El shock del futuro; Alvin Toffler

Globalización. Innovación. Cultura. Cambios. Tecnología. Transitoriedad. Industrialización. Ad-Hocracia. Diversidad. Adaptabilidad. Supervivencia

  • Enviado por: Ignacio M
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 14 páginas

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Alvin Toffler: “EL SHOCK DEL FUTURO”

Primera parte: Muerte de la permanencia

Capítulo l

Durante los últimos 300 años, la sociedad occidental se ha visto azotada por el cambio, y parece estar adquiriendo nueva fuerza.

La aceleración del cambio no afecta sólo a las industrias o naciones, sino al hombre, enfrentándolo al “shock del futuro”.

El “shock cultural” es el experimentado por el visitante no preparado al verse inmerso en una cultura extraña. Es lo que ocurre cuando los conocidos procedimientos psicológicos que ayudan al individuo a comportarse en sociedad son retirados de pronto y sustituidos por otros nuevos, extraños e incomprensibles.

El “shock del futuro” es la desorientación producida por la llegada prematura del futuro. Es un fenómeno de tiempo, un producto del ritmo enormemente acelerado del cambio en la sociedad. Nace de la superposición de una nueva cultura sobre la cultura antigua. Es un “shock cultural” dentro de uno mismo.

Lo que está ocurriendo ahora es más grande y profundo que la revolución industrial. El momento actual es el segundo hito crucial de la historia humana sólo comparable con el paso de la barbarie a la civilización.

Ya no son los recursos los que limitan las decisiones. Es la decisión la que hace los recursos. Éste es el cambio revolucionario fundamental, y se ha producido en ésta, la “800º generación”.

En nuestro lapso actual, las fronteras han saltado en pedazos; la red de lazos sociales es tan tupida que las consecuencias de los sucesos contemporáneos son instantáneamente conocidas en todo el mundo. También los efectos de sucesos pasados asumen otro grado de importancia; nos vemos atrapados en el “rebote del tiempo”: todo lo que en el pasado les ocurrió a algunos hombres, afecta virtualmente a todos los hombres de hoy.

Toda la historia se hecha sobre nosotros y paradójicamente, esta misma diferencia subraya nuestra ruptura con el pasado. Así se altera fundamentalmente el alcance del cambio. A través del espacio y del tiempo, el cambio tiene en ésta 800º generación, una fuerza y un alcance como nunca tuvo.

Al cambiar nuestra relación con los recursos que nos rodean, ampliando violentamente el alcance del cambio y acelerando su ritmo, hemos roto irreparablemente con el pasado.

Capítulo ll

Las sociedades de alta tecnología experimentan el cambio con una velocidad mucho mayor que la normal.

No existe un modo absoluto de medir el cambio, ya que se producen simultáneamente un número infinito de corrientes de cambio.

Todos estos son procesos, no hay un punto estático para poder medir el cambio. Por lo tanto, el cambio es necesariamente relativo.

También es desigual. Si todos los procesos se desarrollaran a la misma velocidad, o incluso si se acelerasen y frenasen el mismo tiempo, sería imposible observar el cambio. Pero el futuro invade el presente a distintas velocidades, y así se hace posible comparar la rapidez de los distintos procesos a medida que se desarrollan: el patrón para esta comparación es, entonces, el tiempo.

La tecnología es una de las fuerzas más importantes que promueven el impulso acelerador. Las nuevas ideas se ponen en práctica mucho mas rápido que en tiempos pasados. El lapso entre la concepción original y su empleo práctico, se ha reducido de un modo radical. También se requiere menos tiempo para difundirla en la sociedad.

Asimismo, cada nueva máquina o técnica es una nueva fuente de ideas: se generan combinaciones con máquinas y técnicas preexistentes, formando nuevas “supermáquinas”. Pero lo realmente importante de los desarrollos tecnológicos pasa por la posibilidad de resolver problemas con un método diferente; sugieren nuevas soluciones a problemas sociales, filosóficos e incluso personales. Alteran todo el medio intelectual del hombre, su manera de pensar y de ver el mundo.

La tecnología es el motor, un acelerador, y el conocimiento es el “carburante”.

