Efectos de la televisión en el público infantil

Psicosociología. Problemas interpersonales. Agresividad. Conflicto padre-hijo. Beneficios. Abandono ambiental. Uso televisivo

  • Enviado por: Morgana
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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INTRODUCCIÓN

Hemos identificado dos de los elementos clave (además de la edad y el sexo) que contribuyen a determinar el modo en que se sirve el niño de la televisión. Tales elementos son la capacidad intelectual y las normas sociales. Pero, evidentemente, no son esos todos los elementos importantes.

Algunos adolescentes de elevada capacidad intelectual y que se rigen por las estrictas normas de la clase media ven una cantidad exagerada de televisión.

La niñez en general y la adolescencia en particular, son fases de la vida en las cuales se plantean problemas sociales importantes. El niño tiene que aprender a vivir en familia, gobernado por padres que a veces le parecerán injustos o inconsecuentes. Atraviesa periodos en que se siente inseguro y rechazado. Tiene que aprender a desempeñar el papel que se espera de un niño, y ha de acomodar su comportamiento a las normas que se le han enseñado como parte de su proceso de socialización.

Cuando entra en la adolescencia, todas estas relaciones con sus iguales adquieren doble importancia debido a su mayor independencia y a que no puede acogerse tan fácilmente a la seguridad protectora que le ofrecen en su hogar y su familia. Aprende a desempeñar nuevos papeles que apuntan hacia el matrimonio y hacia el trabajo. La competición adquiere más importancia en el grupo en que se desenvuelve.

Sus problemas, tanto lo de relaciones personales como los derivados de tener que acomodarse a las normas de la sociedad, son muchos y difíciles en esos años, y no es de extrañar que estén relacionados en cierto modo con el uso que hacen los niños de los medios informativos.

PROBLEMAS INTERPERSONALES Y USO DE LA TELEVISIÓN

Hay varios estudios que se refieren a la relación existente entre los problemas sociales del niño y el uso que hace de la televisión.

Uno de estos estudios es el realizado por Lotte Bailyn, quien comprobó la existencia de una relación entre la inteligencia, la clase social y la religión por una parte y la cantidad de televisión que veía un grupo de niños de quinto y sexto grados de Nueva Inglaterra por otra. Comprobó igualmente que ciertos problemas personales como, por ejemplo, la obesidad, guardaban cierta relación con el tipo de contenido de televisión preferido. Tales problemas, que influyen tanto en la aceptación y el éxito que pueda alcanzar una persona joven entre el grupo de sus iguales, son problemas sociales.

Mistres Bailyn llegó a la conclusión de que todo niño que tiene esa clase de problemas tiende a dedicar más tiempo al tipo de programas de televisión cuyo contenido ella llama de "héroe agresivo".

Tras estudiar el tercio superior de su muestra de niños ingleses, clasificados atendiendo al tiempo que dedicaban a ver televisión, Himmelweit, Oppenheim y Vince se expresaban en los siguientes términos: "Pudimos comprobar, en contra de los previsto, que los niños que veían mucha televisión no eran solamente los hijos únicos, o aquellos cuya madre trabajaba fuera de casa, sino también los inseguros y, en particular, los que experimentan dificultades para hacer amistades entre los niños". También apreciaron una probabilidad mayor de que estuviesen incluidos entre los que veían más televisión aquellos niños que se sentían rechazados por los grupos de sus iguales, así como los que expresaban más preocupaciones, más temores y mayores ansiedad acerca de su desarrollo futuro. Los niños de esas características no sólo veían más televisión, sino también más películas que un niño corriente. De su estudio se deduce que los problemas que les plantean las relaciones con sus iguales están claramente relacionados con la búsqueda de la fantasía.

El estudio de Eleanor Maccoby comprobó que los niños de la clase media que sienten frustrada su vida de hogar tienden a dedicar más tiempo a la televisión que otros niños de su misma edad. Tal relación, no obstante, distaba mucho de ser tan evidente para los niños de familias obreras. Mientras el severo castigo corporal y el rigor en cuanto concierne a su comportamiento sexual estimulan a los niños de la clase media a ver más televisión, la mayoría de las frustraciones de tipo familiar que impulsan a los niños de esa clase media hacia la televisión no ejercen el mismo efecto sobre los niños de la clase obrera.

La gran mayoría de las frustraciones consideradas por Mrs. Maccoby no parecen guardar relación con la cantidad de televisión que ven las familias de la clase obrera. Lo importante es que hay ciertos problemas de naturaleza familiar que parecen guardar cierta relación con la cantidad de televisión que trata de ver el niño, por lo menos los uqe pertenecen a familias de la clase media.

