Entrevista

Texto periodístico. Preguntas. Respuestas. Diálogo. Técnica periodística

  • Enviado por: Jocani
  • Idioma: catalán
  • País: España España
  • 88 páginas
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ENTREVISTA A JULIÁN LORENTE

(10 de diciembre de 2002)

  • J.C: ¿Sabe una cosa que me interesa mucho?: el primer recuerdo que usted tiene.

  • Julián: El primero que tengo es que a la edad de ocho años, me quitaron del colegio para meterme de pastorcillo.

  • JC: Ah... de pastorcillo, sí, me lo había comentado su nieta.

  • Julián: Sí, con un señor que le daba cada dos o tres meses, pues se mareaba, le daba un mal, y claro, para que él no se quedara solo con el ganao, pues me cogió a mí. A la edad de los ocho años ya me metieron con el ganao, y estuve con él dos años. Luego me salí de allí y me metí con otro señor.

  • JC: ¿También de pastor?.

  • Julián: De pastor, y estuve otros dos años, y luego me metí con otro señor otro año o dos.

  • JC: ¿Y vivía con ellos, con estos señores?.

  • Julián: No, yo iba todo el día con el ganao, con ellos, y a dormir a casa. Por la mañana me levantaba y al trabajo.

  • JC: ¿Y qué tal la vida de pastor?.

  • Julián: ¡Uy, pues ya ves!, pues fíjate: llegaba el invierno y con mucho frío, porque por allí, por aquel sitio que nosotros vivíamos, pues hace mucho frío.

  • JC: ¿Dónde vivía, y dónde nació?.

  • Julián: Nosotros somos de un pueblo de la provincia de Valencia, de Camporobles.

  • JC: ¡Camporobles!.

  • Julián: Camporobles; que hoy he tenido una carta de mi primo y me cuenta que ha nevado mucho por allí, que hace mucho frío y que han estado hasta siete u ocho grados bajo cero.

Y nada... me quitaron de la escuela y ya te digo. Luego, después ya, cuando al transcurso de los cuatro o cinco años, ya me pusieron para trabajar con otros. Porque en mi casa, pues éramos trabajadores, nos defendíamos llegando el sueldo de unos y otros, porque aquel pueblo es un pueblo agrícola, entonces, el que te llamaba, pues ibas a trabajar.

  • JC: Claro, y se hacía lo que se podía, supongo...

  • Julián: Y nada, trabajando para unos y para otros, yo fui a parar con un señor que era maestro de obras, fui trabajando con él muchos años y bueno... pero esto fue cuando yo trabajaba... cuando yo me salí del ganao... iba para trabajar con unos y con otros, ¿no?, y vino la guerra, el día...

  • JC: Espere un momento... ¿y el tema de...?, ¿dejó la escuela para hacer de pastor?.

  • Julián: Sí, teniendo ocho años, mis padres me quitaron de clase y entonces el maestro bajó tres veces a mi casa, hablando con mi padre, que porqué me quitaban. ¡El porqué me quitaban!... porque yo iba muy bien, eh. Era, pues el segundo de la escuela. Y nada, como mis padres eran los que mandaban, pues me quitaron.

  • JC: ¿Y qué recuerda de la escuela?.

  • Julián: ¡Uy!, pues muy bien. Yo recuerdo que cuando no nos sabíamos la lección, pues nos dejaban castigaos.

  • JC: ¿Y cómo les castigaban?.

  • Julián: Nos castigaban, pues... el maestro se iba y se hacía de noche y no venía. Cerraba la puerta y se iba.

  • JC: ¿Y les dejaba allí?.

  • Julián: Y nos quedábamos allí, tres o cuatro alumnos arrinconados en un rincón, poníamos las mesas así para no tener miedo (señala una mesa que hay en la sala) y cuando el hombre aparecía venía y nos soltaba. Pero una vez de ellas, pues, esperando, como no venía, pues... bueno... tú sabes que todos los colegios tienen sus ventanas, y estas ventanas salían a la calle. Abrimos la ventana y nos dejamos caer. Y nos fuimos, y cuando vino el maestro, pues se encontró que no estábamos. (todos reímos). No pero era un hombre muy bueno.

  • JC: ¿Si?, ¿Era una buena persona de todas formas?.

  • Julián: Sí, Don Manuel se llamaba.

  • JC: Que tenían, un profesor para todos ¿no?.

  • Julián: Sí, yo primeramente fui cuando tenía la edad de cuatro, cinco o seis años, íbamos con un maestro, que hablaron nuestros padres con él, para ver si nos podía dar clase allí, en un sitio que había en una habitación como ésta, ¿no?. Íbamos unos cuantos con él. Le llamaban Don Santiago de Saavedra, y con él, pues nos enseñó mucho. Y luego ya, pues pasamos a la escuela Nacional, o sea, a la escuela donde íbamos todos.

  • JC: ¿Escuela Nacional?, que curioso nombre ¿no?.

  • Julián: Sí, la escuela del pueblo, donde allí íbamos todos. Y me acuerdo que hacíamos gimnasia, cosas de niños...

  • JC: ¿Y que otras cosas estudiaban? ¿Se acuerda?.

  • Julián: Estudiábamos... Nos daban Historia Sagrada, nos daban geografía, aritmética, y luego, había libros entonces que se llamaban "urbanidad", muy buenos, muy buenos, y hoy no los hay.

  • JC: ¿Y que daban en urbanidad?. Porque nosotros no los hemos tenido.

  • Julián: Pues "urbanidad" decía, por ejemplo, lo que tenías que hacer cuando ibas en un autobús, si entraba un señor de edad: levantarte y poner tu asiento. Y si ibas por la acera... o sea... que la derecha siempre tenía preferencia. Osea... muchos detalles.

  • JC: A lo mejor haría un poco de falta eso ahora ¿no opina?.

  • Julián: ¡¡Buuuh...!! Sí que haría falta, hombre, ya lo creo... mucho. Que lástima que haya desaparecido eso hoy.

  • JC: Parece que todo el mundo va a la suya ¿no?.

  • Julián: Luego, había otro que eran las fábulas, que... todo eran como versos, ¿no?. Fábulas muy bonitas, y ya digo, luego... pero claro, como yo tuve tan poco tiempo. Porque precisamente, cuando yo cogía... porque me gustaba mucho, eh, me gustaba la clase, me gustaba mucho. Yo venía a mi casa, y me tenían que llamar para comer, porque yo siempre estaba escribiendo, me ponía un libro delante y yo siempre leyendo, o sea, me ponía un libro delante y un cuaderno y siempre dictando. Eso lo hacía yo cuando tenía cinco o seis años. Me gustaba mucho.

  • JC: Y el trabajo de pastorcillo, también tendría sus cosas interesantes.

  • Julián: El trabajo de pastorcillo... pues ya ves, pues que pasaba mucho frío cuando llegaba el invierno. Fíjate si era pequeño, que tenía dos hermanos mayores y tenían que ir ellos en puesto mío, porque yo no podía resistir el frío que hacía. Se me ponían las manos llenas de sabañones, eh.

  • JC: Es que era muy pequeño usted.

  • Julián: Muy pequeño, sí.

  • JC: ¿Y cuantos hermanos tenía?.

  • Julián: Éramos tres hermanos y dos hermanas.

  • JC: ¿Y mayores que usted?.

  • Julián: Sí, mayores que yo.

  • JC: ¡Ah!, ¿Usted era el pequeño?

  • Julián: No, había una hermana que era la más pequeña. De los hermanos, yo era el más pequeño.

  • JC: ¿Y tenía de pequeño algún apodo?, ¿Le llamaban de alguna forma especial?.

  • JC: ¿Era muy popular usted?, ¿Se hacía mucho con la gente?.

  • Julián: Hombre, pues sí...

  • Julián: No el más guapo... yo resulta que... luego ya vino la guerra, se acabó la guerra, se empezó en el 36 y acabó en el 39, y no me veas... aquellos años fueron fatales, eh...

  • JC: De eso tenemos que hablar...

  • Julián: Para no contarlos, eh...

  • JC: Bueno, vamos a dejarlo un poco para después si acaso... ¿Y con sus hermanos? ¿Qué tal se llevaba?.

  • Julián El uno Jacinto y el otro Valentín, que por cierto, mi hermano Valentín pues murió cuando la guerra, porque la guerra le pilló con Franco, estaba haciendo el Servicio militar en África, como entonces teníamos Melilla y todos aquellos puestos, mi hermano Valentín estaba haciendo la mili en Villaencemas, y vino la guerra, y le pilló con Franco. Y estuvimos tres años sin saber nada de él. (se pone a llorar).

  • JC: Bueno, la guerra es algo fuerte... ¿Y de su padre? (intenta cambiar de tema), ¿Qué me dice?, ¿En qué trabajaba?, ¿Era también agricultor?, ¿Era pastor?.

(Paramos un minuto, porque Julián se ha emocionado y no puede hablar).

  • JC: Se defendía una democracia.

  • Julián: Y entonces estuvimos tres años de guerra, y luego, cuando se acabó la guerra el hambre que se pasó, que fueron, el año 40, 41 y hasta el 42, ya del 45 para adelante, ya se pasó ¿no?. Pero el año 41 y 42 fueron muy malos, no había comida por ninguna parte.

  • JC: A usted la guerra le pilló muy jovencito ¿no?, ¿Porque, usted en qué año nació?.

  • Julián: Yo nací en el 21.

  • JC: En el 21. Así que tenía quince años cuando empezó la guerra.

  • Julián: Quince años.

  • JC: Quince añitos.

  • Julián: Joven.

  • JC: Muy joven.

  • Julián: Muy joven, ¿Qué te parece?.

  • JC: No me lo quiero ni imaginar... ¿Y estuvo en el frente usted?.

  • Julián: Sí, estuve tres meses. Sí, porque nos llamaron... yo soy de la quinta del 42, y nos llamaron a los de la quinta del 42, los del primer reemplazo, o sea, los que hacíamos los tres meses primeros ¿no me entiendes?.

  • JC: Sí, entiendo.

  • Julián: Yo nací el 28 de enero, pues todos los que éramos enero, febrero y marzo, allí nos pillaron a todos.

  • JC: ¿Y tan jovencitos les mandaban allí al frente?.

  • Julián: Habíamos que éramos de la misma quinta y nos llevábamos un año. Yo nací a primero de año, y otros cuando finalizaba. Entonces éramos de la misma quinta, pero había quien era un año más viejo que otro.

  • JC: Pero entonces, ¿su padre era agricultor?.

  • Julián: Mi padre era agricultor, sí, pero también iba siempre... pues tú sabes que en los pueblos siempre hay gente que tienen más que otros ¿no?. Gente de ésta, hacendados, que entonces, en vez de agricultores para la agricultura, había mulas y había allí gente que tenía cuatro o cinco mulas y necesitaban gente para salir al campo, para trabajar las tierras de ellos. Y mi padre era uno de los que iban siempre a trabajar, el pobre.

  • JC: ¿Y su madre?, ¿También hacía tareas del campo?.

  • Julián: No, mi madre siempre estuvo en la casa. Siempre en la casa.

  • JC: Pero ella también era de familia de agricultores y eso ¿no?.

  • Julián: bueno, eso ya no lo recuerdo yo, mis abuelos ya no sé a que se dedicaban, si tendrían ganado, si tendrían tierras... sí, más o menos.

  • JC: ¿Y usted y sus hermanos le ayudaban a ella con las cosas de la casa y eso?.

  • Julián: ¿A mi madre? Pues sí hombre. Mi padre por la mañana se iba a trabajar, mis hermanos se iban a trabajar, y entonces se traía el ferrocarril de Valencia a... de Madrid- Valencia, se traía el ferrocarril, se estaba poniendo la línea y del pueblo se iban a trabajar a la vía, ¿no me entiendes?. Y todas las mañanas, pues a lo mejor estaba el tajo allá en 5 ó 6 kms, ó 7 ó 10, y tenían que levantarse por la mañana, antes de que fuese de día, coger su merienda, su manta y a la vía.

  • JC: A ganarse la vida.

  • Julián: ¿Qué te parece?. Y entonces les pagaban un duro. 5 ptas. ¡Ah! Y ya era bien, porque mi padre cobraba 4 ptas. ¿Qué te parece?

  • JC: ¿Al mes?

  • Julián: ¡No hombre!, al día. La jornada 4 ptas. y los de la vía ganaban 5. Como era... no sé... algo más pesado.

  • JC: ¿Y sus hermanas se quedaban en casa?.

  • Julián: Mis hermanas, pues sirviendo. La más vieja pues sirviendo, porque entonces no es como ahora, que es una chica de hogar, entonces era la criada, ¿no me entiendes?. Ahora decimos la chica de hogar, o la empleada de hogar tal. Entonces se llamaba la criada. A servir allí a cuatro que eran menos que tú.

  • JC: ¿y usted nació en Camporobles?.

  • Julián: Provincia de Valencia.

  • JC: ¿Vivieron allí siempre, de pequeño, o se cambiaron después?.

  • Julián: Bueno, yo ya cuando... luego yo ya, cuando me salí del ganao y cuando vino la guerra y tal, pues yo tenía un primo hermano que trabajaba... no, que trabajaba no, que su suegro era el fabricante, dueño de la fábrica de harinas. Y en aquellos años, fábrica de harina, con el hambre que se pasaba de pan...

  • JC: Pues iba muy bien.

  • Julián: Pues tú fíjate.

  • JC: Hombre, supongo que tendrían harina suficiente para hacer pan y eso.

  • Julián: pues entonces mi primo, cuando los hijos de mi primo se fueron a la mili, habló conmigo y me dijo: "¿Tú quieres trabajar en la fábrica?". Y yo le dije: "¡hombre!".

  • JC: ¿Y usted también hizo la mili?, ¿hizo la mili?.

  • Julián: ¡ No hombre!, yo con mi madre.

  • JC: ¿Y eso?.

  • Julián: Como era hijo... o sea... que estaban todos casados y yo estaba solo con ella...

  • JC: ¡Ah!, y usted se encargaba de su madre.

  • Julián: Y me libró por hijo... no me acuerdo ahora como se decía entonces.. o sea, que como yo la mantenía. Me libré por hijo de viuda, o como quieras llamarlo. No me acuerdo bien. Porque mi padre murió, cuando la guerra murió, de ver que mis hermanos estaban en la guerra, pues cogió depresiones y todo aquello... y se murió. Mi hermano mayor en la guerra, el otro menor, el que le seguía al mayor, estaba en las filas de Franco y en tres años no supimos nada de él.

  • JC: ¿Y a ustedes les pilló en Camporobles, la guerra?.

  • Julián: Sí, pues al llamarme a mí, pues fíjate.

  • JC: ¡Ostras!, pues ya lo último. Y Valencia, era republicana, ¿no?.

  • Julián: Sí, Valencia cayó en poder de los republicanos. No... si se perdió la guerra porque mira, porque o hubo orden. En una casa que no hay respeto ni hay orden, pues los padres poco pueden hacer y eso pasa igual con el gobierno. El gobierno de la república, pues no lo respetaron, y al no respetarse, pues Franco se fue rehaciendo, se fue rehaciendo. Porque fíjate que Franco tenía... el gobierno de la república tenía casi todas las capitales de España. Quitando ahí unas cuantas que tenía Franco en África y por ahí cuatro o cinco, lo demás lo tenía todo el gobierno, y perdió la guerra, ¿por qué?, porque no se respetó. Franco se fue rehaciendo, luego Alemania le ayudó mucho, Italia le ayudó mucho, Marruecos, como estaba con Franco, pues todo Marruecos se vino aquí... y la España roja que decían ellos, la España de la República, se tenía que enfrentar con todas aquellas: con Italia, con Alemania, con los marroquíes... y duró tres años, eh. Tres años... o sea, que el primer año de la guerra pues se tomó como... no se... Se daba el caso que se iban al frente, cogían por ejemplo si se tomaban un pueblo, lo saboteaban, cogían un jamón, dos jamones y a casa, lo dejo y me voy. Pero cuando se tomó la guerra en serio fue a los os años, entonces fue cuando ya se tomó en serio.

  • JC: Que entonces ya debió ser cuando venían alemanes, venía gente de fuera...

  • Julián: Si, tú no sabes la de aviones que envió Alemania. Todos los días bombardeando, todos los días, todos los días.

  • JC Y al pueblo, a la vida del pueblo ¿Cómo le afectó la guerra?.

  • Julián: ¿Eh?.

  • JC: ¿Qué cambios notó en la vida del pueblo?, cuando empezó la guerra y eso. ¿Había muchas diferencias: en el trato con las personas o las fiestas...?, ¿Se seguían haciendo fiestas?.

  • Julián: No tanto. No, porque faltaba toda la juventud. si allí nada más estaba la quinta del biberón que era la mía, con 16, 17 años. Yo fui a los dos, tres meses cuando ya estaba acabando fui yo. Fíjate como estaría el ejército rojo para llamarnos a nosotros con la cara que teníamos. Date una idea de cómo estaban.

  • JC: Desesperados.

  • Julián: Y todavía estuve tres meses. Se acaba la guerra. Vamos a Valencia. Vamos a Valencia y nos meten en la plaza de toros y allí nos tienen tres días con res noches sin comer. A los tres días con tres noches por micrófonos nos dicen: "por favor hagan grupos de cien, que van a salir". ¡Coño, pues nosotros más contentos que la puñeta!. Pero ¿Sabes dónde nos metieron?. Tenían un coche de estos de ... ¿cómo se llama?... de estos de transporte.

  • JC: ¿Tipo autobús?.

  • Julián: No, no. Un tren, un tren. Un tren de mercancías. Y nos subieron allí y nos llevaron a un campo de concentración.

  • JC: ¡¿Estuvo en un campo de concentración, usted?!

  • Julián: Sí, sí, sí.

  • Mercedes: ¿Y dónde estaba el campo de concentración?.

  • Julián: En la provincia de Castellón, en un pueblo que le decían Cornejas.

  • JC: ¿Y eso cuando tomaron los nacionales Valencia?.

  • Julián: Claro, eso fue cuando entraron los nacionales a Valencia, nos cogieron a todos los que éramos rojos, que decían ellos que éramos rojos.

  • JC: Y a todos los englobaban ahí, ala...

  • Julián: Y que teníamos rabia y todo (se ríe). Sí, y nada, nos cogieron, nos llevaron allí al campo de concentración, y allí nos tuvieron un mes. Allí sí que pasamos hambre, de veras. No sabíamos ya que hacer. Y claro, y allí estaban esperando el salvoconducto, la buena conducta, la buena conducta de uno. Y me acuerdo que un padre de los que habíamos allí en el campo de concentración, vino al mes, vino con todos los chavales de buena conducta. Mira tú, yo que conducta tendría con la edad esa. Nada, y ya salimos de allí.

  • JC: Menos mal.

  • Julián: Cuando salimos de allí, todos los días nos teníamos que presentar en una comandancia que hicieron allí, en una casa grande que hay en el pueblo, eh, pues hicieron una comandancia y todos los días nos teníamos que presentar.

  • JC: ¿En la comandancia?

  • Julián: Sí, sí. Así estuvimos lo menos un mes o dos, todos los días presentándonos.

  • JC: Para dejar claro que no se habían ido, que seguían allí...

  • Julián: Y entonces, pues una dictadura de estas que no te podías mover, eh, porque ibas por la calle y tenías que ir más callao. Se dio el caso de que íbamos unos amigos y yo, íbamos por allí, dando una vueltecilla por el pueblo, que pasaba pues las costumbres del pueblo ¿no?, dando una vuelta para ver si veías una chavala, lo que pasa (se ríe), y venía la escolta que iba en el tren. Se bajó en la estación del pueblo, cogió la calle abajo para el cuartel y nosotros subíamos y ellos bajaban. Pasamos y no dijimos nada. Ellos pasaron, nosotros pasamos pero nosotros pues con la nuestra, hablando de cosas nuestras. Y a la que pasaron siete u ocho pasos dicen: "oigan,", dice "¿es a nosotros?", dice " a ustedes, a ustedes", dice "vengan para acá". Vamos allí, dice "¿Ustedes no saben saludar?, dice "no es que no sepamos, es que no nos hemos dado cuenta", dice "pues que sea la última vez que cuando pasa la guardia civil..." (se pone a llorar). (hacemos una pausa)

Continúa:

  • Julián: Se dio el caso también de que íbamos un amigo y yo, pues con veintitantos y pico de años, y ... (se vuelve a poner a llorar).

Continúa:

  • Julián: ... Íbamos cantando, y hay una costumbre que cuando viene mayo, la última noche de abril salíamos los mozos a cantar a las mozas ¿no?, y me acuerdo que antes de los mayos, porque allí se dicen los mayos, y antes de los mayos, pues íbamos este amigo mío y yo cantando, los mayos y pasa la pareja.

  • JC: ¿La guardia civil?

  • Julián: Sí. Y dicen: "¿Qué cantan ustedes?". Y mi amigo dice: "los mayos" y dice: "pues a ver si le voy a dar yo a usted los junios”. (se ríen todos).

  • JC: Con recochineo...

  • Julián: ¿Qué te parece?, y nos tuvimos que callar. No te podías juntar, haber un grupo de ocho o diez, no podías, bailes no nos dejaban hacer. Cuando se acabó la guerra...

  • JC: Sí, las fiestas nada.

  • Julián: No había bailes ni nada, porque no. Lo hacían para que no se concentrara la gente, para que no hablaran... para que no hubiera... ¿no me entiendes?.

  • JC: Barullo... claro, claro.

  • Julián: Y hacíamos... hablábamos con el alcalde para ver si nos daba permiso, y el hombre, como comprendía que éramos jóvenes, pues nos dejaba. Pero a lo mejor, con permiso del alcalde y todo, pues iba la guardia civil y te lo quitaba. Si pasó mucho. Y dices tú... cuando esto de mi primo, que me metió en la fábrica, que estuve allí doce años.

  • JC: ¿Y esto a que edad era?, ¿a qué edad se metió usted en la fábrica?.

  • Julián: Yo tendría entonces 23 años por ahí.

  • JC: En la postguerra.

  • Julián: Esto fue cuando se acabó la guerra ¿no?, yo tendría 22, 23 años, y allí ya, pues ya vi el mundo entero, porque hasta que me metí allí en la fábrica...

  • JC: ¿Y ahí estaba cuidando de su madre aún?

  • Julián: No, por ahí ya, pues te daban la harina que necesitabas. Ahora, que yo también me comportaba ¿no?. Porque mi comportamiento fue... porque me acuerdo que, la primera noche que yo me quedé trabajando para la fábrica, porque molíamos día y noche ¿no?, un turno por el día y otro turno por la noche, me acuerdo que la noche que entré yo allí, porque yo estaba en el peso, eh, no estaba descargando sacos ni nada, yo estaba en el peso. Toda la harina que salía de la fábrica, toda pesada por mí. Y estuve doce años. Y la noche que me quedé, subió el hijo mayor del dueño y me dijo: dice "Julián,- dice- tú vas a estar aquí mucho tiempo, eh, si provienes- dice- pero aquí hay que barrer siempre para dentro", ¿qué te parece?.

  • JC: ¡Hombre, con el hambre que se debía de pasar, no me extraña!.

  • Julián: "Que hay que barrer para dentro", que mirara siempre para la casa. Siempre para la casa, que ya se robaba bastante ya. Pues no te digo que...

  • JC: Y después de vivir todo eso, ¿Qué consejo me daría a mí en la vida, por ejemplo?. A nosotros, a los jóvenes de ahora.

  • Julián: ¿Un consejo?.

  • JC: Sí, porque parece que ha sido usted un luchador ¿no?.

  • Julián: Pues mi consejo es que hay que trabajar, porque sin trabajar no viene nada. Ahora, si eres hijo de un hacendado que tiene pasta, pues te levantas para gastar, pero el que se tiene que levantar para ganarlo, hay que ganarlo, y como cuesta tanto, hay que, hay que saber ganarlo y gastarlo. No gastarlo tontamente. Cuesta mucho ganarlo, eh, que yo estuve en Suiza...

  • JC: ¿Sí?.

  • Julián: Sí, cinco años, cinco trabajando allí.

  • JC: ¿Y eso?, ¿en qué estuvo trabajando allí?.

  • Julián: En la construcción.

  • JC: ¿Después de lo de la fábrica de harina?.

  • Julián: Sí, después, después. Después de la fábrica, pues, hicimos un teatro para mi primo aquel, que yo me salí de la fábrica. Hicimos el teatro, al año, estábamos haciendo unas casas para el pueblo, de estas casas que el gobierno ayuda ¿no?.

  • JC: Sí, sí, de protección civil o...

  • Julián: Sí, sí. Y ya vino un señor y dijo: "vamos a ver. ¿Quién es el que se quiere venir para Suiza?". Y nos juntamos allí cinco o seis. ¿cinco o seis?, siete u ocho. Dice: "¿nos vamos?", con que por la noche nos juntamos, nos juntamos y nos fuimos. Se fue el hombre, nos trajo los avales, porque allí en Suiza, si no llevas el contrato de trabajo, allí no entras.

  • JC: ¿Y eso en qué año debió ser?.

  • Julián: Eso en el 64.

  • JC: ¡Ah ya!.

  • Mercedes: ¿Ya estaba casado?.

  • JC: ¡Ah! ¿y su mujer?... eso... ¿cuándo conoció a su mujer?.

  • Julián: Pues después de la guerra.

  • JC: ¡ ¿Y cómo conoció, a su mujer?.

  • Julián: Pues si quieres que te diga la verdad, (se sonríe con cara de pillo y todos nos reímos), con la chavala que menos me pensaba yo, me casé.

  • Julián: Era flamenca. Con las flamencotas que hay por el pueblo... yo nunca me arrimé... no sé... yo siempre he tenido un punto de vista que... yo nunca he ido... no es por alabarme ni nada, pero he sido así siempre. Tengo gusto para todo. (Todos nos reímos).

  • JC.Qué se le va a hacer?.

  • Julián: Sí, tengo una de ésta... que no hay quien me la quite. Ya me lo han dicho unos cuantos: "usted tiene una virtud que es una virtud que no la tenemos todos". Y es verdad. (todos reímos.

  • Julián: Pues mi mujer y yo, nunca me avine con ella, ni era yo amigo de ella ni nada. Yo tenía amistad con mis amigas y todo. pero mira...

