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Diccionario y personajes filósóficos


Historia de la filosofía. Pensamiento humano. Reflexión. Descartes. Erasmo. Gorgias. Hume. Kant. Newton. Leibniz. Pitágoras. Platón. Zenón



Filosofía y Ciencia
 
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DICCIONARIO

DE

FILOSOFIA


A posteriori: Se opone a priori. Proviene de la experiencia.

A priori: se opone a posteriori. Es a priori lo que no procede de ninguna experiencia. Para Kant, las formas y razonamientos a priori son aquellos que hacen referencia ala sensibilidad y al entendimiento, al margen de cualquier experiencia. Al provenir de la razón, a priori es, pues, para Kant, “universal y necesario”

Abstracto: Lo abstracto es, propiamente, lo general que sólo tiene existencia propia en la mente y que no mantiene una relación de identidad con lo sensorialmente intuido de donde procede.

Accidente: aquello que en una cosa o en una sustancia, puede ser modificado o suprimido sin alterar por ello su naturaleza.

Acto: el hecho de actuar o el resultado de una acción. En metafísica, y en Aristóteles, dsigna el resultado de lo que estaba “en potencia”. Pasar de la potencia al acto. Lo que hace que un ser sea como es.

Agnosticismo: del griego ðγððσððσ, de ðγððððð, no saber, ignorar. Término acuñado por Thomas Henry Huxley (1825-1895), en 1869, para diferenciar su sistema de ideas del de los metafísicos, en el seno de la Metaphysical Society, que mantenían poder probar la existencia de Dios o sostenían la racionalidad de la fe. En general, supone la afirmación de que no hay que creer en aquello para lo cual no existen suficientes pruebas. En sentido estricto, suele entenderse como la afirmación de que no es posible afirmar racionalmente la existencia de Dios ni su no existencia.

Agnóstico: persona que cree que no le es posible al hombre el conocer la razón última del universo.

Alma: del griego ðððð que significa aliento de vida, sinónimo de pureza

Amistad: procede de una afinidad. Sentimiento de afecto entre dos personas. Tiene una dimensión sexual pero, a diferencia del amor, nunca es genial, animal, ni bestial.

Amor (odio): sentimiento que experimenta un sujeto hacia un objeto que considera bueno o deseable. Platón, igual que Freíd, vio una dimensión sexual en el amor. “El amor es una alegria que acompaña a la idea de una causa exterior” dice Spinoza para quien “el amor intelectual de Dios” constituye el súmmum del conocimiento y de la felicidad.

Analítico: es una proposición analítica, el atributo se halla ya contenido en el sujeto. Para Kant, la “analítica transcendental” es la parte de la “lógica transcendental” que trata de las condiciones a priori de los conocimientos desde el punto de vista del entendimiento, es decir, de las categorías “Filosofía analítica”: positivismo lógico.

Aporía: callejón sin salida del pensamiento cuando no se halla solución posible

Areté: virtud

Átomo: unidad más pequeña de un ser

Atributo: en una proposición lógica designa aquello que se afirma o se niega de un sujeto mediante una cópula (es). Se designa también al atributo con el hombre de predicado. En la filosofia clásica el atributo es frecuentemente un carácter esencial de la sustancia. En general, perfección “Atributos entitativos” de Dios, para Santo Tomás son las perfecciones de Dios que se refieren a sus operaciones.

Autonomía: el hecho de tener en sí su propia ley y su principio.

Axiomático: designa un conjunto de axiomas que forma un sistema. Es también la reflexión que trata sobre los axiomas y las reglas que presiden su utilización y las consecuencias que pueden extraerse de su existencia.


Belleza: valor fundamental de la estética. Para Kant, la belleza “agrada universalmente sin necesidad de conceptos”; finalidad sin fin, procura una satisfacción desinteresada.

Bien:valor fundamental de la moral. Cada moral determina la naturaleza del bien que busca y constituye su ideal.

Cambio: devenir observado en el mundo(es decir, el hecho de que una cosa puede llegar a ser otra) Según Popper, se trata del problema fundamental planteado por los presocráticos y también del problema fundamental de la filosofía de la naturaleza (cuyo lugar y función ocupó más tarde la ciencia), en tanto que cuestión central de la cosmología.

Caos: desorden

Categoría: conceptos generales que expresan el tipo de relación que podemos establecer entre nuestras ideas y nuestras representaciones. Las tablas de categoría varian según los filósofos. Para Aristóteles hay diez: esencia o sustancia, cualidad, cantidad, relación, sensación, pasión, lugar, tiempo, posesión y situación o postura. En Kant, las categorías son conceptos pocos, a priori, unificadoras respecto a la sensibilidad, que hacen posible el conocimiento objetivo y la formulación de leyes con valor universal y necesario.

Causa: lo que produce un efecto. Aristóteles distingue cuatro clases de causas: la “causa material”: la materia de la que está hecha una cosa; la “causa formal”: el modelo que se corresponde con a cosa; la “causa eficiente”: lo que produce la cosa, y la “causa final”, el objetivo hacia el que tiende la cosa. Se habla también de “causa primera”: aquella que no necesita de otra causa y que, por tanto, es causa de sí misma. En teología, Dios es esta “causa primera”.

Causalidad: la idea de causalidad implica la necesidad de una relación entre una causa y un efecto. La causalidad está regida por un principio, el principio de causalidad, que afirma que “todo tiene una causa” y que, en condiciones idénticas, “las mismas causas originan los mismos efectos”.

Ciencia: designa el conjunto de los conocimientos, el sabor en general una ciencia particular se fija un objeto preciso de investigación. Existen ciencias de la naturaleza y ciencias del hombre.

Comprensión: designa el conjunto de características que pertenecen al concepto mientras que la extensión enuncia el conjunto de objetos a los que puede aplicarse el concepto.

Compuesto: en lógica, se dice que un proposición es compuesta cuando tiene diversos sujetos o diversos atributos.

Concepto: idea abstracta y general y permite pensar la realidad. Los empiristas piensan que el concepto emana de la experiencia y los racionalistas que provienen de la razón.

Condensación: compresión

Conocimiento: acto de conocer y, al mismo tiempo, el resultado de este acto. Los conocimientos constituyen el conjunto del saber en un campo determinado. Se habla de teorias del conocimiento para evocar los problemas que se plantean durante la constitución del saber. En filosofia suele distinguirse a veces entre el conocimiento, que hace referencia a la teoria, y la acción, que se orienta más bien hacia la práctica.

Cosmología: estudio del orden de la naturaleza

Cosmos: orden en griego.

Costumbre: hace referencia a las prácticas más generales admitidas por un grupo social y que se remiten a la tradición. A falta de derechos, la costumbre puede tomar fuerza de ley: se habla entonces de “derecho consuetudinario”. Maneras de actuar y comportamientos que comparte el conjunto de m9embros de una sociedad.

Creación: acto divino por el que Dios crea al mundo. Conjunto de cuanto Dios ha creado. Santo Tomás y Descartes hablan de “creación continuada” para designar el acto permanente por el que Dios hace que la creación se conserve y persevere en su ser.

Critica: evaluación de una cosa fundada en el examen de su valor. Para Kant, concepción que consiste en interrogarse sobre las condiciones a priori que posibilitarian el conocimiento. Se habla también de “espiritus críticos” para designar a las personas que no aceptan con inmediatez todo cuanto se les propone.

Deducción: forma de razonamiento lógico que permite pasar de una proposición dada a consecuencia que aquella se desprende necesariamente.

Demiurgo: Para Platón especie de Dios que organiza e introduce un orden en el universo, aun sin ser su creador.

Demostración: utilizada principalmente en matemáticas, la demostración consiste en aportar pruebas lógicas, casi siempre por la via deductiva.

Derecho natural: es el que se aplica a todos los hombres por el hecho de ser tales.

Derechos humanos: derechos “iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” (Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948), que estipulan la dignidad y el valor de la persona humana, así como la igualdad de derechos de todos los seres humanos.

Deseo: en filosofía, el deseo puede ser pensado de una manera negativa como señal de una carencia que caracteriza al hombre.

Destino: fuerza más o menos determinada a la que se considera como responsable de acontecimientos que intervienen en la vida a historia de los hombres.

Determinismo: conjunto de condiciones necesarias para la existencia de un fenómeno principio que afirma que entre los fenómenos existen relaciones necesarias. En metafísica y de una manera más general, doctrina según la cual todo procede de causas necesarias, incluso los efectos de la voluntad.

Dialéctica: para los socráticos la dialéctica es el arte del diálogo de la discusión mediante preguntas y respuestas. Para Platón, gracias a la dialéctica puede pensarse del mundo sensible al de las ideas. Aristóteles limita el sentido de la palabra y reserva para los razonamientos que conciernen a las opiniones probables.

Dialogo: Búsqueda filosófica de la verdad consistente en el análisis de alguna hipótesis por medio de preguntas y respuestas. Sócrates fue quien dio los primeros ejemplos de este método.

Dios: designa a un ser situado por encima de todos los seres.

Dogmatismo: concierne a los dogmas religiosos. Un espíritu será dogmático, o al menos recibirá ese nombre, si caen de espíritu crítico y filosófico y se contente con afirmar los dogmas de su religión a los que considera como únicos, verdaderos e intocables.

Duda: estado del espíritu que impide el hecho de pronunciarse. Para Descartes la duda toma un sentido positivo convirtiéndose en “duda metódica”, método para buscar la verdad. “Pensé que tenia que reclamar como absolutamente falso todo aquello en lo que podía imaginar la más mínima duda”. La duda es, pues, un medio de conocimiento científico y filosófico.

Educación: proceso por el cual se inculcan en la persona los conocimientos y valores que le resultaran imprescindibles para su vida social, por tratarse de normas y saberes que forman parte del bagaje cultural del colectivo en que vive.

Eleatas: filósofos de Elea (sur de Italia) lugar que da nombre a la escuela y a los estudiantes de ésta.

Elemento: eso que está compuesto de todo, para los filósofos los elementos son físicos

Empirismo: doctrina filosófica que considera que toda verdad proviene, directa o indirectamente de a experiencia.

Enciclopedia: conjunto de conocimientos humanos La enciclopédia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios fue publicada entre 1751 y 1772 bajo la responsabilidad de Diderot y d'Alembert.

Entendimiento: de manera general, facultad de comprender. En filosofia clásica se opone a la sensación y se distingue de la razón ya que ésta última abarca los objetos más elevados, mientras que para el entendimiento quedan reservados los dominios de la lógica y de las ciencias. Para Kant, el entendimiento que no se confunde con la razón tiene como función el elegir los datos de la sensibilidad con la ayuda de las categorías a priori: “Todo nuestro conocimiento comienza por los sentidos, allí pasa al entendimiento y concluye en la razón.”

Escepticismo: concepción filosófica según la cual, la certeza no puede obtenerse. Se opone a dogmatismo cuando niega la posibilidad, y por tanto la existencia, de todo conocimiento.

