Economía durante la dictadura de Hitler

Política económica alemana. Segunda Guerra Mundial. Era Speer. Blietzkrieg

  • Enviado por: The Kid
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 29 páginas
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Índice

  • Prólogo

A) La economia Alemana previa a la guerra (1933/39) Págs. 3-12

    • A.1)Economía alemana antes de Hitler en el poder Págs. :3-4

    • A.2) Economía con Hitler al Poder Págs.:5-12

:

      • A.2.1) Situación general. Pág. 5

      • A.2.2) ¿Economía centralizada o de mercado?: Pág. 5

      • A.2.3) Relación industria / estado 1933-1945: Págs.:6-8

      • A.2.4) Posición frente al exterior y problemas con las materias primas Págs.: 8-10

      • A.2.5) La clave de la recuperación: El gasto publico y el rearme: Págs. 10-11

  • B) Economía alemana y guerra: Págs. 12-26

    • B.1) Justificación económica de la guerra: Págs.:12-13

    • B.2) Estrategia y economía al servicio de la guerra: Págs.:14-15

    • B.3) Cañones y mantequilla 1936-1941 Págs.: Págs:16-18

    • B.4) Dimensión económica y viabilidad de la Blietzkrieg: Pág.:19

    • B.5) La “Era Speer” y el milagro del armamento: Pág.:20

    • B.6) Guerra Total y lucha entre potenciales económicos 1942-1945: Págs.:21-22

    • B.7) Aspectos económicos más relevantes de la ocupación: Págs.: 23-24

  • Conclusión: Pág 25.

  • Bibliografía: Pág 26

Prólogo: Índice

“Quién iba a pensar que en siete años íbamos a llegar tan lejos, de ser un país europeo económicamente débil, e incluso corrupto, a convertirnos en la mayor potencia industrial y militar del mundo. En consecuencia yo tengo la mayor confianza en nuestro futuro económico. Solo preveo dificultades si no conseguimos lo que es tan esencial para nosotros: El espacio vital”

Herman Göring, 1940

EL movimiento Nazi, aparecía como una protesta contra el desarrollo económico moderno y se convirtió en núcleo de las lealtades para todos aquellos que se habían visto desplazados y desarraigados por los vaivenes, despiadados y aparentemente incontrolables, de la economía alemana desde 1918.

Las autoridades nazis, apoyados por una serie de coyunturas y lastres del pasado enraizados en las mentes de la población y, al abrigo de su hostil y seductora persuasión, canalizaron eficazmente los recursos y voluntades de gran parte de la nación hacia la consecución de los intereses económicos del partido y la preparación de la contienda.

A los poderosos mandos nacionalsocialista y a su más fiel encarnación; Adolf Hitler, no les interesaba la ciencia económica como tal. En sus fanáticas convicciones, no se concebían leyes que los hombres de estado no pudieran vulnerar por su cuenta y riesgo a tenor de la coyuntura o necesidad.

La economía no era más que un potente instrumento. Un indispensable medio para lograr en el menor tiempo posible una heterogénea serie de objetivos tales como la extracción de piedra para embellecer la ciudad de Berlín, o la movilización de la mano de obra domestica hacia las grandes fabricas de proyectiles.

En la presente exposición se analizan e ilustran aquellos rasgos que configuraron el perfil económico de la terrible dictadura nazi, aquellos que, como la batalla, permitieron a la nación alemana tocar el cielo... para, años mas tarde, conducirse hacia su propia autodestrucción. Índice

  • La economía Alemana previa a la Guerra (1933/39)

  • A.1)Economía alemana antes de Hitler en el poder Índice

    En 1929, en plena recensión mundial, los llamados “años dorados de Weimar” y la recuperación alemana -tras la crisis e hiperinflación de los años 20- tocaban fondo.

    A pesar de las mejoras acontecidas a en los años 20 como fueron: la nacionalización industrial, la mecanización y tecnificación de la economía o la acogida de substanciales entradas de capital extranjero, la economía Alemana adolecía aún de una serie de debilidades:

    La agricultura estaba deprimida y afectada por la tendencia bajista del mercado mundial (a pesar del amparo proteccionista contribuido por el gobierno); La dependencia del capital extranjero era, más que necesaria, vital; La balanza de pagos era endeble; el desempleo aun persistía en niveles no deseables y el pago de las deudas seguía siendo un pesado lastre.

    Es importante hacer hincapié en el hecho de que el precio económico que Alemania debía pagar para liberarse de la carga política de las indemnizaciones de guerra, aún siendo duro y molesto, podía ser, con mayor o menor legalidad, soportable e incluso viable. Sin embargo, el humillante precio emocional era difícilmente tolerable por los alemanes. El nazismo, les proveerá de una sugestiva base ideológica capaz de legitimar ese rencor y aliviar sus frustraciones revanchistas.

    Con el estallido de la crisis, y dada la precaria situación de la capacidad prestamista Norteamericana, las exportaciones de capital se restringieron, y Alemania, uno de los mayores prestatarios, vio drásticamente menguado su poder adquisitivo internacional.

    La crisis se extendió, y Alemania la sintió con fuerza. Comparando 1928 (el ultimo año libre de la depresión, con índice 100) con el año 1932 (el más fatídico para la nación germana) los índices fueron los siguientes:

    58 para la renta nacional y 31 para las inversiones fijas brutas a precios corrientes, 58 respectivamente para la producción industrial total, 38 en la manufactura de bienes de producción y 74 con respecto a la elaboración de bienes de consumo.

