El Positivismo en México; Leopoldo Zea

Ciencias sociales. Nacimiento. Discípulos. Utopía. Filosofía y política. Krausismo. Ocaso. Desarrollo

  • Enviado por: M@ryc@r
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 38 páginas
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BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES

ASIGNATURA:

SOCIOLOGÍA JURÍDICA

PROFESOR:

LIC. _________________________________-

TEMA:

RESUMEN DEL LIBRO “ EL POSITIVISMO EN MÉXICO” DE LEOPOLDO ZEA

ALUMNA:

______________________________________________

PUEBLA, PUE. , ABRIL DE 2001.

INDICE

  • SECCIÓN PRIMERA: “EL NACIMIENTO”. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 02

  • SECCIÓN SEGUNDA: “LOS ORÍGENES” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 05

  • SECCIÓN TERCERA: “EL DESARROLLO” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 08

  • SECCIÓN CUARTA: “EL DESARROLLO: LOS DISCÍPULOS” . . . . . . . . . . 11

  • SECCIÓN QUINTA: “LA UTOPÍA” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15

  • SECCIÓN SEXTA: “FILOSOFÍA Y POLÍTICA” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19

  • SECCIÓN SÉPTIMA: “POLÉMICA- “EL KRAUSISMO” ” . . . . . . . . . . . . . . . 24

  • SECCIÓN OCTAVA: “POLÉMICA- “PARRA-VIGIL” ” . . . . . . . . . . . . . . . . . 27

  • SECCIÓN NOVENA: “LOS CIENTÍFICOS” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30

  • SECCIÓN DÉCIMA: “OCASO” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34

  • COMENTARIO PERSONAL. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41

SECCIÓN PRIMERA: “EL NACIMIENTO”

El 16 de septiembre de 1867, Gabino Barreda pronunciaba en Guanajuato una oración cívica. Ese mismo año, era llamado era llamado por Benito Juárez para formar parte de la comisión encargada de redactar un plan de reorganización educativa. El 2 de diciembre del mismo año, se publicaba la ley que orientaba y reglamentaba la instrucción en México, desde la primaria hasta a profesional, incluyendo la preparatoria. Esta ley reglamentaria de la educación tenía como fondo una doctrina de la que hasta entonces pocos mexicanos tenían noticia: EL POSITIVISMO.

Juárez adivinó en la doctrina positivista el instrumento que necesitaba para cimentar la obra de la revolución reformista. En la reforma educativa de Barreda, Juárez vio el instrumento que era menester para terminar con la era de desorden y la anarquía en que había caído la nación mexicana.

Uno de los enemigos contra los cuales tuvo que luchar el partido liberal en México fue el clero católico. El clero se enfrentó al movimiento liberal mexicano, provocando revueltas e intervenciones extranjeras. Gabino Barreda, mostrará en su discurso de Guanajuato, el aspecto anticlerical del positivismo. De acuerdo con la tesis de Comte, la iglesia católica no viene a ser sino uno de los estado que la humanidad ha tomado en su marcha hacia el progreso, un estado que por haber pasado su tiempo, por haber terminado su misión, ya no tiene razón de ser.

En este discurso muestra Barreda la historia de México como un camino que conduce a una plena independencia o emancipación política, espiritual o mental. La emancipación a que debe llegar la humanidad, según Barreda, es triple: científica, religiosa y política.

En la progresiva emancipación mental de la humanidad, México representa un alto grado de progreso. En los campos de guerra mexicanos el espíritu positivo logra su plena emancipación mental. Barreda, ve en el liberalismo mexicano una expresión del espíritu positivo, el liberalismo de los hombres de la Reforma representa el espíritu positivo en marcha. No combate al catolicismo porque haya dejado de cumplir su misión y quiera sustituirlo por otra religión; sino que ve en su expresión social y material, en el clero, un obstáculo a la marcha del espíritu positivo. El clero se presenta como el espíritu negativo tratando de estorbar la marcha de la revolución que se presenta como un orden, como una marcha violenta originada por la oposición que se le ha hecho; pero no deja de tener un fin. El fin perseguido por la revolución mexicana es la emancipación mental; no solo de México, sino de la humanidad en general.

El clero, nos dice Barreda, había ido perdiendo su capacidad de fuerza positiva, sus doctrinas ya no estaban a la altura del progreso, no podían explicar dentro de sus dogmas multitud de problemas que se iban planteando al hombre. Además de que no comprendió la ley de la emancipación mental; de haberla comprendido no se hubiese empeñado en combatirla, hubiese empezado por apagar estas luces en el campo de la física.

Dos formas de orden se enfrentaron en los campos de México: el orden estático, el de las fuerzas negativas del progreso y el orden dinámico, el de las fuerzas positivas, las del progreso. El orden estático se oponía a todo progreso, se oponía a la emancipación mental en sus formas científica, religiosa y política. El orden dinámico defendía este progreso en la emancipación metal. Estos tipos de orden estaban representados, de una parte, por el “clero y el ejército como restos del pasado régimen, y de otra, por las inteligencias emancipadas e impacientes por acelerar el porvenir”.

La intervención francesa en México es la intervención del espíritu negativo, que ha logrado detener el progreso, en el último reducto del espíritu positivo. La lucha contra las tropas de Napoleón III es la lucha por la independencia de toda la humanidad. El 5 de mayo fue una victoria que México obtuvo para el rescate del progreso de la humanidad.

El 19 de junio de 1867, era ejecutado en Querétaro, Maximiliano de Austria. Con esta ejecución se daba fin a uno de los episodios más sangrientos de la historia de México. Lucha que se había iniciado en 1810 para obtener la independencia política y que al obtenerse ésta se había transformado en lucha intestina. En esta nueva lucha se seguían enfrentando dos fuerzas: el clero y la milicia.

El clero que, aunque sin bienes y sin pode político, tenía el poder espiritual, el poder sobre las conciencias. La milicia, los nuevos caudillos, los hombres que con las armas habían vencido en los campos de batalla y que, al igual que los caudillos militares a los cuales habían vencido, no querían reconocer que la misión de las armas había terminado. El clero hostilizaba al nuevo orden desde los templos y el militarismo desde el campo, provocando continuas revueltas y deserciones.

La independencia de México sólo lo había sido política y no espiritual. El clero aprovechaba su fuerza espiritual para defender intereses no espirituales: para defender los privilegios que había obtenido en la Colonia.

El partido liberal, al constituirse en estado, en gobierno, tuvo que establecer las base para un orden social duradero. El orden no podía ser encargado a los grupos que habían sido desplazados: el clero y el militarismo, ni aun a los nuevos militares, que en el fondo seguían siendo tan ambiciosos como los vencidos. De aquí que se pensase en un grupo social, en una clase que ofreciese garantías de orden. Esta clase fue la burguesía mexicana, que era la única clase capaz de garantizar el orden social; también fue quien dio bandera y principios al movimiento revolucionario contra la clase conservadora.

De esta clase había que sacar a los dirigentes para el nuevo orden social. Para esto era menester dar a los miembros de dicha clase una educación especial. Para establecer las bases de dicha educación se llamó a colaborar al Dr. Gabino Barreda. Por medio de la educación, se arrancaría las conciencias de los mexicanos de manos del clero. Ahora que e poder pasaba a manos de la burguesía liberal mexicana, ésta trataría de organizar la educación en una forma que favoreciese a los suyos.

Uno de los postulados de la burguesía liberal mexicana, era el de libertad de conciencia. Que Barreda resumía como una fórmula positivista: “emancipación científica, emancipación religiosa, emancipación política, las que sólo eran posibles mediante una emancipación mental, es decir, mediante la decadencia de las doctrinas antiguas y su substitución por otras.

Los liberales vencedores buscan establecer un orden liberal. Gabino Barreda expresó que este ideal liberal en el mismo discurso de Guanajuato, “Que en lo sucesivo una plena libertad de conciencia, una absoluta libertad de exposición y de discusión, dando espacio a todas las ideas y campo a todas las inspiraciones, deje esparcir la luz por todas partes y haga innecesaria e imposible toda conmoción que no sea puramente espiritual, toda revolución que no sea meramente intelectual. Que el orden material, conservado a todo trance por los gobernantes y respetado por los gobernados, sea garante cierto y el modo seguro de caminar siempre por el sendero florido del progreso y de la civilización”. El positivismo se presentaba como adecuado instrumento para establecer el orden liberal.

Los liberales mexicanos no disputaban al clero el poder espiritual; lo que querían era el poder material o político, pues se podría garantizar la libertad de conciencia. El positivismo es adoptado por los liberales mexicanos como un arma política. Se transformó el positivismo en una doctrina política de orden. Lo que se quería era orden y el positivismo fue puesto al servicio de este orden. Se transformó en una doctrina neutra, que hablaba del orden social, pero que al mismo tiempo decía no intervenir ni atacar ninguna idea, lo mismo fuese ésta católica o liberal. El positivismo se presentó como una doctrina al servicio del orden material. Pretendió ser una nueva doctrina del orden social y no del orden individual.

SECCIÓN SEGUNDA: “LOS ORÍGENES”

Uno de los motivos del éxito del positivismo como doctrina nacional, ha sido la situación caótica en que se encontraba el país. El positivismo tuvo éxito como doctrina al servicio de la clase vencedora, porque los miembros de ella estaban predispuestos ideológicamente hacia él.

Mora expone los ideales de su clase en la fase que he llamado combativa. En él podremos encontrar las razones ideológicas, las de razones de clase que habrían de permitir más tarde la adopción del positivismo como instrumento de orden. Mora se anticipa a ideas como introducción a las del positivismo. Él igual que Barreda, interpreta la historia de México como la lucha entre dos grandes fuerzas: las del progreso y las del retroceso.

En Mora queda identificado el camino del progreso con los ideales del liberalismo mexicano, y el camino del retroceso con la oposición que a estos ideales le hacían el clero y la milicia.

Las fuerzas del progreso están formadas por los hombres que ven en el poder público un instrumento al servicio civil, al servicio de los ciudadanos o civiles. Ésta clase fue la que Sierra denominó burguesía.

El clero y la milicia son dos grupos que no se interesan por otra cosa que por defender y aumentar sus privilegios (Mora lo llama intereses de cuerpo) y que se han dividido la tarea de tiranizar a la sociedad tanto en lo espiritual como en lo material.

Así se enfrentan dos fuerzas: las del retroceso y las del progreso. Las primeras formadas por los cuerpos llamados clero y milicia, se interesan por satisfacer los privilegios de determinadas personas. Las segundas están formadas por un grupo de hombres que dice interesarse por la sociedad en general, por un grupo de hombres que no quiere que el gobierno siga siendo un instrumento al servicio de unas determinadas clases privilegiadas, sino de toda la sociedad.