Escuela de Elea: Elea es una colonia jónica de la Magna Grecia fundada en la costa italiana del mar Tirreno hacia el a. 540 a. C., a raíz de la conquista de Jonia por los persas (a. 546). Allí se desarrolló durante el s. V a. C. una escuela filosófica. En El sofista de Platón el extranjero de Elea habla de su ciudad como todavía existente. Son conocidos como eleatos Jenófanes de Colofón, Parménides de Elea, Zenón de Elea y Meliso de Samos. Jenófanes de Colofón es uno de los filósofos a quien la conquista persa obligó a trasladarse de Jonia a la Magna Grecia. Vivió ca. 570-470 a. C. Según los testimonios de Platón (El Sofista, 242d) y de Aristóteles (Metafísica, 1,5,986b21), la orientación de la e. de E. fue iniciada por Jenófanes. Pero es muy improbable que haya sido su fundador (Diels, 21B,8). Quizá esos testimonios sólo signifiquen que Parménides (v.) recogió la corriente de pensamiento iniciada por Jenófanes. Aunque tal vez ni siquiera llegasen a conocerse, el hecho es que algunos elementos de la filosofía de Parménides existían ya en potencia en lenófanes, y esos elementos dan impulso a la e. de E. Jenófanes afirmaba un Dios único (ib. 23), que parece identificarse con el universo, inmóvil y eterno (ib. 26). El verdadero fundador de la e. de E. es Parménides, que negó la multiplicidad y el devenir, reducidos a simple apariencia (doxa), y afirmó como única verdad (aleteia) un Ser uno, inengendrado e incorruptible, inmóvil, eterno, necesario y perfecto o finito. El principio (arque) o sustancia primordial, el Ser, se convierte por primera vez en principio metafísico (meta-físico, transfísico, que va más allá de las apariencias sensibles de las cosas), y se establece la oposición e incompatibilidad entre las dimensiones sensibles de la experiencia y las exigencias racionales o lógicas del ser. Sus discípulos, Zenón de Elea (v.) y Meliso de Samos, desarrollan aspectos de su doctrina o le aportan algunas modificaciones. Zenón es el dialéctico de la e. de E., que defiende la doctrina de Parménides reduciendo al adversario al absurdo, mediante sus célebres aporías. Meliso de Samos, de procedencia jónica, no debió conocer la filosofía eleática sino después de la doctrina jónica. Es diez años más joven que Zenón. Defiende también la doctrina de Parménides, pero parece haber querido a la vez precisarla y limitarla, y la modifica en dos puntos: 1) El Ser es una duración ilimitada y, por tanto, infinita en el tiempo, en oposición al Ser finito y eterno (todo a la vez) de Parménides: «Así como el ser es siempre, debe ser siempre de magnitud infinita» (ib. 30,3) 2) El Ser es incorpóreo: «Si el Ser es, es preciso que sea uno; siendo uno, es preciso que no tenga cuerpo; porque si tuviera espesor, tendría partes y no sería uno» (ib. 9). Meliso es el único presocrático en el que aparece explícitamente lo incorpóreo, aunque idéntico a la verdadera realidad del mundo. La orientación de la e. de E. es muy distinta a la de los jónicos, sobre todo por la negación de realidad a la experiencia sensible de pluralidad y movimiento. Es distinto el mismo medio geográfico y étnico, la dura y áspera raza dórica de la Magna Grecia, y sus tendencias intelectuales. Los eleatas se inclinan hacia la matemática, la lógica y el misticismo, se apartan de las especulaciones estrictamente relativas a la materia y llegan a conceptos más abstractos. Hasta la misma forma literaria es distinta: Parménides es el primer escritor de una obra filosófica en verso. «Con Parménides vemos dibujarse dos corrientes opuestas en el pensamiento griego: por una parte, el positivismo jónico; intuitivo, experimental, que ignora la matemática física y es enemigo declarado de los mitos, de las tradiciones religiosas y de los nuevos cultos de iniciación, por cuya razón es poco popular y nada hace por serlo; y por otra parte, el racionalismo de Parménides y de Pitágoras que intentan construir lo real mediante el pensamiento, que se inclinan hacia la dialéctica, son poco simpatizantes de la experiencia directa, y, por la misma razón, cuando se trata de cosas sensibles, son amigos de mitos; están dispuestos a prestar gran atención al problema del destino, son naturalmente populares y les agrada la propaganda. La solidaridad íntima entre el racionalismo y la imaginación mítica contra el positivismo parece ser el rasgo saliente de este periodo» (E. Brehier, Historia de la Filosofía, 1, 5 ed. Buenos Aires 1962, 265). La importancia histórica de la e. de E. es enorme. Todos los físicos presocráticos posteriores (Empédocles, Anaxágoras, y los atomistas, con Leucipo y Demócrito, fundador de la Escuela de Abdera) parten de las conclusiones del eleatismo: la sustancia del mundo es un Ser único e inmutable; el devenir es sólo aparente y el testimonio de los sentidos engañoso. Pero la realidad de los fenómenos no ha quedado así salvada ni explicada. Esos físicos conservan la inmovilidad del Ser de la e. de E.: el ser no puede nacer ni perecer; no existe verdadera transformación ni nacimiento, porque nada viene de la nada. Pero fieles a la inspiración y sensibilidad jónicas por la multiplicidad y el movimiento, intentan explicarlos de algún modo, buscando su conciliación con el ser en sí mismo inmutable. Esto sólo puede conseguirse afirmando que el principio de la realidad no es único, sino múltiple, es, decir, fraccionando el Ser de Parménides en una multiplicidad de elementos o principios. La diversidad de las cosas consistirá en la diversa combinación, orden o disposición de esos principios, que en sí mismo conservan las características del Ser de la e. de E. (eternos e inmutables o enteramente permanentes); y el movimiento, nacimiento y muerte, no será otra cosa que su mezcla, composición o unión (nacimiento), y su disolución, disgregación o descomposición (muerte). La diversidad entre estos físicos dependerá del modo de concebir esos elementos. Para Empédocles (v.) y Anaxágoras (v.) son cualitativamente distintos entre sí; visibles y en número finito para el primero, invisibles y en número infinito para el segundo. Para los atomistas (v.) los elementos son invisibles y en número infinito, y difieren sólo cuantitativamente unos, de otros, por su forma y magnitud. Pego el influjo de la e. de E. llegará más lejos. Los caracteres esenciales del Ser de Parménides y el problema de su conciliación con la experiencia influirán en Platón (v.) y Aristóteles (v.), aunque éstos orientarán mejor la investigación filosófica y científica. A través de éstos, su temática se desarrollará también mejor en la Edad Media, y después de alguna forma se adicalizará en el intelectualismo (v.) y racionalismo (v.) moderno, que se superará en el realismo (v.).

Esencia: lo que hace que una cosa sea lo que es. El contenido de la definición. “Digo que pertenece a la esencia de una cosa aquello dado lo cual la cosa resulta necesariamente dada, y quitando lo cual la cosa necesariamente no se da; o sea, aquello sin lo cual la cosa no puede ni ser, ni concebirse” (Spinoza)

Especie: conjunto del género. Una misma especie presenta algunos caracteres esenciales que la distinguen: en biología, conjunto de seres vivos que pueden reproducirse entre si.

Esquema: figura que simplifica los elementos de un objeto. Para Kant medio por el que opera el esquematismo.

Eternidad: concepción temporal de la eternidad: lo que no tiene principio ni fin. Concepción intemporal de la eternidad, la de Santo Tomás de Aquino: se piensa absolutamente, fuera de toda idea de tiempo. Allí no hay sucesión, es tota simul “toda entere al mismo tiempo”, según la expresión atomista.

Ética: reflexión filosófica que versa sobre la moral.

Evidencia: Aquello que se impone como verdadero, como algo que se ve evidencia sensible. Descartes critica esa evidencia y en su lugar propone la evidencia racional que para él es una idea clara y distinta.

Existencia: dícese de toda realidad que existe. Aplicada al ser humano viene a precisar q todo hombre es una realidad concreta y vinculada a un tipo concreto. El existencialismo considera al hombre en este sentido.

Existir: aquello que es un ente. La filosofía griega no distinguió abiertamente entre existencia y esencia, lo cual indica que la antigua mentalidad griega consideraba tan necesaria la esencia como la existencia para que un ser fuera real: nada puede ser sin ser algo y el hecho de ser algo implica ya su existencia.

Experiencia: modo de conocimiento que procede de la intuición sensible o de la intuición psicológica. El recurso a la experiencia puede llegar a convertirse en un método científico, en cuyo caso se rige por las reglas del método experimiental.

Experimento: operación artificial y controlada de un fenómeno, destinada a descubrir, comprobar o demostrar hipótesis científicas.

Extensión: conjunto de seres a los que puede atribuirse un concepto. La extensión se opone a la comprensión. Para Descartes materia y extensión se identifican, lo cual hace imposible la existencia del vacío. Descartes opone la “sustancia pensante” (la mente), a la extensa (la materia).

Facultad: capacidad para actuar. La filosofía tradicional utilizó el término como sinónimo de “potencia” y adjudicó al alma su posesión. Platón citó tres facultades -o potencias- del alma humana: la racional, la irascible y la concupiscible. Según Aristóteles, tres clases de almas se repartían entre los humanos, cada una de ellas con sus facultades características, que fueron sistematizadas más tarde por santo Tomás de Aquino. Siguiendo el modelo platónico, san Agustín también distinguió tres potencias del alma: memoria, inteligencia y voluntad.

Fantasía: actividad mental creadora de carácter desbordado. Se la considera como una de las clases de imaginación. Según Aristóteles, primer filósofo que reflexionó en profundidad sobre la fantasía, era ésta una facultad del alma capaz de formar imágenes en la conciencia -los fantasmas- sin que estuvieran presentes los objetos. El estagirita consideró que la fantasía cumplía una función ligada a la facultad apetitiva de los animales superiores, puesto que sus imágenes producían una anticipación de los objetos deseables; la fantasía humana formaba parte de su sensibilidad interna, aunque las imágenes producidas sirviesen de soporte a los conceptos. El pensamiento estoico entendió la fantasía en su sentido más literal, como aparición o representación, por lo que de hecho fue equiparada a la percepción. Los estoicos distinguieron dos clases de imágenes: 1) las verdaderas o “catalépticas”, que se correspondían con los objetos que las producían, y 2) las falsas, generadas fortuitamente. Las fantasías catalépticas llevaban en sí, según los estoicos, la señal inequívoca de la verdad (una suerte de evidencia). La escolástica -y sobre todo, los tomistas- siguieron la concepción aristotélica del sentido interno, a partir de la cual se explicó cómo se producía el paso del conocimiento sensible al conocimiento intelectual. Kant identificó la fantasía con la imaginación en general. Más tarde, Freíd la caracterizó como un mecanismo de defensa que sirve para satisfacer simbólicamente, en el plano imaginario, un deseo reprimido.

Fe: creencia en algo indemostrable. Desde san Pablo tiene un sentido teológico, por lo que se entienden comúnmente por la adhesión a los dogmas de una creencia religiosa. La fe figura entre las virtudes teologales del catolicismo (junto con la esperanza y la caridad); además es considerada por los cristianos como un don de Dios, que sólo se posee cuando el fiel entrega su confianza a la divinidad. La relación entre la razón y la fe fue la cuestión principal del análisis filosófico cristiano, desde los primeros Padres de la Iglesia hasta finales de la Edad Media; las actitudes más abiertas consideraron que la razón, aunque subordinada a las verdades de la fe, podía ayudar a la comprensión de ésta, pero otros despreciaron la capacidades de la razón en aras del ensalzamiento de la verdad revelada.

Felicidad: estado de ánimo que colma al sujeto de satisfacción (las connotaciones materiales del término suelen diferenciarlo de la beatitud, que sería un estado de paz interior en sentido religioso o sobrenatural). A lo largo de la historia de la filosofía, numerosos autores han considerado la felicidad como fin último de la conducta humana; sin embargo, más que definiciones de la felicidad, existen desde antiguo afirmaciones de que el hombre busca la felicidad y descripciones del modo de llenar el contenido de la felicidad o de la manera de alcanzarla (ora por la posesión de bienes más o menos externos al sujeto, ora por medio de algo que se halla en el interior del ser humano). Demócrito afirmó que “la felicidad no consiste en ganados ni en oro. El alma sí es residencia de la suerte” Sócrates y Platón introdujeron definitivamente la idea de que el hombre no halla la felicidad en la satisfacción de sus necesidades físicas, sino en la armonía interior que produce la aceptación de un mundo moral. La felicidad, como indicaba la palabra eudaimonia, era algo relacionado con el buen daimon interior, el carácter o la personalidad del hombre que lo hace excelente en areté: el justo es feliz, el injusto es desgraciado. Por ello, el tirano, el más injusto de los gobernantes, es también el más infeliz de los hombres. Boecio volvió a señalar la felicidad como fin último, al definirla como “cifra y causa de todo lo que se desea”. Siglos más tarde, el formalismo kantiano prescribió que lo importante no era llegar a ser feliz, sino ser digno de ello

Fenómeno: aquello que es captado por los sentidos. Puede tener dos significados distintos y casi opuestos. Tomando como pura apariencia (lo que se manifiesta a la sensibilidad), fenómeno se opone a lo que se considera que es la realidad en sí, que no corresponde a lo que se nos aparece en los sentidos, pues esto puede incluso encubrirla.

Filosofo: persona que ama a la sabiduría

Forma: configuración por la cual las cosas se diferencian entre sí

Genero: clase con mayor extensión que las especies, a las que incluye (por tener mayor extensión que éstas, tiene menor comprensión)

Genio: facultad creadora del artista y el pensador. El Renacimiento valoró especialmente la capacidad creadora del artísta, cuya actividad se iban distanciando de la mera imitación (mímesis) de la naturaleza.

