Expulsión de los moriscos

Historia de España siglo XVII. Problemática población morisca. Política exterior e interior Felipe II y III. Moriscos en Valencia

  • Enviado por: Utopia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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TRABAJO DE LOS MORISCOS

-TEMA: EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS Y ANÁLISIS CENTRADO EN EL REINO DE VALENCIA EN TORNO AL EDICTO DE 1609.

1-CAUSAS

  • ANTECEDENTES

  • SITUACIÓN DE ESPAÑA: PROBLEMÁTICA DE LOS MORISCOS

    • A NIVEL EXTERNO (POLÍTICA EXTERIOR)

    • A NIVEL INTERNO (SITUACIÓN DE LOS MORISCOS

    • NIVEL SOCIO-ECONÓMICO

  • SITUACIÓN DEL REINO DE VALENCIA (A NIVEL INTERNO: CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN MORISCA EN ESTE REINO, EN LOS ÁMBITOS ECONÓMICO Y SOCIAL)

2-PROCESO

  • ANTECEDENTES (RESOLUCIONES LEGALES ANTERIORES)

  • DESCRIPCIÓN DE LOS PROCESOS EN EL ÁMBITO NACIONAL Y ESPECIFICAMENTE DEL PROCESO DESARROLLADO EN EL REINO DE VALENCIA

3-CONSECUENCIAS (ECONÓMICAS, POLÍTICAS, SOCIALES, ETC) DE LA EXPULSIÓN

  • A NIVEL NACIONAL

  • EN VALENCIA

4-DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Y DEMOGRÁFICA, ASÍ COMO LAS IMPLICACIONES QUE TENÍA ESTO SOBRE LA SOCIEDAD, LA ECONOMÍA, ETC, DE LOS MORISCOS (ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE LA EXPULSIÓN)

  • A NIVEL NACIONAL

  • EN VALENCIA

5-COMENTARIO CRÍTICO

1-CAUSAS

  • Antecedentes.

Durante el reinado de los Reyes Católicos se dio fin a larga permanencia de los musulmanes en España. Desde el s. XIII su territorio se reducía al reino nazarí de Granada. En 1478 se creo la institución de la Inquisición en España para acabar con las disidencias religiosas, especialmente con las acciones judaizantes. Esta institución se extendió por todos los reinos y tuvo un papel fundamental, en el control de los conversos, en la oposición a estos, en el apoyo a los decretos de expulsión, etc. Una vez que se acabó con las minorías étnico-religiosas en España, se dedicaron a controlar otro tipo de disidencias internas, tales como desviaciones religiosas, influencias ideológicas, oposiciones políticas, etc.

Los reyes católicos fueron los responsables de dar fin al periodo de la Reconquista, conquistando en 1492 el Reino musulmán de Granada. A pesar de esto, en España quedaron gran cantidad de población musulmana, a la cual se la obligó por edicto (1492) a la conversión como optativa a la expulsión. Lo mismo ocurrió con la otra minoría étnica predominante en España: los judíos. Todo esto se hacia con el fin de obtener la unidad política, ideológica y religiosa que requería el incipiente estado moderno de los Reyes católicos.

A pesar de la conversión de los judíos y moriscos, que vinieron a llamarse “cristianos nuevos”, entre otras denominaciones, los “cristianos viejos” no los aceptaban. Estos siempre promovieron tensiones con el fin de conseguir la expulsión definitiva de los otros.

Con el fracaso de los intentos de conversión se tomaron medidas más duras, a partir de Francisco Jiménez de Cisneros, conocido como Cardenal Cisneros. El 18 de Diciembre de 1499 se produce la sublevación de los mudéjares del Albaicín de Granada como respuesta a la conversión forzosa impuesta por el Cardenal Cisneros, a la que sucedieron una serie de rebeliones de 1499 a 1501, seguidas de conversiones en masa al catolicismo.

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Este mismo esquema de intentos de unificación mediados por los decretos de conversión y expulsión, fracaso de los intentos de conversión, a lo que seguían medidas más duras, ante las cuales las poblaciones moriscas y judío-conversas se rebelaban, lo que a su vez, daba lugar a medidas cada vez más restrictivas, se repitió hasta los definitivos decretos de expulsión de 1609, que aun así no acabaron con la existencia de estas minorías étnicas, creando un clima de tensiones muy fuerte.

-Durante el reinado de Carlos V, no se produjeron demasiadas novedades y se dieron situaciones parecidas a las nombradas. Sin embargo, a partir de este monarca la cuestión de los moriscos toma otro cariz, unida ahora al problema de los turcos. Carlos V, al ser heredero de las coronas de sus abuelos los reyes católicos, a través de su madre Juana I, la Loca; así como de las colonias en América y a la vez a través de su padre Felipe, el Hermoso, del Imperio Sacro-romano-germánico, contaba pues con un gran imperio. Este monarca se vio con la obligación de tener que solucionar una serie de problemas

que amenazaban a sus pertenencias imperiales y al elemento cristiano dentro de ellas.

Expulsión de los moriscos

Carlos I era un monarca profundamente católico, lo que le llevó a tratar de imponer por todos los medios el catolicismo en sus territorios. Esto chocó con la expansión en el Imperio Germánico del protestantismo, lo que derivó en la división del Imperio en dos, en torno a la pertenencia al catolicismo y al protestantismo.

Por otro lado, estaba el problema turco pues el avance del Imperio Otomano era temido por las potencias europeas que veían peligrar sus intereses territoriales, como es el caso de la monarquía española. El problema turco se convirtió en un problema, imposible de solucionar. Ante esto, la imagen que se creó de los musulmanes fue profundamente negativa, alimentada por la Iglesia y las monarquías contrarios a los turcos y que caló en la mentalidad colectiva de las poblaciones cristianas de Europa.

Esta situación empeoró las tensiones habidas en España, pues la desconfianza en los moriscos, musulmanes conversos españoles, les asociaba con los turcos. De manera que la situación de estos cada vez era más precaria y las tensiones sociales y políticas iban en aumento.

Es de destacar durante el reinado de este emperador, las Germanías, que fueron una serie de revueltas protagonizada, en principio, por hermandades cristianas contra los nobles y sus vasallos, los moriscos, a los cuales les obligaron a convertirse a la fuerza. Bajo las primeras revueltas se escondía una oposición manifiesta ante el nuevo rey Carlos I.

  • SITUACIÓN DE ESPAÑA DURANTE LOS REINADOS DE FELIPE II Y FELIPE III. CONTEXTO HISTÓRICO-POLÍTICO

  • FELIPE II: POLÍTICA EXTERIOR E INTERIOR PREVIA AL REINADO DE FELIPE III

Durante el reinado de Felipe II el problema de los moriscos se fue complicando, pues se les asoció a los turcos, como ya se ha visto en la época de Carlos I, pero también a otros grupos que representaban problemas contra los intereses de España, como los berberiscos y los hugonotes. Los problemas en torno a los moriscos, por tanto, vas a estar vinculados a dos planos: la política exterior e interior de España.

-POLITICA EXTERIOR.

Para alimentar los rumores de alianzas y negociaciones entre los moriscos falta un clima psicológico y también realidades. El peligro morisco permanecía tanto más grave cuanto que las relaciones entre moriscos y Constantinopla nunca se habían roto. Los turcos preveían la formación de una gran flota destinada a socorrerlos; continuamente se interceptaban cartas entre Argelia y los moriscos valencianos y eran detenidos moriscos que pasaban de una orilla a otra del Mediterráneo

Ciertamente los moriscos contaron con el apoyo del Imperio Turco de Solimán, el Magnifico. El triunfo de la sublevación tuvo consecuencias en la política exterior, pues dieron un apoyo moral que beneficiaron la expansión de los turcos. Tal y como expone Juan Reglá en su ensayo, cuando a su vez parafrasea al historiador Braudel: “El levantamiento de los moriscos motivó un desequilibrio favorable a Oriente en el forcejeo mediterráneo hispano-turco. Sus inmediatas repercusiones tuvieron lugar en 1570. la toma de Túnez, por Euldj Alí y el ataque a la isla de Chipre. Y, a su vez, las inmediatas repercusiones de éste fueron la conclusión de la Liga Santa y la gran batalla de Lepanto (1571).

