Estructura de los teatros romanos

Historia del Arte. Arquitectura urbana. Teatros romanos. Escenario. Decorado. Graderío. Cavea. Orchestra. Pórtico

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ESTRUCTURA DEL TEATRO LATINO

Los teatros romanos heredaron los rasgos fundamentales de los griegos, si bien introdujeron ciertos elementos distintivos. Construidos inicialmente en madera, sólo en el año 52 a.C. Pompeyo, erigió en Roma el primero en piedra. A diferencia de sus modelos helénicos, se levantaban sobre el suelo plano y poseían varias plantas erigidas en mampostería. Con objeto de mejorar la acústica, los arquitectos romanos redujeron la orquestra a un semicírculo, y los espectáculos se presentaban sobre una plataforma, la frons scaenae, levantada delante de la antigua skene que constituye el origen de los modernos escenarios. Roma aportó también con la comedia, ya que éstos tomaron el teatro como una manera de divertirse o entretenerse.

Los teatros urbanos ofrecen a los ciudadanos una zona de reunión y esparcimiento.

Se añaden jardines (peristilos) y fuentes lujosamente decoradas de manera que constituyen, más allá de la propia representación teatral, espacios urbanos de recreo.

Las figuras de emperadores en edificios teatrales son frecuentes y los centros de exaltación o de culto imperial relacionados con estos edificios se repiten, al menos en época julio-claudia y flavia, momento de la construcción de la mayoría de los grandes teatros.

La conquista de las ciudades griegas del sur de Italia, en los siglos IV y III a.C. permitió a los romanos conocer el teatro como género literario y como estructura arquitectónica. Según el testimonio de Tito Livio, en el 364 a.C. tuvieron lugar en Roma las primeras representaciones escénicas, dentro de una serie de actos rituales destinados a combatir una epidemia de peste.

Si en sus orígenes el teatro latino era una celebración cultual, pronto se independizó y quedó exclusivamente como espectáculo de entretenimiento, sufragado por los magistrados que buscaban con ello ganar popularidad. Esto explica la preferencia que los romanos sintieron hacia la comedia y la escasa popularidad de la tragedia. 

El mayor éxito de la comedia podía explicarse también porque el público romano estaba acostumbrado desde antiguo a las danzas escénicas de los etruscos, en las que se mezclaba las chanzas fescenninas con burlas, mimos y cánticos.

Los actores eran siempre varones, que podían representar varios papeles, incluso femeninos, cambiando de indumentaria y de peluca.

El escenario romano disponía de un decorado fijo (frons scaenae), que simulaba una estructura arquitectónica: una especie de edificio con tres puertas, adornado con tres pisos de galerías columnadas, que se acomodaba a la convención de que la acción tenía lugar en plena calle, delante de tres casas.

La parte inferior de su graderío, siguiendo la tradición griega, está excavada y sustentada en la propia pendiente del terreno, sin soportes artificiales. Esta parte de la cávea se subdivide en cinco sectores radiales (cunei) delimitados por escaleras para la circulación y, a nivel horizontal, por un corredor (praecintio) que lo separa de las graderías superiores, sustentadas por un complejo sistema de arcos y bóvedas de cañón.

También constaban de un alto escenario junto a un foso semicircular (orchestra) y un área circundante de asientos dispuestos en gradas (cávea). A diferencia de los teatros griegos, situados en pendientes naturales, los teatros romanos se construyeron sobre una estructura de pilares y bóvedas y de esta manera pudieron ubicarse en el corazón de las ciudades. Los teatros fueron populares en todos los lugares del Imperio.

En la orquestra, los actores ya no actuaban en ella ni tampoco el coro y solía estar destinado a dar asiento a los personajes mas ilustres. El lugar reservado a los espectadores coincidía con el semicírculo de la orquestra y a el se accedía por las escaleras interiores. La escena era más alta. Por detrás se añadía un muro, que servía para impedir que la voz se perdiera y tenía un decorado permanente.

Los romanos añadieron también el telón, que a diferencia de los actuales se bajaba al empezar la representación y se subía cuando acababa. Aunque eran edificios descubiertos, los días de mucho sol se tendía el velum, especie de toldo para proteger a los espectadores. Sin embargo, quizá por su carácter más culto, los teatros no alcanzaron la popularidad y el sentido multitudinario de los circos y anfiteatros.

LA CAVEA

Estaba estructurada al menos en dos pisos, posiblemente tres si se añadió un pórtico in summa gradatione.

En algunos; estos pisos eran galerías corridas de arcos de medio punto que, comparados con otros de edificios similares, tenían una proporción entre anchura del pilar y luz del arco que resultaba más favorable al vano que al macizo. Es muy posible que el arco central estuviera singularizado arquitectónicamente, puede que también decorativamente, al tener mayor luz que los demás y ser el inicio de una entrada fundamental, que ponía en comunicación directa el exterior y el centro de la orchestra.