El doctor Mora ataca los privilegios que a sí mismos se han concedido el clero y la milicia; lo que no acepta Mora es que dichos cuerpos obtengan sus privilegios en perjuicio de otros grupos sociales, de otras clases o cuerpos; él engloba a todos estos grupos sociales con el nombre genérico de sociedad.

Es menester que la burguesía mexicana sea conciente de sus obligaciones y derechos como clase social, que sepa de sus ideales y de sus intereses. Mora se anticipa al ideal de una educación que alcanzará su realización con el positivismo. Los hombres positivos al triunfar elaboraron un sistema educativo en el que se hicieron patentes los ideales de la burguesía mexicana. Este sistema fue el creado por Barreda. Mora nos expone como ideal educativo el de una educación no dogmática, una educación basada en la experiencia. La vieja educación separa la teoría de la práctica y es una educación útil al retroceso.

El doctor Mora sostiene la tesis, que más tarde habrán de sostener los positivistas mexicanos, de que el estado no debe dar protección a ninguna doctrina. En la interpretación de Mora sobre el Estado, expone que no debe ser otra cosa que un guardián del orden, un instrumento al servicio de todos los ciudadanos, se encuentra también la tesis sostenida por todos los liberales mexicanos; la que sirvió de bandera al movimiento de las leyes de Reforma, la tesis de la libertad de conciencia y con ella la separación del Estado y la iglesia, del pode magistral y del poder espiritual.

Se ha hecho del Estado una especie de mina de la cual se puede sacar todo aquello que se necesite para un particular bienestar, en esto lo han convertido las facciones dominantes.

La lucha entre las fuerzas del retroceso y las del progreso es la lucha entre dos concepciones sobre el Estado: una que lo considera como instrumento de los intereses de determinadas facciones y otra que lo considera como instrumento al servicio de toda la sociedad. La primera conduce a una situación estática, porque sabe que otro movimiento, que todo progreso representa el cambio de la situación de privilegio que ocupa; la segunda tiende al progreso, porque sabe que en el cambio le va el cambio de su propia y no privilegiada situación.

Cuando el Estado se hace instrumento de una doctrina ideológica en detrimento de otras, el resultado es que estas otras adquieren un valor insospechado, haciendo que los hombres a ellas adheridos se enfrenten a la imposición que se les quiere hacer.

La burguesía mexicana quiere un orden; pero no el orden antiguo al que consideran como fuente de desorden, aunque de desorden frente al orden que ella quiere. Para establecer este orden, era menester una ideología que justificase el orden que se quería implantar como si fuese el orden de la sociedad, al servicio de todos los ciudadanos y no como era en realidad: el orden de una determinada clase social, el orden de la burguesía mexicana.

Esta doctrina de orden será el positivismo que representará lo que llamaba Mora, “un símbolo o cuerpo de doctrina comprensiva de todas las verdades” y que Barreda llamará “fondo común de verdades”.

Mora expresa la manera de sentir de la burguesía mexicana. Se anticipa a la ideología del burgués que era porfiriana. No puede ser confundido con el burgués de la cultura europea, aunque tenga con el muchas semejanzas. El burgués de Mora pretende, al igual que el Europeo apoyarse en el trabajo industrial.

La gran industria quedó en manos de extranjeros. Fue la burguesía extranjera la que se apoderó de dicha industria y la fomentó en México. Nuestra burguesía la formaron los terratenientes, los latifundistas, los espectaculadores que en vez de fomentar la industria mexicana la entregaban a los capitalistas europeos.

Con el positivismo se intentó realizar la revolución mental. Ésta uniformación de opiniones de todos los mexicanos, no podrá alcanzarse por la violencia. El instrumento para lograr deberá ser la persuasión. La educación fue el arma de que se valió la burguesía mexicana para persuadir a otras clases de su derecho a los privilegios que obtuvo.

Esto lo que hace la burguesía mexicana: identificar sus propios intereses con los intereses de lo demás, teniendo gran cuidado en no ofender aquellas ideas a aún influían en la masa, la ideología de la burguesía era una ideología de precaución. No está contra ninguna idea, contra ninguna doctrina religiosa, quiere que éstas ideas o doctrinas permanezcan en el lugar que les corresponde y no traten de convertirse en doctrinas o ideas únicas.

Los ciudadano mexicanos pueden tener las ideas que quieran, siempre y cuando estas ideas no le sirvan de instrumento para mejorar su propia situación material en prejuicio de la de otros.

Mora quiere establecer una distinción entre derechos personales y derechos sociales. Los segundos garantizan a los primeros que a condición de que los primeros, no hagan de los derechos sociales derechos personales. Es menester que cada ciudadano cumpla con su propia misión social, la cual se puede reducir a la fórmula de Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz. Los deberes hacia la sociedad son los deberes hacia los demás. La burguesía mexicana, enemiga de la violencia física hizo violencia espiritual sirviéndose del positivismo como instrumento.

SECCIÓN TERCERA: “EL DESARROLLO”

La misión de Barreda fue la de establecer una educación que sirviese de base social al nuevo orden que se trataba de implantar. Un orden que tuviese su base en la conciencia de los individuos; era menester un orden espiritual.

Para implantar dicho orden, había que enfrentarse el orden espiritual sostenido por el clero y el grupo militarista que le apoyaba. La reforma traía en sus entrañas un nuevo enemigo del orden; a los positivistas llamaron genéricamente jacobinismo. Los jacobinos eran aquellos liberales que no aceptaban el orden sostenido por los positivistas mexicanos.

De acuerdo con la doctrina sostenida por Barreda el orden material anhelado no era un orden contra la libertad individual. Por el contrario, el orden material era puesto al servicio de la libertad individual, la servicio de la libertad espiritual.

Los mexicanos quedaban en esta forma más libres, se les libertaba de la carga que representaba el orden material. Representa lo menos noble, aquello a lo que menos deberían tender las ambiciones de los mexicanos. Tarea encomendada al Estado. Debería ser el guardián del orden material, para que así fuese posible una plena libertad espiritual.

Respetando el orden material habría paz, y habiendo paz podría haber libertad de pensamiento y discusión.

La doctrina positiva es considerada como el mejor instrumento para enseñar a los ciudadanos mexicanos aguardar y defender el orden social; como un instrumento al servicio del orden material.

El individuo puede pensar lo que quiera, pero debe obrar conforme al interés de la sociedad. Se puede tener las ideas que se quiera, lo que nos se pude hacer es estorbar con tales ideas la libre marcha de la sociedad.

La moral concebida por Barreda como el resorte que estimula o detiene los impulsos, las acciones o los actos buenos o malos que el hombre realiza en la sociedad. , Barreda considera a la moral dentro del campo de lo social. Las raíces de la moral no cambian como cambia la religión; estas raíces se encuentran en el hombre mismo y deben ser estimuladas.

El reparto de la riqueza es considerado por Barreda como un ideal que pudo caber en el periodo teológico de la historia; pero que en ninguna forma cabía en el periodo positivo. La sociedad, que interviene en la educación, no puede intervenir en la reglamentación de la propiedad, sino tan sólo utilizar el convencimiento. La riqueza es un instrumento de progreso social y ésta se halla en manos de un determinado grupo de individuos llamados ricos; hay que dejarla donde está; lo único que debe interesar a la sociedad es que dicha riqueza sirva al progreso social. La riqueza debe ser protegida por el Estado.

México, al independizarse de España, no tuvo sino una independencia de carácter político respecto a la metrópoli, económicamente quedó a merced de los mismos detentadores del poder económico de la Colonia. Este poder económico tenía un origen agrícola; los dueños de las grandes extensiones de tierras de la República Mexicana eran los dueños de la economía mexicana.

Cada mexicano podía pensar lo que quisiera y manejar su riqueza como le viniese en gana; lo único que no podía hacer era servirse de estas ideas o de esta riqueza para provocar el desorden social.

En una carta que Barreda envía en 1857 a Mario Riva Palacio, gobernador del Estado de México, hace una exposición de la reorganización que ha realizado en la Escuela Nacional Preparatoria. De acuerdo con el plan que ha propuesto, dicha educación deberá abarcar todas las ciencias de carácter positivo, aunque Barreda tuvo que reformar este plan ante la presión ejercida tanto por los liberales como por los católicos.

La educación debería abarcar todas las ciencias positivas, empezando por las matemáticas, las ciencias naturales (cosmografía y física, geografía y química, botánica y zoología) Al final estaba la lógica, el estudio de los idiomas vivos, como el francés, el inglés y el alemán. Al latín se debía estudiar en los dos últimos años. Al español se debía estudiar hasta el tercer año.

La separación entre la teoría y la práctica sólo da lugar al desorden. Son estos hombres de tipo incompleto, los teóricos y los prácticos, los que están en contra del progreso, para Barreda, los grupos conservadores como los jacobinos son el resultado de una educación incompleta.

El desorden social y político tiene sus raíces en el desorden de la conciencia. Si se lograse ordenar la conciencia, se podría ordenar la sociedad. Es posible evitar la anarquía social, mediante una uniformación de las conciencias.

El proyecto de Barreda, no podía tener todo el éxito que era menester tuviese si se limitaba únicamente a la Escuela Nacional Preparatoria. Era menester iniciar esta educación en la escuela primaria. Todos los mexicanos sin excepción recibirían una misma educación. En 1857 propone Barreda que la educación primaria sea obligatoria para todos los mexicanos.

La falta de creencias seguras hace que los individuos se refugien en un escepticismo el cual conduce a la anarquía; o que se refugien ciegamente en dogmas sostenidos en contra de toda razón y demostración, utilizando para ello la violencia.

La educación basada en la filosofía positiva hará imposible la violencia jacobina y la conservadora. El método de imposición de ideas ha pasado a la historia; ahora toda creencia o idea deberá ser demostrada. La escuela hará imposible toda tiranía, con lo cual toda violencia o desorden tendrán que desaparecer; porque la tiranía no viene a ser otra cosa que la anarquía impuesta.

La filosofía positiva, es la única que ha sabido reconocer y proclamar los inmensos servicios prestados a la humanidad por la teología bajo todas sus formas. Si Barreda está contra las ideas clericales y las jacobinas, es porque sus sostenedores tratan de imponer sus doctrinas.

El positivismo es útil, siempre y cuando no trate de imponerse a la sociedad como doctrina, porque estos hace que las fuerzas enemigas de la burguesía se agrupen y la ataquen. La defensa que hace Barreda de su propio plan es la de que dicho plan educativo, realiza con el fin para el cual ha sido propuesto, el orden. La educación, es la que da la mejor base para establecer un orden social permanente. La verdad es algo que cada individuo debe buscar por su cuenta, por medio de su propia razón.

Los hombres que atacan la reforma de Barreda son hombres fuera de la realidad, hombres formados en una educación nada práctica. Educación que ha formado idealistas, hombres soñadores, pero no hombres prácticos. Pero los hombres educados en las ciencia positivas son auténticos realistas, hombres prácticos que no se detienen en sueños, que sólo quieren aquello que los hechos demuestran que puede ser.

