Don Juan Tenorio; José Zorrilla. El burlador de Sevilla; Tirso de Molina

Literatura española del Romanticismo del siglo XIX. Teatro romántico. Argumento. Perspectiva comparativa. Drama

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Análisis comparativo de “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla

y “El burlador de Sevilla (el Convidado de piedra)” de Tirso de Molina

El personaje de Don Juan:

El personaje de don Juan era muy conocido en la época de estos autores, y fue reto-mado en música, poesía, etc. Pero cada representación de don Juan construye un personaje diferente que toma a su manera la historia popular.

Al leer el principio de ambas obras, podemos pensar que se trata del mismo personaje, un burlador osado con las mujeres, valiente ante los hombres, y atrevido con los difuntos, ya que aparentemente su carácter es el mismo. Pero a medida que avanzan las obras, ambos personajes se van diferenciando, hasta el punto que al final de las obras podemos establecer muchas diferencias entre ellos, de las cuales la principal radica en la evolución del personaje.

En la obra de Tirso nos encontramos con un personaje más plano, que no evoluciona mucho en el curso de la historia, y cuya actitud se mantiene hasta el final, lo que le cuesta la muerte. Si analizamos el personaje en la obra de Zorrilla, vemos cómo el personaje ha evolucionado a lo largo de la obra, de tal forma que al final cambia su actitud y su modo de pensar y se produce la salvación.

Podemos decir que el don Juan de Zorrilla tiene un carácter más humano que el de Tirso, que después de conocer a doña Inés, cambia sus sentimientos en el último instante, el mito es vencido, y don Juan, enamorado, está dispuesto a vivir conforme a las normas sociales, atado al matrimonio. Mientras el don Juan de Zorrilla acepta la misericordia de Dios, el de Tirso, continúa con su actitud de católico libertino e impertinente y retador de la justicia divina hasta el final. Esa es otra de las grandes diferencias que podemos establecer entre ellos, la actitud hacia la justicia divina: mientras el don Juan de Tirso no considera las advertencias del posible castigo de Dios menospreciando su poder, y muestra una actitud arrogante hacia el Convidado, en el don Juan de Zorrilla, al principio también tiene una actitud arrogante hacia el Convidado, pero al final de la obra acaba poniéndose de rodillas y pidiendo misericordia, aunque antes dudara que hubiera un Dios que pudiera perdonarle.

Los otros personajes en ambas obras sirven más que todo para contrastarse con Don Juan y realzar su personalidad. En la obra de Tirso, las mujeres, sean villanas o nobles, se encuentran en la obra para caer ante las burlas del malvado. Pero en la obra de Zorrilla, el personaje de Inés cobra mucha más importancia, porque su amor hacia Don Juan es puro, desinteresado. capaz de salvarlo. En esta obra sí se presenta el amor verdadero, y por eso Inés adquiere caracteres de heroína teatral. En cuanto a los personajes masculinos, el personaje de Luis Mejía (en Zorrilla) y el del marqués de la Mota (en Tirso) sirven para que los rasgos de héroe romántico y lo esencial de la intriga y acción cobren vigor con la presencia de este antagonista, de una personalidad paralela a la de don Juan, si bien más esquemática y desdibujada. El rígido código del honor clásico está representado, en ambas obras, en don Gonzalo de Ulloa.

El “satanismo” y los pecados de Don Juan:

En ambos dramas don Juan aparece como el clásico burlador sevillano, osado con las mujeres, valiente con los hombres y atrevido con los difuntos, envuelto en satanismo y temeridad. Para sus fines y conquistas se vale de los recursos tradicionales, como sobornos de criados y alguaciles. Es un criminal notorio con larga lista de muertes y conquistas en su historial. En ambos dramas ha violentado claustros y ha roto clausuras.

Entonces, ¿es Don Juan un personaje “satánico”? Este tema me llamó mucho la atención al leer ambas obras, pues pude percibir que la idea de Satán en esa época era muy poderosa entre el público. Sus autores han tratado de transmitir esa idea mediante los diálogos: las alusiones en Don Juan Tenorio son numerosas en boca de sus personajes (Ciutti, Mejía, don Gonzalo, don Diego, Brígida, Escultor y Alguacil), para acentuar su destreza, fuerza y valor físicos, su arrojo y temeridad con los muertos y su poder seductor en el terreno del amor.