El almacenamiento de conocimientos del hombre ha aumentado a través de la historia, desde antes de la escritura, pasando por la imprenta hasta llegar a la computadora.

El conocimiento es poder, pero también es cambio, y la adquisición acelerada de conocimientos, que alimenta al gran motor de la tecnología, implica la aceleración del cambio.

Hay una reacción en cadena del cambio: descubrimiento - aplicación - impacto - descubrimiento...en definitiva es la aceleración del desarrollo social humano.

La aceleración del cambio es también una fuerza psicológica. La aceleración externa produce una aceleración interna, perturbando nuestro equilibrio interior.

También abrevia la duración de muchas situaciones. Altera radicalmente el equilibrio entre las situaciones nuevas y las conocidas. Así, los grados crecientes de cambio nos obligan a enfrentarnos con un número creciente y acelerado de situaciones a las que no puede aplicarse la experiencia personal anterior.

Para enfrentarse al cambio y evitar el “shock del futuro”, el individuo debe convertirse en un ser infinitamente más adaptable y sagaz que en cualquier tiempo anterior.

Capítulo lll

Los hombres no sólo se dividen por raza, religión etc., también lo hacen por su posición en el tiempo. Así, algunos siguen viviendo como miles de años atrás; son gente del pasado (tal vez un 70% de los seres humanos actuales).

Otros, un 25%, constituyen las sociedades industrializadas; son gente del presente.

El resto de las personas vive ya la vida del futuro: son más ricos, mejor educados y se mueven más que el resto de las personas. Ya se adaptaron al acelerado ritmo de la vida.

Algunos se adaptan y otros rechazan el cambio. Esto es más notorio en personas mayores, quienes rechazan la acumulación de más situaciones generadoras de experiencias.

Muchos conflictos de otro modo incomprensibles, pueden derivarse de reacciones diferentes a la aceleración del cambio. Lo dicho es aplicable tanto a individuos como sociedades enteras (choques entre culturas).

La percepción del tiempo por parte del hombre está relacionada con sus ritmos internos, pero sus reacciones al tiempo están culturalmente condicionadas. Desde chicos se nos infunde cierta perspectiva en cuanto a la duración de acontecimientos, procesos o relaciones. En el comportamiento adulto todo lo que hacemos se funda en presunciones de duración.

Todas estas presunciones de duración se ven trastornadas cuando se acelera el ritmo de vida. El fracaso en captar este principio se debe a la incompetencia educativa y psicológica en preparar a la gente para representar papeles fructíferos en una sociedad superindustrial.

La transitoriedad es la nueva “temporalidad” de la vida cotidiana. Siempre ha sido parte de la vida, pero hoy, el sentimiento de impermanencia es más agudo.

Las cosas, los lugares, la gente, las organizaciones y las ideas son componentes básicos de todas las situaciones. La relación del individuo con todos estos factores es lo que estructura la situación. Precisamente estas relaciones se acortan y se abrevian al producirse una aceleración en la sociedad. Esto a su vez, origina el sentimiento de desarraigo y vacilación, al vivir en un mundo cambiante.

La vida de las personas puede calificarse en términos de velocidad: algunos se caracterizan por una rapidez de giro mayor a la de otros. La gente del futuro vive en una condición de transitoriedad alta, donde la duración de las relaciones se abrevia, y su cambio es sumamente rápido.

Es esta rápida sustitución, combinada con la creciente novedad y complejidad del medio lo que violenta la capacidad de adaptación y crea el peligro del “shock del futuro”.

Segunda parte: Transitoriedad

Capítulo lV

Las cosas son altamente significativas no sólo por su utilidad funcional, sino por su impacto psicológico. Nosotros establecemos relaciones con las cosas. Las cosas afectan nuestro sentido de continuidad o discontinuidad. Desempeñan un papel en la estructura de las situaciones, y la abreviación de nuestras relaciones con las cosas aceleran el ritmo de la vida. Además, nuestras actitudes con respecto a las cosas reflejan nuestros criterios sobre valores fundamentales.

