El árbol; María Luisa Bombal

Literatura contemporánea hispanoamericana del Siglo XX. Narrativa (novela) chilena. Condición de la mujer latinoamericana. Represión. Naturaleza

  • Enviado por: Pablo Avendaño
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 9 páginas
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Actividades

1. Describa la influencia de los personajes masculinos en la personalidad de Brígida. Ejemplifique

Padre: El padre de Brígida era duro y descalificador con ella. Esta situación se debe a que Brígida no era capaz aprender a tocar piano a ser semejante a sus hermanas. En la familia eran seis hermanas en total, todas de diferente carácter pero cinco de ellas eran consideradas inteligentes y tenían un futuro, según el padre de ellas a excepción de Brígida.

Ej.: “…No voy a luchar más, es inútil. Déjenla. Si no quiere estudiar, que no estudie. Si le gusta pasarse en la cocina, oyendo cuentos de ánimas, allá ella. Si le gustan las muñecas a los dieciséis, que juegue…”

Luis: Era su marido, un hombre de edad, el cual la quería y la cuidaba, pero no le brindaba el amor y cariño que realmente deseaba Brígida. A pesar de que eran marido y mujer, su relación no era de las mejores, ya que Brígida sufría mucho y ambos se casaron sin amor, sino por una cosa de compromiso y compañía.

Ej.: “…No tienes corazón, no tienes corazón- solía decirle a Luis….Nunca estas conmigo cuando estás a mi lado…”

2. A que se atribuye la importancia del árbol para Brígida en el momento de apaciguar sus sentimientos hacia Luis.

“…Sus despertares. Ah! Qué tristes sus despertares! Pero - era curioso - apenas pasaba a su cuarto de vestir, su tristeza se disipaba como por encanto…Es el árbol pegado a la ventana del cuarto de vestir. Le bastaba entrar para que sintiese circular en ella una gran sensación bienhechora. ¡Qué calor hacía siempre en el dormitorio por las mañanas!¡Y qué luz cruda! Aquí…”

Para Brígida, el árbol, pegado a la ventana, es aquél que disipa por encanto todas sus penas y le daba una sensación bienhechora. En los momentos de pena o amargura, Brígida lo iba a ver y sentía un congojo y felicidad al apreciar lo bello que era.

3. ¿Qué papel juega lo inconsciente en el actuar de Brígida?

El inconsciente en la vida de Brígida tiene un papel trascendental, ya que su forma de ser y de actuar es promovido por él. Y ese inconsciente es la música, sus actores los cuales la llevan a realizar acciones o aún más actuar y ser de tal forma.

“…Pero he aquí que Mozart la toma nerviosamente de la mano y arrastrándola en un ritmo segundo a segundo más apremiante la obliga a cruzar el jardín en sentido inverso a retomar el puente en una carrera que es casi una huida….”

4. ¿Por qué motivo Brígida asegura que si Luis llegara a odiarla “La odiaría con justicia y prudencia?

Para empezar Brígida y Luis se casaron “No por Amor”, sino más bien por compromiso y por hacerse mutua compañía, ya que ambos estaban solos.

Brígida señala aquella frase debido a que Luis la quería con ternura y con media, pero no por amor. Por tal motivo, si la llegase a odiar algún día la odiaría de forma justa y prudente.

5. ¿En qué consiste la vida para Brígida?

La vida para Brígida era vivir prácticamente en una monotonía absoluta, ya que Luis y Brígida, eran casados y vivían como pareja, pero realmente no lo eran debido a que no existía amor.. O sea, ella a pesar de que hacía esfuerzos por tratar de creer que había amor, al desenlace de la historia se da realmente cuenta de lo que sucede y de su estado actual, por ello decide dejar finalmente a Luis.

6. Interprete de acuerdo a la realidad de la protagonista la siguiente afirmación: “Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad”

Se refiere a que la verdadera felicidad está en darse cuenta de la realidad que vive uno y lo que uno es, a pesar de que quizás no puede ser lo mejor. Por tal motivo, es en ese momento en el que empezamos a movernos por la vida sin esperanzas sin miedos, pero a la vez somos capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son definitivamente los más perdurables.

Análisis de la Obra

La obra narrativa de María Luisa Bombal refleja la condición de la mujer hispana a través de la textualización del contexto social e histórico de una época en que la conducta y los rasgos psicológicos de cada sexo estaban claramente definidos.

Esta división de papeles ha dado lugar a un sistema de dicotomías que atribuyen al hombre las características innatas de vigor y habilidad intelectual, mientras que a la mujer le corresponden las de un individuo pasivo, dócil e intuitivo.