    La depresión industrial fue reforzada asimismo por una crisis bancaria y financiera, fruto de la inconsistencia estructural del sistema bancario alemán. La capacidad deudora de la nación se desprestigiaba y los acreedores extranjeros repatriaban los fondos. A pesar de la asistencia internacional, fue imposible evitar el desplome, y una gran cantidad de bancos quebraron o se declararon insolventes.

    Conjuntamente, la nación sufría una de las tasas de desempleo mas pronunciadas y en 1932 la proporción de desempleo se había elevado al 30,8 por ciento alcanzándose durante el gobierno de Brüning la cifra de 6 millones de parados. Las desagradables secuelas de semejante volumen de desempleo, serían el caldo de cultivo ideal para el nacimiento de las atractivas promesas nacionalsocialistas encaminadas, al menos en sus principios, a la reducción del desempleo como primer objetivo. Índice

    A.2) Economía con Hitler al Poder Índice

    A.2.1) Situación general Índice

    Cuando Hitler se hace con las riendas de la nación, Alemania se encuentra en el arranque de la fase de recuperación tras el embate de la crisis.

    La situación internacional, a rasgos generales, y comunes al resto de naciones en fase de restitución, se caracterizaba por un aumento de las restricciones al comercio y movimientos de capital, disminución de los préstamos exteriores, devaluaciones monetarias y, como es de esperar, una acentuación de la intervención estatal en la economía. En suma, las clásicas medidas adoptadas para aislar a las economías de las desfavorables coyunturas exteriores.

    Sin embargo, el caso de Alemania, difiere del de las demás naciones que se encerraron en estrategias político-económicas semejantes, en tanto en cuanto que su política autárquica, orientada eminentemente hacia el interior, contribuyó de manera notable a la recuperación económica del país (aunque quizás, el salvaje coste social de ésta neutralice el aserto anterior)

    Entre 1929 y 1937 la producción se triplicó y el desempleo, en 1938, no llegaba al 1 por ciento.

    Dicha recuperación tuvo dos características que destacaron por encima de las demás, una fue la intensidad de la mejoría y otra el poderoso papel jugado por el estado.

    A.2.2) ¿Economía centralizada o de mercado? Índice

    En referencia al cometido del estado y el sistema económico adoptado por los nazis existen discrepancias en cuanto a la forma de calificarlo o catalogarlo. Algunos autores la perciben como una economía donde la planificación es lo preeminente, mientras que otros exponen que la actuación económica obedecía a los dictados de la oportunidad política, y cada fase de intervención se adoptaba para hacer frente a las crisis a medida que estas aparecían.

    Desde mi perspectiva, el sistema económico nacionalsocialista era una combinación, quizás inconsciente, de ciertas nociones del capitalismo y otras más propias de la economía planificada. El peso de unas u otras dependían del oportunismo y la coyuntura, de los condicionamientos políticos y sociales, o simplemente de la irracionalidad o desconocimiento de aquellos que gestionaban la actividad económica de la nación en cada momento.

    En otras palabras, tuvieron la suerte o el acierto de conciliar y utilizar selectivamente, sin ningún resentimiento dogmático, aquellas políticas e instrumentos que les parecieron útiles y eficaces en cada momento, siendo las fuentes de motivación de la creciente actuación estatal, las consideraciones políticas o sociales por encima de los dictados de la teoría económica.

    A.2.3) Relación industria / estado 1933-1945 Índice

    Al objeto de poder valorar las cambiantes relaciones entre la gran industria y el estado a lo largo de la historia del Tercer Reich y examinar las tendencias comerciales del régimen, la investigación historiográfica distingue 4 fases:

    La primera se enmarca entre 1933 y 1936 en un contexto de fascismo parcial o incompletamente desarrollado. La industria gozaba de un notable grado de autonomía frente al régimen, pero sin olvidar que desde el principio estuvo al servicio e los objetivos fijados por Hitler.

    El sostenimiento del pleno empleo y altos niveles de producción en un entorno internacional deprimido, había necesitado de una amplia combinación de controles económicos que habían aislado a la economía alemana de forma creciente y que se reforzarían aun más en los años venideros.

    En la segunda fase iniciada en 1936, el nacionalsocialismo se encuentra en una etapa de madurez, y sus más sólidas bases han calado en la sociedad en su máxima profundidad.

    Es el comienzo del Plan Cuatrienal en el cual, la economía privada se sometía a la política económica armamentística impulsada por el estado, el cual se constituía como el claro primer inversor y consumidor de la economía alemana.

    El elevado nivel de gasto publico del que, antes de 1936, los dedicados a gastos militares eran solo una pequeña parte, habían diferenciado muy claramente el comportamiento de la económica alemana de del de las otras grandes potencias.

    En estos años las empresas continuaron en manos de sus dueños y aumentaron los beneficios de las mismas como consecuencia de la coyuntura prebélica. Sin embargo, el principio fundamental de una economía capitalista, esto es, la racionalidad de los fines y medios en busca del máximo beneficio / mínimo coste, fue postergado progresivamente a instancias de Herman Göring, embajador del plan cuatrienal, y sacrificado a los principios autárquicos y a las necesidades del rearme. Por añadidura, las empresas progresaban bajo la amenaza de perder los privilegios que habían adquirido o conservado en caso de no estar a la altura e la tarea que se les había encomendado.

    De tal modo, mientras la administración y el riesgo de los negocios quedaban en manos de empresarios para mantener la iniciativa personal, se restringía la típica búsqueda capitalista de intereses privados mediante un conglomerado de funcionarios que vigilaba el cumplimiento de las numerosas instrucciones del gobierno y canalizaba el animo empresarial hacia los objetivos directos del partido.

