El mundo de Sofía; Jostein Gaarder

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa. Novela. Enseñanza e historia de la filosofía. Corrientes filosóficas y filósofos

  • Enviado por: La Tejeli
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 14 páginas
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BIOGRAFÍA DE JOSTEIN GAARDER

Jostein Gaarder es uno de los autores escandinavos contemporáneos más populares. Nació en Oslo, Noruega en el año 1952. Las ocupaciones de sus padres presagiaron sus intereses en la enseñanza y la escritura (su padre era director y su madre profesora y autora de libros para niños). Estudió lenguaje y teología escandinava en la Oslo Katerdralskole y Universidad de Oslo. Antes de dedicarse plenamente al mundo de la literatura, fue profesor de filosofía durante 11 años en la High School secundaria de Bergen, porque se trasladó allí con su familia en el año 1981. Actualmente, vive en Oslo con su esposa y sus dos hijos.

En 1986 publicó una colección de relatos cortos, El diagnostico y otras historias. Más tarde publicó 2 libros para los niños, llamados Los niños de Sukhavati, 1987 y El palacio de la rana, 1988. Después publicó El misterio Solitario, 1990, con el que ganó el Premio Nacional de la Crítica Literaria y el Premio de Asuntos Culturales y Científicos. El año siguiente publicó El mundo de Sofía, que fue número uno de ventas en Noruega durante tres años y se ha publicado en 44 lenguajes. Es una novela sobre la historia de la filosofía, y está más cercano a ser una cartilla de pensamiento filosófico occidental que una novela, y además, su logro es un éxito asombroso por ser esencialmente un libro de texto en forma de novela (por lo que se ha convertido en un libro de texto conocido para estudiantes de filosofía). Después de la publicación de esta novela, Gaarder continúa publicando un libro cada 1 ó 2 años. Sus obras más importantes, ordenadas según su fecha de publicación, son:

  • El Diagnóstico y otras historias, Oslo, 1986. Historias.

  • Los niños de Sukhavati, Oslo, 1987. Libro infantil.

  • El Castillo de la Rana, Oslo, 1988. Libro infantil.

  • El Misterio Solitario, Oslo, 1990. Novela.

  • El Mundo de Sofía, Oslo, 1991. Novela

  • El Misterio de Navidad, Oslo, 1992. Novela.

  • A través de un cristal oscuro, Oslo, 1993. Novela.

  • ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?, Oslo, 1996. Libro infantil.

  • El Enigma y el Espejo, Oslo, 1996. Novela.

  • Que la misma flor, Oslo, 1996. Novela.

Su última novela se llama Maya y fue publicada por la casa británica Phoenix en octubre de 2000, aunque ya había sido publicada por Aschehoug (el editor primario seleccionado por Gaarder) en noviembre de 1999.

Sus obras destacan por tener una fuerte mezcla de enseñanza filosófica e histórica. También es algo usual en Gaarder enfocar sus historias desde un punto de vista adolescente (Sofía, en El Mundo de Sofía tiene 14 años, Hans Thomas, en El Misterio Solitario tiene 12 años, Cecilia, en El Enigma y El Espejo tiene 9 años...).

Para Gaarder, enseñar filosofía a los jóvenes es una necesidad urgente, porque, según sus propias palabras, filosofar significa: “tener capacidad para hacerse preguntas sobre el ser humano”.

ARGUMENTO

El argumento de esta obra es muy simple: Se trata de una niña llamada Cecilia que tiene alrededor de 9 años y ha de permanecer en la cama debido a una enfermedad, que no se dice cual es, pero si que estuvo ingresada y que lleva unos cuantos meses así. Una noche, va a visitarla un ángel llamado Ariel y durante varios días hablan sobre muchas de las preguntas que el ser humano se hace sobre temas como la creación, la muerte, los ángeles... Incluso una noche van a esquiar con unos esquís nuevos que le regalaron en Navidad, y otra van con un trineo a dar una vuelta por Skotbu, el pueblo donde vive Cecilia, y a visitar a Marianne, una amiga de Cecilia. Al final, la niña muere, y se va volando con él ángel por Skotbu.

