Drogas y crímenes pasionales en Venezuela

Trabajo social. Sociedad venezolana. Consumo de drogas. Juventud. Drogodependientes. Contexto social. Crímenes pasionales. Pasiones posesivas

  • Enviado por: Francisco Rodríguez
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 5 páginas
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DROGAS: EVASION DE LA REALIDAD O REGRESO A IMAGINARIOS FANTASTICOS

La cuestión de las drogas se ha convertido en una pandemia que amenaza el equilibrio no sólo de las personas y los grupos considerados individualmente, sino también de muchas sociedades hoy, en el mundo occidental. A finales del siglo XX, ya era evidente que este flagelo que ataca preferiblemente a los jóvenes, era uno de los más importantes problemas de salud pública en el mundo. Cierto estado de animo propio de la época, que podríamos denominar como, “Espíritu de la civilización”, comenzó a inundar a las más diversas sociedades sin perjuicio de su condición de sociedades desarrolladas o subdesarrolladas. La frustración y el desencanto, por un sistema social fundamentado en la democracia y la vida civilizada, que condujo a la desesperanza, fue llevando lentamente a la gente, pero sobre todo a los jóvenes, a un estado de desesperación. Esto se transformó en un estado de crisis existencial que sugería el desarraigo, el sentirse perdido en un mundo en donde todo estaba cuestionado, fuertemente interrogado, una civilización que propone un modo de vida, unos valores y un tipo de padres y figuras de autoridad, con los cuales las nuevas generaciones (la juventud) no se identifican porque nada le dicen.

En esta atmósfera existencial se va incubando una manera de ver al mundo signada por un profundo sentimiento de desvalorización del hombre, de lo social en general que deja como efecto residual un profundo vacío de sentido, un vacío existencial. Crisis de la adolescencia, movimientos juveniles protestarios, movimiento hippy, surgimiento del rock; son otros tantos tipos de fenómenos que se producen como respuestas a esta crisis existencial. El consumo de droga se instala en la subjetividad de la sociedad contemporánea como el resultado-producto y expresión final de todos estos procesos.

Normalmente se asocia el consumo de drogas con la juventud como grupo sociobiológico, pero aunque este no sea una cuestión exclusiva de jóvenes, sin duda es a este grupo etario al que más le afecta este problema en cualquier sociedad occidental. En este sentido podríamos preguntarnos, porqué es el joven el que está más involucrado en esta situación problemática?. No hay aquí una respuesta contundente a un fenómeno que es a todas luces, complejo y multifactorial. No obstante, podríamos proponer algunas ideas que permitan una aproximación lo más cercano posible a este problema.

Comenzaremos planteándonos el lugar social o status que el joven ocupa en nuestra sociedad contemporánea. Nuestra civilización no ha podido definir un lugar social para la juventud que responda a las necesidades propias de la condición de ser joven en tanto etapa del desarrollo que define un espacio diferencial. En este sentido la palabra adolescente define una situación carencial, el joven adolece de algo, le falta algo básico. Ese “algo” es la racionalidad del adulto, sin embargo, el joven no es niño, ni adulto, simplemente es diferente. Nuestra civilización por su naturaleza lógica de racionalidad instrumental que se fundamenta en mercado y técnica, reprime cualquier tipo de imaginario fantástico que pueda existir. En toda sociedad anterior a la Modernidad, los espacios para el imaginario fantástico y lo irracional, se preservaban. La magia, el mito, la fiesta, los rituales simbólicos y las creencias religiosas, la tragedia (en los griegos, p. ejemplo) etc., eran lugares sociales donde la gente le daba rienda suelta a la imaginación, al desenfreno, a las pulsiones y a las pasiones más irracionales. Aunque el concepto de adolescente no existía como etapa propiamente dicha, sin embargo la participación en este tipo de actividades por parte de la juventud, era muy activa.

Hoy en la sociedad contemporánea, mercado y el consumo como “cultos de posesión” y la ciencia y la tecnología como sistema de creencias fundamentales, han relegado a lo más profundo del inconsciente, el mundo de lo irracional. Esta operación a quien más afecta es al joven por su misma condición de sujeto en situación de búsqueda existencial permanente.