Zorrilla quiso rodear al personaje de un aura de satanismo, debido al carácter religioso de la obra. Desde el principio don Juan aparece como personaje sobrehumano, escandaloso en extremo (“pues por doquiera que voy / va el escándalo conmigo). Leída su “increíble” lista de crímenes y conquistas, el mismo don Luis se persigna. Don Gonzalo, que ha visto qué monstruo de maldad es su futuro yerno, jura matar a su hija ante que consentir en este matrimonio. Y es ahora cuando don Diego reniega de su paternidad y huye para no ver tal engendro monstruoso, porque “los hijos como tú”, le dice “son hijos de Satanás”. Para don Luis, que se creía el más libertino, don Juan es “un Satanás” que lleva consigo “algún diablo familiar”. Brígida, la beata, inmediatamente advierte lo diabólico de don Juan: “Vos sí que sois un diablillo”, le dice en su primer encuentro. Pero este hombre, que ella creía “sin alma y sin corazón”, se humaniza por esa “hermosa flor” enclaustrada. Es el principio de su cambio de un satanismo inicial a un amante civilizado que terminará en religiosa conversión. Inés también es víctima del poder diabólico de don Juan, desde que le vio por primera vez a través de unas celosías. Y la llegada de don Juan, de ese “espíritu fascinador”, le llega a causar un desmayo.

Tirso convierte a su Don Juan en un hombre que constantemente alude a su desprecio por Dios, como si no tuviera que respetar a nadie más arriba de él. En este caso, su actitud es mucho más desfachatada que la del Tenorio. El Burlador de Tirso es un clásico ejemplo de moralidad ortodoxa: don Juan, fiel a su lema “ tan largo me lo fiáis”, desperdicia el último grano del reloj de su vida, y, según la rigidez moral, ha de condenarse por morir impenitente e incorrecto. Se trata de pecados de presunción, de desprecio de la gracia, “pecados contra el Espíritu Santo”, que según el Evangelio, no se perdonan ni en esta vida ni en la otra.

Los pecados del Don Juan zorrillesco no son pecados contra el Espíritu Santo, no son una falta de respeto ante la divinidad sino más bien ante los hombres (y mujeres). Paradójicamente es don Gonzalo de Ulloa, el recto, el intransigente, el “bueno”, quien va al infierno por pecados como el orgullo, odio y soberbia espirituales. Nada más conmovedor que ver a don Juan de rodillas a los pies del Comendador, confesando sincero amor a su hija, un amor que le ha regenerado, ofreciéndose ahora a ser un esclavo y a vivir en su casa vida de matrimonio, totalmente sometido a su voluntad y arbitrio. Pero el odio ciega el corazón de este padre orgulloso y egoísta, víctima del frío código del honor: “...¿Tú su esposo? / Primero la mataré”, es su firme decisión. Su pecado de orgullo y egoísmo llega al máximo de culpabilidad cuando a la última súplica de don Juan: “Míralo bien, don Gonzalo, / que vas a hacerme perder / con ella hasta la esperanza / de mi salvación tal vez”, contesta con tono de satánica soberbia muy poco cristiana: “Y ¿qué tengo yo, don Juan, / con tu salvación que ver?” En la obra de Zorrilla asistimos a un caso de salvación por contrición perfecta. Don Juan se arrepiente de sus pecados e invoca al Dios de la clemencia, y ésta es su diferencia fundamental con el Don Juan de Tirso.

Posición de Don Juan con respecto al amor:

Como ya hemos comentado antes, la actitud de don Juan al principio de las obras es parecida: concibe el amor como algo meramente carnal, busca a la mujer para un goce personal y egoísta y evitan cualquier unión matrimonial (aunque en el caso de don Juan de Tirso utiliza promesas de matrimonio para llevar a cabo las burlas). En cualquier caso, al principio de las obras, el personaje de don Juan se presenta como el típico seductor y conquistador astuto que sólo busca el placer.

