Ética a Nicómaco; Aristóteles

Filosofía griega clásica. Filósofos griegos. Virtudes intelectuales. Sentido finalista y teleológico

  • Enviado por: Typhanie
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas
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EL CONTENIDO DE LA ÉTICA A NICÓMACO.

El texto pertenece a la Ética a Nicómaco, el más importante de los tratados aristotélicos dedicados al estudio de la moral. Consta de diez libros, cada uno de los cuales se compone, a su vez, de capítulos. Su estructura es la siguiente.

  • Libro I: puesto que el objetivo último de la ética consiste en determinar en qué consiste la felicidad, ésta es la cuestión de que se ocupa directamente Aristóteles en el libro primero. El resultado de su indagación es que la felicidad perfecta consistirá en la actividad intelectual, en una vida dedicada exclusivamente a la contemplación. (No debe olvidarse que Aristóteles concibe a Dios, viviente feliz y perfecto, como “acto de pensamiento”). No obstante, este ideal nos es inasequible, ya que el ser humano no es solamente razón. De ahí que sean necesarias las virtudes para una vida feliz, digna y satisfactoria. El libro primero concluye (c.11) distinguiendo dos tipos de virtudes: las virtudes intelectuales (también llamadas “dianoéticas”) y las virtudes morales (llamadas también virtudes “éticas” y “del carácter”).

  • Libros II-V: están dedicados al estudio de las virtudes morales. En el II aparece la célebre definición aristotélica de la virtud como “término medio”. El libro V se dedica específicamente a la justicia.

  • Libro VI: dedicado al estudio de las virtudes intelectuales.

  • Libro VII: en este libro se ofrece una serie de consideraciones acerca de la incontinencia y el placer.

  • Libros VIII-IX: en ellos se estudia la amistad y sus distintas formas.

  • Libro X: en este libro, con el que se cierra la obra, cabe distinguir dos partes bien diferenciadas: 1) en la primera parte (cc.1-5) se vuelve a la discusión sobre el placer, dada la importancia que éste tiene para la ética. 2) En la segunda parte (capítulos 6 y sig.) se retorna al tema de la vida contemplativa como ideal de felicidad perfecta.

  • NAVARRO CORDÓN y CALVO MARTINEZ (1998) : Historia de la Filosofía. Anaya, Madrid, pp. 75 -76

    SÍNTESIS DE SU PENSAMIENTO.

    Toda la filosofía de Aristóteles está traspasada por un claro sentido finalista - teleológico - por cuanto la realización del fin propio de cada ser constituye su propio bien. Conocer la verdad es el fin - propio de los hombres, pero no es su fin último -. El hombre, además de conocer, vive y el conocimiento le proporciona una buena vida (o una vida buena), que le hace feliz y es el fin más específicamente humano. Conocer la verdad es la tarea del filósofo, que será, por tanto, el más feliz de los hombres.

    El filósofo se ocupa de conocer los principios y las causas más universales e inmutables y, por ello, su investigación debe referirse tanto al Ser - al Ser en cuanto ser- como al Movimiento - el cambio, la transformación.

    La investigación aristotélica de los principios acerca del Ser le descubre una doble relación: en un sentido, el Ser aparece como sustancia -como lo que es en sí mismo, como sujeto individual - o como accidente - como lo accesorio y lo prescindible, como lo adjetivo -; pero en otro sentido se muestra como acto - como ser actual, como lo que es- o como potencia -como ser potencial, como posibilidad de ser algo que aún no es -. Este doble entramado conduce inevitablemente a la investigación del movimiento, que se explica como el paso de la potencia al acto.

    Cuatro son las causas que dan razón de ese movimiento: las causas material y formal (intrínsecas, propias del sujeto, “interiores”) que son el componente básico de toda sustancia, dos co-principios, uno material y pasivo, activo y estructural el otro, que inseparablemente forman un solo todo individual (la sustancia); y las causas eficiente y final (extrínsecas, ajenas al sujeto, “exteriores”) que informan sobre los cambios externos y la finalidad de los cambios, respectivamente.

