Entre la historia y la economía

Historia económica. Henry Kissinger. Joseph Schumpeter. Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx. Fuentes privadas

  • Enviado por: Ana Porfido
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas

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ECONOMÍA

TRABAJO

PRÁCTICO

“Entre la historia y la economía”

Cuestionario

  • Sintetizar el prefacio.

  • ¿Qué es la historia económica? Sintetizar ¿Cuáles son las tres preguntas fundamentales de la economía.

  • Opiniones de Cairncross, Keynes, Hicks, Hempel y Feinstein.

  • Diferencia entre corto y largo plazo.

  • Opinión de Henry Kissinger y su relación con la historia.

  • Diferencia entre los problemas tratados por los economistas y los historiadores económicos.

  • Historia basada en modelos económicos. Sintetizar.

  • Consideraciones de Joseph Schumpeter.

  • Conclusiones sobre la publicación de la Universidad de Oxford.

  • Opiniones sobre las obras de Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx.

  • Las estadísticas y sus precursores. Sintetizar.

  • Fuentes semipúblicas y fuentes eclesiásticas.

  • Citar las principales fuentes privadas.

  • “Entre la historia y la economía” es una invitación al público para que deje la platea y pasee entre bastidores, y observe el trabajo del historiador de la economía mientras prepara el “espectáculo”. Las cosas no son tan ordenadas, tan lineales, tan resplandecientes como aparecen cuando se ven desde la platea. Si el lector hace el esfuerzo de no rendirse ante esa primera impresión negativa, acabará entreviendo la estructura y la lógica interna del espectáculo. Merece la pena ir más allá de las apariencias, lanzar una mirada a un mundo habitualmente oculto por barreras que sólo pueden atravesarse a base de especialización profesional y de haber entrevisto un modo fascinante de investigar y conocer.

  • La historia económica es una materia inminentemente interdisciplinar. La historia económica se encuentra en la difícil tesitura de tener que mediar entre dos culturas y dos maneras de pensar, la cultura humanística y la cultura científica, que, por desgracia, siguen siendo ajenas la una a la otra.

  • La disciplina llamada “historia económica” es la historia de los hechos y las vicisitudes económicas a escala individual, empresarial o colectiva. En el análisis histórico-económico es necesario tener en cuenta las peculiares características fisiológicas y psicológicas del hombre, tanto su racionalidad como su irracionalidad, sus características mentales, sociales y culturales, todo ello a escala individual y colectiva. Por ella debe entenderse no sólo la narración de los hechos económicos sino también la historia de los hombres y de las instituciones, además de las relaciones entre instituciones y vicisitudes económicas, y entre estas últimas y las vicisitudes sociales, políticas y culturales.

  • En la expresión “historia económica”, el término “historia” tiende a ser relacionado con el interés “por lo antiguo” y alguien podría deducir de ello que la historia económica se ocupa o debería ocuparse de acontecimientos económicos ya lejanos en el tiempo. Es necesario corregir esa impresión, porque es errónea. La diferencia entre pasado y futuro consiste en que mientras el primero está constituido por hechos ocurridos que ya no pueden ser ni anulados ni modificados, el futuro es como un abanico abierto a una gama más o menos amplia de soluciones alternativas. La historia, al ocuparse de hechos y no de previsiones, se ocupa por tanto del pasado, que puede ser remotísimo o muy cercano. Cuanto mayor es el tiempo que separa al historiador de los hechos estudiados, más difícil y problemática resulta la comprensión de las mentalidades y de la cultura de los hombres de entonces. No obstante, la historia económica abarca todo el pasado.

    Para aclarar las relaciones existentes entre la economía y la historia económica general es útil considerar la problemática de las dos disciplinas y la utilización de instrumentos conceptuales de análisis y el fin al que tienden las dos disciplinas.

    Para ser considerada con justicia como obra de historia económica, una investigación tiene que abordar una problemática de tipo económico: esto es, expresado sencillamente, una problemática que encaje en las tres preguntas fundamentales de la economía:

    • ¿ Qué producir?