Las drogas son la expresión de la “puesta en contacto” del joven con ese imaginario irracional fantástico y lúdico que la racionalidad de la sociedad moderna reprimió de manera violenta y totalitaria. Es el regreso del Inconsciente societario e individual en su forma más primitiva y narcicista en tanto lógica de los procesos primarios que se opone a la racionalidad de una civilización que cerró todos los espacios de manifestación simbólico-estética. Todos los espacios del hombre como totalidad.

La familia como medio de control, tanto social-afectivo, a través de la identificación con las figuras de autoridad, como político, a través del poder, de la conducta de las nuevas generaciones y del individuo en general, se ha disuelto y en su lugar aparecen nuevas formas de socialidad que ofrecen nuevas tipos de identificación. El grupo de jóvenes de la esquina, las bandas juveniles, los consumidores de un tipo determinado de música; en fin, son otras formas de registrar y definir las experiencias, de tomar conciencia de sí mismo y del Otro, de producir sentido y finalmente de construir una identidad personal y colectiva.

Por otra parte, en el contexto de una sociedad orientada al consumo como única forma eficaz de tomar contacto con la realidad, consigo mismo y con los otros y sacudida por procesos muy severos de desintegración social, lo que se forma es una subjetividad fragmentada, desocializada, orientada a lo externo y por lo tanto oral y con escasa consistencia interna. Se trata de un proceso de primarización de la subjetividad en la cual el sujeto se vuelve un recipiente-depósito de todo tipo de contenidos provenientes del exterior, sin elaboración crítica.

Tenemos una sociedad que se ha vuelto ella misma, por efectos del carácter esencial de “civilización del consumo”, en una sociedad adictiva, que privilegia la adicción al consumo como una estrategia de “fuga masiva” y evasión planificada de la realidad. De este modo, se estructura una manera de ver al mundo social y culturalmente, en términos de una “percepción alucinatoria de la realidad” en forma permanente, como respuesta las preguntas fundamentales que en toda época la humanidad se ha hecho: ¿Quiénes somos?, ¿Para qué estamos aquí?, y ¿Adonde vamos?:

En Venezuela y la región, el consumo de drogas ha llegado como una “maldición bíblica”, para arrastrar a grandes masas de jóvenes que forman parte de ese ejército de consumidores sistemáticos o adictos, que no tienen ya proyectos de vida y aspiraciones que los encaminen por la senda de la autorrealización y la realización social. Diariamente vemos con dolor como los medios masivos de comunicación reseñan la incautación de grandes alijos de drogas y pensamos que ya no somos sólo lugar de tránsito sino también de consumo. Como profesionales y ciudadanos, creo que es mucho lo que podemos hacer por una juventud que necesita del concurso de todos nosotros. En este sentido, es la prevención social, la estrategia más eficaz para crear la inmunidad social necesaria para cortar las consecuencias del más terrible proceso de descomposición social que hayamos vivido jamás.

CRIMENES PASIONALES: LA VUELTA AL SENTIMIENTO TRAGICO DE LA VIDA

Desde que existe el amor sexual, los celos son la causa más importante de los crímenes pasionales. Homicidios-suicidios pasionales responden a ese sentimiento que aparece ya en la edad media pero que es en la Modernidad cuando se convierte en el fantasma que acompaña al surgimiento del amor sexual con la aparición de la monogamia como forma de organizar las relaciones sexuales legítimas y por tanto la infidelidad. Antes no existía ni el amor sexual, ni el romanticismo y por tanto tampoco tenemos la presencia de esa pasión devastadora que son los celos. La Modernidad con su carga de progreso crea, al sujeto-individuo y con él todas estas nuevas formas de comportamiento.