La cultura del desecho o “use y tire”, el hecho de usar el producto una sola vez, contraría las raíces profundas de sociedades o individuos imbuidos en una cultura de pobreza, a la vez que tiene importantes consecuencias psicológicas: origina una escala de valores radicalmente distinta en lo concerniente a la propiedad. Pero también implica una reducción en la duración de las relaciones hombre-cosa. En vez de estar ligados a un único objeto por un largo tiempo, nos hallamos ligados , durante breves períodos, a una sucesión de objetos que sustituyen aquél.

En el pasado la permanencia era lo ideal; el hombre construía cosas para que durasen. Las sociedades eran casi inmutables, y cada objeto tenía una función definida. Era lógica una economía de permanencia. Pero al acelerarse el ritmo general de cambio en una sociedad se cambia a la economía de permanencia por la economía de transitoriedad. Existen varios motivos:

  • la tecnología progresiva tiende a rebajar el costo de fabricación mucho más rápido que el de reparación; es más barato sustituir que reparar.

  • los avances tecnológicos permiten mejorar el objeto con el paso del tiempo; resulta económicamente lógico construir para un plazo más breve que para uno más largo.

  • al acelerarse el cambio, surge la incertidumbre acerca de las necesidades futuras; vacilamos en gastar grandes sumas en objetos destinados a cumplir objetivos inmutables.

También hay variantes al principio de disponibilidad:

  • los objetos que no pueden desecharse una vez usados (por caros, grandes, etc.), están construidos de modo tal de poder ser readaptados en caso de necesitarse.

  • modularismo: se le da permanencia a las estructuras de conjunto, a costa de hacer menos permanentes las subestructuras (se mantiene fijo un “esqueleto”, y variable todo el resto). El resultado es una nueva configuración, por lo tanto, desde el punto de vista de la duración de las relaciones, es como si se hubiera tirado la anterior. Bajo ésta perspectiva, disponibilidad y modularismo son lo mismo.

Estas realidades culturales tienden al mismo fin psicológico: la efimerización de los lazos del hombre con las cosas que lo rodean.

Con el alquiler pasa lo mismo: el hombre consigue un menor compromiso.

El miedo a la obsolescencia obliga al empresario a innovar, y al consumidor a buscar productos alquilables, cambiables o temporales.

La rápida caída en desuso es parte integrante de todo el proceso acelerador. Se produce con y sin planeamiento previo. En cuanto a las cosas, ocurre por tres motivos:

  • deterioro del producto al punto de no poder seguir cumpliendo su función. Es la caída en desuso por falla funcional.

  • nuevo producto realiza con mayor eficacia las funciones del producto antiguo. Es la caída en desuso por avances tecnológicos sustanciales.

  • cambio en las necesidades del consumidor, no sólo funcionales sino también psicológicas.

Cuanto más rápidamente cambia una sociedad, más temporales son las necesidades. La continua oscilación, influida pero no controlada independientemente por la publicidad, introduce a corto plazo en la vida del individuo un vertiginoso dinamismo. Aumenta aún más la impresión de velocidad y de impermanencia en la sociedad.

El ciclo de vida del producto también se ve alterado. Al acelerarse el ritmo del cambio, las empresas suelen crear nuevos productos, a sabiendas de que sólo permanecerán unas pocas semanas en el mercado. La “industria del capricho” prepara anticipadamente los productos para ciclos vitales cada vez más breves. Son productos temporales, hechos con métodos temporales para satisfacer necesidades temporales.

Capítulo V

Hoy en día, las distancias geográficas tienen cada vez menos importancia. En todas las sociedades avanzadas, y en particular la “gente del futuro”, los traslados, los viajes y cambio de domicilio han llegado a ser cosa natural. El movimiento de personas de un lado a otro es característico de la sociedad superindustrial, contraponiéndose con las naciones preindustriales, con sus pobladores arraigados en un solo lugar.

El movimiento de mayor importancia psicológica, es el traslado geográfico del hogar, principalmente por el desarraigo y la adaptación a un nuevo ámbito.

Estos movimientos no se deben sólo a problemas de pobreza, desempleo o ignorancia. La realidad indica que son las personas más preparadas las que configuran la mayoría dentro de ésta tendencia.

Se produce simultáneamente la llamada “fuga de cerebros”, así como el movimiento de los hombres del management. Esto no sólo se debe a los cambios geográficos de las empresas en sí, sino porque se considera que los frecuentes traslados sirven como una clase de entrenamiento para los directivos.