El ideal era el que los positivistas formasen el poder espiritual dejando vacante por la iglesia católica. Los positivistas tienen poder de modelar la conciencia de los mexicanos.

SECCIÓN CUARTA: “EL DESARROLLO: LOS DISCÍPULOS”

El 4 de febrero de 1877, diez años después del triunfo de la Reforma y de la entrada de Gabino Barreda como colaborador en el gobierno de Juárez, se aprobaban las bases que habían de reglamentar la Asociación Metodófila “Gabino Barreda”.

En esta sociedad predominaban los estudiantes de la Escuela de Medicina, había dos de Jurisprudencia, uno de Ingeniería y otro de Farmacia. El ingeniero Agustín Aragón entró al positivismo debido a la lectura de dos de los trabajos publicados por la Asociación. La labor de Gabino Barreda en ésta sociedad fue la de un maestro, que cuida de que la exposición y réplica de los trabajos que presentan sus discípulos no se descarríe del método que les ha enseñado, el que todos ellos consideraban como el más firme y seguro, el positivismo.

El método aprendido bajo la dirección del maestro Barreda es considerado por sus discípulos como el mejor y más perfecto instrumento para reconstruir la casi aniquilada sociedad. Una orden a toda costa, será lo que persigan los positivistas. El orden, aún en contra de la propia doctrina positiva, si ésta se transforma en instrumento de desorden. Será éste el ideal de la burguesía mexicana cuya formación ideológica le fue encomendada a Barreda.

Los discípulos de Barreda, agrupados públicamente en una sociedad, van a demostrar cómo el método que en su educación han aprendido es susceptible de aplicación a cualquier clase de problemas y cómo todos se pondrían de acuerdo en las soluciones, siempre y cuando sean las que se obtengan con todo el rigor de la aplicación del método positivo. Soluciones que serán irrecusables, pues nada se puede discutir contra lo que la experiencia prueba. Mediante la rigurosa aplicación del método se obtendrá el fondo común de verdades de que nos habla Barreda.

La aplicación del método positivo está encaminada hacia este ideal de orden. El rigor del método no será otra cosa que la aplicación de una metódica desconfianza hacia todo lo que no se adapte al fondo común de verdades que les ha sido impuesto y que debe ser destruido, eliminado, porque su existencia es peligrosa y altera el orden que tras tanta dificultad se quiere lograr.

La filosofía científica se apoya en los hechos reales y en su experimentación. El ideal que sostiene en adopción la doctrina positiva es el orden; se quiere eliminar todo motivo de desorden; se quiere que todos los mexicanos puedan llegar a pensar igual.

Entre los trabajos presentados en la Asociación Metodófila está el de Pedro Noriega titulado Consideraciones sobre la teoría de Darwin. En dicho trabajo interviene Barreda, la conclusión a la que llega es la de que dicha teoría no tiene apoyo en el método científico. Considera que en vez de apoyarse en la observación, se apoya en consideraciones a priori.

La nueva moral deberá ser establecida sobre bases de carácter positivo, no puede tener como origen simpatías o antipatías, sino que deberá ser el resultado de la rigurosa aplicación del método basado en la evidencia. Esto es lo que pretenden nuestros positivistas; creen que podrán en esta forma acabar con la anarquía, de la cual consideran culpable al siglo XVII.

La Asociación Metodófila aplicó también el método positivo a problemas de orden social. De los ensayos publicados, destaca el de Miguel S. Macedo (quien más tarde será uno de los directores del partido político de los Científicos), titulado Ensayo sobre los deberes recíprocos de los superiores y de los inferiores. En él, se expone una tesis sobre las relaciones entre los superiores y los inferiores; una teoría de carácter social en la que se establecen obligaciones de unos y otros. Se hace patente la ideología que será peculiar a los hombres que más tarde habrán de tomar el poder político.

Está la justificación que estos hombres hacen del puesto que en la sociedad tienen, o quieren llegar a alcanzar. Esta justificación la encuentran sirviéndose de lo que llaman la aplicación del método positivo a problemas como el de las relaciones entre los superiores y los inferiores.

De acuerdo con Macedo, en la humanidad todos los hombres tienen un determinado puesto; la sociedad es un gran campo ordenado en el cual les corresponde a unos hombres dirigir y a otros obedecer, además se hace patente una forma, propia de la época, sobre las relacione entre el hombre y la mujer: la mujer como inspiradora de elevadas acciones, y el hombre como admirador respetuoso de la mujer.

La riqueza tendría que ser justificada moral y socialmente, como también el puesto en que dicha sociedad llegarían a tener los ricos, Macedo dice que el rico tiene capacidad para hacer el bien social, piensa que quien es superior por la riqueza puede serlo también moralmente.

La riqueza es, un instrumento que capacita la hombre para hacerlo moral e intelectualmente superior al pobre. El rico, como poseedor de la riqueza, tiene le ocio; y éste hace posible que el rico pueda preocuparse por el presente y el futuro de otros. El respeto, la gratitud y la veneración hacia el rico, son las obligaciones del inferior en dinero, de acuerdo con la idea de Macedo.

De acuerdo con el método positivo no caben las afirmaciones a priori , las afirmaciones antes de su demostración. Los positivistas no pueden aceptar como verdad aquello que no demuestre la experiencia; no pueden aceptar afirmaciones basadas en la simple autoridad del sabio, que no tiene más autoridad que la que le da el que coincidan sus afirmaciones y la demostración positiva de las mismas. La superioridad del sabio está en poder demostrar lo que afirma; pero si otro hombre puede demostrar que lo afirmado es falso, la superioridad para a este segundo.

En el trabajo presentado por Manuel Ramos, titulado Estudio de las relaciones entre la sociología y la biología, que plantea la posibilidad de una ciencia social, de la misma forma que existe una ciencia biológica. Hay en las sociedades dos órdenes de fenómenos: unos que nos son otra cosa que los hechos consignados en la historia, y que la sociología no puede prever; otros relativos a su desarrollo, estructura y funciones que suministran los materiales de la ciencia social.

La sociología puede relacionarse con la biología: primero, los actos de una sociedad dependen de los actos de los individuos que la componen, como los actos de los individuos se verifican conforme a las leyes de la vida, el conocimiento de estas leyes que estudia la biología, es indispensable para comprender las acciones de la sociedad. Segundo, la sociedad, ofrece fenómenos de crecimiento así como de otras varias funciones que son análogas a las que se presentan en la vida de los individuos y que estudia la biología. Ramos dice que en la sociedad deben vivir los más fuertes física o intelectualmente. El estado no tiene otra misión que la de estimular aptitudes y no atrofiarlas concediendo facilidades.

La ponencia de Macedo y en la de Ramos, nos encontramos con una ideología que es propia de la clase que ha ido tomando preeminencia social y que la alcanza en su máximo grado con el apogeo del Porfirismo.

La burguesía mexicana necesitaba de una filosofía que justificara el orden que quería establecer; justificación que encontrará en las ciencias positivas, que justificará sus actos y la forma del orden social que quiere establecer. Ante ella no valen justificaciones que tengan su origen en lo indemostrable. Toda pretensión debe justificarse con hechos positivos. La obra educativa de Barreda tuvo resultados de un amplio carácter social, dio las bases ideológicas sobre las cuales se apoyó la triunfante burguesía mexicana.

En 1892, se publicaba el primer manifiesto de una liga llamada Unión Liberal, firmado por distinguidos discípulos de Barreda: Miguel S. Macedo, Justo Sierra, Limantour y Casaús. Este era el primer manifiesto político de un partido que después había de llamarse el de los científicos . el ideal de este partido era el del orden social como instrumento del progreso.

En 1898, con motivo del XVII aniversario de la muerte de Gabino Barreda, los discípulos de éste pronunciaban varios discursos en los que se hacen patentes las ideas que el maestro le ha inculcado. Los discípulos de Barreda se consideran miembros de una sociedad en la que el orden impera, y este orden lo atribuyen a la obra educativa de Gabino Barreda.

El desorden de la sociedad mexicana era el resultado de la desigualdad cultural de los mexicanos; de que cada grupo tratase de imponer a otros sus ideas, intento que provocaba la resistencia y con ello la lucha con todas sus consecuencias.

Barreda trató de borrar lo que consideraba las causas de la anarquía nacional, la diversidad de ideologías. Él quería unir las conciencias por medio de una ideología que o tocase las ideologías que en lo particular tuviesen los mexicanos.

La filosofía de Barreda no era un filosofía combativa, no era una filosofía de desorden, sino una filosofía cuyo último fin era el orden. En vez de combatir venía a construir; su único enemigo era la anarquía.

El desorden material era consecuencia de una falta de uniformidad educativa, los mexicanos no eran capaces de ponerse de acuerdo. Sin este acuerdo no era posible el orden social. Gabino Barreda vino a poner el orden al transformar la educación, al hacer que los estudios se uniformasen y con ello, la conciencia de los mexicanos. El ideal de orden de la burguesía mexicana: la unión de todos con independencia de la individualidad de los miembros de ella.

SECCIÓN QUINTA: “LA UTOPÍA”

El positivismo se ha presentado como la doctrina en la que se pueden sintetizar todos los ideales de la burguesía mexicana, como la doctrina que justifica el ideal de orden de esta clase, y como tal se le acepta, pero siempre y cuando ésta doctrina no altere en alguna forma dicho orden.

Sin embargo, la realidad estaba demostrando que las pretensiones de esta doctrina no eran sino supuestos ideales; en vez de haber logrado el acuerdo de todos los mexicanos, había cundido el desacuerdo. Se acusaba al positivismo de ser una doctrina contraria a la libertad de conciencia, que sostenía la constitución vigente, la formulada en el año 57.

Surgieron adversarios del positivismo que sostienen ideologías que éste ha dado por superadas: la católica, llamada por los positivistas teológica, y la liberal que calificaron de metafísica; estas dos ideologías se oponen a que el positivismo se apodere del poder espiritual, detrás de estas ideologías , está la burguesía mexicana, que no puede permitir que se rompa el equilibrio social que ha establecido.

El positivismo está en contra de una de las bases del orden establecido por la burguesía mexicana: la libertad de conciencia; pero ambos han marchado unidos, pero sólo cuando a la burguesía le ha convenido así para sus intereses: se separarán en cuanto estos intereses sean vulnerados.

Uno de los esfuerzos de los positivistas mexicanos fue el de tratar de demostrar que la reforma educativa realizada por Barreda, siguiendo los principios de la filosofía positiva, no era anticonstitucional. Horacio Barreda, hijo del maestro mexicano, quiere demostrar la constitucionalidad de la reforma de su padre, mostrando cómo en la época en que éste fue llamado a colaborar en la reforma educativa México se encontraba en un verdadero caos.