A pesar de la simpleza del argumento, esta obra tiene un gran contenido filosófico, porque las conversaciones entre el ángel y Cecilia sirven a Gaarder para dar su opinión sobre muchos temas de los que se encarga la filosofía, ya que Ariel y Cecilia hacen un pacto según el cuan ella cuenta cosas sobre las personas y el ángel sobre la creación, el cielo y los ángeles.

Para empezar, hablan sobre la creación: Ariel explica que lo primero en ser creado fueron los niños y que Adán y Eva fueron primero niños, porque no hubiera tenido sentido crear un jardín tan grande si no hubiera niños que jugaran en él. La infancia no es una etapa en el camino de hacerse adulto sino todo lo contrario; ser adulto es una etapa en el camino hacia el nacimiento de más niños, y para no envejecer, no tenemos que perder “el niño” que llevamos dentro. Por eso no hay ángeles adultos. Cada minuto nacen en el mundo cientos de niños, pero no son los niños los que llegan al mundo sino el mundo el que llega a ellos, ya que cuando nacemos recibimos un mundo entero de regalo. Dentro del tema de la creación, también hablan sobre los fallos que cometió Dios al crear el mundo, e incluso el ángel llega a decir que Dios no es todopoderoso. Uno de estos fallos fue hacer que los niños se conviertan en adultos, aunque en realidad esto fue un acierto, ya que es preferible que los niños crezcan, se hagan adultos y den lugar a nuevos niños a que mueran siendo niños. También dicen que sería mejor que hubiera tres o cuatro sexos en vez de dos, ya que de esta manera no nacerían niños cuando aún no se tiene la suficiente madurez para tenerlos, además habría más gente para quererles y si el niño se pusiera enfermo, uno le podría cuidar mientras que los otros dos tendría más tiempo para ellos mismos. Pero terminan desechando esta idea, ya que dicen que habría más dolor porque cuando muriera alguien sufriría más gente, y además cada vez habría menos personas, por lo que desaparecería la especia humana.

Después, Ariel explica como son los ángeles. En cuanto al físico, son completamente calvos, y tampoco tienen pelo en otras partes del cuerpo, (ni siquiera en las pestañas), tienen los ojos de un azul muy intenso, su piel es tensa, limpia y pálida, mucho más que la de los seres humanos y no tienen sexo. Están hechos de un material más duro que las personas, de acero, y no de carne y hueso, para que no pueda romperse. Tienen el cuerpo mucho más firme que cualquier cosa de la creación. Viven, como él dice, “al otro lado del espejo”, es decir, en otro mundo desde el que pueden observar todo lo que ocurre en la Tierra pero al que los hombres no saben mirar y tienen que aprender durante la vida. La creación es un enigma, y para comprender este enigma hay que saber mirar al otro lado del espejo. Por otra parte, no sienten frío, ni calor, ni dolor, ni cosquillas... Son insensibles; cuando tocan algo no lo notan, no sienten nada, lo mismo que cuando montan en un trineo, vuelan... Les pasa algo parecido a lo que nos ocurre a las personas cuando soñamos, que tocamos las cosas pero no sentimos nada. Pueden atravesar las paredes, ya que para ellos los objetos sólidos son como una espesa niebla. Además, no tienen ninguno de los 5 sentidos; precisamente es de este tema del que hablan después de hablar sobre la creación.

Comienzan hablando del sentido del tacto. Cecilia intenta explicarle a Ariel lo que se siente al tocar algo porque para ellos tocar algo es como si nosotros recordáramos algo y lo intentáramos tocar: No sentiríamos nada. Dice que el cuerpo humano está formado por un tejido de hilos que es lo que nos permite sentir. Es, como lo llama Ariel, un traje mágico. Cecilia le dice que hay veces que un sentimiento es tan maravilloso que puede llegar a hacer daño, pero no lo contrario; no hay nada dan doloroso que pueda resultar agradable. Por último, dice que a lo mejor hubiera sido mejor no sentir nada agradable a cambio de no sentir ningún dolor.

A continuación hablan sobre el sentido del gusto. Ariel dice que los ángeles no pueden comer y que lo relacionado con los sabores es un misterio inescrutable para ellos, pero que es muy divertido ver comer a un ser humano. Cecilia dice que hay infinitos sabores, y que a veces se siente un cosquilleo en la tripa al comer algo.

