Diego Portales

Políticos chilenos. Política chilena del siglo XIX. Pensamiento portaliano. Autoridad. Estado. Desconfianza extranjeros

  • Enviado por: Carmen Gloria
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 3 páginas
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Su vida:

Nació el 15 de Junio de 1793 en Stgo, de Chile, siendo sus padres el Ministro Contador de Ejercito y Real Hacienda Don Joseph Santiago Portales y Larraín Meneces Andia e Irarrazabal, y Doña María Fañez Palazuelos Acevedo y Borja.

Se educó en Santiago en el Convictorio Carolino de Nobles de 1808 a 1814. Indiferente al acontecer revolucionario de 1810, se inclino hacia el comercio comenzando en 1820 una sociedad denominada Portales, Cea y Cía, y tuvo relaciones mercantiles con el gobierno, por haberse adjudicado el estanco del tabaco, naipes y otros rubros. Sus actividades mercantiles resultaron un fracaso y su sociedad quebró.

La Quiebra de sus negocios lo impulsaron a la acción política y se mezclo con los acontecimientos revolucionarios de 1829, llegando a ser Ministro y Vicepresidente de la Republica.

De carácter firme y autoritario, trabajo por dar a la republica una organización que le permitiera desarrollarse en el futuro. Creó la Guardia Cívica, como un medio de terminar con el caudalismo y siendo Ministro por segunda vez en 1835, vio la necesidad de combatir a la confederación Perú-Boliviana, creada por el Mariscal Santa Cruz, que amenazaba el futuro de su patria. Consecuente con esta idea dedico sus esfuerzos a preparar una expedición contra ella y este esfuerzo, mal comprendido por sus compatriotas y muchos miembros de las fuerzas expedicionarias, produjo el Motín de Quillota el 3 de Junio de 1837, que costó la vida a Portales. Sin embargo su muerte hizo popular la guerra contra la Confederación y le triunfo de Yungay.

Vida Intima:

El 15 de Agosto de 1819, Portales contrajo matrimonio con su prima hermana, Doña Josefa Portales y Larraín, cuya muerte, ocurrida dos años más tarde, en Junio de 1821, había cambiado su temperamento, pues amo a aquella mujer con todas sus fuerzas, y al fallecer se hizo la promesa de permanecer célibe. La religión fue su válvula de escape y una especie de misticismo se apoderó de él.

Encerrado en su habitación se le escuchaba entonar cantos litúrgicos y pasar muchas veces en completa meditación. Su padre lo instó a casarse nuevamente, pero Don Diego rechazaba la idea debido al dolor constante que le causaba su mujer, y llega a prometer que vestirá el habito en algún convento. Pero estos arranques que le produce el recuerdo de su esposa no se concreta, y al regresar a Chile experimenta una violenta pasión por una niña de 15 años, la bella Constanza Nordenflycht, huérfana.

En 1832 tienen dos hijos, y Constanza enferma gravemente, Portales teme por su vida y le pide a su amigo Antonio Garfias que se case con ella en su nombre, ya que en ese momento Portales vivía en Valparaíso.

Portales gustaba de las remoliendas. Bailaba bien la zamacueca y tenía verdadero placer en el tañer, en la guitarra, o en el arpa, acompañando a los músicos (se dice que ese tipo de fiestas estaban incorporadas al codigo moral de la época, y nunca degeneraron en orgías).

Muerte : Portales fue asesinado en el Barón, el 6 de Junio de 1837.

El País estaba en guerra, y Portales se dedicó, entonces a organizar una nueva expedición con el propósito de invadir Perú y lograr la destrucción de la Confederación.

Pero, no pudo ver cumplido su anhelo, porque, en Julio de 1837 y mientras se dirigía a Valparaíso a revistar las tropas que iban a partir a Perú, su guardia sublevó, capturándolo para luego asesinarlo.

Portales se dedicó al comercio desde muy joven. Su sonado fracaso en el negocio del Estanco del Tabaco lo llevó a la política, de la que no se alejaría más. El no fue un intelectual: su obra no se basa en complicadas teorías políticas sino que en una práctica bien aprovechada.

Los Principales lineamientos de su pensamiento fueron:

El concepto de Orden. Su idea respecto del orden se ampliaba al ámbito social. Para Portales, la clase dirigente, poseedora de la riqueza, la influencia y la cultura, estaba naturalmente llamada a gobernar el país. En otras palabras, el orden natural de las cosas establecía quienes debían mandar, y quienes obedecer.

El autoritarismo. Él fue un convencido de la necesidad de una autoridad fuerte con las más altas atribuciones constitucionales. Esto, por una parte, era porque se restauraba la majestad de la autoridad ejecutiva. Por otra parte, la situación del país exigía la existencia de una autoridad fuerte. Pero Portales pensaba que esta autoridad debía ser provisoria, durar hasta que la cultura cívica y la estabilidad del país aconsejaran el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos.