Gobierno: órgano que ejerce el poder ejecutivo de un Estado.

Helenismo: período de la antigua civilización griega que abarca desde el fallecimiento de Alejandro Magno (323aC) hasta la batalla de Accio (31aC), que supuso la definitiva conquista romana de Egipto.

Hipotético: dícese del conocimiento conjetural, que no ha sido totalmente verificado. En las ciencias empíricas, todo conocimiento es hipotético.

Historia: ciencia que estudia y expone los acontecimientos del pasado que tengan relación con la humanidad (“la ciencia del pasado humano”, en palabras de Raymond Aron).

Hombre: Animal dotado de raciocinio.

Humanismo: por extensión, el adjetivo “humanista” se aplica a toda la doctrina filosófica que hace del ser humano centro de su reflexión.

Idea: pensamiento s objetivos que pueden expresarse mediante proposiciones o enunciados.

Idealismo: doctrina filosófica que concibe la realidad -y pretende explicarla- como una idea. El idealismo reduce la realidad al pensamiento o considera que el conocimiento de la realidad parte del pensamiento.

Ilustración: movimiento filosófico e intelectual del siglo XVIII (o Siglo de las Luces), caracterizado por su racionalismo práctico. La ilustración coincidió con el período histórico de la revoluciones burguesas (transcurrió entre la inglesa de 1688 y la francesa de 1789).

Imaginación: facultad de la mente para producir imágenes relacionadas con anteriores percepciones. Descartes definió la imaginación como la facultad del intelecto para representarse las cosas sensiblemente (frente al entendimiento, que es capaz de formar ideas claras y distintas).

Impresión: sensación producida por los objetos en los órganos sensoriales.

Indeterminado: aquello que no tiene definición

Individualismo: corriente filosófica que atribuye la primacía al individuo frente a la colectividad.

Infinito: aquello que no tiene fin

Inmanencia: dependencia del objeto con respecto a la conciencia.

Inteligencia (Nous): del griego ðððð se emplea en varios sentidos: a) como facultad de pensar, b) como pensamiento objetivo; c) como una entidad que rige todos los procesos del universo

Inteligible: dícese de aquello que el entendimiento puede conocer. Como concepto se opone a lo sensible (cuanto los sentidos pueden conocer).

Juicio: la lógica clásica entiende el juicio como una atribución -o negación- de algo a algo, y la doctrina sobre esta actividad del entendimiento es uno de sus temas fundamentales

Justicia: como virtud particular, puede distinguirse entre las justicia general -o legal- y la justicia particular, que a su vez se divide en justicia conmutativa y justicia distributiva (tal división se debe a Aristóteles y fue aceptada por la tradición escolástica).

Ley: En un sentido social más general, disposición que expresa y regula lo que debe ser. La ley puede entenderse en un doble sentido, según se relacione con las normas sociales o se derive de la necesidad; en el primer caso será una prescripción dirigida a un sujeto libre (ley moral), en el segundo supondrá la expresión de una realidad universal que indica lo que no puede ser otro modo (ley moral)

Ley natural: ley que expresa un orden racional plasmado en el universo. No se trata de una ley escrita, fruto del pacto y susceptible de cambio, sino de un principio rector deducida por el ejercicio de la recta razón.

Libertad: en la historia de la filosofía, el término “libertad” ha tenido dos significados principales: autonomía y autarquía (ðððððððρðð), atributos de que goza el ciudadano libre (ðððððððρðð en la antigua Grecia, liber entre los romanos) porque vive en un Estado que es independiente.

Mal: Aquello que causa perjuício, doloro pena, sea en el ámbito físico, psíquico o moral, e incluso en un sentido metafísico (cuando afecta a los sentimientos y creencias religiosas).

Maniqueo: persona que sigue las enseñanzas del persa Manes.

Materia: Aquello de lo que las cosas están compuestas. Se tradujo al latín como materíael concepto designado por la palabra griega hyle: ambas se aplicaban, aunque por extensión, al conjunto de de materiales utilizados por los artesanos (es decir, aquello sobre lo que actúa el trabajo humano, y que es anterior al mismo).

Materialismo: corriente filosófica que sólo admite la existencia de los principios inmanentes y materiales, tanto en la naturaleza como en el ser humano.

Mayéutica: método dialéctico empleado por Sócrates, consistente en suscitar la duda con preguntas aparentemente sencillas, destinadas a despertar la racionalidad interior de sus interlocutores.

Mecanicismo: doctrina filosófica que concibe el mundo como una inmensa máquina

Metafísica: disciplina que estudia los primeros principios que rigen la existencia de las cosas

Método: disposición racional de una actividad para la obtención de un fin determinado. Suele relacionarse con el conocimiento científico.

Mito: relato alegórico protagonizado por humanos, dioses y seres imaginarios, que a menudo narra el origen del mundo, o el nacimiento de un pueblo o sociedad.

Modo: orden que pueden tomar los enunciados que forman los silogismos de la lógica clásica del silogismo, en la suposición de que cada uno de ellos puede ser cualquiera de las cuatro clases posibles (A,E,I y O).

Monismo: doctrina filosófica que asigna a una principio único el origen de toda la multiplicidad y diversidad de lo real.

Movimiento: en su sentido más general, variación de un cuerpo en el tiempo y en el espacio. En su sentido más filosófico, movimiento equivale a cambio y devenir, tal como era entendida la palabra griega kinesis (ððððσðσ).

Mundo: conjunto de todo lo existente. Puede entenderse como sinónimo de universo, de realidad o de naturaleza (esta última sinonimia se emplea de modo más restringido); también como conjunto de cosas de una misma clase (mundo de las ideas, mundo de la física, etc) o de un período histórico (mundo antiguo medieval, etc), de modo que el concepto se vincula siempre a algún tipo de totalidad.

Nada: lo que no es que Parménides opone al ser

Naturaleza: todo lo que nace que no puede producir el hombre

Necesidad: resultado del destino o de la ley sobre la naturaleza

Nóumeno: término con el que Kant designó la realidad que trasciende la experiencia humana; en otras palabras, la cosa que puede ser pensada pero que no es producto del juego combinado de la percepción y el entendimiento.

Ontología: otra manera de decir metafísica. Tiene el ser como objeto “el ser en cuanto ser” para Aristóteles, el ser como existencia para los existencialistas.

Opinión: creencia que es considerada probable o verdadera.

Orfismo: doctrina propagada por los adeptos de los misteriosos órficos y los ritos ligados a tal doctrina.

Origen: en sentido cronológico, inicio.

PPanteísmo: doctrina filosófica y religiosa que propugna la identidad última entre la naturaleza -el mundo- y Dios.

Participación: presencia de una realidad superior en un ente.

Pasión: sentimiento de gran intensidad y breve duración, caracterizado por la alteración del ánimo, hasta el punto de que prácticamente anula la inteligencia y la voluntad.

Pecado: falta moral inserida en una perspectiva religiosa.

Pensamiento: designa cualquier actividad de la mente.

Percepción: proceso mental por el que el sujeto aprehende la realidad a través de sus sentidos.

Perfección: completo, que goza de la plenitud del ser, que no tiene defectos.

Pitagorismo: doctrina de Pitágoras (S VI aC) se caracteriza esencialmente por la importancia concedida al número y a la tendencia a utilizarlo para explicar todas las cosas en el marco de un idealismo matemático omnipresente.

Pluralista: personas que siguen una doctrina la cual dice que solamente hay una realidad.

Postulado: proposición que se toma como punto de partida la demostración de teoremas dentro de un sistema axiomático, sin que se trate de una proposición deducible de otros enunciados.

Potencia: capacidad o posibilidad de hacer algo (es decir, de realizar, actuar o recibir algún cambio).

Predestinación: doctrina religiosa, de cariz determinista, según la cual el destino del hombre no depende de sus acciones, sino de la voluntad divina.

Principio: lugar donde salen todas las cosas

Privación: ausencia de algún atributo o predicado.

Racionalismo: concepción filosófica que consiste en no conceder un valor más que a la razón, considerada como independiente de la experiencia.

Racionalista: persona que no concede un valor más importante que el de la razón

Rarefacción: extensión

Razón: facultad humana de pensar y discurrir.

Religión: Sistema solidario de creencias y prácticas relativas a cosas sagradas, que une en una misma comunidad moral a todos los que comparten esas creencias.

Reminiscencia: según Platón, recuerdo que el alma tiene de las ideas. Este recuerdo procede de la estancia del alma en el mundo inteligible, donde estuvo antes de encarnarse en el mundo sensible; allí pudo el alma contemplar los arquetipos ideales que constituyen el conocimiento verdadero.

Renacimiento: período histórico que supuso el final de la Edad Media y el arranque del movimiento intelectual que culminó en la formación de la ciencia y el espíritu de la modernidad.

Saber: relación establecida entre un sujeto y un objeto, por la cual el primero capta mentalmente la realidad del segundo.

Sabiduría: disposición o arte racional para la ejecución de cualquier comportamiento o tarea.

Sensibilidad: facultad de percibir estímulos a través de los sentidos y de reaccionar ante las sensaciones originadas en el interior del propio cuerpo.

Sentimiento: reacción psicofísica que sucede a los fenómenos de la conciencia.

Ser: lo que es, lo que tiene una existencia

Síntesis: Acto y resultado de la unificación de lo diverso.

Sistema: conjunto de procedimientos, normas o métodos integrados para la consecución de un fin.

Sofista: filósofos que integraron un movimiento desarrollado en Grecia entre los siglos V y IV aC

Sustancia: aquello que existe por si mismo, dotado de materia y forma.

Técnica: conjunto de habilidades y procedimientos organizados según ciertas reglas, a fin de realizar algo en función de un fin concreto.

Todo: aquello en lo cual no falta ninguna de sus partes constitutiva.

Trascendencia: condición de aquello que se halla más allá de la experiencia sensible.

Trascendental: en un sentido más ámplio, dícese de todo aquello que trasciende.

Universo: la naturaleza en su totalidad. Como tal es estudiado por la cosmología.

Uno: elemento de un todo

Verdad: cabe distinguir la verdad formal; la que proviene del carácter lógico y coherente de las proposiciones que se han enunciado, y la verdad material, la que implica la conformidad de los enunciados con los hechos, con la experiencia. A veces verdad se indentifica con realidad.

Virtud: capacidad humana para realizar un propósito o cometido.

Voluntad: capacidad para determinarse uno mismo.

Yo: individualidad percibida de modo autoconsciente (es decir, la conciencia reflexiva de si mismo).


PERSONAJES

DE

LA

HISTORIA

DE LA FILOSOFIA

(POR ORDEN ALFABETICO)


ANAXAGORAS:Filósofo griego. Es uno de los últimos exponentes de la escuela jónica. Renuncia a sus privilegios aristocráticos para dedicarse al estudio y enseñanza de la filosofía. Escribe y participa en el siglo de oro de su discípulo, el estadista Perícles. Sus principios se oponen a las creencias religiosas de su época, hecho que le ocasiona enemistad de sus conciudadanos, quienes lo obligan a recluirse en Lámpsaco. Afirma la imposibilidad de que las cosas surjan de la nada o que ellas mismas se conviertan en la nada, porque provienen de algo preexistente, las «homeomerías» o especie de gérmenes, de manera que existen de todo un todo. La formación y aparición de los objetos se da por la unión y separación de las homeomerías y resultan diversas porque éstas se reúnen de distinta forma. El cosmos en su comienzo era el caos y las homeomerías se encontraban mezcladas. El paso del caos al cosmos se efectúa mediante una fuerza exterior y superior a las homeomerías que denomina nous (mente) y se asimila a la idea de Dios. Sostiene, contra la opinión de su época, que el nous superior es «espíritu». La idea de una mente suprema aparece por primera vez en la doctrina de Anaxagoras, aunque de manera imprecisa, y será este el punto inicial del razonamiento de los grandes pensadores griegos. Muere en Lámpsaco.