El papa Pío V, dio lugar a la formación de la Liga Santa, cuyo máximo representante fue Felipe II. Con objeto de esta se produjo la Batalla de Lepanto, en la cual se obtuvo una gran victoria contra los turcos en la eterna lucha de la monarquía española contra este Imperio. Sin embargo, esta tuvo mayor repercusión en el plano moral que en la realidad de la situación. Pues de hecho no se consiguió la supremacía de la Monarquía española sobre el Imperio turco. No se llegó a expulsar a los turcos de Chipre los cuales, tomaron Túnez y la Goleta( 1574). Estos hechos avivaron más las tensiones en la cuestión morisca en los reinos de Valencia y de Aragón.

A pesar de esta mala situación la incorporación de Portugal a la corona de España, permitió a Felipe II el dominio de la gran fachada europea del Atlántico occidental. Lo cual mejoro la situación de la política exterior de España.

Pero lo que más preocupaba a Felipe II era el establecimiento de relaciones habituales entre los moriscos y los protestantes de Bearne

-En ente mismo contexto y en relación a la problemática con otras potencias europeas, a partir de 1552, destaca la expansión del protestantismo, como consecuencia de las guerras de religión en Francia. Ante esto y teniendo en cuenta la importancia que tenía la corona de Aragón, la cual se vio afectada, junto con Cataluña, de la emigración de franceses, Felipe II consideró que lo mejor era “preservar el país del contagio exterior, dándose una impermeabilización ideológica y religiosa”. Este mismo proceso se había dado en 1568, como resultado del alzamiento de los moriscos granadinos, la rebelión de los Países Bajos y del hugonotismo francés. Con esto pretendía evitar las influencias ideológicas y religiosas contrarias al cristianismo y a lo establecido, evitando la libre circulación de las personas, para lo cual estableció una serie de edictos.

En Aragón, además existía otro problema: el del bandolerismo, el cual se vinculaba también con los moriscos y del que deberían ser sus verdaderos causantes los franceses emigrados a la corona de Aragón. Por otro lado se les asoció también al bandidaje y la piratería. Entre1564 y 1566, los bandos nobiliarios constituían una plaga en el sur del Reino de Valencia. La extensión de este fenómeno se explica por las facilidades que daba a los nobles la utilización de sus vasallos moriscos para realizar venganzas privadas

Expulsión de los moriscos

En este cuadro, aparecido en el compendio de ensayos: “Estudio de los moriscos” de Juan Reglá, queda perfectamente claro la problemática exterior e interior vinculada con los moriscos.

-POLITICA INTERIOR:

Con la llegada al poder de Felipe II, la máquina inquisitorial vuelve a perseguir a los moriscos por la entrada en España de corrientes protestantes y al mismo tiempo, por el control continuo a los cristianos nuevos

Sin embargo, en el contexto de la lucha contra los turcos, los moriscos resultaban un problema interno pues se les llegó a considerar “una quinta columna musulmana”, de manera que las medidas represivas contra ellos iban en aumento. Durante el consejo de Lisboa de 1582, se decidió la expulsión de los cristianos nuevos. Sin embargo, la multiplicad de problemas a los que se tenía que enfrentar la corona, así como las repercusiones negativas que tendría la expulsión de estos, evitaron que se llegara a hacer.

Los moriscos, para la guerra utilizaban los accidentes del terreno y se hacían fuertes en lugares inexpugnables que servían de base a rápidos y audaces golpes de mano, Vivían sobre el país y trataban de provocar el hambre en las filas enemigas dejando tras ellos campos incendiados y molinos destruidos. Evitaban cuidadosamente entablar batalla en terreno descubierto, y cada vez que lo hacían eran derrotados. Practicaban la guerrilla.

Durante el reinado de este monarca se produjo la revuelta de las Alpujarras (1568- 1571), que fue el levantamiento de los moriscos del antiguo reino de Granada, perteneciente a la Corona de Castilla. La causa radicaba en el edicto de 1567 de Felipe II para cristianizar a los hijos de los moriscos. El líder de esta revuelta: Abén Humeya, se refugió en las Alpujarras, comarca situada entre Granada y Almería. Sin embargo, este fue eliminado y le sucedido Abén Aboo, pero los problemas internos con los que contaban y la presión exterior ejercida por las tropas de don Juan de Austria, acabó con el levantamiento. Como resultado los moriscos de Granada fueron repartidos por diferentes lugares de la Corona de Castilla

“En 1585 dio comienzo la guerra civil aragonesa entre moriscos y montañeses, en la que los primeros contaron con el apoyo de los señores y de los bearneses- futuro Enrique IV”. Esto también aparece en el ensayo de Juan Reglá, el cual cita a Gregorio Marañón en su libro sobre Antonio Pérez.

Esta guerra estaba causada por varios elementos: por las incursiones del antiguo secretario del monarca Antonio Pérez y por los intereses del futuro monarca francés Enrique IV. A lo que se sumó los intereses de los hugonotes. Ante esta situación el monarca decretó el desarme de los moriscos aragoneses

La situación empeoro con la proclamación de Enrique IV como monarca y la firma del Tratado de Greenwich, entre Francia, Inglaterra y Holanda, que era un acuerdo en contra de Felipe II. Esto complicó más los problemas de política exterior del Imperio español.

  • FELIPE III. CAUSAS FUNDAMENTALES Y CONTEXTO PRECISO DEL DECRETO DE EXPULSIÓN DE 1609.

En torno a la cuestión de las causas centradas en Felipe III, los historiadores han barajado diversas posibilidades, tal y como manifiesta Juan Reglá en su ensayo sobre los moriscos. Desde luego la decisión de Felipe III del edicto definitivo de expulsión de los moriscos, estuvo mediatizada por su valido el duque de Lerma, pues como es característico de este siglo la existencia de validos que eran los que en realidad reinaban. Dentro de este contexto, también destaca como causa de la expulsión el cambio de la política integradora de Felipe II, a la de Felipe III y su valido el duque de Lerma, en el cual tuvo una gran importancia el fracaso de los intentos de integración de los moriscos.

Uno de los elementos fundamentales a tener en cuenta, es la imposibilidad de la integración de los moriscos en la sociedad española, así como las implicaciones que esta situación tenía en la política interior. Esto queda documentado por la cita del duque de Lerma: “para que todos estos reynos de España queden tan puros y limpios desta gente como conviene”. La expulsión era justificada en términos de “bien universal”, como solución a los problemas religioso y social, que eran los más destacados dentro de la problemática por las vinculaciones que tenían los problemas del interior de España con la política exterior. Una cuestión que señalan los historiadores, es el “imperativo generacional” del barroco, caracterizado por una gran intransigencia e intolerancia frente a la pluralidad cultural, religiosa e ideológica, que reforzó la idea de la expulsión como única solución. Por eso en toda Europa, se dieron soluciones semejantes.

La idea de la expulsión tuve una importante aceptación entre la población cristiana, a excepción de los señores que se veían desfavorecidos por el decreto. En esto, algunos historiadores han destacado la confrontación entre burgueses y aristócratas, pues mientras que los primeros si apoyaron el decreto porque perjudicaba a los segundos, estos últimos, viendo perjudicados seriamente sus intereses, intentaron por todos los medios evitar la expulsión.

Otra cuestión a tener en cuenta es la de la implicación de los moriscos en la economía, así como la diferente consideración social que se tenía del agricultor entre la “España seca” y la “España húmeda”, tal y como señala Braudel. Aunque esto, es un tema que redunda más en torno a la cuestión demográfica, es necesario señalar en líneas generales esto para plantearlo dentro de la problemática. Había grandes diferencias en el status de los moriscos según el lugar donde se situaran, como señala el historiador Braudel. Por eso, como señala Juan Reglá, “los moriscos no constituyeron una clase social específica, sino que entre ellos hubo una minoría aristocrática, una burguesía enriquecidad, un artesanado activo y una sufrida masa de campesinos y jornaleros. Entre sus principales actividades económicas cabe destacar los cultivos de regadío en las huertas valencianas y murcianas, los arrozales, los viñedos y los campos de cereales. En Granada floreció la industria azucarera y en Castilla abundan las referencias demostrativas de la actividad mercantil de los moriscos, en particular, como transportistas”. Por esto, es evidente que las principales consecuencias de su expulsión tuvieron un carácter económico.

En el contexto de la economía española, es fundamental resaltar la situación económica tan degradada por la que pasaba España, a pesar de su gran poderío. La expulsión de los moriscos fue vista, desde el ámbito del monarca y su valido, como una solución para acabar con las deudas que tenía la monarquía.

Además otro elemento a tener en cuenta es el factor demográfico dentro de la problemática, que tuvo mayor eco dentro del proceso de expulsión y en las consecuencias de esta.