En un estudio posterior, Maccoby trató deliberadamente de provocar un sentimiento de frustración en un grupo de niño, justamente antes de hacerles ver una película, para lo cual les sometió a una prueba de deletreado excesivamente difícil para ellos. Así pudo comprobar que este grupo de niños recordaba los actos de violencia que aparecían en la película mejor que los niños de un grupo semejante a quienes previamente había sometido a una prueba de deletreado fácil, suponiéndose por tanto que no existía en ellos ese sentimiento de frustración. Si bien la repetición de la prueba no produjo resultados análogos, queda planteada la cuestión de si el niño que ve frustradas sus relaciones familiares no buscará en la televisión una forma de sacar a relucir pasivamente parte de la agresividad que le está prohibido emplear contra sus padres; de si no se tratará de obtener de la televisión ciertas satisfacciones que no puede conseguir en la vida real.

Parece, por tanto, evidente que existe una marcada correspondencia entre la clase de relaciones sociales que mantiene el niño y la cantidad de televisión que ve. El niño parece recurrir a la televisión como un medio de evadirse de problemas sociales que le agobian, para buscar alivio a su sentimiento de frustración, y para obtener pasivamente ciertas satisfacciones que es incapaz de obtener en sus relaciones personales auténticas. Tal comportamiento se complica por la relación que guarda con las normas de clase, con la inteligencia y con la naturaleza de sus problemas.

EL SENTIMIENTO AGRESIVO EN LOS NIÑOS

Puesto que parece existir cierta relación entre la frustración en las relaciones personales y las formas de comportamiento que acabamos de exponer, y ya que la agresividad es la forma usual de dar salida a los sentimientos de frustración, empezaremos por considerar algunos aspectos sobre la intensidad y la naturaleza de los sentimientos agresivos de los niños.

Con tal fin sometimos a la totalidad del grupo de muestra de niños de las Montañas Rocosas a una serie de escalas simplificadas concebidas por Robert R. Sears para evaluar tres tipos diferentes de sentimientos agresivos en los niños. Damos a continuación los tipos de sentimientos agresivos considerados:

  • Ansiedad provocada por la agresividad

  • Agresividad proyectiva

  • Agresividad atenuada

  • Autoagresividad

  • Agresividad prosocial

  • Agresividad antisocial

Después de aplicar esas escalas, clasificamos en grupos a los niños de las comunidades de las Montañas Rocosas atendiendo al uso que hacían de la televisión y de los medios impresos y asignamos una puntuación de agresividad a cada uno de esos grupos. Disponíamos, por tanto, de puntuaciones, para cada una de las seis clases de agresividad, correspondientes a ocho grupos numerosos de niños, cuatro para cada uno de los dos grados escolares.

Los resultados obtenidos fueron bastante interesantes. No observamos diferencia significativa alguna, para ninguna clase de agresividad, entre los cuatro grupos de sexto grado. Se acusaban ciertas tendencias, pero no eran significativas estadísticamente. La agresividad antisocial era más elevada en el grupo de imaginativos que en los demás grupos. En el grupo de realistas, no sólo es donde menor agresividad antisocial se revela, sino que la ansiedad que provoca la agresividad es significativamente más alta en ese grupo que en cualquier otro.

Considerando niños que sean todos de la misma categoría socialeconómica, las diferencias siguen siendo significativas en el grupo social más alto. La diferencia en agresividad antisocial viene a ser de 0,05 en el grupo de nivel socialeconómico inferior.

Veamos las consecuencias que pueden deducirse de tales resultados. El hecho de que exista una relación entre la mayor agresividad antisocial y la búsqueda de la fantasía, es conforme con los estudios que acabamos de referirnos; los niños frustrados tienden a dar salida a una parte de su agresividad de una forma pasiva, a través del contenido en fantasía de la televisión. La ansiedad y la desaprobación que provoca una conducta agresiva, es uno de los productos previstos de la socialización. Nuestra civilización trata de inhibir la violencia y enseña a sus miembros a menospreciar muchas de las formas de conducta agresiva. Debe esperarse que el grupo de realistas acepte la socialización más fácilmente que los demás.

Podemos admitir que la búsqueda de la fantasía en los años de adolescencia guarda relación con el tipo de conflicto con los padres o con los amigos que hemos llamado diferencia de aspiraciones.

CONFLICTO PADRE-HIJO Y COMPORTAMIENTO ANTE LOS MEDIOS PARA LAS MASAS.

El tipo de conflicto que queremos estudiar es aquel en que el niño percibe las aspiraciones que tienen sus padres para con él como superiores a las suyas propias. Tal tipo de conflicto se da con mucha mayor frecuencia que cualquiera de los demás.