    Pese a su rival ideológico Hjalmar Schacht, el mismo que enmendó años atras los problemas monetarios de la nación, Göring se aferró al tren de la irracional economía armamentística cuyo ultimo estadio era la guerra, con la consiguiente compensación de las cargas merced al botín bélico.

    La relación sector privado / sector publico, permaneció aun confusa en este periodo, pero es innegable que la presencia y protagonismo del estado en lo referente a las cuestiones económicas adquirió una ponderación predominante.

    La tercera etapa comienza en 1941-1942 tras el fracaso de la estrategia de la Blitzkrieg y el comienzo de la llamada “Era Speer”.

    Como veremos de nuevo posteriormente, después de el fracaso en el frente oriental y el desastre de Stalingrado, se le da mano libre a Albert Speer para que desarrollara -en cierto sentido con métodos semejantes a los utilizados en los países occidentales- una economía armamentística y bélica que permitiera una mayor autonomía a la industria, que limitara con mas intensidad el consumo privado y que estuviese enfocada a una larga guerra.

    Entre 1944 y 1945 con el fin de la “Era Speer” comienza la cuarta y última etapa en la cual los rivales políticos del Albert, velaron porque se fortaleciera de nuevo el control de la economía por parte del estado y del partido como ya ocurriera entre 1936-1941.

    A.2.4) Posición frente al exterior y problemas con las materias primas Índice

    Aunque desde la embestida de la gran recensión las restricciones fueron firmes protagonistas en las relaciones internacionales, fue después de 1936, en el momento en el que los gastos militares se dispararon, cuando ya no había esperanza alguna de que la economía alemana pudiese regresar a un sistema comercial y de pagos internacionales de carácter más liberal.

    La red de controles se complementaba con extensas regulaciones sobre el comercio, los pagos y los cambios y los resultados en términos de exportaciones fueron penosos (a pesar de los subsidios de que éstas gozaron)

    Por otro lado, las disposiciones políticas de 1936, ratificaron que las intervenciones sobre el comercio, los pagos internacionales, los salarios y los precios iban a expenderse y hacerse más tajantes y que la economía alemana se aislaría todavía mas de la influencia de las otras grandes naciones.

    Aislamiento mismamente espesado debido a los grandes volúmenes de producción asignados en el plan cuatrienal a la obtención de materiales de indispensable interés estratégico, como combustibles, caucho y aluminio, a precios situados por encima de los existentes en los mercados mundiales.

    El propio Hitler consideraba que hacia falta un mayor grado de autosuficiencia de la economía alemana para que él pudiera contar con la libertad de actuación estratégica que necesitaba, y también como una justificación a su agresiva política expansionista.

    Se constituía de esta manera uno de los tres grandes objetivos de la política nazi, alcanzar la autarquía en el sector industrial (en el sector agrícola se perseguía de igual modo la autosuficiencia) El plan cuatrienal, aparte de relacionársele con el rearme masivo, guardaba una estrecha relación con la industria, o al menos así queda reflejado en sus cuatro objetivos: nacionalización técnica, aumento de la capacidad, dispersión de la producción manufacturera y atención especial al autoabastecimiento (o sustitución por técnicas de producción nacionales) de materias primas.

    Además, este deseo de lograr la autosuficiencia, también se encontraba enraizado en gran parte de la voluntad de la sociedad. El propio recuerdo del bloqueo nacional aliado que Alemania sufrió durante la Gran Guerra, reforzó esta línea de pensamiento. Igualmente, influyó en la política económica y las ansias de conquista promovida por el régimen en lo referente a la necesidad de asegurarse los vastos recursos de la Europa oriental.

    Con relación al problema de las materias primas, la cuestión no perdió relevancia alguna como ya ocurrió en la I Guerra Mundial. En 1939, el Reich dependía de los suministros exteriores al menos en un 45 por ciento (elementos como hierro, chatarra, plomo, petróleo, caucho, cromo, estaño, níquel, bauxita o manganeso, metal fundamental para la construcción de tubos de cañones y de fusiles, importado desde nuestro país en pleno apogeo franquista por aquel entonces)

    Las importaciones de éstas y otras mercancías, aunque Hitler se oponía rotundamente a almacenarlas en la medida que el ejercito demandaba, suponían un insostenible gasto de reserva de divisas. La balanza de pagos se podría haber equilibrado algo si Hitler hubiera frenado el ritmo de rearme y se hubiera orientado la economía hacia las exportaciones; pero, con excepción del periodo de las favorables relaciones con la U.R.S.S. de 1939 a 1941, la mente de Hitler rechazaba el fortalecimiento a través de la producción y del intercambio comercial, a favor del fortalecimiento por la conquista.

    En resumen, no conviene olvidar el hecho de que, dado que Alemania no fue capaz de tornarse autosuficiente en su propio abastecimiento de ciertos productos vitales, sus vínculos económicos con ciertos países extranjeros y territorios conquistados, continuó siendo básico.

    A.2.5) La clave de la recuperación: El gasto publico y el rearme Índice

    Una vez que los nazis tomaron el poder, se embarcaron en un espectacular programa de obras publicas e infraestructura (carreteras, puentes etc) incrementando el gasto publico incesantemente que más tarde derivaría en ingentes cantidades destinadas a la producción bélica.

    Los efectos de este enorme gasto repercutieron en una rauda disminución del desempleo y malestar social.

