El poder en movimiento; Sidney Tarrow

Política. Socialización. Asociaciones. Movimiento social y transnacional. Acción social y colectiva. Revolución francesa. Revolución americana. Estado nacional. Poder político

  • Enviado por: Xewein
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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“EL PODER EN MOVIMIENTO”

Movimientos sociales, acción colectiva, ciclos de protesta, formación del Estado, revoluciones, huelgas, revueltas, motines, identidades colectivas… con estas expresiones se podría resumir el temario del programa de la asignatura.

A lo largo de estos cuatro meses hemos configurado una historia para los movimientos sociales, unos elementos, unas características y unas definiciones con las cuales puedo hablar en propiedad y sabiendo cuál es un movimiento social y cuál no.

Apoyándome en el libro de Tarrow más el seguimiento del curso, me dispongo a hacer una reflexión final del contenido de la materia.

Desde el principio se tiene que delimitar el concepto de movimiento social, Tarrow define el movimiento social a lo largo del libro, según se van avanzando capítulos se incrementa su definición y se hace más concreta. Pero para empezar queda claro que un movimiento social es aquel fenómeno histórico y no universal, sujeto al cambio; es una campaña sostenida para realizar demandas, utilizando un repertorio de actuaciones que publicitan la reclamación, basada en distintas combinaciones de organizaciones, redes, tradiciones, solidaridades que sostienes esas actividades; y quizás lo más importante para identificar un movimiento sea que haya un despliegue de RESPETABILIDAD, UNIDAD, NÚMERO y COMPROMISO.

Esta ha sido la base de la que partíamos en nuestros comienzos, identificando el movimiento social como una forma de hacer política, una política de enfrentamiento, que incluye la interacción social, los intereses de los grupos afectados, el esfuerzo coordinado y la consideración del Gobierno como opositor o demandante.

Tarrow delimita el concepto a que sólo es movimiento social cuando las acciones colectivas se basan en redes compactas y estructuras de conexión y utilizan marcos culturales consensuados orientados a la acción, en donde podrán mantener su oposición en los conflictos. Pero como escribe en su introducción sobre los teóricos del s. XIX, Durkheim, se entendían como resultado de desorganización social; pero el avance deja en Tilly, más que una expresión de violencia y privación, una consideración de desafíos colectivos planteados por personas que comparten objetivos comunes y solidaridades en una interacción mantenida con las elites, los oponentes o las autoridades.

En consecuencia de todo esto se deriva que los individuos se integran en una acción colectiva para responder a cambios en las pautas de las oportunidades y restricciones políticas, que servirán para otros ciclos de protesta. Con esto último acabo de mencionar un elemento importante, pero no único, de los movimientos, las oportunidades y restricciones, al ser cambiantes dentro del Estado, dan lugar a “huecos” que hacen fácil el estallido de la acción colectiva. Estas situaciones se dan en los diferentes contextos históricos y dependen de los sistemas de gobierno.

Podemos considerar la identidad colectiva como una forma de compromiso hacia la campaña. El aceptar la ideología, los marcos de acción, los recursos, y sentirse identificado e integrado en el grupo hace que el movimiento sea sólido y la movilización sea por consenso. El marco de acción se refiere a delimitar las demandas generalizándolas para abarcar a más gente y ampliar así en número. Pero además define las figuras “nosotros” y “ellos”, se crean unas fronteras culturales y políticas.

Como colofón de esta primera introducción, terminar por los ciclos de protesta que se dan a causa de la difusión e información, son “oportunidades de las oportunidades”, se crean incentivos para otros o se innovan las ya existentes, se crean nuevas formas de acción, y si el movimiento anterior ha tenido éxito, se buscan resultados similares… pero la otra cara de la moneda es que también se crean oportunidades para las elites y los grupos de oposición, que suelen responder con la represión, la reforma o ambas a la vez.

Orígenes históricos del movimientos social: situamos los antecedentes en el s. XIX, no se denominarán movimientos como tales porque se consideraron locales (en una sola comunidad), bifurcados (los asuntos locales se “solucionaban” directamente y los asuntos nacionales a través de un patrón o autoridad) y particulares (concretos). En este repertorio tradicional, los cambios fundamentales en la acción colectiva dependen de grandes fluctuaciones en los intereses, las oportunidades y la organización, los cuales van acompañados de transformaciones en los Estados y el capitalismo, estos cambios emergen en los “ciclos de acción colectiva” (Tarrow). En este siglo, los enfrentamientos se daban entorno a la demanda de pan, las creencias religiosas, las reivindicaciones de la tierra y la muerte. Se caracterizaban por la limitación de formas y objetivos, pero cambia gracias a la consolidación de los Estados nacionales y la expansión de los medios de comunicación y el asociacionismo.

