El contrato social; Rousseau

Racionalismo Ilustrado. Ilustración e Individualismo. Biografía. Desigualdad entre los hombres. Estado de naturaleza

  • Enviado por: Alejandra Martínez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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JEAN JAQUES ROUSSEAU:

DEL CONTRATO SOCIAL

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) fue filósofo, teórico político y social, músico y botánico francés y uno de los escritores más elocuentes de la Ilustración. Rousseau, que nació en Ginebra (Suiza) el 18 de junio de 1712, fue educado por un tío y una tía tras la muerte de su madre pocos días después de su nacimiento. Fue empleado como aprendiz de grabador a los 13 años, pero después de tres años lo abandonó para convertirse en secretario y acompañante asiduo de madame Louise de Warens, una mujer rica y generosa que tuvo una profunda influencia en la vida y escritos de Rousseau. En 1742 se trasladó a París, donde se ganó la vida como profesor y copista de música, y secretario político. Llegó a ser amigo íntimo del filósofo francés Denis Diderot, quien le encargó escribir artículos sobre música para la Enciclopedia francesa.

En 1750 Rousseau ganó el premio de la Academia de Dijon por su Discurso sobre las ciencias y las artes, 1750, y en 1752 su ópera El sabio del pueblo fue interpretada por primera vez. En los anteriores, y en su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1755), expuso su opinión de que la ciencia, el arte y las instituciones sociales han corrompido a la humanidad y que el estado natural, o primitivo, es superior, en el plano moral, al estado civilizado. Su célebre aserto: "Todo es perfecto al salir de las manos del Creador y todo degenera en manos de los hombres", y la retórica persuasiva de estos escritos provocaron comentarios burlones por parte del filósofo francés Voltaire, quien atacó las opiniones de Rousseau y por ello los dos filósofos fueron enemigos enconados. Rousseau abandonó París en 1756 y se retiró a Montmorency, donde escribió la novela Julia o la nueva Eloísa (1760). En su famoso tratado político El contrato social (1762) expuso sus argumentos para libertad civil y ayudó a preparar la base ideológica de la Revolución Francesa al defender la voluntad popular frente al derecho divino. En su influyente estudio Emilio (1762) Rousseau expuso una nueva teoría de la educación, subrayando la importancia de la expresión antes que la represión para que un niño sea equilibrado y librepensador. Las opiniones poco convencionales de Rousseau le enemistaron con las autoridades francesas y suizas, le alejaron de muchos de sus amigos, y en 1762 huyó primero a Prusia y después a Inglaterra, donde fue amparado por el filósofo escocés David Hume. No obstante, pronto se enemistaron en cartas públicas y polemizaron entre ambos. Durante su estancia en Inglaterra preparó el manuscrito de su tratado sobre botánica publicado póstumamente, La Botánica, 1802. Rousseau regresó a Francia en 1768 bajo el nombre falso de Renou. En 1770 completó el manuscrito de su obra más notable, la autobiográfica Confesiones (1782), que contenía un profundo autoexamen y revelaba los intensos conflictos morales y emocionales de su vida. Murió el 2 de julio de 1778, en Ermenonville, Francia.

Rousseau forma parte de la plétora de intelectuales ligados a la Ilustración francesa. Logra sintetizar con claridad las articulaciones posibles entre política, educación y subjetividad nacidas de los conflictos de un tiempo en el que, todo ha sido discutido, analizado, desde los principios de las ciencias hasta los fundamentos de la religión revelada, desde los problemas de la metafísica hasta los del gusto, desde la música hasta la moral, desde las cuestiones teológicas hasta las de la economía y el comercio, desde la política hasta el derecho de gentes y el civil. Los tiempos “luminosos” de la Ilustración habían puesto a políticos, filósofos y literatos de la época ante la necesidad de enfrentarse a una serie de procesos sociales que desembocarían en el estallido revolucionario de 1789. Los ilustrados se disponían a llevar a cabo el trabajo de emancipación de la auto-culpable minoría, y no se detendrían ante la religión ni ante los misterios de la autoridad terrenal. Las formas de legitimación del ejercicio del poder político, basadas en el nacimiento y la tradición, sustento del antiguo régimen, se desmoronaban bajo el peso de los acontecimientos. La reforma protestante, la revolución inglesa, las guerras de religión, la cerrada defensa de sus privilegios, que al menos en Francia la nobleza continuaba llevando a cabo, contribuyeron a generar un clima político e intelectual que favoreció el contractualismo como intento de cancelar el orden presente para construir otro sobre cimientos más seguros.

Rousseau parte, para argumentar su teoría, de las desigualdades entre los hombres, porque para él estas eran el origen de todos los males de la sociedad. Una desigualdad que puede ser de dos tipos, una física, aquella establecida por la naturaleza debido a las distintas características humanas (como son la fuerza, la edad, etc); y otra moral, una desigualdad que no está en la naturaleza de los hombres sino que es algo exterior a él y aceptada por el conjunto de la sociedad como son las riquezas, los privilegios. Para Rousseau la desigualdad es nula en el estado de naturaleza. Porque aunque existen desigualdades físicas estas son apenas apreciables.

Una vez definidos los dos tipos de desigualdad Rousseau recurre al igual que lo habían hecho Hobbes y Locke, al estado de naturaleza para explicar como se avanza hasta la sociedad civil. Para él el planteamiento de los filósofos anteriores eran erróneos porque pretendían estudiar al hombre natural basándose en el hombre social, cuando este está desfigurado por la sociedad. Analizando los escritos típicos de su época sobre los “salvajes”, se imagina a un hombre autosuficiente y aislado, solitario abasteciéndose de la naturaleza como un animal y cuyas necesidades son bastante escasas. Lo que no plantea en su teoría es una posible evolución biológica del ser humano. Para Rousseau este sería el primer estado de naturaleza en el hombre. Donde las desigualdades naturales no van más allá de las pequeñas diferencias naturales del hombre.