    En términos de producción, la economía se vio fuertemente estimulada por el rearme. Mientras en 1933 solo se destinaron 1.000 millones de Reichmarks a las fuerzas armadas (la llamada Wehrmatch), el promedio anual correspondiente a 1934-1935 fue de 5.000 millones, en 1936-1937 se elevo a 11.000 y en 1938 se alcanzaron los 17.000 millones.

    Para la financiación de semejante volumen de gasto, el gobierno nazi se las arregló llevando a cabo durante cierto tiempo una política financiera bastante sólida: los dispendios públicos financiados por las deudas, pusieron en funcionamiento factores de producción ociosos y desembocaron en un aumento de la renta nacional que generó rendimientos impositivos más elevados y una acumulación de ahorros que a su vez permitieron reintegrar o consolidar en cierto modo los empréstitos públicos.

    Una vez logrado el pleno empleo y credibilidad social, fue posible que los nazis continuaran su extenso guión de rearme sin inflación o disminución del nivel de vida, porque, sin seguir un plan premeditado y escrutado, con el paso de los años consiguieron la gradual remoción de los elementos de economía de mercado que aun persistían sustituyéndolos por un burocratizado aparato de control cada vez mas jerarquizado y minucioso como ha sido manifestado en apartados anteriores.

    En los preliminares de la guerra, Hitler se jactaba de haber gastado unos 90.000 millones de marcos en la preparación de la contienda, lo que era equivalente a la renta nacional de un año en (términos monetarios de 1938)

    Vemos pues que, aunque no sin fricciones y contradicciones, la maquinaria nazi, a nivel estrictamente económico y sin considerar el alto coste social, fue bastante fructífera, especialmente si se le compara con los resultados arrojados por otras serie de naciones europeas o simplemente con la contundencia de los datos que evidencian espectaculares progresos en lo referente a la eliminación del paro o el crecimiento del producto agregado. Índice

    B) Economía alemana y guerra

    B.1) justificación económica de la guerra Índice

    Los orígenes de la II Guerra Mundial se apoyan en la elección premeditada del conflicto armado como una herramienta de política por parte de los hostiles mandatarios nazis.

    El gobierno alemán, lejos de vacilar en la vinculación de la guerra con la política, se vio instigado, en sus decisiones belicistas, por la certidumbre de que sus campañas podían ser una interesante fuente de ganancias.

    Aunque las consideraciones económicas no fueron en ningún caso las causantes primordiales de las hostilidades, el gobierno alemán era plenamente consciente de que la guerra les sufragaría sus problemas económicos de mas largo plazo, sin olvidar, por supuesto, los tangibles botines que, en cada saqueo, podrían obtenerse (Un claro ejemplo de la deliberada utilización de la guerra como instrumento económico, fue la invasión de Ucrania)

    Cabe destacar la concepción económica de la guerra que sostenían las autoridades alemanas en contraposición a sus oponentes, manteniendo sus objetivos en los rápidos beneficios económicos y sociales que podían derivarse de cada batalla victoriosa en contraposición a la abrumadora y desagradable carga de necesidad y sacrificio que los aliados imponían a sus respectivas economías.

    El nacionalsocialismo apoyó su dudosa legitimación en una serie de teorías de elaboración propia para justificar ciertas políticas económicas en el ámbito internacional.

    La teoría de la Grossraumwirtschaft (economía de las grandes áreas), aunque solo era una justificación retórica de su búsqueda de “espacio vital” posterior al hecho de las necesidades económicas y a la necesidad de la guerra como veremos en posteriores apartados, también influyó en la configuración de estrategias económicas y planes de invasión.

    Estas grandes áreas, como los Estados Unidos o la Unión Soviética, eran las unidades geográfico-económicas de la nueva etapa abierta tras la crisis y el consiguiente desmantelamiento del régimen liberal en Europa según la interpretación de los teóricos nacionalsocialistas.

    Dichos espacios económicos, poseerían mayor cantidad de recursos y mercados más amplios, favoreciendo el empleo y el aumento de la renta, siendo comercio internacional sustituido por un sistema autárquico en el que cada región sería autosuficiente.

    El vinculo entre guerra, áreas económicas y político-raciales quedaría así estrechamente definido, dada la consideración de que las Grossraumwirtschaft presentaban también una cierta “unidad racial”.

    Una Europa central desarrollada gracias a la superioridad racial de sus pobladores, los arios, y una periferia proveedora básicamente de materias primas, porque su población era racialmente inadecuada para levar a cabo tareas económicas más complejas.

    Otra justificación económica que se encuentra en la belicosidad nazi seria la necesidad de obtener una serie de ingresos tangibles con el fin de compensar o efectuar los ingentes gastos que requiere mantener el esfuerzo productivo durante la guerra. Esto queda fácilmente refrendado en la estrategia practicada en las campañas cortas, cuya explotación tras la conquista se convertía pues en una necesidad básica para no perder el tren de la guerra económica.

    La vinculación directa de objetivos económicos con la guerra también se daba bajo la esfera privada empresarial, donde algunas de las mayores empresas alemanas tenían planes concretos para beneficiarse de la guerra ofensiva y apoyaron al gobierno nacionalsocialista en muchos de sus objetivos económicos. Además dichas empresas estaban en condiciones de beneficiarse de la política del gobierno hacia un mayor nivel de autarquía y confiaban en extender sus nuevos intereses hasta las futuras fronteras del Reich. Índice

    B.2) Estrategia y economía al servicio de la guerra Índice

    La elaboración de un plan estratégico adecuado exige una precisa valoración de la potencialidad económica para emprender las hostilidades. Pero la guerra no es sencillamente un acontecimiento económico y el plan estratégico es una síntesis de todos los demás factores a tener en cuenta, los políticos, los militares, los sociológicos y los psicológicos.