    El resultado de estas investigaciones se ha sintetizado bajo los nombres de “teoría hilemórfica” o “hilemorfismo”: explicación a partir de la unión de estas dos causas (hyle”, materia, y morfe”, forma).

    Y una parte de la realidad es el hombre, la sustancia hombre, ese animal curioso, social, dotado de razón y de palabra, compuesto de cuerpo y alma -de materia y de forma -, que quiere conocer y tiene que vivir. De manera que el hilemorfismo que se ocupaba del Ser es igualmente aplicable a esa realidad que es el hombre.

    El hombre conoce tanto lo necesario e inmutable como lo contingente, y es por ello que Aristóteles distingue entre saber teórico, que tiene por objeto lo inmutable, y es el saber de las tres ciencias teóricas: la Matemática, la Ciencia Natural o Física y la Teología o Metafísica; y saber práctico, que conoce lo contingente y lo es de las llamadas ciencias prácticas: la Ética y la Política. (Habla de un tercer saber, el productivo, ligado a lo contingente y propio de la técnica.)

    Ambos tipos de saber proporcionan los conocimientos pertinentes para alcanzar esa felicidad que se propone como meta. Difieren, sin embargo, tanto en sus objetos como en sus métodos: el saber teórico es siempre un saber demostrar, mientras que el práctico es un saber vivir; aquél es preciso, riguroso y enseñable porque tiene por objeto lo universal; éste, que conoce lo particular, no puede ser ni tan preciso ni tan riguroso y, por mucho que nos empeñemos, no es enseñable; el primero está emparentado con la reflexión, el segundo a la acción (no productiva).

    Pero ambos saberes tienen un punto de relación. El saber práctico de los hombres consiste en realizar la “areté”, la excelencia en la vida individual (y ese es el objeto de la Ética) o social (que lo es de la Política).

    BAIGORRI, CIFUENTES, ORTEGA, PICHEL y TRAPIELLO (1996): Historia de la Filosofía. Ediciones Laberinto, Madrid, página 52

    CONCEPTOS FUNDAMENTALES.

    .

    Felicidad

    Es eudaimonía, el Bien Supremo del hombre.

    Función en Aristóteles es equivalente a actividad. La función del hombre es, pues, la actividad propia del hombre. Distingue Aristóteles entre actividades propias del hombre en cuanto desempeña una actividad especial como, por ejemplo, flautista, escultor o artesano (que sería tocar la flauta, hacer esculturas o producir obras de arte) y la actividad propia del hombre en cuanto ser humano, es decir, la actividad propia del hombre en cuanto hombre, no en cuanto flautista, escultor o artesano. Como el ser humano se distingue de los otros seres por la razón, por el logos, su función o actividad propia es vivir y actuar racionalmente. Ahora bien, si nos preguntamos por la función o actividad propia no del hombre, sino del hombre bueno, habría que decir que sería la misma vida y la misma actuación pero dirigidas por la virtud más perfecta que, según Aristóteles, es la sabiduría.

    Puesto que la felicidad (o placer) es aquello que acompaña a la realización del fin propio de cada ser vivo, la felicidad que le corresponde al hombre es la que le sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia y cuando la realiza de un modo perfecto; es más propio del hombre el alma que el cuerpo por lo que la felicidad humana tendrá que ver más con la actividad del alma que con la del cuerpo; y de las actividades del alma con aquella que corresponde a la parte más típicamente humana, el alma intelectiva o racional. Como en el alma intelectiva encontramos el entendimiento o intelecto y la voluntad, y llamamos virtud a la perfección de una disposición natural, la felicidad más humana es la que corresponde a la vida teorética o de conocimiento (por ello el hombre más feliz es el filósofo, y lo es cuando su razón se dirige al conocimiento de la realidad más perfecta, Dios), y a la vida virtuosa. Finalmente, y desde un punto de vista más realista, Aristóteles también acepta que para ser feliz es necesaria una cantidad moderada de bienes exteriores y afectos humanos.

    En resumen, Aristóteles hace consistir la felicidad en la adquisición de la excelencia (virtud) del carácter y de las facultades intelectivas.