ANAXIMANDRO:Discípulo y sucesor de Tales en la Escuela de Mileto, de la que fue jefe hacia la mitad del S. VI. N. en Mileto, vivió ca. 610-609 y 547 a. C. No sabemos nada preciso sobre su vida. Es el primer autor de escritos filosóficos en Grecia, con su obra en prosa que se ha titulado más tarde Peri Physeos (Sobre la Naturaleza), de la que se ha conservado sólo un pequeño fragmento. Poseemos, sin embargo, un cierto número de pasajes de los doxógrafos (escritores que han referido las opiniones de los filósofos antiguos) que permiten hacerse una idea suficientemente precisa de su sistema y de su filosofía. Además de filósofo fue también político, matemático y, sobre todo, geógrafo y astrónomo. Es tal vez la personalidad más eminente de los milesios. Ofrece una concepción general del universo que prescinde de elementos míticos, y sus ideas influirán considerablemente en los siguientes presocráticos. Es también el verdadero iniciador de la astronomía griega. Su cosmología, perfeccionada por los pitagóricos, Platón y Aristóteles, servirá de base a la explicación del mundo que será admitida hasta Copérnico. Como todos los milesios, A. busca el principio (arjé) de todas las cosas; fue él, por lo demás, el primero que introdujo este término de arié. Lo hace consistir, no en el agua o en algún otro elemento determinado, sino en lo que llama infinito (ápeiron). Ha habido muchas discusiones y poco acuerdo acerca del significado preciso de este término. Parece ser:

l) Lo que no es un elemento determinado, lo indefinido o indeterminado (aóriston), que, permite comprender la derivación de todas las cosas como determinación de esa sustancia primordial indeterminada. No parece que deba entenderse como una mezcla confusa de los distintos elementos en la cual esté cada uno comprendido con sus cualidades peculiares, sino más bien como la materia indefinida en la que aún no se han diferenciado los elementos, que está privada de toda determinación. En este sentido pronuncia lo que será la materia primera de Aristóteles. Tal vez es una forma milesia del mito hesiódico del Caos, anterior a los dioses, a la tierra y al cielo, del mismo modo que la tesis de Tales (el agua como principio) se refería a una antigua cosmogonía; pero en ambos casos es presentada de una manera no mítica. A. es el primero en plantearse el problema del proceso a través del cual las cosas se derivan de la sustancia primordial. Tal proceso es la separación. La sustancia infinita está animada por un movimiento eterno en el que se separan los contrarios. Por medio de esta separación se engendran infinitos mundos, que se suceden según un ciclo eterno. Del mismo proceso de separación procede la distinción de los elementos y la formación de todas las cosas. Esta doctrina influirá más tarde en Anaxágoras.

2) La sustancia única primordial tiene también el sentido de lo infinitamente grande, la cantidad infinita de materia, lo ¡limitado, que abraza todas las cosas. Surge así la oposición entre la sustancia primordial infinita e indeterminada y los mundos finitos y determinados, que influirá en los posteriores presocráticos. De aquí procede la tesis de A. de la existencia simultánea - no sólo sucesiva, como ya se ha visto- de una pluralidad infinita de mundos: solamente en relación con infinitos mundos parece concebirse la infinitud de la sustancia primordial, que lo abraza y trasciende todo.

3) El infinito es también lo que gobierna a los mundos. No es, pues, sólo sustancia, sino también ley. Todas las cosas que proceden de la sustancia primordial se disuelven en ella cuando terminan el ciclo que tienen impuesto por una ley necesaria. Cada una tiene señalado el tiempo de su nacimiento, de su duración y de su fin. Esta ley cósmica necesaria no es concebida como necesidad ciega, sino como norma de justicia, que tiende a restablecer la unidad entre los contrarios. El predominio en la lucha entre los contrarios iguales equivale a una injusticia. Así, el calor comete una injusticia en verano y el frío en invierno. Pero la reparación de todos los desequilibrios y el restablecimiento de la igualdad cósmica se verifica mediante la ley cíclica que preside el nacimiento y la destrucción de los seres y que hace retornar las cosas a su primer principio. Según Jaeger, esta idea del eterno retorno es la idea fundamental de A. Se expresa en el único fragmento que conservamos de su obra: «De donde proviene el nacimiento de las cosas, de allí proviene también su corrupción por necesidad. Deben pagarse recíprocamente la expiación y la pena de su injusticia, según el orden del tiempo» (Diels, 12 B l). La ley de justicia que Solón consideraba predominante en el mundo humano, ley que castiga la prevaricación y la prepotencia, se convierte en ley cósmica que regula el nacimiento y la muerte de los mundos y de las cosas. La injusticia fundamental, que todos cometen y deben expiar igualmente por necesidad, es la rotura de la unidad del infinito homogéneo, la separación por el nacimiento, que engendra la diversidad y el contraste; y esta injusticia se expía con la muerte o el retorno a la unidad. Esta idea, muy extendida entre las civilizaciones orientales, desempeñará un papel de primer plano en la filosofía griega.

4) El infinito es eterno y sin vejez (sin movimiento); sin principio, que sería su límite; es inengendrado e indestructible o inmortal, porque toda generación y corrupción tienen un término; comprende en sí todas las cosas sin ser abarcado por ellas; es ley de justicia; es, por tanto, de carácter divino.

ANAXIMENES: Filósofo griego. Uno de los últimos exponentes de la «filosofía jónica», grupo de pensadores que contrapone sus tesis filosóficas a la «serie itálica» de los pitagóricos, formado por Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Anaxágoras, Arquelao, Sócrates y los filósofos socráticos. Los filósofos jónicos nacieron y desarrollaron su actividad intelectual en Jonia, costa occidental del Asia Menor. Su pensamiento se ubica en una perspectiva cosmológica y constituye una aproximación a la física, cuyo objeto es la indagación y el descubrimiento de la materia y no su medición. Al igual que Tales, Anaxímenes plantea su pregunta metafísica por el se de las cosas, qué es la materia y qué le acontece en la búsqueda de un principio originario o Arjé y sostiene que el aire es el elemento fundamental, produce la vida y sus movimientos y sus transformaciones dan origen a los otros elementos. Sostuvo discrepancias filosóficas con Anaximandro sobre el problema del movimiento y sus principios, pues para Anaxímenes, el movimiento puede apartar las cosas mezcladas pero no generarlas como creía Anaximandro.


Berkeley : (1685-1753) Filósofo irlandés, uno de los principales representantes del empirismo británico. Nació en Kilkenny, Irlanda; estudió en el Trinity College, de Dublín, y se ordenó como clérigo anglicano. Su primera obra filosófica es un Ensayo sobre una nueva teoría de la visión (1709) y, en 1710, a los veinticinco años de edad, publicó su obra capital, Tratado sobre los principios del conocimiento humano, en la que presenta su filosofía, empirista e idealista a la vez, que él llama «inmaterialismo», y a la que en aquel momento se prestó poca atención. En 1713 marcha a Londres, donde escribe Tres diálogos entre Hylas y Philonus, e inicia una época de viajes por el continente europeo. En esta gira europea conoce a Malebranche, pierde los originales de la segunda parte de su Tratado, que ya no completará, y escribe De motu, un libro en latín en el que critica a Newton y a Leibniz. Concibe luego la idea de fundar en las Bermudas un colegio de misiones; marcha a América en 1728 y, mientras espera (en vano) la ayuda económica del gobierno, pasa dos años viviendo primero en Rhode Island, donde escribe Alcifrón, su obra más extensa, y luego en Newport, donde conoce al que sería el primer presidente del King's College, de Nueva York -en la actualidad universidad de Columbia-, Samuel Johnson, uno de los pocos que prestó atención en su tiempo a la filosofía de Berkeley, de la que dijo que podía refutarse dando un puntapié a una piedra. En memoria de Berkeley se le puso este nombre a la que, con el tiempo, sería la universidad de California. Vuelve a Londres y, en 1734, es nombrado obispo de Cloyne; en 1752 renuncia al cargo y se retira a Oxford, donde muere al cabo de un año. Pese a que su filosofía se ha considerado excéntrica y extraña, pocos filósofos han despertado tanto interés como Berkeley en el mundo anglosajón.

En consonancia con su profesión de clérigo, Berkeley se propone como objetivo de su filosofía combatir tanto el ateísmo como el escepticismo. El empirismo de Locke, según él, lleva precisamente a ambas cosas. Toda teoría del conocimiento débil es causa de dudas (escepticismo) y de ellas la peor es no poder tener certeza de la existencia de Dios (agnosticismo); por otro lado, suponer distintas las ideas y las cosas y tener que pasar de aquéllas a éstas es causa de escepticismo en general. Berkeley sostiene que el idealismo es la única forma coherente de ser empirista. Por idealismo, o más propiamente, «inmaterialismo», Berkeley entiende la afirmación de que sólo existen nuestras ideas; existen también las cosas, pero éstas no son más que las mismas ideas o sensaciones. Lo que ciertamente no existe es aquello que los filósofos llaman materia o «sustancia corporal»; lo que sería como la causa de nuestras ideas y sensaciones.

He ahí el error, dice Berkeley: tener que distinguir entre lo que percibimos y la causa de lo que percibimos, y pasar de una cosa a otra mediante una inferencia. Decir, como Locke, que nuestras ideas provienen de las sustancias corporales como de su causa es remitirse a una teoría de conocimiento insegura y negar la evidencia de que percibimos objetos sensibles y que no tenemos necesidad alguna de hacer inferencias. Si, como decía el mismo Locke, las cualidades secundarias son subjetivas, ¿por qué no han de serlo igualmente las cualidades primarias? Así que percibimos objetos sensibles, y lo que percibimos es la realidad. No hay los «objetos percibidos» y las «causas de los objetos percibidos», sino sólo los «objetos percibidos» y la «mente que los percibe»: la mente y las ideas de la mente, de modo que «ser» no consiste en otra cosa que en «percibir» o «ser percibido». Es verdad que vemos un orden regular en nuestras percepciones, hasta el punto de que podemos hablar de un «orden de la naturaleza»; pero no existe una naturaleza distinta al mundo de nuestra percepción, aunque existe la regularidad que una mente divina impone a nuestras percepciones.

Por esta razón, hay plena coincidencia entre lo que afirma esta filosofía inmaterialista y las afirmaciones de las ciencias de la naturaleza: éstas no estudian otra cosa que la regularidad entre ideas o sensaciones. Las ciencias, y con ellas los términos teóricos, no se refieren a realidades externas a la mente; son conceptos abstractos que se afirman de regularidades de la conciencia. Las mismas hipótesis de Newton sobre la gravitación universal no describen las propiedades de una fuerza oculta de la naturaleza que sea la causa de la atracción entre masas; la gravitación no es más que el comportamiento de las cosas -o de las ideas-, las cuales son a su vez nuestras sensaciones; la teoría de la gravitación es un cálculo matemático que explica correctamente las regularidades entre ideas. A esta filosofía de la ciencia se le ha dado el nombre de instrumentalismo.

Dios, en quien el mundo de nuestras sensaciones halla estabilidad y orden, no es una idea nuestra; no llegamos conocerlo a través de las sensaciones, porque un «espíritu» no es una «idea», sino que lo conocemos por la conciencia de que la regularidad de nuestro mundo percibido no puede tener origen en nosotros mismos. Dios produce realmente las ideas en nuestra mente y la regularidad que les es propia. Pese a la aparente extravagancia que puede caracterizar a todo idealismo, Berkeley siempre afirmó que en su sistema había tanto rigor filosófico como sentido común: si el filósofo inmaterialista afirma que las cosas son ideas, el hombre común cree que lo que percibimos es la realidad.

