El árbol de la ciencia; Pío Baroja

Literatura española. Generación del 98. Novela (narrativa) contemporánea. Estilo barojiano. Personajes: trayectoria vital de Andrés Hurtado

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  • Idioma: castellano
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TRAYECTORIA VITAL DE ANDRÉS HURTADO

“El árbol de la Ciencia” es una novela que narra el desarrollo de un personaje, Andrés Hurtado, perdido en un mundo absurdo en el que cada nueva experiencia le supone un mayor desengaño.

En casi todos los momentos de su vida experimenta la sensación de sentirse “solo y abandonado”. El ambiente familiar lo transforma en un muchacho “reconcentrado y triste”. Huérfano de madre, sólo encuentra cariño en su hermano pequeño, Luisito. Entre él y su padre existe un enfrentamiento profundo, que los lleva casi al odio mutuo. En la casa, el único rincón que le permite alejarse de esta situación es su habitación, un “cuartucho con aspecto de celda”.

Con tanta soledad, lo conduce a la búsqueda de una orientación para dar sentido a su vida. Desgraciadamente, ni los estudios de Medicina, ni los amigos Aracil y Montaner ni la vida universitaria en general consiguen realizar este deseo.

Durante sus estudios en la Universidad, es cuando empieza a interesarse por el mundo filosófico). Un nuevo tropiezo (ilusiones puestas en Letamendi) lo decide a iniciarse en las lecturas de Kant y Schopenhauer (que posteriormente influirán de forma decisiva en su vida).

El contacto con los enfermos de los hospitales y el descubrimiento de miserias y crueldades (trato de los médicos con los pobres, encuentro con el hermano Juan, ...) constituyen “un nuevo motivo de depresión y melancolía”.

Pero en el fondo estas experiencias sólo le llevan a aumentar su confusión interior y a debatirse (políticamente) entre la doctrina revolucionaria y la inacción.

A través de Lulú, con quien funda una gran amistad, descubre nuevas atrocidades (Doña Virginia y sus muchachas, relación entre Niní y Aracil, ...). Para él, su relación no puede llegar a más de lo que es (una cordial amistad).

Cuando Luisito cae enfermo, Andrés se sume en una gran depresión. Este hecho hiere nuevamente las esperanzas que tiene puestas en la Medicina (impotencia ante la posibilidad de hallar cualquier tratamiento). Finalmente la muerte del pequeño le conduce a la duda ante la ciencia y a las más negras ideas sobre la vida.

Durante su estancia en Alcolea del Campo descubre la influencia de la religión católica en los habitantes del pueblo y la política caciquista.

Debido a su duda religiosa y radicalismo político, no dejan de parecerle actitudes sorprendentes. Pronto empieza a sentirse mal físicamente, debido a la inactividad. El odio hacia el lugar se hace cada vez mayor. Es cuando se da cuenta que no puede hacer nada para cambiar la situación que comienza a decantarse hacia una tranquilidad irremediable. La experiencia sexual la última noche en el pueblo sólo empeora su malestar interior.

De regreso a Madrid aparecen nuevas desilusiones. Andrés se desespera al comprobar con qué indiferencia responde la gente a la derrota de España en Cuba y Filipinas.

Llega a la conclusión que la ciudad es un inmenso “campo de ceniza”). Así va adoptando una postura pasiva, en busca de la paz espiritual.

En su reencuentro con Lulú, aparece claramente la idea que tiene Andrés sobre el amor. Cree que es un engaño, un estado ficticio resultante de “la confluencia del instinto fetichista y del instinto sexual”. Pero ni con tales teorías consigue ocultar su afecto hacia ella. Desgraciadamente, la tranquila vida del matrimonio se ve turbada con el embarazo de Lulú. A partir de entonces, Andrés empieza a tener miedo. Es un miedo al destino, a la vida misma. Hasta que ocurre lo peor: el hijo que esperaban nace muerto, y la madre fallece tres días después. Este resulta, pues, el desengaño definitivo del protagonista. Cansado de luchar, decide suicidarse. De esta forma acaba con todas sus soledades, sus penas, sus frustraciones, etc. Pero deja una cuenta pendiente sobre la que deberán reflexionar las generaciones futuras: la sociedad necesita cambiar.

ESTILO DE PIO BAROJA

  • Prosa característica de Baroja: párrafo breve, sencillez, claridad, exactitud, búsqueda de la economía expresiva, lo que da lugar a capítulos cortos.

  • Es, ante todo, una novela de personaje, que narra la vida de un protagonista de forma lineal, a veces fragmentaria. A veces se interrumpe la narración al intercalar Baroja descripciones de ambientes o personajes, debido a su tendencia a “entretenerse por el camino”.

  • Hay narración, descripción y diálogo.

DIÁLOGO:

  • Hay distintos tipos de diálogo, coincidiendo la forma de expresarse cada uno de los personajes con su posición, su formación, su cultura. Cada uno utiliza el lenguaje que le corresponde en cuanto al estrato social al que pertenece, lo que hace que los diálogos rebosen naturalidad expresiva.

  • Utiliza vulgarismos y términos coloquiales.

DESCRIPCIÓN:

Paisajes

Para las descripciones, generalmente breves, Baroja recurre a distintos recursos: efectos de luz, colores, temporalización (situar el paisaje descrito en un momento concreto del día).

Muestra Baroja inclinación por la descripción perspectivista: contempla el paisaje desde un punto determinado, generalmente por encima de lo descrito.

Personajes

Las descripciones llegan al lector a través de la perspectiva del personaje: atienden al efecto que lo descrito causa al protagonista. Se produce una proyección de la valoración de Andrés.

La construcción enumerativa es la base de muchas de las descripciones de personajes, en las que Baroja nos muestra la valoración ética, casi siempre negativa, que hace Andrés del personaje descrito.

Muchos adjetivos utilizados en la novela significan rechazo (caído, miserable, absurdo, ...). El resultado de esto es provocar en el lector la constante impresión del mundo y la vida como algo deprimente y así justificar el pesimismo del protagonista.

Se describen también ambientes

Un rasgo llamativo del estilo de Baroja es la ironía, el humor sarcástico. Por ejemplo al hablar de las bromas que se gastaban los estudiantes o simplemente con pinceladas sarcásticas a lo largo de la novela (“la simpatía y respeto que había en España por lo inútil, ...”).