Después hablan sobre los olores, ya que los ángeles tampoco pueden oler nada. Cecilia dice que también hay infinitos olores, pero que hay algunas cosas que no se pueden oler, como la luz, y que el ser humano no tiene muy buen olfato, ya que hay muchos animales que tienen este sentido más desarrollado.

Como no consiguen aclarar mucho estos sentidos, deciden hablar de la vista. Los ángeles no ven de la misma manera que los seres humano; a los seres humanos el sentido de la vista les permite contemplar la creación, pero los ángeles ven gracias a un ojo interior, que es el conjunto de la mente y el pensamiento, y es el mismo ojo que emplean los ciegos, es el ojo que debería utilizar todo el mundo a la hora de ver a las personas, para fijarse en su interior y no en las apariencias. Cada ojo es un ojo de Dios, y así Él puede ver la creación desde millones de ángulos, y también desde los ojos de los animales. Y cuando una persona mira al cielo, Dios se ve a si mismo, como en un espejo.

Por último, hablan sobre el sentido del oído. Los ángeles no pueden oír palabras, sino que oyen sentimientos, y hablan sobre lo extraño de que una boca sea capaz de articular una palabra, y que luego esa palabra vaya por el aire hasta que encuentre un oído y por fin llegue al cerebro. Dice que no siempre se medita todo lo que se dice, al igual que no hay que estar pendiente de respirar o de pensar como tienes que mover las piernas al correr. Además, hablan sobre las distintas voces de los humanos, comparándolo con los distintos sonidos de los instrumentos musicales.

Cuando terminan con el tema de los sentidos, hablan sobre de qué estamos hechos los seres humanos. Cecilia dice que es un tema un poco asqueroso, pero el ángel le contesta que no nos debe dar asco hablar sobre eso, ya que haciéndolo nos estamos despreciando y se es muy infeliz autodespreciándose toda la vida. Ariel pregunta si se siente la sangre corriendo por las venas, y ella le contesta que no porque las fibras nerviosas están por encima de las venas, por lo que puedes sentir lo de fuera del cuerpo pero no lo de dentro, y que solo se siente la sangre cuando te haces una herida o un análisis de sangre.

Unos días más tarde hablan sobre el dormir. Cecilia le explica que nadie sabe como es el dormirse, porque en el momento en que te duermes ya no estás despierto, y por lo tanto no eres capaz de pensar: “Acabo de dormirme”. Ariel le dice que no entiende como nos atrevemos a dormirnos porque a lo mejor no volvemos a despertar, y le pregunta que como es capaz el cerebro de apagarse y luego encenderse otra vez unas horas más tarde, pero Cecilia no sabe responder a esta pregunta, así que hablan sobre la memoria, el recuerdo y el olvido. En esto sí que se parecen los ángeles y los seres humanos, puesto que los ángeles son capaces de recordar algo. A Ariel, el cerebro humano le parece la cosa más enigmática del mundo, y dice que la memoria es algo todavía más enigmático. El cerebro humano es capaz de recordar algo incluso después de que hayan entrado cientos de nuevos pensamientos, y Ariel lo compara con una fotografía de las piedras en la playa, que es la conciencia.

Según Ariel, el cerebro humano está formado por polvo de estrellas mezclado con los átomos que lo forman, y el alma pasa oscilando entre él. Cecilia compara el cerebro con el universo, y Ariel dice que la diferencia está en que el cerebro es consciente de su propio ser y es capaz de evaluar sus actos mientras que el universo no puede evaluarse a si mismo y necesita a los seres humanos para ello.

También hablan sobre el pensar. No sólo recordamos u olvidamos lo que vemos u oímos, sino que hay veces que el cerebro actúa por su cuenta; esta acción es a la que llamamos “pensar”. Cecilia dice que a veces se piensan cosas no deseadas y otras se dicen cosas que se había pensado no decir, y Ariel dice que esto puede deberse a que el ser humano no tiene una sola alma sino varias, y que estos pensamientos no deseados están producidos por algo que no es la conciencia. Entonces Ariel dice que los ángeles no piensan o por lo menos de la misma manera que los seres humanos ya que lo saben todo, y por ello no necesitan pensar cuando tienen que responder a una pregunta y han de callar sobre lo que no saben porque Dios ha decido que no lo sepan, todo lo contrario de los seres humanos que cada vez tratan de saber más.