Aunque el don Juan de Tirso no evoluciona respecto a su postura ante el amor, sino que la mantiene, el don Juan de Zorrilla sí evoluciona, cambia totalmente su postura ante el amor, debido al sacrificio de doña Inés que le ama y se esfuerza por conseguir su redención, y encuentra en ella el amor verdadero, siendo capaz de aceptar las normas morales y sociales y comprometerse en el matrimonio.

La salvación del protagonista y la intención del autor:

En la obra de Tirso notamos una intención más moralizadora y ejemplarizadora, queriéndonos mostrar la autoridad de la justicia divina, que nadie puede eludir y que nos puede castigar por nuestras malas acciones.

La obra de Zorrilla tiene una intención totalmente diferente ya que nos pretende mostrar la misericordia de Dios, que nos puede perdonar todo lo que hayamos hecho, por muy malo que sea, si nos arrepentimos de ello e intentamos ser mejores personas, que es lo que ocurre en la obra.

En cuanto a la salvación del protagonista, la diferencia es clara, ya que en la obra de Tirso no existe tal salvación, sino que es castigado con la muerte por todo lo que ha hecho, mientras que en la obra de Zorrilla, don Juan se arrepiente de todo lo que ha hecho y pide misericordia, produciéndose la salvación final (salvación trascendente: no olvidemos que el don Juan de Zorrilla también es castigado, puesto que el capitán Centellas le da la muerte).

Considero que la condenación del don Juan de Tirso es totalmente justa, ya que no sólo no se observa un cambio en su actitud por mejorar y no repetir los malos actos, sino que además continuamente reta a la justicia divina y muestra una actitud arrogante y atrevida hacia ella, no mostrando el más mínimo respeto, y por ello merece ser castigado según la lógica de aquella época.

El don Juan de Zorrilla, sin embargo, aunque ha cometido muchísimos malos actos y no parece arrepentirse de ello, en el último instante cambia de actitud y se redime, clamando a Dios el perdón. Esa es la clave de su perdón: el arrepentimiento es sincero. Pero para que se produzca esa redención hay un factor, que es la actitud de doña Inés, que definitivamente favoreció ese arrepentimiento. Mientras que en la obra de Tirso se produce totalmente lo contrario, es decir, doña Ana de Ulloa no sólo no busca su salvación, sino que clama justicia y pide la muerte de don Juan, en la obra de Zorrilla, doña Inés ama verdaderamente a don Juan, hasta el punto de que muere por él. Siendo fiel a su amor por él, deja su salvación en manos de don Juan, quien a pesar de creer imposible poder redimir treinta años de pecador en un instante, es iluminado por la fe y clama misericordia.

En ese momento doña Inés le toma la mano y lo lleva con ella a los cielos. Ese sacrificio de doña Inés hace posible una salvación que en principio no se iba a producir. Por ello la actitud de la dama (muy diferente a la de la obra de Tirso) es determinante en el momento de conseguir la redención de don Juan. Este final representa cómo un pecador libertino y fanfarrón puede redimirse por amor, consiguiendo que en el último extremo haga un acto de contrición, se arrepienta de sus pecados y alcance la vida eterna, lo cual está muy cerca de la doctrina católica del perdón.

Temática:

En la obra de Tirso, apreciamos que el tema principal es la justicia, que se manifiesta de dos maneras: la imperfecta justicia humana que tolera los abusos de don Juan, y la perfecta justicia divina que sabe cómo castigar y recompensar. Ambas justicias confluyen, por ejemplo, en la figura del alma del comendador don Gonzalo de Ulloa. En primer lugar representa a la justicia humana, ya que, al no poder limpiar el honor de su familia en vida, vuelve su alma para vengarse de don Juan por la ofensa de intentar burlar a doña Ana. En segundo lugar representa a la justicia divina puesto que, en representación de Dios, castiga a don Juan con la muerte por todas las burlas que realizó, y por la ofensa y burla a los muertos, el mayor agravio. También hay que decir que existe la necesidad de que don Juan sea católico, cuando menos creyente, para que su desafío a la justicia divina pudiera ser considerado como el más grave pecado.

La justicia humana se muestra como imperfecta en varios momentos de la obra, como cuando Don Juan consigue engañar a su tío haciéndose la víctima para que le deje escapar y se libra del castigo. También cuando don Juan ha burlado a doña Ana, ha matado a don Gonzalo de Ulloa y devuelve la capa al marqués de la Mota: en esta ocasión Don Juan sale airoso de la burla, y todas las culpas las carga el marqués de la Mota.