Descartes : [Cartesius] (1596-1650) El mayor filósofo francés de todos los tiempos, padre de la filosofía moderna, e iniciador del racionalismo. Nació en La Haye, en Turena, en el seno de una familia de la pequeña burguesía. Tercer hijo de Joachim Descartes, consejero en el parlamento de Bretaña y de Jeanne Brochard, que murió de parto al año siguiente. Tras casarse de nuevo su padre en 1600 con Anne Morin, pasó al cuidado de su abuela, quien le educó hasta 1606, fecha en que ingresa en el colegio de los jesuitas de la Flèche, fundado dos años antes, y una «de las más celebres escuelas de Europa», y cuyas enseñanzas, en particular la filosofía escolástica aprendida de 1612 a 1614, Descartes enjuicia en su Discurso. Abandona esta escuela y en el año 1616 se halla en Poitiers cursando estudios de derecho. En 1618, queriendo leer el «libro del mundo», se enrola en el ejercito de Maurice de Nassau, príncipe de Orange, y participa así en la guerra de los Treinta Años. Este mismo año conoce a Isaac Beeckman, un investigador holandés, momento a partir del cual Descartes se interesa por la investigación científica, que une la matemática y la física. Por la correspondencia de Beeckman se sabe que Descartes por esta época buscaba ya, como había hecho Ramon Llull, un «arte general para resolver todas las dificultades». Rota la amistad con Beeckman, Descartes abandona Holanda y se enrola en el ejército católico de Maximiliano de Baviera. En noviembre de 1619, en Ulm, según su propio relato, descubre «los fundamentos de una ciencia maravillosa», tras interpretar el sentido de tres sueños habidos la noche del 11 de noviembre, que se considera el punto de arranque de su nuevo método. Sigue de 1620 a 1629 un período de 9 años de viajes, de los que hay que destacar que, en 1622, adquiere un patrimonio familiar que le permite autonomía económica y que, pese a llevar a cabo un viaje a Italia, no llega a conocer a Galileo. Hacia 1625-1627 se halla en París, donde llega a ser conocido entre los medios literarios, científicos y filosóficos, como «excelente matemático» y perfecto hombre de mundo. Entre sus amigos, se cuentan sobre todo Mersenne y el cardenal de Bérulle. En este ambiente participa en la discusión entre el valor y sentido de la filosofía tradicional escolástica y los métodos innovadores de la «nueva ciencia» que, por aquel entonces, se hallaba mezclada con las llamadas «ciencias curiosas» (magia, alquimia, astrología). Por esta época Descartes comienza a redactar las Reglas para la dirección del espíritu (en 1628) aunque fueron publicadas póstumamente. En ellas consta ya la conocida afirmación cartesiana de que, al menos una vez en la vida, conviene poner todo en discusión, y el rechazo frontal y total de la filosofía escolástica y, con ella, del aristotelismo. Frente a las confusiones y ambigüedades de la mezcla de la nueva ciencia con las ciencias curiosas, propia del Renacimiento, Descartes presenta los puntos esenciales de su método deductivo de razonar, esencialmente matemático, proponiendo como ciencia ideal aquella que primero justifica el método en que se fundamenta, cuyos puntos esenciales son: la intuición, la deducción, la enumeración o inducción y la memoria o recuento de todos los pasos dados. Tras una importante discusión pública, en casa del nuncio y ante la flor y nata de todo París, en la que expone su método, que él denomina «método natural» de razonar, y en la que el cardenal de Bérulle le dedica grandes elogios y le anima a desarrollar una filosofía fundada en dicho método, Descartes se marcha a la región de Bretaña y luego, hacia 1629, se instala definitivamente en Holanda. En este país, extrañamente aislado, aunque en contacto epistolar con científicos y filósofos, con Mersenne sobre todo, y cambiando continuamente de lugar de residencia para no ser hallado, encuentra la paz de espíritu necesaria para desarrollar sus investigaciones, matemáticas primero y luego filosóficas, con la intención de hallar razonamientos filosóficos más evidentes que los geométricos.

En 1637 aparece Discurso del método, que publica en Leiden, en francés, sin su nombre, junto con tres ensayos científicos, Dióptrica, Meteoros y Geometría, que él afirma que son ensayos hechos según su nuevo método. Mientras tanto, en 1633, el Santo Oficio condena las afirmaciones de Galileo sobre el movimiento de la tierra, por lo que Descartes interrumpe la redacción de Mundo; en 1635, de Helène Jans, mujer que le cuidaba, tiene una hija (Francine) a la que legitima; en 1640, mueren su padre, su hermana y su hija de cinco años («el dolor más grande de su vida»). En 1641 publica una redacción en latín de Meditationes de prima philosophia -iniciadas hacia 1628-, junto con las objeciones que Mersenne había podido recoger previamente, sobre todo de Gassendi y Hobbes, y las respuestas de Descartes.Descartes va siendo cada vez más conocido en Holanda, y mayor es el número de amigos, científicos y filósofos que le visitan, pero arrecian también las críticas y la oposición a su filosofía. Hobbes le visitará pero no lograrán ponerse de acuerdo; Hobbes se alinea con la nueva ciencia, mientras que Descartes, que no acepta ni la filosofía escolástica ni la nueva ciencia, pretende que su filosofía llegue a substituir a la antigua escolástica. De hecho, sus Meditaciones van precedidas de una carta dirigida a los profesores de la Sorbona de París para captarse su benevolencia. En realidad, lo que obtiene son ataques, principalmente de Pierre Bourdin, jesuita influyente, y de Gilbert Voët, profesor de la universidad de Utrecht. Tuvo que intervenir la autoridad política para lograr que cesaran los ataques contra Descartes en las universidades holandesas, que lo acusaban de ateísmo y pelagianismo. En 1644 aparecen, también en latín, los Principia philosophiae: con ellos intenta ofrecer un manual de su propia filosofía, redactado al estilo de los que entonces se utilizaban. Los dedica a la princesa Isabel, hija de Federico V, rey de Bohemia y elector del Palatinado, refugiado entonces en Holanda, tras la batalla de la Montagne Blanche (1620). La princesa había conocido y tratado a Descartes y mantenía con él correspondencia sobre temas de filosofía; en sus Cartas a Isabel, puede apreciarse la moral definitiva cartesiana. El interés de esta princesa por cuestiones psicológicas hizo que Descartes compusiera en 1649 un tratado sobre Las pasiones del alma, que es interesante para comprender las relaciones entre mente y cuerpo en su sistema. Durante los años 1647-1649, aparecen las traducciones al francés de las Meditaciones y los Principios y, en 1648, vuelve por última vez a París, donde coincidió con los tumultos de la Fronda. En 1649 aceptó no de muy buen grado la invitación de la joven reina de Suecia, Cristina, interesada en su filosofía desde 1646, a trasladarse a su corte. El clima riguroso de Suecia y el horario intempestivo - las cinco de la mañana- de las lecciones que debía dar a la reina acabaron con la vida de René Descartes, que murió el 11 de febrero de 1650, a los 53 años de edad. Tras la muerte de Descartes, en las universidades holandesas comenzaba el cartesianismo.

El núcleo de la filosofía cartesiana es el estudio del fundamento en que se basa el conocimiento humano, hasta el punto que se puede decir que con él aparece la epistemología o teoría del conocimiento como tema central de la filosofía moderna. ¿Cuáles son las verdades que podemos conocer con certeza ? Ésta es la cuestión central del Discurso del método y, sobre todo, de la primera de las Meditaciones. Desechando la filosofía escolástica y aristotélica como incapaz de dar respuesta a las exigencias científicas de su época, Descartes se inspira en las matemáticas para desarrollar un método que aporte certeza al espíritu humano en todas las cuestiones. Tendrá por ciertas sólo aquellas ideas que se ofrezcan claras (ciertamente presentes a la conciencia) y distintas (bien analizadas) a la consideración de la mente.

La búsqueda del fundamento parte de la duda. Es posible, dice, dudar de todas las percepciones de los sentidos, porque a veces engañan y, además, a los hombres nos sucede que en ocasiones no sabemos si lo que nos pasa es en sueños o estando despiertos, con lo que la duda abarca no sólo una determinada sensación, sino la misma vida corporal en conjunto: puede que todo no sea más que un sueño. De esta enorme duda asoma temporalmente una certeza: ni en sueños es posible dudar de las verdades matemáticas, según las cuales 2 y 3 hacen 5 -también durante el sueño- y un cuadrado no puede tener más de cuatro lados. Es decir, es posible dudar de todo cuanto se conoce a posteriori, pero no parece posible dudar de lo que conocemos a priori. No obstante, la duda metódica de Descartes busca otra alternativa a esta situación: el genio maligno. Nadie nos dice que sea imposible que estemos sometidos al dominio de un dios maligno, «artero, engañador y poderoso» que nos confunda en lo tocante a la certeza de las nociones matemáticas. Es decir, nuestra naturaleza puede ser tal que nos confunda cuando creemos entender que algo es verdadero o falso. También es posible, pues, dudar de la certeza de las matemáticas. Con todo, hay algo que escapa al poder del genio maligno y a la posibilidad misma de que la naturaleza humana funcione mal: si el dios maligno me engaña, existo; si me engaño a mí mismo, también existo. En resumen, la duda lleva a la conciencia de pensar, por lo que afirma: «pienso, por tanto existo» (cogito, ergo sum).

En el hecho de pensar se nos muestra, por intuición o por razonamiento inmediato, que existimos. Ésta es la primera verdad que el método de la duda cartesiana permite hallar, y éste es el inicio de la filosofía de Descartes, así como el fundamento de la filosofía racionalista moderna: la inmediatez de la propia conciencia o la subjetividad; de las ideas de las cosas se pasa inmediatamente al conocimiento de la existencia de las mismas. Conocida, según Descartes, la propia existencia como verdad primera y fundamental, se somete a análisis primero la razón por la que se acepta como verdadero que «pienso, por tanto existo», y luego la conciencia misma de pensar, con lo que el sujeto se conoce como sustancia pensante; del primer análisis surge el criterio de certeza o de evidencia: se aceptará como verdadera toda idea que sea clara y distinta; del segundo, que entre las ideas del sujeto pensante destacan las que Descartes denomina ideas innatas, que no proceden de la experiencia ni son simples imaginaciones mentales, y en realidad son las únicas claras y distintas. De ellas destaca la idea de Dios, como ser perfecto, de la que el espíritu humano parece que no puede prescindir.

Pero no puede, sin más, aceptar cualquier idea que se le presente como evidente: el genio maligno, incapaz de hacerle dudar de la propia existencia, sí puede confundirle en cualquier otra idea que le parezca evidente. Ha de probar, pues, que no puede existir un genio maligno empeñado en estas tareas, sino que el hombre, y con él la razón humana, es obra de un Dios omnipotente y bueno. Descartes ofrece dos pruebas de la existencia de Dios en las Meditaciones. La de la tercera Meditación es una versión de la llamada prueba cosmológica; la segunda, en la quinta Meditación, es una versión del llamado argumento de san Anselmo, o prueba ontológica. Probada la existencia de Dios, desaparece la duda que podría originar un posible genio maligno y, con ello, cualquier duda acerca del criterio de evidencia. Además, la sustancia infinita de Dios le sirve a Descartes como telón de fondo contra el que cree entender su propia naturaleza: Dios sustancia pensante infinita y el hombre sustancia pensante finita, pero como él, capaz de abarcar todas las cosas con el pensamiento, esto es, con el conocimiento.

Esto tiene también una versión a la inversa: el verdadero conocimiento es el que se efectúa mediante el pensamiento. Por ello, Descartes no admite que sean los sentidos los que nos comunican verdadero conocimiento del mundo, y así lo explica con el ejemplo del trozo de cera (segunda Meditación) que podemos ver arder hasta consumirse del todo: sólo el entendimiento nos da una idea clara y distinta de lo que sucede. De igual manera, en general, sólo por el entendimiento podemos tener certeza de que existe un mundo material y cuáles son sus características esenciales. El mundo en principio lo captamos mediante las ideas adventicias, aquellas que parece que nos llegan de fuera a modo de representaciones de las cosas. Pero, ¿existen en verdad cosas? ¿No podemos imaginar que todo sea un sueño? Creer en la existencia real de tales objetos ha de poder fundamentarse en alguna idea clara y distinta. Para ello supone Descartes que son tres las posibilidades de explicar que tengamos ideas adventicias, que imaginamos son representaciones del mundo material. La causa de tales representaciones puede ser:1) uno mismo, 2) Dios, o 3) los objetos materiales. No somos nosotros mismos, porque sentimos que somos pasivos y receptivos al respecto; no es Dios, porque nos engañaríamos, y él sería responsable de este engaño, al creer, llevados por una «fortísima inclinación», que las ideas proceden de las cosas exteriores. Existen, pues, tales cosas externas y materiales, por lo menos en cuanto las percibimos con claridad y distinción; esto es, como sustancia extensa. He aquí el dualismo de Descartes: sólo existe sustancia pensante y sustancia extensa, pero el hombre es la vez ambas cosas.Descartes tuvo dificultades para explicar cómo interactúan en el hombre estas dos sustancias distintas, o cómo el hombre es a la vez mente y cuerpo. Los animales, pura sustancia extensa, no son más que partículas materiales en movimiento, igual que el cuerpo humano: pero el hombre es además espíritu, libre e inmortal según la religión cristiana, que domina sobre un cuerpo. Ha de haber algún punto de unión que explique la interacción entre alma y cuerpo en el hombre, y Descartes creyó verlo en el cerebro humano, más concretamente en la glándula pineal. La debilidad de esta solución al problema de la relación mente/cuerpo será el punto de partida de grandes discusiones en el cartesianismo posterior y en el mismo racionalismo.