  • JC: ¿Y su mujer también era de familia de campesino, y así, de trabajadores?, ¿no?.

  • Julián: ¡Mi mujer tienen una historia también...!. porque dio la casualidad que cuando la guerra, los padres de mi mujer, mis suegros, tenían un sitio público ¿no?. Vendían pescado fresco, vendían verduras... vendían cacharros de éstos, orzas, hoyas, que tenían un negocio vamos. Frutas, manzanas, naranjas, plátanos, pescado... de todo. tenían un negocio.

  • JC: ¿Eso antes de la guerra, o... ?

  • Julián: Antes de la guerra. Sí, antes de la guerra, y cuando vino la guerra, cuando vino la guerra, se lo quitaron todo. lo dejaron en la miseria.

  • JC: Bueno, y entonces ya se conocieron ustedes.

  • Julián: Y luego ya, después de la guerra, pues eso... pues...

  • JC: ¿Ella era de allí de Valencia?.

  • Julián: No, no. Del pueblo, del pueblo. Su padre era valenciano, y no me quería. Y a mí, no es que me despreciara, lo que pasa es que dice que no quería que se casara con ninguno de pueblo, porque casándose con uno de pueblo dice: "¿Qué va a ser de ti?, casándote con uno de pueblo?.

  • JC: Pues mira, no le han ido mal las cosas.

  • Julián: Pero es lo que pasa ¿no?. Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos. Y aquel hombre, tú te puedes dar una idea, aquel hombre estaba así (hace un gesto como si aquel hombre estuviese muy gordo y fuerte), (nos reímos), que daba un puñetazo y saltaban los platos. Un tío "pregao", parece que lo estoy viendo con un pañuelo negro aquí en el cuello, con un sombrero, con su blusa que llevaba... que era valenciano, pero valenciano de verdad, eh, y mira, y a mi no me quería. No es que no me quería, que era lo que me decía ella: "No es que yo lo desprecie, es un muchacho trabajador, pero... ¿y qué porvenir tienes tú aquí casándote con uno del pueblo?".

  • JC: ¿Y su suegro que prefería, que se casara con uno de ciudad o eso?.

  • Julián: Claro, justamente, calla, calla. Y su padre quería casarla con uno de Valencia.

  • JC: ¿Alguien ya concreto?.

  • Julián: Con uno de la capital.

  • JC: ¿Y qué hacía ese de la capital para que fuera tan preferido?.

  • Julián: Pues mira, porque casándose con uno de la capital, pues se figuraban que iban a tener otros medios de vida, otra cosa, y con un pueblerino, pues nada más que la agricultura y tal. Na, y ella salía conmigo, porque ella me quería como... cómo te voy a decir... (risas). Ella estaba loquita.....

  • Julián:Me quería mucho. Pero dio la casualidad de que viene un muchacho de Valencia.

  • JC ¡Ostras!.

  • Julián: Tú fíjate. Viene un muchacho de Valencia y se lo presenta su padre a mi mujer, siendo yo novio. Claro, ella le tenía un miedo a su padre... le temblaba, eh. Se lo presentó y nada, se hicieron novios.

  • JC: ¿Y usted tuvo que dejarla?

  • Julián: Calla, calla. Y otro día, pues había allí un sitio para ir a comer que le llamaban "La fuente del molón". Es un cerro grande...

  • JC: El Molón ?

  • Julián: Que hay una fuente, y la gente pues de recreo coges unas cestitas y te vas a comer al Molón. Y aquella tarde pues se fueron mi mujer, que ya era novia de él, con su padre, al Molón con unas amigas, pero yo no lo sabía. Y unos amigos míos cuando nos juntamos por la noche después de trabajar... pues nos juntábamos y yo llegué y dice: "¿ Pues sabes que la Isabel se ha ido con uno de Valencia?". Digo... con uno de Valencia de qué. Dice "no sé", dice, pero... y ya me enteré yo.

  • JC: ¿Y cuanto tiempo estuvieron ellos de novios, el de Valencia y su mujer?.

  • Julián: Ella, bueno... pues él se fue y se ve que sin saberlo yo pues se escribían ¿sabes?, y llegó otra vez que subió. Y yo estaba trabajando, que estabamos haciendo una bodega ¿sabes?, allí muy cerca de la estación, y me dicen... dice: "mañana se va ese muchacho que va con tu mujer, que va con tu novia, que va con la Isabel. Y yo estaba trabajando y mi vista era toda para ver si los veía venir. Y justamente, cuando ya faltaba poco para que el tren viniera, que venía de Cuenca, que pasaba por allí por el pueblo para Valencia, pues los veo venir a ella y a él. Y yo... pues aquí se va a armar...

  • Todos: ¡La de San Quintín! (y reímos).

  • Julián: La Marimorena. Y nada, pues llegamos allí para la estación, y ya estaban allí, ella con él y el tren venía ya, eh, venía ya para coger a los viajeros que había en la estación, para bajar para Valencia. Y me arrimo a ellos y digo: "Buenas tardes". Digo "¿Usted es el novio de Isabel?", dice: "Sí", digo: "Yo es que también lo soy" (todos reímos). Sí, pero como te lo digo, no es que te meto mentiras no...

  • JC: ¿Y qué le respondió?.

  • Julián:" Pues nada", digo: "y para evitarnos aquí jaleos, ahora que estamos los dos aquí que diga si se va contigo o se viene conmigo. Que se va contigo, pues tan amigos. Que se viene conmigo, pues tan amigos. Pero ya no subas más, eh. Y ella no sabía qué hacer. Ella me quería...

  • JC: Pero tenía la presión de su padre.

  • Julián: Pero tenía la presión de su padre. Porque si aquella tarde me dice que "me voy con él", o sea, que se viene conmigo, aquella noche su padre pues no sé. Y le dio al otro.

  • JC: ¡Ostras!, pues va para largo la historia parece.

  • Julián: No para largo, que pronto se cortó. Digo "Pues nada hombre". Dice el muchacho: "Es usted un caballero", dice, me dio sus señas, dice: "si alguna vez viene usted a Valencia, calle, número y tal, aquí la tiene usted", dice: "así se hacen los hombres". Y nada, nos echamos la mano y aquí no ha pasado nada. Él se fue, pero a la noche, mi mujer, que era mi novia, buscándome por todo. yo estuve con ella, dos meses sin hablarle, y se quedó así.

  • JC: Lo debió pasar mal ella también, eh.

  • Julián: Mal, mal, mal. Y tenía una amiga que le llamaban Dolores, que siempre me estaba mandando una cartita, pero yo necio, necio: "tú me has hecho esto...". pero ella no tenía culpa la pobre. Pues estuve dos meses así, y a los dos meses pues nada. Pero mi suegro, como cuando vino la guerra se lo quitaron todo y lo dejaron en la ruina, pues se enfermó. También cogió depresión, y lo que pasa ¿no?. Y mi suegro murió. Pero si mi suegro vive yo no me caso con mi mujer. Eso está claro.

  • JC: Bueno, ¡mira que tener que morir el suegro!.

  • Mercedes: ¡Lo que son los suegros!.

  • Julián: ¡Y las suegras, y los cuñaos y todos, porque todos estaban en contra de mí!.

  • JC: ¿Y su suegra también, erre que erre, no quería?.

  • Julián: Tampoco me quería.

  • JC: Pero bueno, murió el suegro y ya la fuerza mayor, la presión mayor...

  • Julián: No... ya murió el suegro y ya mi cuñao diciendo, "pero bueno, pero después de todo, pero el muchacho pues es trabajador y ya no le tienen que decir nadie nada ¿por qué no?". Y ya, ya entré en la casa.

  • JC: Y al final cedió ¿no?

  • Julián: Y hasta ahora.

  • JC: Pues menos mal ¿no?, ¿y a qué edad fue que se casaron ustedes?.

  • Julián: No, yo me casé, tendría por lo menos veintiocho o veintinueve años.

  • JC: ¡Uy!, ya eran mayores ya.

  • Julián: Sí, ya éramos mayores. Hombre, ya era mayor, porque como resulta que mi madre estaba conmigo. Mis hermanos, el uno murió, el otro estaba casao y tal, pues el único que le daba... pues era yo. Y claro, yo aguanté todo lo que pude, porque mi madre no se viera con unos y con otros por ahí. Y me casó con veintiocho años por ahí.

  • JC: ¿Y entonces cuando se fueron a... cuando se fue usted a Suiza?, ¿más tarde?.

  • Julián: Sí, eso fue. Que cuando salí de la fábrica, pues... al poco tiempo.

  • JC: ¿Qué edad me ha dicho que debía tener usted?.

  • Julián: El teatro lo hicimos en año 60, después se acabó, yo trabajé en las casas que hicieron ellos protegidas por el Estado. Trabajé allí un año o así, y allí ya me fui a Suiza. Yo me fui a Suiza el 64, o sea, la Noche Buena del 63, la Noche Buena del 63 la pasé en Suiza. Que tengo fotos por ahí.

  • Mercedes: ¿ y tiene foto de esa época?

  • JC: ¡Ah, sí!, luego nos puede enseñar algunas fotos, que nos interesa mucho.

  • Julián: ¡Ah...! ¿Para qué?.

  • Julián: ...Y nada, ¿pero ves?, lo que decías tú, qué consejo te puedo dar: allí yo trabajaba en la construcción, y había muchos allí, pero la mayoría eran de la provincia de Málaga, andaluces. Y yo me preguntaba muchas veces: "¿Pero para qué saldrá esta gente de su casa?". Lo mismo que lo ganaban lo gastaban.

Teníamos una cantina y allí era donde dormíamos. Y allí arriba estaban las habitaciones. Cenábamos , estábamos un rato con algún amigo y tiraba hacia arriba, pero había quien se quedaba jugando a las cartas y particularmente el día que se cobraba - que allí se pagaba por quincenas-

  • JC: Y hacían una fiesta.

  • Julián: Pues fíjate... La que liaban allí... lo que liaban allí, de vino, de cerveza, de esto, de lo otro. Y había veces en los que se iban y se dejaban las mesas con botellas enteras de vino y cerveza, y el cantinero, que era italiano, cuando se iban...

  • JC: ¿Sí?

  • Julián: ...las recogía.

  • JC: Y las volvía a poner.

  • Julián: Y luego, al rato , a las dos horas volvían otra vez: “¡Giacomo!”, que le decían, que era italiano: “¡Giacomo, pon cervezas y vino!”

  • JC: Y le ponían lo mismo.

  • Julián: Y lo mismo que habían dejado, pues se lo volvía a cobrar y se lo pagaban por dos veces (ríe).

¡Ellos disfrutaban con sus cantares y sus palmas...!

  • JC: ¡Pues todos contentos!

  • Julián: ¿Pues que pasaba luego?: que venía la Navidad, así como ahora, venía la Navidad y ¡qué es lo que traían?

  • JC: Nada.

  • Julián: Cuatro chavos.

  • JC: Ya.

  • Julián: Nada. Yo me traía diez mil francos. Hasta que no los ahorraba, no paraba.

  • JC: Claro.

  • Julián: ¡Y no pasaba hambre, eh!, ¡por favor!. Si me apetecía una cerveza me la tomaba, y si no me apetecía, pues no me la tomaba, pero yo ahorraba diez mil francos. Si no tenía diez mil francos no paraba, pero eso no has de hacerlo cuando ya te vas a venir, porque cuando nos falta un mes para venirte, ¡no, no!, hay que hacerlo cuando llegas.

  • JC: Claro.

  • Julián: Desde el primer día hasta el que te vienes.

  • JC: Ajá.

  • Julián: Decir: “bueno, pues a mi familia le mando tanto al mes: pues se lo mandaba”. Entonces, por aquellos años sesenta, diez o quince mil pesetas, pues era dinero. Y yo se lo mandaba, y desde allí me compré una casa allí en el pueblo, de aquellas que estábamos haciendo.

  • JC: ¿De protección civil?

  • Julián: De protección civil. Me compré la casa y cuando me vine aquí la vendí. Vendí la casa y compramos un piso aquí, en Eusebio Estada.

  • JC: O sea, su mujer, en el tiempo que usted estaba en Suiza, estaba aquí, en España, ¿no?

  • Julián: Yo me fui solo

  • JC: Claro.

  • Julián: Y ellos se quedaron aquí.

  • JC: ¿Qué tiene, dos hijos ?

  • Julián: Sí, dos.

  • JC: Hábleme un poco de ellos , de sus hijos.

  • Julián: Pues ya ves... el padre de Ruth trabajando toda la vida y el otro... trabajando.

  • JC: Bien.

  • Julián: Como toca.

  • JC: Como toca, sí... ¿Y cuál es el mayor?

  • Julián: (No responde)

  • JC: Entonces... usted estuvo en Suiza. Estuvo trabajando allí, volvió y

¡se vinieron para aquí, para Mallorca?

  • Julián: Bueno, cuando yo ya pagué el piso, entonces me vine para acá. Y cuando me vine para acá, un señor que vivía, que ya se ha muerto, me dijo: “Lorente, te voy a colocar en hotel donde yo trabajo”. Dije: “Bueno, pues algo habrá que hacer”. Y nada, me metí allí, en Portopí. Allí estuve con un funicular que llegaba de aquí, de la calle de abajo... por arriba del todo. No se si sabéis vosotros.

  • JC: No, no lo sabemos.

  • Julián: El hotel Majorica, ¡no sabeis dónde está?

  • JC: Sí... creo que sí... Más o menos.

  • Julián: En Portopí.

  • JC: Ah sí, exacto...

  • Julián: Pues hay una calle que pasa para abajo, y otra para arriba, y había unas escaleras que tenían lo menos cuarenta o cincuenta escalones, y claro, y para que el cliente no se cansara, había un funicular desde la entrada del hotel hasta abajo del todo, con unos cables, igual que un ascensor... igual.

  • JC: ¿Y eso en que año era?

  • Julián: Sí... era.... yo me vine... en el año sesenta y nueve. Había muchos turistas. Yo me sacaba entonces más de lo que me daban de propinas que de lo que me pagaban. Ya te digo, yo tengo una manera de ser que con todo el mundo me hago. A mi me dijo uno de allí que se llamaba Jaime, dice: “Julián, si te haces con los clientes, sacarás más de propinas que de lo que te van a dar”.

  • JC: Y fue cierto.

  • Julián: Y fue cierto. Yo me traía todas las noches trescientas o cuatrocientas pesetas de propina, que en los años sesenta, que hoy no tiene importancia, pero entonces sí. Luego, después, cojo el diario y veo que pedían gente... peones en casa Frau.

  • JC: ¿Dónde?

  • Julián: En casa Frau. Donde estaba Buades... en Eusebio Estada... Pues enfrente estaba Frau. Tenía una tienda, toda de cristales, todo. De maquinaria, cafeteras, máquinas de hacer hielo, aire acondicionado, todo, todo, todo.

  • JC: Y se puso a trabajar allí.

  • Julián: Bueno, pues yo leo aquello que se necesitan allí trabajadores, pues me presento.

  • JC: ¿Y ustedes tenían piso ya en Eusebio Estada?

  • Julián: Yo ya vivía aquí ya... sí.

  • JC: ¡Ah, hombre, entonces le debía ir muy bien!

  • Julián: Y al lado de casa... Estábamos al lado. Y me presento al jefe de personal, un tal Antonio Julià, y nada...: “He leído en el diario que... que se necesitaban aquí trabajadores, y he venido para saber si hay alguna plaza para mí”.

  • JC: Ajá.

  • Julián: “Hombre” -dijo-, “en este momento no, porque ya está ocupada, pero yo le prometo que en el momento que haya una plaza desocupada yo le llamo”. Se quedó con mi dirección. Digo...”¡Usted que va a decir...!”.

  • JC: No hay nada que hacer.

  • Julián: Pues ya cuando no me acordaba, debió pasar tres o cuatro meses, voy y miro en el buzón y veo una carta de Frau y, hombre , la abro y la leo, y me decía que había una plaza libre, que me presentara. Total, que me presenté allí, y el jefe de personal me dijo: “Bueno, aquí tiene usted una plaza”. Y yo le dije qué trabajo es el que tengo que hacer y me dice: “De responsabilidad”. Y yo le dije que me gustan las cosas serias.

Habíamos tres vigilantes, y se murió uno, y me metí allí. Fíjate. Mi trabajo, que los dos que había antes que yo, pues eran más antiguos, llevaban más años que yo, y a mi me pusieron más, o sea, de antigüedad, ellos la cobraban más que yo .La antigüedad yo no se la podía quitar a ellos, pero luego, después, con el trabajo, a fuerza del tiempo...

  • JC: A fuerza de demostrar...

  • Julián: Se fue viendo el trabajo, el trabajo, el trabajo, y entonces me pusieron igual que los demás.

  • JC: Bueno, parece que ya eran tiempos mejores...

  • Julián: Te voy a contar una cosa para que veas quién era yo.

  • JC: A ver... cuénteme.

  • Julián: Un día era Domingo, y tenía servicio por la tarde. Yo tenía mi puerta cerrada y estaba leyendo en el cuartito que teníamos nosotros.

  • JC: Sí.

  • Julián: Estaba leyendo el diario y me toca el timbre -porque allí había un timbre-, cuando la puerta estaba cerrada. Había un timbre que tocabas.

  • JC: Y usted abría.

  • Julián: Tocan. Abro la puerta y entra un señor que se llamaba Morales -siempre me acuerdo. Tengo una grabadora. ¡Es verdad!. Y pasa este señor tirao palante... chulo, pasa y apenas me saludó. Pasó y le digo: “¡Oiga!, ¡puedo saber dónde va usted?”, y dice: “¡Qué dónde voy ?, pues a trabajar”, y le dije: “¿Lleva usted permiso para trabajar esta tarde?”, y dice: “¡ Desde cuando es esto?”. Digo: “Desde que estoy yo”.

  • JC: Bueno, hacer las cosas rectas, como toca.

  • Julián: Digo: “Si no lleva usted permiso de la empresa no entra. Otra vez que venga traiga usted permiso de la empresa y ya verá como no me meto con usted”. “Es usted el que se mete conmigo, que yo estoy aquí haciendo mi trabajo”. Y dice: “Pues esta mañana, cuando venga... un tal Sastre -que era el gerente - Cuando venga Sastre , yo hablaré con él”. Y digo: “Hable usted con él, ¡no se preocupe!, que yo voy a estar mañana por la mañana”. Como nos turnábamos cada semana uno, a mí me tocaba estar por la mañana. Cuando ya viene toda la empresa, ya se colocan todos, tal. Al rato suena el teléfono y era el señor Sastre, y dice: “¿Lorente?”. Digo: “¡sí?” .”¿Qué pasó allí con el señor Morales?”. Digo: “Nada, pasó esto, esto y esto”, y dice: “Muy bien, así tenían que ser todos”.

  • JC: ¡Menos mal que respondió así...!

  • Julián: Cuando pasaba por allí no me miraba.

  • JC: ¡No me extraña!

  • Julián: Tenía que pasar por la rampa, por que tenía una exposición arriba, y abajo sótano, y allí había carpinteros, había herreros de cafeteras de todo... ¡que éramos seiscientos allí trabajando!

  • JC: Y digo yo, porque veo que usted ha estado haciendo trabajos: en el campo de pastorcillo...

  • Julián: De todo... mi primer trabajo de pastorcillo.

  • JC: Sí.

  • Julián: Luego, después, en la construcción.

  • JC: Ajá.

  • Julián: Luego, después, en la fábrica de harina. Luego, después de la fábrica de harina me fui a Suiza, y estuve cinco años en Suiza. Me vine de Suiza y me metí en el hotel Majorica, y del hotel Majorica me metí en casa Frau, y allí ya hizo quiebra... Me faltaban dos años para la jubilación y tuvimos que salir todos.

  • Mercedes: ¿Y en Suiza en que estuvo trabajando?

  • JC: En la construcción también, ¿no?

  • Julián: En la construcción.

  • JC: ¿Y allí, hablaban otro idioma?, ¿hablaban inglés?

  • Julián: Allí había de todo. ¡Se daban unos pistos...! Allí había de todo. Árabes, franceses, italianos, alemanes, ¡yo que se!, pero yo vi a un muchacho que se llamaba, o que se llama -que todavía no habrá muerto aún-, un tal Francisco Arias. Aquel era muy listo. Yo no he dado con persona más lista como aquel.

  • JC: Se entendía con todo el mundo.

  • Julián: Y dijo: “¡No te preocupes!, que conmigo no tendrás problemas, hablaba el alemán, el francés, el árabe, hablaba todos los idiomas.

  • Mercedes: ¿Y usted aprendió idiomas allí?

  • Julián: No... nunca me lo propuse. ¡No ves que allí habían tantos españoles...!

  • JC: Ajá, era como un mundillo aparte.

  • JC: ¿Y después de todo esto, usted que prefiere: la vida del pueblo o la vida en la ciudad? .Ya veo que usted ha estado en Camporobles, después se ha ido a Suiza... estaría en una ciudad a lo mejor...

  • Julián: Hombre... pues la vida del pueblo es muy diferente, porque allí la gente... entonces, por aquel entonces, no es como ahora que ya la juventud ya es toda igual, la del pueblo que la de la capital, y a las televisiones, ya se ve todo...

  • JC: Ya.

  • Julián: Y las mismas modas hay aquí que adonde vayas. Pero antiguamente, cuando era mozo, pues nos divertíamos a nuestra manera, y lo pasábamos bien. Íbamos a la casa de los amigos, sacaba la bota de vino, hacíamos cuatro tragos de vino, cuatro tonterías, y al baile...

  • JC: Claro.

  • Julian: Y nada, cuando nos parecía nos juntábamos todos y hacíamos una comida .

  • JC: ¿Y en los bailes se conocían chicas también, no?

  • Julián: ¡Claro, nuestras amigas!, siempre se pasaba bien hombre...

  • Mercedes: Los bailes también se hacían en las casas de los amigos ,¿no?

  • Julián: ¡Qué?

  • Mercedes: Los bailes, ¿se hacían en las plazas o en las casas de los amigos?

  • Julián: ¿Los bailes?

  • Mercedes: Sí.

  • Julián: ¡En los salones que había allí, hombre!.

  • Mercedes: Yo lo se por mi abuela, que me contó que se hacían en las casas de los amigos.

  • Julián: Sí...sí, eso también se lo oía yo a mi madre, que antes se juntaban ahí con una guitarra, con cuatro cacaos y cuatro higos y cuatro cosas y la tarde con las vihuelas cantando.

  • Mercedes: Mi abuela es que tiene noventa años.

  • Julián: Sí claro, claro. Y no te miente, no. Porque mi madre era más joven, y ya me lo contaba. Y entonces vestir, pues hasta los talones, con aquellas faldas bajas... ¡madre mía!

  • Mercedes: ¡Julián!, ¿y usted, después de haber trabajado en tantos sitios, si ahora le preguntaran cuál es su profesión, cuál diría que es?

  • Julián: ¿Mi profesión ?... (piensa un poco), pues albañil.

  • JC: ¡Albañil?, ¿y eso porqué.?, ¿porqué se decidiría a decir que es albañil?

  • Julián: Claro... que si a mi me dijeran dónde quiere usted, pues en una fábrica de harina. Como estaba allí...

  • JC: Claro.

  • Julián: ¿Sabes tú lo bien mirado que estaba yo allí?, porque en aquellos años no toda la gente comía pan. El pan, te ponías a comer y no te acordarías de él, no es como ahora que no comes pan porque no quieres. Yo ahora no como pan, porque no quiero, pero entonces no comías porque no había. Y pasar un día sin comer, dos días sin comer, tres y cuatro días sin comer... pero porque no había. ¿Tú sabes lo que una madre sufre?, ¡me cago en diez!

  • JC: Hombre, al ver que no puede dar de comer a sus hijos...

  • Julián: Cuando se acabó la guerra, pues allí se pasaba mal, porque ibas a ganar un jornal, cuando te lo daban... y te pagaban un duro, y te daban para poder trabajar para ellos, te daban un kilo de pan, pero ese kilo de ese pan tenías que dejar para la familia, no te ibas a comer todo tú solo. Y tú te ibas con tu medio kilo, y ellos se quedaban medio, para comer ellos.

  • JC: Ajá.

  • Mercedes: Mi abuela me contaba que hacían tortas de centeno y...

  • Julián: Tortas envueltas, sí. Mi madre ha hecho muchas de aquellas. Entonces, en vez de ahora que se compra el pan al día; vas al supermercado y enseguida te lo dan, entonces no... entonces las mujeres de entonces, de tu abuela y mi madre cogían siete u ocho kilos de harina y la amasaban, le pasaban un rodillo hasta que la masa estaba hecha, ¿no?, le echaban una poca de levadura y luego se hacía una masa, iban al horno, la cortaban, hacían sus panes, ¡y aquello era pan!, ¡pan, lo que se dice pan!, porque solamente la olor que te echaba el pan ya te abrían las ganas de comer. ¿Y por qué entonces, una familia, la madre amasaba ocho o diez panes y tenía para toda la semana?. ¡Y no se ponía duro, eh! El último pan se ponía un poco... pero se podía comer bien, y ahora... te traes una barrita y... y mañana ya no vale.

  • JC Ya.

  • Julián: Fíjate la naturalidad de un pan a otro.

  • JC: ¿Y por qué será eso?

  • Julián: Porque entonces se comía pan puro de harina de trigo.

  • JC: A lo mejor lo hacen a posta hoy, para que al día siguiente tengas que comprar otro pan.

  • Julián: Hoy tú no sabes lo que comes. Hoy no sabemos lo que comemos. Yo sí, porque yo estaba allí, en la fábrica, y yo siempre me echaba de la harina buena. Porque había veces que me decía el dueño: “Mira Julián, limpia los empaques” -los empaques eran unos depósitos donde la turbina, desde la fábrica, dando vueltas, traía la harina a los depósitos-. Dice: “llevamos a hacer harina de trigo argentino”, entonces que nos mandaban trigo argentino, que era super, y era muy bueno, y aquella harina era pues para el médico, para la guardia civil, para el boticario, para todos los allegados del pueblo... para el cura y para el sacristán. ¿Sabes lo que te quiero decir?. Y yo siempre comía pan bueno. ¿Tú crees que yo, moliendo harina, iba a comer pan malo?, ¡no faltaba más!.

  • JC: Parece que la vida en el pueblo, en cierto modo no era tan mala, ¿no?