En toda la obra de Bombal existe una constante presencia de la naturaleza que le sirve como expresión simbólica de los estados más íntimos de sus protagonistas femeninos y de su situación marginal.

En "El árbol" (1939) la naturaleza se convierte en el refugio de una protagonista que experimenta la represión bajo las reglas del patriarcado, y este refugio lo encuentra en el cuarto de vestir y en el gomero. La docilidad y pasividad de Brígida, protagonista del cuento, transparentan las relaciones de género en una época histórica en la que la mujer se sentía marginada en todos los órdenes de su vida, tanto pública como privada. En el contexto histórico del Chile de los años 30, donde se desarrolla la trama del cuento, se puede observar que la conciencia de Brígida sufre las limitaciones que le impone el patriarcado desde fuera; y la autorrepresión que siente se convierte en una opresión internalizada. Es en el momento en que la alienación de los mundos exterior e interior coinciden cuando Brígida toma la firme decisión de abandonar a su esposo, y así se libera de su condición sofocante de mujer marginada

"El árbol" textualiza una representación paradigmática de la sociedad patriarcal en la que el matrimonio era para la mujer la meta prioritaria. La diégesis narrativa del cuento se estructura en base a un planteamiento dicotómico que coincide con las reglas definidas por el sistema patriarcal. El término patriarcado tiene una larga tradición histórica, y hoy día se utiliza en la crítica feminista para designar la opresión que sufre la mujer bajo el poder de la autoridad masculina.

En la narración de la historia del cuento, la voz narrativa rompe con el desarrollo cronológico lineal y viola las leyes de causalidad que dominan en la narración tradicional realista; y esta fragmentación en la estructura del relato refleja a nivel externo la división de géneros en la sociedad, la alienación familiar y social que sufre la protagonista, y su desequilibrio emocional. "El árbol" se presenta como una evocación memorística enmarcada en el espacio de la imaginación de Brígida, y en él se describe la soledad, dependencia y falta de comunicación que siente Brígida en su relación matrimonial con Luis, un hombre mucho mayor que ella y que no satisface los deseos de procreación de su esposa.

La frustración de Brígida se manifiesta por medio de un encadenamiento de fantasías que se suceden mientras asiste a un concierto de música clásica, y una vez asumida y comprendida su condición de mujer alienada se libera del yugo patriarcal. A nivel paradigmático, por tanto, el cuento narrativiza la opresión de la mujer bajo el sistema partriarcal y su liberación final. Al casarse con Luis, Brígida participa de las normas impuestas por el sistema patriarcal, y su aislamiento subsiguiente no supone una paradoja dialéctica, sino la única solución posible en un contexto social dominado por el hombre.

En el matrimonio de Brígida y Luis se delinean nítidamente los roles de cada sexo en el contexto de una sociedad patriarcal. Luis, por una parte, "cumple con su papel masculino a la perfección y como las leyes de la sociedad lo defienden y apoyan en todas sus acciones, no le pasa por la mente el deseo de cambiar" o de satisfacer a su esposa. Y Brígida, por otra, huérfana de madre y la más joven de seis hijas, es relegada desde niña a un segundo plano por un padre que cuando llegó "por fin a su sexta hija, llegaba tan perplejo y agotado... que prefería simplificarse el día declarándola retardada". Además, en lugar de preocuparse por la educación de su hija, el padre la ignora afirmando que "si le gustan las muñecas a los dieciséis años, que juegue". El ambiente familiar y el contexto social de la época han modelado de tal modo las expectativas de Brígida que su principal objetivo consistía en casarse y ser madre, único modo de poder llegar a ser aceptada y sentirse realizada en su ambiente social, de ahí su preocupación cuando veía que "una por una iban pidiendo en matrimonio a sus hermanas. A ella no la pedía nadie". A falta de otras opciones, Brígida termina por convertirse en la esposa de Luis, íntimo amigo de su padre. El matrimonio, eventualmente, llegará a ser el mundo del que tratará de evadirse, y éste es el punto de partida de una dicotomía fundamental y dominante en la vida de la protagonista: la influencia opresora del mundo exterior y los deseos de liberación que se van gestando en su conciencia.