    Naturaleza

    Es el principio intrínseco de movimiento y reposo de los seres naturales.

    Del vocablo latino natura, traducción del griego physis. Esta noción es importante en todos los filósofos griegos pero Aristóteles fue el que con más detalle la estudió; toda su filosofía gira alrededor de este concepto, del mismo modo que la platónica lo hace alrededor del tema de las Ideas.

    Hay dos sentidos básicos de “naturaleza”, aunque es más importante el segundo que el primero:

  • la naturaleza entendida como la totalidad de seres naturales;

  • b) la naturaleza como el ser propio de las cosas.

    En la acepción b) el concepto se aproxima mucho al concepto de esencia, y así hablamos de la naturaleza o esencia del hombre, del cáncer, o de las revoluciones, o de una teoría matemática. Por ello convienen distinguir estos dos términos tan próximos: con el término esencia nos referimos a lo que tiene de propia o de característica una actividad (sea una realidad física, espiritual o una realidad del tipo de las objetividades matemáticas como los números); pero la esencia designa lo propio de un objeto con independencia de su capacidad para cambiar o convertirse en otra cosa -incluso nos sirve para designar los rasgos fundamentales de entidades que no cambian como son los objetos matemáticos-. Por el contrario con el término “naturaleza” o “physis” nos referimos a lo que tiene de propio o peculiar un objeto en la medida en que dicho rasgo o rasgos determinan el ámbito de posibles cambios que le pueden sobrevenir.

    Aristóteles define la naturaleza como “la esencia de los seres que poseen en sí mismos y en cuanto tales el principio de su movimiento” y también como “el principio y causa del movimiento y de reposo en la cosa en que ella se halla, inmediatamente, por sí misma y no por accidente”. Con estas afirmaciones quiere indicar, al menos, lo siguiente:

    • la naturaleza se identifica con el ser propio de las cosas, con su esencia;

    • pero de las cosas capaces de cambiar a partir de sí mismas;

    • la naturaleza no sólo determina el tipo posible de movimientos de un objeto sino también el tipo de reposo que le conviene (por ejemplo, a la piedra le corresponde estar quieta en el suelo y ello en virtud de su naturaleza).

    Aristóteles distingue tres tipos principios en la existencia, movimiento y posesión de uno u otro rasgo, propiedad o característica de los seres:

  • por azar, algo puede existir y ocurrir como consecuencia del azar: los llamados seres deformes o “monstruos de la naturaleza”, la piedra que cae y que accidentalmente rompe una rama,...;

  • por arte o técnica, como ocurre en cualquiera de nuestras máquinas y las cosas que ellas hacen;

  • por naturaleza, como los cuatro elementos, las plantas, los animales -el hombre incluido- y sus partes.

  • Ser social

    Aristóteles llama autarquía a la condición de lo que se basta a sí mismo. La autarquía fue considerara por algunos filósofos como el bien supremo del hombre, que consistiría en no desear nada, en ser autosuficiente. Para Aristóteles la autarquía no es el bien supremo del individuo, porque la verdadera autarquía sólo la consigue la comunidad política. Cuando ésta se consigue, proporciona una autarquía al individuo. El ser humano es un ser social, un ser que necesita relacionarse con la familia, con los amigos y con los conciudadanos.

    Los seres que viven solos o son dioses o son animales. El hombre es por naturaleza un animal social y un ser político, que vive en las polis. El ser humano necesita de lo social para satisfacer sus necesidades y para realizar sus funciones propias: las racionales. La vida preferible es la de la comunidad.

    Los seres humanos viven en dos tipos de comunidades: la casa o comunidad doméstica y la polis o comunidad política o ciudadana.

