El sí de las niñas; Leandro Fernández de Moratín

Literatura española del Siglo XVIII. Teatro neoclásico. Biografía del autor. Técnica y estilo. Argumento. Personajes

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INDICE

PÁG.

  • INTRODUCCIÓN.................................................................. 1

  • BIOGRAFÍA DE LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN.... 2

  • RASGOS DE LA OBRA TEATRAL DE MORATÍN................ 3

  • NEOCLASICISMO................................................................. 5

  • EL SÍ DE LAS NIÑAS............................................................. 6

  • PERSONAJES........................................................................ 8

  • TÉCNICA Y ESTILO...............................................................10

  • CITAS......................................................................................13

  • BIBLIOGRAFÍA........................................................................14

INTRODUCCIÓN

El Sí de las niñas (1806) es la obra teatral más representativa de Moratín. Fiel exponente de los ideales de la clase media, sus personajes encarnan los valores nuevos de la época: la síntesis ecléctica entre el respeto a la autoridad de los mayores y el derecho a la felicidad de quienes se aman.

Pese a ser El Sí de las niñas un ejemplo claro del teatro neoclásico, fiel a la ley de las tres unidades (de lugar, de tiempo y de acción), la gracia de sus personajes y la intensidad de sus sentimientos le confieren rasgos que le acercan a la comedia romántica posterior.

BIOGRAFÍA DE LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN

Fernández de Moratín, Leandro (1760-1828), dramaturgo español creador de la comedia neoclásica.

Nació en Madrid en 1760. Hijo de Nicolás Fernández de Moratín, estuvo en contacto con el grupo de intelectuales y literatos del Madrid de la época de Carlos III. Fue amigo de Jovellanos y, como él, liberal y defensor de las ideas de la ilustración, lo que le costó algún destierro. Viajó por Francia, Inglaterra e Italia, países en los que se interesó por los últimos movimientos teatrales y sobre los que escribió interesantes libros de viajes. Además de su sátira en prosa, La derrota de los pedantes (1789), sus obras teatrales más importantes son La comedia nueva o el café (1792), en la que somete a crítica al teatro dominante en su época, y El sí de las niñas (1806), obra que ataca sin paliativos la educación severa y poco formativa que recibían las mujeres en la época y reivindica la libertad de las jóvenes para elegir marido, tema ya visible en El viejo y la niña, de 1790. El barón es de 1803 y La mojigata de 1804. En 1825 se editaron en París sus Obras dramáticas y líricas. Importante para estudiar la evolución del teatro en España es su ensayo sobre los Orígenes del teatro español, que se publicó póstumamente, en 1883. Tradujo el Hamlet de Shakespeare en 1798 y adaptó a la escena española dos obras de Molière: La escuela de los maridos y El médico a palos. Murió en 1828 en París, y está enterrado en el cementerio de Père Lachaise, entre Voltaire y La Fontaine

RASGOS DE LA OBRA TEATRAL DE LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN

El éxito de Moratín radica en ofrecer al público piezas cómicas acordes con sus gustos, pero dentro de la concepción neoclásica: fidelidad a las reglas de unidad, acción y tiempo. El objetivo del teatro “serio” es crear sobre la escena un apariencia ilusoria de realidad; La clave moratiniana consiste en dotar la acción de gracia, de ingenio y de contenido moral. El fin primordial de su teatro es el de educar al pueblo en un clima de libertad, de elevación del nivel cultural, de refinamiento del gusto estético; todo ello respetando la experiencia adquirida con la edad y los valores establecidos. Su intento es el de conseguir una unión entre las ideas ilustradas de Europa y la tradición autóctona española. El nuevo hombre de la nueva sociedad corre el peligro de aparecer como un híbrido de las dos tendencias antedichas.

Los recursos teatrales de Moratín son siempre los mismos: mantener la atención del espectador a base de enredos y de giros inesperados de la acción, complicar unas situaciones aparentemente normales, ir introduciendo desenlaces cuando la trama va alcanzando sus puntos álgidos, y recurrir a un humor muy del agrado del público. Esta forma de hacer teatro será nueva para sus contemporáneos y constituirá un precedente del drama romántico.

En todas sus piezas Moratín toma partido por la clase media y defiende sus valores característicos. Sus personajes encarnan y transmiten los nuevos valores sociales: al educación del hombre, la razón como guía de la acción, la libertad política, la familiarización con la naturaleza, la síntesis ecléctica entre el respeto a la autoridad de los mayores y el derecho a la felicidad de quienes se aman. Se trata de hombres y mujeres que se preocupan por cuanto les rodea y que aportan soluciones a los problemas sociales, desde los presupuestos de la moral ilustrada. En este sentido Moratín se acerca a la labor de Jovellanos, Feijóo, Cadarso, Valdés...

