El Madrid literario

Siglo de Oro: corrales de comedia, mentideros. La Ilustración madrileña. Tertulias literarias del siglo XIX y XX

  • Enviado por: Jose Manuel Perez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas

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El barrio de los literatos se encuentra emplazado en la zona centro de Madrid, más concretamente formando el triángulo limitado por las calles de Atocha, Jesús de Medinaceli, la Carrera de San Jerónimo y la plaza de Jacinto Benavente. Situándose en el corazón del barrio las calles de Huertas y del Prado que destacan por ser más anchas y largas que las demás.

Físicamente el barrio posee manzanas de dos o tres plantas, con grandes huertas y patios interiores con espacios arbolados. Tan solo existen en el barrio tres plazas que son la de Antón Martín, la de Jacinto Benavente ( antes plazuelas de la Leña ) y la del Ángel. La arquitectura de los edificios era muy sencilla, fachada de ladrillo, puerta adintelada de piedra y balcones con barrotes de hierro. Existían también numerosos conventos y hospitales pero que desaparecieron en el siglo XIX gracias a las desamortizaciones de Mendizabal y cuyo lugar ocupan hoy en día edificios y plazas.

Lo más característico de los siglos XVII y XVIII fue la concentración en este barrio de la ciudad de Madrid de la mayor parte de las cosas que tuvieron que ver con literatos madrileños como Lope de Vega, Quevedo o Tirso de Molina que vivieron en este barrio. Pero también fue y es característico por sus corrales de Comedias, por los teatros situados en esta zona, por ser el lugar en el que se localizaba el Mentidero de los representantes de los diferentes artistas y empresarios teatrales y por sus tertulias en los cafés literarios ( que aparecerían posteriormente ) y porque allí se encontraba la imprenta que publicó el Quijote.

El siglo XVII fue el siglo de Oro de las artes y las letras españolas, toda la vida artística y literaria se centra en la Corte. Allí vivieron numerosos autores, unos desde su nacimiento( Lope, Quevedo, Calderón o Tirso de Molina ) , y otros venidos de fuera ( Góngora, Baltasar Gracián o Ruiz de Alarcón ). Todos ellos estuvieron estrechamente ligados al barrio de las Musas de una forma u otra. Bien participando en los certámenes literarios llamados academias bien representando obras en los teatros y corrales de Comedias bien formando parte de los Mentideros de Representantes.

De la vida en el barrio escribieron todos estos autores versos en sus obras teatrales como se puede ver en el siguiente de Pedro Calderón de la Barca:

Por la mañana estaré

en la iglesia a que acudís;

por la tarde, si salís

en la Carrera os veré;

al anochecer iré

al Prado, al coche arrimado;

luego en la calle embozado:

ved si advierte bien mi amor

horas de calle Mayor

misa, reja, coche y Prado.

El teatro será el género más famoso de nuestra literatura del siglo de Oro ya que despertaba gran pasión en toda la sociedad, desde la nobleza hasta el pueblo llano. Su representación se llevaba a cabo en locales fijos y al aire libre. Algunos de esos lugares llegaron a ser palacios de nobles, conventos, calles e incluso el Alcázar Real. A finales del siglo XVI aparecen los primeros corrales de comedias donde se llevarán a cabo multitud de obras teatrales. Los corrales eran patios al descubierto donde, en una de las cabeceras se situaba el escenario y en el otro se ubicaba a las mujeres. Tenía asientos en el patio para la gente de condición más humilde y un espacio para que, los que no pudieran pagar por el asiento, tuvieran la posibilidad de verlo de pie ( a estos se les llamaba mosqueteros y su opinión contaba mucho para el autor y para el resto del público, por ello se temían considerablemente los silbidos de éstos )A los lados, en los pisos superiores, se encontraban los anfiteatros donde se solían sentar los nobles. Este ambiente dentro del corral ha sido perfectamente retratado por todos los autores de la época, como en esta jácara escrita por Luis Quiñones de Benavente:

En el corral de comedias

lloviendo a la puerta están mojadas

mojadas y más mojadas

por colarse sin pagar.

