El diario de Ana Frank; Anneliesse Marie Frank

Literatura Universal Contemporánea. Siglo XX. Narrativa. Novela autobiográfica. Niña judía alemana. Nazismo. Segunda Guerra Mundial. Campos de concentración alemanes

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MONOGRAFÍA: EL DIARIO DE ANA FRANK

INTRODUCCIÓN

Ana Frank era una de cientos de miles de niños judíos que murieron en el Holocausto. Nació en Frankfurt, Alemania en 1929, y huyó con su familia a Holanda después de la toma del poder por los nazis en 1933.

Los alemanes ocuparon Ámsterdam en mayo de 1940. En julio de 1942, cuando Alemania empezó la deportación de los judíos de Holanda a los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau y Sobibor en la Polonia ocupada, Ana y su familia se escondieron con cuatro personas más, todos judíos. Por dos años, vivieron en un desván secreto atrás de la oficina de un negocio en la calle Prinsengracht No. 263. Amigos de la familia contrabandeaban comida y ropa para ellos, con gran riesgo a sus propias vidas. El 4 de agosto de 1944, la Gestapo (policía secreta estatal de los nazis), que había recibido la información de los vecinos holandeses, descubrió el escondite de Los Frank.

Los Frank fueron arrestados por la Gestapo y enviados al campo provisional de Westerbork. De allí, en septiembre de 1944, los nazis deportaron a los Frank y a los otros cuatro arrestados, a Auschwitz-Birkenau. En diciembre de 1944, Ana y su hermana Margot fueron transferidas al campo de concentración de Bergen-Belsen cerca de Celle, en el norte de Alemania. Murieron de tifus en marzo de 1945, un mes antes de la liberación del campo. La madre de Ana fue asesinada en Auschwitz. Solo el padre de Ana, Otto, sobrevivió la guerra. Las fuerzas soviéticas liberaron a Otto en Auschwitz en enero de 1945.

Mientras estuvo escondida, Ana mantuvo un diario en el cual anotaba sus miedos, esperanzas, y experiencias. Encontrado en el desván secreto después que la familia fue arrestada, el diario fue guardado para Ana por una de las personas que ayudó a esconder a los Frank. A la hora de hablar de este diario, comienza a surgir debates sobre la autenticidad de la obra.

Todo comienza cuando Otto Frank reeditó el diario de Ana y quiso publicarlo pero fue rechazado por varias empresas editoras.  El diario sufrió varias modificaciones, arreglado y corregido, antes de que fuera aceptado en 1947 por una editora holandesa.  Fue traducido al alemán, francés e inglés e impreso en EEUU.  En los años 50, aparecieron muchas publicaciones donde se manifestaba que el Diario de Ana Frank, era un fraude.  Pese a las presiones.  Hasta antes de morir, Otto Frank se negó a que el diario fuera analizado científicamente, pero lo donó al Instituto de Documentación de Guerra de Holanda.  Hubo muchas controversias relacionadas con la autenticidad del diario y el instituto se vio obligado a iniciar un peritaje para determinar la autenticidad de las páginas, el papel, la tinta, la goma, llegando a la conclusión de que el diario era auténtico, escrito por una misma persona y que las adulteraciones y cambios eran mínimos.

Muchos otros autores, como David Irving, Robert Faurisson, ex profesor de la Universidad de Lyon y Ditlieb Felderer un estudioso sueco han publicado muchos escritos demostrando que el Diario de Ana Frank es falso.  Ditlieb Felderer publicó un libro llamado "Anne Frank's Diary, a Hoax" (El Diario de Ana Frank, una farsa).  Sobre este libro, Enrique Aynat Eknes publica en la revista española "Revisión" un artículo donde trata de demostrar también que el famoso diario es falso.  Las evidencias mostradas, entre otras, eran, que parte del diario está escrito con bolígrafo, invento de 1951.  La perito calígrafa Minna Becker, dictaminó en 1960, que el escrito pertenecía a una sola persona y que el agregado con bolígrafo eran de un mismo puño y letra.  David Irving demuestra que la escritura de la niña de 13 años, Ana Frank, difiere de la que existe en el diario.

Todos estos hechos no son de nuestro interés ya que lo que más nos importa, es ver a través de los relatos de una niña de 13 años, cómo los judíos son discriminados, perseguidos y condenados, por pertenecer a una religión diferente. Pero a pesar de eso, se podría decir que Ana es muy admirable porque toda vía tiene esperanzas en que todo va a cambiar y va a llegar el tiempo en el cual saldrán de allá y seguirá con su vida normal.

