El extranjero; Albert Camus

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa. Novela existencialista. Existencialismo. El absurdo

  • Enviado por: Mónica Dasilva
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 6 páginas
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UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA, PLANTEL GOLFO CENTRO.

MODELOS LITERARIOS EUROPEOS DEL SIGLO XX

TERCER SEMESTRE DE COMUNICACIÓN.

TEMA: EXISTENCIA ABSURDA EN “EL EXTRANJERO” DE ALBERT CAMUS.

NOVIEMBRE, 1999.

A un discípulo al que, literalmente le aterraba la mera posibilidad de cometer errores, le dijo el Maestro: “Los que no cometen errores cometen el mayor error de todos: el de no intentar nada nuevo”.

He aquí una lista de los sinónimos de la palabra absurdo: desatinado, descabellado, incoherente, irracional, extravagante, necio, inepto, insensato, ridículo, ilógico, disparatado, etc. Al hablar de la existencia absurda del señor Meaursault me parece que todos los adjetivos concuerdan con su presencia en el mundo y con la huella que deja en las personas. Brevemente, trataré de exponer los principales puntos por las que la vida del señor Meaursault me parece absurda y me llena de coraje y tristeza.

Durante la novela, el señor Meaursault se enfrenta aproximadamente con 7 situaciones fuertes de la vida, las que simplemente le parecían “indiferentes” o “sin importancia”; y yo digo: ¿qué ser humano ante la muerte de una madre, la proposición de un amor, una amistad, al encontrarle el gusto a la vida o hasta en el juicio contra su propia vida puede ser indiferente? Estas reacciones primero me dieron risa, pero más tarde me llenaron de desesperación. Al principio me resistí a la idea, pero luego comprendí que esta gente sí existe y que cada día, dentro de muchos detalles, nos estamos volviendo así... EGOÍSTAS. Esa es la palabra exacta que describe la personalidad del señor Meaursault. Sólo pensaba -aunque fuera inconscientemente- en su bienestar, en su futuro, en sus consecuencias... los demás no merecían su atención, carecían de importancia para él, mientras no le estorbaran.

Otros ejemplos de indiferencia ante la vida: su propia muerte, al decir que “no había cosa más importante que una ejecución capital, que era aún la única cosa realmente interesante para un hombre” , el recuerdo de María, “muerta, no me interesaba más”, la religión, “Dios es una cuestión sin importancia” etc.

Otra cuestión es la falta de opinión propia. “Yo no opinaba nada, pero me parecía interesante”. El señor Meaursault difícilmente manifestaba su pensamiento a favor o en contra de alguna cosa. Todo le daba igual. Siempre he pensado que las personas debemos de cuidar qué, cómo y en dónde decimos las cosas, pero la gente que se abstiene de decir las cosas por miedo a las reacciones de los demás o aun peor, porque ni siquiera tiene un pensamiento definido hacia algo y todo le da igual, son las que más me llenan de rabia, pues creen que los demás son MÁS que ellos y por eso tienen miedo a ser juzgados por como piensen o actúen. “Hay una cosa que ni siquiera el mismo Dios puede hacer”, le dijo el Maestro a un discípulo al que le aterraba la mera posibilidad de ofender a alguien. ¿Y cuál es? “Agradar a todo el mundo” dijo el Maestro. Además, cuando le ofrecen un trabajo nuevo en París, él responde que no desea cambiar de vida, que así se siente bien. Eso refleja, aparte de ser un hombre sin ambiciones, que el señor Meaursault le tenía miedo al cambio, muy en el fondo de sí mismo.

El tercer punto trata del costumbrismo del señor Meaursault. Frases como “así son todos los días”, “hace 8 años que ocurre lo mismo”, “se queda siempre ahí”, “no tenía nada que hacer”, “uno acaba por acostumbrarse a todo”, “nada ha cambiado”, etc. lo muestran claramente. Bien dicen que a todo se acostumbra uno, menos al no comer, pero el solo hecho de acostumbrarse a las cosas, sin luchar por un cambio, por algo nuevo, siempre recae en la monotonía, en la rutina. Hace que la vida se convierta sólo en recibir y resignarse a lo que pasa es algo que no permite vivir plenamente, que hace de la persona un parásito, como el señor Meaursault, que deambulaba solo en su departamento un día entero observando a los demás sin hacer nada por sí solo, fumando y comiendo, o que todos los días de su trabajo eran exactamente iguales. Otro signo de costumbrismo se presenta cuando no le importa estar en la cárcel, pues piensa que lo único difícil es acostumbrarse a matar el tiempo (justo como en su casa en su día de descanso).

También cabe mencionar que el señor Meaursault tiene un problema de insensibilidad, probablemente consecuencia de todo lo antes mencionado. Hasta él mismo reconoce que “las necesidades físicas alteraban a menudo sus sentimientos” Por ejemplo, por el calor mató al árabe y no se concentraba en las palabras de su juicio. Sólo dos sentimientos se presentan claramente en la novela: cuando, en su juicio, quiso llorar, “porque sentí cuanto me detestaba toda esta gente” y otro es el miedo, cuando está en su celda esperando su ejecución. Pero por lo demás, en ninguna ocasión presentó emociones y/o sentimientos distintos a estos y hasta llega a llamar a algún supuesto indulto una “alegría insensata”.

No muestra seña alguna de arrepentimiento, en vez de mostrarla, se siente aburrido por todo su proceso. Parece que su insensibilidad es el crimen principal, pues se le acusa indirectamente de matar moralmente a su madre, por falta de atención y cuidados.

Sólo en el final, comencé a ver reacciones humanas en el señor Meaursault, por ejemplo, cuando estaba furioso y tomó al capellán por el cuello. Me parece que le pesaban la presencia y las palabras del capellán, porque lo enfrentaba con él mismo, con su verdadero yo, y eso a todos nos molesta, porque nos hace darnos cuenta de lo que no queremos ver.

En conclusión, el señor Meaursault es una persona muy egoísta, que no arriesga ni desea ningún compromiso. Nada le importaba realmente. Si tenía sentimientos, no los expresa en absoluto, solo “pasa” la vida, el día a día, sin realmente vivirla. En cuanto le hartaba algo, lo dejaba sin importarle sus consecuencias. Vivía de acostumbrarse a las cosas, y por supuesto no se apasiona con nada. Es un ser frío que no tiene preferencia alguna; no ama, no siente, no teme, no se alegra.

Su existencia absurda es simplemente...apatía.

BIBLIOGRAFÍA.

Camus, Albert.

EL EXTRANJERO

Ed. Alianza.

México, 1997.

De Mello, Anthony.

UN MINUTO PARA EL ABSURDO.

Ed. Sal Terrae.

España, 1993.

De Mello, Anthony UN MINUTO PARA EL ABSURDO. Ed. Sal Terrae. España, 1993. Página 30.

Camus, Albert. EL EXTRANJERO. Ed. Alianza. México, 1997. Página 128

Ibid, página 134.

Ibid, página 135.

Ibid, página 40.

De Mello, Anthony. UN MINUTO PARA EL ABSURDO. Ed. Sal Terrae. España, 1993. Página 275.

Camus, Albert. EL EXTRANJERO. Ed. Alianza. México, 1997. Página 75.

Ibid, página 104.

Ibid, página 133.