Estos corrales eran explotados por las Cofradías de la Soledad y de la Pasión que arrendaban a los empresarios los “ locales “. Las horas que duraba el espectáculo eran cuatro o cinco, con entremeses, farsas breves, entre actos y piezas pequeñas, que se escenificaban antes o después de la obra principal. Este teatro de la época tenía un marcado tono crítico y sarcástico. Quedaban dentro de la ironía y de la sátira todos los grupos, sectores e individuos sociales menos la Corona y la Iglesia aunque no aquellos que pertenecían a éstas que podían perfectamente ser satirizados.

Los corrales más famosos de Madrid y que se encuentran en el barrio que nos ocupa fueron los situados en las calles del Príncipe y de la Cruz. Este último, el corral de la Cruz, estaba situado en la confluencia de las calles de la Cruz y Núñez de Arce. Era el preferido por el rey Felipe IV y por su primera esposa y fue el lugar en el que más le gustaba representar sus obras a Lope de Vega. El corral del Príncipe estaba situado en el solar que hoy ocupa el teatro Español en la plaza de Santa Ana y fue explotado por la Hermandad de la Pasión. Era éste el preferido por la mayor parte de los autores de la época.

Cada estreno o reposición de una obra famosa congregaba al pueblo y la corte, teniéndolos en suspenso, admirados, las casi tres horas que duraba cada representación. Afirma Pérez-Reverte en su libro “ El capitán Alatriste “ que “ las entradas al corral eran un hervidero de comerciantes, artesanos, pajes, estudiantes, clérigos, escribanos, soldados, lacayos, escuderos, y rufianes....”.

También existía dentro del barrio de Las Musas el Mentidero de Representantes. Eran los mentideros lugares espacios públicos, donde acudía la multitud, formando grupos o corros “donde se pasaba revista a lo divino y humano “. Existieron en este siglo tres : el de Losas de Palacio, en la Plaza de delante del Alcázar y a donde iba la gente que esperaba ser recibido o por lo menos atendida por la Corona. El de la Puerta del Sol, el de San Felipe donde estaban además los prestamistas y comerciantes; y al que se refirió Cervantes en su Viaje al Parnaso:

Adiós, de San Felipe el gran paseo

donde si baja el turco o sube el galgo,

como en gaceta de Venecia leo.

Y el Mentidero de Representantes que se encontraba dentro del barrio de los literatos, más concretamente en una plazuela de la calle del León.

En el siglo XVIII se van a producir en Europa grandes cambios políticos, sociales y culturales y esto va a repercutir en transformaciones importantes en la ciudad.

En el ámbito literario se produjeron cambios que irían llevando a los autores progresivamente hacia el Romanticismo. Estos autores neoclásicos, y muchos otros, se reunían periódicamente en la Fonda de San Sebastián donde se trataban temas como el teatro, los toros y el amor. Algunos de los personajes que por allí pasaron fueron, entre otros, Nicolás Fernández de Moratín, Jovellanos, Cadalso, Meléndez Valdés, Iriarte, P. de Ayala.

Los teatros siguen gozando de gran aceptación dentro de la población madrileña, apareciendo alguno nuevo aparte de los de la Cruz y del Príncipe como el de los Caños del Peral. El teatro de la Cruz fue escenario de representaciones tan importantes como “ El sí de las niñas “ de Leandro Fernández de Moratín o sainetes de Don Ramón de la Cruz. El teatro del Príncipe sería el lugar preferido por muchos autores de este siglo, destacando obras como “ La Raquel “ de Vicente García de la Huerta o “ La comedia nueva “ de Leandro Fernández de Moratín.

En el siglo XIX estos teatros continuaron con la importancia que habían tenido en los siglos anteriores. Así, en el teatro de la cruz se representaron obras de valor incalculable para nuestra literatura como son la ópera “ El barbero de Sevilla “ dirigida por Rossini, “ La Conjuración de Venecia “ de Martínez de la Rosa o “ Don Juan Tenorio “ de José Zorrilla. En 1859 terminó por derribarse este histórico teatro. El teatro del Príncipe quedó destruido en a principios de este siglo aunque se recuperó a mediados con obras del romanticismo como “ Don Álvaro y la fuerza del Sino “, del Duque de Rivas, “ El Abuelo “ de Galdós; y ya dentro del siglo XX, algunas obras como “ Historia de una escalera “ de Buero Vallejo o “ Yerma “ de García Lorca.