Cuanto más intenso es el conflicto padre-hijo, más televisión ve el niño, más escucha la radio, más películas ve, menos revistas y menos libros lee. En otras palabras, este tipo de conflicto sirve aparentemente para poder clasificar a los niños de una forma continua según sus preferencias entre la TV y los medios impresos. Contribuye a impulsarlos hacia la fantasía, más que hacia la realidad. Parece indudable que los niños que tienen conflictos buscan fantasía.

Por consiguiente, cuanto más importante es el “problema familiar” del niño, tanto más se inclina éste a “abandonar el campo”, a buscar satisfacción y un medio de dar salida a su agresividad en la fantasía, a preferir los medios audiovisuales de entretenimiento a los medios impresos.

CONFLICTO PADRE-HIJO Y PUNTUACIONES DE AGRESIVIDAD

Volvamos ahora a nuestras seis formas de agresividad y veamos en qué sentido resultan afectadas por el conflicto entre las aspiraciones del padre y las del hijo. A medida que aumenta la intensidad del conflicto padre-hijo,

Aumenta la agresividad antisocial,

Aumenta la autoagresividad,

Aumenta la agresividad proyectiva,

Disminuye la agresividad prosocial,

Disminuye la ansiedad provocada por la agresividad.

Donde se aprecia la diferencia más impresionante es en la agresividad antisocial, para la cual aumenta un 30% la puntuación media al pasar de conflicto ligero a conflicto grave. Ello nos da cierta idea de la importancia que concede el niño a las diferencias con sus padres. A medida que aprecia el aumento de la intensidad del conflicto, disminuye su ansiedad provocada por la agresión y su deseo de servirse de la agresividad para defender sus costumbres. Sus sentimientos de agresividad para defender sus costumbres. Sus sentimientos de agresividad contra la sociedad aumentan bruscamente. Vuelve parte de su agresividad contra sí mismo y proyecta otra parte contra los demás. Si no encuentra un procedimiento mejor para enfrentarse a esa gran carga de impulsos agresivos, recurre a la fantasía.

¿EN QUÉ CASOS LA TELEVISIÓN REDUCE LA AGRESIVIDAD?

Hasta aquí nos hemos limitado a exponer un esquema psicológico bastante simple: el del niño que recurre a la televisión en busca de evasión para ciertas presiones y frustraciones que le producen sus problemas sociales. Nos hemos estado refiriendo a la forma de comportamiento ante la televisión del niño que se siente frustrado en las relaciones que mantiene con su familia o con sus amigos, desarrollándose en él fuertes impulsos agresivos de los que no puede liberarse por completo en la vida real y a los que busca dar salida viendo la televisión.

Es evidente la improbabilidad de que la televisión implique atenuación alguna de un impulso fisiológico.

Tampoco es probable que la televisión sirva para atenuar el sentimiento de frustración sexual en un adolescente. De influir en algún sentido, lo probable es que agudice aún más ese sentimiento de frustración.

Es también poco probable que la televisión disminuya o aumente la tensión, a menos que proporcione algo con lo que el niño se pueda identificar. Cuanto más se sitúe a un lado y “observe” el programa, cuando más lo acoja con lo que Dysinger y Ruckmick han llamado “escepticismo del adulto”, tanto menos probable será que extraiga del programa una gran experiencia emocional. Por consiguiente, a menos que sea capaz de vivir parte de las experiencias agresivas de su héroe del Oeste o de su personaje favorito en un programa policíaco, no es probable que se produzca modificación alguna de importancia en su estado de tensión.

La conclusión provisional de la primera serie de estudios realizados por los australianos sobre el efecto de los diversos tipos de programas de televisión, es que el niño que se identifica con “el villano que no tiene piedad” experimentará probablemente un sentimiento de ansiedad y de culpabilidad si el villano es debidamente castigado en la historia, con lo que tenderá a inhibirse en él el sentimiento de agresividad que en otro caso podría resultar de su identificación con tal personaje. En todo caso, está claro que la naturaleza de la identificación del niño influye en cierto modo sobre su agresividad.

ABANDONO DEL AMBIENTE

Los niños cuyas relaciones sociales no son satisfactorias tienden a retener y a evocar durante más tiempo la fantasía que extraen de los medios de distracción para masas.