No obstante, aunque en nuestro país no es nada nuevo el fenómeno de las lesiones, homicidios y suicidios de tipo pasionales, la gravedad con la que se presenta el problema hoy, nos obliga a prestarle una dosis extraordinaria de atención. En la región hemos visto como en los últimos días, la prensa reseña casos de este tipo con una frecuencia que genera alarma en toda la población en general. Aparte de las consecuencias que para los protagonistas y sus familiares puedan tener estos acontecimientos, el efecto de aprendizaje para las nuevas generaciones, podría ser demasiado destructivo. Es por ello que se hace necesario realizar un análisis del fenómeno que nos permita hacer propuestas en función de la prevención de este problema que se ha convertido rápidamente en un jinete del Apocalipsis de la violencia social en general.

En atención a esto no preguntamos, ¿Cuáles son los factores que intervienen para que se produzca este fenómeno?. Mencionaremos 5 aspectos que nos parecen fundamentales, aunque halla muchos más.

1.- El exceso de concentración afectiva del hombre contemporáneo en la vida afectiva conyugal, es el resultado de la pérdida de importancia afectiva de la madre como devoción central para del venezolano. En una sociedad esencialmente matricéntrica como la venezolana, representa un cambio importante para el alma colectiva del varón el desplazamiento como centro afectivo de la madre y su concentración en las relaciones de pareja. El hombre está invirtiendo mucho más desde el punto de vista afectivo en las relaciones de pareja que antes, pues la mujer estaba más desvalorizada en el mercado de valores sexuales.

2. Esto exarceba las pasiones posesivas del hombre que ante la emergencia de la mujer como “Sujeto de libertad” y por tanto con capacidad de elegir que puede en cualquier momento terminar con una relación de pareja cuando ésta no le convenga. Este caos está generando una respuesta necesidad de posesión excesiva por parte del hombre hacia la mujer como un mecanismo de defensa.

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3.- La emergencia de la mujer como sujeto en la sociedad contemporánea, está produciendo el fenómeno que denominamos como “crisis de fundamentación del macho-propietario”. El hecho de que la mujer en esta época pueda ser profesional, tener capacidad económica, tener derechos iguales que el hombre y por tanto capacidad para elegir, está generando una situación que está siendo vivida por el varón como de “castración”. Esto está provocando reacciones de compensación fálica que genera comportamientos violentos, de maltrato y hasta de muerte.

4.- La disolución de las redes de “apoyo afectivo” que constituían la familia y parientes en general, los amigos, etc., crea situaciones de desarraigo afectivo que impide el manejo colectivo de los conflictos pasionales y por tanto la soledad ante estas situaciones. Por otra parte, en la sociedad tradicional existían diversos mecanismos sociales que permitían ayudar en el manejo de la situación conflictiva pasionales como el “despecho”, “la rockola y la mesonera”, etc. Esto signifca un empobrecimiento en la disponibilidad de recursos para la confrontación de los problemas de este tipo.

5.- El estado de angustia en general que nos inunda ante un mundo caótico, de gran incertidumbre; al lado de la pérdida del poder de mantenimiento espiritual de la religión, puede y de hecho lo está haciendo, conducirnos a estados de desesperación que nos aconseja el “suicidio colectivo”. La muerte vista como única salida ante los problemas responde a formas de pensar que se fundamentan en una visión trágica de la vida, vale decir, no hay mañana, no hay un más allá, todo termina aquí y por lo tanto la solución es la muerte.

No hay soluciones totales y definitivas para situaciones tan complejas como ésta, pero pudiéramos hablar de algunas vías que pueden servir como contribución en la solución del problema:

1.- restablecer la espiritualidad de la gente en general es una necesidad mucho mayor que cualquier otra, incluyendo las metas de tipo socioeconómicas y sociopolíticas.

2. Restaurar las redes de proximidad afectiva familiares, comunitarias, laborales, etc. Esto no es muy fácil, pero tampoco es imposible.

3.- Cambio de mentalidad, sobre todo en el campo masculino para producir una aceptación de la realidad con respecto al nuevo papel de la mujer hoy en día, en nuestra sociedad. De guerra de los sexos debemos pasar a “convivencia y complementariedad de los sexos”.