    • ¿ Cómo producirlo?

    • ¿ Cómo distribuir lo producido?

    Un trabajo que quiera ser calificado de historia económica debe emplear los instrumentos conceptuales, las categorías analíticas y el tipo de lógica acuñados por la teoría económica.

  • Cairncross escribió: “Me resulta difícil pensar en los economistas y los historiadores económicos como si fueran animales distintos. Les interesa fundamentalmente lo mismo. El trabajo del economista es explicar cómo funciona la economía; el del historiador económico consiste en explicar cómo funcionaba en el pasado. Pero una cosa tiene relación con la otra”.

  • Keynes sostenía que “el economista debe estudiar el presente a la luz del pasado para unos fines que tienen que ver con el futuro”. Hicks reiteró que “buena parte del trabajo de los economistas se refiere al futuro, a las previsiones y la planificación”. Al economista le interesa descubrir “leyes” que le permitan formular previsiones y planes fiables. El economista llega a sus “leyes” y paradigmas a través de análisis fácticos concretos, o bien a través de la lógica deductiva formal. Incluso cuando utiliza la lógica abstracta, el economista se apoya en consideraciones y relaciones que se derivan sustancialmente de la experiencia. Tiene razón Hicks cuando siente la necesidad de añadir: “Pero las previsiones serán triviales y las planificaciones inútiles si no están basadas en hechos. Y los hechos de los que disponemos son hechos del pasado, que podrá ser reciente, pero es siempre pasado”. A pesar de ello, el economista se mantiene orientado hacia el futuro. El historiador, en cambio, se orienta decididamente hacia el pasado. Como escribió Hempel, “la historia se ocupa de la descripción de acontecimientos concretos del pasado, más que de la búsqueda de leyes generales que puedan regir dichos acontecimientos, en contraste con las ciencias físicas”.

    Matthews y Feinstein escribieron que “lo que hacen generalmente los economistas es construir un modelo limitado de las leyes que rigen la dinámica de un sistema, teniendo en cuenta sólo algunos aspectos y relegando los demás a la categoría de exógenos, pero la exogeneidad es un atributo del marco de pensamiento que se ha elegido y no de los factores en cuestión”. El conjunto de variables k por las que se interesa el economista teórico es mucho menor y más homogéneo que el conjunto de variables n consideradas por el historiador. El carácter limitado de k en comparación con n y la rigidez de las correlaciones establecidas dentro de k son los factores que colorean de irrealidad y artificio la construcción teórica del economista. Escribía Keynes: “Pertenece a la naturaleza íntima de un modelo el hecho de que no se introduzcan valores reales en el lugar de las funciones variables. Hacerlo sería inutilizarlo como modelo. Porque en cuanto se hace esto, el modelo pierde su carácter genérico y su valor como modo de pensar”.

    Dicho de otro modo, el economista se ve limitado por el carácter general de sus paradigmas.

  • La definición de corto plazo que ofrecen los textos de economía es bastante simple y aparentemente precisa: “Corto plazo es el período durante el cual cabe dar por sentado que el capital fijo de la empresa permanece invariable”. A escala macroeconómica, la tónica no varía, puesto que el economista supone que a corto plazo el stock de capital varía, pero no hasta el punto de influir sensiblemente sobre el producto bruto. Cuando operan con modelos macroeconómicos, los economistas suponen como datos fijos a corto plazo incluso otros elementos de la realidad histórica, tales como la población, su estructura por edades, el grado de educación y de especialización de la población activa, el nivel tecnológico, las instituciones jurídicas, las estructuras políticas y sociales, las escalas de valores, los sistemas de organización, los gustos, las modas. El modelo simplificador de corto plazo del economista mantiene un grado aceptable de verosimilitud.

  • Los problemas se plantean cuando se pasa del corto plazo al largo. En el largo plazo todo cambia y ni se pueden postular, elementos o factores inmutables, ni se pueden eliminar determinadas variables, calificándolas de exógenas. En el largo plazo todo cambia y es endógeno.