  • Julián: No... no, yo te lo digo. A mi, francamente, la vida del pueblo me gusta. Es muy saneada. Los mozos, claro, no hablan como aquí en la capital, que son más finos. Viven a su aire, a su manera, y se divierten a su manera. Allí cambia mucho, y las mozas allí... allí las ves más naturales, más colorás que las flores que hay allí.

  • JC: Y supongo que así se sabía lo que valían las cosas. Por ejemplo: lo que decía del pan, ¿no?, un pan que se hacía uno, que se trabajaba.

  • Julián: Entonces sabías que comías pan. Ibas por un kilo de carne, sabías que comías carne, y todo porque era natural, porque yo fui a Torcillo, como ya te repito, y entonces yo me recuerdo que iban, los compraban, los corderos, y se llevaban los corderos del mismo ganado. Allí los pesábamos y los metían en uno de esos coches de rejas, pero corderos que se crían en el campo, nada de granja y todo eso, todo era natural, entonces te comías una chuleta y sabía a sabor de cordero, igual que todo. Matabas un cerdo allí en el pueblo, que en mi casa, como en todas, se mataba, para ahora, por estas fechas. ¡Me cago en diez!: Y los amigos, pues fíjate, cuando se mata: yo te invito a ti, cuando tú matas: yo te invito a ti, y así todo.

  • JC: Y además así se hace más amistad.

  • Julián: Y nos juntábamos allí los amigos de los hermanos, y allí se comía hasta morirse, y se bebía. La vida en la capital cambia mucho. Además, ahora cada uno en su casa, no es igual que allí que nos conocemos todo el pueblo. Cuando el verano llega, sales a la calle, pones tu silla, la bota en la mano, y dos tragos de vino, esa amistad que hay en los pueblos... cambia mucho.

  • Julián: Pero las peores cosas que pasé fue en la guerra.

  • JC: Claro.

  • Julián: Eso es inolvidable. Pasan los días sin comer, y sin esperanza. Te acostabas, porque no tenías qué hacer, y así se hacía día a día, pensabas: ¿dónde voy?, ¡y a lo mejor nevaba!, eso sí que es un drama.

  • JC: Y dicen que eso es lo último que se pierde, la esperanza.

  • Julián: Sí, nunca se pierde, pero a veces... se pasa, se pasa... Yo, por desgracia o por fortuna ya sé lo que es malo, lo que es bueno, lo que es regular, lo que no es regular, lo sé todo. ¡Yo ya paso de todo, hombre...! Pero bueno... la vida siempre te enseña.

  • JC: Una pregunta: ¿en su casa eran muy religiosos?

  • Julián: No, por aquella época nadie... no sé... vivía la gente... no, sí. Yo nunca he sido ateo, ¡nunca!, yo siempre he creído, y sigo creyendo.

  • JC: Y a lo mejor, en tiempo de guerra, se creía aún más, ¿no?

  • Julián: ¡En tiempo de guerra?. Sí, pero entonces lo que pasó es que una revolución de esas, en la que se quemaban iglesias, se mataban curas... entonces no se vivía normal. Era una cosa en la que sálvese quien pueda, y en mi pueblo se pusieron cadenas en todas las carreteras, en las travesías de la carretera que pasaban por los pueblos se ponían cadenas para que el coche que pasara se parara. Se paraba y a ver quién va. Porque entonces se camuflaba mucha gente que se pasaban de un sitio a otro y tal... Recuerdo que un día cogieron al secretario del obispo de Cuenca, le hicieron bajar. Lo querían matar y todo porque era el secretario del obispo. ¿Qué culpa tenía el hombre también?, y menos mal que el alcalde de este pueblo dijo: “Mientras yo sea el alcalde de este pueblo, no se mata a nadie”, y no se mató a nadie. En muchos pueblos, “que si tú eres de derechas, que si tú eres de izquierdas...” Allí no se mató a nadie. Lo llevaron al ayuntamiento, al secretario este. Iba con su sotana, secretario del obispo. Y no me digas... ¡parece que lo estoy viendo!, allí, en el ayuntamiento, en la plaza, estaba llena de gente, y salió el alcalde, y dijo: “¿Lo quieren matar?”. “¡Sí, porque es un cura!”. ¡Ya ves tú los atrasos que habían entonces!. Pues llega el alcalde y dice: “Bueno, el que lo quiera matar, que de un paso al frente y diga que lo quiere matar, ¡no todos!, uno”. Y no salió nadie. Al otro día, el cura se fue con su familia, que era muy cerca de donde yo vivía. Claro que el hombre, cuando se armó la guerra, pues estaba en Cuenca, y se bajó a requerencia de la familia, y al llegar a Camporobles, allí había unas cadenas. Se paró, y los cogieron, pero cuando el alcalde se impuso... Pues cuando se acabó la guerra, este señor alcalde que le salvó la vida al secretario del obispo, lo metieron en la cárcel, y se tiró tres años, y gracias a este señor, el secretario, si no es por él lo matan. Pero él le salvó la vida, o sea, que el alcalde le salvó la vida y luego él le salvo la vida. Y entonces, tú, en la parte roja, que eres de derecha, pues sin más ni menos te cogían, te sacaban fuera y... cinco tiros. Igual en la parte de Franco, no dejaron ni uno de izquierda. Y después de la guerra, mataron tantos cuando la guerra. Fue una guerra civil que no tiene comparación, porque es menester que no hubiese otra.

  • JC: Se trabaja para que no haya otra.

  • Julián: ¡Hombre, puede pasar muy pronto!. ¡No creas que los vascos...!, no, puede haber lío, eh...

  • JC: Yo me preguntaba también, porque estaba usted en Valencia, después en Suiza, después vinieron aquí: ¿usted de dónde diría que es, si le preguntaran?

  • Julián: ¡Yo?. De Camporobles, de toda la vida. Es que como en mi pueblo no hay nada.

  • JC: Claro...

  • Julián: Como la tierra de uno no hay nada. Yo estoy muy bien aquí, porque no me falta de nada. ¡Oye, que no me puedo quejar!, pero si me preguntas, pues Camporobles. Ahora, que irme a vivir allí, pues no, pero que me acuerdo del pueblo... todos los días.

  • JC: Claro. ¿Y sus hijos nacieron allí?

  • Julián: Sí... ellos nacieron allí, y por eso los traje aquí, para que no se criaran allí en el pueblo como yo, que pasé mi niñez y parte de mi juventud y sé lo que es el pueblo, que el que no tiene la viña y cuatro pedazos de tierra y no tiene con qué vivir... el que depende de un jornal, se muere de hambre. Y yo dije que no, que no quería que ellos pasasen hambre, y pasasen lo que yo pase. Me fui a Suiza, y desde allí compré el piso con mis ahorros y mi sacrificio, para poder traerlos aquí. El mayor ya estaba aquí, porque yo tenía un cuñado aquí, y se lo trajo al mayor. Mi mujer me dijo: “Mi hermano se quiere llevar al mayor allí, ¿qué hacemos?”, y dije: “Déjalo, claro... no va ha estar aquí en el pueblo, que se vaya allí”. Y luego, como el mayor estaba allí, pues digo: “¡No!, yo compro un piso allí y nos vamos todos a vivir”. ¡Así es la vida...!: trabajar, trabajar y trabajar. Y siempre mirando para la casa.

  • JC: ¿Y para sus hijos fue usted un padre muy duro?

  • Julián: ¡Hombre...!, había veces que te tenías que imponer, por el bien de ellos. No era tampoco por ellos... sólo que no me gustaba que vinieran tarde, no por nada, sino que no tenía que estar yo hasta las tres de la madrugada, por ejemplo, pendiente de a ver cuando viniesen . Por ejemplo: a las doce en casa, a las diez, a la una en casa les decía, pues tenían ese límite, y a esa hora tenían que estar en casa, y no ahora, que mira... la vida se ha revuelto . ¡Yo lo veo bien así también!, que para eso está la libertad, para poder uno echar por donde quiera, siempre que vaya por el camino que Dios manda.

  • JC: Para eso están los padres: para ayudar un poco.

  • Julián: Claro, ¡pero hay hijos que salen rebeldes!

  • JC: Siempre hay alguno.

  • Julián: Alguno... ¡y hasta algunos!

  • JC: ¿Eran muy rebeldes sus hijos?

  • Julián: ¡No, qué va, hombre!

  • Mercedes: ¿Cuántos nietos tiene, Julián?

  • Julián: Pues dos.

  • JC: Y con ellos, ¿qué tal?

  • Julián: ¿Con ellos?, bien... mira.

  • JC: No hace falta ser tan padres con ellos, ¡eh?

  • Julián: ¡Hombre!, el padre tiene la obligación de mirar por los hijos, tiene la obligación esa hasta que se casan. Tú los casas, y los pones en marcha Es como un reloj: tú le das cuerda, y que se dispare cuando quiera. Pues los hijos son igual. Se casan: les ayudas en lo que puedas, y luego tienen que hacerse vida ellos, porque los padres no duran toda la vida.

  • JC: ¿Y cuáles son sus aficiones, Julián ?, ¿qué le gusta hacer?

  • Julián: Ah... yo, lo que más me ha gustado en esta vida ha sido estar en mi casa.

  • JC: Ya veo, toda la vida, mirando por su familia.

  • Julián: Cuando me vine de Suiza, porque había lo que había... no me creeríais.

  • JC: ¿El qué no creeríamos?

  • Julián: Hombre... porque, como era un hombre que no tenía vicios -porque resulta que no tengo vicios: no fumo, no bebo... ¿qué vicios tengo yo?.

  • JC: ¡Es usted casi perfecto!.

  • Julián: Sí...sí. Allí veía yo que había personas que llevaban un gasto... en el tabaco, en la bebida, en caprichos... ¡madre mía!.

  • JC: ¿Y cuál es su fallo?, ¿porque algún fallo debe de tener usted, no?

  • Julián: Hombre... perfecto no habemos nadie... pues algún fallo tendré... aunque no me lo veo.

  • JC: ¡Y nosotros no sabemos sacárselo!

  • Julián: Bueno sí... yo tenía un defecto: que he sido muy recto.

  • JC: ¿También es un defecto eso?

  • Julián: Me ha gustado siempre ser responsable, y me ha gustado... en fin, que no me han gustado las tonterías y todas esas cosas.

  • JC: ¿Y eso porqué , porqué piensa usted que ha sido tan rígido?

  • Julián: Pues porque soy así. Porque cada uno nacemos con un sino. Yo he nacido así... Donde he trabajado siempre lo he demostrado. Estuve en casa Frau, y lo demostré, y cuando yo estaba de servicio, conmigo temblaban... bueno, no que temblaran, sino que decían que estaba por lo sano. ¡Otra anécdota!: cuando entré en casa Frau. Pues claro, cuando salían a desayunar para tomar un bocadillo por la mañana, tocábamos a las diez, a las diez y cuarto se tocaba para que entráramos. Unos entraban y otros no. Había quien salía a las diez y entraba a las diez y veinte, o si no más. Y yo me di cuenta de eso y dije: “Esto pronto lo corto yo”. Llamo al adjunto del gerente, un tal Jaime Frontera, que siempre estaba allí, y... “A ver, señor frontera, cómo solucionamos esto”. Y dice: “¿Qué pasa, Lorente?”. Digo: “¿Aquí qué horario tenemos para comer?”. “A tal hora”. “¿Y para trabajar?”. “A tal hora”. “Pues vale más que en vez de las diez y cuarto ponga usted las diez y media, porque aquí hay personas que entran cuando quieren”. Y dice: “¿Cómo es eso?”. Digo: “Claro”. Nos hizo un boletín de entrada y salida. Teníamos que apuntar cuándo salíamos: nombre, apellidos y hora; cuándo entrábamos: nombre, apellidos y hora de entrada.

  • JC: Para tenerlos un poco controlados...

  • Julián: Al principio la gente se lo tomó un poco a cachondeo. Luego, conforme iban faltando, ahí los diez minutos que van sumando hoy, los diez de mañana, cinco de otro... total que llegaba el mes y sumaban horas. ¡Ah, amigo, entonces sí lo tomaron en serio!. Y entonces tocábamos el pito, y a la calle todos. Volvía tocar el pito para entrar, y para adentro todos.

  • JC: Y a lo mejor es por eso que usted ha sido tan recto: se ha dado cuenta que hay que trabajárselo, la vida...

  • Julián: ¡Claro!, y porque yo era así. Porque me gustan las cosas tal y como son. Nada más. Si tú tienes un horario tienes que entrar, si tienes un horario para salir, tienes que salir, y si tienes que trabajar fuera de hora, tienes que llevar permiso, y si no, no entras. Los puse como un pastel...

  • JC: ¡Pues se ha ganado usted el estar en casa!, y estar más tranquilito.

  • Julián: Estuve allí doce años. Fíjate: estuve en la fábrica, doce años, y me salí porque quise, porque yo quería otro mundo, que allí, en el pueblo... Sí, se estaba bien en la fábrica, pero de allí no pasaba. Y los muchachos, pues me pinchaban porque ellos iban para arriba, y allí en el pueblo a ver qué hacía yo. Me fui a emigración cinco años, y allí, trabajando muy honradamente, ¡y nada más!.

  • JC: ¿Cuál fue su último trabajo que ha dicho: Casa Frau?

  • Julián: Sí, en Casa Frau estuve doce años. Cuando se murió el dueño, don Miguel, dos años después, dio quiebra. Entre el gerente y el tesorero se lo quedaron todo y nos echaron. Nos pagaron cuatro perras... Luego, yo ya, con el tiempo que llevaba en Suiza, más doce años en Casa Frau, era para que me dieran la jubilación, ¿no?. Pues no me la querían dar. Tuve que ir a juicio. Aquí lo perdimos, pero el abogado nos dijo: “No, no, usted tiene derecho y lo sacaremos”. También fue un buen abogado; joven, pero dijo: “vamos a sudar tinta, pero lo sacaremos”. Lo mandamos al tribunal supremo, a Madrid, y allí nos lo dieron por válido.

  • JC: ¿Y su mujer, a todo esto, se dedicaba más a las cosas de la casa?

  • Julián: Mi mujer siempre ha trabajado para casa, porque yo he sido de una manera que no me ha gustado nunca que la mujer trabaje. La mujer está para el trabajo de la casa, y para el trabajo del marido, para cuando uno venga la encuentre bien guapa y...

  • JC: ¿Y usted cómo estaba mejor: ahora que ya no trabaja o antes?

  • Julián: ¡Antes estaba mejor, hombre!. Si... ojalá yo si pudiera trabajar... ya lo creo.

  • JC: ¡Con lo hogareño que es usted!

  • Julián: Sí, pero eso no importa. Yo trabajaba, pero siempre estaba en mi casa, no iba al bar, ni de borrachera como muchos. Nada, y eso lo detesto. Siempre he mirado por los hijos.

  • JC: ¿Y cuáles son las diferencias de estar así, trabajando, y estar así como está ahora usted sin trabajar?

  • Julián: Pues la diferencia, que ahora no haces nada. Eres como un mueble. Es que no vales para nada...

  • JC: ¿No vales para nada?

  • Julián: Hombre... no vales para nada en el sentido que yo quisiera ganármelas,

pero como los años no perdonan... Se te echan encima y se acabó.

  • JC: ¡Pero usted está ahora para enseñarnos a nosotros, por eso venimos ahora, para hablar con usted!.

  • Julián: Pues en la vida no hay nada más que eso, que si dependes del trabajo, trabajar y mirar para el día de mañana, porque el que no mira más allá, luego se queda corto, y más hoy como está la vida pa los jóvenes, porque yo me hago cargo hoy... que el que se tenga que casar hoy, el precio en que están los pisos, luego amuéblalos... y vamos, y yo me hago cruces para poder casarse ahora. Me hago de cruces... ¡y es que no puede ser!.

  • JC: Pero mire, si no hubiera alguien como usted que pudiera decirnos todo eso... que usted lo ha vivido... nosotros no...

  • Julián: Yo sí, yo le he vivido. Yo me casé y me metí ahí en una casa... vamos, que si la hubieras visto dirías: “¡lo que es la vida, eh!, ¡lo que es la vida!”. Pero entonces, cuando yo me casé, no se encontraba ninguna casa, no: todas estaban ocupadas. Y a mi me dieron una casa que... ¡puf!. Pues yo, con mi trabajo le cambié las puertas, siempre con permiso del dueño... digo: “bueno, yo le voy a poner aquí -como yo sabía algo de la construcción...-“, digo: “yo le quito estas puertas y se las pongo nuevas... Pero ¡las puertas las va a pagar usted!”, ¿me entiendes?.

[ . . . ]

  • Julián: Yo, lo que puedo hablar, pues ya te lo he hablado, o sea, que el hombre tiene que ser para trabajar, y la mujer para la casa. Claro que aquí, en la capital, las mujeres tienen que trabajar, porque las circunstancias son así. Pero yo allí en el pueblo, así... muchas conmigo no. Allí, al campo... porque la mujer -la faena del campo y la mujer...-, la faena de aquí cambia mucho, eh, va diferente, porque una mujer allí, en pleno verano, con esa calor... por allí, por aquellos campos: renegridas, sin asear y sin nada... ¡qué te parece!. Yo nunca. Mi mujer se casó conmigo y nunca jamás ella ha trabajado. Pero ahora la vida exige. Como está tan caro todo no basta con lo del hombre, y la mujer tiene que ayudar.

Y si los padres no se preocupan de los hijos cuando son pequeños, los hijos no serán en su vida nada, a no ser que se vayan por ahí y tengan suerte, ¿no me entiendes?. Y yo, de mis hijos me he preocupado mucho; incluso este se casó y yo le ayudé en todo lo que pude... Por eso te digo que hay que mirar los cimientos, de dónde nace todo.

De estos padres que... que hoy... yo no veo. Muchas veces apago el televisor por no ver, porque todos los días dan lo mismo: los hombres como tratan a las mujeres, ahora la droga... A mí eso no me va.

  • JC: ¿Opina que es una mala influencia?

  • Julián: Mala, mala: muy mala. Porque dime tú, los hijos que tengan esos padres así: que vengan drogados, que vengan borrachos, que maltratan a sus mujeres... dime tú, ¿qué pueden aprender los hijos?. A mí se me cae la cara de vergüenza.

  • JC: ¿Y el que la gente que no tiene esos problemas pueda verlo por la tele, y pueda darse cuenta de esos problemas, qué opina usted: que es bueno o no?

  • Julián: No es bueno, no. La televisión tendría que dar programas de educar. Programas educativos, ¿no?. Que puedas coger algo bueno, que digas: “mira, a ver...”, que oyes charlas que... que coges lo que te... Porque a mí me gusta escuchar a todo el mundo; ahora, luego escuchas y coges lo mejor, lo malo lo dejas. Por eso en cualquier libro... es una lástima que se haya perdido: “Urbanidad”, se titulaba “Urbanidad”; muy bueno. Y había otro que le decían “Juanito”.

  • JC: ¿Un libro?

  • Julián: Sí, de cuentos, así, para infantiles. Pero ya te digo, que fui tan poco... Pero yo me acuerdo los pocos años que fui que teníamos un armario, que entonces no era como ahora que tienes que pagar los libros y tienes que pagarlo todo... entonces teníamos un armario con todas las libretas, o sea, con todos los cuadernos... todos. Libros, cada clase... : “Historia Sagrada” -todos en la misma fila-, y la “Geometría” -todos-, “Aritmética” -¡todas!-, “Historia de España”, “Catecismo”... ¡Y no pagabas nada!: ¡se te acababa una libreta...cogías otra!. Y en el pupitre éramos dos, y había unos tinteros... de piedra, pero empotrados en la mesa. Nos daban, eh... unos mangotes... por ejemplo así de largos, y de recios como este bolígrafo, y abajo, en la punta, tenía como un estuche de chapa para meter una pluma, y entonces las vendían plumas sueltas -plumas de “La corona”, que me acuerdo-, y cogíamos y mojábamos ahí en el tintero, y a escribir. Y habían muchos que ponían los papeles de... los manchaban ... de borrones. ¡Oh, madre mía!. Yo no, yo es que de pequeño ya tengo un don que no hay quien me quite -que es de verdad, eh-, yo escribía siempre más limpio que un sol. El maestro siempre me... tres veces, bajó tres veces, que por qué me quitaban. Pero es que mi padre... mi padre no se portó bien conmigo. Hombre, “no se portó bien” en el momento de que, a un niño de ocho años, meterlo con el ganado, sacarlo de la escuela -que era cuando yo empezaba a saber-... cuando yo empezaba a saber fue cuando me quitaron, ¿qué te parece?.

  • JC: O sea, que si usted hubiera podido, hubiera seguido en la escuela.

  • Julián: Sí, si mi padre fuera así como ahora, que está hasta los catorce, quince, dieciséis años, y si vale pues te dan más estudios... porque sabes... porque yo me gustaba mucho.

  • JC: ¿Y sus hijos?, ¿estuvieron así, mucho tiempo en la escuela?

  • Julián: ¡Ellos?... hasta que se cansaron. Yo les di hasta que se cansaron, y el padre de Ruth, si le hubiera gustado en estudiar hubiera estudiado. Yo me hubiera sacrificado, pero él hubiera estudiado. Por eso, también, hay padres y padres. Y es de verdad, eh, no es pa ponerme yo...

  • JC: Y si usted pudiera cambiar algo de su vida, ¿qué cambiaría?

  • Julián: ¡Pues los años, hombre!. Si yo ahora me pudiera quitar... si voy a hacer ochenta... digo: setenta y nueve -voy a hacer ahora setenta y nueve... ¡nací en el 21!-... pues si yo ahora me pudiera quitar cincuenta años... Ahora, quitarme cincuenta años para volver a vivir lo mismo, pues no, ¿para qué?.

  • JC: Claro, quitarse cincuenta años y con la experiencia que tiene usted ahora. Imagínese.

  • Julián: ¡Uuh!... ¡no puede ser eso, hombre!, ¡porque entonces nos comeríamos unos a otros... porque todos sabríamos más que Lepe, eh!, ¡si es de verdad!.

  • JC: Ya.

  • Julián: Pero el mundo está hecho así, eh: cuando sabes, te vas. Cuando tienes experiencia y sabes lo que es la vida y lo que somos los hombres y lo que somos las personas... entonces te vas, y los que vienen empiezan otra vez a saber, y cuando tienen los setenta-ochenta años, mueren, y siempre estamos igual. Si es de verdad.

  • JC: Pero mire qué función tiene usted ahora: el darnos un poco de esa experiencia a nosotros, para que sepamos a lo mejor un poco antes.

  • Julián: ¡Uy... mucha!. Pero hoy, la juventud, hay poca de esta, eh... poca de esta de decir: “A ver si puedo ahorrar un duro pa mañana... a ver si puedo hacerme esto...”. Si me quiero comprar, por ejemplo ropa, pues decir: “Cojo mi trabajo y voy a trabajar. Hago dos horitas, y estas son dos horitas pa eso...”. De eso hay poco hoy.

  • JC: ¿Y eso, por qué?

  • Julián: Porque... el vicio, va más adelante que lo otro, ¿me entiendes?. El vicio va por encima, pero es porque no han pasado por donde he pasado yo... Tú sabes, ¡si todo se lo están dando hecho!, ¡qué saben ellos lo que es padecer, lo que es... lo que es trabajar?.

¡No cambia nada!... la vida de hoy a cuando yo era mozo. ¡¡No cambia nada!!... Porque entonces te tenías que levantar... decir: “Que me tengo que levantar para... para poder comer”. Mucha miseria. Entonces había mucha miseria, y mucha hambre. Cuando hay hambre hay miseria.

Fíjate que ahora, por estas fechas, va a venir Noche Buena, Reyes... todas estas fiestas que ahora... de los niños... ¿sabes qué me dejaban mis padres a mí?.

  • JC: ¿Qué le dejaban?

  • Julián: ¡Yo me acuerdo de todo, eh!. Pues mira: allá en la que vivíamos teníamos un balconcillo, eh... y llevaban medio capazo de paja, y en la paja me ponían, por ejemplo: un cuarto de higos, un cuarto de cacao -de cacahuetes-, te ponían cuatro castañas, cuatro cosillas de esas... y por la mañana te levantabas... ¡uh, más contento...!: “¡Fíjate lo que me han dejado los reyes!”

Y fíjate ahora, ¡ya ves!. Y entonces, para jugar, entonces no teníamos como tienen ahora los videos, los juegos... a ver: ¡qué le falta a ese muchacho desde que nació! (hablando de su nieto), ¿qué le falta?. Sin embargo, ¿tú sabes con qué jugábamos entonces?

  • JC: No, ¿con qué?

  • Julián: Entonces, pues había latas como hay ahora -¡de estas de sardinas!: pequeñitas, ¿no?-, pues, cuando estaban vacías, les poníamos unas cuerdas: una sobre otra, una sobre otra, una sobre otra, y hacíamos como un tren, y lo llenábamos de tierra e íbamos como un tren, y lo vaciábamos... cosas de niños.

Y entonces había películas, de estas de espadachines -¡en cine mudo, eh, en cine mudo!- . Había películas de espadachines y los muchachos, pues como veíamos las películas esas, nos hacíamos unas espadas, ¡y a pelearnos!. Y había veces que te pinchabas, pero bueno.

Pero ahora, como tienen su vídeo de fútbol, de esto, de lo otro... ¡ellos lo pasan en grande!. Entonces, ¡ni arradios había entonces, hombre!. Cuando yo me hice mozo, vinieron los primeros arados... ya mozo, pero ya grande, eh... vinieron los primeros arradios, y cuando jugaban al fútbol, que había un partido que la selección española jugaba contra Portugal, contra Inglaterra, contra Francia o tal, lo escuchábamos por radio, y nos juntábamos allí los que nos gustaba el fútbol -que a mí me gusta mucho-... pues estábamos todos allí con el oído posado, allí pegado, allí sobre la radio... y fíjate... y pasábamos un buen rato. Se acababa el partido: salíamos todos de allí, y mira.

Entonces es cuando cada uno tenía sus grupos de amigos: tú tenías un grupo de amigos, el otro tenía su amigo; te llevabas bien, pero cada uno se iba con sus amigos... ¡y con sus amigas, claro!.

  • Mercedes: ¿Y la Navidad, Julián, cómo se vivía?