EMPEDOCLES: Filósofo griego. Orador, político, médico, poeta y hombre de ciencia. Su formación académica está influida por la tradición filosófica jónica. Sus contemporáneos lo consideran extraño, vidente y místico. Su renombre se debe a la teoría de los cuatro elementos. En sus obras De la naturaleza y las Purificaciones retoma el problema clásico del Arjé, que define como cuatro raíces o elementos; fuego, aire, agua y tierra, y afirma que todo el universo se ha originado en ellos. Estos elementos estarían mezclados en un todo al que llama esfera. El odio y el amor, en constante lucha, producen sus cambios, mezclas y separaciones en un proceso continuo y eterno, que constituye la ley cósmica. Empédocles, precursor de la ciencia experimental antigua, plantea la teoría del conocimiento, una de las primeras en la Antigüedad, en la que postula que conocemos el objeto siempre por lo semejante. Una leyenda afirma que se suicidó al arrojarse al cráter del Etna.


Erasmo de rotterdam: Desiderio Erasmo de Rotterdam, originalmente llamado Geert Geertsz, fue un pensador holandes nacido en Gonda, cerca de Rotterdam, hacia 1467 y fallecido en Basilea en 1536.

Fue el más grande humanista del Renacimiento y sin duda el escritor más elegante y agudo de su tiempo. Hombre esencialmente de letras, su doctrina dio origen al movimiento erasmista. Abierta su mente a todas las cuestiones y erudito ingenioso, Erasmo es un precursor del espíritu moderno. Su ideal fue únicamente ético: reforma gradual y pacífica de la Iglesia y la sociedad civil, hasta conseguir una sociedad humanizada, donde el hombre pudiera desarrollarse al máximo. Amigo de Tomás Moro, le dedica su Elogio de la locura, que es una sátira a las costumbres retrógadas y un canto a la libertad, al ingenio, a la rebeldia, al atrevimiento, es decir, a la cultura libre.

Huérfano a los 14 años, ingresó sin vocación en el convento de los agustinos de Steyn, cerca de Guda, siendo ordenado sacerdote el mismo año que Colón llegaba a América. El papa Julio II, le dispensaría de los votos posteriormente. Viajó en varias ocasiones a París y a Inglaterra, donde trabó amistad con Juan Colet y el utópico Tomás Moro. En Italia se relacionó con el humanista e impresor Aldo Manucio, dedicado entonces a divulgar mediante la imprenta los clásicos griegos y latinos. Residió en Roma haciendo amistad con gran número de humanistas. Se doctoró en Teología por la universidad de Turin y enseñó esta disciplina en la universidad de Cambridge (Inglaterra). Fue consejero de Carlos V. En 1521 se estableció en Basilea donde imprimió una edición general de sus obras.
Gran conocedor del pensamiento de Lutero, mantuvo un debate sobre sus ideas religiosas. Escribió contra él
Sobre el libre albedrío, y el pensador alemán le replicó en un tratado titulado Sobre el albedrío esclavo.

Aunque las obras de Erasmo no llegaron a figurar en los Indices inquisitoriales, la Iglesia catolica mantuvo sus reservas ante sus escritos, sobre todo a partir de su traducción del Nuevo Testamento (1516) y se le ha llegado a acusar de haber preparado la Reforma, que en España dio origen a la Contrarreforma.

Manucio publicó algunas de sus obras, pero la primera edición completa salió de los talleres de Frobenio: Opera omnia Desidérii Erasmi.

Entre sus obras escritas en latín destacan: Adagios (1500); Elogio de la locura (1511), dedicada a su amigo Tomás Moro; Manual del caballero cristiano (1502); Doctrina del príncipe cristiano (1516), que escribió para Carlos V; Coloquios (1518); El ciceroniano (1527) y Sobre la pureza de la iglesia cristiana (1536).

GORGIAS: Filósofo y retórico griego. Pertenece a la escuela Sofista; hábil orador, logra gran fama en Tesalia y Atenas. En Sobre el no ser o Sobre la naturaleza, manifiesta influencias de la escuela eleática de Parménides. En una posición escéptica y nihilista, sostiene que nada existe y si algo existiera, sería incognoscible; si algo existiera, sería incognoscible; si algo existiera y fuera cognoscible, seria incomunicable. Otros críticos lo incluyen entre quienes niegan la existencia de un criterio de verdad. Rechaza el ser inmóvil y eterno propuesto por Parménides, pues es incognoscible por la limitada capacidad de conocimiento del hombre. Si fuera posible el conocimiento verdadero, éste resultaría intransmitible, porque el lenguaje no es capaz de expresar a cabalidad el pensamiento. Su ética plantea al moral como un don que permite al entendimiento discernir lo bueno de lo malo pero sin leyes generales. Esta moral es ocasionalista e imposible de enseñar; sólo se pueden transmitir la ciencia o el arte reducibles a leyes generales. Platón lo inmortaliza en el diálogo Gorgias.


HERACLITO: Pocos datos nos han quedado acerca de la vida de uno de los filósofos más importantes del mundo antiguo, especulándose sobre su origen real o aristocrático. Debido a su despreció hacia la vida política, se retiró a las montañas donde dedicó su vida a la meditación. Su filosofía se estructura en que la realidad consiste en un devenir, no en un ser, en la variabilidad. El origen de este movimiento continuo es el fuego al igual que el fuego es origen y fin de todas las cosas. El movimiento y el fuego serán los promotores del ritmo en que se funda el orden y la razón del mundo. Considera que "la guerra es el padre de todas las cosas" ya que la constante lucha entre tierra, aire, agua y fuego son el origen de los elementos. La guerra provoca el movimiento y el movimiento las cosas.

Hobbes : Nacido en Wesport (Inglaterra) en 1588, hijo de un vicario, cursa estudios en Oxford y posteriormente se desplaza al continente, donde conocerá a Descartes y Galileo. Su enfrentamiento con Cromwell le conducirá al exilio. Su filosofía postula la experiencia como base del conocimiento y, por tanto a los sentidos como herramienta única del hombre hacia el saber. Es, junto con Bacon, el impulsor del empirismo pragmatista inglés. Afirma que todo el universo está compuesto de materia y aspectos de materia, que pueden llegar a ser conocidos por el hombre mediante la percepción sensorial y, en segunda medida, las pasiones, siendo ambas herramientas reducidas a meros movimientos somáticos y moleculares. Más conocidas son sus tesis sobre el hombre y la sociedad. Según Hobbes, el hombre en estado natural es un ser salvaje y egoísta, condición que es refrenada cuando se establece la vida en sociedad y surge el Estado. Sin embargo, la sumisión del hombre al agregado social sólo nace del temor y las medidas coercitivas que impone la institución estatal, nacida de un contrato para controlar el estado natural inherente al individuo. Así, el individuo hace una dejación de derechos a favor de una asamblea o un individuo representativo, siendo Hobbes partidario de la última solución -el monarca absoluto- por cuanto las asambleas favorecen la disensión y ceden a los intereses particulares. El rey absolutista representa entonces la razón, capaz de dirigir a la sociedad de manera racional y ajena a partidismos. Este postulado sirve de apoyo para movimientos totalitarios posteriores. Considera que el conocimiento se establece mediante la identificación y nominación de los objetos, y por ello los nombres de las cosas son universales mientras que las cosas son singulares. Los conceptos se hacen, pues, sobre palabras, y no sobre cosas. Su lógica empirista y materialista reduce el universo a objetos y relaciones puramente materiales, susceptibles de ser conocidas racionalmente y, por tanto de ser predichos en virtud de su determinación

Hume : (1711-1776) Filósofo empirista escocés, figura máxima de la Ilustración inglesa y del empirismo británico, y uno de los pensadores de mayor influencia en la filosofía posterior. Nació en Edimburgo (Escocia), y estudió en la universidad de esta misma ciudad, más interesado por la literatura y la historia que por la abogacía, profesión a la que quiso dedicarle su familia. Tras un intento frustrado de emplearse en un comercio en Bristol, a los 18 años decide marchar a Francia para dedicarse a los estudios literarios y filosóficos, creyendo que debía dar un cambio radical a su vida. Durante los años que pasó en Francia, primero en Reims y luego en La Flèche (1734-1737), escribió el Tratado sobre la naturaleza humana, publicado en dos volúmenes (1739), que pasó totalmente inadvertido, y que, según su misma opinión, fue una obra prematura que «salió muerta de las prensas». En 1740 intentó publicar una recensión de este libro que acabó siendo un Compendio del mismo, publicado con el título de Abstract. Refundió luego la primera parte del Tratado, publicándola con el título de Investigación sobre el entendimiento humano (1751), así como la tercera con el título de Investigación sobre los principios de la moral (1752). Ninguna de estas obras le dio la fama literaria que ansiaba, que sólo comenzó a llegar con la publicación de sus Discursos políticos (1752). Nombrado bibliotecario de la facultad de derecho de Edimburgo, comenzó a publicar una Historia de Inglaterra (1754) que suscitó polémica y que, según su propio autor, resultó un éxito rentable.

Viajó a París (1763-1766) como secretario privado de Lord Hertford, embajador en Francia. Regresó de Francia con su amigo Jean-Jacques Rousseau, cuya obra Emilio le causaba problemas. Ocupó el cargo de subsecretario de Estado (1767-1768) y se retiró finalmente a Edimburgo, donde murió de cáncer, aceptando su enfermedad con un sentido totalmente epicúreo de la vida. En su autobiografía, editada por su amigo Adam Smith, se definió como hombre de disposición cordial, con sentido del humor, jovial y social, cuyo carácter no lograron agriar los reveses de fortuna contra su deseo de fama literaria. Sus Diálogos sobre religión natural, obra considerada clásica en filosofía de la religión, escritos hacia 1752, se publicaron póstumamente en 1779.Según dice en su Tratado sobre la naturaleza humana, que lleva el subtítulo de Intento de introducir el método experimental de razonamiento en los asuntos morales, Hume quiso llevar a cabo, en el mundo moral humano, lo que Newton había hecho con el mundo físico (investigación basada en la observación y experimentación). Pretendió, por tanto, investigar la capacidad del entendimiento humano con métodos diametralmente opuestos a los del racionalismo, y partiendo de la base de que el conocimiento humano no se basa en verdades innatas y a priori, sino en un conjunto de creencias básicas, o suposiciones sobre el mundo exterior, -las relaciones entre los hechos-, que son a modo de «un instinto natural, que ningún razonamiento o proceso de pensamiento puede producir o impedir». De modo que «no es, por lo tanto, la razón la que es la guía de la vida, sino la costumbre», en el bien entendido de que las creencias surgen de la costumbre. Los materiales básicos (los «átomos» de la mente) de que se nutre el conocimiento son percepciones de la mente. Estas percepciones son impresiones, si son sensaciones o sentimientos (por ejemplo, oír, ver, sentir, amar, odiar, desear, querer), y son percepciones vivaces e intensas; o son ideas, si son recuerdos o imaginaciones de sensaciones. Las ideas son siempre débiles y oscuras, y son copias de las impresiones, mientras que éstas, afirma Hume, provienen de causas desconocidas. Las palabras, a su vez, representan a las ideas, por lo que, para saber si una palabra tiene significado, hay que averiguar cuál es la idea que representa, y se conoce la idea averiguando la impresión de donde procede.

Este principio, que suele llamarse el microscopio de Hume, lo aplicará Hume cuidadosamente al análisis de palabras tales como sustancia, causa, libertad, y otras, que suelen considerarse palabras clave de la filosofía tradicional. Por consiguiente, el origen de las ideas es la sensación, interna o externa. Ahora bien, las ideas se entrelazan espontáneamente entre sí, constituyendo un mundo ordenado. Desde Platón insisten los filósofos en que pensar es ordenar ideas. Las leyes por las que se asocian las ideas en la mente son la semejanza, la contigüidad en el espacio o en el tiempo, y la relación de causa y efecto. A esta asociación o relación, por su importancia en la ciencia de la naturaleza, dedicará Hume un análisis especial. Toda idea deriva, por tanto, de una impresión y, por lo mismo, no hay ideas innatas. Pero sí que la mente posee cierta tendencia natural a la asociación de ideas, cuyo resultado principal es la constitución de ideas complejas. La idea de sustancia es, por ejemplo, una idea compuesta por asociación: no se deriva de ninguna impresión, interna o externa; no es más que «la colección de ideas simples unidas por la imaginación», que atribuye el conjunto de características a algo desconocido, como si fuera su soporte permanente. ¿Mediante qué sentido se capta la sustancia de una manzana? ¿Con los ojos, con los oídos, con el paladar? Toda idea abstracta no es más que una idea particular, a la que corresponde, por tanto, una impresión; asignando un nombre distinto a esta impresión, la hacemos capaz de representar a todas las ideas que mantienen cierta semejanza entre sí. La idea general de «hombre» es la idea particular de «Pablo», por ejemplo, a la que, cambiándole el nombre, le damos el significado de representar a «Julián», «María», «Ana», etc.