    La simplificación otorgada a las prioridades económicas en tiempos de guerra, es decir, maximizar el esfuerzo productivo sin prestar especial atención al coste que esto genera, es engañosa. Este supuesto de una sola prioridad, llevaría a la población a un nivel de existencia tan mísero que, política y socialmente, la concentración prolongada de la economía sobre un objetivo tan pobre, resultaría imposible.

    Para alcanzar el potencial de guerra, no solo hay que maximizar la curva de posibilidades de producción prestando especial importancia a la mermada disponibilidad de recursos (La restricción de aprovisionamiento al adversario, llevada a cabo calculada y deliberadamente, es una de las más básicas estrategias económicas aplicadas en tiempos de guerra, y en la II Guerra Mundial fue especialmente utilizada por los Aliados.) o las diferentes posibilidades de sustitución de materiales escasos, sino que también, para aproximarse a tales limites óptimos, es necesario una sociedad muy aglutinada y una administración muy eficaz que funcionara fluidamente.

    Los problemas políticos, la resistencia social o las fricciones administrativas, son normalmente los primeros limites efectivos con los que se tropieza.

    Respecto a la famosa Blitzkrieg, ésta se constituyó como uno de los mas utilizados, y en un principio exitosos, elementos de la dinámica y enérgica estrategia nazi.

    Veamos pues los rasgos económicos concomitantes e implícitos de la “guerra-relámpago”:

    En general, el termino Blitzkrieg (guerra relámpago) se le demanda un significado táctico, en el sentido de una campaña rápida, ágil, y mecanizada, diseñada para aplastar y saquear al enemigo lo mas rápidamente posible. Asimismo, bajo este termino se esconden otros matices relacionados con lo expuesto hasta ahora:

    Se puede decir, que en un principio, la estrategia de la Bliztkrieg era las mas adecuada para la Alemania nacionalsocialista, exigía unos requisitos económicos, no mayores de los que la economía nazi podría someterse. Desde el principio, Hitler creía que no era necesario prepararse para una guerra dilatada y que bastaría con llevar a cabo los preparativos que requerían sus campañas relámpago. Pues, según él, las conquistas que preveía llevar a cabo en el curso de las mismas habrían de fortalecer, al mismo tiempo, la situación económica y defensiva de Alemania. Por otra parte dichos fulminantes ataques exigían una disponibilidad armamentística que Alemania disponía con superioridad respecto al resto de posteriores contendientes, dada su previa preparación y rápido rearme.

    Conjuntamente, la estrategia de la Blitzkrieg reducía las fricciones administrativas y se ajustaba perfectamente a los métodos de trabajo nacional socialistas, así como a la situación político-social interior. En suma una estrategia flexible y eficaz que dotaba a la reprimida población de éxitos fructíferos y rápidos, pero inútil para soportar un conflicto largo y necesitado de una planificación económica mucho mayor y mas compleja. De ahí que dicha efectividad se fuese desvaneciendo con el choque en el frente oriental en el invierno de 1941. Índice

    B.3) Cañones y mantequilla 1936-1941 Índice

    A partir de 1936 la colaboración entre los poderes político y económico dejó, sin duda alguna, de ser equitativa. El estado y el partido se alzaron este año, de forma clara, con la dirección económica del país y, en 1938, también con la gestión militar, relegando, tanto en un caso como en otro, a los socios de antaño a un nivel de poderes de segunda fila.

    Mientras de forma creciente, la industria se iba subordinando a los preparativos bélicos, el omnipotente Schacht dimitió de su cargo de ministro de economía dadas sus divergencias políticas y económicas con las directrices que Hitler imponía al amparo de su amenazante poder. Después de Schacht, la personalidad más influyente en el ámbito económico fue Herman Göring, éste, apoyó sin reservas la política belicista y armamentística de Hitler, sin tener en cuenta las necesidades y limitaciones económicas del país denunciadas por su antecesor, si bien es verdad que, desde su puesto de encargado del plan cuatrienal, su política se asemejó en ciertos aspectos, de una forma mas o menos consciente, a la promovida por Schacht.

    De todas formas, por deseo expreso de Hitler, no se pudo reducir de forma rigurosa la capacidad de la economía de atender las demandas de la sociedad civil, pues el poder responder a éstas, era esencial para que el partido pudiese mantener las riendas del país. Sin embargo, pese a la idea nazi de llevar a cabo su política económica de producción de “cañones y mantequilla”, los gastos en armamento se elevaron constantemente.

    Al hacerse publico “el plan cuatrienal” para lograr la plena disposición de la nación para la contienda y durante la puesta en practica del mismo, se apeló a la población, y no sin éxito, a que estuviese dispuesta a aceptar algunos sacrificios y limitaciones, especialmente el lo referente al suministro de alimentos, a favor del rearme. También se animaba a la masa social a que cerrase los ojos ante las estrecheces del momento presente, a cambio de la expectativa de futuras conquistas de “espacio vital” y venideros botines bélicos.

    De hecho, ya durante los años treinta, se produjo una notable disminución del peso del sector de bienes de consumo en relación con el sector armamentista (el porcentaje de las inversiones en dicho sector, que durante 1928 y 1929, había representado, como media, el 31% de todas las inversiones, disminuyó, durante 1934 y 1935, hasta ser un 25% y, durante el bienio 1937/38, hasta el 17% del total)

    A pesar de las evidentes divergencias entre la propaganda nazi y la realidad del tercer Reich, se puede decir que en términos generales se cumplió el objetivo expuesto por Hitler en sus directrices del plan cuatrienal, esto es: el de “prearar la guerra durante la paz”. Sin embargo el coste que esta empresa produjo acabó por engullir todas las utópicas ilusiones iniciales. La economía del Tercer Reich, al verse en la necesidad de satisfacer de forma simultanea las necesidades de la guerra y de la paz, no estuvo en condiciones de prepararse para un largo conflicto de desgaste. El mismo que el Fürer rechazó desde el principio.