A finales del siglo XIX y principios del XX aparecen nuevos teatros como el de la Comedia en el que se estrenaron obras de Galdós, Dicenta, Jacinto Benavente y de los hermanos Álvarez Quintero ; y el teatro Reina Victoria.

En estos siglos cobrarán gran importancia dentro del mundillo literario que se movía y se mueve por el barrio las tertulias literarias en los distintos cafés que existen por la zona. En ellos se podía ver a autores tan importantes como Zorrilla, Espronceda, Echegaray o D. Jacinto Benavente. En estas tertulias, al contrario que en las de los siglos anteriores, podían participar todo tipo de personas aunque no pertenecieran a la elite del momento, tan solo necesitaban el afán por saber y tener algo que decir.

El primer café histórico se encontraba en los bajos del teatro Español y fue el lugar en el que nació la tertulia de “ El Parnasillo “ en la que participaron personajes tan distinguidos dentro del mundo literario como lo fueron Larra, Espronceda, Bretón de los Herreros y Ventura de la Vega. En otros cafés las tertulias estaban más enfocadas a temas políticos. Algunos de estos cafés fueron, por ejemplo, el café Lorencini, San Sebastián, La Cruz de Malta y la Fontana de Oro. Otros cafés que tuvieron relevancia en la vida artística del momento estaban ( y están ) situados en su mayoría en la calle del Prado. Entre otros cabe citar el Sólito, el de Venecia, el Dorado, el Iberia, el del Prado al que acudían personajes como Ramón y Cajal y Menéndez Pelayo; el café Pombo al que asistía D. Ramón Gómez de la Serna; El Suizo donde se pudo ver a Baroja, Cajal y Lagartijo; y El Gato Negro donde tenía su tertulia D. Jacinto Benavente. Cabe destacar de entre todos estos cafés, el Ateneo cuyo lema fue: “ la formación de una sociedad patriótica y literaria para la comunicación de ideas, el cultivo de las letras y de las artes, el estudio de las ciencias exactas, morales y políticas y contribuir, en cuanto esté a su alcance, a propagar las luces entre los ciudadanos “. Algunos de los autores que pasaron por allí fueron Lagasca, Martínez de la Rosa o Alcalá Galiano en el primer Ateneo y posteriormente otros como el Duque de Rivas, Bretón de los Herreros, Ventura de la Vega, Espronceda, Martínez de la Rosa y Mesonero Romanos.

A este café hace referencia, entre otros, Gonzalo Torrente Ballester en “ Filomeno, a mi pesar, en el que el personaje del libro nos describe el lugar: “ Al Ateneo íbamos por las tardes y nos quedábamos de mirones ( o de malditos ), junto a cualquiera de los personajes, más o menos brillantes, que ponían cátedra en cualquier rincón donde pudieran apoltronarse: bien de política, bien de literatura, bien de temas generales, que eran los que abundaban.....”(...) “ A veces se armaban discusiones gordas, o se iniciaban movimientos de protesta política que se prolongaban en la calle...”

De Mesonero Romanos recojo una cita de su libro “ Manual de Madrid “ ( Madrid, 1843 ) en la que habla del barrio: “....en el Prado luce la sociedad elegante, los brillantes trenes y la esmerada compostura; la multitud, esparciéndose fuera de las puertas, busca los paseos adecuados a sus gustos. Todos permanecen en ellos hasta que la noche se acerca; y mientras que unos se retiran a sus modestas habitaciones a asentarse en sus puertas y cantar al son de su guitarra o la de los músicos ciegos, otros pueblan los cafés y los billares. Las tertulias o pequeñas reuniones de confianza ofrecen entre tanto su sencilla franqueza, y los teatros, liceos y casinos, el punto de reunión de las gentes de buen tono. La multitud va disminuyendo en las calles; los barrios apartados permanecen solitarios y sólo los del centro ofrecen todavía vida hasta después de cerrados los teatros. La mayor parte vuelve a sus casas a disfrutar del reposo; pero otra parte prolonga la vida que hurtaron al día, ostentando en tertulias elegantes sus estudiados adornos, o arruinándose en juegos reprobados; sus coches hacen retemblar las pacíficas calles, y va disminuyendo su número hasta que ya a las dos de la mañana se oye sólo la voz del vigilante sereno, que canta la hora y avisa al desvelado las que aún le faltan que penar. Los cantos de las aves precursoras del día suceden a aquel silencio, y el cuadro anterior vuelve a comenzar.”