  • Julián: Pues igual: nos juntábamos los amigos, con las amigas, y cada uno ponía de su casa lo que podía y... pues se hacía una cena pa todos. Y hombre... no era como ahora que no quieres nada, que antes de Navidad estás harto ya.

[ . . . ]

  • Julián: Pues ya podéis sacar consecuencias de eso. Ahora: lo que vale, que no venga ninguna guerra; que no veáis ninguna guerra. Eso es la cosa peor que hay, eh... Hay mucho odio cuando viene una guerra, y más una guerra civil, que es lo peor que puede haber, porque cuando hay una, una nación contra otra... pues todos defendemos lo mismo, pero lo malo, cuando hay una guerra civil...

[ . . . ]

  • Julián: A medida que van pasando los años, pues sabes más. ¿Tú no sabes que dices: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”?, ¡es un refrán!: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”. ¡Nunca se acaba de aprender!. Por muy viejo que te hagas siempre te faltará que aprender cosas. La vida cada día es una sorpresa. ¿Quién es capaz de saber lo que es la vida?. ¡Se compone de tantas maneras...!. Lo único que sí está claro es que siempre ha habido ricos y siempre ha habido pobres, y el que tiene el dinero, ese se mata con el que sea. El capitalismo es la cosa más mala que hay, eh.

  • JC: A ver, explíqueme.

  • Julián: Bueno, pues ¿tú ahora estudias, no?.

  • JC: Sí.

  • Julián: Bien. Mañana sacarás una carrera.

  • JC: Sí.

  • Julián: Pues bien, una vez que has sacado la carrera, tú, tuviendo bastante para vivir, tuviendo bastante para decir: “tengo mi casa, tengo mi familia, les doy un estudio...” que tienes para vivir la vida... ¿y lo demás para qué lo quieres?, ¿por qué tienes que buscar con ese ocio: por tener, por tener... mientras que tú tienes millones y millones y otros se están muriendo de hambre?, ¡por qué?. Por eso está la vida corrompida.

Si yo hubiera sido algo del gobierno... presidente o algo así... no sé, pues entonces sí que sí, porque yo hubiera hecho que todo el mundo trabajara: gente trabajadora; porque el que de verdad quiere, a ese no le falta de nada, el que quiere ir de nada, ese lo tendría muy mal... ¡pero que muy mal!. Pero como va el mundo no sé que va a pasar, porque el mundo está corrompido.

  • JC: ¿Cómo cree que va acabar todo esto?

  • Julián: Mal; bueno, el mundo no va a acabarse nunca, por... por... porque, no sé, con todos los adelantos que hay ahora, a no ser que... que... no sé, si las naciones se unen o se pelean unas con otras y entonces haya una guerra mundial, y entonces venga el exterminio... ¡entonces íbamos a quedar todos apañadicos!; pero volveríamos a empezar y las cosas serían como antes, y hasta llegar ahora...

Pero si yo fuera jefe de estado... ¡uy!, ¡me matarían!, porque el que destaca un poco no conviene y lo matan, o si no mira lo que le pasó al Kennedy, que destacó y se lo cargaron enseguida... ¡Pero si es que el capitalismo es la gente más mala que hay: malo, malo, malo!; ¡y el obrero siempre a trabajar, siempre a trabajar, siempre a trabajar...!. Porque tú date cuenta... date cuenta: el dueño que yo tenía en la fábrica tenía un tesoro, o sea, un tesoro por lo que sacaban con el trigo; hacían millones... -claro: millonarios-; pues compró una finca grandísima y allí llevó mulas, obreros... y todos a trabajar, a trabajar... ¿ Para quién ?. ¡Para ellos!, te pagaban un triste jornal y ellos a vivir como grandes... Todo el fruto, cuando llegaba, era para ellos, a ti te daban cuatro perras, y sólo te quedaba la camisa sudá.

Siempre se ha luchado por la igualdad: capitalismo contra trabajador... siempre. Y siempre se luchará mientras haya mundo. Pero el capitalismo siempre ganará, porque quien tiene el dinero tiene la fuerza.

Si hubiera un estado que te diera lo que necesitas: un millón, dos... pero lo que te sobre para el estado, para que haga sus buenas carreteras... ¡y ya está!, porque, ¡para qué quieres más de lo que necesitas?, ¡eso es de avariciosos, de malos, de egoístas; que uno tenga millones y que el otro se muera de hambre... no, hombre, no!, ¡que todos somos seres humanos, y venimos todos del mismo sitio!, ¡éramos nada...!.

  • Dani: ¡Claro!.

  • Julián: Un día me dijeron que era comunista, y yo le dije que no, que de ninguno: ni comunista, ni republicano; que yo sólo decía la verdad. Uno debe siempre decir la verdad, nada por atrás, a la cara.

Fíjate: un día, allí en la fábrica, el nieto del dueño me pidió que vigilara todo, que él tenía que hacer un recado. Y yo, de tanto en tanto miraba, comprobaba... lo normal... En esto que llega el nieto con su moto, y con su racimo de uvas.... y en esto que yo le digo: “¿es tuyo el racimo?”. Y él me contesta: “Claro: son de las viñas de mi abuelo ”. Entonces yo le contesto: “ ¡Pues no!, ¡esa uvas no son tuyas, ni de tu abuelo!, ¡son de los trabajadores, de la gente que las ha trabajao, que las ha vendimiao!”. Él me dijo que hablaba como un comunista, pero no era verdad, sólo decía la verdad; la verdad aunque duela, pero la verdad. ¿ Qué te parece?

  • JC: Como toca.

  • Julián: Tengo en mi cuarto un cuadro de cuando me casé, y también fotos... ¿Quieres verlas?. Ven hombre, ven, ya verás...

ENTREVISTA ORDENADA

  • PREVIOS / FAMILIA

    • JC: ¿Dónde vivía, y dónde nació?.

    • Julián: Nosotros somos de un pueblo de la provincia de Valencia, de Camporobles.

    • JC: ¡Camporobles!.

    • Julián: Camporobles; que hoy he tenido una carta de mi primo y me cuenta que ha nevado mucho por allí, que hace mucho frío y que han estado hasta siete u ocho grados bajo cero.

    • JC: ¿y usted nació en Camporobles?.

    • Julián: Provincia de Valencia.

    • JC: ¿Y cuantos hermanos tenía?.

    • Julián: Éramos tres hermanos y dos hermanas.

    • Dani: ¿Y mayores que usted?.

    • Julián: Sí, mayores que yo.

    • JC: ¡Ah!, ¿Usted era el pequeño?

    • Julián: No, había una hermana que era la más pequeña. De los hermanos, yo era el más pequeño.

    • JC: ¿Y tenía de pequeño algún apodo?, ¿Le llamaban de alguna forma especial?.

    • Julián: ¿Yo?, no...

    • Julián: Sí, Julián siempre. Tú preguntas allí por Julián Lorente y...

    • JC: Y seguro que le conocen.

    • Julián: ...y todo el mundo te da detalles.

    • JC: ¿Era muy popular usted?, ¿Se hacía mucho con la gente?.

    • Julián: Hombre, pues sí...

    • JC: Pero entonces, ¿su padre era agricultor?.

    • Julián: Mi padre era agricultor, sí, pero también iba siempre... pues tú sabes que en los pueblos siempre hay gente que tienen más que otros ¿no?. Gente de ésta, hacendados, que entonces, en vez de agricultores para la agricultura, había mulas y había allí gente que tenía cuatro o cinco mulas y necesitaban gente para salir al campo, para trabajar las tierras de ellos. Y mi padre era uno de los que iban siempre a trabajar, el pobre.

    • JC: ¿Y su madre?, ¿También hacía tareas del campo?.

    • Julián: No, mi madre siempre estuvo en la casa. Siempre en la casa.

    • JC: Pero ella también era de familia de agricultores y eso ¿no?.

    • Julián: Bueno, eso ya no lo recuerdo yo, mis abuelos ya no sé a que se dedicaban, si tendrían ganado, si tendrían tierras... sí, más o menos.

    • JC: ¿Y usted y sus hermanos le ayudaban a ella con las cosas de la casa y eso?.

    • Julián: ¿A mi madre? Pues sí hombre. Mi padre por la mañana se iba a trabajar, mis hermanos se iban a trabajar, y entonces se traía el ferrocarril de Valencia a... de Madrid- Valencia, se traía el ferrocarril, se estaba poniendo la línea y del pueblo se iban a trabajar a la vía, ¿no me entiendes?. Y todas las mañanas, pues a lo mejor estaba el tajo allá en 5 ó 6 kms, ó 7 ó 10, y tenían que levantarse por la mañana, antes de que fuese de día, coger su merienda, su manta y a la vía.

    • JC: A ganarse la vida.

    • Julián: ¿Qué te parece?. Y entonces les pagaban un duro. 5 ptas. ¡Ah! Y ya era bien, porque mi padre cobraba 4 ptas. ¿Qué te parece?

    • Mercedes: ¿Al mes?

    • Julián: ¡No hombre!, al día. La jornada 4 ptas. y los de la vía ganaban 5. Como era... no sé... algo más pesado.

    • JC: ¿Y sus hermanas se quedaban en casa?.

    • Julián: Mis hermanas, pues sirviendo. La más vieja pues sirviendo, porque entonces no es como ahora, que es una chica de hogar, entonces era la criada, ¿no me entiendes?. Ahora decimos la chica de hogar, o la empleada de hogar tal. Entonces se llamaba la criada. A servir allí a cuatro que eran menos que tú.

  • ESCUELA

    • JC: ¿Y qué recuerda de la escuela?.

    • Julián: ¡Uy!, pues muy bien. Yo recuerdo que cuando no nos sabíamos la lección, pues nos dejaban castigaos.

    • JC: ¿Y cómo les castigaban?.

    • Julián: Nos castigaban, pues... el maestro se iba y se hacía de noche y no venía. Cerraba la puerta y se iba.

    • JC: ¿Y les dejaba allí?.

    • Julián: Y nos quedábamos allí, tres o cuatro alumnos arrinconados en un rincón, poníamos las mesas así para no tener miedo (señala una mesa que hay en la sala) y cuando el hombre aparecía venía y nos soltaba. Pero una vez de ellas, pues, esperando, como no venía, pues... bueno... tú sabes que todos los colegios tienen sus ventanas, y estas ventanas salían a la calle. Abrimos la ventana y nos dejamos caer. Y nos fuimos, y cuando vino el maestro, pues se encontró que no estábamos. (todos reímos). No pero era un hombre muy bueno.

    • JC: ¿Si?, ¿Era una buena persona de todas formas?.

    • Julián: Sí, Don Manuel se llamaba.

    • JC: ¿Que tenían?, un profesor para todos ¿no?.

    • Julián: Sí, yo primeramente fui cuando tenía la edad de cuatro, cinco o seis años, íbamos con un maestro, que hablaron nuestros padres con él, para ver si nos podía dar clase allí, en un sitio que había en una habitación como ésta, ¿no?. Íbamos unos cuantos con él. Le llamaban Don Santiago de Saavedra, y con él, pues nos enseñó mucho. Y luego ya, pues pasamos a la escuela Nacional, o sea, a la escuela donde íbamos todos.

    • JC: ¿Escuela Nacional?, que curioso nombre, ¿no?.

    • Julián: Sí, la escuela del pueblo, donde allí íbamos todos. Y me acuerdo que hacíamos gimnasia, cosas de niños...

    • JC: ¿Y que otras cosas estudiaban? ¿Se acuerda?.

    • Julián: Estudiábamos... Nos daban Historia Sagrada, nos daban geografía, aritmética, y luego, había libros entonces que se llamaban "urbanidad", muy buenos, muy buenos, y hoy no los hay.

    • JC: ¿Y que daban en urbanidad?. Porque nosotros no los hemos tenido.

    • Julián: Pues "urbanidad" decía, por ejemplo, lo que tenías que hacer cuando ibas en un autobús, si entraba un señor de edad: levantarte y poner tu asiento. Y si ibas por la acera... o sea... que la derecha siempre tenía preferencia. Osea... muchos detalles.

    • JC: A lo mejor haría un poco de falta eso ahora ¿no opina?.

    • Julián: ¡¡Buuuh...!! Sí que haría falta, hombre, ya lo creo... mucho. Que lástima que haya desaparecido eso hoy.

    • JC: Parece que todo el mundo va a la suya ¿no?.

    • Julián: Luego, había otro que eran las fábulas, que... todo eran como versos ¿no?. Fábulas muy bonitas, y ya digo, luego... pero claro, como yo tuve tan poco tiempo. Porque precisamente, cuando yo cogía... porque me gustaba mucho, eh, me gustaba la clase, me gustaba mucho. Yo venía a mi casa, y me tenían que llamar para comer, porque yo siempre estaba escribiendo, me ponía un libro delante y yo siempre leyendo, o sea, me ponía un libro delante y un cuaderno y siempre dictando. Eso lo hacía yo cuando tenía cinco o seis años. Me gustaba mucho.

    [...]

    • Por eso en cualquier libro... es una lástima que se haya perdido: “Urbanidad”, se titulaba “Urbanidad”; muy bueno. Y había otro que le decían “Juanito”.

    • JC: ¿Un libro?

    • Julián: Sí, de cuentos, así, para infantiles. Pero ya te digo, que fui tan poco... Pero yo me acuerdo los pocos años que fui que teníamos un armario, que entonces no era como ahora que tienes que pagar los libros y tienes que pagarlo todo... entonces teníamos un armario con todas las libretas, o sea, con todos los cuadernos... todos. Libros, cada clase... : “Historia Sagrada” -todos en la misma fila-, y la “Geometría” -todos-, “Aritmética” -¡todas!-, “Historia de España”, “Catecismo”... ¡Y no pagabas nada!: ¡se te acababa una libreta...cogías otra!. Y en el pupitre éramos dos, y había unos tinteros... de piedra, pero empotrados en la mesa. Nos daban, eh... unos mangotes... por ejemplo así de largos, y de recios como este bolígrafo, y abajo, en la punta, tenía como un estuche de chapa para meter una pluma, y entonces las vendían plumas sueltas -plumas de “La corona”, que me acuerdo-, y cogíamos y mojábamos ahí en el tintero, y a escribir. Y habían muchos que ponían los papeles de... los manchaban ... de borrones. ¡Oh, madre mía!. Yo no, yo es que de pequeño ya tengo un don que no hay quien me quite -que es de verdad, eh-, yo escribía siempre más limpio que un sol. El maestro siempre me... tres veces, bajó tres veces, que por qué me quitaban. Pero es que mi padre... mi padre no se portó bien conmigo. Hombre, “no se portó bien” en el momento de que, a un niño de ocho años, meterlo con el ganado, sacarlo de la escuela -que era cuando yo empezaba a saber-... cuando yo empezaba a saber fue cuando me quitaron, ¿qué te parece?.

    • JC: O sea, que si usted hubiera podido, hubiera seguido en la escuela.

    • Julián: Sí, si mi padre fuera así como ahora, que está hasta los catorce, quince, dieciséis años, y si vale pues te dan más estudios... porque sabes... porque yo me gustaba mucho.

  • PASTORCILLO

    • JC: ¿Sabe una cosa que me interesa mucho?: el primer recuerdo que usted tiene.

    • Julián: El primero que tengo es que a la edad de ocho años, me quitaron del colegio para meterme de pastorcillo.

    • JC: Ah... de pastorcillo, sí, me lo había comentado su nieta.

    • Julián: Sí, con un señor que le daba cada dos o tres meses, pues se mareaba, le daba un mal, y claro, para que él no se quedara solo con el ganao, pues me cogió a mí. A la edad de los ocho años ya me metieron con el ganao, y estuve con él dos años. Luego me salí de allí y me metí con otro señor.

    • JC: ¿También de pastor?.

    • Julián: De pastor, y estuve otros dos años, y luego me metí con otro señor otro año o dos.

    • JC: ¿Y vivía con ellos, con estos señores?.

    • Julián: No, yo iba todo el día con el ganao, con ellos, y a dormir a casa. Por la mañana me levantaba y al trabajo.

    • JC: ¿Y qué tal la vida de pastor?.

    • Julián: ¡Uy, pues ya ves!, pues fíjate: llegaba el invierno y con mucho frío, porque por allí, por aquel sitio que nosotros vivíamos, pues hace mucho frío.

    • JC: Espere un momento... ¿y el tema de...?, ¿dejó la escuela para hacer de pastor?.

    • Julián: Sí, teniendo ocho años, mis padres me quitaron de clase y entonces el maestro bajó tres veces a mi casa, hablando con mi padre, que porqué me quitaban. ¡El porqué me quitaban!... porque yo iba muy bien, eh. Era, pues el segundo de la escuela. Y nada, como mis padres eran los que mandaban, pues me quitaron.

    • JC: Y el trabajo de pastorcillo, también tendría sus cosas interesantes.

    • Julián: El trabajo de pastorcillo... pues ya ves, pues que pasaba mucho frío cuando llegaba el invierno. Fíjate si era pequeño, que tenía dos hermanos mayores y tenían que ir ellos en puesto mío, porque yo no podía resistir el frío que hacía. Se me ponían las manos llenas de sabañones, eh.

    • JC: Es que era muy pequeño usted.

    • Julián: Muy pequeño, sí.

    Y nada... me quitaron de la escuela y ya te digo. Luego, después ya, cuando al transcurso de los cuatro o cinco años, ya me pusieron para trabajar con otros. Porque en mi casa, pues éramos trabajadores, nos defendíamos llegando el sueldo de unos y otros, porque aquel pueblo es un pueblo agrícola, entonces, el que te llamaba, pues ibas a trabajar.

    • JC: Claro, y se hacía lo que se podía, supongo...

    • Julián: Y nada, trabajando para unos y para otros, yo fui a parar con un señor que era maestro de obras, fui trabajando con él muchos años y, bueno... pero esto fue cuando yo trabajaba... cuando yo me salí del ganao... iba para trabajar con unos y con otros, ¿no?, y vino la guerra, el día...

  • LA GUERRA

    • Julián: No el más guapo... yo resulta que... luego ya vino la guerra, se acabó la guerra, se empezó en el 36 y acabó en el 39, y no me veas... aquellos años fueron fatales, eh...

    - JC: De eso tenemos que hablar...

    • Julián: Para no contarlos eh...

    • JC: Bueno, vamos a dejarlo un poco para después si acaso... ¿Y con sus hermanos? ¿Qué tal se llevaba?.

    • Julián: El uno Jacinto y el otro Valentín, que por cierto, mi hermano Valentín pues murió cuando la guerra, porque la guerra le pilló con Franco, estaba haciendo el Servicio militar en África, como entonces teníamos Melilla y todos aquellos puestos, mi hermano Valentín estaba haciendo la mili en Villaencemas, y vino la guerra, y le pilló con Franco. Y estuvimos tres años sin saber nada de él. (se pone a llorar).

    • JC: Bueno, la guerra es algo fuerte... ¿Y de su padre? (intenta cambiar de tema), ¿Qué me dice?, ¿En qué trabajaba?, ¿Era también agricultor?, ¿Era pastor?.

    (Paramos un minuto, porque Julián se ha emocionado y no puede hablar).

    • JC: Se defendía una democracia.

    • Julián: Y entonces estuvimos tres años de guerra, y luego, cuando se acabó la guerra el hambre que se pasó, que fueron, el año 40, 41 y hasta el 42, ya del 45 para adelante, ya se pasó ¿no?. Pero el año 41 y 42 fueron muy malos, no había comida por ninguna parte.

    • JC: ¿Y a ustedes les pilló en Camporobles, la guerra?.

    • Julián: Sí, pues al llamarme a mí, pues fíjate.

    • JC: ¡Ostras!, pues ya lo último. Y Valencia, era republicana, ¿no?.

    • Julián: Sí, Valencia cayó en poder de los republicanos. No... si se perdió la guerra porque mira, porque o hubo orden. En una casa que no hay respeto ni hay orden, pues los padres poco pueden hacer y eso pasa igual con el gobierno. El gobierno de la república, pues no lo respetaron, y al no respetarse, pues Franco se fue rehaciendo, se fue rehaciendo. Porque fíjate que Franco tenía... el gobierno de la república tenía casi todas las capitales de España. Quitando ahí unas cuantas que tenía Franco en África y por ahí cuatro o cinco, lo demás lo tenía todo el gobierno, y perdió la guerra, ¿porqué?, porque no se respetó. Franco se fue rehaciendo, luego Alemania le ayudó mucho, Italia le ayudó mucho, Marruecos, como estaba con Franco, pues todo Marruecos se vino aquí... y la España roja que decían ellos, la España de la República, se tenía que enfrentar con todas aquellas: con Italia, con Alemania, con los marroquíes... y duró tres años, eh. Tres años... o sea, que el primer año de la guerra pues se tomó como... no se... Se daba el caso que se iban al frente, cogían por ejemplo si se tomaban un pueblo, lo saboteaban, cogían un jamón, dos jamones y a casa, lo dejo y me voy. Pero cuando se tomó la guerra en serio fue a los dos años, entonces fue cuando ya se tomó en serio.

    • JC: Que entonces ya debió ser cuando venían alemanes, venía gente de fuera...

    • Julián: Sí, tú no sabes la de aviones que envió Alemania. Todos los días bombardeando, todos los días, todos los días.

    [...]

    • JC: A usted la guerra le pilló muy jovencito ¿no?, ¿Porque, usted qué año nació?.

    • Julián: Yo nací en el 21.

    • JC: En el 21. Así que tenía quince años cuando empezó la guerra.

    • Julián: Quince años.

    • JC: Quince añitos.

    • Julián: Joven.

    • JC: Muy joven.

    • Julián: Muy joven, ¿Qué te parece?.

    • JC: No me lo quiero ni imaginar... ¿Y estuvo en el frente usted?.

    • Julián: Sí, estuve tres meses. Sí, porque nos llamaron... yo soy de la quinta del 42, y nos llamaron a los de la quinta del 42, los del primer reemplazo, o sea, los que hacíamos los tres meses primeros ¿no me entiendes?.

    • JC: Sí, entiendo.

    • Julián: Yo nací el 28 de enero, pues todos los que éramos enero, febrero y marzo, allí nos pillaron a todos.

    • JC: ¿Y tan jovencitos les mandaban allí al frente?.

    • Julián: Habíamos que éramos de la misma quinta y nos llevábamos un año. Yo nací a primero de año, y otros cuando finalizaba. Entonces éramos de la misma quinta, pero había quien era un año más viejo que otro.

    • Mercedes: ¿Cómo os llamaban?, ¿no os llamaban algo?, ¿La quinta del biberón o algo así?.

    • Julián: Sí... fíjate si éramos jóvenes, que cuando nos llevaron al frente, los veteranos, los que había allí: "Ya están aquí los de la quinta del biberón".

    • JC: Y no me extraña, con razón.

    • Julián: Éramos chavalillos...

    [...]

    • JC: Y al pueblo, a la vida del pueblo ¿Cómo le afectó la guerra?.

    • Julián: ¿Eh?.

    • JC: ¿Qué cambios notó en la vida del pueblo?, cuando empezó la guerra y eso. ¿Había muchas diferencias: en el trato con las personas o las fiestas...?, ¿Se seguían haciendo fiestas?.

    • Julián: No tanto. No, porque faltaba toda la juventud. si allí nada más estaba la quinta del biberón que era la mía, con 16, 17 años. Yo fui a los dos, tres meses cuando ya estaba acabando fui yo. Fíjate como estaría el ejército rojo para llamarnos a nosotros con la cara que teníamos. Date una idea de cómo estaban.

    • JC: Desesperados.

  • POSGUERRA / CUIDADO DE LA MADRE

    • Julián: Y todavía estuve tres meses. Se acaba la guerra. Vamos a Valencia. Vamos a Valencia y nos meten en la plaza de toros y allí nos tienen tres días con res noches sin comer. A los tres días con tres noches por micrófonos nos dicen: "por favor hagan grupos de cien, que van a salir". ¡Coño, pues nosotros más contentos que la puñeta!. Pero ¿Sabes dónde nos metieron?. Tenían un coche de estos de ... ¿cómo se llama?... de estos de transporte.

    • JC: ¿Tipo autobús?.

    • Julián: No, no. Un tren, un tren. Un tren de mercancías. Y nos subieron allí y nos llevaron a un campo de concentración.

    • JC: ¡¿Estuvo en un campo de concentración, usted?!

    • Julián: Sí, sí, sí.

    • JC: ¿Y dónde estaba el campo de concentración?.

    • Julián: En la provincia de Castellón, en un pueblo que le decían Cornejas.

    • JC: ¿Y eso cuando tomaron los nacionales Valencia?.

    • Julián: Claro, eso fue cuando entraron los nacionales a Valencia, nos cogieron a todos los que éramos rojos, que decían ellos que éramos rojos.

    • JC: Y a todos los englobaban ahí, ala...

    • Julián: Y que teníamos rabia y todo (se ríe). Sí, y nada, nos cogieron, nos llevaron allí al campo de concentración, y allí nos tuvieron un mes. Allí sí que pasamos hambre, de veras. No sabíamos ya que hacer. Y claro, y allí estaban esperando el salvaconducta, la buena conducta, la buena conducta de uno. Y me acuerdo que un padre de los que habíamos allí en el campo de concentración, vino al mes, vino con todos los chavales de buena conducta. Mira tú, yo que conducta tendría con la edad esa. Nada, y ya salimos de allí.

    • JC: Menos mal.

    • Julián: Cuando salimos de allí, todos los días nos teníamos que presentar en una comandancia que hicieron allí, en una casa grande que hay en el pueblo, eh, pues hicieron una comandancia y todos los días nos teníamos que presentar.

    • JC: ¿En la comandancia?

    • Julián: Sí, sí. Así estuvimos lo menos un mes o dos, todos los días presentándonos.

    • JC: Para dejar claro que no se habían ido, que seguían allí...