En gran parte de los casos, el resultado de recurrir a la fantasía que proporciona la televisión puede no ser la reducción del nivel de tensión en el mundo real, sino únicamente el de cambiar los mundos. El niño abandona el ambiente en que sólo encuentra frustración y descontento, trasladándose a un nuevo campo en el cual pueda levantar una barrera provisional contra parte de su descontento. Busca la violencia en su fantasía, más como un juego emocionante que como una forma de dar salida a su agresividad. Cuanto más tiempo logre permanecer en el mundo de la fantasía -cuanto más tiempo vea la televisión o sueñe con ella después de haberla visto-, tanto más tiempo logrará distraerse del conflicto social origen de sus dificultades. Pero cuando vuelve a los problemas reales del mundo, si éstos son importantes le producirán de nuevo un sentimiento de frustración.

CARACTERÍSTICAS DEL EFECTO-RELACIÓN (RELACIÓN ENTRE EL NIÑO Y LA TELEVISIÓN)

El efecto que produce la televisión se deriva de la relación entre las características de la televisión y las de sus espectadores. La cuestión consiste en determinar el número mínimo de variantes de la televisión y del espectador, y que este dato nos permita comprender y

predecir tal relación mutua. El verdadero contenido de la televisión es aquel que el espectador percibe en ella. Y esto, a su vez, puede comprenderse y acaso predecirse atendiendo a ciertos elementos que intervienen en la vida del espectador. Vamos a mostrar la relación que existe entre esos elementos y los materiales de fantasía y de realidad de la televisión. Tales variables básicas son:

  • Capacidad intelectual. Regula en gran medida la facultad del niño para aprender del medio, su disposición para discriminar lo uqe le ofrece, su afán por aprender cosas nuevas, y sus posibilidades y deseos de usar la televisión en su nivel más exigente en lugar de preferirla a un nivel más corriente.

  • Normas sociales. Por ellas entendemos el grado en que el niño tiene asimiladas las normas de actividad, de autoperfeccionamiento y de aplazamiento del placer propias de la clase media, y que se reflejan principalmente en la medida en que busca las experiencias realistas, con preferencia a las de fantasía, en la televisión.

  • Relaciones sociales. La clase de relaciones que el niño sostiene con sus padres y con su grupo de amigos, reflejadas principalmente en la medida en que usa la televisión como medio de evasión ante los problemas que le causan esas relaciones, o como sucedáneo para las satisfacciones que no obtiene de esas fuentes, y en la medida en que concede importancia para su vida diaria al contenido en fantasía de la televisión.

  • Edad. La edad cronológica sirve de indicación de ña clase de experiencia que pueda tener el niño en determinado momento, del puesto que ocupa en la escala de socialización, y de las necesidades particulares sexuales y sociales que siente en ese momento.

  • Sexo. El sexo sirve de indicador de las diferentes misiones para los cuales ha de prepararse el niño, y de los distintos intereses que debe alimentar.

Estos son los elementos escuetos que forman el esqueleto de la relación:

La televisión aporta:

1.- Posibilidades de vivir experiencias de fantasía.

2.- Posibilidades de vivir experiencias realistas

El niño aporta:

1.- Capacidad mental

2.- Normas sociales

3.- Relaciones sociales

De toda esta serie de relaciones complicadas, una parte se selecciona, otra se acumula y otra suele influir en una determinada forma de comportamiento. Estos distintos modos de uso son acumulativos a lo largo de una serie de exposiciones a la televisión. A ello nos referimos cuando hablamos del efecto de la televisión en los niños.

OTRAS CARACTERÍSTICAS DE LA RELACIÓN MUTUA

No es probable que el grado de satisfacción que puedan obtener los niños de la televisión llegue a ser tan elevado como el de las satisfacciones que pueden obtener de la vida real. La televisión, en gran parte, no es más que un sucedáneo. Cuando un niño frustrado recurre a la televisión, busca en ella el sucedáneo a las necesidades que no ha podido satisfacer a través de las relaciones que sostiene en la vida real.

Probablemente pueda establecerse una jerarquía entre las necesidades de la niñez atendiendo al grado en que pueden ser satisfechas por la televisión, comparado con el grado en que puede satisfacerlas la experiencia de la vida real.

Existe otra razón para creer que los efectos de la televisión tal vez no sean tan poderosos como se ha pretendido hacer ver, y ello estriba en el hecho de que la televisión es siempre una influencia más entre un conjunto de influencias, pues éstas proceden generalmente del hogar, del grupo de amigos, de la escuela, de la religión, de la civilización. Rara vez puede considerarse que el comportamiento de un niño obedezca exclusivamente a la influencia de la televisión. La televisión contribuye a esa forma de comportamiento, o puede servirle de catalizador, o matizarla.

EFECTOS DE LA TELEVISIÓN SOBRE LOS NIÑOS

Los efectos físicos perjudiciales de la televisión no son apenas apreciables. Parece que la televisión no produce un cansancio significativo en los niños que la ven en las debidas condiciones. No hay pruebas de que se produzca pérdida importante de horas de sueño o de energías como resultado de ver la televisión.