Analizando calle por calle las existentes dentro del barrio podemos encontrar las siguientes calles dedicadas a grandes autores de la literatura madrileña o a personajes relacionados con el barrio:

En primer lugar es menester situar a Miguel de Cervantes Saavedra. ( Calle de Cervantes ) Lo cierto es que la Corregidura madrileña no tuvo un gran acierto al adjudicarle a Cervantes una calle en la villa ya que, como se dice, si a tal señor, tal honor, pudo buscarse una avenida más amplia para homenajear a uno de los más grandes de la literatura mundial.

Nació en Alcalá de Henares el año 1547, hijo de un cirujano. Siguiendo a la Corte, la familia se trasladó a Valladolid, primero, y a Madrid, después. Tras una breve estancia en Sevilla, de nuevo vuelve a Madrid por poco tiempo porque ingresa como soldado en una de las compañías del ejército y se marcha a Italia como ya he nombrado antes en la cita de este autor.

En segundo lugar no puedo situar a otro que no sea a Félix Lope de Vega Carpio ( Calle de Lope de Vega ). Nació en Madrid en el año 1562. Éste autor constituye junto a Cervantes la pareja más importante de las letras españolas de todos los tiempos. Fue definido como el Félix de los ingenios españoles. Su facilidad y su velocidad al versificar constituyen seguramente un caso único en la historia de la literatura española. Merecía, desde luego, una calle en Madrid y especialmente en esta zona, pero algo mejor de la que tiene en la actualidad.

También cabe destacar a otros dos autores madrileños de probadísima importancia en la literatura española y que poseen también una calle en el barrio de los literatos. Estos son: Nicolás Fernández de Moratín y su hijo, Leandro Fernández de Moratín ( Calle de Moratines ). El primero no fue hombre de éxito y sí de dolor, de desengaños y de fracasos, pese a su excelente mérito y a su mucho tesón. Todo lo contrario que su hijo Leandro al que se considera el restaurador del teatro español. Aún así fue víctima de Fernando VII y tuvo que emigrar y sufrir calamidades. El padre -Nicolás- murió en Madrid en 1780. El hijo -Leandro- murió en París en 1828.

Otro autor de enorme relevancia dentro de la vida del barrio fue Jacinto Benavente ( Plaza de Jacinto Benavente ). Nació en el número 27 de la calle del León donde existe en la actualidad una placa que lo conmemora con las siguientes palabras:

EN ESTA CASA NACIÓ

EL 12 DE AGOSTO DE 1866

EL AUTOR TEATRAL

JACINTO BENAVENTE

PREMIO NOBEL

DE LITERATURA.

De él afirma Fernando Lázaro Carreter que asistía a ensayos y se refugiaba en tertulias literarias. Especialmente en el Café Madrid a la que asistían Valle Inclán, Rubén Darío, Martínez Sierra, Ricardo Baroja y otros ingenios. Después se peleó con Valle, y formó peña aparte en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo. “ El autor teatral comprendió que había vendido un poco -tres cuartos- su alma al diablo y ya forma tertulia aparte de aquellos literatos puros que desprecian el éxito y sólo aman lo problemático “ comentó Gómez de la Serna, que no perdonó a Benavente, desde su pureza literaria, esta cesión de su talento a un arte que es, además negocio.

En la Calle del León, antiguo Mentidero, dicen que se estableció un indio que poseía un león y que lo exhibía por dos maravedís. Entonces no hacía falta que los leones estuvieran amaestrados para que constituyeran espectáculo. La sola presencia de la fiera atraía a miles de madrileños y el indio se hizo rico sin salir de la villa sólo con exhibir al león. De esto tomó el nombre la calle, campillo del León, huertos del León, calle del León. Parece ser que comenzaron a levantarse casas particulares mediado el siglo XVIII.