Otro problema que se planteó fue el de los fueros, pues algunas determinaciones del edicto chocaban con las legislaciones de cada uno de los reinos, que atendían a la libertad de autodeterminación que les proporcionaban los fueros y que se basaba en la intromisión en ciertos aspectos que no eran propios del ámbito estatal, sino del foral.

  • ASPECTO SOCIAL

El musulmán y el cristiano convivían desde hace mucho tiempo en España y se trataban de igual a igual, pero a partir de la conquista de Granada, los musulmanes que vivían en España eran los vencidos y, aunque en un primer momento tenían sus derechos legales, en la vida cotidiana la presión de los vencedores fue cada vez más fuerte, hasta poner en tela de juicio la existencia del grupo minoritario. Se les impide moverse de un territorio que no sea el asignado, les y tratan igual que a los siervos de la gleba; se les prohíbe habitar a menos de 12 kilómetros de la costa; se les vedan practicar determinados oficios y usar ciertas vestimentas, así como llevar a cabo ritos coránicos; se prohíben ciertos bailes y cánticos, poseer o leer libros islámicos, enseñar o hablar árabe. Se tapian las puertas de las casas moriscas, se borran las inscripciones arábigas incluso las de los sepulcros, se queman los libros islámicos y el Corán. Los vencedores tienen ganas de expoliar a los vencidos. Los mudéjares de la Corona de Castilla llevaban una vida sin historia, bajo la protección real en los barrios que les habían sido asignados. Estaban obligados a llevar distintivos especiales en sus vestidos. A pesar de esto, no se veía ningún indicio de conversión.

Los moriscos, obligados a lo conversión al cristianismo, no lo hacen realmente, porque siguen con sus prácticas islámicas, aunque de ellas conservan pocas y las realizaban en la clandestinidad. Todo esto significó el paso de la alteridad a la unidad.

Los moriscos no pertenecían a la sociedad estamental que los circundaba y no sólo por motivos ideológicos y políticos, sino porque la separaban de ella profundas diferencias orgánicas. El clero nunca fue una clase bien diferenciada dentro del Islam; tampoco podemos hablar de nobleza. No había, pues, una jerarquía reconocida, privilegios legales ni vínculos de dependencia. Casi los únicos criterios de diferenciación eran la riqueza y las profesiones. Podríamos llamarla una sociedad clasista, si el conjunto no estuviera tan degradado y oprimido, de manera que no podía haber verdadera contraposición de clases. La pequeña burguesía, que constituía su nivel más alto, estaba sometida a la mayoría cristiana vieja. Es posible que en el seno de la masa morisca hubiera tensiones y luchas de intereses, pero la oposición morisco-cristiano viejo era tan fuerte, tan fundamental, que relegaba a la sombra a cualquier otra y tendía a considerar al conjunto morisco como una unidad, a pesar de sus diferencias internas.

No se puede hablar de los moriscos como un todo homogéneo, pues había diferencias regionales y locales importantes. Los moriscos desterrados del reino granadino se dedicaron en gran proporción al comercio y al transporte. En cambio en la Corona de Aragón, sobre todo en Zaragoza y Valencia, en las que formaban masas de población, encontramos todas las profesiones necesarias a la vida social, incluso núcleos burgueses. Entre las profesiones que desempeñaban encontramos que los moriscos zaragozanos trabajaban como herreros, albañiles, ceramistas, carpinteros, vendedores de vino y aceite, cultivaban las huertas, tenían las mejores tiendas de comestibles o se dedicaban a la trajinería y llevaban mercancías de un punto a otro. Entre los oficios mecánicos nos encontramos los de calderero, alpargatero, jabonero, tejedor, sastre, soguero, espartero, ollero, zapatero, revendedores; los cristianos viejos calificaban estas profesiones y trabajos como de poco esfuerzo, lo que hacía pensar a la opinión públicos que estos eran unos holgazanes, pero realmente ellos constituían la gran base económica del país.

Los moriscos valencianos no podían trabajar fuera de los señoríos, pues estaban exprimidos y oprimidos por sus señores; debían contentarse con un nivel mínimo de subsistencia, ya que todo lo que ganaran de más sólo serviría para enriquecer al señor. También en el Reino de Valencia el morisco, además de agricultor, era guarda de las heredades contra los merodeadores y pastores, oficio adecuado para atraerse antipatías, como también se las proporcionaba el hecho frecuente de que los moriscos sin tierra o con parcelas insuficientes alquilaban sus brazos más baratos que los cristianos.

En cuanto a la distribución sectorial, había un predominio absoluto del sector primario, reducido a la agricultura pues el morisco no era pescador ni pastor; el sector secundario era básicamente artesano y el sector terciario tenía pobre representación de los estratos superiores, mientras que aparecen abundantemente representados el pequeño comercio y el transporte.

El morisco hortelano se convirtió en un tópico. Había agricultores de secano, pero el regadío era donde desplegaban todas sus facultades de paciencias, destreza y laboriosidad. El vocabulario del regadío, actualmente, es árabe y el origen de muchas plantas cultivadas es oriental, como el arroz, la naranja y la caña de azúcar. El alto nivel técnico y los altos rendimientos de la agricultura morisca no volvieron a alcanzarse antes de la revolución científica, en siglo XX, y en otras condiciones. Los moriscos tienen la necesidad de practicar un agricultura intensiva para hacer frente a las necesidades de una población densa y de una explotación económica que les obliga a sacar el máximo rendimiento al suelo.

En el siglo XVI cobró gran importancia el anhelo de alcanzar la limpieza de sangre y de oficios, sucedáneos para las clases bajas de lo que para las altas era la nobleza de sangre y del mismo modo el ansia universal de honor que fue característica de la España áurea. Toledo fue el foco principal de la limpieza de sangre; en ciudades como Sevilla y Valencia, donde había muchos esclavos y moriscos, se introdujeron restricciones contra ambas categorías en sus ordenanzas gremiales, por lo menos en las de aquellas profesiones que pretendían mantener un rango social elevado, como boticarios, plateros corredores de lonja.

En el siglo XVII estas cláusulas se generalizaron a muchos gremios y poblaciones, aunque más bien como tributo formal a una psicosis colectiva del honor basado en la limpieza de sangre. Su eficacia no sería mucha porque no se practicaban pruebas rigurosas que eran difíciles y costosas.

Dentro de la variedad profesional, había ciertas actividades preferidas, entre ellas las relacionadas con la construcción, en la que los empleados gozaban de una tolerancia que era quizás un homenaje a su maestría. La mayoría eran anónimos carpinteros, albañiles, yeseros, azulejeros, rejeros, etc.; el trabajo de los metales, de la piel, del esparto era realizado por muchos moriscos y mudéjares.

El oficio de artificiero, fabricante de fuegos artificiales, también parece que fue muy típica de moriscos, y no debe ser casualidad que en Granada, Valencia y Murcia se haya conservado esta tradición.

La progresiva degradación de la minoría morisca se manifestó también en un bajo nivel de cultura; si entre los cristianos viejos el analfabetismo era mayoritario, podemos imaginarnos el grado que alcanzaría entre los moriscos. Sin embargo, hubo una clase intelectual desenvolviéndose en las condiciones más precarias, médicos, escribanos y boticarios, es decir, elementos de una modesta burguesía intelectual. La sociedad cristiana, en vez de favorecer, contrariaba el desarrollo de esta modestísima clase media intelectual. Las ordenanzas profesionales actuaban en este sentido con más fuerza aún que en las referentes a los gremios manuales.

También los musulmanes tuvieron una antigua y gloriosa escuela médica y, aunque en un grado muy inferior, también su ciencia conquistó adeptos entre la población cristiana. La Inquisición sospechaba, por principio, que en las curaciones que efectuaban intervenía un pacto diabólico, y este fue el fundamento de numerosos procesos. De origen religioso era también el argumento de que el médico morisco no atendería ala salud del alma. Incluso atentaba contra ella practicando la circuncisión; lo cual también valía contra las parteras moriscas, cuya actuación fue por ello prohibida. Los moriscos no se formaban en las Universidades, sino a través de una formación tradicional nada despreciable, por lo tanto se les consideraba como simples curanderos, como intrusos. Normalmente, el morisco atendía a las clases pobres; las clases altas preferían al médico titulado, al cristiano viejo.