    • Julián: Y entonces, pues una dictadura de estas que no te podías mover, eh, porque ibas por la calle y tenías que ir más callao. Se dio el caso de que íbamos unos amigos y yo, íbamos por allí, dando una vueltecilla por el pueblo, que pasaba pues las costumbres del pueblo ¿no?, dando una vuelta para ver si veías una chavala, lo que pasa (se ríe), y venía la escolta que iba en el tren. Se bajó en la estación del pueblo, cogió la calle abajo para el cuartel y nosotros subíamos y ellos bajaban. Pasamos y no dijimos nada. Ellos pasaron, nosotros pasamos pero nosotros pues con la nuestra, hablando de cosas nuestras. Y a la que pasaron siete u ocho pasos dicen: "oigan,", dice "¿es a nosotros?", dice " a ustedes, a ustedes", dice "vengan para acá". Vamos allí, dice "¿Ustedes no saben saludar?, dice "no es que no sepamos, es que no nos hemos dado cuenta", dice "pues que sea la última vez que cuando pasa la guardia civil..." (se pone a llorar). (hacemos una pausa)

    Continúa:

    • Julián: Se dio el caso también de que íbamos un amigo y yo, pues con veintitantos y pico de años, y ... (se vuelve a poner a llorar).

    Continúa:

    • Julián: ... Íbamos cantando, y hay una costumbre que cuando viene mayo, la última noche de abril salíamos los mozos a cantar a las mozas ¿no?, y me acuerdo que antes de los mayos, porque allí se dicen los mayos, y antes de los mayos, pues íbamos este amigo mío y yo cantando, los mayos y pasa la pareja.

    • JC: ¿La guardia civil?

    • Julián: Sí. Y dicen: "¿Qué cantan ustedes?". Y mi amigo dice: "los mayos" y dice: "pues a ver si le voy a dar yo a usted los junios”. (se ríen todos).

    • JC: Con recochineo...

    • Julián: ¿Qué te parece?, y nos tuvimos que callar. No te podías juntar, haber un grupo de ocho o diez, no podías, bailes no nos dejaban hacer. Cuando se acabó la guerra...

    • JC: Sí, las fiestas nada.

    • Julián: No había bailes ni nada, porque no. Lo hacían para que no se concentrara la gente, para que no hablaran... para que no hubiera... ¿no me entiendes?.

    • JC: Barullo... claro, claro.

    • Julián: Y hacíamos... hablábamos con el alcalde para ver si nos daba permiso, y el hombre, como comprendía que éramos jóvenes, pues nos dejaba. Pero a lo mejor, con permiso del alcalde y todo, pues iba la guardia civil y te lo quitaba. Si pasó mucho. Y dices tú... cuando esto de mi primo, que me metió en la fábrica, que estuve allí doce años.

    • JC: ¿Y esto a que edad era?, ¿a qué edad se metió usted en la fábrica?.

    • Julián: Yo tendría entonces 23 años por ahí.

    • JC: En la postguerra.

    • Julián: Esto fue cuando se acabó la guerra, ¿no?, yo tendría 22, 23 años, y allí ya, pues ya vi el mundo entero, porque hasta que me metí allí en la fábrica...

    [...]

    • JC: ¿Y usted también hizo la mili?, ¿hizo la mili?.

    • Julián: ¡No hombre!, yo con mi madre.

    • JC: ¿Y eso?.

    • Julián: Como era hijo... o sea... que estaban todos casados y yo estaba solo con ella...

    • JC: ¡Ah!, y usted se encargaba de su madre.

    • Julián: Y me libró por hijo... no me acuerdo ahora como se decía entonces.. o sea, que como yo la mantenía. Me libré por hijo de viuda, o como quieras llamarlo. No me acuerdo bien. Porque mi padre murió, cuando la guerra murió, de ver que mis hermanos estaban en la guerra, pues cogió depresiones y todo aquello... y se murió. Mi hermano mayor en la guerra, el otro menor, el que le seguía al mayor, estaba en las filas de Franco y en tres años no supimos nada de él.

  • FÁBRICA DE HARINA

    • JC: ¿Vivieron allí siempre, de pequeño, o se cambiaron después?.

    • Julián: Bueno, yo ya cuando... luego yo ya, cuando me salí del ganao y cuando vino la guerra y tal, pues yo tenía un primo hermano que trabajaba... no, que trabajaba no, que su suegro era el fabricante, dueño de la fábrica de harinas. Y en aquellos años, fábrica de harina, con el hambre que se pasaba de pan...

    • JC: Pues iba muy bien.

    • Julián: Pues tú fíjate.

    • JC: Hombre, supongo que tendrían harina suficiente para hacer pan y eso.

    • Julián: pues entonces mi primo, cuando los hijos de mi primo se fueron a la mili, habló conmigo y me dijo: "¿Tú quieres trabajar en la fábrica?". Y yo le dije: "¡hombre!".

    ...]

    • JC: ¿Y ahí estaba cuidando de su madre aún?

    • Julián: No, por ahí ya, pues te daban la harina que necesitabas. Ahora, que yo también me comportaba ¿no?. Porque mi comportamiento fue... porque me acuerdo que, la primera noche que yo me quedé trabajando para la fábrica, porque molíamos día y noche ¿no?, un turno por el día y otro turno por la noche, me acuerdo que la noche que entré yo allí, porque yo estaba en el peso, eh, no estaba descargando sacos ni nada, yo estaba en el peso. Toda la harina que salía de la fábrica, toda pesada por mí. Y estuve doce años. Y la noche que me quedé, subió el hijo mayor del dueño y me dijo: dice "Julián,- dice- tú vas a estar aquí mucho tiempo, eh, si provienes- dice- pero aquí hay que barrer siempre para dentro", ¿qué te parece?.

    • JC: ¡Hombre, con el hambre que se debía de pasar, no me extraña!.

    • Julián: "Que hay que barrer para dentro", que mirara siempre para la casa. Siempre para la casa, que ya se robaba bastante ya. Pues no te digo que...

    • Julián: ¿Sabes tú lo bien mirado que estaba yo allí?, porque en aquellos años no toda la gente comía pan. El pan, te ponías a comer y no te acordarías de él, no es como ahora que no comes pan porque no quieres. Yo ahora no como pan, porque no quiero, pero entonces no comías porque no había. Y pasar un día sin comer, dos días sin comer, tres y cuatro días sin comer... pero porque no había. ¿Tú sabes lo que una madre sufre?, ¡me cago en diez!

    • JC: Hombre, al ver que no puede dar de comer a sus hijos...

    • Julián: Cuando se acabó la guerra, pues allí se pasaba mal, porque ibas a ganar un jornal, cuando te lo daban... y te pagaban un duro, y te daban para poder trabajar para ellos, te daban un kilo de pan, pero ese kilo de ese pan tenías que dejar para la familia, no te ibas a comer todo tú solo. Y tú te ibas con tu medio kilo, y ellos se quedaban medio, para comer ellos.

    • JC: Ajá.

    • Julián: Estuve allí doce años. Fíjate: estuve en la fábrica, doce años, y me salí porque quise, porque yo quería otro mundo, que allí, en el pueblo... Sí, se estaba bien en la fábrica, pero de allí no pasaba. Y los muchachos, pues me pinchaban porque ellos iban para arriba, y allí en el pueblo a ver qué hacía yo. Me fui a emigración cinco años, y allí, trabajando muy honradamente, ¡y nada más!.

  • ISABEL

    • JC: ¡Ah! ¿y su mujer?... eso... ¿cuándo conoció a su mujer?.

    • Julián: Pues después de la guerra.

    • JC: Después de la guerra. Que se llama Isabel.

    • Julián: Isabel... ¿y tú cómo lo sabes?.

    • JC: Me lo ha contado su nieta.

    • Mercedes: Porque yo me llamo Ruth Isabel.

    • JC: ¡Se llama Ruth Isabel! (todos reímos). ¿Y cómo la conoció, a su mujer?.

    • Julián: Pues si quieres que te diga la verdad, (se sonríe con cara de pillo y todos nos reímos), con la chavala que menos me pensaba yo, me casé.

    • Mercedes: La más guapa, ¿a que era la más guapa?.

    • Julián: Sí, era flamenca. Con las flamencotas que hay por el pueblo... yo nunca me arrimé... no sé... yo siempre he tenido un punto de vista que... yo nunca he ido... no es por alabarme ni nada, pero he sido así siempre. Tengo gusto para todo. (Todos nos reímos).

    • Julián: Pues mi mujer y yo, nunca me avine con ella, ni era yo amigo de ella ni nada. Yo tenía amistad con mis amigas y todo. pero mira...

    • JC: ¿Y su mujer también era de familia de campesino, y así, de trabajadores?, ¿no?.

    • Julián: ¡Mi mujer tienen una historia también...!. porque dio la casualidad que cuando la guerra, los padres de mi mujer, mis suegros, tenían un sitio público ¿no?. Vendían pescado fresco, vendían verduras... vendían cacharros de éstos, orzas, hoyas, que tenían un negocio vamos. Frutas, manzanas, naranjas, plátanos, pescado... de todo. tenían un negocio.

    • JC: ¿Eso antes de la guerra, o... ?

    • Julián: Antes de la guerra. Sí, antes de la guerra, y cuando vino la guerra, cuando vino la guerra, se lo quitaron todo. lo dejaron en la miseria.

    • JC: Bueno, y entonces ya se conocieron ustedes.

    • Julián: Y luego ya, después de la guerra, pues eso... pues...

    • JC: ¿Ella era de allí de Valencia?.

    • Julián: No, no. Del pueblo, del pueblo. Su padre era valenciano, y no me quería. Y a mí, no es que me despreciara, lo que pasa es que dice que no quería que se casara con ninguno de pueblo, porque casándose con uno de pueblo dice: "¿Qué va a ser de ti?, casándote con uno de pueblo?.

    • JC: Pues mira, no le han ido mal las cosas.

    • Julián: Pero es lo que pasa ¿no?. Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos. Y aquel hombre, tú te puedes dar una idea, aquel hombre estaba así (hace un gesto como si aquel hombre estuviese muy gordo y fuerte), (nos reímos), que daba un puñetazo y saltaban los platos. Un tío "pregao", parece que lo estoy viendo con un pañuelo negro aquí en el cuello, con un sombrero, con su blusa que llevaba... que era valenciano, pero valenciano de verdad, eh, y mira, y a mi no me quería. No es que no me quería, que era lo que me decía ella: "No es que yo lo desprecie, es un muchacho trabajador, pero... ¿y qué porvenir tienes tú aquí casándote con uno del pueblo?".

    • JC: ¿Y su suegro que prefería, que se casara con uno de ciudad o eso?.

    • Julián: Claro, justamente, calla, calla. Y su padre quería casarla con uno de Valencia.

    • JC: ¿Alguien ya concreto?.

    • Julián: Con uno de la capital.

    • JC: ¿Y qué hacía ese de la capital para que fuera tan preferido?.

    • Julián: Pues mira, porque casándose con uno de la capital, pues se figuraban que iban a tener otros medios de vida, otra cosa, y con un pueblerino, pues nada más que la agricultura y tal. Na, y ella salía conmigo, porque ella me quería como... cómo te voy a decir... (risas). Ella estaba loquita...

    • Julián: Sí, me quería mucho. Pero dio la casualidad de que viene un muchacho de Valencia.

    • JC: ¡Ostras!.

    • Julián: Tú fíjate. Viene un muchacho de Valencia y se lo presenta su padre a mi mujer, siendo yo novio. Claro, ella le tenía un miedo a su padre... le temblaba, eh. Se lo presentó y nada, se hicieron novios.

    • JC: ¿Y usted tuvo que dejarla?

    • Julián: Calla, calla. Y otro día, pues había allí un sitio para ir a comer que le llamaban "La fuente del molón". Es un cerro grande...

    • Dani:¿ El Molón?

    • Julián: Que hay una fuente, y la gente pues de recreo coges unas cestitas y te vas a comer al Molón. Y aquella tarde pues se fueron mi mujer, que ya era novia de él, con su padre, al Molón con unas amigas, pero yo no lo sabía. Y unos amigos míos cuando nos juntamos por la noche después de trabajar... pues nos juntábamos y yo llegué y dice: "¿ Pues sabes que la Isabel se ha ido con uno de Valencia?". Digo... con uno de Valencia de qué. Dice "no sé", dice, pero... y ya me enteré yo.

    • JC: ¿Y cuanto tiempo estuvieron ellos de novios, el de Valencia y su mujer?.

    • Julián: Ella, bueno... pues él se fue y se ve que sin saberlo yo pues se escribían ¿sabes?, y llegó otra vez que subió. Y yo estaba trabajando, que estabamos haciendo una bodega ¿sabes?, allí muy cerca de la estación, y me dicen... dice: "mañana se va ese muchacho que va con tu mujer, que va con tu novia, que va con la Isabel. Y yo estaba trabajando y mi vista era toda para ver si los veía venir. Y justamente, cuando ya faltaba poco para que el tren viniera, que venía de Cuenca, que pasaba por allí por el pueblo para Valencia, pues los veo venir a ella y a él. Y yo... pues aquí se va a armar...

    • Todos: ¡La de San Quintín! (y reímos).

    • Julián: La Marimorena. Y nada, pues llegamos allí para la estación, y ya estaban allí, ella con él y el tren venía ya, eh, venía ya para coger a los viajeros que había en la estación, para bajar para Valencia. Y me arrimo a ellos y digo: "Buenas tardes". Digo "¿Usted es el novio de Isabel?", dice: "Sí", digo: "Yo es que también lo soy" (todos reímos). Sí, pero como te lo digo, no es que te meto mentiras no...

    • JC: ¿Y qué le respondió?.

    • Julián:" Pues nada", digo: "y para evitarnos aquí jaleos, ahora que estamos los dos aquí que diga si se va contigo o se viene conmigo. Que se va contigo, pues tan amigos. Que se viene conmigo, pues tan amigos. Pero ya no subas más, eh. Y ella no sabía qué hacer. Ella me quería...

    • JC: Pero tenía la presión de su padre.

    • Julián: Pero tenía la presión de su padre. Porque si aquella tarde me dice que "me voy con él", o sea, que se viene conmigo, aquella noche su padre pues no sé. Y le dio al otro.

    • JC: ¡Ostras!, pues va para largo la historia parece.

    • Julián: No para largo, que pronto se cortó. Digo "Pues nada hombre". Dice el muchacho: "Es usted un caballero", dice, me dio sus señas, dice: "si alguna vez viene usted a Valencia, calle, número y tal, aquí la tiene usted", dice: "así se hacen los hombres". Y nada, nos echamos la mano y aquí no ha pasado nada. Él se fue, pero a la noche, mi mujer, que era mi novia, buscándome por todo. yo estuve con ella, dos meses sin hablarle, y se quedó así.

    • JC: Lo debió pasar mal ella también, ¿eh?.

    • Julián: Mal, mal, mal. Y tenía una amiga que le llamaban Dolores, que siempre me estaba mandando una cartita, pero yo necio, necio: "tú me has hecho esto...". pero ella no tenía culpa la pobre. Pues estuve dos meses así, y a los dos meses pues nada. Pero mi suegro, como cuando vino la guerra se lo quitaron todo y lo dejaron en la ruina, pues se enfermó. También cogió depresión, y lo que pasa ¿no?. Y mi suegro murió. Pero si mi suegro vive yo no me caso con mi mujer. Eso está claro.

    • JC: Bueno, ¡mira que tener que morir el suegro!.

    • Mercedes: ¡Lo que son los suegros!.

    • Julián: ¡Y las suegras, y los cuñaos y todos, porque todos estaban en contra de mí!.

    • JC: ¿Y su suegra también, erre que erre, no quería?.

    • Julián: Tampoco me quería.

    • JC: Pero bueno, murió el suegro y ya la fuerza mayor, la presión mayor...

    • Julián: No... ya murió el suegro y ya mi cuñao diciendo, "pero bueno, pero después de todo, pero el muchacho pues es trabajador y ya no le tienen que decir nadie nada ¿por qué no?". Y ya, ya entré en la casa.

    • JC: Y al final cedió ¿no?

    • Julián: Y hasta ahora.

    • JC: Pues menos mal ¿no?, ¿y a qué edad fue que se casaron ustedes?.

    • Julián: No, yo me casé... tendría por lo menos veintiocho o veintinueve años.

    • JC: ¡Uy!, ya eran mayores ya.

    • Julián: Sí, ya éramos mayores. Hombre, ya era mayor, porque como resulta que mi madre estaba conmigo. Mis hermanos, el uno murió, el otro estaba casao y tal, pues el único que le daba... pues era yo. Y claro, yo aguanté todo lo que pude, porque mi madre no se viera con unos y con otros por ahí. Y me casó con veintiocho años por ahí.

  • SUIZA

    • ... que yo estuve en Suiza...

    • JC: ¿Sí?.

    • Julián: Sí, cinco años, cinco trabajando allí.

    • JC: ¿Y eso?, ¿en qué estuvo trabajando allí?.

    • Julián: En la construcción.

    • JC: ¿Después de lo de la fábrica de harina?.

    • Julián: Sí, después, después. Después de la fábrica, pues, hicimos un teatro para mi primo aquel, que yo me salí de la fábrica. Hicimos el teatro, al año, estábamos haciendo unas casas para el pueblo, de estas casas que el gobierno ayuda ¿no?.

    • JC: Sí, sí, de protección civil o...

    • Julián: Sí, sí. Y ya vino un señor y dijo: "vamos a ver. ¿Quién es el que se quiere venir para Suiza?". Y nos juntamos allí cinco o seis. ¿cinco o seis?, siete u ocho. Dice: "¿nos vamos?", con que por la noche nos juntamos, nos juntamos y nos fuimos. Se fue el hombre, nos trajo los avales, porque allí en Suiza, si no llevas el contrato de trabajo, allí no entras.

    • JC: ¿Y eso en qué año debió ser?.

    • Julián: Eso en el 64.

    • JC: ¡Ah ya!.

    • Mercedes: ¿Ya estaba casado?.

    • JC: ¿Y entonces cuando se fueron a... cuando se fue usted a Suiza?, ¿más tarde?.

    • Julián: Sí, eso fue. Que cuando salí de la fábrica, pues... al poco tiempo.

    • JC: ¿Qué edad me ha dicho que debía tener usted?.

    • Julián: El teatro lo hicimos en año 60, después se acabó, yo trabajé en las casas que hicieron ellos protegidas por el Estado. Trabajé allí un año o así, y allí ya me fui a Suiza. Yo me fui a Suiza el 64, o sea, la Noche Buena del 63, la Noche Buena del 63 la pasé en Suiza. Que tengo fotos por ahí.

    • Mercedes: Luego nos las enseña.

    • JC: ¡Ah, sí!, luego nos puede enseñar algunas fotos, que nos interesa mucho.

    • Julián: ¡Ah...! ¿Para qué?.

    • Julián: ...Y nada, ¿pero ves?, lo que decías tú, qué consejo te puedo dar: allí yo trabajaba en la construcción, y había muchos allí, pero la mayoría eran de la provincia de Málaga, andaluces. Y yo me preguntaba muchas veces: "¿Pero para qué saldrá esta gente de su casa?". Lo mismo que lo ganaban lo gastaban.

    Teníamos una cantina y allí era donde dormíamos. Y allí arriba estaban las habitaciones. Cenábamos , estábamos un rato con algún amigo y tiraba hacia arriba, pero había quien se quedaba jugando a las cartas y particularmente el día que se cobraba - que allí se pagaba por quincenas-

    • JC: Y hacían una fiesta.

    • Julián: Pues fíjate... La que liaban allí... lo que liaban allí, de vino, de cerveza, de esto, de lo otro. Y había veces en los que se iban y se dejaban las mesas con botellas enteras de vino y cerveza, y el cantinero, que era italiano, cuando se iban...

    • JC: ¿Sí?

    • Julián: ...las recogía.

    • JC: Y las volvía a poner.

    • Julián: Y luego, al rato , a las dos horas volvían otra vez: “¡Giacomo!”, que le decían, que era italiano: “¡Giacomo, pon cervezas y vino!”

    • JC: Y le ponían lo mismo.

    • Julián: Y lo mismo que habían dejado, pues se lo volvía a cobrar y se lo pagaban por dos veces (ríe).

    ¡Ellos disfrutaban con sus cantares y sus palmas...!

    • JC: ¡Pues todos contentos!

    • Julián: ¿Pues que pasaba luego?: que venía la Navidad, así como ahora, venía la Navidad y ¡qué es lo que traían?

    • JC: Nada.

    • Julián: Cuatro chavos.

    • JC: Ya.

    • Julián: Nada. Yo me traía diez mil francos. Hasta que no los ahorraba, no paraba.

    • JC: Claro.

    • Julián: ¡Y no pasaba hambre, eh!, ¡por favor!. Si me apetecía una cerveza me la tomaba, y si no me apetecía, pues no me la tomaba, pero yo ahorraba diez mil francos. Si no tenía diez mil francos no paraba, pero eso no has de hacerlo cuando ya te vas a venir, porque cuando nos falta un mes para venirte, ¡no, no!, hay que hacerlo cuando llegas.

    • JC: Claro.

    • Julián: Desde el primer día hasta el que te vienes.

    • JC: Ajá.

    • Julián: Decir: “bueno, pues a mi familia le mando tanto al mes: pues se lo mandaba”. Entonces, por aquellos años sesenta, diez o quince mil pesetas, pues era dinero. Y yo se lo mandaba, y desde allí me compré una casa allí en el pueblo, de aquellas que estábamos haciendo.

    • JC: ¿De protección civil?

    • Julián: De protección civil. Me compré la casa y cuando me vine aquí la vendí. Vendí la casa y compramos un piso aquí, en Eusebio Estada.

    • JC: O sea, su mujer, en el tiempo que usted estaba en Suiza, estaba aquí, en España, ¿no?

    • Julián: Yo me fui solo

    • JC: Claro.

    • Julián: Y ellos se quedaron aquí.

    [...]

    • JC: ¿Y allí, hablaban otro idioma?, ¿hablaban inglés?

    • Julián: Allí había de todo. ¡Se daban unos pistos...! Allí había de todo. Árabes, franceses, italianos, alemanes, ¡yo que se!, pero yo vi a un muchacho que se llamaba, o que se llama -que todavía no habrá muerto aún-, un tal Francisco Arias. Aquel era muy listo. Yo no he dado con persona más lista como aquel.

    • JC: Se entendía con todo el mundo.

    • Julián: Y dijo: “¡No te preocupes!, que conmigo no tendrás problemas, hablaba el alemán, el francés, el árabe, hablaba todos los idiomas.

    • Mercedes: ¿Y usted aprendió idiomas allí?

    • Julián: No... nunca me lo propuse. ¡No ves que allí habían tantos españoles...!

    • JC: Ajá, era como un mundillo aparte.

  • LOS HIJOS

    • JC: ¿Qué tiene, dos hijos ?

    • Julián: Sí, dos.

    • JC: Hábleme un poco de ellos , de sus hijos.

    • Julián: Pues ya ves... el padre de Ruth trabajando toda la vida y el otro... trabajando.

    • JC: Bien.

    • Julián: Como toca.

    • JC: Como toca, sí... ¿Y cuál es el mayor?

    • Julián: (No responde)

    [...]

    • JC: Claro. ¿Y sus hijos nacieron allí? (en Camporobles)

    • Julián: Sí... ellos nacieron allí, y por eso los traje aquí, para que no se criaran allí en el pueblo como yo, que pasé mi niñez y parte de mi juventud y sé lo que es el pueblo, que el que no tiene la viña y cuatro pedazos de tierra y no tiene con qué vivir... el que depende de un jornal, se muere de hambre. Y yo dije que no, que no quería que ellos pasasen hambre, y pasasen lo que yo pase. Me fui a Suiza, y desde allí compré el piso con mis ahorros y mi sacrificio, para poder traerlos aquí. El mayor ya estaba aquí, porque yo tenía un cuñado aquí, y se lo trajo al mayor. Mi mujer me dijo: “Mi hermano se quiere llevar al mayor allí, ¿qué hacemos?”, y dije: “Déjalo, claro... no va ha estar aquí en el pueblo, que se vaya allí”. Y luego, como el mayor estaba allí, pues digo: “¡No!, yo compro un piso allí y nos vamos todos a vivir”. ¡Así es la vida...!: trabajar, trabajar y trabajar. Y siempre mirando para la casa.

    • JC: ¿Y para sus hijos fue usted un padre muy duro?

    • Julián: ¡Hombre...!, había veces que te tenías que imponer, por el bien de ellos. No era tampoco por ellos... sólo que no me gustaba que vinieran tarde, no por nada, sino que no tenía que estar yo hasta las tres de la madrugada, por ejemplo, pendiente de a ver cuando viniesen . Por ejemplo: a las doce en casa, a las diez, a la una en casa les decía, pues tenían ese límite, y a esa hora tenían que estar en casa, y no ahora, que mira... la vida se ha revuelto . ¡Yo lo veo bien así también!, que para eso está la libertad, para poder uno echar por donde quiera, siempre que vaya por el camino que Dios manda.

    • JC: Para eso están los padres: para ayudar un poco.

    • Julián: Claro, ¡pero hay hijos que salen rebeldes!

    • JC: Siempre hay alguno.

    • Julián: Alguno... ¡y hasta algunos!

    • JC: ¿Eran muy rebeldes sus hijos?

    • Julián: ¡No, qué va, hombre!

    • JC: ¿Y sus hijos?, ¿estuvieron así, mucho tiempo en la escuela?

    • Julián: ¡Ellos?... hasta que se cansaron. Yo les di hasta que se cansaron, y el padre de Ruth, si le hubiera gustado en estudiar hubiera estudiado. Yo me hubiera sacrificado, pero él hubiera estudiado. Por eso, también, hay padres y padres. Y es de verdad, eh, no es pa ponerme yo...

  • MALLORCA (hotel Majorica, piso en Eusebio Estada y Casa Frau)

    • JC: Entonces... usted estuvo en Suiza. Estuvo trabajando allí, volvió y ¿se vinieron para aquí, para Mallorca?

    • Julián: Bueno, cuando yo ya pagué el piso, entonces me vine para acá. Y cuando me vine para acá, un señor que vivía, que ya se ha muerto, me dijo: “Lorente, te voy a colocar en hotel donde yo trabajo”. Dije: “Bueno, pues algo habrá que hacer”. Y nada, me metí allí, en Portopí. Allí estuve con un funicular que llegaba de aquí, de la calle de abajo... por arriba del todo. No se si sabéis vosotros.

    • JC: No, no lo sabemos.

    • Julián: El hotel Majorica, ¡no sabeis dónde está?

    • JC: Sí... creo que sí... Más o menos.

    • Julián: En Portopí.

    • JC: Ah sí, exacto...