No obstante, los efectos emocionales de la televisión son menos innocuos. A casi todos los niños, en un momento u otro, les ha asustado algún programa visto en televisión. Se asustan, en particular, cuando un daño amenaza a algún personaje o animal con el que se sienten identificados, o por el que experimentan simpatía especial, y especialmente cuando el daño se deriva de la posibilidad de recibir puñaladas, de caer en una trampa, o de cualquier violencia que se salga del ritual característico. Se asustan también cuando ven demasiado prematuramente programas violentos o cargados de tensión, y también cuando presencian tales programas en habitaciones oscuras o a solas.

Los niños, en general, aman o buscan la emoción, tanto en la televisión como en la vida real, siempre que la clase de sentimientos que provoque en ellos esta emoción no se parezca demasiado al temor. Esa es la razón de que se sientan atraídos por “juegos emocionantes”, que tienen su paralelo en la televisión. No obstante, existen serias dudas sobre el posible efecto que ejercerá sobre ellos la dosis cada vez más elevada de emoción que les ofrece la televisión.

Por lo que concierne a los efectos cognoscitivos de la televisión la conclusión general es decepcionante, no porque la televisión cause cualquier prejuicio especial en este aspecto, sino más bien porque está lejos de haber desarrollado todo su potencial como portadora de ideas y de información. Para las tareas escolares, la televisión comercial no es “ni una ventaja definida ni un grave inconveniente”. En ciertos aspectos está contribuyendo indudablemente a formar una generación mejor informada, pero lo que ha conseguido en este aspecto no es nada comparado con lo que podría lograr si desarrollara en mayor medida sus posibilidades de ofrecer experiencias realistas. La televisión comercial obtiene su principal apoyo en las experiencias fantásticas que ofrece. La televisión educativa no comercial, dedicada a ofrecer experiencias realistas, necesita talentos y dinero.

La televisión ha obtenido mejores resultados como estimuladora del interés que como estimuladora de las actividades intelectuales o creadoras.

Llegamos así a los efectos de la televisión sobre el comportamiento. Son éstos los que han provocado mayores preocupaciones y, sin embargo, consideramos que pueden controlarse en casi todos los casos regulando la vida del niño en sus aspectos independientes de la televisión.

Vemos, por consiguiente, que los culpables de tales efectos perjudiciales de la televisión sobre la forma de comportamiento son, en igual medida, los padres y las emisoras de televisión. Los padres han de cuidar de que sus hijos vean la televisión en las condiciones ópticas apropiadas y no se queden hasta demasiado tarde viéndola, evitando así lo que hemos llamado efectos físicos perjudiciales de la televisión. Las emisoras deben asumir la responsabilidad del nivel intelectual de la televisión, así como de la cantidad de material terrorífico que contenga y de su nivel de emoción y violencia.

CONCLUSIÓN

La televisión no es algo que haya de temerse ni tampoco certificarse como saludable, sino que más bien exige comprensión e implica ciertas responsabilidades especiales por parte de los padres, de las emisoras, de los maestros y de las demás personas que influyen en la vida del niño.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Schram, W., Lyle, J., B. Parker, E.: “Televisión para los niños: análisis sobre los efectos de la televisión.” Editorial Hispano-europea. Barcelona, 1965.

  • Soler i Amigó, J.: “La televisión y los niños”. Editorial Fontanella, S.A. Barcelona, 1976.

  • Greenfield, P.M.: “El niño y los medios de comunicación”. Morata, Madrid, 1985.

  • Buceta, L.: “Fundamentos psicosociales de la información”. Centro de Estudios Ramón Areces. Madrid, 1992.

  • Halloran, J.: “Los efectos de la televisión”. Editora Nacional. Madrid, 1974.

  • Bryant, J., Zillmann, D.: “Los efectos de los medios de comunicación”. Paidós. Barcelona, 1996.

ÍNDICE

Pág.

* Introducción 1

* Problemas interpersonales y uso de la televisión 2

* El sentimiento agresivo en los niños 4

* Conflicto padre-hijo y comportamiento ante los

medios para las masas 6

* ¿En qué casos la televisión reduce la agresividad? 7

* Abandono del ambiente 9

* Características del efecto-relación (relación

entre el niño y la televisión) 9

* Otras características de la relación mutua 11

* Efectos de la televisión sobre los niños 12

* Conclusión 14

* Bibliografía 15

TELEVISIÓN Y RELACIONES SOCIALES: LOS EFECTOS DE LA TELEVISIÓN