Pero por algún factor externo, dice Rousseau el hombre se vio obligado a formar, primero las familias y luego pequeños grupos familiares. Estos grupos no tiene organización, sino que viven bajo la anarquía, guiados por la costumbre y por la solidaridad. Este estado lo considera como un segundo estado de naturaleza. En este estado sigue reinando la igualdad y la libertad.

Para Rousseau existen dos factores que son los causantes de que se cree la sociedad civil, la agricultura y la metalurgia. Estas dos, pero sobre todo la agricultura produjeron un cambio de mentalidad en el hombre lo que supuso la aparición de la propiedad. Con ella el hombre se transforma y anhela la acumulación de riquezas para situarse por encima de los demás. Al existir la propiedad existe con ella la amenaza de ejercicio directo de la fuerza, un estado de guerra de todos contra todos que impulsa a los sujetos a renunciar a su libertad natural a fin de transformar la simple propiedad en posesión legítima. Y por lo tanto aparece la desigualdad moral. Al igual que Hobbes en este estado es de guerra de todos contra todos, porque el hombre es ambicioso. Pero a diferencia de él que establecía el pacto por la racionalidad general, el pacto en Rousseau es propuesto por un “rico” que al ver en peligro sus propiedades ingenia el pacto para mantener estas desigualdades y así legitimarlas. De esta forma argumenta el origen contractual de la sociedad, pero para él este es un contrato es injusto e intenta restablecer los términos del contrato para que este sea justo. El contrato es un estado transitorio, amenazado por la corrupción, que ha de conducir a la disolución de los lazos sociales y a la necesidad de un nuevo contrato. Para él acto por el cual “un pueblo es un pueblo” no sólo implica el tránsito del estadio de la guerra de todos contra todos a la constitución de la sociedad, sino una operación que transforma al hombre en ciudadano. El orden del contrato implica un conjunto de operaciones a través de las cuales el sujeto renuncia al instinto, a la posesión producto de la fuerza, a sus intereses particulares, en beneficio de la racionalidad, el derecho, la propiedad, la libertad general, y no sólo el apetito como límite de lo que pudiera desear. Desde el punto de vista de Rousseau el estado social ha de basarse en la moderación, pues de otra manera, en lugar de sustituir la desigualdad natural por igualdad social, sólo se logra la legitimación del abuso, y entonces no es ventajoso a los hombres. Al ingresar al cuerpo político consiente en adquirir un punto de vista general, renuncia a su libertad natural(y el derecho ilimitado a todo lo que quiera) en beneficio de una libertad enteramente nueva “la libertad civil”. La sustitución de la voluntad particular por la voluntad general que mira a la igualdad es lo que hace a los individuos verdaderamente libres, pues para Rousseau la libertad no consiste en el mero arbitrio, sino en la obediencia a la ley.

Este nuevo contrato debe cumplir con la máxima de que todos los asociados deben enajenar todos sus derechos a la comunidad. Esta enajenación tiene que ser total para fundamentar la igualdad de todos los hombres. El hombre entrega así toda su persona a la voluntad general y se convierte en ciudadano. Para Rousseau esta voluntad general, no es la suma de las voluntades particulares, sino una facultad propia del cuerpo colectivo. Siempre ve el bien de la comunidad y se guía por él. La voluntad general se expresa en leyes.

Para Rousseau existen tres formas de gobierno: la democracia, la aristocracia y la monarquía. Entiende por gobierno un cuerpo intermediario entre el soberano y los súbditos. Pero sólo es partidario de la monarquía porque en ella confluyen todas las voluntades, aunque admite que en ciertos casos los monarcas quieren ser absolutos, apartándose así de la voluntad general.

La lectura de las obras de Rousseau ha dado lugar a diversas interpretaciones incluso muchas de ellas contradictorias. Mientras para unos su concepción del Estado como la personificación de la voluntad abstracta de las personas y sus argumentos para el cumplimiento estricto de la conformidad política y religiosa, son considerados como una fuente de la ideología totalitaria; para otros hizo una gran contribución al movimiento por la libertad individual y contra el absolutismo de la Iglesia y el Estado en Europa, y plantó el germen de la soberanía popular a través de su concepto de voluntad general.

Rousseau abarcó campos diversos y planteó también una teoría de la educación que llevó a métodos de cuidado infantil más permisivos y de mayor orientación psicológica, siendo uno de los pioneros educación moderna. La nueva Eloísa y Confesiones introdujeron un nuevo estilo de expresión emocional extrema, relacionado con la experiencia intensa personal y la exploración de los conflictos entre los valores morales y sensuales. En estos escritos Rousseau influyó de modo decisivo en el romanticismo en literatura y en la filosofía de principios del siglo XIX. También tuvo que ver con la evolución de la literatura psicológica, la teoría psicoanalítica y el existencialismo del siglo XX, en particular en su insistencia sobre el libre albedrío, su rechazo de la doctrina del pecado original y su defensa del aprendizaje a través de la experiencia más que por el análisis. El espíritu y las ideas de la obra de Rousseau están a medio camino entre la Ilustración del siglo XVIII, con su defensa apasionada de la razón y los derechos individuales, y el romanticismo de principios del XIX, que propugnaba la experiencia subjetiva intensa frente al pensamiento racional.

forma parte de la plétora de intelectuales