El tema principal de la obra de Zorrilla es la salvación por el amor de Don Juan (de la que ya hemos hablado), que es capaz de redimir con el amor a doña Inés su condición de burlador, obteniendo así el perdón divino.

Corrientes literarias:

La obra de Tirso es mucho más barroca, inserta en la tradición de exageración de adornos y verso florido. Los personajes son complejos y representan tendencias extremas de los seres humanos, como el desinterés religioso y la capacidad de abuso de don Juan. Por otro lado, es muy claro cómo se rompen las unidades dramáticas clásicas, un rasgo típico del Barroco. Si bien hay una acción dramática única identificable, esa acción se desarrolla en diferentes lugares, Nápoles, Tarragona, Sevilla... y en tres jornadas diferentes.

Zorrilla tampoco respeta las tres unidades. Podemos ver por ejemplo que la unidad de acción no existe, porque existen dos acciones dramáticas paralelas: la primera gira en torno a la apuesta y a la consecución de la misma, y la segunda gira en torno a la salvación de don Juan. Además no hay unidad de tiempo, pues la acción se lleva a cabo en dos jornadas, separadas por cinco años. Los lugares también varían: taberna, convento, cementerio, etc.

Pero esto no significa que la obra de Zorrilla pertenezca a la corriente del Barroco. En realidad Don Juan Tenorio es una típica representante del Romanticismo. Una de sus características es el afán de trasgresión, de tal modo que se mezclan géneros cómicos y trágicos. Esta obra, al principio, no parece tener un gran carácter trágico, pero al final alcanza su mayor esplendor. Además, sitúa la acción en ambientes alejados en el tiempo. Otros elementos románticos de la obra son la Luna, en el famoso pasaje de “No es verdad ángel de amor...”, como símbolo del romanticismo, el convento como lugar misterioso y sagrado, el mar, etc. Y no olvidemos que el protagonista al final de la obra se salva por amor, un amor que le gana a la muerte y a la perdición de las almas, un amor tan fuerte como los más famosos del teatro renacentista.

Línea dramática:

Me parece que la obra de Zorrilla está mucho mejor estructurada. Tirso relata muchas peripecias de Don Juan en muchas locaciones, llevando al extremo la tendencia barroca de no respetar las unidades dramáticas, pero esto puede llegar a abrumar al lector/espectador. Además, de alguna manera esta línea dramática seguida por el autor es mucho más predecible, brinda menos sorpresas: toda la obra se nos señala que el personaje será castigado por la justicia divina, porque sus fechorías son cada vez más malignas. Su argumento se basa en la consecución de cuatro burlas fundamentalmente y su posterior castigo, el cual se anuncia terrible debido a las faltas de respeto a Dios que comete Don Juan.

En cambio, en el don Juan de Zorrilla, al haber una estructura dramática más ordenada, la historia empieza con el tema de la apuesta, que en cierto modo hace que la acción sea más interesante, y dirige al lector a una incertidumbre por saber si Don Juan ganará la apuesta o no. Además, la evolución del personaje y su salvación le dan un final a la obra diferente del que cabía esperar, en contraposición a la obra de Tirso.

De todos modos, la estructuración de tantos personajes y situaciones en la obra de Tirso está muy pensada, y me parece muy adecuado que en la primera parte de la obra las burladas sean las mujeres, mientras que en la segunda el burlado sea Don Juan. Esa contraposición de papeles que le toca interpretar al protagonista es crucial, pues al final de la obra le hacen sentir lo que él hizo sufrir a tantos. En la obra de Zorrilla también hay una contraposición entre la temática de la primera y la segunda parte: mientras la primera es más una comedia “de capa y espada”, la segunda desarrolla un drama religioso que quiere dar la moraleja de la salvación por el amor.

La técnica interna de los actos sigue una serie de paralelismos y contrastes de personajes, temas y situaciones. Esta construcción simétrica domina particularmente cuando se trata de presentar las relaciones entre los personajes, por ejemplo en la obra de Zorrilla, con los diálogos paralelos entre Buttarelli y Ciutti, y Buttarelli y don Juan.