Hay una relación evidente entre los niveles socio-profesionales y la capacidad económica. Las profesiones a las que se dedicaban, los moriscos no podían tener un elevado nivel de vida medio de una minoría que tenía cerrado el acceso a las actividades más productivas, que se componían en su mayor parte de pobres sirvientes, modestos labradores y tenderos y en la que sólo algunos accedían a una auténtica burguesía.

La expulsión marcó un retroceso que luego fue recuperado; no hubo ruptura de continuidad gracias a los moriscos que permanecieron, con la interesada complicidad de los dueños, y a los cristianos viejos iniciados en este tipo de explotación. La situación económica más deprimida era la de los moriscos valencianos y aragoneses, casi todos campesinos, y además sujetos en muy alta proporción a las exacciones señoriales. Más alto nivel tenían los mudéjares castellanos y, sobre todo, los moriscos granadinos, tanto la minoría que consiguió quedarse en su lugar de origen como la masa que se desparramó por Castilla y que, en no pocos casos, consiguió sobreponerse a las duras circunstancias y conquistar cierto bienestar económico. Hay que desechar, pues, el tópico del morisco carente de los más necesario para vivir; por el contrario, poseían hornos, molinos de harina y aceite, tierras de secano y de regadío, viñas, huertas, olivares y moreras... Los simples aparceros estaban en minoría.

Expulsión de los moriscos

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  • REINO DE VALENCIA

En el reino de Valencia, la mayoría de los moriscos trabajaban en los señoríos feudales, pues fueron los únicos que pudieron soportar la explotación a la que se les sometía. Araban las tierras del señor y este les protegía de la Inquisición y de las vejaciones que tenían que soportar de los cristianos viejos. El señor tenía el derecho de hacer con ellos lo que quisiera, es decir, si quería que le dieran todo lo que cosechaban, ellos no podían negarse, porque él tenia el poder de despedirlos o incluso matarlos y como allí se sentían protegidos en cierto modo, pues hacían todo lo que el señor quería.

En cuanto al odio y las ansias de que prevaleciera el catolicismo sobre el Islam, aquí eran más tolerantes, por motivos económicos, y en un principio no se les obligó a convertirse, aunque esto se terminó cuando comienza la persecución de la Inquisición en el año 1526, propuesta por Juan de Ribera, que consideró a los moriscos una plaga y expuso que la mejor manera de acabar con ellos era la persecución inquisitorial.

El problema morisco en este reino suponía que era una minoría in asimilada y difícilmente asimilable, que representaba un problema vital para la España de Felipe II en lucha contra los turcos y piratas berberiscos; a pesar de los esfuerzos evangelizadores realizados por Juan de Ribera, estos fracasaron, y fue afirmándose la convicción de que sólo expulsándolos el problema desaparecería. La expulsión llegó en 1609: se calcula en unos 125.000 los moriscos que abandonaron el reino de Valencia, cerca de un tercio de su población, aunque los señores feudales se habían negado en numerosas ocasiones a que se les expulsara, porque ellos eran la base económica de este reino y preveían lo que después fue inevitable.

Las consecuencias fueron gravísimas que se arrastraron durante centurias: despoblamiento, crisis agrarias en industrial.

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2-PROCESO

  • ANTECEDENTES (RESOLUCIONES LEGALES ANTERIORES)

Se pueden distinguir una serie de hechos importantes en el proceso hacia la expulsión final:

1-En la última fase de la Reconquista, entre 1484 y 1492, se produjeron las capitulaciones entre vencedores y vencidos. Ladero Quesada establece tres tipos de capitulaciones que tienen en común el reconocimiento de la libertad personal, la conservación de las estructuras sociales y de la organización jurídica, religiosa y cultural de los vencidos.

2- El decreto de conversión o expulsión de las minorías étnicas de 1492, que intenta acabar con la alteridad.

3- La conversión del Cardenal Cisneros, entre1500 y 1502, que inicia el proceso de integración en masa de los musulmanes.

-Consecuencias del levantamiento granadino:

Los sucesos que ocurrieron en Granada supusieron medidas más duras. Se estableció la Real Cédula del 12 de febrero de 1502 que establecía la conversión o el destierro lo que les llevó a la conversión mayoritaria. En las capitulaciones firmadas entre varias comunidades del Reino de Granada y los soberanos, entre 1500-1501, se expresa el deseo de que los nuevos conversos sean sometidos al régimen común. Quedaba abolido el sistema fiscal del estado nazarí, y los moriscos sometidos a los mismos impuestos que los cristianos y con derecho a las mismas exenciones. Hasta 1510 se pusieron en marcha los medios necesarios para obtener una conversión sincera. Se organizó una red de iglesias parroquiales y también se organizaron misiones

3-La sublevación de los moriscos granadinos, entre 1568 y 1570, que fue el fin de las ilusiones sobre la posibilidad de una comprensión recíproca y que inicia un proceso de desgaste de la convivencia, siguiendo la degradación desde el inicio de los procesos de conversión y asimilación, en el marco de una política exterior e interior compleja.

4-La expulsión general, entre 1609 y 1614, que fue el triunfo del catolicismo excluyente en España. Sin embargo, su éxito es bastante discutible ya que los monarcas posteriores tuvieron que volver a repetir los procesos de integración y expulsión.

-Durante el reinado de Felipe II: Se toman en consideración otras medidas para reducir e incluso extinguir el peligro morisco, como la expulsión total, aunque también hay más propuestas, sobre todo dos que aparecen con insistencia: por un lado, la formación de guettos: la primera significa "libertad para los moriscos", les da la capacidad de escoger entre una adhesión sin reservas a la comunidad cristiana o a la permanencia en el Islam. En el primer caso serían vigilados por los cristianos viejos y en el segundo caso serían confinados en guettos; de esta forma se elimina la intolerable ambigüedad de la situación morisca. Por otro lado, la extinción gradual de la minoría: se pensaba en enviar a hombres entre 18 y 40 años, de oficio a las galeras. De esta forma dejarían de inquietar y acabarían por desaparecer. Otra forma de hacerlos desaparecer sería mediante el rapto de todos los niños menores de seis años para confiar su guarda a los cristianos viejos o prohibiendo los matrimonios entre moriscos.

-En la Corona de Aragón, entre 1502 y 1520, los moriscos que allí vivían siempre estuvieron temiéndola expulsión o la conversión forzosa. Los nobles, que eran sus protectores, intervinieron en las Cortes de Barcelona, en 1503, para obtener garantías de su permanencia. A nivel popular, el antagonismo entre las dos comunidades fue muy vivo. En 1509, los gremios valencianos tuvieron permiso para armarse contra las incursiones de los corsarios turcos; entre 1521-1522, los agermanados tenían sentimientos anti-mudéjares, por lo que en junio de 1521 las aldeas mudéjares de la huerta valenciana fueron atacadas por los cristianos; en 1522 se produce el fin del movimiento de las Germanías y los conversos vuelven a su fe. Para asegurar una conversión real y condenar a todos aquellos que no se hubieran convertido o los que lo hubieran hecho en falso se crea el tribunal de La Inquisición, que persigue a los moriscos valencianos desde 1528.

Los moriscos de la Corona de Aragón son el grupo más concentrado, sobre el cual se polarizará la atención de Granada. En estos momentos, todo morisco resultaba sospechoso y todo cristiano era un posible delator. Para suavizar e incluso deshacer estas tiranteces se tomaron tres posibilidades:

1.- Un recurso generalizado a las armas.

2.- Una asimilación de la minoría étnica por métodos coercitivos.

3.- La expulsión, que será la que prevalezca.

-En el reino de valencia se tomaron una serie de medidas:

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En el siglo XVI tuvieron lugar en el Reino de Valencia seis grandes oleadas misionales:

1.-Edicto de conversión general en octubre de 1525. La actuación fue decepcionante pos los resultados superficiales.

2.-Fue consecuencia de una reunión en las Cortes de Monzón en 1537 que se abandona en 1547.

3.- Fue organizada por los obispos del Reino de Valencia en 1567, que vuelve a fracasar.

4.- Proyectos similares vieron la luz en 1587 a cargo del clero valenciano constituido por franciscanos y jesuitas.

5.- En 1599 fue confiada al clero local.

6.- fue el ultimo esfuerzo instigado por el papa en 1606; esta predicación cesó con la expulsión.