Para Moratín los problemas de la familia son los problemas de la sociedad a escala reducida: un rígido patriarcalismo.

Desde el punto de vista técnico, la obra respeta la ortodoxia clásica: unidad de tiempo (la acción sucede ininterrupidamente desde la madrugada de un día hasta la tarde del mismo), unidad de lugar (los hechos suceden en un mismo escenario) y unidad de la acción en sí.

NEOCLASICISMO

Durante el reinado del ilustrado Carlos III (1759-1788), la influencia francesa en España condujo a la adopción de formas artísticas neoclásicas y a una nueva manera de ver e interpretar el mundo. Estas tendencias, que no llegaron a ser aceptadas por el pueblo, fueron introducidas en la literatura dramática española por Nicolás Fernández de Moratín y más tarde por su hijo Leandro Fernández de Moratín, cuya obra más famosa es El sí de las niñas (1805). El teatro de Leandro Fernández de Moratín supone el triunfo de la comedia neoclásica. Moratín, no es más que el final de un largo proceso que dura toda la centuria, por implantar un teatro distinto, fruto de la ideología reformadora de una nueva sociedad

EL SÍ DE LAS NIÑAS

El Sí de las niñas es técnicamente la comedia más perfecta de Leandro Fernández de Moratín. Su estreno en 1806 fue el acontecimiento dramático más importante en esos años. La comedia escrita en tres actos y en prosa sorprende por lo preciso y acertado del diálogo en cada situación, las palabras están medidas, situadas en su lugar exacto y que supone una concepción moderna. Este género lo definió como: “imitación en diálogo de un suceso ocurrido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio del cual, y de la oportuna expresión de afectos y caracteres, resultan puestos en ridículo los vicios y errores comunes en la sociedad, y recomendadas, por consiguiente, la verdad y la virtud”.

Moratín plasma en esta obra la realidad diaria en que vive; aparecen de nuevo los vicios y virtudes de la sociedad burguesa. Dos son los temas esenciales: el derecho a la libertad de elegir pareja y la educación de la mujer. El Si de las niñas se desarrolla en una posada de Alcalá de Henares, en un tiempo que abarca desde las siete de la tarde a las cinco de la madrugada del día siguiente.

El Sí de las niñas es el máximo exponente de la comedia neoclásica, las reglas se cumplen estrictamente; los tres actos se corresponden con el contenido: planteamiento de la situación, desarrollo y desenlace que, además de ser didáctico agrada, todo ello trazado de forma matemática. Los personajes están bien delineados y son plenamente españoles. Todos ellos están comprometidos con sus problemas sociales, desde los criados hasta la viuda burguesa que es doña Irene, la más criticada de la obra. En esta comedia de Moratín, quizá reflejo de su propia intimidad tan defendida. Se plasma su contradicción humana, su lucha entre razón y sentimiento que se resuelve con el triunfo de este último. Esta obra cierra la producción original de Moratín, culpando de ello a las críticas y ataques que recibió pero, era muy difícil, superar la precisión de reglas, argumento y lenguaje que se da en su última obra.

PERSONAJES

Los personajes que aparecen en la obra de El Sí de las niñas son:

  • DON DIEGO

  • DON CARLOS

  • DOÑA IRENE

  • DOÑA FRANCISCA

  • RITA

  • SIMÓN

  • CALAMOCHA

Don Diego: es el personaje que, puede decirse que mueve toda la acción, ya que él es quien quiere a Doña Francisca, mujer con quien quiere casarse. Es robusto (1), tiene cincuenta y nueve años (2).

Don Carlos: sobrino de Don Diego, mozo de talento, instruido, excelente soldado, amabilísimo por todas sus circunstancias, enseña matemáticas(3).

Doña Irene: es la madre de Doña Paquita, ha tenido ya veintidós hijos y esta es la última que le queda; es una buena mujer (4).

Doña Francisca: es la hija de Doña Irene y es la mujer con quien Don Diego se quiere casar; tiene dieciséis años y se ha pasado un buen tiempo conviviendo con las monjas en un convento. Su ocupación en el convento era bordar, coser, leer libros devotos, oír misa y correr por la huerta detrás de las mariposas, y echar agua en los agujeros de las hormigas (5). Es muy gitana y muy mona(6).

Rita: es la criada de Doña Irene; es aborrecida (7), bribona.

Don Simón: es el criado de Don Diego, es hombre de bien (8) y posee fidelidad.