Capítulo I: DISCRIMINACIÓN Y PERSECUCIÓN

El pueblo Alemán, en su afán de depurar la raza aria y no permitir la mezcla con otras etnias, fue alejando del sistema económico, político y social a las personas de raza y religión diferente. Fueron despojados de sus bienes, se vieron obligados a vivir encerrados, no se les permitía concurrir a lugares públicos, utilizar servicios, a ejercer su cultura.

Ya desde los comienzos de la obra, se puede apreciar la manera en que las leyes sancionadas por el Tercer Reich afectan al pueblo judío. Estos fueron obligados a llevar una estrella, a ceder sus bicicletas. Se les prohibió subir a un tren, conducir un coche. Se los obligó a hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero de “negocio judío”, y sólo de quince a diecisiete horas. Prohibición de salir después de loas ocho de la noche, ni siquiera a sus jardines, o aún de permanecer en casa de sus amigos, así como concurrir a teatros, cines y otros lugares de esparcimiento. Prohibición de ejercitarse en todo deporte público, el acceso a la piscina, a las pistas de tenis y de jockey o a otros lugares de entrenamiento. Se les prohibió frecuentar a los cristianos, obligándolos a concurrir a escuelas judías, y muchas otras restricciones semejantes.

Particularmente, en el caso de Ana, se ve claramente reflejada la cruel realidad de estas personas. Ella tuvo que abandonar la Escuela Montessori, a la cual asistía desde el jardín de infantes. En sexto “B” fue su maestra la directora Kamp, que al terminar el año tuvo que despedirse de ella. En 1941, su hermana Margot y ella entraron en el Liceo Judío.

El hecho de que los judíos, desde un principio, sean discriminados, prohibiéndoles la gran mayoría de los servicios, y ser llevados a campos de concentración era un tema que preocupaba considerablemente a la familia Frank. Esta preocupación es narrada de la siguiente manera: “El otro día, cuando nos paseábamos alrededor de nuestra plaza, papá empezó a hablar de un escondite. Decía que iba a ser muy difícil para nosotros vivir completamente separados del mundo exterior.

-¿Por qué hablar de eso?- le pregunté.

-Escucha, Ana -repuso-, tú sabes bien que, desde hace más de un año, nosotros transportamos muebles, ropas y enseres de la casa de otra gente. No queremos que nuestros bienes caigan en manos de los alemanes, y menos aún queremos ser nosotros quienes caigamos en sus garras. No los esperaremos para irnos. Podrían venir a buscarnos.”

El presentimiento que tenía Otto Frank no era tan erróneo, ya que un día llega su hermana Margot y le dice a su mamá y a Ana “Ha llegado una citación de la SS para papá”. Eso era muy malo porque significaba que tenían que huir rápidamente al anexo, y así lo hicieron. Lo que sabía Ana sobre el escondite era muy poco. Esto se ve reflejado en el siguiente fragmento donde también relata cómo fue la huída hacia ese escondite: “Ocultarse… ¿Adónde iríamos a ocultarnos? ¿En la ciudad, en el campo, en una casa, en una choza, cuándo, cómo, dónde? ... Yo no podía formular estas preguntas que se me iban acudiendo una tras otra. Margot y yo nos pusimos a guardar lo estrictamente necesario en las carteras del colegio. Empecé por meter este cuaderno, en seguida mis rizadores, mis libros de clase, mis peines, viejas cartas. Estaba obsesionada por la idea de nuestro escondite, y puse las cosas más inconcebibles. No lo lamento, porque me interesan más los recuerdos que mis vestidos.” (8 de julio de 1942)

Esto pone en manifiesto, cómo los judíos son perseguidos y obligados a huir, dejando atrás todo lo que les pertenecía y era parte de sus vidas, como los amigos, la familia, las costumbres, etc., para evitar los horrores de la situación: “noche y día, transportes incesantes de esas pobres gentes, provistas tan solo de una bolsa que llevan al hombro y un poco de dinero. Estos últimos bienes les son quitados en el trayecto, según dicen. Se separa a las familias, agrupando a hombres, mujeres y niños.

Los niños, al volver de la escuela, ya no encuentran a sus padres. Las mujeres, al regresar del mercado, hallan sus puertas selladas, se encuentran con que sus familias han desaparecido”