    La comunidad doméstica sirve para satisfacer las necesidades básicas y cotidianas de las personas, su alimentación, vestido y sexualidad. En ella conviven elementos heterogéneos en cuanto a edad, sexo y condición: adultos y niños, hombres y mujeres, libres y esclavos. Cada uno de estos elementos tiene una función y debe realizarla bien, y para que cada cual cumpla bien su función tiene que haber en la casa un elemento rector que la dirija. Este elemento rector de la comunidad doméstica es el hombre libre, el varón libre adulto y dueño de la casa, que rige a la mujer, a los hijos y a los esclavos. El hombre libre de una casa es esposo de su mujer, padre de sus hijos y amo de sus esclavos. Por naturaleza el hombre es superior a la mujer y a los niños, y también por naturaleza es amo de sus esclavos. Los esclavos no son hombres, son cosas que se poseen, instrumentos animados en cuya naturaleza está ejecutar con su cuerpo las órdenes que el señor da con el pensamiento.

    Como ser social, el hombre no vive sólo en la comunidad doméstica, sino también en la ciudad o comunidad política. Otras especies, como las abejas, son sociales, pero el ser humano lo es en el más alto grado porque la naturaleza lo ha dotado de lenguaje. Con el lenguaje los hombres hablan de lo justo y lo injusto, de lo que les resulta conveniente o perjudicial, de lo que consideran deseable o indeseable, y hablando llegan a acuerdos. Esos acuerdos son las leyes, y el conjunto de leyeses la constitución de una ciudad. Una Constitución modela una ciudad, da forma a la vida ciudadana, de tal manera que si la Constitución cambia la vida ciudadana es diferente. Dice Aristóteles que una ciudad o polis es un conjunto de ciudadanos que se autogobiernan mediante una Constitución. No son ciudadanos todos los habitantes de la ciudad; las mujeres y los esclavos, sin los cuales la ciudad no podría existir, no son ciudadanos. Son ciudadanos aquellos habitantes de la ciudad que tienen derecho a participar en el gobierno, y es la Constitución de cada polis la que establece si son ciudadanos solo los aristócratas, o los ricos, o todos los hombres libres. La ciudadanía se hereda de padres a hijos: los hijos de ciudadanos son ciudadanos. Los ciudadanos no trabajan, trabajar es la función de los esclavos; los hombres libres viven en el ocio y dedican su tiempo a actividades políticas, artísticas, científicas o filosóficas. La principal función del ciudadano es hacer política y combatir en caso de guerra. Para ser un buen ciudadano hay que tener virtud política o justicia, que consiste en hacer y obedecer las leyes de la ciudad y en tratar a los ciudadanos como iguales. Comete injusticia y es un mal ciudadano quien desobedece las leyes y quien se relaciona con los demás tratándolos como desiguales.

    Es muy importante para Aristóteles que las leyes sean buenas, pero también que duren. La duración del orden justo preocupa a Aristóteles tanto como a Platón, pero esa preocupación no le condujo a imaginar una ciudad cerrada e inmóvil en la que nada cambiara. Para Aristóteles las leyes deben durar porque así adquieren prestigio y generan respeto, cosa que no sucede si las cambiamos continuamente. Para hacer buenas y duraderas leyes que produzcan y conserven un orden justo en la ciudad lo más importante es evitar la sedición, es decir, la insurrección, la rebelión contra el orden establecido, la guerra interna. Y la sedición se evita eliminado la causa que la origina, que es la desigualdad. La sedición está provocada por la desigualdad entre los ciudadanos, porque unos son ricos y otros pobres, y porque unos gobiernan y otros no. Entre ciudadanos desiguales surge la envidia de unos y el desprecio de los otros, sentimientos éstos que impiden la concordia y la amistad y plantan la semilla de la guerra civil. Si queremos evitar la sedición evitemos, pues, la desigualdad. La desigualdad está constituida por extremos, y se elimina fomentando en la sociedad la clase media, compuesta por individuos semejantes en poder político y económico que ni se envidian ni se desprecian ni conspiran. La clase media es la transposición del término medio en que consiste la virtud moral a la vida social y ciudadana. Por eso el mejor régimen político es aquel que mezcla oligarquía y democracia, es decir, aquel en que gobierna la clase media propietaria en una sociedad donde la mayoría de los ciudadanos pertenece a esa clase. Los cargos públicos deben ser ocupados eligiendo a los mejores ciudadanos, no por sorteo. Y es necesario pensar las cosas muy bien antes de cambiar las leyes. Este régimen -dice Aristóteles-no es el mejor que podemos imaginar ni el más sublime que podemos concebir en teoría, pero en la práctica es el mejor. Es el mejor porque es el único libre de sedición o guerra interna, y porque entre la mayoría de los ciudadanos, aunque unos sean mejores y otros peores, siempre Habrá mayor bien y justicia que en un hombre solo si es un tirano. Una vez más Aristóteles se muestra como un filósofo mundano y realista que, a diferencia de Platón, no propone utopías ni ideas que no se puedan poner en práctica.