    Después de la segunda guerra mundial el problema del desarrollo económico a largo plazo se impuso a la atención de todos: cualquier problema se convierte en un problema histórico.

    El devenir histórico señala otro problema de la teoría económica: su creencia de que la gente tiende a actuar de forma racional. Para la formulación de una teoría lógica y generalizadora, el economista tiene que superar necesariamente la existencia de fuertes asociaciones de carácter repetitivo entre determinadas variables de base. Pero esta creencia no es realista: la gente raras veces se comporta como se espera. Cairncross escribió que “el hombre es un ser variable e inconsecuente” y como dijo Keynes “no es homogénea a lo largo del tiempo”. El historiador no sólo tiene que vérselas con un número mucho mayor de variables sino también con elementos no mensurables, irracionales e imprevisibles, y con asociaciones que cambian constantemente entre las variables.

  • Henry Kissinger escribió una vez que la historia “no es un libro de cocina que ofrezca recetas ya probadas”. Esa afirmación es consecuencia natural en el sentido de que la historia no se repite. La historia nos dice quiénes somos, de dónde venimos y por qué somos quienes somos. La historia no es sólo una rama del saber sino también una forma de entender al mundo, además, el estudio de la historia permite contemplar en su auténtica dimensión los problemas actuales que se nos plantean. El estudio de la historia supone un ejercicio práctico de comprensión del hombre y su sociedad.

  • El economista pretende identificar ciertas relaciones, interacciones o incluso leyes válidas para distintas situaciones históricas, mientras que el objetivo del historiador de la economía es describir y reconstituir circunstancias económicas específicas, consideradas en su individualidad y en su especificidad históricas.

  • El énfasis que el economista y el historiador económico ponen en determinados fenómenos difiere según el tipo de economía que es objeto de estudio. Si bien no es imposible que el economista se refiera a economías de un pasado lejano, el interés que predomina en ellos al hacer previsiones y trazar planes para el futuro próximo significa que normalmente investigan el panorama económico contemporáneo. Su problemática refleja la problemática de la cultura y la sociedad en las que vive. El historiador económico se ocupa de sociedades y economías de un pasado lejano. Eso supone inevitablemente una falta de sintonía entre la problemática y la documentación disponible. Se produce una falta de sintonía entre consumidores y productores de documentación. Forma parte esencial del oficio del historiador mediar entre el subjetivismo de la demanda de información y el subjetivismo de la oferta. Se ve obligado a formular sus interrogantes teniendo en cuenta el periodo y la cultura que este estudiando y los datos que se conserven.

    Para que una investigación llegue a buen puerto es importantísimo que desde el principio identifique claramente el problema que pretende abordar. Debe haber un “feed-back” perpetuo entre el planteamiento de problemas y el proceso de recogida de datos. El objetivo de las investigaciones no es deformar los hechos para probar una teoría, sino adaptar la teoría para dar una mejor explicación de los hechos.

  • El modelo económico redefine la historia con supuestos peligrosamente convenientes, con la hipótesis de un ambiente externo invariable, al mismo tiempo que atribuye a sus agentes propósitos estereotipados y excesivamente generales. Convertir el modelo en una especie de fetiche de la investigación, transformando una investigación de lo que realmente ocurrió en un intento de verificar el modelo, es reducir los fines a medios y dar a los medios la categoría de fines.

  • El interés creado que los estudiosos tienen instintiva e inconscientemente en sus propios modelos puede inducirles fácilmente al vicio del “tesismo”, es decir, a querer forzar la realidad histórica para que encaje en el modelo, en vez de admitir la debilidad de éste como instrumento de interpretación de la realidad.

    La historia es demasiado compleja para ser elegante. Y si quieren captarla en toda su complejidad, los “nuevos historiadores económicos” tendrán que abandonar su esprit géométrique a favor del esprit de finesse, más sutil aunque menos elegante.