En el transcurso de los dos años, los vecinos de los alrededores, sospechan que algo raro pasa en la fábrica, donde se encontraba el escondite de los Frank, debido a la cantidad de comida que llevan diariamente. No se supo quien o quienes fueron los informantes, porque de 10 mil familias judías que vivían escondidas en Ámsterdam, 5 mil fueron delatadas a la Gestapo. Esto demuestra que no solo el gobierno alemán perseguía y discriminaba al pueblo judío, sino que la también la sociedad coincidía con esta ideología y si no era así, las personas corría peligro de ser condenadas. Ana hable sobre este hecho de la siguiente manera: “Miep encontró ante su puerta una vieja judía paralítica, aguardando a la Gestapo, que había ido a buscar un auto para transportarla. La pobre vieja se moría de miedo a causa de los bombardeos de los aviones ingleses y temblaba viendo los haces luminosos que cruzaban en el cielo como flechas. Miep no tuvo el valor de hacerla entrar en su propia casa, nadie se hubiera atrevido a hacerlo. Los alemanes castigan tales acciones sin clemencia.” (3 de octubre de 1942)

Lamentablemente, este es solo un ejemplo de con lo que los judíos tenían que vivir a diario. Esa cruel y triste realidad, a la espera de la muerte.

Capítulo II: CONDENA

En el transcurso de la obra, Ana va narrando como los judíos son condenados a muerte por pertenecer a una raza diferente. Muchos de sus amigos judíos eran poco a poco embarcados por la Gestapo, que no andaban con contemplaciones; eran transportados en furgones de ganado a Westerbork, un gran campo para judíos, en Derente. Westerbork seguramente, debía ser una pesadilla: un solo lavado cada cien personas, y faltan retretes. Dormían unos encima de otros, amontonados, en cualquier rincón. Hombres, mujeres y niños, todos juntos. De las costumbres, no hablemos: muchas mujeres y muchachas estaban embarazadas.

Imposible huir. La mayoría estaba marcada por el cráneo afeitado, y otros, además, por su tipo judío.

Si eso ya sucedía ya en Holanda, ¿qué sería de las regiones lejanas y bárbaras de las que Westerbork no era más que el vestíbulo? Ellos no ignoraban que esas pobres gentes serán exterminadas. La radio inglesa habla de cámaras de gas. Después de todo, quizás sería la mejor manera de morir rápidamente. Eso tenía enferma a Ana. Meip contaba todos esos horrores de manera que tan impresionante, que ella misma se sentía convulsionada. (3 de octubre de 1942)

Dussel tenía mucho que contarles sobre el mundo exterior, del que ellos no formaban parte desde hace tanto tiempo. Sus relatos eran tristes. Muchos de sus amigos habían desaparecido, y su destino los hacía temblar. No había noche en que los coches militares verdes o grises no recorran la ciudad; los alemanes llamaban a todas la puertas para dar caza a los judíos. Si los encuentran, embarcaban inmediatamente a toda la familia; si no, llamaban a la puerta siguiente. Los que no se ocultaban no escapaban a su suerte. En ocasiones, los alemanes se dedicaban a eso sistemáticamente con la lista en la mano, golpeando a la puerta tras puerta la cual les aguardaba un rico botín. A veces se les pagaba un rescate, a tanto por cabeza, como en los mercados de esclavos de antaño. Era demasiado trágico para tomarlo a broma. Por la noche, Ana veía a menudo desfilar a esas caravanas de inocentes, con sus hijos llorando, arrastrados por algunos brutos que los azotan y los torturan hasta hacerlos caer. No respetaban a nadie, ni a los viejos, ni a las criaturas, ni a las mujeres embarazadas, ni a los enfermos: todos eran buenos para el viaje hacia la muerte. (19 de noviembre de 1942)

Ninguno de los habitantes del anexo sabía ya cómo tomar las cosas. Hasta ahora, las noticias sobre el terror les llegaban con cuentagotas, y habían resuelto mantener su moral conservando en todo lo posible el buen humor. Cuando Miep se le escapaba una mala noticia referente a alguno de nuestros amigos, la señora Frank y Van Daan se echaban a llorar, de manera que Miep prefirió no contarles nada más.

El terror reinaba en la ciudad. Noche y día, transportes incesantes de esas pobres gentes, provistas tan solo de una bolsa que llevan al hombro y un poco de dinero. Estos últimos bienes les eran quitados en el trayecto, según dicen. Se separaban a las familias, agrupando a hombres, mujeres y niños. Los niños al volver de la escuela, ya no encontraban a sus padres. Las mujeres, al regresar del mercado, hallaban sus puertas selladas, se encontraban con que sus familias han desaparecido. (13 de enero de 1943)

Rauter, uno de los nazis importantes, había pronunciado un discurso: “todos los judíos deberán abandonar los países germánicos antes del 1º de julio. La provincia de Utrecht será depurada del 1º de abril al 1º de mayo (como si se tratase de vulgares rufianes); en seguida, las provincias de Holanda del Norte y del Sur, del 1º de mayo al 1º de junio”. Llevaban a esas pobres gentes al matadero como un tropel de animales enfermos y sucios. Pero Ana prefirió no hablar de eso, porque era una pesadilla. (27 de marzo de 1943)