A otro nivel, también es importante el cambio de lugar de estudiantes, que concurren a instituciones lejos de su ciudad natal.

Para la “gente del futuro”, el hogar está donde cada cual lo encuentra.

El movimiento se transforma en una manifestación de libertad, un estilo de vida.

El hombre en movimiento tiene poco tiempo para echar raíces en alguna parte.

Si bien el cambio de lugar puede generar cierta angustia (especialmente en el hombre tradicional), hoy se reconoce que las principales diferencias entre las personas no guardan una relación tan íntima con el ámbito geográfico; poco tienen que ver con el lugar.

El compromiso está en concordancia con la duración de la relación. Por lo tanto, la decadencia del compromiso depende, más que de la movilidad en sí, de una consecuencia de esta movilidad: la menor duración de las relaciones de lugar.

Capítulo Vl

Así como las cosas y los lugares pasan a ritmo creciente por nuestras vidas, lo mismo pasa con las personas.

Contraemos relaciones de interés limitado con la mayoría de las personas que nos rodean. Consciente o inconscientemente, definimos en términos funcionales nuestras relaciones con la mayoría de la gente.

Hemos creado la persona disponible: el hombre modular. Más que relacionarnos con todo el hombre, lo hacemos con un módulo de su personalidad. Ninguna persona es intercambiable con otra, pero ciertos módulos sí lo son.

Nuestra relación es convenientemente limitada; existe una responsabilidad (y por lo tanto, exigencia) limitada por ambas partes. La profundidad de la relación depende de la cantidad de módulos que intervienen.

La duración media de las relaciones ha disminuido, producto de la cantidad en aumento de dichas relaciones.

Las relaciones, entonces, se pueden clasificar según la duración esperada, en:

  • Relaciones de larga duración: se espera que los vínculos familiares y, en menor grado, otros parientes, duren para toda la vida.

  • Relaciones de duración media: amigos, vecinos, compañeros de trabajo y consocios (iglesia, club, etc.).

  • Relaciones de corta duración: se incluye a la mayoría de las relaciones de servicio.

Cuanto mayor es la movilidad del individuo, mayor es el número de contactos humanos, a la vez que conduce a la terminación de las relaciones de casi todas las categorías, por estar más comprimidas en el tiempo. El convencimiento de que los traslados no son definitivos, potencia las relaciones modulares. Se crean y disuelven con mayor rapidez. No quita que puedan mantenerse relaciones a distancia, pero es justamente ella y la falta de frecuencia las que terminan de cortar el vínculo.

La introducción de la tecnología trae necesariamente cambios en los tipos de aptitud y de personalidad requeridos por la economía. Esto provoca dos cosas:

la necesidad de especialización , y la reducción de la duración de cualquier empleo.

A esto hay que sumarle los cambios en el entorno empresarial: fusiones, reestructuraciones, etc.

El convencimiento de que ningún empleo es permanente, implica que las relaciones contraídas son condicionales, modulares y temporales.

Las personas con tendencia a la movilidad, reflejan lo mismo en sus empleos.

El futuro impondrá cambios de empleo más frecuentes, no más lentos.

Los servicios de personal temporario, son el equivalente humano del alquiler.

Todo tiende a una mayor efimerización de las relaciones personales.

Capítulo Vll

El cambio también afecta a las organizaciones. El sistema burocrático está siendo reemplazado por la organización del futuro, lo que Toffler llama la “ad-hocracia”.

El hombre dejará de estar encerrado en un casillero del organigrama de la organización vertical, para cambiar constantemente de posición, con mayor libertad. Su relación dejará de estar basada en la permanencia para dar paso al cambio.

Los cambios en el contexto económico, llevan aparejado inexorablemente el cambio en las estructuras de las organizaciones. Esta autorrenovación es una reacción necesaria e inevitable a la aceleración del cambio: las organizaciones tal cual se encuentran, son incapaces de responder eficientemente a necesidades para las cuales no han sido pensadas, por no ser previsibles. Aquí también entra en juego el modularismo: esqueleto de base y alteración de los componentes.