  • A mediados del siglo XX estuvo de moda considerar la religión como ese “algo” que determina el rendimiento económico de una sociedad. Sociólogos e historiadores anglosajones y alemanes, convencidos de la superioridad económica de sus propias sociedades respecto de las sociedades de religión católica, propusieron la tesis de que las semillas del desarrollo capitalista estaban en las características y las ramificaciones de la ética protestante. Hoy en día, semejante tesis provoca la sonrisa, aunque nuestra capacidad analítica de los procesos profundos de la historia no ha progresado de manera sensible.

  • Numerosos estudios realizados sobre las economías europeas y norteamericana del siglo XIX parecen coincidir en que los inconvenientes de la producción habían superado los del capital. La diferencia obedece obviamente al aumento de la productividad. Los economistas han atribuido este fenómeno a una división más clara del trabajo, a las economías de escala, a la mejor distribución de los factores de producción, al progreso tecnológico y a la mejora de la educación y la preparación de la población activa.

    Joseph Schumpeter (1947), mucho antes de las investigaciones actuales de este fenómeno, había sospechado su existencia y escribía que “sólo en casos muy raros” puede explicarse el desarrollo económico “por factores causales tales como un aumento de la población o un incremento de la oferta de capital”. Una economía o una empresa consigue producir “algo más” y ese “algo más” “siempre puede ser entendido a posteriori; pero prácticamente nunca puede ser entendido a priori, es decir, no puede ser previsto por la intuición lógica de los hechos preexistentes”. Schumpeter daba a ese “algo más” el nombre de “reacción creativa de la historia”, lo cual equivale a reconocer el carácter fundamentalmente misterioso e inexplicable del fenómeno. Además, si la historia tiene a veces una “reacción creativa” también debe ser capaz de tener una “reacción destructiva”, puesto que existen sociedades que decaen y empresas que quiebran.

    Con todas las estadísticas pertinentes y puestas al día, Japón nos brinda un ejemplo obvio y accesible. Se publican montañas de libros y torrentes de artículos que pretenden explicar el éxito extraordinario de Japón. Pero las explicaciones que se ofrecen no van más allá de la “reacción creativa de la historia” de Schumpeter.

  • En 1987 Donald C. Coleman publicaba en la Oxford University Press un ágil estudio titulado “History and the economic past: an account of the rise and decline of economic history in Britain”. El boom de los años 50 y 60 atrajo hacia esta disciplina a un vasto grupo de estudiosos. El volumen de la producción histórico-económica se hinchó desmesuradamente. Además, en Occidente a mediados de los 70, los consumidores de la historia económica, es decir, los universitarios y el público lector, empezaron a mostrar menos interés por los fenómenos puramente económicos. También disminuyó el interés por la historia, especialmente entre los jóvenes en beneficio de asuntos más modernos como por ejemplo los problemas ecológicos y sociales. La historia económica se encuentra en una posición esquizofrénica entre la historia y la economía.

  • 10) Cuando nació la economía nació también la historia económica, mientras que la historia llevaba viva mucho tiempo. La obra clásica de Adam Smith “Enquiry into the nature and the causes of the wealth of Nations”, contiene muchas páginas de auténtica historia económica. Y ese hecho no era casual. Adam Smith pensaba y escribía en el marco de la tradición de los estudiosos que habían sido educados y estaban habituados a buscar en la historia la comprobación de sus afirmaciones de carácter deductivo. Esa estrecha relación inicial de tipo simbiótico entre la economía y la historia económica parecía destinada a perdurar, pero no fue así. En Gran Bretaña, la obra de David Ricardo, James Mill y McCullan logró eliminar el elemento histórico de la economía teórica y llevar el análisis económico al terreno de la abstracción lógico-matemático.

    Más éxito tuvo Karl Marx, que, concibiendo el análisis económico en términos dinámicos, supo mantener una estrecha vinculación entre la historia y el análisis económico social.