En cuanto a los problemas internos que se daban en el Reino se dieron también una serie de resoluciones legales. El 7 de junio de 1586 se publicó una pragmática que establecía severas penas no sólo contra los bandidos sino contra sus parientes, sus protectores e incluso contra los que no los persiguieran. Los parientes de los delincuentes debían ser deportados a Castilla. Luego existía otro problema, el del bandolerismo. Este era endémico en el Reino de Valencia, sobre todo en la década de1580. El 7 de junio de 1586 se publicó una pragmática que establecía severas penas no sólo contra los bandidos sino contra sus parientes, sus protectores e incluso contra los que no los persiguieran. Los parientes de los delincuentes debían ser deportados a Castilla. Otro elemento es la toma de disposiciones para prevenir los males: tentativas de desarmes entre los aragoneses y valencianos. Los Virreyes de Valencia se preocuparon por limitar la posesión de armas a los moriscos. En 1575, se prohíbe a los moriscos valencianos aproximarse al litoral sin permiso del Virrey, bajo pena de tres años en galeras. Solo se hacía excepción en favor de los arrieros; se castigaba todo cambio de domicilio y preveía la expulsión de todo aquel que no fuera de origen valenciano.

  • DESCRIPCIÓN DE LOS PROCESOS EN EL ÁMBITO NACIONAL Y ESPECIFICAMENTE DEL PROCESO DESARROLLADO EN EL REINO DE VALENCIA

    • NACIONAL:

Expulsión de los moriscos

-DECRETO OFICIAL: el 4 de abril de 1609, el Consejo de Estado, con el duque de Lerma a la cabeza, decidió la definitiva expulsión de los moriscos.

Se dieron diversos decretos en cada uno de los reinos siguiendo un proceso de expulsión. Este se inició en Valencia, luego continuó en Aragón, después en Cataluña y tras esto se dio en el resto de España. Tuvo dos partes, una primera que duró de 1609 a 1614 y la segunda en 1616, en el que se “perfeccionó”la expulsión.

Inmediatamente después de la decisión de la resolución legal, surgieron voces en contra desde la aristocracia. Estos se organizaron y presentaron recursos legales para evitar la puesta en práctica de la expulsión, a pesar de ello, no se les hizo caso y el proceso siguió su curso. En todos los reinos se dio un proceso similar: en primer lugar, en aquellos reinos en los que tenían mayor implicación los moriscos, como Aragón y Valencia, se produjeron los intentos de oposición al decreto por parte de los aristócratas.; el proceso de expulsión en cada uno de los reinos fue organizado por los virreyes respectivos. En segundo lugar, se publicó un bando en el que se anunciaba las decisiones legales, según las cuales los moriscos deberían abandonar el reino sin dirigirse a otro de España, en un corto plazo, pudiendo llevarse todos los bienes que pudieran transportar, dejando los demás en sus casas y además se especificaban las excepciones. El proceso se hizo de forma tan rápida para evitar una sublevación general o que recibieran ayuda exterior. A pesar de la pretensión de rapidez, el proceso tuvo varias etapas y no terminó definitivamente hasta la revisión de 1614. Dentro de la problemática, cabe destacar la influencia que tuvo la iglesia en el proceso pues fueron uno de los principales sectores de apoyo al edicto, interviniendo ante la problemática foral. El problema foral, antes comentado, fue uno de los factores que hicieron que Felipe II no se decidiera por la expulsión.

-ARAGÓN

El reino de Aragón, junto con el de Valencia fue uno de los más afectados por la expulsión y esto es porque aquí se situaba la mayor parte de la población morisca y por la trascendencia que tenían en la economía. Especialmente las consecuencias afectaron a Valencia, donde se tardó en mucho tiempo en recobrar la población que había en 1609 y los efectos económicos hundieron a los reinos de Valencia y Aragón.

Los moriscos de Aragón tenían una larga tradición. Su presencia se explica por la necesidad de repoblación de ese reino durante la Edad Media, que aunque en principio fue una solución transitoria, se acabó haciendo definitiva por la necesidad que se tenía de ellos en la economía, así como por la complicación que se derivaba de su expulsión. Sin embargo, a partir de la política de conversiones de 1526, comenzaron las dificultades y los mudéjares aragoneses pasaron a ser llamados moriscos o cristianos nuevos. Como ya se ha visto, Felipe II trató de conseguir la absorción de estos a la sociedad, proyecto que fracasó en sucesivas ocasiones. Posteriormente la situación de los moriscos se fue complicando con las revueltas promovidas por Enrique IV y Antonio Pérez y con su vinculación con el bandolerismo, etc. Todo esto hizo que se dieron una serie de resoluciones legales restrictivas para con la población morisca, tales como los sucesivos desarmes que se dieron.

Aragón fue el segundo reino donde se dio el proceso, tras la expulsión en Valencia. El organizador aquí fue el virrey de Aragón: el marqués de Aytona. El 17 de abril de 1610, Felipe III firmó en Valladolid la orden de expulsión de los moriscos aragoneses, el cual fue publicado en Zaragoza el 29 de mayo en nombre del virrey Gastón de Moncada, marqués de Aytona. El bando, similar a los que se dieron en los diversos reinos, obligaba a la salida inmediata de los moriscos en un plazo de tres días, con los bienes que pudieran transportar. Sin embargo, los moriscos aragoneses al enterarse de la decisión de expulsión y la práctica llevada a cabo en Valencia, corrieron a vender sus propiedades a precios efímeros para poder llevarse cuanto más dinero pudieran. Esto redundó de forma negativa en la economía aragonesa. En el bando quedaba explicito la “pena de muerte al morisco que huya o entierre, queme o destruya la hacienda que no puede llevarse”. También se exponían las excepciones que eran muy pocas.

La expulsión fue organizada por las fuerzas de caballería, con el fin de evitar abusos por parte de los cristianos viejos, pero la misma caballería los cometió. La mayor parte de los moriscos salieron por el puerto de Los Alfaques, unos 41,952, también lo hicieron por el Pirineo. “Cerca de 10.000 lo hicieron por Navarra y de 12 a 14.000 por el puerto de Canfranc”, según aparecía en los documentos de la Secretaría del Estado.

Sin embargo, al parecer las excepciones fueron tomadas con gran amplitud pues se tuvo que recurrir a las medidas de 1614, para acabar con los moriscos que todavía quedaban.

-CATALUÑA:

Antes del decreto de expulsión, se inicio una gran corriente emigratoria de los moriscos a Francia no solo en Cataluña sino también en otros puntos de España, pero aquí se dio con mayor fuerza. La orden de expulsión de los moriscos catalanes fue firmada por Felipe III en Valladolid, el 17 de abril de 1610, el mismo día que la de los aragoneses. El bando fue publicado también el 29 de mayo del mismo año y fue firmado por el virrey de Cataluña, Don Héctor Pignatelli, duque de Monteleón. Se necesitaron de medidas muy represivas para expulsar a los moriscos, ya que estos no se fueron definitivamente y muchas veces volvían. En estos años aumento el bandolerismo en Cataluña.

-RESTO DE ESPAÑA:

Después de las anteriores expulsiones, el decreto llegó a los lugares con menor incidencia morisca: a Murcia, Andalucía y el valle de Ricote, en primer lugar y luego a las dos castillas, la Mancha y Extremadura.

Don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, fue el ejecutor de la expulsión en Andalucía. Publicó el bando en Sevilla, el 12 de enero de 1610, donde el rey había dado 30 días de plaza para que vendieran sus propiedades y se marchasen, pero el marqués redujo ese tiempo a 20 días.

La orden de expulsión de los moriscos múrcianos fue firmado por Felipe III, el 9 de diciembre de 1609, de cuya ejecución se encargó Luis Fajardo, “el comendador del Moral de la Orden de Calatrava, capitán general de la Armada y Ejército del Mar Océano”. En las excepciones se incluía no solo a los esclavos, sino también a los moriscos del valle de Ricote, por se considerados que estos eran mudéjares, es decir, los cristianos que vivían en tierra musulmana. La excepción quedaba manifestaba en el bando de expulsión de 18 enero de 1610.

Después Felipe III firmo una real cédula, el 28 de diciembre de 1609, permitiendo la libre y espontánea salida de los moriscos de las dos Castillas, la Mancha y Extremadura. Es de señalar, que muchos moriscos de los lugares en los que ya se habían dado las expulsiones fueron huyendo a los que todavía no había llegado. Por ejemplo, muchos múrcianos fueron a las Baleares. El conde de Salazar fue el encargado de ejecutar el edicto real en Toledo, la Mancha y Extremadura. El 10 de julio de 1610 fue firmado el decreto de expulsión.

