El Medio es el masaje; Marshall McLuhan y Quentin Fiore

Comunicación. Mensaje. Proceso comunicativo. Palabra escrita. Aldea global. Medios

  • Enviado por: Jorge Luis Hernández Bujarrabal
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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Comentario a “El medio es el masaje, de Marshall McLuhan y Quentin Fiore

El texto del profesor McLuhan que ha sido analizado corresponde a una de sus obras más experimentales, no pudiendo hablar con propiedad de un “libro” tal y como es generalmente aceptado. Hemos llevado a cabo la lectura de El medio es el masaje. Un inventario de efectos, realizado con la colaboración de Quentin Fiore, afamado diagramador y dibujante norteamericano. Esta obra busca alcanzar la mayor coherencia posible entre las teorías defendidas por el profesor canadiense y la forma de comunicar éstas. De esta forma, puesto que McLuhan nos habla constantemente de los efectos de los nuevos medios de comunicación en la sociedad, opuestos al tradicional método de la imprenta éste libro juega con los aspectos gráficos de la palabra escrita. De esta forma, las palabras se retorcerán, estarán reflejadas o presentarán los más variados tamaños y repeticiones. Un referente obligado y en el cual hará especial hincapié McLuhan es el Finnegan's Wake de James Joyce, ya que la representación del lenguaje en esta obra es infinítamente más importante que el contenido que pueda tener. Con esta idea básica parten también las ideas del profesor canadiense, siendo de obligada mención la clásica afirmación de que “el medio es el mensaje” ya que incluso el mismo título de la obra comentada no es sino una pequeña perversión y juego de palabras de esta frase (en inglés mensaje es “message”, frente a masaje, “massage”). Con especial humor y sarcasmo, comprobamos cómo una de las primeras ilustraciones corresponde a una oreja ayudada por una mano en ademán de obtener una mejor escucha y bajo la fotografía encontramos una interrogación ¿el masaje?. Creemos firmemente que innumerables lectores de esta obra han sacado de ella conclusiones trascendentales o innovadoras teorías sociológicas y ni siquiera se han percatado de la pequeña broma que supone el título del libro. Al ver esto no podemos sino recordar la brillante aparición del profesor McLuhan en el film de Woody Allen Annie Hall y confirmar que ciertamente el medio es el mensaje.

McLuhan parte de una idea básica en este libro para confirmar sus teorías, y ésta es que los medios de comunicación no son sino una prolongación de los sentidos humanos. Esto lleva consigo que con cada adelanto tecnológico que se produce pueda hablarse también de una nueva forma de percepción de la realidad. Este hecho situado en una época de evolución tecnológica constante y desenfrenada lleva consigo el choque en las ideologías entre padres e hijos, pues en ese pequeño salto generacional la forma de ver y entender el mundo ha cambiado completamente. Este libro fue escrito en 1967 y obviamente hace referencia a las diferencias entre unos hijos criados bajo la tutela de la televisión y sus padres, carentes de ella y en contacto con el mundo gracias a la imprenta. No podía imaginarse McLuhan lo profético de sus teorías treinta años después, cuando incluso entre hermanos con algunos años de diferencia se ve el contraste entre el conocimiento y empleo de las nuevas tecnologías como Internet y la ignorancia de éstas. Un serio problema que plantea esta dependencia de las siempre cambiantes tecnologías en la formación de las personas puede encontrarse en la contraria dicotomía habida entre nuestro conocimiento y aprendizaje natural, los medios de comunicación, y la enseñanza academicista y tradicional, apegada a los cada vez más incomprensibles libros (haciendo con esto referencia al medio y no al contenido).

El segundo hecho fundamental expuesto en esta obra es la idea de aldea global, aparecida en muchos otros escritos de McLuhan. Se parte del hecho de que el individuo actual recibe un constante caudal de información de todo cuanto acontece en el mundo, y en la mayoría de los casos esta recepción no es puramente selectiva sino pasiva. Antiguamente, en el período de dominación del libro escrito el ser humano era mucho más individualista y escogía aquellos temas que le eran de interés a su persona, sin poseer ningún tipo de interés o identificación con la colectividad. Muchos años después los nuevos medios de comunicación nos avasallan con información acerca de todo cuanto acontece en el mundo, dirigiendo nuestro interés hacia determinados temas y mostrándonos la importancia que puedan éstos tener, independientemente de que acontezcan a miles de kilómetros. Es por ello que parecemos haber vuelto al período primitivo de las aldeas (si bien a una escala muy superior) en el que todo cuanto podía suceder entre los miembros de ésta afectaba y era conocido por todos. Fundamental para que pueda producirse este efecto en la sociedad es el hecho de que los nuevos medios actúan en tiempo real, esto es, tenemos conocimiento inmediato de todo cuanto pasa en el mundo. Si esta información se produjera a posteriori, existiría una mayor selectividad por parte del individuo a la hora de tener conocimiento de la realidad. Tomemos dos acontecimientos bélicos determinados, la denominada Guerra del Golfo Pérsico y el actual conflicto en Kósovo. En el mismo instante que ambos estallaron la sociedad mundial pudo hacerse eco de ellos gracias a la televisión y pasaron a convertirse en el principal tema de preocupación de esta aldea global. Nos da igual que estos conflictos puedan o no afectarnos directamente, los estamos padeciendo gracias a la televisión. Cada uno de nosotros es el dirigente máximo de la aldea y discute o busca soluciones a hechos que acontecen a miles de kilómetros y que desconoceríamos o que no nos interesarían si la televisión no nos los hubiera mostrado. Mayor hipocresía que el pueblo norteamericano, cuya sociedad media nada notablemente en la estulticia, pendiente de la cadena CNN veinticuatro horas al día para conocer cuanto ocurría en Kuwait o Serbia y ni siquiera pueden localizar esas regiones en un mapamundi.

Así, y pese a que McLuhan no lo exprese directamente, creemos reconocer un tono pesimista en su obra, con unos medios de comunicación que gobiernan fatalmente el destino de la humanidad, modelando su conciencia, cultura e incluso sensibilidad individual y sin que se pueda hacer nada para evitarlo. El profesor canadiense llegaría incluso a decir que “sólo cabe desconectar la electricidad si queremos recuperar el espíritu de antaño”, lo que nos lleva a descubrir otra de las ideas inherentes a la obra de McLuhan, la nostalgia por la cultura del libro, la antaño todopoderosa imprenta que nos hacía más libres, pues la información era entonces algo selectivo y al alcance sólo de aquellos a quienes pudiera realmente interesarles.