Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Adolescencia y sentido de la vida

  • Enviado por: Merche Marín
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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«ÉTICA PARA AMADOR»

FERNANDO SAVATER

  • De qué va la ética

  • Como tema introductorio, Savater nos interroga sobre los conocimientos necesarios para lo que él llama un “buen vivir”, desprendiéndose a su vez las cuestiones sobre que es “lo bueno” y por que cosas está caracterizado un “buen vivir”. Vemos (por medio de sus ejemplos), que esta respuesta es subjetiva y personal, si bien en algo puede coincidirse: nosotros somos los que hacemos y formamos, con nuestros pensamientos y decisiones, nuestra propia vida. Savater, con una actitud indeterminista, defiende que estas decisiones las tomamos en tanto que somos libres de hacerlo. Explica que esta libertad no significa poder realizar físicamente lo que desees en cualquier momento (cosa que nos impiden obstáculos situacionales, inter-personales...), pero nuestro pensamiento, aunque pueda estar coercionado por determinadas circunstancias, siempre podrá elegir otra opción (aunque sea poco probable), porque SIEMPRE habrá otra opción.

  • Órdenes, costumbres y caprichos

  • La motivación, el hecho que nos lleva a realizar una acción o a tomar una decisión, puede ser una orden, una costumbre o un capricho. A primera vista, la decisión más verdadera, la que es interior ya que surge en nosotros, son los “caprichos”, porque nadie nos los impone. Las órdenes son dadas por alguien desde fuera, y las costumbres nos las impone nuestra sociedad y nuestra cultura, también desde fuera. Pero, ¿cómo podemos saber si, inconscientemente, un capricho no surge en nosotros por algo que nos viene dado “desde fuera”?. También se trata en este capítulo la idea de determinadas decisiones tomadas en situaciones serias: estas decisiones se toman bajo el prisma de una mala situación, de forma que, lo que en realidad nos gustaría es no tener que tomarlas, porque no nos gusta estar en esa situación. Así, entre dos opciones, tomaremos la que nos parezca más conveniente, la que más “pese”, pero ¿por qué nos guiamos a la hora de elegir? ¿Nos han dado una orden para que elijamos una opción determinada? ¿Tenemos la idea de lo que debemos o no debemos hacer porque tenemos o no la costumbre de hacerlo? ¿O surge en nosotros el capricho de hacerlo o no?

  • Haz lo que quieras

  • Abordamos en este capítulo la fabricación de la propia moral de la persona. En esta tarea no bastará guiarse por órdenes, costumbres y caprichos, ya que estos en ocasiones pueden contravenir la moral, ser “inmorales”. La moral, en realidad, es la “ley interna” que debemos formar, inventar para nosotros. ¿Para qué necesitamos esta moral? Para vivir bien, ser un “hombre bueno”. Pero... ¿cómo es un hombre bueno? ¿Qué características debe tener? Estas preguntas son bastante peliagudas, ya que nosotros solemos calificar las cosas o los trabajadores en tanto que realicen bien su trabajo, su función. Pero desconocemos la función del ser humano, para qué sirve, por lo tanto no podemos tener una idea común de “hombre bueno”, y esto sólo podrá ser una idea relativa, de cada uno. Un hombre será “bueno” en determinados momentos y circunstancias, según opiniones personales e individuales y según las intenciones que le movieron a realizar un determinado acto.

  • Date la buena vida

  • Tomando el título del capítulo anterior como norma, Savater dice al que no se haya dado cuenta aún que sólo nosotros somos capaces de hacer nuestra vida, por tanto debemos hacerla “como queramos”, una extraña orden que desobedecemos cuando cumplimos y viceversa. No podía faltar en este capítulo la famosa frase de Jean-Paul Sartre: «estamos condenados a la libertad», frase que da la idea de que al igual que con nuestra libertad orientada hacia el bien podemos hacer una vida estupenda, también podemos corromperla. Mediante el bíblico ejemplo de Jacob y Esaú, establece la idea de las prioridades a la hora de tomar decisiones que tengan que ver con nuestra vida. ¿Debemos tomar una decisión que afectará a nuestra vida a largo plazo o en un futuro bastante inmediato? La primera opción se ve atenuada en la mayoría de los casos por el miedo del ser humano a la muerte. Bajo ese prisma, toda decisión a largo plazo se ve insustancial y debemos tener cuidado de no vivir sometidos a la muerte, porque estrecha el círculo de las cosas que queremos. Lo que todos realmente queremos es “darnos la buena vida” y para eso (según Savater) sirve la ética. Todo lo que queremos tiene esa finalidad, la felicidad (eudemonismo), la buena vida. Además de las cosas, también necesitamos a los sentimientos que sólo una persona nos puede brindar. Al nacer, no somos “hombres”, ya que esta cualidad no es una cualidad biológica, sino cultural; necesitamos ese intercambio cultural, dado sobre todo por el lenguaje: la humanización es recíproca.