Una sociedad educada en los principios de la ciencia no podía provocar desorden. La sociedad no debe tener otra doctrina que la que se base en la ciencia. Horacio Barreda ha querido demostrar cómo la reforma educativa de su padre, tenía como fin el cumplimiento del estado legal señalado por dicha Constitución, en el que se declaraba la libertad de conciencia; cumplir con el precepto que establecía la libertad de pensar a que tenían derecho los mexicanos.

La libertad de conciencia no implica una libertad que pueda oponerse a los intereses de la sociedad. El individuo como tal, puede pensar lo que quiera, pero no como sujeto social. Lo que para el individuo parezca bueno no tiene por qué serlo también para la sociedad. La conciencia no puede tener en materia social la misma libertad que tiene en lo individual. La sociedad no puede conducirse por principios individuales, válidos tan sólo para individuos, sino que debe conducirse por principios válidos para todos sus miembros, por principios demostrables. (los principios de la ciencia)

En el campo individual la conciencia es plenamente libre, pero en el campo social dicha libertad no es otra cosa que anarquía.

La reforma educativa que pretendían tener su base en este equilibrio del individuo y la sociedad, fue atacada desde dos campos: los conservadores o clericales y los liberales extremistas o jacobinos.

Los clericales atacaban a la nueva escuela en nombre de la moral, fueron los hombre de ciencia los que causaron más mal a la nueva educación, con sus puntos de vista estrechos, de especialistas. Opinaban que tal educación hacía “maestros de nada y aprendices de todo”. El espíritu de especialidad de estos hombres causó un gran daño a la nueva educación pública, haciendo imposibles muchos de sus frutos.

Horacio Barreda sabe que el plan educativo positivista, no podrá lograr el asentimiento de toda la sociedad, porque ataca principios que ésta sostiene y que sostienen sus miembros. Él quiere que la instrucción pública sea filosófica, entendiendo por tal cosa algo semejante a lo que en nuestros días se entiende por ideología, una ideología que persigue determinados fines, en los cuales, quiere que participe toda la sociedad.

Hay en toda sociedad un conjunto de ideas o creencias, una ideología, que está conforme con el progreso alcanzado por la sociedad; la cual debe representar el poder espiritual de la sociedad. En estas palabras se puede ver como el positivismo mexicano aspiró a obtener el poder espiritual de la sociedad mexicana, una vez que la iglesia católica lo había dejado vacante.

Persiguiendo fines semejantes a los que correspondían al poder espiritual, fue creada la Junta Directiva de la Instrucción Pública del Distrito Federal, dotada de un conjunto de facultades propias de dicho poder como eran las de proponer libros de texto, mejoras educativas, nombramiento de los miembros de la Junta, tomar acuerdos respecto a oposición de cátedras, conceder pases profesionales y títulos, examinar y aprobar, otorgar becas, formar presupuestos, celebrar consultas para la separación de catedráticos por causas graves y proponer nuevos catedráticos.

Gabino Barreda quiso hacer de dicha Junta el poder espiritual de México. Los fines perseguidos por el poder material y el poder espiritual eran los mismos, pero sus campos eran distintos; de aquí la necesidad de su independencia, no de su separación o divorcio. Se quiso establecer un poder independiente del material o político, pero unido a éste en lo que se refiere al fin principal: servir a la sociedad.

Los positivistas mexicanos están contra el concepto de educación laica como educación neutral, de una educación que se abstenga de toda intervención ideológica y ésta debe interpretarse como el enseñar aquellos principios ideológicos que son considerados como necesarios para establecer el acuerdo social.

El clero y los liberales se unieron en contra de las pretensiones de los positivistas mexicanos. Ninguna doctrina podía ser impuesta; ningún grupo social tenía derecho a hacer de sus ideas las ideas de la sociedad. La enseñanza basada en los principios de la filosofía positiva no era sino una enseñanza sectaria.

Tanto clericales como jacobinos temían a una educación que les arrebatara el dominio espiritual. Los liberales toman la libertad de conciencia en una forma absoluta, no admiten limites de ninguna especie, ni tan siquiera los de la ciencia; pero esto es un error, esto implica estar en contra de la misma realidad.

El clero considera al positivismo en la misma forma que los positivistas consideran las verdades en que se apoya el clero: como verdades de secta, válidas tan solo para quienes quieran aceptarlas y no para todos.

El clero puede considerar que sus verdades no atentan a la libertad de conciencia porque son verdades en las que la conciencia no tiene libertad. Los clericales, dice Barreda, son hombres que principian por desconocer todo lazo con el mundo, la familia y la patria.

Los espíritus educados en el positivismo se ven conducidos a “coordinar sus sentimientos, pensamientos y actos, en torno de esos tres objetos que se llaman familia, patria, humanidad”. No es posible acusar de sectaria a una educación cuya última meta es la humanidad. A una filosofía puesta al servicio de todos los hombres y no simplemente al servicio de uno de ellos o de un grupo.

Los dogmas son algo propio de las doctrinas sobrenaturales, lo humano es lo propio de la filosofía positiva; de aquí la razón por la cual las religiones que se apoyen sobre bases sobrenaturales no puedan obtener la unión entre los hombres. La religión de la humanidad, toma sus principios directamente del propio hombre, de la realidad que éste es. Todo los hombres pueden reconocer en ella algo que les es propio.

El positivismo no puede estar ligado a ningún hombre ni hombre determinado, tal como sucede en las doctrinas sobrenaturales ésta es la razón por la cual no se puede acusar de sectario al positivismo. La educación sobre bases positivas es una educación válida para toda la sociedad; está por encima de todo dogma sobrenatural; si ataca esos dogmas, es por el bien de la sociedad.

Clericales como liberales están de acuerdo en considerar a la educación como desligada del estado y quieren abandonarla a la iniciativa privada. Por medio de la educación privada el clero trata de adueñarse del perdido poder espiritual; la defensa que hace de la libertad de conciencia le sirve únicamente para apoderarse de las conciencias, eliminando las trabas puestas por el estado; quiere que el estado le abandone, mediante su neutralidad, la conciencia de los mexicanos.

Nuestros positivistas no estaban conformes con que la educación fuese laica, esto es, neutral. Lo que querían era una educación positiva, una educación que estuviese conforme con los principios que profesaban.

Los positivistas aspiraban a ocupar el poder que había dejado la iglesia católica al divorciarse del estado; los positivistas aspiran a prestar su ayuda al estado, pero guardando su independencia. Este ideal fue una utopía; la realidad mexicana no ha permitido ni permitirá la realización de esta idea.

Los positivistas quieren ser los directores del poder espiritual de México. La filosofía positiva ha sido traída a México para servir los intereses de una clase a la que hemos denominado burguesía mexicana, cuyos intereses no habrían de permitir el establecimiento de dicho poder. La sociedad y los poderes que la representan tenían que permanecer neutrales por lo que se refería la ideas, creencias y opiniones.

SECCIÓN SEXTA: FILOSOFÍA Y POLÍTICA

Gabino Barreda se presentó como el educador de una nueva clase social a la que hemos llamado burguesía mexicana. Una vez formado ese grupo social, había tratado de aplicar los principios en los cuales se había formado a los diversos campos de su posible actividad: la política. Con la aplicación de los principios positivistas a la política iba a quedar redondeada la obra de Barreda y la aspiración de Benito Juárez: la de formar un grupo social que, acabando con la anarquía se hiciese cargo de la dirección de la sociedad mexicana.

Los discípulos de Barreda serían los encargados de formar un partido político que, basándose en la filosofía positiva, se enfrentase al partido liberal, arrancándole el poder.

Barreda sostenía la tesis de una institución educativa libre de influencias políticas a las que el estado por naturaleza estaba sometido.

Para los Científicos no expresa el auténtico ideal positivo, el expuesto en la filosofía de Augusto Comte, sino que es la expresión y utilización de las ideas del positivismo puestas al servicio de intereses ajenos a ellas y que representa lo que el positivismo fue en México en su aspecto político. El grupo de científicos representa así uno de los aspectos más importantes del positivismo en México.

En enero de 1878 un nuevo diario mexicano, La Libertad reunió un grupo de jóvenes que en su mayoría había salido de las aulas de la escuela que había reformado Barreda; que con el tiempo serían el alma del grupo político llamado de los científicos.

Este grupo sostenía el ideal del positivismo, el orden. Y como instrumento para establecer el orden, el de la Ciencia. El orden era urgente y el mejor instrumento para lograrlo era la ciencia. El saber científico permitirá poner fin a las transformaciones violentas y las soluciones ofrecidas por la fuerza podrán ser discutibles. Lo que este grupo trata de defender son los intereses del grupo social al que pertenecen: la burguesía mexicana.

La sociedad es considerada como un organismo que se asemeja mucho a los organismos naturales. La naturaleza no progresa por saltos. El progreso de la naturaleza se da mediante un movimiento llamado evolución. Los organismos naturales evolucionan: la sociedad también. El movimiento natural de la sociedad es la evolución, no la revolución.

La revolución no se identifica con el progreso, más bien puede serle opuesta. El progreso no puede ser producto de la violencia, sino de un cambio organizado cuya esencia está en pasar de un estado inferior a otro superior.

La revolución no construye nada perdurable. Lo que la revolución construye tiene que ser destruido cuando la sociedad recupera el orden y trata de reconstruir. Lo destruido por la revolución tiene que ser reconstruido, mientras que lo que la revolución llega a construir tiene que destruirse.

Los redactores de La Libertad pugnaban por la creación de un nuevo partido conservador, cuando apenas hacía diez años que el partido liberal había triunfado sobre el viejo. El nuevo partido conservador debe tener un plan de realización, el cual faltaba al partido liberal. El partido del nuevo orden, fue considerado como heredero del partido liberal, pero con intereses distintos y opuestos. Es un partido liberal y conservador.

Parta tener éxito, el nuevo partido conservador había de apoyarse en un grupo de ideas que lo hiciesen indiscutible e iba a hacerlo en un conjunto de ideas que justificasen el orden: las de la ciencia positiva.

El positivismo se va a presentar como un supremo esfuerzo por cambiar la índole de los mexicanos, porque en ella está el germen de la anarquía y el desorden. La educación positivista se va a presentar como el intento de formar hombres prácticos en vez de idealistas que nada saben de la realidad.

La constitución del 57 se ha presentado como primer obstáculo para la idea que se tienen del orden. Un producto originado en las calenturientas cabezas de los soñadores liberales. Es obra de mentes metafísicas que nada saben de la ciencia de las sociedades.

La libertad propuesta por los liberales no es más que una utopía irrealizable en el estado en que se encuentra la sociedad mexicana. El pueblo mexicano no está capacitado para el tipo de gobierno que tiene, ni para la constitución que lo rige.

En la constitución del 57, se conceden al pueblo los derechos exagerados, para los cuales no tienen preparación alguna. Lo primero a que debe tender una buena constitución mexicana es a la realización del adelanto material del país. Las libertades son inútiles en un país atrasado materialmente. Era menester tener una constitución realista.