    Puede decirse que, en términos generales, el intento alemán de ganar una guerra contra una serie de grandes potencias económicas, imponiendo estrechas restricciones y estrangulamientos al sistema productivo, fue futil, pese a las innegables conquistas espectaculares que tuvieron lugar en los inicios de la contienda. Esto queda claramente refrendado en el brusco cambio en la dirección estratégica que llevaron a cabo los alemanes (más que por voluntad propia, forzados por las circunstancias, ya que a cada amago de que la guerra le era propicia, Hitler se mostraba propenso al retorno de la Guerra relámpago, de implicaciones económicas mucho menos exigentes y ajustables a la situación alemana) tras la derrota en Stalingrado en 1941, aceptando que la táctica desplegada inicialmente, era por aquel entonces un proyecto abocado al fracaso y la derrota en manos de los fortalecidos contendientes aliados.

    El abandono de la estrategia de la Blietzkrieg implicó, para Alemania, el comienzo e una desesperada lucha contra perspectivas económicas contrarias. Pese a la fragilidad en la base del partido y la reducida esfera de autoridad que, respecto a Hitler, tenían las autoridades al mando del ministerio de economía, las presiones de, tanto los más clarividentes funcionarios del partido como la propia evidencia, hicieron que Hitler tuviese que ceder. Éste se vio forzado a aprobar gradualmente aquellas importantes modificaciones en la gestión de la economía.

    Como nota destacable, compartida por la mayoría de los autores, se puede contemplar en términos generales como algo característico de la dictadura nazi, el hecho de que Hitler solo consintiera, de mala gana y con grandes dudas, limitar, a partir de 1942, la producción de bienes de consumo en favor de la industria armamentística.

    De igual modo, el dictador recurrió a regañadientes a la subida de impuestos sobre los bienes de consumo para financiar el coste de las contiendas. Prefería recabar los fondos de forma indirecta aun a costa de un crecimiento de la tasa de inflación con el fin de que la población no se viese afectada temporalmente.

    Motivo de todo esto es la falta de legitimidad y convicción moral por parte de los sectores menos fanáticos del pueblo alemán, dudoso de estar defendiendo una causa justa, y estar en condiciones de aceptar un sacrificio para apoyar la voluntad nazi. Bajo estas circunstancias, Hitler se vio obligado a tener en cuenta en todo momento las necesidades de consumo de la población civil al objeto de conjurar, de esa forma, el temor que siempre le acompañó y le preocupó, de que se pudiera producir una revolución interna. Su preocupación por el animo del pueblo, sojuzgado por él mismo a través del terror, la represión y el miedo, le comprometió a desarrollar una diplomacia basada en el “palo y la zanahoria” y a seguir, en lo relativo a la producción y suministró de bienes de consumo, un rumbo hasta cierto punto flexible que dotase, a su cada vez más resquebrajada dictadura, de un carácter lo mas popular posible. Índice

    B.4) Dimensión económica y viabilidad de la Blietzkrieg Índice

    Durante la etapa de la Blitzkrieg, hasta el invierno de 1941, los esfuerzos económicos alemanes estuvieron alejados de la movilización total como se ha expuesto en anteriores apartados. A diferencia de la I Guerra Mundial, la nueva técnica de la Blitzkrieg apuntaba a quebrar el ejercito enemigo por medio de la paralización, interrumpiendo o cortando en las áreas de retaguardia las líneas de abastecimiento, comunicación y mando mediante la utilización de veloces tanques y estratégicos bombardeos. Así se obtuvo rápidamente la victoria sobre Polonia, Francia y otra serie de países, mientras la producción tanto de bienes de consumo como de armamento no fluctuaban, en términos generales, excesivamente.

    Sin embargo, como se ha puesto de manifiesto anteriormente, entrados los años cuarenta, tras la apertura del frente oriental y la participación activa de los Estados Unidos en el conflicto, la maquinaria económica alemana se vio forzada al melancólico abandono de la Blitzkrieg.

    Las nuevas concepciones armamentísticas tendentes a reavivar las esperanzas de victoria tras el abandono de la guerra relámpago se basaban en, lo que los autores llaman, el “rearme cualitativo”. De todas formas, las relativas ventajas que la industria armamentística alemana pudiese tener no eran suficientes para hacer frente a la superioridad cuantitativa de los aliados y, en efecto, en 1942, la nación alemana progresaba de forma paralela a la de sus enemigos, es decir, concentrando toda sus actividad económica en la producción de material bélico y recortando todas las demás actividades productivas. Índice

    B.5) La “Era Speer” y el milagro del armamento Índice

    Como hemos visto, a pesar de las victorias iniciales y efectividad de la Blitzkrieg, con la confrontación el frente Ruso, los problemas empezaron a manifestarse con fuerza o a emerger del estado latente en el que se encontraban. El caos de competencias económicas se venia ya arrastrando desde el periodo anterior al conflicto y tras el fracaso de la Guerra relámpago, con una nueva estrategia basada en el desgaste, Hitler se vio al fin forzado a tomar las medidas que habían estado aplazando durante tanto tiempo; Se promulgaron los primeros decretos restringiendo la producción de bienes de consumo y racionalizando la producción de armas.