Con la salida de Brígida del hogar familiar, y con su entrada en la institución del matrimonio, "El árbol" inscribe el mito de separación de y regreso a un sistema falocéntrico, y plantea, asimismo, la búsqueda de una subjetividad femenina al margen de este orden patriarcal. Lo mismo que el padre de Brígida, Luis tampoco le da a su esposa la atención necesaria, y antepone sus obligaciones profesionales a las de esposo: "soy un hombre muy ocupado. Se llega a mi edad hecho un esclavo de mil compromisos" (348). El sistema patriarcal, como es sabido, relega a la mujer a la esfera doméstica del hogar, marginándola de la vida pública e intelectual. El único trabajo de Brígida queda circunscrito al desempeño de las labores del hogar6. Privada de descendencia, no se siente internamente realizada como mujer, ni cumple, externamente, con la función reproductora que la sociedad patriarcal asigna a la esposa7. Atrapada en un mundo sin comunicación en el que no puede expresar sus deseos y sentimientos, Brígida escapa de esta realidad a través del ensueño de viajes imaginarios.

El planteamiento dicotómico del cuento sigue la división tradicional de mujer / hombre como representación de la dualidad desorden / orden, materia / espíritu, o sinrazón / razón.

La estructura dicotómica del cuento polariza las fuerzas narrativas en dos frentes antagónicos, jerarquizados y diferenciados, y la barra que delimita estos dos mundos constituye una frontera que separa dos mundos irreconciliables.

Los distintos planos narrativos de "El árbol" se estructuran en base a una coherente dualidad espacio-temporal en la que la narración se mueve del presente de la sala de conciertos al ámbito asfixiante del hogar y a la relación matrimonial de la protagonista. Realidad actual y pasado imaginado son, por tanto, los polos sobre los que gravita la narración de la historia, y a través de esta dualidad la voz narrativa articula dos aspectos antagónicos en la vida de Brígida: liberación de y entrada en la clausura represora del matrimonio. Aunque el relato está narrado en tercera persona, la voz narrativa lo focaliza internamente, primando la perspectiva de la protagonista. Por ello, que la voz narrativa es en tercera persona, Toda la narración se construye desde el presente de la sala de conciertos por medio de analepsis y prolepsis, técnicas que, en efecto, le complican al lector la trama de "armar" la tarea de una vida fragmentada. La evocación del pasado, producto de la fantasía creadora de su imaginación, es continuamente interrumpida por un presente que "la deja en una sala de conciertos, vestida de negro, aplaudiendo maquinalmente". Aunque su esposo no ha muerto, el luto de Brígida proyecta a nivel connotativo la muerte simbólica de la relación matrimonial. No faltan tampoco, dentro de la rememoración del pasado, ejemplos de prolepsis que anticipan y retrotraen el desarrollo de la acción a un tiempo presente más cercano: "Brígida, ayer encontré a tu marido, a tu ex-marido, quiero decir". La analepsis, o visión retrospectiva, sirve para la recreación de un pasado de Brígida que va de la infancia al momento presente, pasando por las distintas etapas de juventud y experiencia matrimonial. De este modo, se postula una inscripción epistemológica de las dicotomías occidentales centrada en la oposición entre cultura/naturaleza y espacio público/privado, que ha perpetuado la opresión de la mujer occidental. Y los protagonistas del cuento, Brígida y Luis, encarnan esta oposición metafísica y dialéctica .

La naturaleza es un componente temático clave en cada una de las tres partes en que se divide el cuento. Para dar unidad a la dislocación del orden cronológico, la autora se sirve de tres elementos claves: las estaciones del año, la música y la naturaleza.

La descripción, cobra una gran importancia en este relato, y a través de ella la voz narrativa expresa los sentimientos más íntimos de Brígida. La música tiene una función polivalente en la narración, y la narradora la emplea no solamente para marcar una división en las tres etapas de la vida de Brígida, sino también para darle un tono de lirismo que se revela con notas románticas y nostálgicas, dotando al cuento de una exquisita musicalidad. El calendario, por otro lado, cobra una función primordial al marcar el paso inexorable del tiempo en la vida de Brígida: "Llegó el verano, su primer verano de casada" y "vino el otoño". Al contextualizar el relato en el marco temporal de las estaciones, y de un tiempo cíclico, la narradora pone de relieve el carácter repetitivo al que se ve sujeto la dinámica matrimonial de Brígida y su condición de mujer marginada.

