ginebra (1956), Dillon (1961), Kennedy (1967), Tokyo (1979), siendo la última la Uruguay (1986-1993). En el momento presente estamos en la etapa inicial de desarrollo de la última Ronda comenzada en Seattle en 1999, que en el otoño del 2000 se presentaba en alguna medida bloqueada.

Cuadro 3 . La reducción de los aranceles en los países desarrollados (%)

1940

1950

1960

1970

1980

1990

2000

Nivel medio arancelario

40

25

17

12

7

5

3

Fuente: C. Buhour (1996), “El comercio internacional del GATT a la OMC”, Salvat, Barcelona.

El GATT se apoya en los siguientes principios básicos: “reciprocidad”, por el que las reducciones arancelarias se articulan en base de concesiones equivalentes; salvo determinadas excepciones (sistema de preferencias o zonas de integración), las reducciones arancelarias concedidas a un tercer país -nación más favorecida- han de extenderse al resto de países adheridos al acuerdo; “transparencia”, por el que las barreras no arancelarias (licencias, cuotas, normas técnicas o sanitarias, ... ) no han de incrementarse en ningún caso y ser sustituidas progresivamente por barreras arancelarias; “libre comercio” por el que se prohíben las prácticas que pueden distorsionar el correcto funcionamiento del comercio internacional, como el dumping o las subvenciones a las exportaciones y “consolidación” por el que los países se comprometen a mantener en el tiempo los compromisos adquiridos en las sucesivas Rondas.

Cuadro 4 . La protección arancelaria en la década de los noventa

Antes de Ronda Uruguay

Después de Ronda Uruguay

Productos Terminados

9

6

Productos Semielaborados

5,5

3

Materias Primas

2

1

Fuente: Gatt (1994), “The Results of the Uruguay Round”, Ginebra.

Además, del comercio de mercancías el Gatt ha profundizado en los últimos años en la liberalización del comercio de servicios y en la protección de la propiedad industrial e intelectual. El GATT intenta liberalizar los servicios por cuanto suponen casi una cuarta parte del comercio mundial, lo cual es más difícil aún que el comercio de mercancías, ya que suele entrañar la posibilidad de movilidad de factores de producción (capital y trabajo) y atañe a un sector profusamente regulado y con altos niveles reales de empresa públicas. De momento, el marco para la liberalización de los servicios será el GATS (Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios), aunque del mismo se excluirán abordar aquellos subsectores con menor grado de consenso (por ejemplo transporte marítimo o sector audiovisual), con lo que en la práctica sólo se ha liberalizado la cuarta parte de los mismos. Por su parte, el TRIPS (Acuerdo General sobre Propiedad Industrial e Intelectual), intenta establecer un marco general de protección de estos derechos (patentes, marcas, etc. ) a nivel internacional, en el que se sanciona su incumplimiento, a los efectos de disuadir de copias, plagios y falsificaciones, que al reducir las rentas obtenidas de la innovación y el desarrollo desestimulan estas actividades. Por último, la Ronda Uruguay también ha comenzado a liberalizar progresivamente el comercio de productos agropecuarios y textiles: sustituyendo las barreras no arancelarias por aranceles y disminuyendo las subvenciones a la explotación y exportación.

La institución que se encarga de promover la liberalización comercial y asegurar su cumplimiento es la OMC u Organización Mundial del Comercio, que comenzó a funcionar en Ginebra, el uno de enero de 1995 como consecuencia de los acuerdos de la Ronda Uruguay y cuyos miembros agrupan más del 90 por 100 del comercio mundial. Sus principales funciones son las de promover la liberalización comercial; administrar los acuerdos comerciales multilaterales; resolver las diferencias comerciales entre sus miembros (del orden de 150 disputas entre 1995 y el 2000) y supervisar las políticas comerciales de los mismos (54 países entre 1995 y el 2000). Su principal órgano de adopción de decisiones es la Conferencia Ministerial que se reúne al menos cada dos años (la última en 1999 en Seattle), mientras que su órgano permanente es el Consejo General, que se reúne varias veces al año y que tiene a su vez tres subconsejos: el de mercancías, el de servicios y el de derechos de propiedad intelectual.