El fluido de moriscos de un lado a otro de España, huyendo de los decretos de sus respectivos lugares, complicó más la situación y se tuvieron que dar más decretos en aquellos lugares en los que se detectaba la presencia de moriscos.

-1614

Como resultado de la problemática expuesta anteriormente, a la que se sumaba la vuelta de moriscos a sus lugares de origen, la monarquía se vio forzada a “perfeccionar” la expulsión a partir de 1616. El duque de Lerma manifestó la decisión del monarca de una serie de instrucciones, en las cuales se exponía que se había dado fin a la expulsión y que se tenía que expulsar a los últimos reductos que quedaban, así mismo se nombró al conde de Salazar, el inspector encargado de llevar a cabo dichas medidas. Para ello se decretaron una serie de medidas. Dentro del proceso se dieron una serie de excepciones, como el del valle del Ricote y los de el “Colegio real de Santiago y Sancto de Mathía de los nuevos convertidos de la ciudad de Tortosa”.

La mayor parte de los moriscos expulsados fueron al Norte de África o a otros lugares islámicos y otra importante cantidad marcho para Francia, donde el monarca francés Enrique IV dejó establecerse a aquellos que profesaran la religión católica, mientras que a los musulmanes les dejo pasar por Francia para dirigirse al Norte de África.

A pesar de todo esto, es evidente que en España quedaron aun muchos moriscos, acerca de los cuales sucesivos monarcas establecieron diversas resoluciones. No se sabe exactamente ni cuantos quedaron, ni cuantos se fueron, pero esto ya se tratará en el apartado de la demografía más extensamente.

  • VALENCIA

La explicación de la no expulsión de los moriscos del reino de Valencia en épocas anteriores fue causado por “la oposición de los señores a perder sus vasallos y aminorar sus haciendas”, tal y como dice el historiador Boronat. Pero el duque de Lerma, vio que la solución a esto sería recompensar económicamente a los señores. A pesar de todo, ante la decisión tomada por el valido y el monarca, los aristócratas y señores de vasallos, se reunieron y consiguieron transmitir al valido sus preocupaciones por las consecuencias que tendría. A pesar de ello no consiguieron paralizar el decreto o suavizarlo.

El 23 de septiembre de 1609, se publicó el bando, ejecutando el decreto, Luis Carrillo de Toledo, marqués de Caracena y virrey de Valencia. En este se dejaban claro todos los puntos referentes a la expulsión y a las excepciones permitidas. Se les daba un plazo de tres días para abandonar sus casas y dirigirse a Berbería. Se establecía pena de muerte para aquellos que deterioraran o se llevaran sus haciendas. Se daban instrucciones para que en las haciendas quedaran un mínimo de moriscos para explicar a los repobladores que vinieran el funcionamiento de las cosas, también se permitía la vuelta de 10 moriscos para que atestiguaran que efectivamente se les llevaba a Berbería sin problemas. Por eso se permitió que quedaran el 6 % de la población. Se permitía que los moriscos pasaran a otros reinos si era con la intención de salir definitivamente. Las excepciones se daban entre los niños menores de 4 años que luego llegaron a aumentar a 7 años, así como las familias de los cristianos viejos casados con una morisca, pero no al contrario. Ante la decisión, los moriscos procedieron a vender sus haciendas, ante lo

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cual se dio una orden restrictiva que no llegó a cumplirse. Las excepciones eran tan reducidas que permitían que se quedaran muy pocos moriscos

3-CONSECUENCIAS DE LA EXPULSIÓN

  • A NIVEL NACIONAL

-Consecuencias económicas y demográficas:

Las consecuencias fueron principalmente económicas y demográficas, pues se dio un vacío poblacional que tardó tiempo en recuperarse y este mismo vacío ocasionó que faltara mano de obra para las tareas que los moriscos realizaban. Se dio una cierta repoblación, pero no se ocupó todos los lugares inmediatamente. De hecho hay autores que consideran que las consecuencias de la expulsión fueron uno de los elementos que dieron pie a la decadencia española del S. XVII. A pesar de esto y tal como expresa el historiador Vicente Atard, en su libro: “El florecimiento, derrota, agotamiento, decadencia de España en el siglo XVII”: “En la famosa consulta de 1619, el Consejo de Castilla no hace figurar la expulsión de los moriscos entre las causas de zozobra económica. Y concluye afirmando que la expulsión de los moriscos no arruinó los campos de arroz de Valencia, la industria azucarera granadina, los viñedos españoles ni los sistemas de irrigación artificial”. Los principales afectados fueron los reinos de Aragón y Valencia. La incidencia en las economías de estos reinos, afectó a la economía del país. De manera que sin entrar en la polémica de si esto fue lo que ocasionó la decadencia económica de este siglo, hay que admitir que si que afectó profundamente. Uno de los principales problemas que se ocasionó, como ya se tratará en las consecuencias específicas de Valencia fue el de los censos, pues muchas tierras estaban hipotecadas y se dio la imposibilidad de pagar las hipotecas al faltar mano de obra que produjera bienes para los propietarios. Esto produjo la ruina de los señores y también de los acreedores. La repoblación se dio de manera muy lenta. Existe una amplia documentación de la época en la que se expresa este problema.

En Aragón, destaca la problemática económica ya que la demográfica ya será tratada en el apartado correspondiente. La gran oferta de terrenos y la poca demanda, ocasionó la caída de precios de las propiedades territoriales, tal y como queda manifestado en un documento de la época: “Con la yda desta gente (moriscos) todas las posesiones y casas han baxado de precio, pero de las más no se hallará ninguno porque no aurá quien als compre por aver sobradas tierras sin dueños y poca gente y menos dinero…porque se an vendido muchas posesiones por la quinta parte de lo que valían”. La situación se complicó con el decreto del arzobispo de Zaragoza, del 20 de junio de 1610, según el cual “se ordenaba que pagaran el diezmo de todos los frutos las tierras de moriscos que hasta la fecha habían estado exentas del mismo”. Esto se dio porque la Iglesia también se vio afectada y especialmente la Inquisición de Aragón y Valencia, las cuales reclamaron indemnizaciones que se pagaron con los bienes confiscados a los moriscos.

De los moriscos se recaudó gran cantidad de dinero que se utilizó no solo para las indemnizaciones citadas sino para las arcas reales y de los correspondientes reinos.

En Cataluña al haber menor población morisca, tuvo menor implicación económica. El terrateniente más perjudicado fue precisamente el virrey de Aragón, el marqués de Aytona. La necesidad de repoblación hizo que hubiera una serie de corrientes migratorias de cristianos viejos de un reino a otro o dentro de un reino de una parte a otra, dejando sus tierras de origen vacías, no acabando con el problema. Cataluña fue repoblada con franceses.

“La política seguida por la Corona a raíz de la expulsión estuvo encaminada, a favorecer en lo posible a la nobleza latifundista en perjuicio de sus acreedores censalistas. La ruina experimentada por éstos contribuyó de modo decisivo al grave descenso del peso específico de Aragón y Valencia en el concierto de la monarquía hispánica, y en consecuencia, a acentuar el papel hegemónico de Castilla”. El historiador Braudle expresa aquí otra problemática destacada entre las consecuencias.

De manera que esto redunda en un aspecto que se trató anteriormente, el cual trataba de que el edicto había sido apoyado por los burgueses porque desfavorecía a los aristócratas. A pesar de esto, como se ve en la cita de Braudel, los burgueses se vieron fuertemente afectados.

-consecuencias sociales:

La distribución en los reinos de los moriscos era diversa. Se hablaba, tal y como señala el historiador Boronat, que mientras que en Aragón y Valencia los moriscos eran vasallos y cultivadores de los latifundios señoriales, en el resto de España, andaban “libres y sueltos”. En este sentido también hay que tener las implicaciones sociales que tuvo el elemento demográfico en la sociedad española, que se vio ahora con unos espacios vacíos difíciles de rellenar.

Desde luego la tragedia de esta población fue enorme pues se les privaba de su casa, del lugar donde habían nacido, de su forma de vida y se les obligaba a marcharse de forma tan rápida que no tenían tiempo de planificar a penas nada y además, no podían llevar casi nada de los que poseían. De manera que se veían sin medios, llevados a un destino incierto. Por otro lado se dieron grandes abusos en el proceso de expulsión por parte de los cristianos viejos, los cuales les asaltaron, robaron y asesinaron. Esto mismo también lo hicieron los soldados que supuestamente estaban encargados de velar por su seguridad. Sin embargo hubo excepciones como la del duque de Maqueda, que acompañó a sus vasallos dejándolos en Orán. Otros moriscos que partieron en buques, fueron presa de la maldad de los patrones que les robaron y asesinaron.

