Fouché, el genio tenebrono; Stefan Zweig

Historia francesa. Revolución Francesa. Política francesa. Jacobinos

  • Enviado por: David
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 7 páginas

publicidad
cursos destacados
Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información

Iníciate en LOGIC PRO 9
Iníciate en LOGIC PRO 9
Vamos a ver de manera muy sencilla y en un breve paseo de poco más de una hora como funciona uno de los...
Ver más información


Universidad Autónoma Del Estado De México

Facultad De Derecho

'Fouché, el genio tenebrono; Stefan Zweig'

“Fouché El Genio Tenebroso”

Teoría del estado

FOUCHÉ

EL GENIO TENEBROSO

El libro nos comienza platicando sobre quien fue José Fouché. Como casi siempre es costumbre en estos tipos de libros, nos dice que era de una familia pobre, donde sus padres eran mercaderes y marineros. Él, sin embargo no tenía el cuerpo que se necesitaba para tal actividad, entonces optó por entrar a la Iglesia, donde estuvo varios años de su vida, después se convirtió en político, luego fue Duque y por último, antes de su muerte, era multimillonario.

Nos cuentan que Fouché era todo un genio, pero que era una persona muy insegura de sí misma, por lo tanto es que no se conoce mucho acerca de este personaje, según el autor, uno de los principales idealistas en la revolución francesa pero que por culpa de su personalidad siempre estaba atrás de alguien quien era el que tenía que dar la cara por él, aunque él era el de las ideas.

Así mismo nos dice que Fouché tenía una personalidad muy fría y que siempre quería estar del lado de los ganadores, así pues, a Fouché no le importaba traicionar a las personas, aunque fueran muy cercanas a él, con tal de conseguir su objetivo primordial que era el de estar de lado de los vencedores.

Aún después de haber formado parte de la Iglesia, Fouché al querer estar siempre del lado de los vencedores, se vuelve en contra de ésta (dando una vez más muestra de su tan poco sentido de lealtad), diciendo que ni la inmortalidad ni Dios existen.

Era un líder, sin embargo, a falta de personalidad siempre tenía que estar atrás de alguien para que ese alguien diera la cara por él, aunque éste (Fouché) era el cerebro de las operaciones, como lo fue el alzamiento contra el Cristianismo.

Después se describe un acontecimiento “sangriento” que se dio a causa de la muerte de Chalier, uno de lo principales en este movimiento de revolución. Fouché al no estar de acuerdo con un régimen como la monarquía (o al menos eso era lo que ahora se creía, ya que votó a favor de la muerte del emperador Luis XVI), también formaba parte de este acontecimiento sucedido en la ciudad de Lyon.

Fouché al momento de llegar organiza y propicia una “misa negra”, junto con Collot, ya que estos demostraban estar en contra del cristianismo, más bien en contra del eclesiasticismo.

Fouché llegó a este lugar, ya que como dice el libro, el no era un hombre bárbaro que se encargaba de derramar sangre a diestra y siniestra en la ciudad en la cual era cónsul, sino más bien, era un hombre que se preocupaba por implantar el miedo a sus inferiores por medio de la palabra, lo cual le funcionó hasta este instante y por eso es que fue llevado a Lyon para encargarse del asunto de la revolución en esta ciudad.

Pero Fouché se encargó de terminar con todos los que estuvieran en contra de la república, pero no mediante la palabra como lo había hecho en Nevers (donde gobernó), sino mediante el terrorismo en toda la extensión de la palabra, ya que se encargó de eliminar a todos lo “rebeldes”, acabándolos por completo, mediante una serie de actos de muy mal gusto, como si fuera un película de Quentin Tarantino, en una serie de actos brutales. Sin embargo, 1600 muertes sirvieron para demostrar que Fouché tenía razón, decía la verdad. Chalier quedó ante todos como un mártir, y mediante el actuar de Fouché y Collot, se daba una justa venganza en contra de los asesinos de Chalier.

Fouché una persona de doble personalidad, ya que como podía ser visto como verdugo también podía ser visto como salvador del pueblo de Lyon, y así muchas otras cosas más, al verse nuevamente dentro de la minoría cambia su estrategia, hace parecer que toda la masacre que sucedió en Lyon fue culpa sólo de Collot; el único que no lo creía era Robespierre.

Robespierre y Fouché se encuentran en un duelo de inteligencia, usando cada uno su propia inteligencia para derrotar a su contrincante, sólo que la derrota era la muerte y el triunfo era la vida.

Robespierre de acuerdo con lo que narra el libro era un hombre muy inteligente, muy recto, que trataba de hacer la república pero con una idea de que había un creador, un todo poderoso al cual había que agradecerle nuestra existencia en este mundo. Fouché también era muy inteligente, pero él estaba en contra de todo lo relacionado con la iglesia. Los 2 habían derrotado a todos sus enemigos, solo les faltaba uno por derrotar y eso es que se derrotaran entre ellos mismos, mediante la cualidad de la palabra, del convencimiento hacia las masas de que lo que dicen es lo verdadero y lo que dice su contraparte es pura porquería.