La Impersonalidad y probidad de los cargos. Uno de los grandes peligros que Portales veía para la estabilidad republicana era la corrupción y personalización de las funciones del estado. El pensaba que la estabilidad republicana se garantizaba sólo cuando la lealtad de los ciudadanos y los funcionarios del Estado fuera a las instituciones y no a tal o cual persona; el ministro recordaba los profundos daños que había ocasionado en el pasado la lucha entre Carrerinos y O`higginistas.

El sueño portaliano era que las instituciones llegaran a funcionar por sí solas, independientes de qué personas las integraran.

La necesidad de la existencia de una oposición. Uno de los mayores problemas que debieron afrontar las nuevas repúblicas americanas fue la continua intervención de las Fuerzas Armadas en la política. Portales vio, a lo largo de la década de 1820, que uno de los factores de inestabilidad era el ejército, que, de tanto en tanto, se sublevaba. Por esto, aparte de practicar una violenta depuración de sus filas, incentivó en la ciudadanía la creencia de que el ejército debía ser obediente al poder político, por la simple razón de que su exclusivo derecho al uso de la fuerza armada lo tornaba un elemento desequilibrante en la vida nacional.

El carácter pedagógico del estado. Una de las creaciones más originales de Diego Portales fue la Guardia Cívica. Esta fue una organización de civiles que debía estar preparada para apoyar la labor de las Fuerzas Armadas en defensa de la nación. Pero, en la concepción portaliana, las Guardias Cívicas debían ser verdaderas escuelas de civismo.

La desconfianza a los extranjeros. Portales no temía a los extranjeros, pero desconfiaba de algunos países -particularmente Estados Unidos- que estaban demostrando por esa época un marcado interés por las republicas americanas. El creía que el aporte de los extranjeros a la nación podía ser beneficioso, siempre que existiera respeto entre iguales.

Las ideas expuestas triunfaron, no solo porque representaban el pensamiento de Portales, sino que coincidían, en gran medida, con el pensamiento de la clase dirigente.

Por esto se dejó actuar a Portales con entera libertad.

Portales fue ministro en dos oportunidades durante los diez años del gobierno de Joaquín Prieto.

Durante su primera gestión, como ministro del interior, Relaciones Exteriores, Guerra y marina (1830-1831), su preocupación fundamental fue la de asegurar el orden público.

Como ministro, tuvo que tomar medidas draconianas para restablecer el principio de autoridad en la civilidad y la disciplina en las filas del Ejército.

Sin embargo, la acción de Portales no fue suficiente, porque, entre 1831 y 1836, hubo veinte conspiraciones, siendo la mas grave la protagonizada por Ramón Freire en 1836.

Desde la década de 1820, uno de los problemas más serios que afectaban a la seguridad pública y la economía, era la existencia de bandas de ladrones y asesinos que asolaban los campos desde Rancagua hacia el Sur.

En 1831, Portales creyó concluida su labor y se alejo del gabinete para hacerse cargo de la Intendencia de Valparaíso, aunque siguió siendo una figura gravitante en la política nacional. En 1836, Portales fue llamado nuevamente a ocupar el Ministerio de Guerra y Marina ante la amenaza que representaba el recientemente descubierto complot de Ramón Freire.

Este fue capturado y exiliado en Australia. A partir de este momento, Portales va a dedicar todos sus esfuerzos a organizar una fuerza militar que acabe con la confederación peruano-boliviana. Este no concluyó su tarea.

La Constitución de 1833 fue redactada por Mariano Egaña y logró estabilizar políticamente a Chile durante casi cien años. Era absolutamente presidencial, basada en la ideología de Diego Portales; el voto era representativo y censitario, el presidente recibía un mandato de cinco años en el cargo con derecho a ser reelegido por un periodo más. El Parlamento tenía la atribución de aceptar o rechazar el presupuesto anual; establecer el voto de censura y la interpelación parlamentaria. De este modo, permitió la conformación del Estado, organizó el poder estatal de acuerdo a la realidad del país y se inició un periodo de estabilidad constitucional y política quebrantado sólo por algunas revoluciones. Esta Constitución intentó establecer un gobierno fuerte e impersonal, basado principalmente en la figura del presidente de la República, pero desde 1871 se llevaron a cabo una serie de reformas donde se desarrollaron interpretaciones de corte parlamentario, especialmente por la pérdida de fuerza del jefe de Estado en sus aliados conservadores. Se desarrolló un pluripartidismo, se mejoró el sistema electoral y se hizo más transparente, pero la acción gubernamental se deterioró con las continuas rotaciones ministeriales.