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  • EN VALENCIA

El historiador Halpherin Dongui distingue una serie de etapas en la problemática morisca de Valencia: a) “conversión y evangelización (1520-1570)”, en la que se destaca las consecuencias a raíz de las Germanías, que fue “ un conflicto social entre la burguesía y el artesanado urbano y la aristocracia latifundista, apoyada por los moriscos” B) “represión y predicación (…) a partir del alzamiento granadino de 1568 y la paulatina destrucción de las estructuras moriscas por la Inquisición”, C) “la expulsión” y D) “Valencia sin moriscos” y con las consecuencias en la economía valenciana..

Juan Reglá señala los factores fundamentales en los que tuvo la mayor repercusión la expulsión de los moriscos: a) la demografía y la repoblación, b)la producción agrícola, c)la concentración parcelaria, d) la inflación del vellón y e) la ruina de las clases medias, (en la que se trata el problema de los censales que fue la causa fundamental).

-La demografía y la repoblación:

Valencia perdió del 20 al 25 % de su población. La distribución de los sectores de la población era tal y como señala Juan Reglá en su ensayo: los cristianos viejos ocupaban las ciudades, los moriscos en estas eran una minoría y estaban confinados a los suburbios. La industria y el comercio permanecieron en mano de los cristianos viejos. Los moriscos se encontraban en las tierras de secano, a excepción de Castellón. Escaseaban en los lugares de realengo y en los de señorío eclesiástico, mientras que abundaban en tierras de señorío laico.

La repoblación fue lenta y hasta la mitad del s. XVIII, Valencia no volvió a tener la misma población que en 1609. La recuperación económica de la periferia peninsular se dio a partir de 1680, coincidiendo con la llegada de oro brasileño. Las incidencias en la demografía tuvieron posteriores consecuencias en la historia de Valencia y de España.

-Problemas económicos:

  • El problema de los censales y ruina de las clases medias

La existencia de los censos o hipotecas, con lo que la tierra pasaba de ser a un elemento especulativo, que fueron utilizadas por muchas aljamas y tierras de señorío, que pagaban gracias a la mano de obra barata de los moriscos. Cuando se produjo la expulsión se les hizo imposible pagar las hipotecas y esto no solo supuso la ruina para los señores sino también para los propios acreedores, que eran en su mayoría de clase media como resultado de la falta de repoblación. Ante esto, se dio una política que favorecía a la aristocracia, perjudicando a los acreedores al reducir las pensiones de censales. De manera que esto tuvo como consecuencia “la polarización social entre una minoría de privilegiados y una masa de humildes, característica de la sociedad española del barroco”. (Reglá -La expulsión-).

Para dar solución al menor rendimiento económico de las tierras , se publicó una pragmática en la que se exhortaba a los propietarios a sembrar las tierras y en caso de que esto no fuera posible que las cedieran a otros para que las trabajase o incluso a los propios acreedores. Sin embargo, esto fue difícil de cumplir. Otro problema fue el derivado de que la situación de los moriscos como trabajadores era muy degradante y al querer establecer unas condiciones de trabajo parecidas a los repobladores, se produjo un enfrentamiento entre estos y los señores.

Otra consecuencia que se produjo fue la “quiebra bancaria” por la falta de ingresos y por la conjunción de las otras consecuencias citadas. Ante esta situación una de las medidas fue la petición de Felipe II, a través del embajador de España en Roma al Papa, que durante diez años, los eclesiásticos contribuyeses a las nuevas sisas impuestas en el reino de Valencia. Otra solución fue la reducción de los censos, que como ya se ha dicho desfavoreció a los acreedores. El problema de los censales continuó estando presente largo tiempo.

  • La producción agrícola:

El elemento agrícola fue el mayor perjudicado pues la ocupación de la mayoría de los moriscos era en la agricultura, como campesino y vasallos de la aristocracia latifundista. Los cultivos más importantes del país eran los de caña de azúcar, de arroz y del trigo. Desplazados la vid y el olivo, el cultivo del azúcar fue fundamental hasta que como consecuencia de la expulsión de los moriscos y al competencia con los azúcares de otros mercados dejó de ser rentable y a mediados del s. XVIII fue sustituida por la morera y la sericultural, que luego serían sustituidos por la naranja valenciana. Los musulmanes fueron los introductores de la irrigación en Valencia.

Otros sectores que estuvieron afectados fueron algunas actividades industriales y mercantiles del reino de Valencia, destacando la industria del calzado.

  • La concentración parcelaria:

Se produjo una expansión latifundista como resultado de la depresión económica en la que los pequeños propietarios se vieron obligados a vender sus propiedades y también por la repoblación insuficiente que implicaron una concentración parcelaria en las comarcas del interior y del Mediodía del reino de Valencia.

  • La inflación del vellón:

“En los años subsiguientes a la expulsión de los moriscos, la ceca de Valencia acuñó grandes cantidades de vellón”. Este problema que planta Mateu y Llopis, generó una situación parecida a la de las tierras pues había mucha oferta y poca demanda. En este sentido los historiadores señalan otro problema: el de la existencia de una moneda falsa, que agravaba las consecuencias económicas de la expulsión.

  • DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Y DEMOGRÁFICA DE LOS MORISCOS

      • NIVEL NACIONAL

    Es difícil determinar exactamente la potencialidad numérica de los moriscos en España. La fuente fundamental con la que se cuenta es la documentación del Consejo de Aragón, acerca de la población en Aragón y Valencia. Además, el marqués de Aytona hizo un censo acerca de los cristianos nuevos. La información proporcionada es sobre estos documentos y se centra en torno a la mitad y finales del s. XVI.

    -Aragón: existían 14.109 casas y 70. 545 personas, es decir, esto equivale al 20% de la población total del Reino de Aragón, que era, en total, de unas 350.000 personas aproximadamente.

    -Valencia: la población morisca ascendía a 170.000 personas, que eran el 34 % de la población, que en total era de 500. 000 personas.

    -Cataluña: la población rondaría unos 10.000 habitantes.

    Todo esto ascendía a una población de 250. 000 habitantes, que era el 20% de la población con un total de 1. 200. 000 habitantes. En el reino de Aragón vivía, pues, la mitad de la población morisca de España.

    -Resto de España: sumaba 250.000 en total y estaba repartida entre Andalucía (80.000), 64. 0000 habitantes en las dos Castillas, la Mancha y Extremadura, en el Campo de Calatrava (6.000) y 2000 en el Valle del Ricote y otros lugares.

    En total toda esta población sumaba 500. 000 personas aproximadamente, en toda España.

    Los grandes núcleos de población morisca radicaban en Valencia, Aragón y Andalucía. En las dos primeras, el morisco era labrador y vasallo de los señores territoriales, quienes le defendieron de la Inquisición y los oficiales, por la cuenta que les traía. Los de Granada sufrieron un gran choque, tras el alzamiento granadino de 1568, que les llevó a la dispersión decretada por el monarca hacia Castilla, centrándose especialmente en Toledo. Entre 1575-1585 todas las concentraciones moriscas se dispersaron por toda la península apartándose de las costas, es decir, emigrando hacia el interior

    En Asturias, Vizcaya y Navarra, eran artesanos o vendedores ambulantes. En Castilla no eran muy numerosos. Muchas veces se caracterizaban por el nomadismo por el territorio español o incluso se puede ver una importante corriente migratoria hacia el interior y hacia el exterior, en épocas previas a la expulsión, a través del Pirineo hacia Europa o hacia países árabes, sabiendo de la mala situación en la que vivían. En su mayoría representaban al proletariado, en muchos lugares, como por ejemplo en Sevilla.

    La expulsión de los moriscos del reino de Valencia supuso el trastorno de la geografía humana del país.  La población se dispersó en algunas zonas y como resultado varios pueblos desparecieron.  Esto ocurrió incluso en las tierras de secano, donde normalmente había una gran concentración de gente, en oposición a las zonas de dispersión como las montañas.

    En Aragón, aunque en conjunto con los reinos de Valencia y Cataluña tenía la mayor población morisca, la cantidad de moriscos situada en el propio reino era menor en comparación al reino de Valencia. Por ello, las consecuencias demográficas y económicas fueron menores.  Sin embargo existe, un gran problema y es el hecho de que la documentación acerca de la población morisca en España es bastante escasa y muchas veces poco precisa. Se tiende a exagerar o lo contrario, se dan cifras mucho menores. Esto dificulta mucho la tarea del investigador.