La UNCTAD o Conferencia de las Naciones sobre el Comercio y el Desarrollo es una institución internacional creada en 1964 y que en la actualidad cuenta con 188 miembros y tiene su sede en Ginebra (Suiza). Su principal tarea es la de contribuir al desarrollo de los países más pobre a través del comercio internacional. Su principal órgano normativo es la Conferencia que se reúne cada cuatro años (la última vez en el 2000 en Tailandia), mientras que su órgano rector es la Junta que se reúne tres veces al año en su sede. Su cooperación técnica se centra en la capacitación humana e institucional. Su principal logro ha sido la introducción en 1971 del “Sistema de Preferencias Generalizadas” por el que las exportaciones de países en desarrollo (en un importe de 70.000 millones de dólares americanos) recibían un tratamiento arancelario preferencial por parte de los países desarrollados, sin necesidad de extenderlo al resto. De igual forma, ha conseguido programas de condonación de la deuda (por 6.500 millones de dólares) para cincuenta países con bajos ingresos y apoya la iniciativa de que los países desarrollados canalicen un 0,7 por 100 de su PNB en ayuda al Desarrollo.

4.- Globalización Cultural

El fenómeno complejo que designamos como globalización tiene repercusiones en multitud de campos, pero quizá en el cultural los efectos son más evidentes a corto plazo y la valoración sobre los mismos es más dispar. En efecto, en principio parece positivo que en todas partes del planeta podamos tener acceso a los fenómenos culturales que se producen en cualquier zona geográfica: podemos asistir a las mismas representaciones teatrales que en Nueva York, en Londres o en Tokio. Al mismo tiempo podemos tener noticia de las diferentes músicas del mundo así como de los distintos pensamientos que se están produciendo en la aldea global. Se trata, pues, de una situación inédita en la historia de la Humanidad que posibilita un intercambio enriquecedor entre los seres humanos y las diferentes culturas. En este sentido la presencia física de los

portadores de otras culturas en nuestras sociedades está aportando un indudable enriquecimiento de las nuestras propias a través del mestizaje.

Pero a pesar de posibilidades de enriquecimiento cultural, la realidad nos muestra que, aunque de un modo marginal el mestizaje se hace presente en nuestras sociedades, nuestras ciudades cada vez se parecen más unas a otras, nuestras pautas de ocio son también iguales, nuestros hábitos alimenticios y nuestra forma de vestir siguen la misma pauta, con una preponderancia alarmante del modo de vida americano que amenaza con convertirse en el único modo de vida planetario.

Por otra parte, la presencia de los inmigrantes en las sociedades más avanzadas plantea problemas de difícil solución: no sólo desde el punto de vista de su situación socioeconómica sino también desde el punto de vista de la convivencia y limites de la misma respecto a los valores fundamentales consagrados en nuestras constituciones. Es decir, hasta dónde debe llegar el respeto a las identidades culturales cuando éstas chocan con nuestros valores básicos, los derechos humanos, como sucede, por ejemplo, con la posición que algunas de estas culturas otorgan a la mujer, a la obediencia religiosa o al papel del individuo en la familia.

Asimismo, la disponibilidad de información es hoy prácticamente ilimitada en cualquier punto del planeta merced a la presencia ubicua de las nuevas tecnología y fundamentalmente de Internet, lo que indudablemente tiene un efecto positivo para la circulación de las ideas, pero también hay que poner de manifiesto que los medios de comunicación de masas reflejan los mismos contenidos en todo el mundo, con la consiguiente reducción del pluralismo y la posibilidad de una manipulación de la opinión pública como no se ha conocido hasta el momento: recibimos la información que los grandes grupos de comunicación quieren que recibamos, con todos los aditamentos ideológicos que consideren conveniente para sus intereses.

La migración

Desde que la especie humana existe, hay indicios de migración. Su propia difusión como especie, se dio porque el hombre salió de su lugar de origen para buscar alimento o abrigo allende sus tierras.

Las grandes catástrofes naturales o sociales han hecho que grandes contingentes emigren. Sequías, pérdida de cosechas, guerras, persecuciones raciales o ideológicas han estado entre los motivos más conocidos de las grandes migraciones de estos últimos dos siglos.

En este momento estamos viviendo un proceso de globalización que, por algunas razones favorece las migraciones, al tiempo que amplía el abanico de sus motivaciones y, por ende, los grupos sociales que la practican.