A continuación hablan sobre los sueños. Cecilia explica que al soñar no se siente nada, y que soñando se puede hacer cualquier cosa, hasta volar o atravesar paredes y Ariel dice que las personas cuando sueñan se parecen a los ángeles porque pueden hacer todo lo que pueden hacer los ángeles y no sienten nada, y además nada puede herirlas y no utilizan los cinco sentidos. Cecilia deduce que el alma es inmortal, pero el ángel no le contesta.

Unos días más tarde, Ariel decide cumplir su parte del trato y habla sobre Dios y el Cielo. Dice que ya estamos en el cielo, porque el planeta Tierra está dentro de la masa celeste, que es el Universo y éste está lleno de ángeles que no podemos ver, porque Dios creó un Universo tan grande para que los ángeles pudieran disfrutar de él. Cecilia dice que no hay seguridad de que Dios exista porque nadie lo ha visto, pero Ángel le contesta que nadie ha visto nunca pensamiento y no por ello no existen. Dentro de cada hombre hay algo de Dios, porque Él nos hizo con agua y tierra y nos insufló su espíritu. Ariel le dice a Cecilia que hemos de estar contentos por haber dejado de ser el proyecto que éramos antes para convertirnos en realidad, por haber vivido y por haber podido contemplar la creación. Cecilia le dice a Ariel que preferiría haber sido un ángel para tener vida eterna y volar entre los asteroides, pero él le contesta que los ángeles no tienen vida eterna porque no están vivos. Ariel dice que es preferible haber vivido por poco tiempo pero por lo menos haber vivido y haber contemplado la creación, pero Cecilia no opina lo mismo.

También hablan sobre el porqué de que la tierra dé vueltas. Ariel dice que la tierra da vueltas para que todos los hombre de la Tierra puedan ver el espacio desde todos los ángulos y en todas las direcciones, y así puedan ver todas las estrellas y todo lo que hay fuera del planeta, y también para que todos los ángeles puedan ver toda la Tierra.

JUICIO CRÍTICO RAZONADO

En general este libro está bien y me ha gustado bastante, porque explica las cosas con sencillez, lo que hace que sea fácil de leer, a pesar de que algunos trozos, (especialmente en los que habla sobre la memoria, el cerebro, etc.), se hacen algo pesados. Pero hay algunas ideas con las que no estoy de acuerdo y además, no creo que una niña de esa edad sea capaz de hacer esas reflexiones filosóficas, por lo que hubiera sido mejor que el personaje principal fuera una persona adulta. No creo que una niña de alrededor de 9 años, por muy enferma que esté y mucho tiempo que tenga para reflexionar, sea consciente de que va a estar en el mundo por muy poco tiempo, y es que en las páginas 82 y 83, hablando de este tema, Cecilia dice: “Ojalá hubiera pensado más en cómo es vivir”, como diciendo que no ha aprovechado lo que lleva de vida y empieza a llorar. Y en las últimas páginas del libro, dice que preferiría haber sido un ángel porque es mejor “vivir” eternamente aunque no sientas nada que vivir sólo por un pequeño espacio de tiempo. Yo no comparto esta opinión porque no me gustaría “vivir” como los ángeles ya que aunque estén eternamente en la creación al no sentir nada se pierden muchas cosas agradables, y aunque también se evitan algunos dolores, merece la pena sufrir si también vas a tener cosas agradables, tiene que ser muy aburrido ser ángel porque sería como estar soñando todo el tiempo.