    • Julián: Pues hay una calle que pasa para abajo, y otra para arriba, y había unas escaleras que tenían lo menos cuarenta o cincuenta escalones, y claro, y para que el cliente no se cansara, había un funicular desde la entrada del hotel hasta abajo del todo, con unos cables, igual que un ascensor... igual.

    • JC: ¿Y eso en que año era?

    • Julián: Sí... era.... yo me vine... en el año sesenta y nueve. Había muchos turistas. Yo me sacaba entonces más de lo que me daban de propinas que de lo que me pagaban. Ya te digo, yo tengo una manera de ser que con todo el mundo me hago. A mi me dijo uno de allí que se llamaba Jaime, dice: “Julián, si te haces con los clientes, sacarás más de propinas que de lo que te van a dar”.

    • JC: Y fue cierto.

    • Julián: Y fue cierto. Yo me traía todas las noches trescientas o cuatrocientas pesetas de propina, que en los años sesenta, que hoy no tiene importancia, pero entonces sí. Luego, después, cojo el diario y veo que pedían gente... peones en casa Frau.

    • JC: ¿Dónde?

    • Julián: En casa Frau. Donde estaba Buades... en Eusebio Estada... Pues enfrente estaba Frau. Tenía una tienda, toda de cristales, todo. De maquinaria, cafeteras, máquinas de hacer hielo, aire acondicionado, todo, todo, todo.

    • JC: Y se puso a trabajar allí.

    • Julián: Bueno, pues yo leo aquello que se necesitan allí trabajadores, pues me presento.

    • JC: ¿Y ustedes tenían piso ya en Eusebio Estada?

    • Julián: Yo ya vivía aquí ya... sí.

    • JC: ¡Ah, hombre, entonces le debía ir muy bien!

    • Julián: Y al lado de casa... Estábamos al lado. Y me presento al jefe de personal, un tal Antonio Julià, y nada...: “He leído en el diario que... que se necesitaban aquí trabajadores, y he venido para saber si hay alguna plaza para mí”.

    • JC: Ajá.

    • Julián: “Hombre” -dijo-, “en este momento no, porque ya está ocupada, pero yo le prometo que en el momento que haya una plaza desocupada yo le llamo”. Se quedó con mi dirección. Digo...”¡Usted que va a decir...!”.

    • JC: No hay nada que hacer.

    • Julián: Pues ya cuando no me acordaba, debió pasar tres o cuatro meses, voy y miro en el buzón y veo una carta de Frau y, hombre , la abro y la leo, y me decía que había una plaza libre, que me presentara. Total, que me presenté allí, y el jefe de personal me dijo: “Bueno, aquí tiene usted una plaza”. Y yo le dije qué trabajo es el que tengo que hacer y me dice: “De responsabilidad”. Y yo le dije que me gustan las cosas serias.

    Habíamos tres vigilantes, y se murió uno, y me metí allí. Fíjate. Mi trabajo, que los dos que había antes que yo, pues eran más antiguos, llevaban más años que yo, y a mi me pusieron más, o sea, de antigüedad, ellos la cobraban más que yo .La antigüedad yo no se la podía quitar a ellos, pero luego, después, con el trabajo, a fuerza del tiempo...

    • JC:A fuerza de demostrar...

    • Julián: Se fue viendo el trabajo, el trabajo, el trabajo, y entonces me pusieron igual que los demás.

    • JC: Bueno, parece que ya eran tiempos mejores...

    • Julián: Te voy a contar una cosa para que veas quién era yo.

    • JC: A ver... cuénteme.

    • Julián: Un día era Domingo, y tenía servicio por la tarde. Yo tenía mi puerta cerrada y estaba leyendo en el cuartito que teníamos nosotros.

    • JC: Sí.

    • Julián: Estaba leyendo el diario y me toca el timbre -porque allí había un timbre-, cuando la puerta estaba cerrada. Había un timbre que tocabas.

    • JC: Y usted abría.

    • Julián: Tocan. Abro la puerta y entra un señor que se llamaba Morales -siempre me acuerdo. Tengo una grabadora. ¡Es verdad!. Y pasa este señor tirao palante... chulo, pasa y apenas me saludó. Pasó y le digo: “¡Oiga!, ¡puedo saber dónde va usted?”, y dice: “¡Qué dónde voy ?, pues a trabajar”, y le dije: “¿Lleva usted permiso para trabajar esta tarde?”, y dice: “¡ Desde cuando es esto?”. Digo: “Desde que estoy yo”.

    • JC: Bueno, hacer las cosas rectas, como toca.

    • Julián: Digo: “Si no lleva usted permiso de la empresa no entra. Otra vez que venga traiga usted permiso de la empresa y ya verá como no me meto con usted”. “Es usted el que se mete conmigo, que yo estoy aquí haciendo mi trabajo”. Y dice: “Pues esta mañana, cuando venga... un tal Sastre -que era el gerente - Cuando venga Sastre , yo hablaré con él”. Y digo: “Hable usted con él, ¡no se preocupe!, que yo voy a estar mañana por la mañana”. Como nos turnábamos cada semana uno, a mí me tocaba estar por la mañana. Cuando ya viene toda la empresa, ya se colocan todos, tal. Al rato suena el teléfono y era el señor Sastre, y dice: “¿Lorente?”. Digo: “¡sí?” .”¿Qué pasó allí con el señor Morales?”. Digo: “Nada, pasó esto, esto y esto”, y dice: “Muy bien, así tenían que ser todos”.

    • JC: ¡Menos mal que respondió así...!

    • Julián: Cuando pasaba por allí no me miraba.

    • JC: ¡No me extraña!

    • Julián: Tenía que pasar por la rampa, por que tenía una exposición arriba, y abajo sótano, y allí había carpinteros, había herreros de cafeteras de todo... ¡que éramos seiscientos allí trabajando!

    OTRAS REFLEXIONES GENERALES

    • JC: Yo me preguntaba también, porque estaba usted en Valencia, después en Suiza, después vinieron aquí: ¿usted de dónde diría que es, si le preguntaran?

    • Julián: ¡Yo?. De Camporobles, de toda la vida. Es que como en mi pueblo no hay nada.

    • JC: Claro...

    • Julián: Como la tierra de uno no hay nada. Yo estoy muy bien aquí, porque no me falta de nada. ¡Oye, que no me puedo quejar!, pero si me preguntas, pues Camporobles. Ahora, que irme a vivir allí, pues no, pero que me acuerdo del pueblo... todos los días.

    • DEDICACIÓN LABORAL

    • JC: Y digo yo, porque veo que usted ha estado haciendo trabajos: en el campo de pastorcillo...

    • Julián: De todo... mi primer trabajo de pastorcillo.

    • JC: Sí.

    • Julián: Luego, después, en la construcción.

    • JC: Ajá.

    • Julián: Luego, después, en la fábrica de harina. Luego, después de la fábrica de harina me fui a Suiza, y estuve cinco años en Suiza. Me vine de Suiza y me metí en el hotel Majorica, y del hotel Majorica me metí en casa Frau, y allí ya hizo quiebra... Me faltaban dos años para la jubilación y tuvimos que salir todos.

    • Mercedes: ¿Y en Suiza en que estuvo trabajando?

    • JC: En la construcción también, ¿no?

    • Julián: En la construcción.

    • Mercedes: ¡Julián!, ¿y usted, después de haber trabajado en tantos sitios, si ahora le preguntaran cuál es su profesión, cuál diría que es?

    • Julián: ¿Mi profesión ?... (piensa un poco), pues albañil.

    • JC: ¡Albañil?, ¿y eso porqué.?, ¿porqué se decidiría a decir que es albañil?

    • Julián: Claro... que si a mi me dijeran dónde quiere usted, pues en una fábrica de harina. Como estaba allí...

    • JC: Claro.

    • PUEBLO-CIUDAD / ANTES-AHORA

    • JC: ¿Y después de todo esto, usted que prefiere: la vida del pueblo o la vida en la ciudad? .Ya veo que usted ha estado en Camporobles, después se ha ido a Suiza... estaría en una ciudad a lo mejor...

    • Julián: Hombre... pues la vida del pueblo es muy diferente, porque allí la gente... entonces, por aquel entonces, no es como ahora que ya la juventud ya es toda igual, la del pueblo que la de la capital, y a las televisiones, ya se ve todo...

    • JC: Ya.

    • Julián: Y las mismas modas hay aquí que adonde vayas. Pero antiguamente, cuando era mozo, pues nos divertíamos a nuestra manera, y lo pasábamos bien. Íbamos a la casa de los amigos, sacaba la bota de vino, hacíamos cuatro tragos de vino, cuatro tonterías, y al baile...

    • JC: Claro.

    • Julian: Y nada, cuando nos parecía nos juntábamos todos y hacíamos una comida .

    • JC: ¿Y en los bailes se conocían chicas también, no?

    • Julián: ¡Claro, nuestras amigas!, siempre se pasaba bien hombre...

    • JC: Los bailes también se hacían en las casas de los amigos ,¿no?

    • Julián: ¡Qué?

    • JC: Los bailes, ¿se hacían en las plazas o en las casas de los amigos?

    • Julián: ¿Los bailes?

    • JC: Sí.

    • Julián: ¡En los salones que había allí, hombre!.

    • JC: Yo lo se por mi abuela, que me contó que se hacían en las casas de los amigos.

    • Julián: Sí...sí, eso también se lo oía yo a mi madre, que antes se juntaban ahí con una guitarra, con cuatro cacaos y cuatro higos y cuatro cosas y la tarde con las vihuelas cantando.

    • JC: Mi abuela es que tiene noventa años.

    • Julián: Sí claro, claro. Y no te miente, no. Porque mi madre era más joven, y ya me lo contaba. Y entonces vestir, pues hasta los talones, con aquellas faldas bajas... ¡madre mía!

    • JC: Mi abuela me contaba que hacían tortas de centeno y...

    • Julián: Tortas envueltas, sí. Mi madre ha hecho muchas de aquellas. Entonces, en vez de ahora que se compra el pan al día; vas al supermercado y enseguida te lo dan, entonces no... entonces las mujeres de entonces, de tu abuela y mi madre cogían siete u ocho kilos de harina y la amasaban, le pasaban un rodillo hasta que la masa estaba hecha, ¿no?, le echaban una poca de levadura y luego se hacía una masa, iban al horno, la cortaban, hacían sus panes, ¡y aquello era pan!, ¡pan, lo que se dice pan!, porque solamente la olor que te echaba el pan ya te abrían las ganas de comer. ¿Y por qué entonces, una familia, la madre amasaba ocho o diez panes y tenía para toda la semana?. ¡Y no se ponía duro, eh! El último pan se ponía un poco... pero se podía comer bien, y ahora... te traes una barrita y... y mañana ya no vale.

    • JC:Ya.

    • Julián: Fíjate la naturalidad de un pan a otro.

    • JC: ¿Y por qué será eso?

    • Julián: Porque entonces se comía pan puro de harina de trigo.

    • JC: A lo mejor lo hacen a posta hoy, para que al día siguiente tengas que comprar otro pan.

    • Julián: Hoy tú no sabes lo que comes. Hoy no sabemos lo que comemos. Yo sí, porque yo estaba allí, en la fábrica, y yo siempre me echaba de la harina buena. Porque había veces que me decía el dueño: “Mira Julián, limpia los empaques” -los empaques eran unos depósitos donde la turbina, desde la fábrica, dando vueltas, traía la harina a los depósitos-. Dice: “llevamos a hacer harina de trigo argentino”, entonces que nos mandaban trigo argentino, que era super, y era muy bueno, y aquella harina era pues para el médico, para la guardia civil, para el boticario, para todos los allegados del pueblo... para el cura y para el sacristán. ¿Sabes lo que te quiero decir?. Y yo siempre comía pan bueno. ¿Tú crees que yo, moliendo harina, iba a comer pan malo?, ¡no faltaba más!.

    • JC: Parece que la vida en el pueblo, en cierto modo no era tan mala, ¿no?

    • Julián: No... no, yo te lo digo. A mi, francamente, la vida del pueblo me gusta. Es muy saneada. Los mozos, claro, no hablan como aquí en la capital, que son más finos. Viven a su aire, a su manera, y se divierten a su manera. Allí cambia mucho, y las mozas allí... allí las ves más naturales, más colorás que las flores que hay allí.

    • JC: Y supongo que así se sabía lo que valían las cosas. Por ejemplo: lo que decía del pan, ¿no?, un pan que se hacía uno, que se trabajaba.

    • Julián: Entonces sabías que comías pan. Ibas por un kilo de carne, sabías que comías carne, y todo porque era natural, porque yo fui a Torcillo, como ya te repito, y entonces yo me recuerdo que iban, los compraban, los corderos, y se llevaban los corderos del mismo ganado. Allí los pesábamos y los metían en uno de esos coches de rejas, pero corderos que se crían en el campo, nada de granja y todo eso, todo era natural, entonces te comías una chuleta y sabía a sabor de cordero, igual que todo. Matabas un cerdo allí en el pueblo, que en mi casa, como en todas, se mataba, para ahora, por estas fechas. ¡Me cago en diez!: Y los amigos, pues fíjate, cuando se mata: yo te invito a ti, cuando tú matas: yo te invito a ti, y así todo.

    • JC: Y además así se hace más amistad.

    • Julián: Y nos juntábamos allí los amigos de los hermanos, y allí se comía hasta morirse, y se bebía. La vida en la capital cambia mucho. Además, ahora cada uno en su casa, no es igual que allí que nos conocemos todo el pueblo. Cuando el verano llega, sales a la calle, pones tu silla, la bota en la mano, y dos tragos de vino, esa amistad que hay en los pueblos... cambia mucho.

    [...]

    • JC: Pero mire qué función tiene usted ahora: el darnos un poco de esa experiencia a nosotros, para que sepamos a lo mejor un poco antes.

    • Julián: ¡Uy... mucha!. Pero hoy, la juventud, hay poca de esta, eh... poca de esta de decir: “A ver si puedo ahorrar un duro pa mañana... a ver si puedo hacerme esto...”. Si me quiero comprar, por ejemplo ropa, pues decir: “Cojo mi trabajo y voy a trabajar. Hago dos horitas, y estas son dos horitas pa eso...”. De eso hay poco hoy.

    - JC: ¿Y eso, por qué?

    • Julián: Porque... el vicio, va más adelante que lo otro, ¿me entiendes?. El vicio va por encima, pero es porque no han pasado por donde he pasado yo... Tú sabes, ¡si todo se lo están dando hecho!, ¡qué saben ellos lo que es padecer, lo que es... lo que es trabajar?.

    ¡No cambia nada!... la vida de hoy a cuando yo era mozo. ¡¡No cambia nada!!... Porque entonces te tenías que levantar... decir: “Que me tengo que levantar para... para poder comer”. Mucha miseria. Entonces había mucha miseria, y mucha hambre. Cuando hay hambre hay miseria.

    Fíjate que ahora, por estas fechas, va a venir Noche Buena, Reyes... todas estas fiestas que ahora... de los niños... ¿sabes qué me dejaban mis padres a mí?.

    • JC: ¿Qué le dejaban?

    • Julián: ¡Yo me acuerdo de todo, eh!. Pues mira: allá en la que vivíamos teníamos un balconcillo, eh... y llevaban medio capazo de paja, y en la paja me ponían, por ejemplo: un cuarto de higos, un cuarto de cacao -de cacahuetes-, te ponían cuatro castañas, cuatro cosillas de esas... y por la mañana te levantabas... ¡uh, más contento...!: “¡Fíjate lo que me han dejado los reyes!”

    Y fíjate ahora, ¡ya ves!. Y entonces, para jugar, entonces no teníamos como tienen ahora los videos, los juegos... a ver: ¡qué le falta a ese muchacho desde que nació! (hablando de su nieto), ¿qué le falta?. Sin embargo, ¿tú sabes con qué jugábamos entonces?

    • JC: No, ¿con qué?

    • Julián: Entonces, pues había latas como hay ahora -¡de estas de sardinas!: pequeñitas, ¿no?-, pues, cuando estaban vacías, les poníamos unas cuerdas: una sobre otra, una sobre otra, una sobre otra, y hacíamos como un tren, y lo llenábamos de tierra e íbamos como un tren, y lo vaciábamos... cosas de niños.

    Y entonces había películas, de estas de espadachines -¡en cine mudo, eh, en cine mudo!- . Había películas de espadachines y los muchachos, pues como veíamos las películas esas, nos hacíamos unas espadas, ¡y a pelearnos!. Y había veces que te pinchabas, pero bueno.

    Pero ahora, como tienen su vídeo de fútbol, de esto, de lo otro... ¡ellos lo pasan en grande!. Entonces, ¡ni arradios había entonces, hombre!. Cuando yo me hice mozo, vinieron los primeros arados... ya mozo, pero ya grande, eh... vinieron los primeros arradios, y cuando jugaban al fútbol, que había un partido que la selección española jugaba contra Portugal, contra Inglaterra, contra Francia o tal, lo escuchábamos por radio, y nos juntábamos allí los que nos gustaba el fútbol -que a mí me gusta mucho-... pues estábamos todos allí con el oído posado, allí pegado, allí sobre la radio... y fíjate... y pasábamos un buen rato. Se acababa el partido: salíamos todos de allí, y mira.

    Entonces es cuando cada uno tenía sus grupos de amigos: tú tenías un grupo de amigos, el otro tenía su amigo; te llevabas bien, pero cada uno se iba con sus amigos... ¡y con sus amigas, claro!.

    • Mercedes: ¿Y la Navidad, Julián, cómo se vivía?

    • Julián: Pues igual: nos juntábamos los amigos, con las amigas, y cada uno ponía de su casa lo que podía y... pues se hacía una cena pa todos. Y hombre... no era como ahora que no quieres nada, que antes de Navidad estás harto ya.

    [...]

    • Julián: Pues en la vida no hay nada más que eso, que si dependes del trabajo, trabajar y mirar para el día de mañana, porque el que no mira más allá, luego se queda corto, y más hoy como está la vida pa los jóvenes, porque yo me hago cargo hoy... que el que se tenga que casar hoy, el precio en que están los pisos, luego amuéblalos... y vamos, y yo me hago cruces para poder casarse ahora. Me hago de cruces... ¡y es que no puede ser!.

    • JC: Pero mire, si no hubiera alguien como usted que pudiera decirnos todo eso... que usted lo ha vivido... nosotros no...

    • Julián: Yo sí, yo le he vivido. Yo me casé y me metí ahí en una casa... vamos, que si la hubieras visto dirías: “¡lo que es la vida, eh!, ¡lo que es la vida!”. Pero entonces, cuando yo me casé, no se encontraba ninguna casa, no: todas estaban ocupadas. Y a mi me dieron una casa que... ¡puf!. Pues yo, con mi trabajo le cambié las puertas, siempre con permiso del dueño... digo: “bueno, yo le voy a poner aquí -como yo sabía algo de la construcción...-“, digo: “yo le quito estas puertas y se las pongo nuevas... Pero ¡las puertas las va a pagar usted!”, ¿me entiendes?.

    • LA GUERRA

    • Julián: Pero las peores cosas que pasé fue en la guerra.

    • JC: Claro.

    • Julián: Eso es inolvidable. Pasan los días sin comer, y sin esperanza. Te acostabas, porque no tenías qué hacer, y así se hacía día a día, pensabas: ¿dónde voy?, ¡y a lo mejor nevaba!, eso sí que es un drama.

    • JC: Y dicen que eso es lo último que se pierde, la esperanza.

    • Julián: Sí, nunca se pierde, pero a veces... se pasa, se pasa... Yo, por desgracia o por fortuna ya sé lo que es malo, lo que es bueno, lo que es regular, lo que no es regular, lo sé todo. ¡Yo ya paso de todo, hombre...! Pero bueno... la vida siempre te enseña.

    • JC: Una pregunta: ¿en su casa eran muy religiosos?

    • Julián: No, por aquella época nadie... no sé... vivía la gente... no, sí. Yo nunca he sido ateo, ¡nunca!, yo siempre he creído, y sigo creyendo.

    • JC: Y a lo mejor, en tiempo de guerra, se creía aún más, ¿no?

    • Julián: ¡En tiempo de guerra?. Sí, pero entonces lo que pasó es que una revolución de esas, en la que se quemaban iglesias, se mataban curas... entonces no se vivía normal. Era una cosa en la que sálvese quien pueda, y en mi pueblo se pusieron cadenas en todas las carreteras, en las travesías de la carretera que pasaban por los pueblos se ponían cadenas para que el coche que pasara se parara. Se paraba y a ver quién va. Porque entonces se camuflaba mucha gente que se pasaban de un sitio a otro y tal... Recuerdo que un día cogieron al secretario del obispo de Cuenca, le hicieron bajar. Lo querían matar y todo porque era el secretario del obispo. ¿Qué culpa tenía el hombre también?, y menos mal que el alcalde de este pueblo dijo: “Mientras yo sea el alcalde de este pueblo, no se mata a nadie”, y no se mató a nadie. En muchos pueblos, “que si tú eres de derechas, que si tú eres de izquierdas...” Allí no se mató a nadie. Lo llevaron al ayuntamiento, al secretario este. Iba con su sotana, secretario del obispo. Y no me digas... ¡parece que lo estoy viendo!, allí, en el ayuntamiento, en la plaza, estaba llena de gente, y salió el alcalde, y dijo: “¿Lo quieren matar?”. “¡Sí, porque es un cura!”. ¡Ya ves tú los atrasos que habían entonces!. Pues llega el alcalde y dice: “Bueno, el que lo quiera matar, que de un paso al frente y diga que lo quiere matar, ¡no todos!, uno”. Y no salió nadie. Al otro día, el cura se fue con su familia, que era muy cerca de donde yo vivía. Claro que el hombre, cuando se armó la guerra, pues estaba en Cuenca, y se bajó a requerencia de la familia, y al llegar a Camporobles, allí había unas cadenas. Se paró, y los cogieron, pero cuando el alcalde se impuso... Pues cuando se acabó la guerra, este señor alcalde que le salvó la vida al secretario del obispo, lo metieron en la cárcel, y se tiró tres años, y gracias a este señor, el secretario, si no es por él lo matan. Pero él le salvó la vida, o sea, que el alcalde le salvó la vida y luego él le salvo la vida. Y entonces, tú, en la parte roja, que eres de derecha, pues sin más ni menos te cogían, te sacaban fuera y... cinco tiros. Igual en la parte de Franco, no dejaron ni uno de izquierda. Y después de la guerra, mataron tantos cuando la guerra. Fue una guerra civil que no tiene comparación, porque es menester que no hubiese otra.

    • JC: Se trabaja para que no haya otra.

    • Julián: ¡Hombre, puede pasar muy pronto!. ¡No creas que los vascos...!, no, puede haber lío, eh...

    [...]

    • Julián: Pues ya podéis sacar consecuencias de eso. Ahora: lo que vale, que no venga ninguna guerra; que no veáis ninguna guerra. Eso es la cosa peor que hay, eh... Hay mucho odio cuando viene una guerra, y más una guerra civil, que es lo peor que puede haber, porque cuando hay una, una nación contra otra... pues todos defendemos lo mismo, pero lo malo, cuando hay una guerra civil...

    • LA FUNCIÓN DE UN PADRE

    • Mercedes: ¿Cuántos nietos tiene, Julián?

    • Julián: Pues estos dos.

    • JC: Y con ellos, ¿qué tal?

    • Julián: ¿Con ellos?, bien... mira.

    • JC: No hace falta ser tan padres con ellos, ¡eh?

    • Julián: ¡Hombre!, el padre tiene la obligación de mirar por los hijos, tiene la obligación esa hasta que se casan. Tú los casas, y los pones en marcha Es como un reloj: tú le das cuerda, y que se dispare cuando quiera. Pues los hijos son igual. Se casan: les ayudas en lo que puedas, y luego tienen que hacerse vida ellos, porque los padres no duran toda la vida.

    Y si los padres no se preocupan de los hijos cuando son pequeños, los hijos no serán en su vida nada, a no ser que se vayan por ahí y tengan suerte, ¿no me entiendes?. Y yo, de mis hijos me he preocupado mucho; incluso este se casó y yo le ayudé en todo lo que pude... Por eso te digo que hay que mirar los cimientos, de dónde nace todo.

    • LA JUBILACIÓN

    • JC: ¿Cuál fue su último trabajo que ha dicho: Casa Frau?

    • Julián: Sí, en Casa Frau estuve doce años. Cuando se murió el dueño, don Miguel, dos años después, dio quiebra. Entre el gerente y el tesorero se lo quedaron todo y nos echaron. Nos pagaron cuatro perras... Luego, yo ya, con el tiempo que llevaba en Suiza, más doce años en Casa Frau, era para que me dieran la jubilación, ¿no?. Pues no me la querían dar. Tuve que ir a juicio. Aquí lo perdimos, pero el abogado nos dijo: “No, no, usted tiene derecho y lo sacaremos”. También fue un buen abogado; joven, pero dijo: “vamos a sudar tinta, pero lo sacaremos”. Lo mandamos al tribunal supremo, a Madrid, y allí nos lo dieron por válido.

    [...]

    • JC: ¿Y usted cómo estaba mejor: ahora que ya no trabaja o antes?

    • Julián: ¡Antes estaba mejor, hombre!. Si... ojalá yo si pudiera trabajar... ya lo creo.

    • JC: ¡Con lo hogareño que es usted!

    • Julián: Sí, pero eso no importa. Yo trabajaba, pero siempre estaba en mi casa, no iba al bar, ni de borrachera como muchos. Nada, y eso lo detesto. Siempre he mirado por los hijos.

    • JC: ¿Y cuáles son las diferencias de estar así, trabajando, y estar así como está ahora usted sin trabajar?

    • Julián: Pues la diferencia, que ahora no haces nada. Eres como un mueble. Es que no vales para nada...

    • JC: ¿No vales para nada?

    • Julián: Hombre... no vales para nada en el sentido que yo quisiera ganármelas,

    pero como los años no perdonan... Se te echan encima y se acabó.

    • JC: ¡Pero usted está ahora para enseñarnos a nosotros, por eso venimos ahora, para hablar con usted!.

    • LA MUJER

    • JC: ¿Y su mujer, a todo esto, se dedicaba más a las cosas de la casa?

    • Julián: Mi mujer siempre ha trabajado para casa, porque yo he sido de una manera que no me ha gustado nunca que la mujer trabaje. La mujer está para el trabajo de la casa, y para el trabajo del marido, para cuando uno venga la encuentre bien guapa y...