Vemos así que muchas personas aún teniendo satisfechas sus condiciones elementales de vida apelan a la emigración para conseguir su lugar en el mercado de consumo.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas en sus informes anuales nos muestra los incrementos de la migración transnacional, en particular desde los países del hemisferio sur hacia el hemisferio norte. En este contexto socio-demográfico, el Perú es uno de los países de mayor emigración en el mundo.

Este reciente fenómeno poblacional está produciendo cambios cuantitativos y cualitativos en nuestra sociedad y cultura contemporáneas.

Tres son los principales objetivos de la migración transnacional y la globalización de las culturas, de los emigrantes. El primero es analizar el concepto de cultura como el equipamiento de conocimientos y aptitudes con las que cuentan los hombres para comunicarse con otros que no forman parte de su cultura; en segundo lugar, examinar el mismo concepto de cultura, en este caso, como el medio que puede conducir a desencuentros y/o conflictos interétnicos y sociales que se expresan en la intolerancia racial, étnica y social que tienen lugar, en particular, en grandes ciudades de países del hemisferio norte; y por último, se toma el caso de los peruanos en el exterior para mostrar cómo se interrelacionan los dos objetivos en situaciones reales. Enseguida se desarrollarán los argumentos respecto a los tres objetivos

La cultura como equipamiento de conocimientos y valores

La cultura como un bien y un producto es universal a todas las sociedades. Algunas están más abiertas y permeables a la integración que otras y, por consiguiente, permiten y contribuyen al proceso de la globalización. En las dos últimas décadas, el incremento de la migración transnacional, en particular desde el hemisferio sur hacia el norte, está contribuyendo poderosamente al encuentro de culturas que antes no mantenían contactos primarios. Los avances en la cibernética y la informática, además de la función globalizadora de los medios de comunicación, están forjando de manera interrelacionada una cultura cada vez más universal y universalizante. En este nuevo contexto, tener una cultura más local y/ o regional, caracterizada por el conocimiento de lenguas aborígenes, pertenecer a un grupo étnico particular, ya no es un factor excluyente de otros de naturaleza más universal. Los extremos culturales expresados en las dualidades campo-ciudad, desarrollado-subdesarrollado, moderno-tradicional, particular-universal, ahora empiezan a acortarse, en parte como consecuencia de las migraciones transnacionales. Hoy en día se puede estar en un pueblo de la sierra del Perú y almorzar en Nueva York al día siguiente o tomar desayuno en Londres. Estos hechos, que hace unas dos décadas parecían estar solamente en los deseos y la imaginación, ahora son realidades diarias. A pesar de esto, no todos los miembros de una sociedad y cultura pueden realizarlos. La migración transnacional sigue siendo un bien limitado para ciertos grupos con características culturales especificas, los otros tendrán que esperar o simplemente no podrán acceder a ella.

La cultura como vehículo de desencuentros

Simultáneamente a la elaboración de valores de proyección universal, las culturas pueden también propiciar la intolerancia, el conflicto e inclusive el odio. La discriminación racial, de género, de clase social, de credo religioso, etc. no puede ser atribuida solamente a razones económicas, sino también culturales. Muchos de estos últimos valores se resisten y/o se revelan en contra de otros que generalmente son más dominantes. El incremento de la migración transnacional está poniendo al descubierto estos desencuentros. Los países del hemisferio norte, al haber recibido inmigrantes de diferentes lenguas, culturas y razas de diversos países del hemisferio sur, muchos de ellos refugiados de regímenes políticos dictatoriales, de guerras civiles, de catástrofes naturales y ecológicas, ahora muestran su intolerancia y se sienten invadidos no sólo poblacionalmente, sino culturalmente. Las últimas disposiciones migratorias en los EE.UU. de Norteamérica y en los países de Europa del Oeste, son muestras tangibles de estos nuevos desencuentros. Estas medidas son contradictorias a los anhelos de globalización propiciados por los mismos países del hemisferio norte, que desean que sus valores culturales de lengua, religión, estilos de vida, aspiraciones tengan una creciente participación y aceptación universal. En el medio de estas contradicciones se encuentran los emigrantes, muchos de ellos sin acceso a modificar ni intervenir en las decisiones políticas sobre el problema, aún más son muchas veces victimas de estas contradicciones. Sin embargo sus valores culturales se resistirán y serán más dóciles a la coexistencia incluso en contextos multinacionales y multiculturales. El deseo de conocer otros idiomas, otras religiones y otros estilos de vida es muestra de estas predisposiciones.