    Bajo las nuevas circunstancias y los duros reveses sufridos por las fuerzas armadas a finales de 1941 y principios de 1942, se encomendó, primero a Todt, (responsable del Ministerio de Armamento y Munición) y, tras la muerte de éste a su sucesor Speer, (arquitecto personal del Fürer cuyo vinculo con él fue la base de su poder hasta 1944, en que empezó a debilitarse) la tarea de reestructurar con profundidad la economía del Tercer Reich ciñéndose a las nuevas coacciones impuestas por la guerra.

    La labor de Albert Speer, aunque compartiera la derrota alemana, no merece subestimarse. Éste aumentó el grado de eficacia y organización de la industria alemana, sin lograr, no obstante, eliminar por completo la incoherencia y falta de coordinación que la caracterizaba. Otro de sus más visibles logros fue el paulatino incremento de la producción de armamento llegando incluso hasta dejar turbada a la inteligencia aliada en pos de lograr un máximo, en 1944, tras un aumento del 322 por ciento en la producción.

    Al abrigo de una mayor nacionalización y centralización de la planificación, en términos generales, Speer, “el amigo de la industria”, se esforzó por absorber y dotar de una relativa autonomía, a todos aquellos sectores de la economía alemana que no habían sido utilizados hasta entonces con fines bélicos y, también por poner a los mismos en disposición de subvenir a las necesidades de la nueva estrategia que se estaba adoptando, la de la “guerra total” Índice

    B.6) Guerra Total y lucha entre potenciales económicos 1942-1945 Índice

    En el invierno de 1943-44 la economía mundial estaba movilizada para la batalla como nunca antes lo había estado, ni siquiera durante la Gran Guerra.

    La “guerra de potenciales económicos” con la entrada de los nuevos contendientes tenía 4 aspectos característicos:

    1. Llevó a la “movilización total” de las energías humanas y los recursos económicos de todos los países beligerantes.

    2. Planteó la urgencia de la reducción de la capacidad productiva del enemigo por cualquier medio disponible, especialmente por medio de bombardeos masivos y cohetes dirigidos.

    3. Llevó al Eje a exprimir al máximo a los países ocupados. Y a los Aliados, a recabar del resto del mundo no comprometido en la guerra el abastecimiento necesario.

    4. Al estar obligados los Aliados a enviar material y hombres a ultramar, las potencias del Eje podían intentar impedir dichos envíos por medio de ataques submarinos y aéreos a los barcos, repitiendo el carácter naval de la primera Guerra Mundial.

    Los objetivos militares prioritarios en esta etapa de la guerra cambiaron y se flexibilizaron en mayor medida de acuerdo con las exigencias militares. Ya en 1943 se daba atención especial a los astilleros para la construcción de submarinos o a las fábricas de aviones. En mayo de 1944 las refinerías de petróleo pasaron a ser un objeto de mayor importancia, y en septiembre de 1944 los medios de transporte fueron intensamente bombardeados para evitar las concentraciones de tropas y materiales, que hacían frente a los invasores desembarcados en Normandía en el mes de junio.

    Respecto a la nación que nos ocupa, tras el desastre de Stalingrado, la guerra

    fue dando un viraje continuo en perjuicio del imperio alemán.

    En 1943 el maquiavélico Goebbels gritaba hacia su audiencia cuidadosamente seleccionada su famosa pregunta retórica: “¿Es la guerra total lo que quereis?” Pero la respuesta llegaba demasiado tarde, la mano de obra nacional estaba seriamente mermada, y la sustitución por prisioneros foráneos hostiles era una emergencia, aunque largamente utilizada, poco viable pese a los duros medios de coacción que los nazis eran capaces de emplear.

    Aparte del problema de la escasez y sustitución de materias primas arrastrado desde antaño como ya vimos brevemente, la necesidad general de mano de obra comenzaba a ser una importante traba (Incluso Hitler firmó un decreto para permitir el empleo de mujeres en trabajos para la guerra), y más aun cuando Goebbles (nombrado plenipotenciario para la Guerra Total) chocaba con Speer.

    El primero demandaba la salida de los trabajadores de las fabricas para combatir, mientras que el segundo exigía lo contrario, el trasvase de personal desde Werhmatch hacia las industrias. El dilema no es sino una evidencia más de que la Alemania nazi estaba en el comienzo de su ocaso.

    A causa del retraso de Alemania en la movilización total, los aliados tuvieron tiempo y voluntad común para armarse y configurar sus fuerzas por encima de las potencias del Eje. De este modo Alemania se replegaba hacia una posición defensiva.

    Junto a todo esto existía una larga serie de complicaciones incubadas durante la dictadura de Hitler. Problemas relativos a la escasez de materias primas y mano de obra, citados anteriormente, la errónea política llevada a cabo por las autoridades nazis, no solo con los países conquistados y vorazmente explotados, sino también con sus propios aliados del Eje, o sin ir mas lejos, la falta de unidad, armonía y consenso dentro del propio partido.

    A mediados de 1944 con el desembarco en Normandía y los estratégicos bombardeos aliados, la rendición de Alemania era solo cuestión de tiempo. Exactamente el que transcurrió hasta el 7 de Mayo de 1945 cuando la nación finalmente acepto la rendición. Índice

    B.7) Aspectos económicos más relevantes de la ocupación Índice

    Como primera noción, cabe destacar, pese a su simpleza, que las autoridades alemanas se fundamentaban en la conjetura de que las naciones ocupadas podrían ser una provechosa fuente de beneficios económicos.