En otros teatros se bastaban con los tradicionales aditus laterales.

Traspasada la fachada por cualquiera de sus arcos, nos encontraríamos en el interior de una galería anular que sigue la curva de la cavea. Es el origen de todos los caminos que llevan a todas las partes del graderío, y a la orchestra.
Este espacio podía tener por límite interno otra teoría de arcos, que se corresponderían con la de la fachada, y por cuyos vanos se daría acceso a cámaras que en unos casos eran ciegas, en otros contenían escaleras para ascender a la media cavea y otras eran pasillos descendentes que enlazaban con la galería interior (crypta), dispuesta en la zona media del teatro y concéntrica a la exterior.

Si la galería exterior se encuentra a mayor altura que la central, y ésta, a su vez, más elevada que la orchestra, esta disposición condiciona necesariamente las pendientes de los pasos trasversales de comunicación, que son descendentes cuando unen las dos galerías, o llegan directamente a la orchestra, horizontales cuando no tienen la pretensión de comunicar dos espacios diferentes, y ascendentes cuando son escaleras que unen el interior del edificio con las praecinctiones, pasillos entre gradas que diferencian las secciones de la cávea.

Las bóvedas de las cámaras-pasillo solían ser de medio cañón, pero abocinadas y rampantes, en consonancia con su suelo.

La luz era la encargada de definir y articular el espacio interno del teatro, pasando matizada desde el exterior a través del filtro del pórtico hasta las cámaras, y por un número de vías limitadas, hasta la crypta, iluminada también por los pozos de luz en que se transforman los vomitorios. Los aditus juegan un papel trascendental al ser ejes visuales que ponen en comunicación directa los espacios y luces de la orchestra con los del exterior del edificio. Pero sus trazados no permiten ver desde el exterior.

LA ORCHESTRA

A través de los numerosos accesos, los espectadores llegaban a sus asientos desde donde podrían contemplar ante ellos un recinto luminoso, espacialmente acotado. Cualquiera que fuera el lugar al que dirigieran su mirada, encontrarían un espacio semicircular, cerrado por delante por una fachada, que mayoritariamente estaría construida en alabastro y espléndidamente decorada.

Había una praecinctio, o pasillo, que recorría por el exterior la orchestra, comunicando la salida de los tres aditus. Este pasillo discurría entre la primera grada y un pretil (balteus) que impedía el paso hacia el centro, salvo donde desembocaban los aditus. El balteus solía ser ancho y limitaba por el exterior la proedria, que constituía el lugar donde se disponían los asientos de los principales de la ciudad y de los visitantes ilustres.

La zona interna de la orchestra, recibía también los asientos de espectadores honorables cuando no era utilizada para el desarrollo de las representaciones teatrales.

Al fondo de la orchestra se encontraba el muro llamado frons pulpiti, que debería elevarse desde el suelo de aquella. Su parte superior marcaba la altura a la que se encontraba el escenario (pulpitum) y resaltaba el desnivel entre la orchestra y el pulpitum.

A partir del frente del púlpito, la tarima de madera, verdadero escenario, soportaba las idas y venidas de los actores, y los veía salir y entrar por las puertas situadas en el frente escénico (valvae) y en los laterales (versurae). El púlpito era un potente entarimado sustentado por delante en la frons pulpiti, por detrás en la plataforma escénica y en el centro en unos pilares situados en el hyposcaenium (espacio bajo el escenario, o pulpitum). Para descender al interior del hyposcaenium, el entarimado solía presentar trampillas que se utilizaban para llegar a la maquinaria de la tramoya y permitir el funcionamiento de los telones.

EL FRENTE DE LA ESCENA

El podium debía elevarse hasta alcanzar la cota del pulpitum.

Atendiendo a la correspondencia con respecto a la parte superior de la cavea y, en el caso de que ésta hubiera tenido galería superior (porticus in summa gradatione), la escena se hubiera coronado con un tornavoz.

Si tuvo dos o tres órdenes el espectador vería una hermosa fachada palaciega con tres monumentales puertas (valvae), seguramente flanqueadas por edículos con columnas, por las que los actores entrarían o saldrían según lo marcase el guión.

En las alas laterales se abrían las grandes puertas de las versurae, que daban paso a los parascaenia, torres rectangulares que flanqueaban la escena y permitían acceder a sus partes más elevadas. Hacia el exterior de los parascaenia solía haber estancias de representación (aulae y basilicae) alineadas con la prolongación de la línea de la cávea.


EL PORTICO

Sus vanos son adintelados, con mucha luz y sus cubiertas solían ser de madera. En el interior del pórtico, y en disposición central, podía haber una estructura compuesta de un basamento de opus caementicium y alzado de sillería.

LOS EDIFICIOS 

Roma contó muy tarde con edificios teatrales. Anteriormente, la representación se hacía mediante estructuras efímeras de madera; el primer teatro estable fue construido por Pompeyo Magno.

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