También tuvo gran relevancia en la vida literaria del barrio Francisco de Quevedo( Calle de Quevedo ). Nació en 1580 y murió en 1645. Su facilidad para escribir versos le lleva al primer plano de la actualidad madrileña. Pronto se ve su particular inclinación hacia lo satírico. Posee una especial inspiración para la letrilla burlesca, intencionada. Se opuso al Conde Duque de Olivares como puede verse en multitud de versos escritos por Quevedo y es por ello por lo que fue encarcelado en el calabozo de San Marcos en León.

Una de las calles más interesantes para la historia del Madrid antiguo es la Calle del Príncipe. Abundan las teorías sobre su origen : para Mesonero Romanos, se debe a Felipe II cuando era éste príncipe. Para Capmani, se dio el nombre a la calle para celebrar el nombre de otro príncipe, Felipe, futuro Felipe IV. Otros estudiosos aseguran que la calle fue dedicada a Muley Xeque, príncipe de Fez y de Marruecos, conocido como el Príncipe Negro.

En esta calle vivió Cervantes y en ella estuvo el famoso corral de comedias de Madrid, el que con el tiempo sería teatro del Príncipe. Una antigua ficha dice al referirse al número dos de la calle del Príncipe : “ Es el colegio de comedias que llaman del Príncipe “. En 1875 se inauguró en esta calle otro teatro, el de la Comedia, bajo la dirección del arquitecto Villajos. Calle de viejos cafés, de célebres pañerías y comercios de artesanía.

En cuanto a la Calle de las Huertas no hay mucha coincidencia entre las diversas leyendas o historias que tratan acerca del origen de esta calle. Mientras que unos autores aseguran que se debe a que era aquí donde estaban las huertas del convento de San Jerónimo, otros dicen que las huertas existían, pero que no eran propiedad de los frailes, sino del marqués de Castañeda. Es posible que ambos tengan razón y que fuera del marqués primero y de los frailes después. Sí que existen dos cosas en las que parece ser que todos los autores coinciden, la primera es que por esa calle se reunían en el siglo XVII y comienzos del XVIII numerosos maleantes. La otra historia dice que existió durante algún tiempo un huerto que se llamó de los descabezados, por haberse encontrado en él varios muertos sin cabeza. Esto dificultó considerablemente a los propietarios de huertas que no conseguían vender por miedo de los compradores a encontrar algo parecido.

No puede quedar fuera, por supuesto el mencionar a José de Echegaray, el cual también posee una calle en este barrio ( Calle de Echegaray ). Nació en Murcia en 1833 y fue gran matemático y gran escritor teatral; político, académico y primer Premio Nobel español. Destacó en su tiempo por sus controversias con Jacinto Benavente que se declaró desde un principio antiechegarayesco.

Pero la leyenda de esta calle reside en su nombre primitivo, Calle del Lobo. La tradición dice que en los tiempos en los que la calle apenas era calle porque apenas había en ella casas, vivía por allí un célebre cazador, bastante mísero, que tenía a la puerta de su vivienda la piel de un lobo rellena de paja, de manera que la primera impresión de aquello era la de un lobo de verdad, de donde tomó el nombre la calle. Aún así, un acuerdo municipal del 18 de enero de 1888 determinó que la calle del Lobo pasase a llamarse de Echegaray.

Otro autor de sobrada importancia dentro de la vida literaria del barrio con calle en el mismo fue Ventura de la Vega ( Calle de Ventura de la Vega ). Nació en 1807 en Buenos Aires. A los once años es enviado a estudiar a Madrid, donde empieza a aficionarse a la literatura, escribiendo mucho y estudiando poco. Fue poeta, literato, latino, joven, culto, enamorado y conspirador lo que le hace el perfecto romántico del siglo XIX.

Su actividad literaria y su particular gracejo le hacen pronto imprescindible en las tertulias madrileñas. Es académico a los treinta y cinco años y maestro de literatura de la reina Isabel II a los cuarenta. En 1854 es nombrado director del teatro Español. Dos años más tarde es designado director del Conservatorio nacional de Música y Declamación. Murió en 1865.

Otro autor no nacido en Madrid pero importante en la literatura de su tiempo fue Gaspar Núñez de Arce ( Calle de Núñez de Arce ). Nació en Valladolid donde desde pequeño mostró dotes para la escritura. Va a Madrid en busca de fortuna y allí, su ímpetu revolucionario, le llevará a la cárcel. Llegó a ser corresponsal de prensa en la guerra de África . Posteriormente ingresó en la Academia Española y se convierte en el gobernador del Banco Hipotecario. Muere en Madrid en 1900.