    Dado que las aspiraciones territoriales alemanas solo podían conseguirse a través de la guerra, y además, se pretendía evitar un estrecho compromiso de la producción bélica con la economía, se asumía la necesaria utilización, bien a corto o largo plazo, de las áreas conquistadas como un necesario complemento adicional de los recursos existentes.

    La explotación económica de los territorios extranjeros derivada de la conquista de éstos jugó, desde un principio, un papel fundamental en los proyectos bélicos del Fürer. Según él, las conquistas que preveía llevar a cabo en el curso de sus fulminantes ataques habrían de fortalecer al mismo tiempo, la situación económica de Alemania tanto para el mantenimiento de la nación, como para el ataque o la defensa.

    La explotación de los territorios conquistados no solo contribuyó a que no se interrumpiese el suministro de alimentos y materias primas, sino que, incluso, ayudó a configurar una situación en la que Alemania, hasta cierto punto, pudo continuar produciendo.

    Respecto a la explotación de trabajadores, la nación alemana, durante la contienda, se encontró en condiciones de seguir elaborando productos alimenticios y artículos industriales debido sobre todo a la importación de siete millones de trabajadores procedentes de toda Europa.

    Paralelamente, la constante penuria de materias primas sufridas por el Reich se vio templada, mayormente, por la explotación de las reservas existentes en los países ocupados y, asimismo, por las costosas medidas introducidas, dentro del marco el “plan cuatrienal” en lo referente a la sustitución de materiales escasos por otros de fabricación nacional.

    La rentabilidad de las zonas ocupadas, si bien notable, fue gradualmente decreciendo. Debido a las duras condiciones (y poco eficientes en términos económicos) en las que se desarrollo la ocupación alemana, la productividad en dichas zonas disminuyó de manea sensible, y las naciones ocupadas sufrían una serie de carencias que las impedían seguir produciendo o prosperando.

    Vemos pues que, dada la índole de dichos objetivos, la estrategia de la Blitzkrieg se presentaba como un instrumento perfectamente congruente y efectivo para la consecución de éstos. Aunque, por supuesto, en 1942, tras el cambio de rumbo en la dirección estratégica, los territorios conquistados fueron usufructados de una más organizada y planificada a largo plazo.

    Mas allá de la guerra, se encotraba el ideal económico alemán basado en la economía de las grandes áreas como vimos en el estudio referente a la Alemania nazi antes del conflicto. Las naciones conquistadas presumiblemente serian, en mayor o menor medida, permanentemente explotadas sobre una base organizada y controlada.

    De este modo, nacía el interés de reorganizar el territorio sometido acomodándolo a los ideales nacionalsocialistas, en suma, el establecimiento de lo que ellos llamaban “el nuevo orden”

    No obstante, tras el cambio de planes a mediados de la guerra y la posición defensiva adoptada por Alemania, esta aspiración nazi se vio desmerecida en tanto que los territorios conquistados se contemplaban entonces como unos medios o instrumentos que la nación necesitaba simplemente para sobrevivir. Índice

    Conclusión: Índice

    Sin entrar en detalles no caben dudas de los negativos efectos de la terrible guerra en cuanto a muerte, devastación y destrucción no solo en la nación que nos ocupa sino, en mayor o menor medida, en todos y cada uno de los países beligerantes.

    El legado económico del nazismo tras el conflicto que, si no provocaron, al menos persiguieron, no destaca tanto por la precaria situación en la que quedó el país tras la guerra, sino por las implicaciones histórico-sociales y psicológicas que el partido nazi dejó fijado en las mentes de todos aquellos que sufrieron su represión y dureza.

    Al poco tiempo, la recuperación económica, en plena etapa de bonanza mundial, se manifestó fuertemente en la nación germana pero el terror de la guerra no se borró de las mentes de todos aquellos deportados, marginados, o expulsados como el famoso caso de los Judíos y su empecinado exterminio entendido como resultado de una dinámica incontrolada.

    Hitler fue ante todo u fenómeno alemán, pero presente para todas las naciones y políticos para los cuales fue una advertencia o, como hoy en día, una experiencia.

    La conclusión que obtengo es que las concepciones políticas de signo radical que prometen la “solución final” de todos los problemas no solo no esta nunca al servicio de unos objetivos humanos, sino que, por el contrario convierten a los hombres y a sus valores en meros instrumentos de un régimen bárbaro.

    Hoy, cuando nos encontramos diariamente en presencia de nuevos y viejos extremismos, la derrota y la caída de Hitler y su partido hace brotar la esperanza de que semejantes concepciones radicales, sean cuales fueren, están condenadas al fracaso.

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    Bibliografía Índice

    General:

    • “Historia económica mundial. Relaciones económicas internacionales desde 1850” (Foreman-Peck)

    • “Historia del desarrollo económico internacional” (Keenwood & Lougheed)

    • “Nueva historia económica mundial” (Varios autores)

    • “Historia universal contemporánea” (Varios autores)

    Especializada

    • “Historia de la economía europea1914-1980” (Dereck H. Alcroft)

    • “Historia económica de Europa” ( Carlo M. Cipolla.- Parte sobra Alemania por Karl Hardach-)

    • “El tercer Reich” (Klaus Hildebrand)

    • “La segunda guerra mundial 1939-1945” (Alan S. Milward)

    • “Hitler, máquina de guerra” (William Carr & Robert Cecil)

    • “The nazy economy recovery” (R. J. Overy)

    • “Arms, autarky and aggression” (William Carr)

    • “El último día de Hitler” (David Solar)

    Índice

    La economía en la dictadura de Hitler”