Más importante, no obstante, que estos dos elementos narrativos es el que Bombal atribuye a la naturaleza. Aunque el concierto dura aproximadamente dos horas, en este lapso, y simultáneamente, la protagonista ve transcurrir algunos de los momentos más significativos de su vida. Las tres sonatas del concierto, de Mozart, Beethoven y Chopin, acompañan a Brígida en sus viajes imaginarios de férvida fantasía, y reflejan simbólica y metafóricamente las distintas etapas de la vida de Brígida y los correspondientes estados emocionales por los que pasa su conciencia de mujer alienada. La música de Mozart lleva a una joven Brígida de dieciocho años, vestida de blanco, por un jardín con un puente sobre agua pura y arena rosada, y esta música de Mozart acompaña a la niñez despreocupada de Brígida. La evocación inicial del motivo del jardín es importante porque une el principio con el final de la vida de Brígida. Por un lado, el jardín representa simbólicamente la inocencia de la protagonista, "el jardín de los años juveniles" y, por otro, en el comentario de una amistad de Brígida relativo al final de su relación matrimonial con Luis, se insinúa el nacimiento de la protagonista a una nueva vida liberada de su esposo. El segundo compositor es Beethoven, y a través de sus notas románticas se revela la frustración de Brígida como mujer casada. Si la sonata de Mozart se ubica en la primavera, la sinfonía de Beethoven sitúa los recuerdos de Brígida en el calor asfixiante y agobiante del verano. En lugar del jardín, la emergencia del yo, de Brígida se inscribe por medio de dos símbolos polisémicos: el mar y el gomero. La fuerza arrastradora del mar que envuelve con sus olas a Brígida para retirarse y dejarla "olvidada sobre el pecho de Luis", representa las ilusiones truncadas que Brígida depositó en el amor de su esposo. El gomero, por su parte, representa la proyección simbólica de su subconsciente, el último refugio o reducto en el que la solitaria Brígida encuentra consuelo. En una tercera etapa, la música melancólica y triste de Chopin le hace entender su situación de esposa sin hijos en un mundo vacío y sin vida.

Al incumplimiento de las promesas de Luis, como la de llevar a Brígida a Europa para que viera nevar, se une su total indiferencia para acentuar aún más una soledad y marginalización de Brígida iniciadas primeramente en el hogar familiar de sus padres. Brígida se da cuenta de que no ama a Luis y de que éste tampoco la ama, y al llegar a este punto de reflexión cognoscitiva, del cumplimiento, de un proceso de individuación, se produce un renacimiento de la protagonista a una nueva vida y toma la decisión de abandonar a Luis. Brígida vive y representa la percepción que el sistema patriarcal tiene de ella, y para salir de este orden debe superar un proceso de individualización que la lleva a través de varias etapas. Debe evitar la mirada en el espejo falocéntrico, reconocer sus problemas, y acto seguido logrará emerger renovada como un ser independiente.

En su relación matrimonial con Luis, Brígida ha intentado comunicarse siguiendo varias tácticas: ya sea reprochándole su falta de amor y atención, ya sea aceptando la indiferencia del marido, quien "nunca la escuchaba del todo. Le sonreía con una sonrisa que ella sabía maquinal" y, finalmente, a través del silencio:

­¿Quieres que salgamos esta noche, Brígida?
­. . .
­¡Qué lindo traje! ¿Es nuevo?
­. . .
­¿Es nuevo, Brígida? Contesta, contéstame. . .
Pero ella tampoco esta vez quebró el silencio.

Y en seguida lo inesperado, lo asombroso, lo absurdo. Luis se levanta de su asiento, tira violentamente la servilleta sobre la mesa y se va de la casa dando portazos.

Aunque en esta instancia narrativa se interrumpe la comunicación, Brígida utiliza el silencio para sacar a Luis de su indiferencia, para provocar una reacción emocional en él, para rebelarse y ocupar una posición de poder y control. Por primera vez, Brígida provoca un efecto emocional en el comportamiento del marido al no saber éste cómo controlar su cólera, y a través del silencio de Brígida nos da a entender que Luis pierde temporalmente el control y autoridad sobre su esposa.