  • ¡Despierta, baby!

  • De forma más directa, Savater nos da las características de una “buena vida”. Lo primero es la destrucción de esta que provoca la ambición. Todas las cosas materiales que poseemos nos poseen a nosotros a un mismo tiempo: no nos dejan vivir humanamente. La segunda consigna es tratar a los demás como te gustaría con respeto, porque sólo de esta manera conseguirás lo que sólo una persona puede darte. Por último, nunca se debe tratar a una persona como una cosa, porque eso nos “cosifica” a nosotros mismo. Debemos reflexionar largamente sobre lo que es una “buena vida” para nuestra moral.

  • Aparece Pepito Grillo

  • En este capítulo, Savater va a darnos un ejemplo de los diferentes tipos de ética equivocada o, como dice él, de vida “en la imbecilidad”: el que no quiere nada, el que lo quiere todo, el que no sabe lo que quiere, el que sabe lo que quiere pero no tiene ahínco y el que quiere fervientemente, pero apoyado en una “irrealidad”. Todos tenemos diferentes rasgos de estas “malas éticas”. Para tener una “buena ética”, debe tenerse una predisposición natural para la buena ética, es decir, una conciencia. Esta conciencia que nos va a curar de esas malas éticas debe decirnos que no todo da igual, establecer un vínculo entre lo que hacemos y lo que queremos, desarrollar nuestro “buen gusto moral instintivo” y no buscar razones para justificar que no somos libres y, por tanto, responsables de nuestros actos. También en este capítulo nos dice que, si ser egoísta significa querer todo lo bueno para uno mismo, se debe ser “egoísta consecuente”. Es decir, egoísta en el sentido de querer una “buena vida” para nosotros. La libertad también trae consigo los remordimientos, pero no esos remordimientos que tenemos cuando sabemos que algo que hemos hecho merece ser castigado, sino los que surgen en esas ocasiones en las que obramos mal, solamente nosotros hemos sido testigos y no merecemos ningún castigo. Esos remordimientos nacen porque somos libres; si no lo fuéramos no podríamos sentirnos culpables u orgullosos de nuestros actos. También explica que hay muchas personas que se escudan en lo “irresistible” para justificar sus actos, como si lo irresistible anulase su libertad: pues bien, no existe nada “irresistible”. Por último, indica que la “responsabilidad” consiste en hacerse uno mismo, inventarse, transformarse con cada una de sus decisiones.

  • Ponte en su lugar

  • El hombre no vive “humanamente” hasta que su existencia no transcurre entre seres semejantes a él. Si vive entre animales u objetos, simplemente sobrevive; si vive entre personas, vive. Da igual como sean esas personas; aunque malas, también son necesarias para nosotros, debido a que todas son educables y humanas; tienen las mismas capacidades que nosotros y son capaces de amar y de ser amados. Todos debemos humanizar y tratar de hacer felices a las personas malas, porque estas son el resultado de una vida en desgracia. Nadie es malvado “por felicidad”. También debemos ser capaces (tal y como afirma el título del capítulo) de ponernos en el lugar de otra persona, en tanto que reconozcamos sus semejanzas con nosotros y sus derechos, lo tomemos como persona real. Pero también debemos ser objetivos con la otra persona: nosotros debemos considerar nuestras individualidades, así como también debemos respetar las de nuestro interlocutor y no imponer las nuestras. Por último, Savater explica la justicia como virtud, y argumenta que la justicia legal no es sólo sino una generalización de esta justicia interior que nosotros debemos poseer, demasiado amplia y llena de matices como para encerrarla en una jurisprudencia.