La constitución del 57 para Sierra es una utopía y no es otra cosa que una violencia hecha a la realidad mexicana; pero debe ser reformada y adaptada a la realidad mexicana.

Por un lado se encuentra un conjunto de leyes, ideales estampados, con la pretensión de ser vigentes, y por otro lado un pueblo atrasado, incapaz de realizarlos. Esto hace según Sierra, que los pueblos vivan sin instituciones y sean juguetes de las aventuras político-sociales.

El orden de la burguesía mexicana sólo será posible si se establece un gobierno capaz de hacer respetar los intereses de ésta. Lo que este grupo social desea es hacer imposible todo cambio violento que amenace sus intereses. La evolución es un cambio lento, nunca a saltos.

La preocupación del gobierno, si quiere en verdad gobernar, debe ser la de buscar una fórmula que al mismo tiempo que garantice la acción individual garantice el orden social. Un gobierno que, de conformidad con el grado de evolución social alcanzado por México, señale los límites a la acción individual de los mexicanos. Más que derechos debe señalar obligaciones.

Díaz en Oaxaca se dedicó a conspirar contra el gobierno de Benito Juárez. En Noviembre de 1871, Porfirio Díaz se alzaba contra Juárez, que se había hecho reelegir presidente. La sublevación fracasó, la muerte de Juárez puso término a la guerra. El nuevo presidente, don Sebastián Lerdo de Tejada, concedió amnistía a los rebeldes. Díaz se presentó como el caudillo de la oposición ante la política de Lerdo.

En julio de 1876 se habían de verificar las elecciones, triunfando, oficialmente, Lerdo de Tejada. Don José María Iglesias, presidente de la Suprema Corte de Justicia, considera que las elecciones han sido fraudulentas y pide su anulación. Una vez nulificadas, a quien correspondía la presidencia de acuerdo con los preceptos constitucionales, era al presidente de la Suprema Corte (al Sr. Iglesias). La lucha entre porfiristas, lerdistas e iglesistas hacía imposible todo orden y con ello toda posible estabilidad.

El nuevo instrumento del progreso, una vez que el liberalismo ha perdido su utilidad, será el nuevo partido conservador, el partido liberal-conservador en formación, el que implantará el orden sobre las bases científicas: el futuro partido de los “científicos”. El grupo político en formación pretende convertir al partido liberal en un partido conservador, sin que esto implique reacción. Debe ser conservador, pero sin dejar de ser liberal.

Los hombres que pedían una dictadura sobre bases científicas, una tiranía honrada, habían puesto los ojos en un caudillo: en Porfirio Díaz, vencedor en la contienda de los liberales. En los dos primeros años de su gobierno pareció que su política era inadecuada para la protección de los intereses del grupo social que pedía la tiranía.

Díaz no es el hombre que necesita la burguesía mexicana; ésta, no quiere un dictador que se preocupe únicamente por salvaguardar los intereses de la facción que represente, dejando al cuidado de los demás intereses de la sociedad al arbitrio de cada grupo social. Es menester un dictador que guarde los intereses de la sociedad. La sociedad no es aquí otra cosa que la burguesía mexicana.

Díaz era la salvación de los intereses conservadores de la sociedad, la salvación de la propiedad, de la libertad y del orden. Se perfilaba como dictador puesto al servicio del desorden, al servicio de los intereses de facción, en una época en que luchaban facciones contra facciones.

Los hombres que anhelaban el orden necesitaban de un hombre capaz de imponerlos con las mismas armas con que el desorden era provocado: el poder militar.

Terminada la etapa combativa de la burguesía mexicana, era menester iniciar la etapa constructiva, para la cual debían ser encauzadas por canales constructivos las fuerzas combativas aún latentes.

Una vez destruidas la fuerzas políticas que obstruían el progreso, era menester apartar a los mexicanos de las luchas políticas, para que iniciasen: la lucha contra las fuerzas naturales para hacer de la naturaleza un instrumento para satisfacción del hombre. La política debía ser objeto de una ciencia, podía ser obra de técnicos de la política, de científicos.

La política es un instrumento para lograr el orden social, el acuerdo y no el desacuerdo de todos los mexicanos. Éstos pueden unirse en torno al ideal de progreso, que está por encima de credos religiosos y de posiciones políticas.

Ha llegado la época del a industria, la de los hombres que entienden de máquinas. El trabajo industrial se presenta como el mejor instrumento para obtener el orden social, para obtener el acuerdo de todos los mexicanos.

Los ricos del país era una de las fuerzas que más de acuerdo podía estar con el nuevo orden social basado en la riqueza. No necesitaba ligar a su suerte a una facción política; era independiente. La clase rica, resulta ser la más poderosa. Si quiere, puede hacer la política que convenga a sus intereses.

El grupo social del cual es portavoz el periódico La Libertad, no está dispuesto a aceptar ninguna limitación de sus intereses y menos que ninguno al de la propiedad privada. Aceptan la existencia del estado y de la iglesia; pero únicamente como instrumentos puestos al servicio de sus intereses. En el caso de la propiedad privada, la misión del estado y la iglesia es la de protegerla contra cualquier peligro que la amenace; no pueden inmiscuirse tratando de reglamentar dicha propiedad, señalando obligaciones que la vulneren. Cada individuo es libre de manejar sus propiedades como mejor convenga a sus intereses.

La confusión de los positivistas entre el terreno de la exigencia moral y la exigencia material. Para ellos todo deber y todo derecho tiene como correlativo la fuerza del estado que hace cumplir estos deberes y hace que se respeten tales derechos. Las limitaciones morales contra la propiedad pueden convertirse en limitaciones materiales.

En el nuevo orden sólo se reconocen los derechos del más fuerte; sólo poseen los bienes aquellos individuos que se han mostrado capaces de obtenerlos; la forma no importa. El estado no debe preguntarse por la forma en que estos bienes se han obtenido; su misión es la de protegerlos.

Lo que sostiene nuestra burguesía es una ideología que sólo conviene a sus intereses; los de otros grupos sociales quedan subordinados a esta ideología mediante doctrinas que la justifican. El orden social está por encima de la justicia o la injusticia que se cometa subordinando a los indios. Los defensores de la burguesía ligan los intereses de ésta a lo que llaman interés nacional: alterar los intereses de la burguesía es alterar los de la nación.

El enemigo es el triunfante liberal que continúa sosteniendo el desorden como ideal, los ideales del liberalismo son ahora perjudiciales a la sociedad. Cuando aparecen ideas de orden como las del positivismo, las ideas liberales van derrumbándose. El positivismo es el instrumento que ahora sirve para destruir el desorden y construir el nuevo orden.

Los liberales insisten en aplicar a las circunstancias mexicanas remedios utópicos, que lo son por ser inadecuados para ellas. La nueva política debe estar al servicio de la realidad positiva que está pidiendo el orden por encima de cualquier idea utópica.

Nuestra burguesía tuvo en el positivismo un instrumento ideológico; y en Díaz un instrumento material. El porfirismo sería el orden de la burguesía mexicana justificado por la ideas del positivismo.

SECCIÓN SÉPTIMA: “POLÉMICA: EL KRAUSISMO"”

Era urgente ponerse a la altura material de los Estado Unidos, pues de otra manera México estaba en peligro de ser devorado por su debilidad.

Había que hacer de los mexicanos hombres capaces de realizar el mismo tipo de obras que en el vecino país realizaban los norteamericanos. A pesar de que nuestra burguesía intentó competir con la norteamericana, no lo logró, porque le faltó capacidad para ello.

Nuestra burguesía ha visto un gran peligro en lo que llama Coloso del Norte, que amenaza devorar a los países más débiles, a los hispanoamericanos. Para evitar este peligro había que hacer de México, y de los demás países de más acá del Bravo, pueblos fuertes, capaces de oponerse al coloso del norte.

El gringo es el yankee, el codiciador de nuestro territorio. Nuestros positivistas han querido formar hombres de la misma calidad de los hombres en quienes han visto un enemigo, el yankee o gringo.

El mexicano, en vez de defenderse del peligro que representa el gringo, trata de transformarse en gringo. De los Estado Unidos ha visto su fuerza material. A esta fuerza es a la que se teme y es por lo que se quiere lograr en México una fuerza semejante.

El yankee, o el gringo, es un hombre peligroso para México, pues su voracidad es insaciable, nada puede satisfacerlo; México es el país más predispuesto a servir de pasto a esta voracidad si no lo evita a tiempo.

La salvación de México está en la nueva generación, puesto que es la que mejor preparada está para enfrentarse a las nuevas circunstancias; dentro del progreso. La nueva generación es bastante semejante al peligroso gringo; se han adaptado al espíritu del genio sajón, pudiendo defender al país del peligro que éste pueda representar.

Por lo que se refiere al ataque contra el positivismo, vendría en forma de un decreto por el cual la Secretaría de Educación ordenaba fuese retirada de la Escuela Nacional Preparatoria la lógica de Bain, e impuesta como texto oficial la Lógica de Tiberghein.

Hilario Gabilondo, vio en el positivismo un instrumento al servicio de una nueva tiranía y por lo mismo contraria al espíritu de los hombres de la Reforma. Afirma en nombre el Krausismo la existencia de tres absolutos: la idea de Dios, la idea de la Patria y la idea de Libertad. Estos absolutos, están por encima de todo relativismo.

Telésforo García dice que lo que importa es ver si el sistema krausista es una doctrina adecuada para ser enseñada a la juventud de México.

La doctrina de Krause es una metafísica que a diferencia de la ciencia trata de invadir el terreno de lo religioso, del cual tan respetuosa se muestra dicha ciencia. Krause ha construido “la ciencia de Dios y pretende que la Humanidad le consagre sus trabajos y vigilias”; y quiere que el hombre conozca a Dios para imitar sus perfecciones y vivir con Él en la intimidad. Razón que hace del krausismo una doctrina inconveniente para la educación.

El sistema de Krause descansa en un principio fundamental: la existencia del Ser uno y absoluto que comprende en sí todos los demás seres; en él la teología aparece como la ciencia fundamental.

Pero Gabilondo está en un error: la ciencia experimental no es ni puede ser un peligro para la libertad; todo lo contrario, los pueblos más liberales son aquellos en los cuales impera este tipo e ideología.

El espíritu de desorden de los mexicanos tenía su origen en la raza a la cual pertenecían, la raza latina, dada al desorden, la fantasía, los idealismos y utopías; despreciaba todo lo que fuera práctico. Sierra hacía ver cómo México estaba destinado a desaparecer por su falta de espíritu práctico.

El peligro desaparecería si se lograba que México alcanzase el grado de progreso que era menester alcanzar. Para esto había que educar a los mexicanos con las cualidades del hombre práctico; había que formar hombres investigadores, experimentalistas, práctico, mediante la adopción de métodos y enseñanzas que persiguiesen tales fines; había que hacer de los mexicanos hombres semejantes a los sajones. La educación positivista tendía a ello. El positivismo iba a dotar a los mexicanos de las cualidades que les faltaban, si querían sobrevivir históricamente.