El hombre, además de percibir, razona, o construye frases. Así, si se considera las diversas proposiciones con las que la mente expresa la verdad, vemos que hay dos clases: aquellas cuya verdad consiste en relaciones de ideas y aquellas cuya verdad es una cuestión de hecho. Estas dos clases de verdades constituyen la denominada «horquilla» de Hume; toda proposición o es necesaria o contingente (analítica o sintética, en la expresión de Kant). Hay cosas que son verdad en virtud de las mismas ideas que pensamos y de éstas hay verdadero conocimiento o ciencia, que se obtiene por intuición o demostración. Es el mundo de la verdad matemática o lógica. En cambio, en todo cuanto se refiere a la existencia de objetos, a las cuestiones de hecho, no hay posibilidad de ningún conocimiento demostrativo: todo cuanto sabemos, lo sabemos por observación directa, cuando nos atenemos a los hechos, o por inferencia inductiva, cuando vamos más allá de los hechos. La inferencia que nos lleva más allá de lo directamente observado se basa en el principio de causalidad, y él mismo es una cuestión de hecho que sólo llegamos a conocer por experiencia. Todo lo que se afirma por el principio de causalidad, o por una relación entre causa y efecto, puede no suceder, por lo tanto no es un saber demostrativo, sino inductivo. Todo razonamiento sobre la experiencia, dice Hume, se basa en la suposición de que la naturaleza transcurre de un modo uniforme. Pero este supuesto no tiene ninguna base racional (no se funda en una demostración); se funda en una mera creencia, que se debe a la observación de una conjunción constante de los hechos en la experiencia. A la idea de «causa», que aplicamos a hechos de los que decimos «A es causa de B» no corresponde ninguna otra impresión sensible que la presencia contigua en el espacio y sucesiva en el tiempo de A (causa) y B (efecto). Pero, en realidad, a la idea de causa atribuimos otra característica que es la de conexión constante entre A y B. Esta idea no corresponde a ninguna impresión sensible, es sólo fruto de la asociación de ideas debida a la costumbre o hábito de observar que «siempre que A, entonces B», o bien de que «no se produce B, si no existe previamente A». Tenemos por costumbre asociar lo que hemos observado que se produce repetidamente, y traducimos la asociación como una conexión necesaria. A esta conexión necesaria debería corresponder alguna impresión externa o interna: externamente, no hay nada más que la conjunción de A y B; internamente, no hay nada más que la inclinación, que produce la costumbre, de pasar de un hecho a otro que normalmente le acompaña. La «necesidad» es meramente mental, no está en las cosas, ni en la naturaleza, «pertenece por entero al alma». Si se añade que, poniendo la confianza en el principio de causalidad, creemos que lo que ha sucedido en el pasado sucederá igualmente en el futuro, entonces es preciso que nos demos cuenta de haber argumentado dentro de un círculo vicioso, o con un argumento circular: sólo podemos suponer, esto es dar por supuesto, y no probar, que el futuro será semejante al pasado; o bien, todo lo que sabemos del futuro lo sabemos por experiencia, por argumentos que son sólo probables y, por tanto, no demostrativos. Esta crítica de Hume al principio de causalidad opone directamente Hume no sólo a Descartes y a los racionalistas en general, sino al mismo Locke y a los supuestos de la física de Newton. Por un lado, según el empirismo de Hume, el conocimiento de la naturaleza no es demostrativamente cierto, como lo es en el racionalismo, pero, por el otro, sabemos que la ciencia de la naturaleza se basa en la observación y la inferencia inductiva, la cual, por definición, sólo ofrece un conocimiento probable. Y así nace, históricamente, el llamado problema de la inducción, que ha de tener repercusiones directas en la teoría de la ciencia.Cuando se dice, por ejemplo, que «los metales funden a temperaturas determinadas», ley de la naturaleza que se expresa mediante una generalización, no se quiere indicar que exista una relación necesaria o causal entre determinadas temperaturas y los puntos de fusión de los diversos metales, debidas a cosas no observables, sino que entre un fenómeno y otro, existe una conjunción constante en la que basamos las predicciones para el presente y el futuro, porque la naturaleza humana tiene la costumbre de sentirse influida por la repetición de hechos y tiende a creer que lo que ha sucedido hasta el presente continuará sucediendo en el futuro. Hume, no obstante, mantiene que los razonamientos inductivos, si provienen de observaciones regulares y uniformes al curso de la naturaleza, constituyen auténticas pruebas que no permiten una duda razonable y distingue entre demostraciones, pruebas y probabilidades; aquéllas son los razonamientos por relaciones de ideas, mientras que la diferencia entre las dos últimas consiste en si la conjunción que se manifiesta entre dos acontecimientos puede considerarse constante o simplemente variable. Lo que sostiene Hume definitivamente, frente a las pretensiones del racionalismo, es que el conocimiento de la naturaleza debe fundarse exclusivamente en las impresiones que de ella tenemos. De esta conclusión, en sentido estricto, se deriva el fenomenismo y el escepticismo: el hombre no puede conocer o saber nada del universo; sólo conoce sus propias impresiones e ideas y las relaciones que establece entre ellas por hábito, costumbre, principio de asociación o sentimiento de la mente. No hay impresión alguna que corresponda a «cuerpo» o a «objeto material», y mucho menos a «yo», «mundo», «causalidad», «sustancia»; todo lo que el hombre sabe, por discurso racional, acerca del universo se debe única y exclusivamente a la creencia, que es una especie de sentimiento no racional.

Los poderes de la razón son, pues, sumamente limitados. Sobre cuestiones de hecho, no tenemos auténtico conocimiento; sólo la regularidad de los fenómenos nos hace creer en conexiones necesarias. No obstante, las creencias religiosas no se explican por la regularidad de los fenómenos, puesto que varían de religión a religión; se fundamentan en muy diversas causas, como son la ignorancia, el temor, la esperanza y hasta la manipulación de todas estas cosas con vistas a mantener el poder. En modo alguno la creencia religiosa se fundamenta en el razonamiento, más bien quien tiene fe experimenta en sí mismo la determinación de creer lo más opuesto a la costumbre y a la experiencia. Contra quienes creen que la religión es el sostén de la moral, Hume emprende la tarea de someter a revisión las creencias morales en su Ensayo sobre los principios de la moral, para precisar que también ellas, igual que las leyes de la naturaleza, se sustentan en la experiencia universal. Desarrollando ideas de Francis Hutcheson (1694-1747) y Joseph Butler (1692-1762), Hume funda la moral en el sentimiento universal de los hombres de hacerse la vida agradable. Los hombres desean actuar moralmente porque la vida buena produce satisfacción y placer, mientras que la vida deshonrosa produce insatisfacción y malestar. Éstas son cualidades de la naturaleza humana y en todas partes los hombres se conducen con idénticos criterios. Según Hume, son cuestiones de hecho no descubiertas por la razón humana, sino por el sentimiento. Pero, además, el hombre no tiende sólo individualmente a su felicidad, de una manera hedonista y egoísta, sino que, por ser capaz de compasión (o simpatía) sintoniza con la felicidad y el malestar de los demás, que es capaz de percibir como propios. Por eso la moral de Hume tiene una perspectiva social muy parecida a la del utilitarismo inglés. De esta regularidad de sentimientos morales nacen las diversas creencias morales; aprobamos lo que es agradable y desaprobamos lo que es desagradable: y en esto consiste el sentimiento moral y a lo primero llamamos bien y a lo segundo mal. La razón no tiene aquí otra función que la de discernir las consecuencias sociales de los actos llamados morales.

JENOFANES:Jenófanes nació hacia el año 570 antes de Cristo en Colofón, una ciudad costera de Asia Menor. Parece que fue desterrado el año 546, cuando los medos la ocuparon, y desde entonces peregrinó durante decenios, como poeta y cantor ambulante, por las ciudades de Grecia, hasta llegar a Elea, donde se estableció y fundó la escuela de filosofía de esa ciudad, a la que pertenecen Parménides y Zenón.

Esa actividad viajera debió de acentuar ese sentimiento de libertad y liberación, imposible de experimentar por quien vive encerrado entre los estrechos límites de su aldea real o ideológica. Su vida errante, de recitador de poemas homéricos o de sus propias obras, aumentaron su independencia frente a sectas más o menos religiosas. No es extraño, pues, que este genial solitario despierte todavía nuestra curiosidad.

Su obra, de la que nos han llegado bastantes fragmentos, nos lo presenta como un crítico de la sociedad y de alguno de los productos mentales que le sirven de alimento. Por eso reaccionó ante la religión que enmascaraba en su forma y en su uso determinados intereses. Esta relativización de las creencias era también, frente a un posible pensamiento dogmático, una manifestación más de inteligencia y libertad: «Los etíopes sostienen que sus dioses son chatos y negros y los tracios que tienen azules los ojos y son rubios como ellos» (DK 21B16).
«Pero es que si los bueyes, caballos y leones pudieran tener manos y pintar con ellas como los hombres, los caballos pintarían a sus dioses como caballos y como a bueyes los bueyes» (DK 21B15).

Es posible que la crítica a determinadas creencias fuese un fermento decisivo para acentuar la racionalidad, la claridad y la comunicación intelectual. A ello se debe, tal vez, su crítica a los juegos deportivos, en los que veía la exaltación, sin sentido, del apasionamiento: «Pues más valiosa que la fuerza de los hombres y corceles es nuestra sabiduría. […] Pues si se contara entre los ciudadanos un buen púgil o uno excelente para competir en el pentatlón no por ello estaría la ciudad en mayor orden […] ni se llenan con tales cosas sus graneros» (DK 21B2). Probablemente, la larga experiencia política de Jenófanes le llevaba a intuir esa alienación con que, a veces, la tiranía entretiene a sus súbditos.

Pero el pensamiento de Jenófanes abordó también otras cuestiones que le aproximaban a los filósofos de Elea, y en las que resonaban las inquietudes teóricas de sus predecesores: «Jenófanes fue el primero que afirmó la unidad de todo y se dice que Parménides fue su discípulo» (DK 21A30).

Esa idea de unidad parece asomar en uno de sus propios fragmentos: «De la tierra nacen todas las cosas y en la tierra terminan todas». «Porfirio dice que Jenófanes consideraba como principios lo seco y lo húmedo, es decir, tierra y agua, y menciona un pasaje que muestra esto: tierra y agua son todas las cosas que nacen y crecen» (DK 21A29). Este pensamiento, unido a su crítica teológica, le aproximaba al parecer a esa forma de panteísmo que Aristóteles le atribuye: «Jenófanes, con la vista puesta en el universo entero dijo que lo uno es la divinidad» (Metafísica, I, 986 b21). Pero esa unidad, que está llena de inteligencia y orden y que se manifiesta en la naturaleza, deja abierta a los hombres la esperanza de irla poco a poco entendiendo y conociendo: «A los mortales no se lo enseñaron todo los dioses desde el principio, sino que ellos, en su búsqueda a través del tiempo, van encontrando lo mejor» (DK B18). Igual que su vida tan aventurera en el espacio, Jenófanes nos abría, en el tiempo, la aventura del conocimiento y el progreso.

Kant: (1724-1804) El mayor filósofo alemán de todos los tiempos y uno de los que mayor influencia ha tenido en la historia del pensamiento, a la que dio un giro de 180 grados, metafóricamente llamado «revolución copernicana». Nació en Königsberg (Prusia oriental entonces y, en la actualidad, provincia rusa), cuarto hijo de una familia humilde de once hermanos. Los biógrafos describen a los padres de Kant, Johann Georg Kant y Regina Reuter, como personas sumamente honestas, rectas y amantes de la concordia, y a la madre en particular, que Kant perdió a los trece años, como a una mujer que imprimió en su familia el espíritu y las normas del pietismo. A los seis años, Kant asiste a la escuela local del Hospital suburbano y, luego, dos años más tarde, ingresa en el Colegio Fridericiano. Königsberg, que debe su origen a la fusión, ocurrida el mismo año del nacimiento de Kant, de tres núcleos urbanos, uno de los cuales había sido antigua fortaleza de la Orden Teutónica y posteriormente residencia, durante casi un siglo, de los duques de Prusia, era, en el s. XVIII, uno de los focos principales del pietismo en Prusia. Franz Albert Schultz, director del colegio y pietista destacado, aunque de orientación moderada, se encarga de la formación del pequeño Kant, continuando la educación iniciada por la madre.