    Potencia y acto

    Potencia es el poder para ejercer una transformación en un objeto o disposición para poder llegar a ser algo. Se divide en activa y pasiva:

    • la potencia activa es la capacidad o poder o facultad para ejercer una transforma­ción sobre algo, o de producir algo; en nuestra forma de hablar se encuentra pre­sente este modo de entender la potencia, como cuando decimos que tenemos un coche muy potente, o que tenemos una amiga con una imaginación muy poderosa. Aristóteles también utiliza esta noción en psicología, por ejemplo definiendo las facultades como las potencias activas del alma;

    • la potencia pasiva es la capacidad o aptitud para llegar a ser otra cosa, para adquirir una determinación o forma; de nuevo, en nuestro lenguaje se encuentran ejemplos de esta forma de entender el concepto, como cuando decimos que el hijo de nuestro vecino tiene futuro como futbolista y en potencia es un buen jugador. En este segundo sentido la potencia se contrapone al acto y así, dice Aristóteles, la semilla en potencia es árbol y en acto semilla, el niño en potencia es hombre y en acto niño.

    Acto es el ser actual, la realidad del ser. Aristóteles establece dos formas de ser atendiendo al tiempo: si nos fijamos en las características, propiedades o determinaciones que una cosa u objeto tiene en el pre­sente, estamos pensando en el ser en acto; ésta es la más importante forma de ser, y, a veces, la define como la realidad del ser. Por el contrario, si nos fijamos en el futuro, en aquello que aún no es pero a lo que apunta un ser en virtud de lo que ya es, estamos pensando en el ser en potencia. El ser en potencia no es una pura nada, un futuro meramente imaginado, es una forma de ser inscrita en el sujeto o cosa del cual decimos que está en potencia precisamente en función de lo que es en acto; así, una semilla en acto es semilla y en potencia árbol, un niño en acto es niño y en potencia hombre; y la semilla en potencia es árbol y no hombre porque en acto es semilla y no niño. Aristóteles defenderá la primacía del acto respecto de la potencia pues:

    • algo es potencia (por ejemplo ser hombre respecto del niño) porque es acto en relación a algún conjunto de propiedades (por ejemplo las que le definen como niño);

    • la potencia es potencia respecto de un futuro acto.

    Substancia o sustancia

    Es el ser independiente del cual se predican los atributos. Del latín substantia, traducción del griego ousía. Etimológicamente, "lo que está debajo", pero tiene un significado complejo pues designa:

    • el sujeto en el que descansan las propiedades: el ser Sócrates, por ejemplo, del cual predicamos ciertas rasgos como el ser ateniense, ser maestro de Platón, ...

    • lo que permanece en el cambio accidental: el ser el mismo

    • individuo, Sócrates, aunque modifique su aspecto a lo largo del tiempo;

    • el ser independiente, lo que tiene su ser no en otro sino en sí: debemos distinguir el nivel de los atributos (ser blanco, pequeño e inteligente, por ejemplo, que son seres puesto que tienen realidad, pero que no pueden darse por sí mismos sino que siempre descansan en otra cosa de la cual decimos que son sus propiedades) y el nivel de la substancia (el que tiene una existencia propia e independiente, como el ser Sócrates o ser una piedra, o un tigre...).

    Hay que distinguir por tanto, según Aristóteles, en la sustancia entre materia y forma (teoría hilemórfica):

    -La materia es el sustrato o material de que está hecha una cosa. Por ejemplo, la materia de la mesa es la madera, la de la estatua el mármol, la del ánfora el barro, la del vestido la tela. La materia es pasiva e indeterminada; es pasiva porque no actúa, y es indeterminada porque no es una cosa concreta.