Antiglobalización

Desde hace unos años han surgido socialmente grupos heterogéneos cuya seña de identidad es manifestarse en contra de las políticas de globalización impulsadas por los países más desarrollados e integrantes del Grupo de los Ocho. Su composición interna es variada. Si consideramos sus miembros por edad, en ellos participan jóvenes, mayores y personas de la tercera edad. Si lo hacemos por definición ideológica, su gama espectral es amplia. Desde socialistas, socialdemócratas, comunistas, marxistas, progresistas, ecologistas, hasta movimientos de género, de liberación homosexual, étnicos, de clase y culturales. También su origen de clase es heterogéneo. Sectores medios, estudiantes, amas de casa, trabajadores, desempleados o campesinos. Igualmente en su seno emergen todas las nacionalidades y participan miembros de todos los países, es abierto y sus límites sobrepasan las fronteras estatales.

Su comportamiento es singular; responden y se manifiestan contrarios a la celebración de reuniones específicas, convocadas por los grandes países capitalistas y sus organismos internacionales para decidir profundizar en las políticas económicas neoliberales. Su dinámica es poner de manifiesto la incongruencia entre un mundo cada vez más desigual e injusto, donde la más alta riqueza convive con la miseria extrema. Con su presencia en las ciudades en las que se han manifestado, han dejado explícito el descontento y han denunciado la falta de responsabilidad con que actúan las grandes potencias a la hora de tomar decisiones de políticas económicas, cuyo resultado es aumentar la explotación, mantener el hambre, la miseria y la marginalidad.

Muchos analistas han querido ver en su heterogeneidad su vitalidad y frescura a la hora de manifestarse. Igualmente han interpretado su crítica a la globalización como una lucha anticapitalista. Si se tienen claros los principios a los que se ataca y rechaza es posible que esa unidad no facilita la heterogeneidad social e ideológica que compone el movimiento antiglobalización. Asimismo, sus formas de actuación hacen pensar en ellas como la respuesta más sarcástica y descarnada hacia un poder político deshumanizado, fundado en el egoísmo, la economía de mercado y la miseria humana.

Sin embargo, lo destacable de su existencia sea, tal vez, algo en lo cual no se ha profundizado suficientemente y hace referencia a una concepción política de la globalización. Es decir, desenmascara la globalización como proyecto político sustentado por las elites de los países capitalistas de más alto nivel de desarrollo, avalados por sus organismos internacionales, como son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Quizá sea esta peculiaridad de los movimientos antiglobalización la que se manifiesta como singularidad. Son temidos por haber puesto el dedo en la llaga, han sido capaces de señalar la globalización como un proyecto, no como una necesidad histórica o como parte de una lógica de la cual no se puede escapar. Son aire nuevo, porque han roto la dinámica política de discusión y han puesto sobre la mesa la necesidad de replantearse todo y con ello han logrado abrir espacios de discusión desde donde cuestionar el orden capitalista mundial y el sistema de dominación que lo complementa.

No son de por sí movimientos políticos anticapitalistas. Expresan un hartazgo compartido por miles de ciudadanos y representan la emergencia de un nuevo tipo de protesta social en la que se une la necesidad de evidenciar el carácter ideológico-político de la globalización y el neoliberalismo, con la demanda de un cambio de dirección en el proceso de toma de decisiones.

Al poner el dedo en la llaga, el grado de violencia con que han sido reprimidas hasta matar a sus manifestantes, como en el caso de Génova, da al movimiento una impronta y fisonomía que de por sí no corresponde al tipo de protesta. Esta violencia extrema empleada para impedir el ejercicio de la libertad de expresión, de manifestación y de asociación demuestra el daño que hacen estas manifestaciones al proyecto político de globalización neoliberal. Quizá ha llegado el momento de abandonar el lenguaje político de la globalización y pensar en nuevas concepciones de desarrollo acordes con la justicia, la democracia y la libertad.

La antiglobalización llega a Europa

El Movimiento de Resistencia Global es una corriente de protesta mundial que aúna a decenas de grupos de diferentes países que tienen en común su rechazo al capitalismo y al modelo neoliberal. Es un movimiento en el que se dan cita colectivos tan diferentes como sindicatos, intelectuales de izquierda, ecologistas, indigenistas o grupos desfavorecidos que acusan al sistema económico de amoral e injusto.