Pero en Inglaterra comienzan a extenderse otras formas de enfrentamiento (s. XVIII) dadas las oportunidades políticas que se observaron como las grandes transformaciones en el contexto político; una diversa variedad, extensión e intensidad de los conflictos; aparición de nuevas formas de acción: huelgas, manifestaciones, peticiones, mítines; la influencia de las asociaciones y la prensa; y la legalización de algunas innovaciones junto con la creación de una policía especializada. Todo esto culmina en un repertorio nuevo con carácter cosmopolita/nacional (múltiples localidades), modular/flexible (fácil transferencia de un escenario o circunstancia a otro) y autónomo (a iniciativa del propio demandante, con contactos directos). Con ello se incrementó la capacidad de enfrentarse con los gobernantes. A partir de aquí se dio a conocer hasta consolidarse en el s. XX.

La letra impresa y la asociación: el desarrollo de éstos y la socialización, son los causantes del cambio en la concepción de movimientos social. Se difundía el nuevo repertorio y con ello facilitaban la inserción de los individuos en los movimientos.

La difusión de la alfabetización fue determinante para obtener al información de lo que estaba pasando en América y Europa. Entre los destinatarios de los productos de la imprenta comercial se formaron comunidades invisibles de discurso. Aunque el deseo que moraba por encima del de aprender a leer, era el de hacer negocios (Wood). Las implicaciones democráticas de la imprenta adoptaron sobre todo la forma de panfletos, mucho más baratos y fáciles de realizar.

Se desarrolló un nuevo tipo de vida social, la prensa circulaba la idea de movimiento, éste se expandía al compartirse las experiencias de la gente; los periódicos se presentaban como agentes del movimiento.

En cuanto a las asociaciones, predominaban las de carácter corporativo y comunal, que se dedicaban a la defensa de los privilegios en vez de a la adquisición de nuevos derechos. Pero no son estas las asociaciones que crean acción colectiva, sino las redes sociales informales, con un papel subversivo en la difusión de modelos de acción colectiva; eran difíciles de reprimir y controlar.

Los grupos que se llegaban a formar alrededor de un periódico, revista… compartían una identidad común, se vinculaba a otros individuos con un punto de vista similar. El sentimiento compartido de pertenencia a base de emociones, experiencias, definiciones comunes… es histórico y sujeto al cambio. En este entramado, la formación de esa identidad fuera del ámbito local se producía gracias a los discursos políticos que incrementaban a los participantes en el movimiento. Estos discursos pretendían interpretar lo que estaba pasando, son un diagnóstico de la realidad, en ellos debemos encontrar las bases de la injusticia, las víctimas, los responsables, las soluciones propuestas y las alternativas a ellas. El objetivo común es la movilización a través de la organización. También se dan los contradiscursos para que no se formase la clase.

En el s. XIX se estaba obsesionado por la clase, pero se formaron coaliciones entre clases diferentes que daban más fuerza al movimiento (unidad). Y es un proceso central del desarrollo de la acción colectiva.

Todos estos medios de difusión crean la solidaridad entre más gente que serán capaces de poner en movimiento nuevos ciclos. La letra impresa, las asociaciones y su combinación hicieron posibles las campañas de movilización sostenidas por las coaliciones de actores sociales contra las elites o autoridades. Estas coaliciones crearon el movimiento social nacional. Pero para desarrollarse necesitaban aún un empujón más, el de un objetivo común y un punto de apoyo para sus exigencias, lo cual lo encontraron en la expansión y consolidación del Estado nacional y en la reacción a sus demandas e incentivos. Las oportunidades ofrecidas por el Estado nacional constituían el marco de acción.

Tratando las oportunidades políticas y las restricciones, éstas se dan con las inestabilidad de los alineamientos políticos (inestabilidad electoral, porque en los partidos hay coaliciones o sufren cambios que generan descontento); con unas elites divididas; con los aliados influyentes (pueden defenderla acción colectiva); y con la represión o facilitación del coste de la acción colectiva.

Aplicado esto al Estado encontramos otros aspectos relacionados con la acción colectiva: la fuerza del Estado, dependiendo de ella se seguirá una acción convencional (política favorable) o violenta (política opuesta); las formas de represión que puede deprimir la acción colectiva o elevar el coste y la movilización, la tolerancia a la acción no violenta es un “arma de de dos filos” (Tarrow), se incrementa el número de participantes y priva del arma de la indignación.

“La dinámica funciona más o menos así: un movimiento organiza manifestaciones masivas para exigir sus demandas; el gobierno permite e incluso facilita su expresión continuada; el crecimiento numérico de quienes apoyan la causa provoca la elección de candidatos para cargos públicos; a partir de ese momento, el movimiento se convierte en un partido o se incorpora a uno ya existente para influir en su programa” (Tarrow).

Las amenazas constituyen una variable que estimula la acción colectiva, porque amenaza los intereses, los valores e incluso la supervivencia.

Para que el movimiento social sea sostenido harán falta tres recursos: el repertorio de acción colectiva que la gente emplea para conseguir apoyo e imponer su voluntad ente sus oponentes; los marcos de dicha acción, que dignifican y justifican los movimientos; y las estructuras de movilización que refuerzan la presión en al primera línea y que vinculan el centro con al base del movimiento.