Capitulo III: Esperanza

Es importante destacar aquellos hechos que daban esperanza en la vida de Ana y de todos los habitantes del anexo. Hechos daría un respiro en momentos difíciles. Por ejemplo, Ana cuenta: “El Señor Van Daan nos sorprendió grandemente al anunciarnos, a la una de la tarde, que los ingleses habían desembarcado en Túnez, en Argel, en Casablanca y en Orán. La opinión de todo el mundo fue: “Es le principio del fin”, pero Churchill, el Primer Ministro británico, que indudablemente había oído las mismas exclamaciones, dijo: “Este desembarco es un acontecimiento, pero no hay que denominarlo el principio del fin. Yo más bien diría que es el fin del principio”. ¿Aprecias la diferencia? No obstante, podemos ser optimistas. Stalingrado, que los rusos defienden desde hace tres meses, sigue sin caer en manos de los alemanes” (9 de noviembre de 1942)

Como en el ejemplo anterior, hay muchos fragmentos en los que se pone de manifiesto las esperanzas de Ana y su familia, “Quiero contarte lo que cada un de nosotros desea hacer en primer lugar, al salir de aquí. Lo que más agradaría a Margot y al señor Van Daan es meterse hasta la barbilla en un baño muy caliente, y quedarse en él por lo menos media hora. La señora Van Daan, antes que cualquier cosa, saborearía unas golosinas. Dussel no puede pensar más que en Lotte, su mujer. Mamá, en su taza de café. Papá, en visitar al señor Vossen. Peter, en ir al cine. Y yo me sentiría extasiada y tan contenta, que no sabría por dónde empezar.

Lo que más deseo es estar en mi casa, poder circular libremente, moverme, y, en fin, ser dirigida en mis estudios, es decir, volver a la escuela”

Dussel, acribillado de preguntas, les había narrado tantos horrores espantosos y bárbaros, que no les era posible olvidarlos tan pronto. Sin embargo, esto terminaría por pasar también, y necesariamente volverían a los chistes y las bromas. De nada sirviría quedarse mustios como estaban: no sería beneficioso ni para ellos ni para los que estaban en peligro. Convertir al anexo en un sitio melancólico no tenía ningún sentido. (20 de noviembre de 1942)

Cuanto peores son la noticias, más la voz maravillosa de las transmisiones de ultramar significa para todos ese alentador “¡ánimo, arriba el corazón, volverán tiempos mejores!” de que no podían prescindir. (15 de junio de 1943)

Conclusión

Es increíble lo que la humanidad pude llegar a hacer en pos de un ideal. Es capaz de destruir casa, ciudades, matar a mucha gente inocente, niños, mujeres, ancianos, enfermos, etc.

Es muy cruel la realidad que tuvo que vivir el pueblo judío, particularmente la familia de Ana, viéndose obligados a huir dejando atrás todo lo que les pertenecía, bienes, recuerdos, amistades, familiares, etc., a causa de la discriminación, persecución y condena por parte de los alemanes. Ellos no tuvieron en cuenta que tanto los judíos, como las personas pertenecientes a las diferentes razas son todos seres, con los mismos derechos, como lo manifiesta la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1948. Consagra expresamente el derecho a no ser discriminado por razón de nacimiento, sexo, raza o cualquier condición personal o social. El derecho a no ser discriminado es un derecho fundamental. Según la Declaración, todos los seres humanos nacen iguales. Esto significa que, más allá de las diferencias que nos distinguen, somos iguales en nuestra condición de humanidad y por esa sola razón tenemos igual dignidad. El principio de no discriminación implica igualdad en la diversidad, es decir, igualdad de derechos, puesto que de lo contrario se podrían configurar casos de discriminación debido a una errónea aplicación del derecho a la igualdad. Pero proclamar la igualdad en dignidad y en derechos no es suficiente para que todas las personas acepten y respeten la heterogeneidad que, de hecho, constituye una sociedad. En este sentido, se debe promover el reconocimiento de la diversidad como herramienta de enriquecimiento mutuo e impulsar a la sociedad a valorar la diversidad cultural y las características particulares de cada persona, cualquiera fuera su sexo, edad, nacionalidad, etnia, características físicas, orientación sexual o creencias religiosas.

Bibliografía consultada:

  • Frank, Ana. El diario de Ana Frank. Traducción Aymará Ledesma. Buenos Aires, Marymar, 1977.

Índice:

  • Introducción 2

  • Capítulo I: DISCRIMINACIÓN Y PERSECUCIÓN 4

  • Capítulo II: CONDENA 6

  • Capitulo III: Esperanza 8

  • Conclusión 9

  • Bibliografía consultada 10

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