    [...]

    • Julián: Yo, lo que puedo hablar, pues ya te lo he hablado, o sea, que el hombre tiene que ser para trabajar, y la mujer para la casa. Claro que aquí, en la capital, las mujeres tienen que trabajar, porque las circunstancias son así. Pero yo allí en el pueblo, así... muchas conmigo no. Allí, al campo... porque la mujer -la faena del campo y la mujer...-, la faena de aquí cambia mucho, eh, va diferente, porque una mujer allí, en pleno verano, con esa calor... por allí, por aquellos campos: renegridas, sin asear y sin nada... ¡qué te parece!. Yo nunca. Mi mujer se casó conmigo y nunca jamás ella ha trabajado. Pero ahora la vida exige. Como está tan caro todo no basta con lo del hombre, y la mujer tiene que ayudar.

    • LA TELEVISIÓN

    De estos padres que... que hoy... yo no veo. Muchas veces apago el televisor por no ver, porque todos los días dan lo mismo: los hombres como tratan a las mujeres, ahora la droga... A mí eso no me va.

    • JC: ¿Opina que es una mala influencia?

    • Julián: Mala, mala: muy mala. Porque dime tú, los hijos que tengan esos padres así: que vengan drogados, que vengan borrachos, que maltratan a sus mujeres... dime tú, ¿qué pueden aprender los hijos?. A mí se me cae la cara de vergüenza.

    • JC: ¿Y el que la gente que no tiene esos problemas pueda verlo por la tele, y pueda darse cuenta de esos problemas, qué opina usted: que es bueno o no?

    • Julián: No es bueno, no. La televisión tendría que dar programas de educar. Programas educativos, ¿no?. Que puedas coger algo bueno, que digas: “mira, a ver...”, que oyes charlas que... que coges lo que te... Porque a mí me gusta escuchar a todo el mundo; ahora, luego escuchas y coges lo mejor, lo malo lo dejas.

    • CAPITALISMO

    • Lo único que sí está claro es que siempre ha habido ricos y siempre ha habido pobres, y el que tiene el dinero, ese se mata con el que sea. El capitalismo es la cosa más mala que hay, eh.

    • JC: A ver, explíqueme.

    • Julián: Bueno, pues ¿tú ahora estudias, no?.

    • JC: Sí.

    • Julián: Bien. Mañana sacarás una carrera.

    • JC: Sí.

    • Julián: Pues bien, una vez que has sacado la carrera, tú, tuviendo bastante para vivir, tuviendo bastante para decir: “tengo mi casa, tengo mi familia, les doy un estudio...” que tienes para vivir la vida... ¿y lo demás para qué lo quieres?, ¿por qué tienes que buscar con ese ocio: por tener, por tener... mientras que tú tienes millones y millones y otros se están muriendo de hambre?, ¡por qué?. Por eso está la vida corrompida.

    Si yo hubiera sido algo del gobierno... presidente o algo así... no sé, pues entonces sí que sí, porque yo hubiera hecho que todo el mundo trabajara: gente trabajadora; porque el que de verdad quiere, a ese no le falta de nada, el que quiere ir de nada, ese lo tendría muy mal... ¡pero que muy mal!. Pero como va el mundo no sé que va a pasar, porque el mundo está corrompido.

    • JC: ¿Cómo cree que va acabar todo esto?

    • Julián: Mal; bueno, el mundo no va a acabarse nunca, por... por... porque, no sé, con todos los adelantos que hay ahora, a no ser que... que... no sé, si las naciones se unen o se pelean unas con otras y entonces haya una guerra mundial, y entonces venga el exterminio... ¡entonces íbamos a quedar todos apañadicos!; pero volveríamos a empezar y las cosas serían como antes, y hasta llegar ahora...

    Pero si yo fuera jefe de estado... ¡uy!, ¡me matarían!, porque el que destaca un poco no conviene y lo matan, o si no mira lo que le pasó al Kennedy, que destacó y se lo cargaron enseguida... ¡Pero si es que el capitalismo es la gente más mala que hay: malo, malo, malo!; ¡y el obrero siempre a trabajar, siempre a trabajar, siempre a trabajar...!. Porque tú date cuenta... date cuenta: el dueño que yo tenía en la fábrica tenía un tesoro, o sea, un tesoro por lo que sacaban con el trigo; hacían millones... -claro: millonarios-; pues compró una finca grandísima y allí llevó mulas, obreros... y todos a trabajar, a trabajar... ¿ Para quién ?. ¡Para ellos!, te pagaban un triste jornal y ellos a vivir como grandes... Todo el fruto, cuando llegaba, era para ellos, a ti te daban cuatro perras, y sólo te quedaba la camisa sudá.

    Siempre se ha luchado por la igualdad: capitalismo contra trabajador... siempre. Y siempre se luchará mientras haya mundo. Pero el capitalismo siempre ganará, porque quien tiene el dinero tiene la fuerza.

    Si hubiera un estado que te diera lo que necesitas: un millón, dos... pero lo que te sobre para el estado, para que haga sus buenas carreteras... ¡y ya está!, porque, ¡para qué quieres más de lo que necesitas?, ¡eso es de avariciosos, de malos, de egoístas; que uno tenga millones y que el otro se muera de hambre... no, hombre, no!, ¡que todos somos seres humanos, y venimos todos del mismo sitio!, ¡éramos nada...!.

    • JC: ¡Claro!.

    • Julián: Un día me dijeron que era comunista, y yo le dije que no, que de ninguno: ni comunista, ni republicano; que yo sólo decía la verdad. Uno debe siempre decir la verdad, nada por atrás, a la cara.

    Fíjate: un día, allí en la fábrica, el nieto del dueño me pidió que vigilara todo, que él tenía que hacer un recado. Y yo, de tanto en tanto miraba, comprobaba... lo normal... En esto que llega el nieto con su moto, y con su racimo de uvas.... y en esto que yo le digo: “¿es tuyo el racimo?”. Y él me contesta: “Claro: son de las viñas de mi abuelo”. Entonces yo le contesto: “¡Pues no!, ¡esa uvas no son tuyas, ni de tu abuelo!, ¡son de los trabajadores, de la gente que las ha trabajao, que las ha vendimiao!”. Él me dijo que hablaba como un comunista, pero no era verdad, sólo decía la verdad; la verdad aunque duela, pero la verdad. ¿Qué te parece?

    • JC: Como toca.

    • SOBRE SÍ MISMO

    • JC: ¿Qué se le va a hacer?.

    • Julián: Sí, tengo una de ésta... que no hay quien me la quite. Ya me lo han dicho unos cuantos: "usted tiene una virtud que es una virtud que no la tenemos todos". Y es verdad. (todos reímos).

    [...]

    • JC: ¿Y cuáles son sus aficiones, Julián ?, ¿qué le gusta hacer?

    • Julián: Ah... yo, lo que más me ha gustado en esta vida ha sido estar en mi casa.

    • JC: Ya veo, toda la vida, mirando por su familia.

    • Julián: Cuando me vine de Suiza, porque había lo que había... no me creeríais.

    • JC: ¿El qué no creeríamos?

    • Julián: Hombre... porque, como era un hombre que no tenía vicios -porque resulta que no tengo vicios: no fumo, no bebo... ¿qué vicios tengo yo?.

    • JC: ¡Es usted casi perfecto!.

    • Julián: Sí...sí. Allí veía yo que había personas que llevaban un gasto... en el tabaco, en la bebida, en caprichos... ¡madre mía!.

    • JC: ¿Y cuál es su fallo?, ¿porque algún fallo debe de tener usted, no?

    • Julián: Hombre... perfecto no habemos nadie... pues algún fallo tendré... aunque no me lo veo.

    • JC: ¡Y nosotros no sabemos sacárselo!

    • Julián: Bueno sí... yo tenía un defecto: que he sido muy recto.

    • JC: ¿También es un defecto eso?

    • Julián: Me ha gustado siempre ser responsable, y me ha gustado... en fin, que no me han gustado las tonterías y todas esas cosas.

    • JC: ¿Y eso por qué , por qué piensa usted que ha sido tan rígido?

    • Julián: Pues porque soy así. Porque cada uno nacemos con un sino. Yo he nacido así... Donde he trabajado siempre lo he demostrado. Estuve en casa Frau, y lo demostré, y cuando yo estaba de servicio, conmigo temblaban... bueno, no que temblaran, sino que decían que estaba por lo sano. ¡Otra anécdota!: cuando entré en casa Frau. Pues claro, cuando salían a desayunar para tomar un bocadillo por la mañana, tocábamos a las diez, a las diez y cuarto se tocaba para que entráramos. Unos entraban y otros no. Había quien salía a las diez y entraba a las diez y veinte, o si no más. Y yo me di cuenta de eso y dije: “Esto pronto lo corto yo”. Llamo al adjunto del gerente, un tal Jaime Frontera, que siempre estaba allí, y... “A ver, señor frontera, cómo solucionamos esto”. Y dice: “¿Qué pasa, Lorente?”. Digo: “¿Aquí qué horario tenemos para comer?”. “A tal hora”. “¿Y para trabajar?”. “A tal hora”. “Pues vale más que en vez de las diez y cuarto ponga usted las diez y media, porque aquí hay personas que entran cuando quieren”. Y dice: “¿Cómo es eso?”. Digo: “Claro”. Nos hizo un boletín de entrada y salida. Teníamos que apuntar cuándo salíamos: nombre, apellidos y hora; cuándo entrábamos: nombre, apellidos y hora de entrada.

    • JC: Para tenerlos un poco controlados...

    • Julián: Al principio la gente se lo tomó un poco a cachondeo. Luego, conforme iban faltando, ahí los diez minutos que van sumando hoy, los diez de mañana, cinco de otro... total que llegaba el mes y sumaban horas. ¡Ah, amigo, entonces sí lo tomaron en serio!. Y entonces tocábamos el pito, y a la calle todos. Volvía tocar el pito para entrar, y para adentro todos.

    • JC: Y a lo mejor es por eso que usted ha sido tan recto: se ha dado cuenta que hay que trabajárselo, la vida...

    • Julián: ¡Claro!, y porque yo era así. Porque me gustan las cosas tal y como son. Nada más. Si tú tienes un horario tienes que entrar, si tienes un horario para salir, tienes que salir, y si tienes que trabajar fuera de hora, tienes que llevar permiso, y si no, no entras. Los puse como un pastel...

    • JC: ¡Pues se ha ganado usted el estar en casa!, y estar más tranquilito.

    • LA VIDA

    • JC: Y después de vivir todo eso, ¿Qué consejo me daría a mí en la vida, por ejemplo?. A nosotros, a los jóvenes de ahora.

    • Julián: ¿Un consejo?.

    • JC: Sí, porque parece que ha sido usted un luchador ¿no?.

    • Julián: Pues mi consejo es que hay que trabajar, porque sin trabajar no viene nada. Ahora, si eres hijo de un hacendado que tiene pasta, pues te levantas para gastar, pero el que se tiene que levantar para ganarlo, hay que ganarlo, y como cuesta tanto, hay que, hay que saber ganarlo y gastarlo. No gastarlo tontamente. Cuesta mucho ganarlo, eh,

    [...]

    • JC: Y si usted pudiera cambiar algo de su vida, ¿qué cambiaría?

    • Julián: ¡Pues los años, hombre!. Si yo ahora me pudiera quitar... si voy a hacer ochenta... digo: setenta y nueve -voy a hacer ahora setenta y nueve... ¡nací en el 21!-... pues si yo ahora me pudiera quitar cincuenta años... Ahora, quitarme cincuenta años para volver a vivir lo mismo, pues no, ¿para qué?.

    • JC: Claro, quitarse cincuenta años y con la experiencia que tiene usted ahora. Imagínese.

    • Julián: ¡Uuh!... ¡no puede ser eso, hombre!, ¡porque entonces nos comeríamos unos a otros... porque todos sabríamos más que Lepe, eh!, ¡si es de verdad!.

    • JC: Ya.

    • Julián: Pero el mundo está hecho así, eh: cuando sabes, te vas. Cuando tienes experiencia y sabes lo que es la vida y lo que somos los hombres y lo que somos las personas... entonces te vas, y los que vienen empiezan otra vez a saber, y cuando tienen los setenta-ochenta años, mueren, y siempre estamos igual. Si es de verdad.

    [...]

    • Julián: A medida que van pasando los años, pues sabes más. ¿Tú no sabes que dices: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”?, ¡es un refrán!: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”. ¡Nunca se acaba de aprender!. Por muy viejo que te hagas siempre te faltará que aprender cosas. La vida cada día es una sorpresa. ¿Quién es capaz de saber lo que es la vida?. ¡Se compone de tantas maneras...!.

    • Julián: Tengo en mi cuarto un cuadro de cuando me casé, y también fotos... ¿Quieres verlas?. Ven hombre, ven, ya verás...

    HISTORIA DE VIDA

    La historia de Julián Lorente García, comienza en 1921, en un pueblo llamado Camporobles, situado en la provincia de Valencia.

    Julián, es el cuarto hijo de una familia humilde que vive del campo; su padre y sus hermanos trabajaban en el pueblo, como campesinos y agricultores; sus dos hermanas como sirvientas en la misma localidad. Desde muy pequeño, se ve obligado a tener que dejar la escuela para ponerse a trabajar como pastorcillo, tenía tan solo ocho años. Fue algo muy duro tener que dejar la escuela. Él nos cuenta lo mucho que le gustaba, y como disfrutaba leyendo y escribiendo. Siempre tenia un libro delante:

    Yo venía a mi casa, y me tenían que llamar para comer, porque yo siempre he estado escribiendo, me ponía un libro delante y yo siempre leyendo, o sea, me ponía un libro delante y un cuaderno y siempre dictando.

    Historia Sagrada, geometría, aritmética, historia de España, catecismo , y urbanidad, son algunas de las asignaturas que tenía. Aunque estuvo poco tiempo escolarizado, recuerda muchos detalles de aquellos días:

    Pero ya te digo, que fui tan poco ... pero yo me acuerdo los pocos años que fui, que teníamos un armario - que entonces no era como ahora, que tienes que pagar los libros y tienes que pagarlo todo- ... entonces, teníamos un armario con todas las libretas, o sea, con todos los cuadernos... todos. Libros, cada clase: Historia Sagrada, todos en la misma fila, y la Geometría -todos-, Aritmética... todas, Historia de España, Catecismo...

    Era tan buen estudiante, que cuando tuvo que dejar el colegio, su maestro, Santiago de Saavedra, hizo varias visitas a los padres de Julián con el fin de conocer las causas del abandono y para convencerles de que el niño continuara asistiendo a clase.

    Sí, teniendo ocho años, mis padres me quitaron de clase, y entonces el maestro bajó tres veces a mi casa, hablando con mi padre, que por qué me quitaban. ¡El por qué me quitaban!... porque yo iba muy bien, eh. Era, pues el segundo de la escuela. Y nada, como mis padres eran los que mandaban, pues me quitaron.

    La infancia que le tocó vivir no fue ni mucho menos como la que viven la gran mayoría de niños de estos tiempos. Su itinerario laboral empezó con tan sólo ocho años, desde entonces fue trabajando en diferentes oficios, con distintos amos, en ciudades y contextos muy variados:

    Y nada... me quitaron de la escuela y ya te digo. Luego, después ya, cuando al transcurso de los cuatro o cinco años, ya me pusieron para trabajar con otros. Porque en mi casa, pues éramos trabajadores, nos defendíamos llegando el sueldo de unos y otros, porque aquel pueblo es un pueblo agrícola, entonces, el que te llamaba, pues ibas a trabajar.

    Y nada, trabajando para unos y para otros, yo fui a parar con un señor que era maestro de obras, fui trabajando con él muchos años y bueno... pero esto fue cuando yo trabajaba... cuando yo me salí del ganao... iba para trabajar con unos y con otros ¿no?, y vino la guerra, el día...

    Durante toda la infancia de Julián, España atraviesa momentos de inestabilidad política; en pocos años se había pasado del reinado de Alfonso XIII de Borbón a una República Liberal ( la segunda en España ). Es en 1936, siendo Julián tan sólo un adolescente de 15 años, que estalla la Guerra Civil Española. Una guerra que duraría tres años, y que sin duda marcaría por completo toda su vida. No sólo por tener que ir a luchar al frente sino por las consecuencias personales, familiares y sociales que conllevó. Uno de sus hermanos, el mediano, murió en el frente, en Melilla. Su padre, como consecuencia de todas las pérdidas, fallecía poco tiempo después.

    Julián también tuvo que ir a la guerra, con tan sólo 18 años, eran los últimos meses, el bando republicano iba perdiendo cada vez más territorio, por lo que se vieron obligados a llamar a filas a los más jóvenes. Una vez se había perdido la guerra, el frente franquista no dejó que volvieran a sus casas, así que tras retenerles varios días, sin ningún tipo de alimento, les llevaron a un campo de concentración cerca de Cuenca. Así lo recuerda Julián:

    Sí, estuve tres meses. Sí, porque nos llamaron... yo soy de la quinta del 42, y nos llamaron a los de la quinta del 42, los del primer reemplazo, o sea, los que hacíamos los tres meses primeros ¿no me entiendes?. Sí... fíjate si éramos jóvenes, que cuando nos llevaron al frente, los veteranos, los que había allí: "Ya están aquí los de la quinta del biberón”. Éramos chavalillos...

    Tras el periodo de guerra llegará uno de los momentos históricos más difíciles para el pueblo español, la posguerra, es descrita por Julián como una época de hambre general... Todo cambió en la localidad; las fiestas, los encuentros de jóvenes, las verbenas, los bailes... todo quedó prohibido por el nuevo régimen franquista. Empieza el periodo de dictadura. El hambre invadió todo el territorio español:

    Y entonces estuvimos tres años de guerra, y luego, cuando se acabó la guerra el hambre que se pasó, que fueron, el año 40, 41 y hasta el 42, ya del 45 para adelante, ya se pasó, ¿no?. Pero el año 41 y 42 fueron muy malos, no había comida por ninguna parte.

    Eran tiempos de silencio, de tristeza, de depresión:

    Y entonces, pues una dictadura de estas que no te podías mover, eh, porque ibas por la calle y tenías que ir más callao. Se dio el caso de que íbamos unos amigos y yo, íbamos por allí, dando una vueltecilla por el pueblo, que pasaba pues las costumbres del pueblo, ¿no?, dando una vuelta para ver si veías una chavala, lo que pasa (se ríe), y venía la escolta que iba en el tren. Se bajó en la estación del pueblo, cogió la calle abajo para el cuartel y nosotros subíamos y ellos bajaban. Pasamos y no dijimos nada. Ellos pasaron, nosotros pasamos pero nosotros pues con la nuestra, hablando de cosas nuestras. Y a la que pasaron siete u ocho pasos dicen: "oigan,", dice "¿es a nosotros?", dice " a ustedes, a ustedes", dice "vengan para acá". Vamos allí, dice "¿Ustedes no saben saludar?, dice "no es que no sepamos, es que no nos hemos dado cuenta", dice "pues que sea la última vez que cuando pasa la guardia civil..., ustedes no saludan...

    Las consecuencias de la guerra no fueron únicamente sociales, sino que sus efectos se veían reflejados en todos los ámbitos de la vida:

    Eso es inolvidable. Pasan los días sin comer, y sin esperanza. Te acostabas, porque no tenías qué hacer, y así se hacía día a día, pensabas: ¿dónde voy?, ¡y a lo mejor nevaba!, eso sí que es un drama. Y aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde...

    Sí, nunca se pierde, pero a veces... se pasa, se pasa... Yo, por desgracia o por fortuna ya sé lo que es malo, lo que es bueno, lo que es regular, lo que no es regular, lo sé todo. ¡Yo ya paso de todo, hombre...! Pero bueno... la vida siempre te enseña.

    En 1944, con 23 años, Julián entra a trabajar a una fábrica de harina, recuerda ese tiempo como un periodo de estabilidad personal y familiar. Estuvo 12 años trabajando allí. Durante todo ese tiempo muchas cosas ocurrirían en su vida. Atrás quedaban los años más duros de la postguerra.

    En 1949, con 28 años, y después de varios años de noviazgo, contrae matrimonio con Isabel, una muchacha de Camporobles.

    Un año más tarde nacería Julián, su primer hijo; en 1955 nace Antonio, el segundo y último de sus hijos.

    Es durante estos años que Julián deja su puesto en la fábrica de harina para comenzar a trabajar en la construcción. Durante un tiempo sigue en el pueblo como albañil; cuenta cómo edificaron nuevas casas y un teatro, muestra de cómo la localidad iba creciendo. Sin embargo, a pesar del crecimiento, las cosas empezaban a ponerse difíciles en el pueblo; el trabajo escaseaba, las oportunidades se reducían cada vez más; fue entonces cuando le ofrecen ir a trabajar a Suiza como maestro de obras.

    Y ya vino un señor y dijo: "vamos a ver. ¿Quién es el que se quiere venir para Suiza?". Y nos juntamos allí cinco o seis. ¿cinco o seis?, siete u ocho. Dice: "¿nos vamos?", con que por la noche nos juntamos, nos juntamos y nos fuimos. Se fue el hombre, nos trajo los avales, porque allí en Suiza, si no llevas el contrato de trabajo, allí no entras.

    De este modo, en Diciembre de 1964, emigra hacia Suiza. Durante cinco años permanece allí, junto con otros españoles también de la misma zona, volviendo a casa sólo para Navidad.

    Su esposa y sus hijos quedarán en Camporobles hasta 1969, fecha en la que toda la familia se trasladará a vivir a Palma de Mallorca.

    Después de un año de trabajar en suiza, con el dinero ahorrado, consigue comprar su primera casa en propiedad en Camporobles; esta casa será vendida en 1969 para poder comprar un piso en Mallorca, al que se mudará toda la familia:

    Nada. Yo me traía diez mil francos. Hasta que no los ahorraba, no paraba. ¡Y no pasaba hambre, eh!, ¡por favor!. Si me apetecía una cerveza me la tomaba, y si no me apetecía, pues no me la tomaba, pero yo ahorraba diez mil francos. Si no tenía diez mil francos no paraba, pero eso no has de hacerlo cuando ya te vas a venir, porque cuando nos falta un mes para venirte, ¡no, no!, hay que hacerlo cuando llegas.

    Decir: “bueno, pues a mi familia le mando tanto al mes: pues se lo mandaba”. Entonces, por aquellos años sesenta, diez o quince mil pesetas, pues era dinero. Y yo se lo mandaba, y desde allí me compré una casa allí en el pueblo, de aquellas que estábamos haciendo. Me compré la casa y cuando me vine aquí la vendí. Vendí la casa y compramos un piso aquí, en Eusebio Estada.

    Julián, con 48 años, comienza una nueva etapa en su vida. Atrás quedaban los años más duros trabajando en la agricultura, en el ganado, en la construcción... Años 60..., España acabaría muy pronto su periodo de Dictadura; En Mallorca se podía ver ya claramente los efectos del “boom” turístico, el auge del sector servicios; de esta forma Julián empieza a trabajar en un hotel en la zona de Porto Pi :

    Bueno, cuando yo ya pagué el piso, entonces me vine para acá. Y cuando me vine para acá, un señor que vivía, que ya se ha muerto, me dijo: “Lorente, te voy a colocar en hotel donde yo trabajo”. Dije: “Bueno, pues algo habrá que hacer”. Y nada, me metí allí, en Portopí. Allí estuve con un funicular que llegaba de aquí, de la calle de abajo... por arriba del todo. No se si sabéis vosotros...

    Pues hay una calle que pasa para abajo, y otra para arriba, y había unas escaleras que tenían lo menos cuarenta o cincuenta escalones, y claro, y para que el cliente no se cansara, había un funicular desde la entrada del hotel hasta abajo del todo, con unos cables, igual que un ascensor... igual.

    Yo me vine... en el año sesenta y nueve. Había muchos turistas. Yo me sacaba entonces más de lo que me daban de propinas que de lo que me pagaban. Ya te digo, yo tengo una manera de ser que con todo el mundo me hago. A mi me dijo uno de allí que se llamaba Jaime, dice: “Julián, si te haces con los clientes, sacarás más de propinas que de lo que te van a dar”.

    Y fue cierto. Yo me traía todas las noches trescientas o cuatrocientas pesetas de propina, que en los años sesenta, que hoy no tiene importancia, pero entonces sí. Luego, después, cojo el diario y veo que pedían gente... peones en casa Frau.

    Fue entonces cuando dejó su puesto en el hotel para empezar a trabajar en una tienda de electrodomésticos y maquinaria... ese sería su último trabajo antes de su jubilación:

    Y me presento al jefe de personal, un tal Antonio Julià, y nada...: “He leído en el diario que... que se necesitaban aquí trabajadores, y he venido para saber si hay alguna plaza para mí”.

    “Hombre” -dijo-, “en este momento no, porque ya está ocupada, pero yo le prometo que en el momento que haya una plaza desocupada yo le llamo”. Se quedó con mi dirección. Digo...”¡Usted que va a decir...!”.

    Pues ya cuando no me acordaba, debió pasar tres o cuatro meses, voy y miro en el buzón y veo una carta de Frau y, hombre, la abro y la leo, y me decía que había una plaza libre, que me presentara. Total, que me presenté allí, y el jefe de personal me dijo: “Bueno, aquí tiene usted una plaza”. Y yo le dije qué trabajo es el que tengo que hacer y me dice: “De responsabilidad”. Y yo le dije que me gustan las cosas serias.

    Habíamos tres vigilantes, y se murió uno, y me metí allí. Fíjate mi trabajo, que los dos que había antes que yo, pues eran más antiguos, llevaban más años que yo, y a mi me pusieron más, o sea, de antigüedad, ellos la cobraban más que yo, la antigüedad yo no se la podía quitar a ellos, pero luego, después, con el trabajo, a fuerza del tiempo...

    Se fue viendo el trabajo, el trabajo, el trabajo, y entonces me pusieron igual que los demás.”

    Por aquel entonces sus hijos empezaron a salir del hogar... En 1977, su segundo hijo contrajo matrimonio, en 1979 nacía su primera nieta. Un nuevo miembro llegaba a la familia, ahora el papel de padre quedaba en segundo lugar; era una nueva etapa...