Otra cosa con la que no estoy de acuerdo es con la descripción que hace de los ángeles. Me parece bien que diga que no tienen sentido del gusto, del tacto y del olfato. Pero no estoy de acuerdo con que no tengan oído ni vista, además en el libro se contradice, o si no, ¿cómo puede ser que Ariel sólo sea capaz de escuchar sentimientos pero que oiga el despertador cuando suena? Y tampoco creo que sólo vean con el ojo interior y sólo vean presencia espiritual y no objetos físicos, porque sino, cuando suben con los esquís a la colina, Ariel no sería capaz de ver nada de lo que le enseña Cecilia, como el río o las casas, ni el árbol de Navidad, ni tampoco podría decirle a Cecilia que es muy bonita cuando duerme ni que se parece a una cantante noruega.

Por otra parte, Cecilia y Ariel dicen que cuando sueñas que estás en un sitio puedes decir que has estado allí, y yo no estoy de acuerdo con eso, ya que simplemente es un sueño, y al soñar se recuerdan las cosas que has pensado durante el día; el cerebro ordena todo lo que has pensado y hecho en ese día, pero al soñar con un lugar no es como si estuvieras allí porque simplemente lo estás recordando.

Tampoco me parece buena la idea de que hubiera tres sexos, Cecilia lo sugiere como solución ante la superpoblación, pero yo creo que en estos momentos el problema es el contrario, la despoblación, y si hubiera tres sexos cada vez habría menos gente en el mundo y la especie humana desaparecería.

La última cosa con la que no estoy de acuerdo es con lo que dice en las últimas páginas cuando le da distintos nombres al Universo y luego dice que a los niños huérfanos se les dan numerosos nombres. Diciendo esto está comparando al Universo con un niño huérfano, con algo que está abandonado en el vacío y no sabe hacia donde se dirige. Sería muy triste tener esta mentalidad, ya que sería pensar que caminamos sin rumbo fijo, que no ha existido un creador y que no hay nada ni nadie que guíe a las personas, y en el caso de que existiera un creador, ha dejado abandonada su creación.

Sí que estoy de acuerdo con lo que dice de la memoria y el olvido; que el cerebro es capaz de recordar las cosas después de mucho tiempo y de que hayan entrado muchos pensamientos nuevos, pero le falta decir que el cerebro hace una selección y recuerda unas cosas y otras no, y ante esto la persona no puede hacer nada, ya que no decide las cosas que quiere recordar y cuales olvidar. A veces la persona se olvida algo y lo recuerda con el tiempo, y otras veces no lo vuelve a recordar. Eso sí, con el tiempo se suelen recordar como mejores las buenas experiencias, y las malas no parecen ser tan malas como fueron.

En la página 122, Gaarder aprovecha para meterse con la ciencia por medio del ángel que dice que “los científicos creen que la naturaleza puede revelarse mediante microscopios y telescopios, y sólo creen en lo que se puede medir y pesar”. También dice que deberían utilizar un poco más su imaginación para ver al otro lado del espejo, ya que ajustándose simplemente a lo que pueden medir y pesar sólo consiguen ver su propio reflejo, y yo estoy de acuerdo con esta idea, porque hay muchas cosas que no se pueden ni medir, ni pesar, ni observar con un microscopio y no por ello son menos reales, así que los científicos no deberían basarse sólo en esto.

Toda la creación es un enigma, y para entender algo sobre ella hay que saber mirar al otro lado del espejo; el espejo simboliza a la frontera que separa el mundo de los seres humanos con el mundo de Dios y de los ángeles. A lo largo de la vida hay que pulir ese espejo para descubrir nuevas cosas sobre el otro lado, pero no hay que pulirlo del todo porque en ese caso dejaríamos de vernos a nosotros mismos.

Durante toda la obra está presente la desconfianza de los seres humanos representada por la desconfianza de la niña, que duda numerosas veces de si el ángel es realmente un ángel y de si va a cumplir o no su parte del trato, y en varias ocasiones el ángel amenaza con irse, lo que puede representar las cosas que pierden o que están a punto de perder los seres humanos por culpa de su desconfianza.

BIBLIOGRAFÍA

  • Bibliografía primaria:

  • GAARDER, Jostein, El Enigma y el Espejo, Madrid, Siruela, 1996

  • Bibliografía secundaria:

  • http://www.members.aol.com/wpwinter/nardland/gaarder.htm

  • GAARDER, Jostein, El Mundo de Sofía, Barcelona, Círculo de Lectores, 1995

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