La burguesía consideraba que debía ser rechazado el krausismo: por establecer una especie de socialismo, por decir que todos los hombres tienen derecho a que se les den los medios necesarios para su educación espiritual y su vida material.

Todo lo que sea contrario al punto de visa de nuestros positivistas será tachado de retroceso, de anarquía, de desorden. El progreso y el orden es el predicado por ellos. Lo que se les oponga tendrá necesariamente que ser lo contrario. No cabe otra ideología que la positiva.

El objeto de la educación, es el de preparar al individuo para la consecución de cierto fin. Para lograr esto, todo sistema educativo trata de robustecer ciertas tendencias, la que conducen hacia la consecución del fin propuesto, al mismo tiempo que se reprimen las que le son desfavorables.

Según Parra el krausismo pretendió, por un lado, satisfacer a los grupos católicos que repudiaban el positivismo y, por otro, mantener el carácter liberal de la educación en México.

El positivista sabe resistir a los halagos del deseo, a quien jamás encomienda la tarea de formular opiniones, porque el estudio atento de la naturaleza humana le ha convencido de que “las aspiraciones de nuestra alma no bastan por sí solas para probar que existen medios proporcionales a su intensidad”.

Estas son ventajas que han hecho del positivismo un sistema preferible a sus rivales. A estas ventajas se unen otras, propias de nuestra patria, dice Parra. Una de ellas es la de que se trata de una doctrina adecuada a las instituciones que nos rigen, las cuales han consagrado definitivamente la separación de la iglesia y el estado. “El positivismo absteniéndose, por completo de tratar cuestiones religiosas, no impugna ni favorece religión alguna”.

Resume Parra dos de las principales razones que se han venido aduciendo para defender es establecimiento del positivismo como método educativo. Se le ha considerado como el medio más idóneo para el establecimiento del orden social. Tenemos otro tipo de justificación del positivismo, la de ser un instrumento para corregir los defectos propios de nuestra raza, los llamados defectos de la raza latina.

La lógica, nos dice Parra, tiene un fin práctico, un fin positivo: sirve para enseñar a los estudiantes a modificar el mundo que les rodea, la naturaleza, como le llaman. Su fin es dirigir nuestras inferencias, hacernos saber previamente si tenemos razón para esperar se verifique un hecho. La lógica positiva quiere transformar la actitud del mexicano frente a la realidad; hace al hombre más capaz para enfrentarse a la realidad.

Los mexicanos son desordenados porque sus mentes han sido formadas por una lógica hecha para el desorden. La objeción de Parra a la lógica krausista, es la misma objeción hecha por todos los políticos positivistas al liberalismo: el caos, la anarquía, el desorden. Una lógica como la krausista sólo es buena para romper con los obstáculos que obstruyan el progreso, pero no para establecer un nuevo orden.

SECCIÓN OCTAVA: “POLÉMICA: “PARRA-VIGIL””

El punto de partida de la crítica de Vigil fue lo que éste llamó la anarquía positiva, que dice que los hombres que hablan del orden y sostienen una ideología de orden, se apoyan en una doctrina cuyos creadores aún no habían podido ponerse de acuerdo. Comte, Mill, Spencer, reconocidos jefes de la escuela positivista, considera cada uno opuesto a los otros. A pesar de este acuerdo, nuestros positivistas tratan de establecer un nuevo orden sobre tal doctrina. Presentan a la filosofía positiva como la doctrina sobre la cual ha de levantarse la nueva sociedad; dicen tomar de ella los principios de una nueva educación.

Demostrando que los jefes de la filosofía positiva no están de acuerdo, trata de concluir que cualquier construcción que sobre tal doctrina quiera levantarse tendrá necesariamente que ser débil, por anárquica. El desacuerdo del los grandes jefes del positivismo está en la aplicación del método positivo a la sociedad, a lo humano.

Vigil hace otra objeción al positivismo: el positivismo se presenta como una filosofía que se preocupa únicamente de los hechos, es una ciencia de hechos; pero no acepta todos y se niega a ver algunos determinados. Dios y el alma son hechos, existen; independientemente de una existencia material de ellos, se dan en la experiencia del hombre. El hombre habla de ellos; sin embargo, los positivistas se abstienen de hablar de ellos.

El positivismo en México busca el orden social, y éste no se lograría si se presentase como otra doctrina más, como una doctrina que viene a negar ciertas ideas o creencias. Es una ciencia social que viene a establecer el orden. Nada quiere saber de cosas en las cuales los individuos no están todos de acuerdo. Católicos y liberales están en desacuerdo con esta actitud; en vez de considerarla como neutral, la consideran como negativa. El hombre no tiene otro campo que el positivo, esto es, el campo limitado de la experiencia.

La definición que dan ahora del positivismo los mexicanos que lo siguen, viene a sumarse a las ya múltiples y contradictorias definiciones que sobre el positivismo se han dado. Los positivistas mexicanos tratan de atenuar las contradicciones que se encuentran entre sus diversos filósofos, explicando, que tal cosa tiene que suceder así, debido a las múltiples dificultades con que tropiezan las ciencias en su desarrollo. Las discrepancias son necesarias, porque mediante ellas se llega a la verdad.

Vigil dice: si nos preguntamos cómo se presenta el positivismo, veremos que éste se presenta y es definido cómo “un sistema de filosofía que rechaza toda concepción metafísica y funda la ciencia toda entera en la consideración de los hechos materiales y palpables. Él ataca al positivismo mexicano en su parte más vulnerable. Nuestros positivistas, por razones políticas, no han tomado del positivismo sino el método, rechazando la doctrina. Aceptar sólo parte del positivismo y rechazar otra era no ser positivista, máxime cuando se rechaza la parte más importante, la doctrina.

Porfirio Parra, dice que el positivista es positivista en cuanto aplica el método positivo. Los verdaderos “positivistas se preocupan más de la cuestión de método que de la cuestión de doctrina.”

Parra insiste en negar el carácter sensualista del positivismo, diciendo: existen tres tipos de filosofía; el racionalismo, en él la sensibilidad y la inteligencia son facultades del alma distintas e independientes; aunque de hecho los sentidos auxilien a la inteligencia en la adquisición del conocimiento, ella es capaz de adquirirlo por sí sola. El sensualismo lo forma aquella filosofía en la cual “los sentidos y la inteligencia no son facultades distintas, la segunda se deriva de las facultades de sentir; analizando bien nuestras ideas se reconoce que no son más que sensaciones. Y el positivismo que es aquel que considera que “los sentidos y la inteligencia corresponden a diversas facultades de nuestro espíritu, el análisis psicológico muestra que es imposible reducir las ideas a sensaciones; el conocimiento es obra de la inteligencia.

La filosofía positiva no puede servir como instrumento pedagógico, porque forma hombres que moralmente son todo lo contrario de lo que una nación necesita que sean. Para hombres así, la nación o la patria no pueden ser otra cosa que instrumentos puestos a su servicio.

Vigil ha demostrado que el positivismo, que se había presentado como una doctrina opuesta al servicio del orden nacional, no podía engendrar sino el desorden, al formar hombres preocupados por intereses egoístas, sin capacidad para el sacrificio. Una educación materialista no podía formar sino individuos cuyos intereses estarían limitados a lo material; una educación de tal naturaleza no podía sino destruir los vínculos que hacen posible una sociedad y una nación.

Nuestros positivistas, después de la polémica contra el texto de lógica krausista, vuelven a la carga pidiendo sea desechado tal texto de la Escuela Nacional Preparatoria. La Lógica de Tiberheim, dicen, es contraria al espíritu de la Constitución, porque hace propaganda en torno de un dogma religioso, el “panenteísmo”; al adoptarse tal texto se es contrario al precepto constitucional que establece que la educación debe ser laica.

Estas son las razones por las cuales la Junta de Profesores de la Escuela Preparatoria ha desechado el texto krausista, expresando el deseo de que se encuentre “un texto breve y simple, que exponiendo el verdadero método científico, no contuviese ataque alguno a las creencias científicas y religiosas de cualquier género que fuesen. Este texto va a ser del Dr. Luis E. Ruiz, Nociones de Lógica. La Lógica de Ruiz es presentada como un texto de carácter neutral, esto es, no sostiene ni el espiritualismo si el positivismo. Una lógica de acuerdo con la Constitución Nacional.

En la primera parte de la Lógica de Ruiz, se habla del espíritu, pero no sabe qué es el espíritu, si es o no una sustancia distinta del cuerpo. La psicología positivista no se refiere al alma, porque no puede decir nada de ella. Ruiz no ha venido a resolver la contienda, su obra “significa pura y simplemente el restablecimiento del positivismo en la enseñanza oficial".

Se siguió insistiendo en el carácter materialista y sensualista del positivismo y en los perjuicios morales y sociales que tal doctrina causaba. Pero todas estas críticas se estrellaron y el positivismo siguió subsistiendo en la Escuela Nacional Preparatoria. El resumen de Mill es adoptado como texto, hasta que en 1903 publica Porfirio Parra su Nuevo Sistema de Lógica Inductiva y Deductiva.

Parra no pretende haber encontrado nuevos principios lógicos, lo único que intenta, y en esto consiste su novedad, es realizar un nuevo agrupamiento de la ciencia lógica, y prestar una mayor atención a ciertos aspectos de la misma como lo es la, metodología; propone nuevas definiciones sobre ciertos conceptos lógicos, como sucede con la propia definición de la lógica.

Considera Parra que para llegar al verdadero conocimiento es menester analizar tanto los fundamentos subjetivos del mismo, el espíritu, como los fundamentos objetivos en los que se apoya, el mundo de las acciones y reacciones de los mismos. Él se propone estudiar la naturaleza del lenguaje y sus usos dentro de la lógica.

El contenido de la Lógica de Parra fue puesto como texto en la Escuela Nacional Preparatoria, sosteniéndose en ella hasta el fin del positivismo en la capital y sigue sosteniéndose en la actualidad en varias escuelas superiores de los Estados. En esta obra culmina el saber de los positivistas mexicanos; se hace patente la originalidad que era posible existiese dentro de un sistema cerrado como el positivista.

SECCIÓN NOVENA: “LOS CIENTÍFICOS”

Justo Sierra, en un ensayo titulado “México Social y Político” publicado en 1889, expone el problema político que después será adoptado por “Unión Liberal” en 1892. En este programa resume Sierra muchas de las ideas ya expuestas por él en La Libertad, al criticar la Constitución del 57.

Sierra vuelve a las ideas que había sostenido al iniciarse el periodo porfirista. Insiste en la formación de un poder ejecutivo lo suficientemente fuerte para imponer el orden, pero al mismo tiempo pide un instrumento por el cual se expresen los gobernados, el poder legislativo, que será al mismo tiempo la barrera que evite al ejecutivo transformase en tiranía. Para evitar que el legislativo pierda su fuerza debido a la falta de atención de los ciudadanos, Sierra propone se sancione a los ciudadanos que sabiendo leer y escribir no voten.