    A pesar de ser los últimos años de actividad laboral, ésta no finalizaría sin contratiempos; dos años antes de cumplir los 65, la empresa para la que trabajaba quebró; muchos de los empleados fueron despedidos sin ningún tipo de indemnización; los más jóvenes buscaron otro empleo, pero no sería fácil para un hombre de 63 años. De esta manera se comenzó todo un pleito judicial que duraría varios años, finalmente el juez falló a favor del personal afectado, de forma que pudieron recibir todos los meses retrasados y una indemnización por todo lo ocurrido.

    Sí, en Casa Frau estuve doce años. Cuando se murió el dueño, don Miguel, dos años después, dio quiebra. Entre el gerente y el tesorero se lo quedaron todo y nos echaron. Nos pagaron cuatro perras... Luego, yo ya, con el tiempo que llevaba en Suiza, más doce años en Casa Frau, era para que me dieran la jubilación, ¿no?. Pues no me la querían dar. Tuve que ir a juicio. Aquí lo perdimos, pero el abogado nos dijo: “No, no, usted tiene derecho y lo sacaremos”. También fue un buen abogado; joven, pero dijo: “vamos a sudar tinta, pero lo sacaremos”. Lo mandamos al tribunal supremo, a Madrid, y allí nos lo dieron por válido.

    La nueva situación laboral ( como inactivo ), dio paso a una nueva época, empezaba la “edad dorada”, se adentraba en la última fase de su ciclo vital...

    El dinamismo, la actividad, el temple que siempre le habían caracterizado no dejaron que se convirtiera en alguien pasivo, o sin iniciativa... de esa forma pudo dedicarse a otras actividades para las que antes no tenía el tiempo necesario. Como “buen hombre hogareño”, adjetivo con el que él mismo se describe, empezó a dedicar gran parte de su tiempo a tareas de bricolaje : carpintería, ebanistería ..., haciendo pequeños arreglos y “cosillas”, como él dice, para su hogar.

    El estar jubilado le permitió también poder pasar más tiempo con su nieta, por lo que acompañarla a la escuela, ir a recogerla, comer , estudiar, jugar con ella...pasaron a formar parte de su vida diaria.

    Formó parte de la directiva de la comunidad donde vivía, como presidente y tesorero, participando de algunas de las actividades lúdicas que se organizaban en la barriada.

    Alrededor de 1990, surgieron los primeros problemas de salud: problemas respiratorios como bronquitis aguda; úlceras ; dolores de espalda... Debido a todo ello, se vio necesario que pudiera estar en una planta baja, en una zona donde pudiera pasear, donde no hubiera demasiados coches... De esta forma, su familia en general le propuso trasladarse a la casa del hijo menor, con su esposa y sus nietos. Así, desde 1997 Julián se muda a otro barrio, donde vive ahora junto con su hijo, su nuera y sus dos nietos.

    Julián cree que la vida en sí es una aventura, que no hay regalo más bonito que el regalo de vivir; después de 79 años aún puede decir :

    ¿Tú no sabes que dicen: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”?, ¡es un refrán!; “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”. ¡Nunca se acaba de aprender!. Por muy viejo que te hagas siempre te faltará que aprender cosas. La vida cada día es una sorpresa. ¿Quién es capaz de saber lo que es la vida?.

    CORROBORACIÓN DE HIPÓTESIS

  • Cada etapa vital tiene acontecimientos vitales significativos.

  • Efectivamente, a medida que hemos ido elaborando este trabajo, hemos podido comprobar que esta hipótesis es cierta. Ya en el momento de realizar la entrevista a Julián, toda una serie de factores nos indicaron que a lo largo del ciclo vital de las personas, van ocurriendo una serie de acontecimientos que por unos motivos u otros, se recuerdan más que otros y les damos mayor importancia. Estos factores que nos ayudaron a corroborar nuestra hipótesis son entre otros los siguientes:

    • El énfasis que ponía al recordar ciertos momentos (sobretodo los relacionados con la guerra).

    • Algunos acontecimientos se mencionan en varias ocasiones y los repite varias veces mientras avanza la entrevista (la muerte de familiares a causa de la guerra, el sentido de la responsabilidad etc.).

    • Los gestos y expresiones de Julián al narrar ciertos momentos (cuando empieza a hablar de la guerra y de la muerte de su hermano, comienza a llorar).

    • También nos llamó la atención el hecho de que ciertos momentos de su vida a penas los mencionara o pasaran desapercibidos (relación con la familia directa (mujer e hijos), matrimonio etc.).

    Acabada la entrevista y analizada detenidamente, los componentes del grupo decidimos distinguir varias etapas, teniendo en cuenta y relacionando los siguientes factores: la edad, los acontecimientos históricos ocurridos durante ese momento y los acontecimientos vitales que más marcan su trayectoria. Estas etapas son las siguientes:

    • Infancia.

    • Adolescencia.

    • Juventud.

    • Edad adulta.

    • Madurez.

    • Vejez.

    En cada una de estas etapas ocurrieron hechos significativos que como indica la hipótesis propuesta, marcan la vida de Julián.

    Infancia: 1921- 1934: Hasta los 13 años

    Cuando le preguntamos a Julián cuál era su primer recuerdo, nos mencionó que lo primero que recuerda es que a la edad de ocho años, le sacaron de la escuela para ponerse a trabajar.

    El abandono de la escuela a una edad temprana es vivido por Julián, con cierto rencor hacia aquellos que decidieron tal opción. Julián asegura que la escuela le gustaba mucho, pues a pesar de estar poco tiempo escolarizado guarda muy buenos recuerdos de ésta. Mientras nos narraba su historia, en varias ocasiones nos mencionó que a él le hubiera gustado mucho estudiar, pero que las circunstancias de la vida no lo permitieron.

    A la edad de los ocho años comienza a trabajar de pastorcillo. De este acontecimiento lo que más recuerda es que pasó mucho frío. Trabajar cuando se es todavía un niño marca por completo el ciclo vital de cualquier persona, al igual que lo marca el abandono de la escuela a una edad tan temprana, y más si tenemos en cuenta el contexto en el que se lleva a cabo este trabajo.

    Adolescencia: 1935- 1939 De los 14 a los 18 años

    Nos encontramos aquí ante una etapa marcada por la guerra civil española, a causa de la cual, Julián sufre el impacto que supone una guerra, la pérdida de uno de sus hermanos , la experiencia de un campo de concentración, la carencia de alimentos... y todo lo que conlleva el desastre de una guerra.

    La guerra sorprende a Julián a la edad de los 15 años. Con lágrimas en los ojos, recuerda la angustia que se pasó en su casa al pasar los meses y los años, y no saber nada de uno de su hermano, el dolor por la pérdida de otro de sus hermanos en el campo de batalla, y la gran angustia que vivió tres meses antes de acabar la guerra, cuando él también fue llamado junto a sus amigos, para luchar en el ejército. Pero lo que recuerda con más detalle, son los días que vivió prisionero en un campo de concentración de Castellón: días de hambre, de miedo, de incertidumbre y de confusión para un joven adolescente que hasta ahora solo había hecho lo que le habían mandado quienes ejercían cierto liderazgo sobre él.

    Juventud: 1940- 1949 De los 19 a los 28 años

    En ocasiones oímos hablar de los "niños de la postguerra", como las víctimas más débiles de las consecuencias de una guerra. Sin embargo, todos sabemos, o nos podemos imaginar, que una guerra es dura para todo el mundo ya sea hombre o mujer, joven o adulto, niño o anciano. En este caso la postguerra es vivida por Julián durante la que hemos calificado como etapa juvenil. En ella hemos destacado como más significativos los siguientes acontecimientos:

    Época de represión: Con gran rabia e impotencia y no pudiendo evitar las lágrimas, Julián nos narra las anécdotas que vivió durante esta época de dictadura, en la que apenas podían divertirse como jóvenes que eran, como tampoco podían expresar lo que sentían, sino que debían de limitarse al comportamiento que las autoridades consideraban adecuado.

    Muerte del padre: Julián, no solo sufrió el dolor que produce la muerte de un ser querido durante la guerra, sino también durante la postguerra, ya que nos relataba con gran tristeza, como a consecuencia de la pérdida de su hermano, su padre fue cayendo en una gran depresión que le llevó también a la muerte.

    Cuidado de la madre: Por ser el hermano menor, Julián se ve con el deber moral de cuidar de su madre viuda, sin embargo, en ningún momento en el transcurso de la entrevista mostró algún resentimiento hacia este hecho, sino todo lo contrario, ya que por la forma en que nos lo contaba no parecía estar molesto. Esto no quita que consideremos que se trata de un acontecimiento vital importante, pues como veremos influirá en el transcurso de otros hechos importantes como por ejemplo la edad en la que contrae matrimonio.

    Dificultad en la relación con su novia: se trata de uno de los capítulos contados con cierto humor por parte de Julián, que asegura que le costó mucho el ser aceptado por la familia de la que en un futuro sería su mujer: la posición social que ésta tenía por poseer su familia un pequeño comercio en el pueblo, un padre autoritario que quería casar a su hija con un chico de la ciudad, un competente pretendiente que decía ser el novio de Isabel, y otros factores como la situación económica del joven Julián, dificultaron durante años esta relación por la que él no se cansó de luchar.

    Trabajo en una fábrica de harina: Se trata de unos de los aspectos en los que más incide Julián, pues dedicó bastante tiempo a contarnos con mucho interés todo lo que supuso para él este trabajo. Julián destaca desde el principio su sentido de la responsabilidad, un factor que le llevó a permanecer bastantes años en su puesto de trabajo. Nos comentaba también dos aspectos importantes que debíamos de conocer: el privilegio de trabajar en una fábrica de harina en aquella época caracterizada por el hambre, y el puesto que ejercía él como personal en la fábrica, un puesto en el que como acabo de mencionar, era muy importante el sentido de la responsabilidad. El hecho de trabajar en esta fábrica supone una gran experiencia para nuestro protagonista, que observa como la riqueza de unos pocos es conseguida por el trabajo y fatigoso esfuerzo de muchos otros.

    Adultez: 1950- 1966 De los 29 a los 45 años

    Esta etapa está presenciada por cuatro acontecimientos decisivos en la vida de Julián:

    Matrimonio: Como ya se ha mencionado en el apartado anterior, se trata de un matrimonio tardío, si lo comparamos con la edad media de casamiento de aquella época concreta. Sin embargo a Julián este "retraso" no parece importarle mucho, pues no hizo ningún comentario al respecto.

    Hijos: En 1950, a la edad de los 29 años, nace su primer hijo, mientras que su segundo hijo nace en 1955, cuando Julián cuenta con 35 años de edad. De ellos nos relata que les dio la oportunidad de estudiar hasta que quisieron, ya que él no lo había podido hacer de pequeño. También nos cuenta como dejó que uno de sus hijos emigrara con un cuñado suyo a Mallorca en busca de trabajo.

    Cambio de trabajo: En 1956, a los 35 años, deja su puesto en la fábrica de harina y pasa a trabajar en la construcción, oficio con el que en la actualidad se identifica. No sabemos con certeza a que se debió este cambio, aunque podemos suponer que quizás tubo algo que ver con el nacimiento de su segundo hijo.

    Suiza: En diciembre de 1964 Julián se traslada a Suiza por una oferta de trabajo que le va a permitir ahorrar lo suficiente como para mantener a su familia y además comprar su primera casa en su pueblo natal. En Suiza, de nuevo trabaja en la construcción. Mientras nos contaba varias anécdotas, de nuevo mencionaba el tema de la responsabilidad, una de sus mejores virtudes y que según él es lo que le ha llevado a tener siempre trabajo y mantenerlo.

    Su primera nieta: En 1979, nace su primera nieta. Julián nos comenta que gracias a Dios, sus nietos lo han tenido todo, por suerte, la juventud de ahora no ha tenido que pasar por lo que pasó la juventud de su época, y para él, esto ya es motivo de felicidad.

    Madurez: 1967- 1985 De los 46 a los 64 años

    Hemos decidido distinguir esta etapa, ya que creemos que el traslado a Mallorca, supone un nuevo comienzo y un paso decisivo que lleva consigo toda una serie de cambios significativos como podremos ver a continuación.

    Traslado a Mallorca: El famoso "boom turístico" de los años 60, hace que en 1969 habiendo vuelto de Suiza, Julián y su familia tomen la decisión de trasladarse a Mallorca en busca de trabajo. Comienza a partir de aquí un período caracterizado por una nueva vivienda y nuevos trabajos (a cargo de un funicular en un hotel del Paseo Marítimo, y años más tarde como portero en la empresa "Casa Frau". De nuevo, aquí comenta la importancia que tuvo su sentido de la responsabilidad, para mantener estos trabajos.

    Jubilación anticipada: La quiebra de la empresa "Casa Frau", el último puesto de trabajo de Julián, poco antes de que éste alcanzara la edad de su jubilación, tuvo como consecuencia toda una serie de conflictos, como fue el hecho de hacer una reclamación judicial, buscar un abogado etc. , factores que junto al hecho de la "jubilación anticipada" provocaron en el protagonista de esta historia una situación conflictiva, por la que tuvo que luchar bastante. Por suerte, y aunque tuvo que pasar bastante tiempo, todo acabó bien.

    Vejez: 1986- hasta la actualidad (año 2000) De los 65 a los 79

    Podríamos calificar con una palabra esta etapa vital: tranquilidad.

    En la actualidad, Julián vive con uno de sus hijos. En 1989 nació su segundo nieto. Ahora se dedica a descansar y practicar algunos de sus hobbies, como es el caso de la lectura. Dice que si pudiera lo único que se cambiaría sería la edad: ser más joven, pero con toda la experiencia que le han aportado todos estos años.

  • Hay una conexión entre los acontecimientos vitales de las distintas etapas

  • Una de las constantes más destacadas en la vida de Julián es, sin duda, la de su profundo sentido de la responsabilidad y el sacrificio personal, como nos confiesa él mismo en la entrevista, considerándolo incluso un pequeño defecto, el único quizás que él es capaz de identificar:

    • Julián: Bueno sí... yo tenía un defecto: que he sido muy recto.

    • Dani: ¿También es un defecto eso?

    • Julián: Me ha gustado siempre ser responsable, y me ha gustado... en fin, que no me han gustado las tonterías y todas esas cosas.

    Cuando intentamos ahondar un poco más a este respecto, buscando la opinión y la colaboración del propio Julián, en el intento de descubrir las raíces socioeducativas más claras de esta forma de expresión tan marcada en su etapa adulta, no conseguimos ir más allá de un aparente determinismo bastante inamobible de idiosincrasia personal y originalidad natural:

    • Dani: ¿Y eso por qué , por qué piensa usted que ha sido tan rígido?

    • Julián: Pues porque soy así. Porque cada uno nacemos con un sino. Yo he nacido así... Donde he trabajado siempre lo he demostrado. Estuve en casa Frau, y lo demostré, y cuando yo estaba de servicio, conmigo temblaban... bueno, no que temblaran, sino que decían que estaba por lo sano. ¡Otra anécdota!:

    [...]

    • Dani: Y a lo mejor es por eso que usted ha sido tan recto: se ha dado cuenta que hay que trabajárselo, la vida...

    • Julián: ¡Claro!, y porque yo era así. Porque me gustan las cosas tal y como son. Nada más. Si tú tienes un horario tienes que entrar, si tienes un horario para salir, tienes que salir, y si tienes que trabajar fuera de hora, tienes que llevar permiso, y si no, no entras. Los puse como un pastel...

    En este sentido, debemos destacar, sin embargo, algunos hechos que consideramos significativos y que acaso pueden darnos pistas para entender la personalidad de Julián. Y es que, haciendo un repaso de sus etapas de niñez y de juventud, podemos observar que ya a los ocho años, guiado por la decisión de su padre, no tuvo más remedio que dejar la escuela para dedicarse a la labor de pastorcillo y de apuntalar así, en la medida de lo posible, la pobre economía familiar:

    Y nada... me quitaron de la escuela y ya te digo. Luego, después ya, cuando al transcurso de los cuatro o cinco años, ya me pusieron para trabajar con otros. Porque en mi casa, pues éramos trabajadores, nos defendíamos llegando el sueldo de unos y otros, porque aquel pueblo es un pueblo agrícola, entonces, el que te llamaba, pues ibas a trabajar.

    Por otra parte, más adelante, ya en su etapa de juventud, y después de la muerte de su padre, su condición de hijo pequeño le hizo mantenerse en la responsabilidad del cuidado de su madre, lo que condicionó en gran medida sus elecciones vitales en los años siguientes. La dura experiencia de la guerra, además, suceso común que marcará de forma parecida en muchos aspectos a todos los componentes de esta cohorte, pudo venir a ponderar aún más el valor que le otorga Julián al esfuerzo y al trabajo para sacar adelante a una familia, con unos criterios de responsabilidad, seriedad y determinación.

    Estos y otros aspectos de la vida de Julián pueden haber venido, pues, a determinar en gran medida la característica más destacada, según nos cuenta, de su personalidad.

    Hicimos referencia hace un momento al cuidado de la madre como un importante determinante vital en la historia de Julián, y es que no es para menos, puesto que, aparte de las posibles implicaciones que ya hemos expuesto antes, este hecho determina la vivencia de una serie de experiencias vitales importantes de una forma especial por parte de Julián. Así, por ejemplo, fue debido a la atención que le debía a su madre que no realizó el servicio militar, una experiencia de paso obligado para todo varón de la época que -más entonces que no ahora- podía suponer uno de entre tantos (no muchos) indicadores “rituales” -o al menos socialmente significativos- del paso de la juventud o la niñez a una etapa de juventud muy cercana ya al reconocimiento del individuo adulto. De forma aún más remarcable, el cuidado de la madre supuso también, de forma especialmente visible, una demora -fuera de lo normal por aquel tiempo- en el proceso de emancipación de Julián, afectando muy especialmente a la celebración del evento más destacado que da paso a la vida adulta, esto es: el matrimonio. Julián se casó ya con 28 años bien cumplidos:

    • Julián: No, yo me casé... tendría por lo menos veintiocho o veintinueve años.

    • Dani: ¡Uy!, ya eran mayores ya.

    • Julián: Sí, ya éramos mayores. Hombre, ya era mayor, porque como resulta que mi madre estaba conmigo. Mis hermanos, el uno murió, el otro estaba casao y tal, pues el único que le daba... pues era yo. Y claro, yo aguanté todo lo que pude, porque mi madre no se viera con unos y con otros por ahí. Y me casó con veintiocho años por ahí.

    Si bien es cierto que en esto quizás también pudieron tener algo que ver los recelos de la familia de Isabel respecto a su relación con Julián:

    • Dani: ¿Ella era de allí de Valencia?.

    • Julián: No, no. Del pueblo, del pueblo. Su padre era valenciano, y no me quería. Y a mí, no es que me despreciara, lo que pasa es que dice que no quería que se casara con ninguno de pueblo, porque casándose con uno de pueblo dice: "¿Qué va a ser de ti?, casándote con uno de pueblo?.

    A partir de aquí, quizás también podamos extraer el sentido de la importancia que parece otorgarle Julián al concepto de familia nuclear y al trabajo del cabeza de familia.

    Julián no parece tener un recuerdo muy claro o una experiencia muy firme con su familia extensa. Esto podemos deducirlo principalmente, con riesgo a equivocarnos, de la falta de referencia a otras figuras familiares que no se integren en los subsistemas de “padres”, “hijos” o “hermanos”.

    • Julián: Bueno, eso ya no lo recuerdo yo, mis abuelos ya no sé a que se dedicaban, si tendrían ganado, si tendrían tierras... sí, más o menos.

    Del mismo modo, la incidencia de la importancia del trabajo por la familia (mujer e hijos) y el cuidado de sus integrantes es una constante remarcable en su discurso, tanto cuando nos habla de su niñez, como en la juventud y (de forma especialmente destacada) en la etapa adulta.

    De ahí podemos enlazar también con el concepto de “inutilidad” que tiene Julián de la vejez después de la jubilación:

    • Dani: ¿Y cuáles son las diferencias de estar así, trabajando, y estar así como está ahora usted sin trabajar?

    • Julián: Pues la diferencia, que ahora no haces nada. Eres como un mueble. Es que no vales para nada...

    • Dani: ¿No vales para nada?

    • Julián: Hombre... no vales para nada en el sentido que yo quisiera ganármelas,

    pero como los años no perdonan... Se te echan encima y se acabó.

    Julián parece haber todos sus empeños en la dedicación laboral como forma combativa de subsistencia, de lucha por la necesidad, y de ello parece haber hecho el sentido más relevante de su personal visión de la vida de un hombre. No es de extrañar, pues, que, teniendo en cuenta esta previa, Julián pueda sentirse desvalorizado después de abandonar la vida productiva, mediante una jubilación, además, forzadamente anticipada y con graves problemas de justificación, lo cual, a los ojos de Julián, no puede verse de otra forma como un agravio despreciativo a una vida de esfuerzos y a la situación de quien entra en la última gran etapa de su vida.

    Otro punto interesante a comentar aquí es el de las ideas políticas de Julián:

    • Julián: Un día me dijeron que era comunista, y yo le dije que no, que de ninguno: ni comunista, ni republicano; que yo sólo decía la verdad. Uno debe siempre decir la verdad, nada por atrás, a la cara.

    Fíjate: un día, allí en la fábrica, el nieto del dueño me pidió que vigilara todo, que él tenía que hacer un recado. Y yo, de tanto en tanto miraba, comprobaba... lo normal... En esto que llega el nieto con su moto, y con su racimo de uvas.... y en esto que yo le digo: “¿es tuyo el racimo?”. Y él me contesta: “Claro: son de las viñas de mi abuelo”. Entonces yo le contesto: “¡Pues no!, ¡esa uvas no son tuyas, ni de tu abuelo!, ¡son de los trabajadores, de la gente que las ha trabajao, que las ha vendimiao!”. Él me dijo que hablaba como un comunista, pero no era verdad, sólo decía la verdad; la verdad aunque duela, pero la verdad. ¿Qué te parece?

    No podemos olvidar que Julián, de familia humilde y labriega, fue educado, y desarrolló su vida de infancia y el inicio de su juventud (tal y como lo hemos acordado en puntos anteriores), en Valencia en tiempos de la República. La Comunidad Valenciana se mantuvo en el bando republicano hasta que finalizó la guerra y fue por fin tomada por las tropas franquistas. Valencia llegó a ser incluso, por un tiempo, capital de la España republicana durante la guerra.

    Por otra parte, como hemos visto, desde muy pequeño Julián tuvo que trabajar, primero de pastorcillo, pero también en la construcción, en la fábrica de harina, en los viñedos... del mismo modo que también sus hermanos y su padre: en las vías unos y en el que ahora llamaríamos “servicio doméstico” en el caso de sus hermanas... Es por eso que la vida de Julián parece venir marcada por el trabajo al servicio de otros, un punto más para entender la configuración de sus ideas políticas, que se justifica, además, con las constantes referencias que realiza en su discurso respecto a su relación con la figura de “el dueño”, los hijos o incluso los nietos de este.

    3. La persona elabora una construcción sobre lo que ha aprendido de significativo en la vida

    Hasta ahora hemos analizado la forma en que los sucesos más significativos en la vida de Julián han ido incidiendo en la configuración de su persona, trascendiendo y quizás fijando los límites de las distintas etapas vitales que antes establecíamos. Llegados a este punto, debemos advertir que, ciertamente, quizás no hallamos establecido correlaciones estrictamente entre acontecimientos vitales de unas etapas y otras. En cualquier caso, sin embargo, sí queda del todo demostrada la linealidad de las experiencias vitales, que pueden llegar a configurarse de algún modo como constantes en la vida y la personalidad y carácter del individuo.

    A partir de aquí, podemos ya entrar en la valoración de la construcción de una visión global mucho más amplia acerca del sentido de la vida y otros aprendizajes generales que se derivan de la experiencia en el ciclo vital de la persona. Por supuesto, no podemos dejar de tener en cuenta aquí las aportaciones realizadas en el punto anterior, pues todo forma parte de un mismo ciclo difícil de desgajar, como vida. Sin embargo, en Julián, a sus 79 años, se fijan algunas convicciones claras:

    • Dani: Y después de vivir todo eso, ¿Qué consejo me daría a mí en la vida, por ejemplo?. A nosotros, a los jóvenes de ahora.

    • Julián: ¿Un consejo?.

    • Dani: Sí, porque parece que ha sido usted un luchador ¿no?.

    • Julián: Pues mi consejo es que hay que trabajar, porque sin trabajar no viene nada. Ahora, si eres hijo de un hacendado que tiene pasta, pues te levantas para gastar, pero el que se tiene que levantar para ganarlo, hay que ganarlo, y como cuesta tanto, hay que, hay que saber ganarlo y gastarlo. No gastarlo tontamente. Cuesta mucho ganarlo, eh,

    [...]

    • Julián: Pero el mundo está hecho así, eh: cuando sabes, te vas. Cuando tienes experiencia y sabes lo que es la vida y lo que somos los hombres y lo que somos las personas... entonces te vas, y los que vienen empiezan otra vez a saber, y cuando tienen los setenta-ochenta años, mueren, y siempre estamos igual. Si es de verdad.

    [...]

    • Julián: A medida que van pasando los años, pues sabes más. ¿Tú no sabes que dices: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”?, ¡es un refrán!: “vivirás, vivirás, y aprendiendo morirás”. ¡Nunca se acaba de aprender!. Por muy viejo que te hagas siempre te faltará que aprender cosas. La vida cada día es una sorpresa. ¿Quién es capaz de saber lo que es la vida?. ¡Se compone de tantas maneras...!.

    • Julián: Tengo en mi cuarto un cuadro de cuando me casé, y también fotos... ¿Quieres verlas?. Ven hombre, ven, ya verás...

    A esto debemos añadir, además, en relación a estos puntos, su profundo sentido de la responsabilidad y su visión negativa de la vida después de la jubilación (la que ya comentamos anteriormente), su concepción de las funciones de un padre, la mujer y la familia, la guerra, la vida en el pueblo..., todas ellas brevemente expuestas en el apartado: OTRAS REFLEXIONES GENERALES.

    Con ello, concluimos de forma directa con la ratificación de nuestra hipótesis y acabamos finalmente con el cometido de nuestro informe, alegando quizás la necesidad de intervenir en la reivindicación de una situación más integrada para nuestros mayores y más acorde con sus necesidades de socialización, productividad y, en definitiva, autorrealización.

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