Otra pequeña calle a la que hay que hacer referencia es la de Álvarez Gato ( Calle del Gato ó “ callejón del gato “ ). El origen de esta calle puede estar relacionado con dos historias o leyendas:

La primera historia o leyenda, más novelesca, afirma que en esta calle estuvo hace muchos años un coto de caza, donde se cogió un gran gato montés con cuya piel se hicieron unas botas para el Gran Capitán, regaladas por el Cardenal Cisneros.

Para la confección de estas botas se tomó el modelo de las que había usado Carlomagno. Parece ser que el inconveniente de las botas estaba en que, como eran de piel de gato, despedían cierto tufillo, imperceptible al olfato humano, pero absolutamente perceptible para los felinos, y a ellas acudían cada noche todos los gatos, que se colocaban en la antesala del Gran Capitán a hacer eso que se dio en llamar “ aguas menores “, con lo que el ligero tufillo se convirtió poco a poco en un olor insoportable.

Cuando el Gran Capitán vestía sus botas, todos los gatos de la vecindad se iban tras él, lo que le restaba no poco de su marcial apostura, por lo que las regaló a su ayuda de cámara, y como esto no agradó al cardenal Cisneros, por poco no se organizó un conflicto de Estado a causa de las célebres botas de la piel de gato.

La segunda historia afirma que el nombre de la calle se debe a Juan Álvarez Gato como ya he apuntado antes. Éste fue mayordomo de Isabel la Católica y la calle recibiría su nombre porque en ella se encontraba su vivienda.

Esta calle, además, es famosa porque fue retratada en la famosa novela de Don Ramón María del Valle - Inclán, “ Luces de Bohemia “. En ella se usa esta calle y los espejos de un café de la misma ( Café Colón )para explicar el tan representativo esperpento valleinclanesco. Así pues recojo unas frases que lo demuestran: “ Un café que prolongan empañados espejos. Mesas de mármol. Divanes rojos. El mostrador en el fondo, y detrás un vejete rubiales, destacando el busto sobre la diversa botillería. El Café tiene piano y violín. Las sombras y la música flotan en el vaho de humo, y en el lívido temblor de los arcos voltaicos. Los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco. En su fondo, con una geometría absurda, extravaga el Café. El compás canalla de la música, las luces en el fondo de los espejos, el vaho de humo penetrado del temblor de los arcos voltaicos cifran su diversidad en una sola expresión. Entran extraños, y son de repente transfigurados en aquel triple ritmo”. Y en otras en las que hace referencia específicamente a la calle: “ Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del gato ”. Explicando el esperpento con las palabras: “ Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada “. Y para finalizar las frases que lo relacionan todo con esta calle: “ Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato “ y “ Nos mudaremos al callejón del Gato “.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “ Madrid Literario “. Recorridos didácticos por Madrid. Fundación Caja de Madrid. Ediciones la Librería.

  • “ Historia Breve de Madrid “. Fidel Revilla, Ramón Hidalgo, Rosalía Ramos. Ediciones la Librería. 1994.

  • “ Filomeno, a mi pesar “. Gonzalo Torrente Ballester. Edit. Planeta. 1988.

  • “ El Capitán Alatriste “. Arturo y Carlota Pérez -Reverte. Edit. Alfaguara. 1996.

  • Prólogo de Fernando Lázaro Carreter a “ Los intereses creados” de Jacinto Benavente. Edit. Cátedra. 1993.

  • “ Literatura y vida en Madrid “. José Montero Padilla. Edit. Rubiños - 1860. 1999.

  • “ Los nombres de las calles de Madrid “. Federico Bravo Morata. Edit. Fenicia. 1970. Dos tomos.

  • “ Luces de Bohemia. Esperpento “. Ramón del Valle - Inclán. Edición Alonso Zamora Vicente. Colección Austral. Edit. Espasa Calpe. Madrid, 1924.

EL BARRIO

DE LAS MUSAS

O

DE LOS LITERATOS

El Madrid literario

JOSE MANUEL PÉREZ CRUZ

3º EDUCACIÓN FÍSICA M1

LITERATURA MADRILEÑA