El Tibet: Filosofía, religión y cultura

Culturas. Filosofía budista. Ley del Karma. Costumbres: nacimiento, muerte, mujeres, matrimonio y hadas. Gingké. Zanba. Fiestas. Devoción

  • Enviado por: Ana Olmeda
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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TIBET. Filosofía, religión y cultura

INTRODUCCIÓN

Después de la segunda guerra mundial, en 1949 es proclamada la República

Popular China y dos años después se firma un acuerdo entre el Gobierno Popular Central de la República Popular China y el gobierno local tibetano en Beijing sobre la liberación pacífica del Tibet.

Con este acuerdo la nación tibetana consiguió liberarse de parte de la opresión que China ejercía sobre los habitantes de este país tan rico en arraigadas costumbres como en sabiduría.

El Tibet es desde hace siglos una región pacífica en la que se han ido mezclando la mentalidad tradicional de sus habitantes y los adelantos occidentales, destinados a mejorar la calidad de vida de los tibetanos.

Hoy en día es un país con una gran tradición tanto cultural como filosófica, en el que prima la filosofía o religión budista en la gran mayoría de sus habitantes.

FILOSOFÍA BUDISTA EN EL TIBET

Esta religión originaria de la India, fue fundada por Sidarta Gotama en el siglo V antes de Cristo y se inició su difusión en el Tíbet alrededor del siglo V d.C. Cuando se creó la escritura alrededor del siglo VI, se tradujo y se divulgó ampliamente comenzando a formar parte de la forma de vida de los tibetanos.

A grandes rasgos se puede definir el Budismo (o Lamaísmo) como un pensamiento y una práctica de vida en la que los seres humanos somos el único tipo de ser consciente que por sus virtudes y debilidades puede luchar y llegar a alcanzar la iluminación, y que por ello tenemos el deber de proteger a todos los seres que componen el universo volviéndose contra nosotros cualquier mal o daño que hagamos al prójimo. Estas creencias están profundamente arraigadas en los tibetanos,que viven el día a día pendientes de los augurios de los budas vivientes (los Dalai Lamas) y de las predicciones de los astrólogos budistas, a los que piden consejo cada vez que deben tomar decisiones importantes, como por ejemplo al elegir el nombre de un niño recién nacido.

Son muchos los ritos y las costumbres tibetanas y además muy variados, ya que dentro del mismo Tíbet hay diferentes ramas del budismo que comparten ciertas creencias como por ejemplo la teoría de la ley del Karma, que básicamente se refiere a que el universo no necesita de un dios que lo mantenga en marcha sino que se rige por su propia ley, inmanente al mundo. Estas tendencias difieren en su concepción del final terrenal, para unas es el Nirvana y para otras la reencarnación y también en otras creencias que hacen que cada escuela budista tenga sus propios ritos.

COSTUMBRES DE LA NACIONALIDAD TIBETANA

Dejando aparte el hecho de que haya diferentes tendencias con sus correspondientes ritos, hay cierto tipo de costumbres que son más o menos comunes a la nacionalidad tibetana.

El nacimiento y la muerte

Los ritos de nacimiento y muerte no se asemejan en absoluto a lo que estamos acostumbrados la mayoría de occidentales.

Cuando se produce un nacimiento se lleva a cabo la “pangsai” o purificación en la que se le ofrece a la madre como regalo las hada (cintas de seda blanca), además de vino y té. Los visitantes le desean buenos augurios y felicitaciones al recién nacido y elogian su buena suerte y sus órganos de los cinco sentidos. Todo esto lo hacen por la creencia de que el recién nacido sale del vientre de la madre con muchas impurezas y desgracias.

Los tibetanos creen que cuando muere una persona el cuerpo y el alma no se marchan juntos por lo que suelen realizar el sepelio del cuerpo de una manera bastante peculiar. Consiste en portar el cadáver del difunto hasta el cementerio donde se coloca sobre una zona llana y se encienden a su alrededor ramas de pino y ciprés regadas con incienso de zanba o tsampa (cebada de altiplanicie ,qingke, secada al sol, tostada y molida) lo que produce un humo denso que atrae a los buitres “sagrados”. El encargado del sepelio descuartiza el cadáver siguiendo unos pasos determinados y pulveriza los huesos, que mezclados con zanba se les sirve a los buitres. Por último se les da el resto de la carne. De esta manera el cadáver es completamente despachado. Esta curiosa forma de “enterrar “ a los difuntos se denomina sepelio a cielo abierto. Los familiares no regresan a la vivienda hasta después de dos días para no llevar de nuevo el alma del difunto a la casa.

Acostumbran también a realizar el sepelio en agua, muy difundido por el budismo. Arrojan el cadáver al río para que sirva de alimento a los peces, a los que consideran divinidades, por lo que los fieles nunca comen los peces.