El poder legislativo, exponente de la voluntad del pueblo, debe permanecer como expresión del mismo, pero limitado; las leyes que este poder dicte deberán concordar con la situación real en que se encuentra la sociedad mexicana, no estorbando con ellas la misión de orden del ejecutivo. Con el tiempo, este poder será el encargado de otorgar mayores libertades y derechos al individuo, haciendo menos necesaria la intervención del gobierno; pero esto se logrará después que los mexicanos hayan aprendido a disciplinarse.

El nuevo partido, que con la pretensión de realizar el programa de Sierra surgiría cuatro años después, llevaría el nombre de Unión Liberal, pero se le impondría el mote de “Partido de los Científicos”. Se presenta un nuevo partido como el heredero de los ideales de libertad del partido de la Reforma, sólo que se trata de un partido que actúa racionalmente y sabe que la libertad no es posible si antes no se ha alcanzado el orden; deben conjugarse el progreso y el orden. El orden hace posible el progreso y éste la libertad pero no la inversa. El nuevo partido propone una serie de libertades y la realización de lo que llama aspiraciones populares.

La libertad que se desea es la libertad para alcanzar las mejores condiciones económicas del individuo. La libertad política puede sacrificarse si en su lugar se alcanza la libertad para aumentar la riqueza de los individuos.

La burguesía se sentía cada vez más ligada a la persona de Porfirio Díaz; la suerte de la una sería la de la otra.

A la libertad se llega por evolución. La libertad es un bien por alcanzar, no algo que se encuentre el hombre hecho. Para alcanzar dicha libertad es menester, antes que nada, que el individuo se forme hábitos de orden y de respeto a la libertad de los demás. Todos los mexicanos adquirirán la libertad individual cuando hayan adquirido el hábito de respeto a los intereses de nuestra burguesía.

En el ensayo de Sierra, ya indicado, se hace una interpretación de la historia de México, en la que se justifica la situación predominante de la burguesía mexicana, presentando a ésta como agente del progreso y por ende como el grupo social más apto entre los diversos que forman la familia mexicana. Sierra sigue una distinción racial. La República Mexicana, nos dice, está formada por diversos grupos raciales, siendo éstos los siguientes: indios, criollos y mestizos. De estos grupos, el más apto, el agente del progreso en México, lo ha sido el mestizo, el cual se identifica, como se verá, con la burguesía mexicana. El grupo social menos apto es el indígena.

La raza latina ha sacrificado la libertad política a cambio de la libertad social, lo cual ha dado origen a formas de gobierno que van de la dictadura a la anarquía. Lejos de ser la raza mestiza una raza sin energías, incapaz de cooperar en el progreso de la sociedad a la cual pertenece, es todo lo contrario. Gracias a esta calumniada raza mestiza, el progreso de México ha sido una realidad; esta es una raza amante del progreso y como tal inconforme con las trabas que han tenido a limitar el progreso de México, inconforme con la situación estática en que quisieron mantener a México los privilegiados de la Colonia. Esta raza, al alcanzar su pleno desarrollo, vendrá a formar lo que Sierra ha llamado la burguesía mexicana.

Sierra dice, por lo que se refiere a los criollos ricos, apenas educados intelectualmente salvo pocas excepciones, criados en el despego del trabajo, encontraron en el servilismo establecido en las haciendas una satisfacción suficiente para su vida animal, y en las prédicas del culto católico, el ideal de sus aspiraciones morales. A esta clase se debe que el indígena se haya mantenido en una especie de servidumbre.

La raza mestiza, se ha opuesto al establecimiento de gobiernos monárquicos en nuestro país; “propagando las escuelas y la enseñanza obligatoria, fecundó los gérmenes de nuestro progreso intelectual, ha fundado la ley, y a la vuelta de una generación habrá fundado en los hechos de la libertad política.”

La primera fase de la lucha por la evolución política y social de México es la que se establece entre las dos fuerzas: la progresista representada por los mestizos y la conservadora, representada por los criollos. En esta lucha triunfa la familia mestiza, dando lugar a la llamada burguesía mexicana.

Para vencer a la vieja clase conservadora, fue menester que el grupo progresista mexicano destruyese el orden por aquella establecido al hacerlo se estableció la libertad social. El orden social es la única garantía para una efectiva libertad política. Para que los mexicanos pudieran gozar de libertad política, era menester que ellos limitasen sus derechos a la libertad absoluta plena, es decir, a la anarquía.

Después de lograr la independencia política de México, siguió un nueva lucha. Se enfrentaron dos grupos: uno, tratando de imponer una monarquía semejante a las europeas, cuyo trono se quería ofrecer a un Borbón (borbonistas); otro, pidiendo también un trono, pero par ofrecerlo a un mexicano (iturbidistas).

Frente a estos grupos surge un tercero, el republicano el cual triunfa, después del efímero imperio de Iturbide, sumándose a él todos los partidos. Todos los mexicanos se hacen republicanos, pero vuelven a separarse al sostener principios distintos: unos el de una república centralista, otros el de una república federal. Surgen así dos partidos: el conservador y el liberal.

El partido contra el cual se tuvieron que enfrentar los liberales era muy distinto del ideal de un partido conservador como el que necesitaba el país. En vez de un partido conservador del orden social, era un partido perturbador de éste, razón por la cual la sociedad tenía que rechazarlo.

El partido liberal trató de cambiar las condiciones económicas del país, pero esto dio origen a una coalición de los militares y el clero en defensa de sus amenazados intereses. Estos grupos se sumaron al que sostenía com ideal político el centralismo. La guerra con los Estados Unidos hizo que el partido innovador tratase resueltamente de realizar un programa más amplio. Sólo así se podía formar conciencia nacional, la cual se había encontrado ausente en la guerra contra el país del norte.

El grupo conservador trato de formar la conciencia nacional de los mexicanos, pero su método sería distinto del utilizado por los liberales. Los grupos privilegiados creyeron salvar a la nacionalidad mexicana reforzando en los mexicanos el sentimiento religioso. Para el mejor logro se propusieron cambiar la república en una monarquía.

El partido de la Reforma se transformó en partido nacional, desapareciendo prácticamente el partido opositor. El grupo más apto se ha transformado en un partido conservador, para así proteger a la sociedad amenazada por la anarquía.

Aún falta algo, dice Sierra, la práctica de la verdadera libertad. Los liberales han entendido, hasta ahora, por libertad algo anárquico; le han dado a esta idea un carácter destructivo. Esta ha sido la fase en que la libertad es entendida como absoluta. Por el bien del país había que limitar este absolutismo, que amenazaba con provocar la anarquía más completa. Ahora cabe la libertad dentro del orden, la auténtica libertad, la política, no la social.

Esta clase de libertad es obra del progreso, la alcanzaron los pueblos que han llegado al máximo progreso, esta libertad no puede alcanzarse antes de que dichos pueblos hayan alcanzado tal progreso.

SECCIÓN DÉCIMA: “OCASO”

Justo Sierra no podía dejar de ver los peligros a los que conducía una política com la adoptada por los exponentes de la burguesía mexicana, los científicos. En aras del orden se sacrificaba no sólo la libertad social, sino también la política.

Se había hecho del Estado, y en particular del general Díaz, un guardián de los intereses de la burguesía mexicana. Pero esto era muy peligroso, porque nadie garantizaba que la dictadura, puesta al servicio de un grupo social, no se convirtiese en la temida dictadura personal.

Porfirio Díaz, hombre de poder, no iba a permitir se le considerase como un simple instrumento. Necesitaba del apoyo de la burguesía mexicana, pero ésta a su vez necesitaba de él. El primero necesitaba el poder, la segunda el orden; ambos se complementaban. Díaz cuidaba del orden que convenía a la burguesía, y ésta le cedía el máximo poder político. La única libertad que Díaz estaba dispuesto a conceder a la burguesía era la libertad para el enriquecimiento; pero no estaba dispuesto a ceder ningún poder; pero sí a conceder las ventajas materiales que solicitaba nuestra burguesía.

Nuestra burguesía, se caracteriza por su individualismo, falta de sentido de lo social, pues lo social sólo es comprendido en función de sus personales intereses. Dentro de su orden no caben límites que sean obstáculos al crecimiento material, económico, de cada uno de sus miembros; no se acepta nada que sea obstáculo a la libertad de competencia.

Por fin había sucedido lo que tanto temía nuestra burguesía; se había establecido una dictadura personal en torno a la cual se encontraba un poderoso grupo que se había adueñado de las riquezas del país. No sólo un dictadura política, sino también una económica.

Nuestros Científicos habían hecho de la ciencia una exclusiva para su propio beneficio. No estaban dispuestos a entregar sus secretos a quien más tarde podían disputarle los pingües beneficios que recibían.

La burguesía mexicana comprendió que era la hora de enfrentarse al dictador y en forma especial al grupo que había acaparado la riqueza nacional. El encubrimiento de un grupo de la burguesía mexicana por encima de los intereses de ésta, había de originar, la caída de Díaz, el fin del Porfirismo.

El argumento abandonado por nuestra burguesía, la libertad política, iba a ser nuevamente esgrimido. No más reelecciones, sufragio efectivo. Se va a luchar por la libertad política, no por la libertad social; se quiere un cambio de gobierno, no un cambio social. Sin embargo, para triunfar, tuvo nuestra burguesía que apoyarse en otros elementos sociales, especialmente los campesinos. Es esta clase la que hará una revolución social. Se alza en armas contra el latifundista que le explotaba, es decir, contra la burguesía mexicana que se apoyaba en el latifundio. Nuestra burguesía va a pedir sufragio efectivo y no-reelección, los campesinos van a pedir tierras. Dentro de la revolución va a surgir la revolución agraria, la revolución política va a da origen a la revolución social. La revolución no se detiene con la caída de Díaz; la burguesía triunfante tiene que enfrentarse a las fuerzas que tratan de arrancarle su base principal: el latifundio.

La filosofía positivista detuvo su marcha. El positivismo dejó de ser la filosofía del progreso, al considerar que éste estaba realizado.

Al optimismo que sobre el método positivo había sentido la generación educada por Gabino Barreda, iba a seguir el escepticismo. La ciencia no lo era todo; la ciencia era todo lo contrario de lo que habían pensado Barreda y sus discípulos. La ciencia, en vez de ofrecer soluciones definitivas, planteaba problemas. La ciencia no era el orden, todo lo contrario, era una lucha perpetua. La nueva generación se daba cuentas de la incompatibilidad del orden con el progreso: lo uno o lo otro. Una ciencia que prefería el orden al progreso era una ciencia muerta.