Esto significa, que las relaciones del individuo con cualquier estructura se ve abreviado en el tiempo.

Los “task force” son la versión organizacional a la efimerización de la relación hombre - cosa: son grupos de trabajo destinados (creados) para un proyecto o problema en particular. Son en esencia, temporales.

Si bien esto no es novedad, sí lo es la velocidad con que se integran / desintegran estos grupos. Lo mismo pasa con la cantidad. No llegan a reemplazar a las estructuras funcionales permanentes, pero las transforman por completo, restándoles hombres y fuerza.

La jerarquía burocrática, que separa a quienes toman las decisiones de quienes las ejecutan, está siendo quebrantada.

Esta estructura burocrática es ideal para resolver problemas de rutina a un ritmo moderado. Pero cuando las cosas se aceleran y los problemas dejan de ser rutinarios se produce el caos. Los motivos son varios: el retraso es cada vez más costoso; la información debe fluir con mayor rapidez; un problema nuevo requiere mucha más información que un problema rutinario.

Todo esto combinado con la aceleración, socava las jerarquías verticales, típicas de la burocracia.

La consecuencia es el cambio de una comunicación vertical, a una del tipo horizontal. Los managers deben confiar cada vez más en los especialistas. Los asesores dejan de aconsejar y empiezan a tomar decisiones propias. Las tareas rutinarias pasan, en su gran mayoría, a las máquinas.

Características de las “ad - hocracias”:

  • transitoriedad

  • gran movilidad entre organizaciones

  • continuas reorganizaciones en su interior

  • constante generación y extinción de grupos de trabajo temporales

El hombre deja de ser leal a la organización, para pasar a ser leal a su profesión; no está comprometido con ninguna organización, sino con su propia carrera, realización.

Capítulo Vlll

Las imágenes también se han vuelto cada vez más temporales.

Toda persona lleva dentro de la cabeza un modelo mental del mundo, una representación subjetiva de la realidad externa. Este modelo contiene algunas imágenes que se aproximan a la realidad, y otras que están deformadas. El grado de exactitud dependerá del grado de conocimiento de la sociedad. Los cambios que se producen en esa sociedad obligan a actualizar el “banco de imágenes” de los modelos mentales, para que siga respetando, lo mejor posible, la realidad.

Este proceso se desarrolla cada vez más rápido, gracias a la mayor velocidad con que los mensajes llenos de imágenes llegan a nuestros sentidos. Esos mensajes pueden ser o no cifrados (elaborados), y a su vez, ser o no ricos en información.

El cambio se percibe en el lenguaje, el arte, la música, etc.

La aceleración de todo el proceso se debe a los medios de comunicación.

La adaptación del modelo mental a los vertiginosos cambios de la realidad, requieren la aceleración de la actividad mental, la que a su vez, tiene límites. Es una nueva exigencia al sistema nervioso.

Tercera parte: Novedad

Capítulo lX

La revolución implica novedad. El futuro se desplegará como una infinita sucesión de incidentes extraños, de descubrimientos sensacionales, de conflictos y dilemas completamente nuevos. Esto significa que muchos miembros de la sociedad superindustrial no se sentirán en ella como “en casa”.

El problema no estriba en si el hombre podrá sobrevivir a la reglamentación y a la standarización, sino a la libertad.

Al dar rienda suelta a la novedad, lanzamos al hombre contra la no rutina, contra lo imprevisto. Con esto se elevan los problemas de adaptación.

Combinando la inteligencia racional con la imaginación, estamos dando un importante salto hacia el futuro.

Toffler señala una serie de ejemplos que van desde la clonación hasta los ciborgs (humanoides).

Capítulo X

Los artículos se encaminan cada vez más a brindar “extras” psicológicos al consumidor. El fabricante añade un peso psíquico a su producto básico, y el consumidor paga un buen precio por ello.

Los publicitarios se esfuerzan en marcar a cada producto con una imagen distintiva. Estas imágenes son funcionales, ya que satisfacen las necesidades del consumidor, pero son mas psicológicas que utilitarias.

Lo que importa es el servicio, la utilidad que se le brinda al consumidor.