Las mujeres y el matrimonio

Antes de 1951, cuando el Tíbet era controlado por un gobierno tiránico, las mujeres tibetanas no eran consideradas en la sociedad ni en la familia, hasta el punto de incluso echarles la culpa a ellas y castigarlas si eran violadas. Se decía que eran mitad persona y mitad demonio ( de ahí que aún se conserve la creencia de que el bebé sale del vientre materno con impurezas y desgracias). Gracias a la reforma democrática de 1959 se dejaron de llevar a cabo tales vejaciones, incluidos el matrimonio grupal (en el que si moría el marido los hermanos de éste tenían derecho sobre la mujer) o la costumbre de la poligamia.

Actualmente las mujeres son mucho más valoradas, lo que demuestran refranes como “ El poder está en manos del padre pero el saco de zanba está dominado por la madre”.

En los ritos de propuesta de matrimonio, las familias de ambos cónyuges consultan con los astrólogos lo que revelan sus horóscopos y hecho esto, el pretendiente ofrece las hada a los familiares de la novia lo cual es ya una propuesta formal de matrimonio. Después, el representante de cada familia hace un escrito que suele ser poético en el que se describe la futura vida del matrimonio, así como lo que nosotros llamaríamos los votos matrimoniales y esto constituye el certificado de matrimonio.

Se escoge un día para la firma de esponsales (que aún no es el casamiento), las respectivas familias se hacen regalos unos a otros, se hacen regalos a los huéspedes, y éstos corresponden con más regalos añadiendo un delantal (son simbólicos para las mujeres tibetanas), por los gastos de la fiesta. Los padres de la novia suelen pagar los esponsales. Los testigos ponen el sello familiar a los certificados y los entregan a los familiares de los novios, éstos no están presentes en la ceremonia.

El día de la boda la novia acude a su casa montada en una yegua preñada, el color del animal debe concordar con el de la rama zodiacal de la novia. Al llegar a su casa se suceden una serie de rituales destinados a encomendar la buena suerte de la pareja y simbolizar que el alma del novio se encomienda a la mujer.

Después se dirige a la casa del novio, adornada por los familiares de éste y se baja en una colchoneta especialmente preparada. Desde que la novia entra en la casa y hasta que llega a la sala indicada se van cantando odas y se ofrecen hadas.

Una vez allí se hacen ofrendas de vino y hadas a Buda y a los padres de los novios y los novios se retiran a la cámara nupcial mientras se prosigue con el festejo.

El ofrecimiento de hada

Ofrecer estas piezas de tela es uno de los ritos más comunes en le Tíbet. La costumbre se mantiene para toda clase de fiestas y visitas a casas ajenas y también para ofrecerlas a los ancianos venerables y los sabios, además de como signo de adoración a Buda. Ofrecerlas significa mostrar la pureza, sinceridad y honorabilidad, atribuyendo los tibetanos una determinada cualidad para cada color de estas cintas.

EL vino de qingke , el té, y la mantequilla

El vino de qingke es un líquido lechoso de sabor ligeramente agridulce con un bajo contenido alcohólico que toman los tibetanos sin excepción de edad ni sexo. Es el vino que se ofrece a los huéspedes y que también se ofrece a los protagonistas de cualquier fiesta o acontecimiento como regalo.

El té es una bebida cotidiana y habitualmente lo toman con mantequilla de cabra o de oveja. La mantequilla es imprescindible en cualquier vivienda tibetana y nunca falta en los mercados ni en las despensas. En las zonas agrícolas los ganaderos obtienen la mayoría de las calorías de la mantequilla además de la carne.

Beber el te es mas que una costumbre para los tibetanos, es casi un rito, pues siempre siguen una serie de reglas : no se lo acaban de golpe y si no se quiere más no se puede dejar el vaso medio lleno, el anfitrión lo llena de nuevo y se deja tal cual.

Sin embargo, para que se considere que un huésped se ha adaptado a las costumbres y formalidades, se debe acabar el té de un trago en el momento de la despedida.

o Tsampa

Es el alimento principal de los tibetanos. Está hecho de qingke secado al sol, tostado y molido. Se come añadiendo un poco de esta harina con té con mantequilla en un tazón y amasando la mezcla con los dedos. Se puede dorar al fuego haciendo una pequeña bola o mezclándola con carne y vegetales en forma de sopa.

Tiene un valor nutritivo muy alto y cuando están fuera de casa es lo que suelen comer.

Los monjes tibetanos, prácticamente es lo único que comen, junto con el té, y le atribuyen unas supuestas propiedades de inhibición de los impulsos sexuales, por lo que se dice que los monjes nunca tienen tentaciones de este tipo, aunque pasan por alto que al resto de la nación no le hagan efecto estas supuestas propiedades de la zanba.