El positivismo no pudo así, ser la bandera de paz, no fue sino expresión de un nuevo temperamento humano, expresión de nuevas pasiones, pendón en nueva lucha, arma de guerra y no de paz. El positivismo mexicano entraba en crisis: dejaba de ser ciencia definitiva, apareciendo como una filosofía más, lo que actualmente llamamos una ideología. No expresaba ya el Orden, sino un orden, no era un instrumento de paz, sino instrumentos de guerra. Frente a él se alzarían otros pendones, nuevas filosofías y con ellas nuevos hombres.

Así como la generación positivista no pudo entender a la vieja generación liberal, en la misma forma la nueva generación no va a poder entender a la generación formada en el positivismo. La generación formada por Barreda se encuentra con una generación que no acepta sus postulados filosóficos, una generación que encuentra insoportable al positivismo y escapa de él por múltiples caminos.

Formados en el positivismo, los representantes de la nueva generación no se conformaron con un cuerpo de doctrinas hecho para resolver todos los problemas, empezaron a buscar doctrinas que les satisficieran. El ideal de la nueva generación fue la “restauración de la filosofía, de su libertad y de sus derechos”.

A diferencia de la generación positivista, el nuevo grupo que despreciaba lo latino, considerándolo como una desgracia racial, el nuevo grupo trató de reforzar las despreciadas cualidades de la raza latina. Al ideal de un mundo práctico como el sajón, se opuso el ideal de un mundo teórico y soñador como Grecia.

La nueva generación no estaba conforme con el mundo que le había tocado en suerte vivir; querían un mundo en el que tuviesen alguna misión que cumplir, no el mundo positivista en que todo estaba hecho.

En su lucha contra liberales y católicos, el positivismo había triunfado porque expresaba un ideal social que todos anhelaban: el orden. La generación formada en la escuela positivista se enfrentaba a la de sus padres y maestros triunfaba sobre ellos. Expresaba también una situación social: el descontento que sentía la sociedad mexicana contra un orden que llevaba ya cerca de medio siglo de duración; orden que iba reduciendo las libertades en provecho de un grupo cada vez más estrecho.

El positivismo había dejado de ser solución y se había convertido en un obstáculo. Se sentía la necesidad de un doctrina que fuese capaz de poner en marcha al interés humano.

Con Sierra habían aprendido que el problema de México era un problema de educación. Esta fue una de sus principales preocupaciones: la de llevar a las clases populares la educación. La Universidad popular fundada por ellos tuvo esa finalidad; más tarde, uno de sus más destacados miembros, José Vasconcelos, llevaría la educación a los hasta entonces despreciados indígenas estableciendo las escuelas rurales. No ofrecieron una nueva filosofía, ningún nuevo sistema, simplemente abrieron las puertas de la cultura mexicana para que por ellas penetrasen todas las inquietudes.

A la nueva generación ha tocado en suerte otro tipo de época, la que le ha permitido vislumbrar lo que la vieja generación se negó a ver, entusiasmada por lo obtenido. Los positivistas actuaron tratando de dominar la naturaleza y al hombre; la nueva generación busca ahora otros campos en los cuales actuar.

El ideal educativo perseguido justificaba lo limitado de las doctrinas que se había querido imponer. Era menester acabar con el dogmatismo impuesto por la iglesia católica; pero sólo otro dogmatismo igualmente poderoso podía acabarlo, un dogmatismo más de acuerdo con el tiempo.

No todo fue negativo. Gabino Barreda trajo a México ideas fundamentales por lo que se refiere a la moral, entre las que se encuentra la de la solidaridad, la del altruismo que es la inclinación social a obran en beneficio de los demás por el provecho que ello nos ocasiona.

El positivismo fue un instrumento que abrió nuevos caminos a la cultura; pero fue un instrumento ciego para los nuevos ideales que se perfilarían en esos caminos; que sirvió para poner a prueba el valor de envejecidos ideales, nada sabía de los nuevos. Podía destruir, pero no podía crear.

La nueva generación buscaría sus ideales fuera del mundo positivista en que habían sido formados. Había otros métodos fuera del positivismo. Son estos métodos lo que ahora se ofrecen a la nueva generación. Métodos que servían para conquistar un mundo que el positivismo había dejado virgen. Esos métodos podían ser los de la religión, la literatura el arte y la vida.

El positivismo se había únicamente preocupado por el mundo material, porque era el que más al alcance de su experiencia estaba. Pero había otro mundo también al alcance de la experiencia humana, mas de un tipo de experiencia ajeno al positivismo: el sentimiento.

El positivismo había descuidado lo espiritual. Había realizado la obra material; pero faltaba la obra del espíritu. Esta será la que traten de realizar los jóvenes de la nueva generación. Esa era tarea que le faltaba por realizar.

Las verdades teológicas y las verdades metafísicas carecían de consistencia; lo firme, lo permanente estaba en las verdades obtenidas por la ciencia positiva, porque se apoyaban en la realidad. Sobre este tipo de verdades se podía construir, con la seguridad de que tales construcciones serían permanentes.

A la filosofía materialista del positivismo se va a oponer una filosofía de la vida. Ambas en movimientos; pero la materia es un movimiento que va su destrucción, mientras que la vida es un movimiento que va en ascenso, sin límites.

La materia, como algo que se degrada, tiende a desaparecer; mientras el impulso vital, la vida, que en vez de degradarse se acrecienta, tiende a permanecer cada vez más poderoso.

La moral tal como la entendían los positivistas es distinta de la forma en que la entenderá la nueva generación. En ella, interviene el concepto de libertad, pero este concepto tiene ahora un contenido distinto del que le daban nuestros positivistas.

Grandes cambios se han originado en las conciencias de los mexicanos. Nuevas ideas y nuevos sentimientos les agitan. El escepticismo los invade, y al lado de éste se perfila la anarquía y el desorden.

Antonio Caso es bien conciente de los peligros que entraña la nueva filosofía que ha puesto el acento en lo irracional; detrás de ella ve aparecer la faz de la anarquía, esa anarquía se adueñaría de México muy poco tiempo después. Caso no cree que la inteligencia haya definitivamente perdido la partida. El desorden que se avecina puede dominarlo la inteligencia.

Los extremos del intelectualismo habían provocado el irracionalismo. Había que poner fin a tales extremos, pero sin caer en ninguno de ellos. La inteligencia tenía su misión, lo malo era concederle cualidades que no poseía. la misión de la inteligencia era la de ordenar los datos inmediatos de la conciencia; pero siempre concientes de sus límites. No todo podía ser sometido a la inteligencia. Ésta era una verdad que debía conocerse. Caso muestra la incapacidad de la inteligencia para abarcar toda la realidad.

Caso sostiene un ideal de libertad opuesto al sostenido por los positivistas. Una libertad que tiene su origen en el desinterés; que a su vez da origen a los actos auténticamente morales y a las más grandes aspiraciones de los hombres.

La moralidad no puede surgir de la naturaleza material, no está sometida a sus leyes. Si el hombre actuase de acuerdo con estas leyes, no buscaría más que su felicidad material, felicidad de su cuerpo, el utilitarismo y confort que formó el ideal de la generación positiva.

La moral no pertenece al campo de la ciencia, tal como lo han creído los maestros positivistas. La misión de la ciencia no es ofrecer teorías morales; uno es el campo de la ciencia y otro el de la moral.

Henríquez Ureña muestra como es posible hablar de moral utilizando un lenguaje distinto al científico, cómo es posible filosofar con otra clase de conceptos. El lenguaje científico no es el apropiado para enfocar problemas morales; éstos hay que enfocarlos con otra clase de lenguaje, con el que ofrece la experiencia del hombre.

El hombre no puede ser ya el irresponsable que confía en leyes morales que considera inmutables; las leyes tiene ahora que dárselas a sí mismo, en forma constante. La naturaleza no puede responder de los actos del hombre; el hombre es el único responsable de ellos.

La nueva generación había roto los obstáculos impuestos por el positivismo. A la libertad limitada del positivismo han opuesto una limitada y creadora. Además tiene ya misión que realizar. Ahora hay labor para todos, para todas las generaciones, las por venir y las actuales. Lo que se cree en adelante será obra de una libertad creadora ajeno a todo límite utilitario y finalista. Toda obra podrá siempre ser recreada, rehecha, nadie podrá agotar su riqueza.

La supervivencia no se encuentra en la obra que se va realizando en el tiempo. Los herederos del positivismo no tenían otro quehacer que el de repetir la ya realizado, pero en la nueva concepción del mundo esta situación ha terminado; ya no es menester repetir ninguna obra, todas las obras son y serán inconclusas. La obra de los primeros muere con ellos; la repetición de esta obra es mecánica y muerta; la obra de los segundos se continúa sin fin, dándole vida propia a cada generación; ya no hay repetición, sino creación siempre libre y personal.

COMENTARIO PERSONAL

Después de haber realizado la lectura anterior, en lo personal, me sirvió de mucho, ya que independientemente de que a mí no me gusta la historia, pude conocer un poco más acerca de algunos acontecimientos de la época del gobierno de Benito Juárez.

Adentrándonos un poco ya sobre el tema, yo considero que la Reforma a la Educación que planeaba Gabino Barreda, estaba muy bien, porque actualmente los planes de estudio que nosotros tenemos, contienen temas y asignaturas que el gobierno quiere que sean a los que nosotros como estudiantes tengamos acceso. En ese sentido, ése problema actualmente lo seguimos viviendo, pues nosotros estamos muy acostumbrados a que sólo lo que nuestros profesores nos dicen en las clases, es con el único conocimiento con el que nos quedamos, es decir, no buscamos ni investigamos un poco más.

Independientemente de que el pueblo mexicano siempre ha sido católico, creo que ese es un motivo por el cual no hemos podido desarrollarnos en todos los ámbitos (político, económico, social, etc.) como país, el problema radica en que los mexicanos, se han vuelto fanáticos de la religión, y como sabemos, todo exceso es malo, y el fanatismo es una manifestación de dicho exceso.

Ahora bien, creo que es importante mencionar lo referente al método positivista, que a lo largo de su existencia, tuvo muy fuertes ideas contrarias, pero creo que su fin era admisible y respetable, pues después de todo, cualquier gobierno busca imponer el ORDEN, implantado para ello, métodos que indiquen la pauta a seguir.

Es digno de hacer mención, que la separación de la iglesia y el estado, fue una decisión que “afectó los intereses de los pueblos mexicanos”, es decir, el gobierno sabia que con el tema de la religión, tenía al pueblo reprimido, pero llegó un momento en que el mismo gobierno, ya no sabía como manejar dicha situación.

En general, creo que es una buena lectura, que debería proponerse para que los estudiantes de Derecho, la lea, porque en lo personal, me ayudó a saber un poco más de cómo se llevaba a cabo el Derecho en esa época, y como dice una frase: “si comprendemos los problemas del pasado, podremos conocer y comprender los problemas del presente y los del futuro”.

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