    -La forma es el contorno de una cosa y las funciones que cumple. Cada cosa es lo que es y se diferencia de las demás debido a su forma. Es la forma lo que determina a cada ser individual, lo que distingue un ser individual concreto de otro ser individual concreto aunque tengan la misma materia. Las ideas-modelos de Platón, causa de las cosas sensibles, se transforman en Aristóteles en la forma de las cosas en este único mundo.

    Substancias primeras

    Las sustancias primeras son los sujetos individuales, sujetos compuestos de materia y forma.

    Sócrates, Platón, esta mesa, aquella silla, mi perro, la planta que decora el salón, Dios ..., son sustancias porque son entidades individuales, entidades dotadas de exis­tencia independiente; y son sustancias primeras porque en ellas descansan las otras determinaciones genéricas que les pueden sobrevenir (como ser hombres, sillas, pe­rros, plantas, ...).

    Substancias segundas

    Son los géneros y las especies. Cuando preguntamos "¿qué es esto?" queremos saber la naturaleza de algo, queremos que se nos aclare qué tipo de sustancia es. Podemos decir que eso por lo que preguntamos es el libro concreto que me acabo de comprar -y respondemos en tal caso indicando una sustancia primera- pero también podemos responder indicando que es un libro, y con ello nos referimos a la sustancia segunda. La noción de "sustancia segunda" se utiliza para designar las naturalezas de las cosas entendidas como especies y géneros. En el caso de Sócrates, Sócrates mismo es una substancia primera y su ser hombre es una substancia segunda.

    Causa

    Es el actor o principio del que depende una cosa. La noción aristotélica de causa es más amplia que la actual; nosotros entendemos por causa sólo lo que Aristóteles llamaba causa eficiente y causa final. Para este filó­sofo causa es todo principio del ser, aquello de lo que de algún modo depende la existencia de un ente; o de otro modo: todo factor al que nos tenemos que referir para explicar un proceso cualquiera.

    Para entender cualquier ente debemos fijamos en cuatro aspectos fundamentales (cuatro causas):

    • la causa material o aquello de lo que esta hecho algo;

    • la causa formal o aquello que un objeto es;

    • la causa eficiente o aquello que ha producido ese algo;

    • la causa final o aquello para lo que existe ese algo, a lo cual tiende o puede llegar a ser.

    Aristóteles pone el ejemplo de una escultura: si se trata de una escultura del dios Zeus hecha de bronce por un escultor con la finalidad de embellecer la ciudad, la causa material es el bronce, la causa formal el ser el dios Zeus, la causa eficiente el escultor, y la causa final el motivo de su existencia: embellecer la ciudad

    Podemos dividir las causas en:

    • intrínsecas como la causa material y la formal, pues estos principios descansan en el propio ente;

    • extrínsecas como la causa eficiente y la final, pues se trata de princi­pios exteriores al ente.

    Sin embargo, en los seres naturales aquello a lo que apuntan o hacia lo que tienden de forma natural es causa final pero en este caso intrínseca (hay que recordar el principio básico de la física aristotélica según el cual todos los seres naturales se caracterizan por poseer una finalidad intrínseca). También se habla de la idea, imagen o boceto que el escultor tiene en mente cuando se realiza la escultura como causa formal; en este caso dicha causa formal es extrínseca.


    CLASIFICACIÓN DE LAS VIRTUDES

    definición de la

    excelencia añadida a algo como perfección; buena disposición

    virtud en general

    para el cumplimiento o realización perfecta de una inclinación

    natural

    tipos

    VIRTUDES ÉTICAS

    VIRTUDES DlANOÉTICAS O

    gene-

    INTELECTUALES

    rales

    perfección de la voluntad; hábito

    selectivo que consiste en un

    perfección del entendimiento o razón en

    término medio (entre el exceso y

    relación al conocimiento de la verdad;

    defini-

    el defecto) relativo a nosotros,

    hábito que faculta para la realización del

    ción

    determinado por la razón y por

    apetito natural del hombre hacia el saber

    aquella por la cual decidiría el

    hombre prudente