Avanzamos hacia una sociedad en que los objetos, las cosas son cada vez más transitorias. No solo las relaciones del hombre con ellas, sino ellas mismas.

Capítulo Xl

La familia siempre sirvió de soporte y refugio, situación que se verá alterada con la aceleración del cambio.

Hay quienes sostienen que la familia ha muerto, que su única función se basa en los dos primeros años de vida. Otros niegan dicha postura, y creen que la familia se mantendrá más allá de los cambios. Puede pasar también, que cambie la concepción actual de familia, para dar lugar a una forma nueva y distinta.

Históricamente, se ha pasado de familias numerosas a núcleos cada vez más reducidos, gracias, en parte, a una mayor necesidad de movilidad. La sociedad superindustrial, requiere de una movilidad cada vez mayor.

Toffler habla de biopadres, familias comunitarias, matrimonios temporales, etc., como distintas y posibles consecuencias de esa mayor movilidad.

Cuarta parte: Diversidad

Capítulo Xll

La gente del futuro no padecerá de falta de opciones, sino una superabundancia de las mismas, es decir, un exceso de opciones.

El industrialismo ha tenido un efecto nivelador. La capacidad de producir millones de unidades fue el mayor logro.

La superindustrialización brindará una mayor variedad de artículos desestandarizados. Dos factores fomentan esta tendencia:

  • los consumidores tienen más dinero para gastar en lo que quieren, y las compañías buscan satisfacer sus deseos;

  • al refinarse la tecnología, disminuye el costo de las variaciones.

Los productos del futuro podrán ser muchas cosas, menos standarizados (la sociedad se aleja de la standarización). Vamos hacia un “exceso de opciones”, punto en que las ventajas de la diversidad y de la individualización son anuladas por la complejidad del proceso de decisión del comprador.

El problema es cuando la opción se transforma en un exceso de opción, llevando a la libertad a transformarse en falta de libertad.

Capítulo Xlll

Las mismas fuerzas que provocan la desestandarización de los productos y de la educación, incrementando el espectro de opciones del individuo, están desunificando las estructuras sociales. Asistimos a una “explosión de subcultos”.

Cada subculto tiene su lenguaje, códigos, etc.

Estos subcultos pueden originarse en el plano profesional (la especialización significa un apartamiento de la uniformidad); en los hobbies, deportes; en las distintas edades (tema generacional); estado civil.

Los subcultos se multiplican con rapidez, y mueren para dar paso a otros más nuevos y numerosos. Es un proceso que se acelera al mismo ritmo que otros aspectos de la interacción social. Es un medio confuso y en constante movimiento.

Las antiguas maneras de integrar una sociedad, los métodos fundados en la uniformidad han perdido su eficacia. Surge un nuevo orden social, el superindustrial, mucho más fragmentado. Se funda en muchos más componentes diversos y efímeros que cualquier sistema social anterior.

Capítulo XlV

La fragmentación de las sociedades acarrea la diversificación de valores.

Ante sistemas de valores incompatibles, enfrentados con un despliegue de nuevos bienes de consumo, servicios y opciones educativas, profesionales y de diversión, los hombres del futuro se verán obligados a escoger otra manera. Deberán optar por un estilo de vida.

Los estilos de vida ya no son una manifestación de la clase social o posición económica, sino que están determinados por los lazos del individuo con un subculto. Y dado el explosivo aumento de estos últimos, estamos ante un número igualmente grande de estilos de vida.

El problema consistirá en la elección del estilo de vida, ya que presupone imponer un orden, una serie de principios o criterios en las opciones de la vida cotidiana.

Las figuras carismáticas pueden convertirse en creadoras de estilos. Arman un modelo y después, como cualquier producto, es puesto a la venta. Y hay quienes lo compran.

El sentido de identidad y de contacto con el conjunto no se logra con pertenecer a un único subculto, sino mediante la combinación de varios.

Los peligros que genera ese sentido de pertenencia, implican el relegar el criterio propio para adaptarnos a las normas del grupo; el pertenecer se paga de esa manera. La consecuencia es la presión del grupo sobre la persona.

Si bien el hombre puede personalizar un estilo de vida, éste siempre permanece bajo la sombra del modelo elegido.