    El mundo socioeconómico se caracteriza por un grado de complejidad mayor donde se acumulan las complejidades del mundo físico, biológico y socioeconómico. La revolución galileo-newtoniana tuvo un notable éxito al adoptar el instrumento analítico lógico-matemático para la comprensión del mundo físico pero este elemento no es suficiente para la comprensión de los fenómenos de mayor complejidad propios del mundo biológico y del socioeconómico.

    11)Junto a las fuentes documentales públicas de origen fiscal o legislativo fueron cada vez más frecuentes y abundantes los estudios e investigaciones de fenómenos demográficos, económicos y sociales llevados a cabo por las autoridades publicas con un fin fundamentalmente informativo, aunque detrás de este deseo de conocimiento hubiese casi siempre un motivo practico. Esa tendencia apareció sobre un trasfondo de fenómenos culturales que fueron avivando sucesiva y progresivamente la “curiosidad” del gobierno. Cronológicamente estos fenómenos fueron el Renacimiento, la Revolución Científica del siglo XVII, la Ilustración del XVIII y el “movimiento estadístico” del XIX.

    Excepto en Italia, el Estado no llevaba registros de nacimientos bodas y defunciones, sino que dejaba esa tarea al clero, pero en Inglaterra y en Francia, con las ordenanzas de Thomas Cromwell en 1538 y de Villers Cotterets en 1539 respectivamente, el gobierno central se preocupo y actuó de manera que los párrocos tuviesen regular y diligentemente al día los registros de bautismos, matrimonios y entierros. Así se creó una fuente valiosísima de historia demográfica.

    La Italia septentrional se distinguió de la Europa del siglo XVI por ser la primera región europea que introdujo auténticos censos con fines no fiscales, sino puramente informativo-demográficos. Una documentación sin igual fue la producida en España en los años setenta del siglo XVI, es decir, en la época de mayor esplendor del poderío imperial español. La aparición de ese material, que se recopiló esencialmente a impulsos de la curiosidad, tiene que ver con la presencia de un monarca de tipo moderno, centralizador, burócrata, trabajador incansable de despacho, como fue Felipe II. Durante su reinado, y más precisamente entre 1575 y 1578, se puso en marcha una investigación económico-demográfico-financiero-sociológica, “para honra y ennoblecimiento de los pueblos de España”, en las poblaciones de Castilla. La investigación se basaba en un cuestionario uniforme y muy detallado mediante el cual se procuró la recogida sistemática, hasta en la aldea más remota, de información sobre el régimen jurídico de la comunidad, el clima, la población, si se consideraba que ésta iba en aumento o en descenso, las migraciones, la producción agrícola y la artesanal, la cría de ganado, el comercio, la escasez de determinados bienes, las fuentes de ingresos de la comunidad, la carga fiscal, las clases sociales y su importancia relativa, la propiedad de la tierra y su distribución. Los resultados fueron recogidos en unos documentos titulados “Relaciones histórico-geográficas de los pueblos de España”.

    Simplificando al máximo, el siglo XVII ha sido denominado el siglo de la “ Revolución científica”. Y fue etiquetado así porque en aquel período se sentaron las bases del método científico experimental y de la ciencia moderna. Fue entonces cuando nació una concepción mecanicista del universo, una clara preferencia por las matemáticas, como instrumento para plantear y resolver problemas científicos, el recurso general al experimento como única prueba aceptable de la validez de la hipótesis teórica. Dicho de modo sucinto, fue entonces cuando nació el método científico.

    En el ámbito de lo que hoy se llaman ciencias sociales, el siglo XVII asistió al surgimiento y desarrollo de nuevas curiosidades y, sobre todo, de una auténtica manía de medir. Inglaterra se caracterizó por una proliferación de hombres cultos, principalmente estudiosos aficionados, a los que generalmente llamaban “virtuosos”. Los que sentían curiosidad por indagar en el cuerpo social y por medir fenómenos demográficos, económicos y sociales fueron llamados “aritméticos políticos”. Estos manejaban todavía los números con bastante ingenuidad pero tuvieron el mérito de abrir una vía que llevaría muy lejos.