Calamocha: es el que trabaja en esa posada donde todos están; botarate (9)

TÉCNICA Y ESTILO

La comedia moratiniana se adapta por completo a las normas estéticas del Neoclasicismo. De El Sí de las niñas se extraen lecciones morales, pero es, además, una comedia divertida que provoca a menudo la risa o la sonrisa del espectador. Se debe a que el autor domina el arte de presentar las cosas de un modo cómico, pero dejando translucir en el fondo de ellas una rigurosa seriedad.

Todas las piezas teatrales de Moratín siguen fielmente la ley de las tres unidades. Así, ­­en El Sí de las niñas, la acción se desarrolla en un único escenario: “una sala de paso con cuatro puertas de habitaciones para huéspedes” de una posada de Alcalá de Henares. Moratín gusta de puntualizar de cada obra el tiempo de duración de la misma: “la acción empieza a las siete de la tarde y acaba a las cinco de la mañana siguiente”. Así el espacio y el tiempo de esta comedia son limitados; esto constituye un acierto teatral, ya que el espacio y el tiempo contribuyen a intensificar la acción. Moratín se ha propuesto construir una comedia de “acción interior”. Lo importante es lo que acontece en el alma de los personajes. Lo reducido del espacio ha permitido que don Diego se entere por casualidad natural de la verdad de los hechos, y ese mismo reducido espacio es el que permite el sosegado coloquio con la muchacha primero, en esta escena, y a continuación, con su sobrino y con doña Irene, en escenas sucesivas. La acción es concentrada, sin acciones secundarias que distraigan al espectador, y contribuyen a ello el tiempo y el espacio reducidos. De la concentración de la acción surge en esta obra la tensión dramática, consustancial a toda obra teatral.

El diálogo cobra en esta comedia una importancia decisiva. Todo ocurre a través de él, y la feliz solución final vendrá precisamente porque los personajes han sabido dialogar sosegada y civilizadamente. A veces, la tensión dramática de alguna escena viene dada porque a personajes dialogantes se oponen otros que no saben o no pueden expresarse con claridad. Tras la inautenticidad de sus palabras se esconde la inautenticidad de sus vidas. Este es el caso de Paquita, personaje incapaz para el diálogo abierto.

Clasificar como realista e teatro de Moratín quiere decir que este autor ha elegido un conflicto, un ambiente y unos personajes pertenecientes a la vida cotidiana. La comedia neoclásica tiene una finalidad moral y pretende ajustarse a las normas de naturalidad y racionalidad. Por ello, lo fantástico, lo alegórico o lo espectacular están excluidos. La consecución de los fines morales que Moratín pretende, lleva consigo elegir un tema enraizado en la problemática de los hombres de su tiempo y unos personajes y ambientes fácilmente reconocibles por el público. Así ocurre en esta comedia: el casamiento entre un anciano y una jovencita era corriente en la época, pero se derivaban una serie de desajustes sociales. Así mismo, todos los personajes de la obra son perfectamente verosímiles.

La habilidad con que Moratín utiliza procedimientos escénicos se podrían denominar naturales. La habilidad para dotar de naturalidad lo que es artificio escénico constituye, es uno de los mayores aciertos técnicos de Moratín; un ejemplo de lo anterior podría ser la iluminación del escenario en un momento determinado.

La lengua utilizada en los diálogos es completamente moderna. Hay pocas diferencias con el español actual. Se puede destacar la eficacia dramática de la misma. Moratín es un maestro en el arte de emplear el lenguaje adecuado a cada personaje. Don Diego es un caballero de edad madura, buena posición, educado culto. Todas estas características se reflejan en su forma de expresarse, que es mesurada, correcta y fluida. Las réplicas de doña Paquita son cortas, correspondientes a una persona que tiene dificultades para expresarse libremente ante sus mayores. Luego, el diálogo se ajusta perfectamente a cada situación. Los cambios de tonalidad y las pausas que interrumpen el diálogo contribuyen a ahondar el contenido sentimental de la situación. Hay que señalar la adecuación del lenguaje al tono realista de la obra. No se encuentran frases grandilocuentes, declamatorias o efectistas, sino que el diálogo discurre por derroteros de sencillez cotidiana. Conviene decir, en elogio del autor, que los propósitos morales de la obra no le han hecho incurrir en el abuso de discursos doctrinales.

BIBLIOGRAFÍA

  • Libro de lectura de El sí de las niñas

  • Dos tomos titulados “teatro completo de Moratín”

  • Consulta de algún dato en la Enciclopedia Encarta 98.