  • Tanto gusto

  • Abarcaremos en este capítulo el tema del placer. Este ha sufrido por medio de diversos tabúes sociales a lo largo de la historia. Siempre se ha pensado que el placer intenso puede alejarnos de nuestras verdaderas obligaciones, mientras que el placer realmente nos humaniza. En la actualidad, las palabras “moral” e “inmoral” han adquirido una equívoca connotación sexual, precisamente por la idea de que el placer en general es algo malo, de que gozar nos va a “deshumanizar”. El placer nos da miedo debido a que nos puede llegar a gustar demasiado. Se da el caso de personas que creen llegar a disfrutar pasándolo mal, creen que esa es la verdadera vida. Están totalmente equivocados, ya que lo que debemos hacer es usar de los placeres que están al alcance de cada uno, pero siempre cuidando de que no sean esos placeres los que nos usen a nosotros. No debemos hacer de nuestra vida el simple uso de un determinado placer, escondernos de ella tras él, sino aprender por medio de los placeres a disfrutarla. Por medio de este disfrute, podremos conseguir el premio al que la vida está destinada: la alegría. Todo placer será placer hasta que deje de producirnos alegría, esto lo sabremos mediante la virtud de la templanza. Aunque parece ser que en estos momentos se prefiere una prohibición externa o una rotunda abstención a tener la posibilidad de disfrutar con templanza de un placer. Para terminar, nadie debe sentirse culpable por su placer: es más virtuoso disfrutar de un placer del que se dispone que romper tu alegría por saber que hay alguien que no tiene siquiera la posibilidad.

  • Elecciones generales

  • En este último capítulo se fundirán la ética y la política, como complementariedad pero también diferenciándose. Normalmente, suele meterse a todos los políticos (y no sólo a ellos) dentro de un mismo saco, otorgándoles unas cualidades bastante penosas. Esto es debido a que son personas muy visibles dentro de la sociedad (que suele dar un trato diferente tanto a los que sobresalen como a los que se hunden) y a que sus promesas suelen ser abundantes pero sus hechos escasos (pero el hecho de que lo prometido sea mucho también se lo exigimos). Ética y política tienen como finalidad el vivir bien, la una en la individualidad personal y la otra como grupo social, pero mientras para la ética cualquier cosa es válida mientras sea querida realmente, para la política algo no es valido mientras no sea realizado físicamente, sin meterse en que se quiera o no. También, aunque la buena vida política no pueda alcanzarse, hay por lo menos que intentar alcanzar la buena vida ética si no queremos quedarnos “descolgados” de ella. Según Savater, de esta forma a lo mejor “cundiría el ejemplo” entre los demás, aunque no hay sociedad (aunque si quizás utopía) libre de mal. Para la persona que elija “libremente” el mal, siempre lo tendrá ahí como opción. Según el autor, las características de una política “perfecta” serían la libertad individual de cada persona, llevando implícita la responsabilidad para cada uno; respetar a la persona y a su dignidad, que es común pero a la vez diferencia necesaria entre nosotros; no anular lo humano de la persona y tratarla en cuanto a cosa; y, por último, ponerse en el lugar del que sufre, pero sin simplificar al resto de forma que los metamos a todos en una “invalidez general”.

    Este intento se plasma en nuestra sociedad actual en los hermosos y decorativos Derechos Humanos, que son sólo eso: hermosos y decorativos. Savater defiende una sociedad política en la que se reconozcan a los individuos por su pertenencia a la humanidad; es decir, una política global, pero en la que se defienda la dignidad de cada persona.

    * RESUMEN GENERAL *

    A través de este, a mi parecer, demasiado doctrinal libro, Fernando Savater pasea por las cuestiones más básicas de la ética, plagada toda ella de interminables preguntas retóricas. Reconoce (y reconozco) que hoy en día se usan bastantes de estos términos (moral, ética, política, bueno, malo...) con demasiada ligereza, y que la mayoría de la población no se hace preguntas de este tipo: de hecho, hay muchas personas que afirman que sobreviven perfectamente sin hacerse preguntas “filosóficas”. Esto lo expresa a través de todo el libro, exponiéndonos claramente los errores en los que cae la sociedad actual e intentando darles a esas personas una respuesta alternativa. A pesar de lo que el resto de personas pueda afirmar, nadie puede llegar a desentenderse completamente de la ética o de la política: todos formamos parte de la sociedad, por muchas barreras físicas que quieran imponernos, y eso lleva “en el lote” todas las cuestiones que se plantean en el libro. Puede que haya gente que defienda que nunca se ha preguntado por qué se caracteriza una buena vida, pero seguro que alguien ha pensado “Si tuviera todo lo material que deseo, ¿podría llegar alguna vez a aislarme de la gente que quiero? ¿La seguiría necesitando?”. A esto, Savater contestaría con un enérgico “sí”. ¿Tampoco nadie se ha dado cuenta de que, al entablar una conversación con una persona, debemos aceptar casi inconscientemente que uno mismo deberá ponerse en su lugar como el otro en el de uno? Nadie se da cuenta, sólo con libros como este se consigue escarbar en esa moral estancada para que se de cuenta de que debe seguir haciéndose a si misma.