    En Cataluña los moriscos se repartieron en zonas, especialmente se establecieron en docenas al borde del Ebro.  En esta zona, también perteneciente al reino de Aragón, parece ser que la población era mucho menor. De manera que el resultado con respecto a la expulsión del 1610 no es comparable, en su estimación, al de Valencia y Aragón.  En general, la  expulsión, en el reino de Aragón, había sido bastante efectiva, pero el problema no acababa aquí.  Algunos moriscos regresaron en secreto, como por ejemplo ocurrió en Cataluña y se tuvo que volver a repetir la expulsión, de ahí el proceso de 1614.

    En Castilla las cosas eran diferentes, la población no permanecía estable e incluso vivían en barrios aparte.  Los de Castilla la vieja se llevaron la peor parte. Como por ejemplo ocurrió con los moriscos antiguos de Valladolid, que estaban allí desde hacía  800 años; en este caso no obtuvieron ningún apoyo. En castilla la nueva y en Extremadura, les fue un poco mejor, pues encontraron apoyo entre las autoridades locales.  Al empezarse escuchar el rumor de la expulsión, varios de ellos intentaron, a marchas forzadas, aparentar una conversión; mientras que otros iniciaron la salida de España.  Saliendo por tierra o por mar y se dirigían, principalmente, a Francia o hacia África.  Los que decidieron quedarse sabían que tarde o temprano los expulsarían. Dejaron de cosechar las tierras y empezaron a vender sus cosas, preparándose para lo que se les venía encima.  Algunos de ellos fueron valientes y decidieron esconderse para luego regresar, sin embargo, varios de ellos fueron hallados y expulsados de España  En Valencia, donde se encontraban una concentración, bastante grande, expulsaron a 117.464 personas; en Aragón fueron 60.818; en Castilla, la Mancha, Extremadura: 44.625; en Andalucía, 29.939; Murcia: 13.552; Cataluña: 3.716, toda esta gente fue echada se sus casas. 

    • EN EL REINO DE VALENCIA

    La mayor concentración de moriscos se encuentra en Valencia, alrededor de 170.000, mayor que en el resto de España y que en total con todos los componentes, hacía que en el reino de Aragón hubiera la mitad de la población morisca de España. Geográficamente, Valencia se encuentra en la costa del mediterráneo, el clima es seco y soleado con su alternancia de sierras y huertas, dirección oeste, elevándose gradualmente hasta la meseta Castellana

    Expulsión de los moriscos

    La antigua geografía política dividía la región en cuatro demarcaciones: las de Castellón, Valencia, Játiva y Orihuela. Al interior se dedicaban al cultivo de secano, viñedo y olivar. Esto suponía que hubiera numerosos señoríos, en los que los moriscos trabajaban como vasallos.

    Sin embargo, los diversos problemas derivados del desgaste social que habían supuesto los diversos fracasos de integración, unidos a los problemas existentes a nivel exterior hicieron que la población morisca comenzara a descender, pues comenzó un movimiento migratorio. Cuando se decidió la expulsión, a pesar de los recursos impuestos por los señores, se perdió el contingente poblacional que suponían, dirigiéndose a otros países de Europa y también a los países árabes, especialmente a Berbería. Los primeros en ser expulsados, como ya se ha visto, fueron precisamente los moriscos del reino de Valencia, por ser los más numerosos de las regiones de España. Se puede decir que la expulsión fue muy rápida y efectiva, transportaran de Europa a África 116.000 personas en 3 meses. Después de la expulsión las cosas cambiaron, la economía se vio muy afectada, también a nivel nacional, pero especialmente en el Reino de Aragón y sobre todo, en las tierras de Valencia. La pretendida repoblación fue un fracaso y se tardó mucho en volver a alcanzar el nivel demográfico y económico. Todas las ciudades perdieron clientes y trabajadores, a las que no les fue tan mal fueron Alicante y Castellón. Parecer que Alicante tuvo mejor suerte, su población creció de 1.120 a 1.318 y Castellón se mantuvo. Los cristianos sufrieron importantes pérdidas en el campo de los negocios. La despoblación de los pueblos moriscos fue una de las más terribles consecuencias que afectaron a las localidades cristianas y especialmente a Valencia. Los alquileres de vivienda eran uno de los recursos principales de la ciudad y ahora se encontraban las casas vacías y sin ninguna demanda.

    • COMENTARIO

    El problema de la alteridad constituye una de las cuestiones de mayor trascendencia en la historia de la humanidad. El rechazo al “otro” por cuestiones étnicas, de credo, sociales, políticas, etc., es una reacción bastante común en el contexto histórico-político en el que nos situamos. Los estados pretendían unificar en todos los sentidos, ideológica, religiosa y políticamente, a la nación que intentaban formar. Frente a esto y desde el punto de vista humano, el rechazo a otras formas de cultura o religión y su persecución, así como su expulsión, constituyen una de las mayores tragedias a las que la humanidad se ha tenido que enfrentar. El éxodo que se tuvo que vivir, entre estas gentes, que llevaban asentadas siglos en las tierras de España, sufriendo en muchos casos humillaciones y vejaciones por parte de los cristianos viejos, que se veían en todo su derecho como nativos del país, tuvo que ser bastante duro. No podemos olvidar que los musulmanes nos dejaron gran cantidad de obras de arte y de conocimientos, y que en aquellos momentos constituían la base de la economía en algunas zonas de España. Por eso su marcha, no solo supuso una desgracia para ellos sino para el país; porque se perdió mucho de la riqueza cultural y étnica, que estas gentes moriscas aportaban, como resultado de un sincretismo entre las tradiciones musulmanas y lo que habían incorporado de los cristianos. Probablemente si no se les hubiera expulsado, tal vez el imperio español y la España floreciente de esa época hubiera tardado más tiempo en caer, y de esta forma sufrió un mazazo muy fuerte, que no se pudo remediar enseguida; costó muchos siglos que zonas como Valencia y Aragón, que quedaron en una depresión económica y demográfica, volvieran a alcanzar cotas altas. Sin embargo, jamás se podrá recuperar esa riqueza de la vivencia cultural entre etnias de aquella época. Este tema, a pesar de todo, no se trata solo de una cuestión zanjada en una determinada época y contexto de la historia de España, ya que en la actualidad, estamos ante la inminente existencia de una sociedad multicultural, en el que múltiples etnias, con sus características culturales, se mezclan en el territorio español. Tristemente, en la historia, se vuelven a repetir muchas veces cosas tan trágicas como la expulsión de los moriscos y por ello, hemos de aprender a alcanzar una forma de convivencia pacífica y tolerante entre los distintos pueblos. Si esto se da así podemos llegar a ganar mucho.

    • BIBLIOGRAFIA

      • “HISTORIA DE LOS MORISCOS” (1978)- A. DOMINGUEZ ORTIZ Y B. VINCENT.

      • “GEOGRAFÍA DE LA ESPAÑA MORISCA” (1986) - H. LAPEYRE

      • “ESTUDIO SOBRE LOS MORISCOS” (1974) - JUAN REGLÁ

    LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS

    Expulsión de los moriscos

    INDICE

    1-CAUSAS

    • ANTECEDENTES

    • SITUACIÓN DE ESPAÑA EN LOS REINDADOS DE FELIPE II Y FELIPE III. CONTEXTO POLÍTICO

      • FELIPE II: POLITICA EXTERIOR E INTERIOR PREVIA AL REINADO DE FELIPE III.

      • FELIPE III. CAUSAS FUNDAMENTALES Y CONTEXTO PRECISO EN TORNO AL DECRECTO DE EXPULSION DE 1609

      • NIVEL SOCIO-ECONÓMICO

    • SITUACIÓN DEL REINO DE VALENCIA

    2-PROCESO

    • ANTECEDENTES (RESOLUCIONES LEGALES ANTERIORES)

    • DESCRIPCIÓN DE LOS PROCESOS EN EL ÁMBITO NACIONAL Y ESPECIFICAMENTE DEL PROCESO DESARROLLADO EN EL REINO DE VALENCIA

    3-CONSECUENCIAS DE LA EXPULSIÓN

    • A NIVEL NACIONAL

    • EN VALENCIA

    4-DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Y DEMOGRÁFICA.

    • A NIVEL NACIONAL

    • EN VALENCIA

    5-COMENTARIO CRÍTICO

    6- BIBLIOGRAFÍA

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