ALGUNAS CELEBRACIONES Y FESTIVIDADES

Los tibetanos celebran cada mes al menos una fiesta y a veces dos, siendo la mayoría de ellas fiestas religiosas. La más importante de las fiestas es la del año nuevo que celebran durante todo el día 29 de diciembre y parte de la noche, con los correspondientes ritos de comidas y vestidos, limpieza general de la casa, decoración, etc. Se reúnen los familiares y después de cenar se ofrecen alimentos ante el altar de Buda. En alguna de estas costumbres se parecen a los españoles, como por ejemplo, la sopa de harina que cenan esa noche, que contiene unas bolitas con piedrecitas, ají, carbonato, lana, etc. Al que le toca cualquiera de estas cosas además de sacársela inmediatamente de la boca le declaran lo que significa lo que le ha tocado, la piedrecita significa corazón duro, la lana bondad,etc. Podríamos compararlo con nuestro roscón de Reyes...

En el sexto mes del calendario tibetano que corresponde a agosto del calendario solar, se celebra la fiesta Xoidün, una fiesta tradicional del verano que se celebra en el Norbu Lingka, el palacio de verano del Dalai Lama que se encuentra en Lhasa, la capital del Tíbet.

Se permite la entrada de todos los tibetanos que quieran acudir a los espectáculos de animación que ofrecen los grupos de la ópera tibetana y los grupos artísticos.

Además de ésta, los habitantes del Tíbet celebran otra fiesta al inicio del verano que no es una fiesta como tal sino una costumbre que ha permanecido a lo largo de los años. La gente sale a pasear por los jardines poblados de árboles y se celebran carreras de caballos o burros y competiciones de tiro al arco.

La fiesta rogativa por la buena cosecha es la fiesta más celebrada en el campo después de la fiesta de año nuevo. Se hace a finales del séptimo mes del calendario tibetano. Antes de empezar la recolección se representan óperas tibetanas, se confeccionan ropas nuevas y se visita a los familiares. Este es un período de vacaciones hasta para el más trabajador de los tibetanos.

LA DEVOCIÓN

El budismo está arraigado profundamente en la vida de cada hogar, a donde quiera que vaya el visitante de este país comprobará cómo los libros históricos, las pinturas, los grabados y la arquitectura además de los cantos populares y las óperas, describen en su mayoría el nacimiento y las reencarnaciones de Buda y cómo todos los adornos de los templos y de las casas contienen un significado religioso profundo. Los tibetanos creen a Buda con gran devoción y aún se puede ver a gente en las calles haciendo girar la rueda de la oración o postrándose y recitando los versos de los sutras, que son los escritos del budismo. Todavía hay tibetanos que recorren el camino de peregrinación desde la ciudad de Lhasa hasta el templo Jokhang, el monasterio Sera, o el Palacio Potala,( residencia del Dalai Lama en invierno) postrados y recitando los sutras.

Los monjes tibetanos viven exclusivamente en los monasterios, donde tienen todo lo que necesitan para subsistir, desde cultivos hasta ganado, cocinas, talleres, etc. Algunos monasterios más parecen auténticas ciudades, pues pueden llegar a vivir en ellos hasta 10.000 monjes. Antiguamente vivían bajo una férrea disciplina, al cumplir los ocho años se enviaba a los niños a hacerse monjes para aprender no sólo las escrituras y los conocimientos de Buda sino también sobre agricultura, geografía, historia y plantas medicinales. Al llegar a cierto grado de conocimiento se convertían en Lamas o maestros o dejaban el monasterio para fundar una familia. La mayoría de los monjes actualmente se dedican al cuidado y mantenimiento de los palacios y monasterios, además de asistir a los oficios religiosos. Existe una jerarquía en la que hay diferentes grados de monjes y Lamas, el Dalai Lama es para ellos la reencarnación del primer Buda (Sidarta Gotama). La sucesión del Dalai Lama es un proceso en el cual intervienen un conjunto de sabios y astrólogos para decidir quién es la persona en la cual se reencarna Buda una vez que deja el cuerpo físico, es decir, cuando muere el Dalai Lama.

UNA SOCIEDAD RESPETUOSA

Como conclusión, podríamos definir a la nacionalidad tibetana como una sociedad apacible, en la que el respeto por los demás y por la naturaleza que les rodea han hecho de ellos un pueblo diferente, gustoso de ofrecer lo que tienen y lo que saben para ayudar a mejorar a los seres humanos. Se basan en una filosofía que contradice al resto de la mayoría de religiones y pensamientos occidentales y que sin embargo alberga una aparente similitud con las disciplinas científicas de nuestro tiempo al tomar al ser humano y la naturaleza (incluyendo el universo) como productores y protectores de todo y de todos.

Su filosofía no excluye ni castiga, sólo integra lo que se amolda a su pensamiento o deja de lado lo que no sin dañar a nadie, lo que la diferencia en gran medida de algunas de las sociedades que se suponen las más avanzadas de este siglo, sociedades que cometen atrocidades en nombre de la justicia y del bienestar de los seres humanos que las integramos.