La importancia del estilo de vida, es que es considerada como la estrategia elegida para combatir el exceso de opción: nos ahorramos el tonmar decisiones a cada paso, siguiendo al estilo elegido (va desde la ropa, el comportamiento, etc). Es una decisión que limita el campo de desición.

La revolución superindustrial, la aceleración del cambio, rompen con los esquemas establecidos, convirtiéndo al estilo de vida en un artículo desechable. Esto explica la falta de compromiso que vivimos: la gente se acostumbra a ir de un lado a otro, aprendiendo a no relacionarse (temporalidad en las relaciones). Si bien el hombre se adhiere a un grupo, no lo hace con un real compromiso, sino bajo la plena conciencia de deserción al primer aviso. Su permanencia al grupo es superficial.

La nueva sociedad ofrece pocas raíces en cuanto a relaciones duraderas, pero brinda más variedad de estilos de vida, más libertad de entrar y salir en todo momento.

El exceso de libertad en éste aspecto tampoco es lo ideal, ya que se podría llegar al punto en que no hubiera entendimiento entre las personas gracias a ser todas demasiado diferentes. Se vería afectada la integración social.

Cuando la diversidad coincide con la transitoriedad y la novedad, lanzamos a la sociedad hacia una crisis de adaptación.

Quinta parte: Los límites de la adaptabilidad

Capítulo XV

Hay límites discernibles en los cambios que el organismo humano es capaz de absorver, y si aceleramos continuamente el cambio sin determinar primero aquellos límites, podemos colocar a masas de personas en condiciones que no son capaces de tolerar, es decir, en el “shock del futuro”.

Podemos definir a este shock, como la angustia , tanto física como psicológica, nacida de la sobrecarga de los sistemas físicos de adaptación del organismo humano y de sus procesos de toma de decisiones; es la reacción humana a un estímulo excesivo.

Estas reacciones varían de una persona a otra, así como los síntomas.

Sin embargo, hay concenso en que las alteraciones en el estilo de vida que requieren grandes esfuerzos y reajustes, guardan relación con la enfermedad, ya sea que tales cambios sean voluntarios o no. El cambio reclama un precio fisiológico. Y cuanto más radical es aquél, más caro es éste.

Todo gran cambio implica una serie de cambios menores.

Es imposible acelerar el ritmo del cambio o elever el grado de novedad en la sociedad, sin provocar importantes cambios en la química corporal de la población. Esto no es necesariamente malo, pero hay que tener en cuenta que la adaptabilidad del ser humano tiene sus límites; no deja de ser un biosistema con una limitada capacidad de cambio. Cuando la carga es demasiado grande para esta capacidad, su consecuencia es el “shock del futuro”.

Capítulo XVI

Cuando el hombre se halla en situaciones de novedad, grandes cambios (es decir, exceso de estímulos), se comporta de modo irracional, en contra de su propio interés. Esto se conoce como la inadaptación; la situación lo “supera”. La respuesta se caracteriza por la confusión, la ansiedad, la irritabilidad y una retirada hacia la apatía. En éstas condiciones la fatiga se produce más rápido que de costumbre.

El estímulo excesivo puede darse en tres niveles:

  • sensorial, que depende de las facultades fisiológicas de la persona;

  • cognocitivo, que depende de la capacidad de “pensar”;

  • decisorio

El impulso acelerador obliga a tomar decisiones con mayor velocidad. La rápida introducción de la novedad provoca cierto desequilibrio entre las desiciones programadas y no programadas de toda persona.

El exceso de decisiones programadas (hábito puro), provoca aburrimiento; a su vez, el exceso de las decisiones no programadas puede llevar a la psicosis. Es necesario, por lo tanto, encontrar un equilibrio entre ambas clases. Esto es justamente lo que se ve alterado por la aceleración y la novedad.

Cuando se combinan los efectos de la tensión decisoria con la sobrecarga sensorial y cognicitiva, se producen varias formas de inadaptación individual, por ejemplo:

  • los “bloqueos”, mediante los cuales la persona se niega a recibir más información;

  • la “especialización”, mediante la cual la persona se encierra sólo en su actividad, bloqueando todo aquello que no sea de su ámbito profesional;

  • la “reversión”, que consiste en negar el cambio, y seguir aplicando las antiguas decisiones programadas que se utilizaron hasta el momento;

  • el “simplificador”, es aquel que se aferra a cualquier motivo universal o idea para dar explicación a todos los cambios.