Los diferentes grupos antimundialización llevan más de una década trabajando en cuestiones relacionadas con los problemas causados por la globalización de la economía mundial. Son numerosas las campañas que han organizado para la condonación de la deuda externa de los países pobres, o para la reforma del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, el movimiento antiglobalización ha acaparado la atención de los medios de comunicación a raíz de la presencia de sus simpatizantes en actos paralelos a las grandes reuniones económicas y políticas internacionales. La protesta de Seattle, que consiguió abortar la reunión de la Organización Mundial del Comercio, supuso un punto de inflexión en la historia del movimiento. Los enfrentamientos que allí tuvieron lugar dieron una imagen de violencia muy alejada de los verdaderos objetivos de los organizadores. Unos incidentes que, agravados, llegaron a Europa en 2001. Primero fue en Gotteburgo y Barcelona, en el mes de junio, donde los grupos violentos y la actuación policial provocaron graves sucesos. En la localidad sueca, incluso se registraron heridos de bala. Pero lo más grave aún estaba por llegar.

Una convocatoria que atrae al movimiento antiglobalización y convierte a la ciudad italiana en una especia de campo de concentración gigantesco, controlado por un impresionante dispositivo policial. A pesar de ello, se producen violentos enfrentamientos con un saldo trágico: un muerto por disparos de la policía y centenares de heridos. Las imágenes de un policía disparando a bocajarro su pistola sobre Carlo Giuliani, un joven italiano de 23 años, que se convertía así en el primer mártir del movimiento antiglobalización, dieron la vuelta al mundo.

Lo que no pudo hacer la represión policial, acabar con este movimiento de protesta realmente global, lo ha conseguido el ataque terrorista contra los Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001. A partir de esa fecha, las manifestaciones violentas ante cualquier reunión de los organismos gestores de la globalización de la economía han desaparecido de la faz del planeta.

CONCLUSIÓN

Lo que se desprende del análisis anterior es que el llamado proceso de globalización, en el que supuestamente todos los países intervienen en igualdad de condiciones, dista mucho de la realidad. En este sentido, la llamada globalización no pasa de ser más que un mito elaborado en los centros de pensamiento de los países más desarrollados, para darle consistencia teórica a las nuevas formas de sometimiento y explotación de los países menos avanzados, que son la mayoría. No obstante, sería ingenuo desconocer los cambios estructurales que caracterizan la etapa actual del desarrollo mundial y que, gústenos o no, afectan nuestras vidas, para bien o para mal. Desde este punto de vista, la llamada globalización ni es la panacea de los males que padece la mayor parte de la humanidad, ni tampoco la causa de todos los males que aquejan al mundo en desarrollo. El carácter desigual del desarrollo mundial no es atributo de la mayor profundización de la división internacional del trabajo(soporte material de la globalización), sino que está implícito en el carácter mismo del sistema de acumulación capitalista global que, por definición, presupone la concentración del poder, la riqueza y el conocimiento en un reducido grupo de naciones altamente desarrolladas, al tiempo que el resto de países deben insertarse a partir de las reglas de juego elaboradas por el capital transnacional.

Ante esta realidad, los países menos desarrollados deben concentrar todos sus esfuerzos en buscar la manera de aprovechar eficientemente las ventajas que pueda ofrecer la actual división internacional del trabajo, especialmente aquellas relacionadas con las nuevas tecnologías que, pese a estar controladas por los centros desarrollados de producción de conocimiento, es posible adoptarlas y/o adaptarlas a las condiciones regionales y locales concretas. Para ello es indispensable pasar del discurso plañidero que, aunque con sobradas razones, descarga en los países desarrollados la responsabilidad de nuestro atraso, a las acciones encaminadas a asumir por nuestra cuenta la tarea de construir una sociedad más justa y competitiva. Esto requiere de una verdadera reingeniería de la estructura mental parasitaria de nuestra intelectualidad, acostumbrada a consumir, sin mayor elaboración, conocimientos producidos en y para otros entornos.

En otras palabras, atreverse a repensar nuestra realidad sin perder de vista que somos parte de un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, en el cual nuestra situación es extremadamente desventajosa. Para ello es necesario romper con el paternalismo ideológico de todo pelambre que por tantos siglos ha condicionado nuestra manera de pensar, sin que ello signifique menospreciar la riqueza intelectual acumulada por la humanidad a lo largo de su historia, sino por el contrario, utilizarla creativamente en la interpretación y solución de nuestros problemas.

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