El repertorio moderno: tres tipos básicos de acción colectiva relacionados con: la violencia, es el rastro más visible y más fácil en términos de costes de coordinación y de control, se ha disminuido su utilización, ya que da lugar a un enfrentamiento polarizado, es un pretexto para la represión; la alteración del orden, obstruye las actividades de sus oponentes, observadores o autoridades haciendo obligatorio centrarse en la protesta, la manifestación más notable es la barricada (s. XIX), pero el repertorio se fue ampliando dejando paso a las sentadas, al crear una incertidumbre y otorgar ventaja a los actores débiles, es la principal arma con la que cuentan los movimientos sociales, para mantener estas acciones se precisa un alto grado de compromiso, la capacidad de sorprender a las autoridades y resistir a las tentaciones tanto de la violencia como del convencionalismo, en conclusión, es un arma poderosa pero inestable de la acción colectiva; y lo convencional, huelgas y manifestaciones, se basa en rutinas que la gente conoce y las elites aceptan e incluso facilitan.

La existencia de cierto número de acciones de protesta no constituye por sí misma un movimiento social. Diani: “a menos que estas acciones sean percibidas tanto por los simpatizantes como por los oponentes como parte de un movimiento mayor, por muy radicales que sean permanecerán aisladas y no se acumularán”.

El poder del simbolismo en la acción colectiva: requieren la intervención de agentes concretos para convertirse en marcos de acción colectiva; en ningún lugar la cultura política heredada servía para explicar qué símbolos dignificarían y darían vitalidad a la acción colectiva t cuáles no; y es en la lucha donde las personas descubren qué valores comparten y cuáles les separan y aprenden a configurar sus llamamientos en torno a los primeros. Se suele fracasar, pero si hay éxito se convierte en un movimiento social como Solidaridad.

Estructura de movilización: capacidad para unir a la gente. El principal reto de las organizaciones de los movimientos es crear modelos organizativos fuertes para estructurar relaciones con los oponentes y flexibles para facilitar las conexiones informales que unen a las personas y a redes unas con otras en una acción colectiva coordinada y multiplicada.

La heterogeneidad y la interdependencia son mejores acicates para la acción colectiva que la homogeneidad y la disciplina.

Haciendo una síntesis de todo lo dicho en esta página nos preguntamos si los movimientos están condenados a la inestabilidad y la desaparición, sólo cuando se les considera de forma aislada, pero cuando se crean agrupaciones de ellos, se consiguen los mayores éxitos dentro de esa espiral de ciclos de acción colectiva.

Ciclos de acción colectiva: es una fase de intensificación de los conflictos y la confrontación en el sistema social, que incluye una rápida difusión de la acción colectiva de los sectores más a los menos movilizados, un ritmo de movilización acelerado en las formas de confrontación, marcos nuevos o transformados para la acción colectiva, una combinación de participación organizada y no organizada y unas secuencias de interacción intensificada entre disidentes y autoridades. Se distinguen las siguientes fases dentro del ciclo:

Fase de movilización: la generalización del conflicto se produce cuando se abren oportunidades políticas para los actores más avanzados, cuando plantean exigencias que se encuentran en las de otros y cuando éstas dan lugar a coaliciones objetivas o explícitas entre actores dispares y crean o refuerzan la inestabilidad en la elite. Primeras exigencias: demuestran la vulnerabilidad de las autoridades ente la acción colectiva; cuestionan inevitablemente los intereses de otros grupos; y apuntan la unión entre descontentos mediante la articulación de marcos comunes. Rasgos comunes: conflicto y difusión, intensificación de los conflictos, los efectos de la expansión de los “adelantados” desencadena extensión, difusión, imitación y reacción entre grupos; repertorios y marcos, creación de nuevas armas para las protestas, proceso de innovación y desarrollo, se generan símbolos, marcos de significado e ideologías; viejas y nuevas organizaciones; aumento de la información y de la interacción, en épocas de fuerte confrontación se genera información más rápidamente, se eleva el interés político y aumenta la frecuencia e intensidad de la interacción, nuevos centros de poder, se cambian alianzas o se crean nuevas.

Fase de desmovilización: algunos puntos comunes en la finalización de los ciclos: agotamiento (descenso de la participación) y fraccionamiento, institucionalización y violencia (división: moderados Vs radicales), represión y facilitación (estrategias del gobierno).

Al irse canalizando la participación en organizaciones, los movimientos adoptaron una lógica más política: la negociación implícita con las autoridades.

Los dos últimos capítulos muestran dos ejemplos de movimientos sociales.

El libro está basado en la acción colectiva como forma de enfrentamiento. Me he ceñido a una reseña más teórica de los planteamientos leídos en el libro, en vez de una ejemplificación de los movimientos existentes o anteriores.

Para concluir este pequeño ensayo haré referencia a los nuevos movimientos transnacionales: el alcance transnacional del movimiento social consistiría en la movilización de redes transnacionales y domésticas a cargo de actores nacionales e internacionales coordinados de manera que traspasan las fronteras nacionales, intercambiándose recursos procedentes de cualquier parte del mundo, incluido el aprovechamiento de nuevas oportunidades de procedencia internacional, como las actividades transnacionales de los oponentes.

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