Todas estas conductas generan a la larga peores choques contra la realidad, por no haber asumido los cambios gradualmente, dentro de lo posible, y haber intentado de una u otra manera a negar su existencia.

Sexta parte: Estrategias de supervivencia

Capítulo XVII

El cambio que se está produciendo no es originado por fuerzas extrañas, sino que son consecuencia del accionar del hombre. Por lo tanto, al menos en potencia, están sometidas a su control.

La respuesta al “shock del futuro” no es la evitación del cambio, sino otra clase de cambio. Consciente o inconscientemente, empleamos a diario diversas técnicas para mitigar ese shock. La idea es crear, conscientemente, determinadas zonas de estabilidad personal.

A nivel social, sería conveniente la formación de grupos de situación, constituídos por personas que experimentan transiciones vitales parecidas. La unión a estos grupos sería temporal, para ayudar a superar dificultades transitorias.

El hombre sobrevivirá a la transformación cultural, sólo si se pasa de la táctica personal a la estrategia social, brindando nuevos servicios de apoyo al individuo azotado por el cambio, estableciendo una continuidad y creando amortiguadores de cambio.

Capítulo XVIII

Para contribuir a evitar el “shock del futuro”, debemos crear un sistema de educación superindustrial. Para conseguirlo hay que basarse en objetivos y métodos orientados al futuro, no al pasado.

Esto implica desde el replanteamiento de los programas, contenidos, sistemas prácticos de conocimiento. Lo vital, es educar para la adaptación al cambio, con una visión de futuro.

Capítulo XIX

La gran velocidad del cambio se debe a muchos factores: crecimiento de la población, urbanización, proporción de traslados de jóvenes y viejos, etc. Pero dentro del conjunto de causas una de las más importantes es la tecnología. Por lo tanto, para evitar el shock masivo, una estrategia importante consistirá en la regulación concsiente del avance tecnológico.

El control del hombre de la velocidad de difusión de la tecnología, sin por ello impedir avances, lograría a su vez, obtener un mayor control sobre el ritmo y la dirección del cambio.

Capítulo XX

Todo lo dicho hasta ahora requiere de una estrategia, la del futurismo social.

Lo primero que se necesita hacer es humanizar a los planificadores. La ampliación del horizonte, del futuro es lo segundo. Para trascender a la tecnocracia (útil en la era industrial, pero no en la superindustrial), es necesario pensar en futuros cada vez más remotos, tanto probables como posibles.

También es necesario el abandono de la postura elitista, es decir, redefinir los fines sociales.

El objetivo último del futurismo social no implica sólo el abandono de la postura tecnocrática y la humanización del planeamiento, sino el sometimiento de todo el proceso de evolución a la guía consciente del hombre. No hay grises: o el hombre domina el proceso, o el proceso lo domina a él.

RESUMEN

El “shock del futuro” es la desorientación producida por la llegada prematura del futuro. Es un fenómeno de tiempo, un producto del ritmo enormemente acelerado del cambio en la sociedad. Nace de la superposición de una nueva cultura sobre la cultura antigua. Es un “shock cultural” dentro de uno mismo.

La tecnología es el motor, un acelerador, y el conocimiento es el “carburante”.

Muerte de la permanencia

La aceleración del cambio se traduce en :

  • Transitoriedad

Se da por la efimerización de las relaciones del hombre con:

  • las cosas

  • los lugares

  • las personas

Se pasó de la burocracia a la “ad-hocracia” .Características de las “ad - hocracias”:

  • transitoriedad

  • gran movilidad entre organizaciones

  • continuas reorganizaciones en su interior

  • constante generación y extinción de grupos de trabajo temporales

  • Novedad

  • Diversidad

Límites de la adaptabilidad

El estímulo excesivo puede darse en tres niveles:

  • sensorial, que depende de las facultades fisiológicas de la persona;

  • cognoscitivo, que depende de la capacidad de “pensar”;

  • decisorio

Estrategias de supervivencia