    En el continente, la aritmética política arraigó sobre todo en Alemania: allí fue introducida con dignidad académica en la universidad. En Francia, no tuvo un tratamiento tan formal, pero desde Richelieu hasta Colbert los gobiernos solicitaron con frecuencia la elaboración de informes y estadísticas sobre el comercio, las manufacturas y las finanzas.

    Pero fue sobre todo en el siglo XVIII cuando se produjo una auténtica floración de encuestas, investigaciones y memorias sobre los problemas de la población, del comercio exterior, de las monedas y de la pobreza. En general, se dio un salto desde la documentación de tipo fiscal, a la de tipo informativo que se recopilaba para investigar.

    Parece que el término “estadística”, utilizado en el sentido que hoy le atribuimos, apareció en Alemania durante el siglo XVIII. Antes se hablaba, como hemos visto, de “ topografía” en Francia y España, y de “aritmética política” en Inglaterra.

    Quienes se dedicaron en los países de habla germánica al estudio de los fenómenos demográficos, económicos, financieros y sociales lo hicieron preferentemente con el fin de describir la organización y el funcionamiento de los diversos órganos del Estado.

    En Alemania, el estudio de la estadística como ciencia del Estado se difundió por las universidades a lo largo del siglo XVIII y, como suele ocurrir en la historia cultural alemana, alimentó enseguida una apasionada disputa en torno a sus objetivos y métodos.

    Unos concebían la estadística fundamentalmente como presentación de datos cuantitativos en forma de cuadros, mientras que otros se oponían a semejante concepción puramente cuantitativa de la disciplina.

    A pesar del interés creciente por la medición y por el uso de los números en el análisis económico y social, hasta mediados del siglo XIX se estuvo en una fase que podría definirse como “protoestadística”. Fue con la labor del belga Quetelet que los números fueron aceptados como lenguaje natural de las estadísticas, y la técnica se hizo matemática con la asunción de un papel preponderante por parte del cálculo de probabilidades. Solo entonces pudo decirse que se había iniciado por fin la época propiamente estadística.

    El perfeccionamiento de las técnicas de análisis y recogida de datos y la creación de oficinas centrales de estadística se combinaron para producir una verdadera explosión de la información estadístico-económica.

    A pesar de esa inundación de datos y estadísticas, durante los últimos dos siglos los órganos legislativos de los estados de Europa Occidental han considerado a menudo necesario, para decidir sobre problemas y cuestiones económicas y sociales, reunir más material documental. Se produjo así un nuevo diluvio de papeleo rebosante de testimonios, estadísticas e informaciones en general.

    El mayor problema de toda esa documentación es precisamente su volumen, que desalienta a la hora de utilizarla. Tiene razón Stengers cuando habla de “diluvio” de datos estadísticos.

    12) Las fuentes documentales que surgieron de la actividad de entidades, que hemos definido como semipúblicas son las relativas a los gremios y hospitales.

    A partir de mediados del siglo XII, la gente manifestó un fuerte sentido asociativo que se tradujo en la creación de asociaciones cada vez más numerosas. La documentación que interesa principalmente al historiador económico, es la de los gremios de comerciantes y de artesanos. Pasando a los hospitales, es preciso tener en cuenta que el hospital como institución fue introducido en occidente en los siglos XII y XIII. Al hospital iban solo los pobres; y con frecuencia iban de buen grado con el fin de encontrar allí un lecho para dormir, y un plato de sopa para matar el hambre. En los documentos de administración de los hospitales, los historiadores económico y social pueden encontrar mucha información de interés.

    Los documentos de origen eclesiástico interesan de forma especial al historiador económico porque la Iglesia fue hasta una época reciente una primera potencia económica y financiera.

    13)

    • Fuentes notariales

    • Fuentes familiares

    • Fuentes empresariales

    • Crónicas de viajes

    • Gacetas y periódicos

    • Fuentes diversas