Ya que no tiene a nadie con quien hablar, Brígida recibe consuelo del gomero. En sus momentos de desolación e incomprensión, Brígida se retira al cuarto de vestir donde el gomero, delante de la ventana, filtra la luz. Y es aquí, en la penumbra del cuarto, donde ella se refugia para oír el suave ruido monótono de la lluvia y contemplar "su gomero". Esta escena, descrita repetidamente, nos presenta el papel apaciguador del gomero. En los momentos de hastío y soledad, el mundo natural del gomero ofrece a Brígida la serenidad, comprensión y comunicación que no le brinda su esposo. Para la existencia solitaria de la heroína, el árbol se ha transformado en un elemento personificado, en el único ser con quien logra comunicarse. Irónicamente, todas las connotaciones simbólicas que vinculan al árbol con la fecundidad y la reproducción son precisamente las que faltan en la vida de Brígida. La imagen que se desprende del árbol, repleto de pájaros, es una proyección simbólica de los deseos maternales de Brígida. Además de servirle como refugio, consuelo y proyección de su subjetividad femenina, el gomero tiene una doble función. Si, por un lado, el ramaje del árbol le priva a Brígida de una visión completa de la calle, de un conocimiento de la realidad exterior, por otro le sirve para llegar a una comprensión de su interioridad y a la resolución definitiva de terminar su relación matrimonial. Una vez que cortan el gomero, el cuarto se llena de una "luz blanca aterradora. . . Y todo lo veía a la luz de esa fría luz; Luis, su cara arrugada. . .". Brígida, ahora, percibe la realidad del mundo exterior: una calle estrecha, un rascacielos deslumbrante, muchachos que patean una pelota en medio de la calzada, trapos colgados, la vejez del marido, y siente que esta realidad infringe la privacidad de su retiro alienante. Una vez abatido el árbol, el cuarto lleno de luz le había: quitado su intimidad, su secreto; se encontraba desnuda en medio de la calle, desnuda junto a un marido viejo que le volvía la espalda para dormir, que no le había dado hijos.

Con la caída del árbol, llega el momento climático del cuento. A raíz de esta experiencia, la vida de Brígida experimenta un giro decisivo, un punto de inflexión en el que ella se ve desnuda, sin la máscara que tiene que mantener frente a la sociedad patriarcal, se enfrenta a su propia existencia, y decide vivir una vida de independencia plena sin Luis. La irrupción de las raíces del árbol en la acera, su exteriorización, representa el final de la clausura de Brígida en el refugio de su salón de vestir, es el momento en el que ella ha sacado a la luz los problemas latentes en su subconsciente y se enfrenta a la realidad de su vida con Luis. La presencia de la luz en la oscuridad de su alienación le hace posible comprender y enfrentarse a la realidad de su frustrado matrimonio y abandonar el retiro de sus ensueños y fantasías. La tala del gomero coincide con el final del concierto y con el retiro de Brígida en el mundo de sus fantasías para, a partir de ahora, enfrentarse a una nueva realidad, apenas termina el concierto "la sala de conciertos se ilumina bruscamente. Es el final del mismo, final que coincide con el derrumbamiento del árbol, es decir, el término de su mundo de ensueños y enfrentamiento con la realidad".

La entrada de la luz en su cuarto corresponde con la luz que invade la sala de conciertos al final del cuento. Esta luz, en ambos planos narrativos, apunta a un mismo fin: la comprensión por parte de Brígida de su enajenación, la irrupción de la realidad exterior en su vida y la iniciación de una vida independiente, fuera de la clausura del salón de vestir y liberada de la opresión patriarcal. El cuento concluye con la firme decisión de Brígida de abandonar a Luis: "­Mentira! Eran mentiras su resignación y su serenidad; quería amor, sí amor, viajes y locuras, y amor, amor". La razón que da al marido cuando le pregunta por qué se va es, simplemente: "­¡El árbol, Luis, el árbol! Han derribado el gomero".

María Luisa Bombal revela en este cuento cómo el sistema patriarcal ignora la subjetividad femenina, y cómo ésta logra expresión en el retiro alienante de la naturaleza. Para acentuar la dicotomía entre la vida actual insatisfecha y el ensueño que representan los anhelos y las ilusiones reprimidas, María Luisa Bombal juega con el tiempo, el espacio y, al final del cuento, con la sombra y la luz, para crear una cierta tensión que se mantiene a través de toda la narración, y para marcar el tránsito de una existencia opresiva a una nueva realidad liberada del yugo patriarcal. No obstante lo cual, la introspección de Brígida, o la tejedura de un capullo, le depara una salida liberadora del orden patriarcal y la emergencia de un nuevo ser. La evocación ensoñadora del pasado de Brígida se circunscribe al ámbito de la memoria, al silencio del recuerdo, carece de voz o escritura porque éstas han sido silenciadas por una voz narrativa en tercera persona de la misma manera que la estrategia del silencio esgrimida contra Luis, y es silenciada porque representa el silencio de la subordinación de la mujer al orden patriarcal. El relato, pues, representa una sociedad patriarcal que no permite a la mujer expresarse libremente para llegar a ser un individuo completo y satisfecho; por eso, la protagonista queda confinada en un mundo cerrado hasta que percibe su propia alienación con ayuda del mundo vegetal y natural. El triunfo final de la protagonista es el de su transformación de un ser sumiso y dócil a una heroína que se hace consciente de su propio desencanto, y, una vez derribado el árbol, adquiere autonomía propia y se libera del orden patriarcal.