Así pues Robespierre va ganando esta batalla de vida o muerte, y como ya era costumbre en Fouché tiene que huir para reacomodar sus ideas y tratar de atacar por la espalda, Fouché regresa, pero Robespierre había leído su táctica, así que cuando Fouché regresa Robespierre lo vuelve a vencer. Fouché a pesar de ser todo un genio no ha podido con Robespierre. Cuando Fouché está a punto de darse por vencido, mediante una maniobra de las cuales estaba acostumbrado a realizar, por fin logra vencer a Robespierre. Fouché continúa con sus problemas en Francia y en tres años no se sabe nada acerca de él.

Cuando parece ir bien en su vida, aparece un nuevo hombre (chaparrito, pero muy inteligente y muy poderoso), un nuevo enemigo: Napoleón Bonaparte.

No se llevaban bien, sin embargo, antes de partir hacia la conquista de Rusia, Napoleón le pide su opinión a Fouché ya que todos los demás miembros de la Corona le habían dicho que era muy mala idea, Fouché siendo tan inteligente no fue la excepción, también se negó a que Napoleón se dirigiera hacia Rusia, ya que lo más probable es que podía perder la batalla. Así fue, Napoleón pierde contra los rusos.

Mientras tanto a Fouché que ya era Ministro de la policía, no por convicción sino porque Napoleón así lo quiso, se le presenta una oportunidad de derrotar a su nuevo enemigo; Luis XVIII ofrece a Fouché acabar con Napoleón, pero como ya era costumbre en Fouché, éste tenía ya dos tácticas para quedar nuevamente como el bueno de la película, le niega su ayuda al Rey, ya que dice que Napoleón no va a durar mucho, con esto según en sus propias palabras si los Borbones lo vencían podría llamarse fiel servidor a el Rey. Si vence Napoleón, puede demostrar orgullosamente haber rehusado la proposición de los Borbones.

Cuando Napoleón es vencido, éste tiene que recurrir nuevamente al más fiel de sus enemigos: José Fouché. Sin embargo, los dos se engañan, los dos actúan a sus espaldas. 10 años estuvo Fouché a las ordenes del emperador Napoleón, sin embargo en los últimos “100 días” las miradas se fijan más sobre Fouché que sobre el emperador mismo. Así pues, Fouché nos da una vez más muestra de su grandeza, tras la cara de alguien más renombrado a nivel mundial: Napoleón Bonaparte.

Cuando Napoleón es finalmente vencido por Fouché, éste se convierte, al fin, en emperador, de Francia. Pasando encima de todos sus enemigos y amigos, venciéndolos, acabándolos, matándolos o muriéndose ellos mismos. Fouché al fin se había convertido en amos y señor del mundo entero (porque eso era Francia en esa época: el centro del mundo).

Fouché que al vencer a Napoleón le deja el trono a Luis XVIII, éste con el paso del tiempo, se la aplica a Fouché y le da la espalda se vuelve contra él, se vuelven a enfrascar en una nueva batalla pero ahora Fouché la pierde, es desterrado, se considera persona non grata en suelo francés.

Al final, Fouché es un hombre completamente olvidado por toda la sociedad a la que alguna vez le hizo bien o le hizo mal, ya no se pronuncia su nombre ni siquiera para recordar a una de las personas más temidas de la época. José Fouché muere el 26 de diciembre de 1820 en la ribera triestina.

Con este libro nos damos cuenta de cómo se puede sobrevivir a los acontecimientos más importantes de la época, siendo un personaje principal, así como Fouché fue (disculpe la expresión, pero así lo creo yo) el chingón de los chingones durante la Revolución Francesa, siempre estuvo con esa doble personalidad que le caracterizó, siempre tenía su As bajo la manga para no quedar mal ante su gente, cuando le quedó mal a la gente que confiaba en él, siempre tuvo la fuerza y la inteligencia suficiente para sobreponerse a sus enemigos y no estamos hablando de enemigos insignificantes, estamos hablando de enemigos realmente temerosos y de gran nombre en la historia como fueron Robespierre y Napoleón Bonaparte, pero siempre, aunque ellos eran hacia donde se dirigían las miradas, el genio tenebroso José Fouché estaba atrás de ellos y cunado no lo estaba, estuvo en su contra para así derrotarlos.

La historia de Fouché nos dice (así lo creo yo), que para poder ser un hombre respetado, poderoso, temible, histórico, etc., hay que tener la inteligencia suficiente para poder sobresalir derrotando a tus enemigos, incluso si para lograrlo hay que pasar por encima de quien alguna vez te brindo su ayuda, incluso si para lograrlo hay que pasarse del bando contrario para después tender una emboscada que acabe con el enemigo y así salir siempre triunfante ante cualquier situación. Aunque yo no estoy de acuerdo con esta ideología, ya que pienso que hay que tener valores para ser alguien importante y un de esos valores es la lealtad, y eso Fouché no lo tenía.