A los 16 años, Kant ingresa en la universidad Albertina de Königsberg, donde Martin Knutzen, wolffiano heterodoxo de ideas renovadoras y conocedor, además, de la física newtoniana, le inicia no sólo en la filosofía de Wolff, entonces ya en plena crisis, sino también en las teorías físicas de Newton. La situación de crisis de la metafísica racionalista de Wolff según la tradición de Leibniz y los problemas que surgen de los nuevos planteamientos de la física de Newton, junto con el pietismo ambiental vivido desde la infancia, configuran el ambiente intelectual de la juventud de Kant; no es extraño, pues, que las primeras obras de Kant cultivaran cuestiones científicas más que filosóficas, que luego intentara una nueva manera de hacer filosofía y que la ética kantiana contenga algo de aquellos primeros rigores y entusiasmos morales. Al morir su padre, en 1746, Kant se ve obligado a abandonar la universidad y ha de ganarse la vida como preceptor, o tutor, en familias de los alrededores de Königsberg. Por entonces había comenzado a cambiar el panorama filosófico de Alemania: Federico Guillermo I priva a Wolff de su cátedra en Halle y le manda salir del país; Maupertuis, científico y filósofo francés ilustrado, es llamado por Federico II de Prusia para organizar la Academia de Ciencias de Berlín (1744-1759); hacia 1740, las obras de Christian August Crusius (1715-1775) comienzan a extender el empirismo inglés por Alemania.

Kant publica, en 1749, en alemán, no en latín, su primera obra: Ideas sobre la verdadera valoración de las fuerzas vitales, inspirada en la física de Leibniz, iniciando así el denominado «período precrítico», que durará hasta 1770, durante el cual predominan las obras sobre temas científicos. A esta primera obra sigue, en 1755, vuelto ya a Königsberg, otra publicada anónimamente, Historia general de la naturaleza y teoría del cielo, en la que propone una cosmogonía mecanicista, de inspiración newtoniana, que anticipa la hipótesis que luego se llamó «de Kant-Laplace» sobre el origen del universo. En este mismo año, obtiene el doctorado en filosofía, con una tesis Sobre el fuego, y luego, con Nueva elucidación de los primeros principios del conocimiento metafísico, obra de crítica a la metafísica de Wolff, escrita para obtener el permiso para la docencia como profesor no titular, inicia la serie de sus escritos propiamente metafísicos. Entre 1762 y 1764 publica obras que le dan a conocer como filósofo en Alemania: Investigación sobre la claridad de los principios de la teología natural y de la moral; La única prueba posible para demostrar la existencia de Dios; Intento de introducir en la sabiduría del universo el concepto de las magnitudes negativas. Es una época de gran actividad intelectual que combina con una intensa actividad social -a la que dedicaba media jornada, por las tardes-, que le hace merecer el título de «Maestro elegante», que llama la atención por la agudeza de espíritu y la profundidad y amplitud del saber; época a la que se refiere el encendido elogio de Johann Gottfried Herder, alumno suyo durante varios años, hasta 1764. En Sueños de un visionario esclarecidos por los sueños de la metafísica (1766), que escribe contra el visionario sueco, Emanuel Swedenborg (1689-1772), rechaza definitivamente el tipo de metafísica, tan alejado de la experiencia, que se practicaba por aquel entonces, y se inclina ya por una concepción de la filosofía, de la metafísica -dice- «de la que el destino me ha hecho enamorarme», como la ciencia de los límites de la razón humana, y no como un sistema de saber; la filosofía, más que conocimiento, es para él crítica del mismo.

Por estos años se va extendiendo por Alemania el escepticismo ilustrado inglés y francés, uno de cuyos principales promotores es el ya mencionado Christian August Crusius y, a través de él, conoce Kant las ideas escépticas del empirismo de Hume. A esto hace probablemente referencia cuando, más tarde, dice Kant que debe a Hume haberlo despertado «del sueño dogmático». Kant se adhiere, pues, a una crítica de la metafísica que se inspira en Hume, pero no va a admitir sus planteamientos escépticos. Así, en 1770, con ocasión de pasar a ser, a los 46 años, profesor ordinario de lógica y metafísica en la universidad de Königsberg, redacta la llamada Disertación de 1770, cuyo título es Sobre la forma y los principios del mundo sensible e inteligible, en la que distingue claramente entre conocimiento sensible y conocimiento inteligible, de modo que el conocimiento no queda limitado meramente a la experiencia, debiendo reconocer, por lo mismo, un conocimiento metafísico que debe justificarse. Aquí empieza la construcción de la que será llamada filosofía trascendental, edificada sobre la idea de un sujeto que impone sus condiciones subjetivas a la posibilidad de que las cosas sean conocidas y pensadas; la «gran luz» que dice haber percibido hacia el año 1769. Con esta fecha comienza el llamado «período crítico» que Kant inicia con un silencio de 10 años, que dedica al análisis de las objeciones que se le formularon a su propuesta inicial de señalar las características del conocimiento sensible y del intelectual. La «gran luz» no es otra que la noción de sujeto trascendental, o de subjetividad trascendental, a saber, aquella que impone a la materia del conocimiento la manera o forma de conocer o de representarnos las cosas.

La Crítica de la razón pura, que aparece en mayo de 1781 (segunda edición en 1787), tras un período de maduración de 12 años, pero escrita casi a vuela pluma, en cinco o seis meses, representa la investigación -la crítica- a la que Kant somete a la razón humana. La obra más fundamental de Kant despierta escaso interés y los críticos ponen de relieve su oscuridad y dificultad; poco después, sin embargo, suscita un enorme interés que la convertirá en el libro que habrá de cambiar radicalmente la orientación de la filosofía. A modo de introducción a su obra, publica Kant, en 1783, Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia. Siguen Idea para una historia general concebida en un sentido cosmopolita (1784); Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? (1784); Fundamentación para una metafísica de las costumbres (1785); Principios metafísicos de la ciencia natural, con un título que recuerda la obra fundamental de Newton, en el centenario de su publicación; la segunda edición, en 1787, de la Crítica de la razón pura; la Crítica de la razón práctica (1788), cuyo tema es la vida moral del hombre libre, y la Crítica del juicio (1790), que intenta mediar entre naturaleza y libertad, o armonizar las dos Críticas anteriores. En 1793, la publicación de La religión dentro de los límites de la mera razón (1793) y, luego, de El fin de todas las cosas (1794), obras ambas sobre filosofía de la religión, es acogida con disgusto por las autoridades prusianas, en una época en que Federico Guillermo II (1786-1797) había restringido la libertad de enseñanza e imprenta, a diferencia de lo hecho por sus antecesores, Federico Guillermo I, el Rey Sargento (1713-1740) y Federico II el Grande (1740-1786), quienes habían sido sumamente tolerantes. El emperador ordena a Kant que se abstenga de tratar de temas religiosos, cosa que promete Kant y que cumple hasta la llegada del nuevo emperador, Federico Guillermo III, cuando publica El conflicto de las facultades (1797). Antes había publicado, en 1795, Por la paz perpetua. En 1797, aparece Metafísica de las costumbres, obra sobre filosofía del derecho y de la moral, que hay que distinguir de una anterior Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), obra introductoria a las teorías éticas de la Crítica de la razón práctica.

En 1796 Kant, a los 73 años de edad y fatigado ya, abandona la docencia a la que se había dedicado durante cuarenta años, a lo largo de los cuales había tratado en sus lecciones de la mayoría de temas que podían entonces enseñarse: lógica, metafísica, matemática, geografía física, antropología, pedagogía, filosofía de la historia, filosofía de la religión, moral y filosofía del derecho. Kant había seguido la costumbre de utilizar en sus clases manuales que, según cuentan sus biógrafos, seguía muy a distancia y la mayoría de las veces para destacar la magnitud de los errores que contenían. Escribía anotaciones al margen en estos manuales y sólo con las contenidas en la Metafísica de Baumgarten, utilizada de 1758 a 1796, se publicaron posteriormente dos volúmenes de comentarios críticos hechos por Kant. De cómo eran estas clases, destaca J.G. Herder el recuerdo de que Kant «coaccionaba gratamente a pensar por cuenta propia», idea que concuerda de lleno con la exhortación de Kant, en su Lógica, según la cual «nadie aprende a filosofar sino por el ejercicio que cada cual hace de su propia razón» y en la respuesta que da a ¿Qué es la Ilustración?, definiéndola como la mayoría de edad que una época alcanza cuando se atreve a pensar por propia cuenta. A la par que la actividad escolar, mantuvo también la académica: fue varias veces decano de la facultad y, por dos veces, rector de la misma.

En 1799 aparecen ya síntomas de decadencia en Kant y éste abandona la tarea emprendida de revisar toda su obra; le ayuda y ordena sus papeles su discípulo, amigo y biógrafo Wasianski: la revisión iniciada pasó a denominarse Opus postumum. El tema fundamental del conjunto de esta obra es la cuestión del «paso» de los principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza a los principios empíricos de la física.

Kant murió el 12 de febrero de 1804, pronunciando las palabras: Es is gut [está bien]. En la lápida de su tumba se grabaron posteriormente las palabras con que inicia la conclusión de su Crítica de la razón práctica: «Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes cuanto más reiterada y persistentemente se ocupa de ellas mi reflexión: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que hay en mí».

El pensamiento de Kant: el «giro copernicano» en filosofía El sistema filosófico de Kant recibe el nombre general de «criticismo» o «filosofía crítica» y se halla expuesto, sobre todo, en las tres obras fundamentales de la Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Critica del juicio. Los elementos introductorios de este sistema los denomina propiamente filosofía trascendental y los expone Kant, principalmente, en los Prolegómenos y en la primera de las tres Críticas mencionadas. Por «filosofía trascendental» entiende el examen a que hay que someter a la razón humana para indagar las condiciones que hacen posible el conocimiento a priori, o bien el mero intentar responder a la pregunta de «¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?», o a la de «¿cómo es posible la experiencia?», o bien a la de «¿cómo es posible la naturaleza?». Kant dice también que la filosofía trascendental pretende saber «sólo si es en principio posible alguna cosa parecida a lo que se llama metafísica».

A fin de entender cualquiera de estas preguntas, planteémonos las cosas como hace Kant en la introducción a sus Prolegómenos y en las primeras páginas de la Crítica de la razón pura. Hume sostuvo que, en lo tocante al conocimiento de las cosas, no era posible ir más allá de lo que nos dan a conocer los sentidos y la memoria. Kant supuso que esta manera de argumentar desproveía de todo fundamento, no sólo a las teorías físicas de Newton, sino a cualquier conocimiento de la experiencia. Hume centró su crítica en torno a la cuestión -metafísica por excelencia- de si podemos pensar alguna relación necesaria y universal entre los sucesos de la naturaleza, esto es, en torno a la noción de «causa». No podemos fundamentar su noción -argumenta- ni en la sola razón ni tampoco en la experiencia; se debe sólo a una especie de fe irracional basada en la costumbre. No es posible, en consecuencia, la metafísica. Pero es que tampoco habrá verdadera física -comenta Kant-, es decir, no podrá haber ninguna ciencia de la naturaleza o de la experiencia en general, si no es posible fundarla en un conocimiento causal. A la afirmación de Hume de que no es posible un conocimiento universal y necesario de las cosas, porque tal necesidad y universalidad no se hallan en la experiencia, Kant opone la suposición de que, no pudiendo venir de la experiencia esta necesidad y universalidad y siendo por lo demás condiciones necesarias de un verdadero conocimiento, han de ser un elemento a priori del mismo. Pero amplía el alcance de la afirmación de Hume: no sólo la idea de causalidad no proviene de la experiencia, sino que de ella no proviene ninguna de las nociones fundamentales de la metafísica, de igual forma que ninguna de las nociones fundamentales para entender la experiencia puede provenir de la misma experiencia; provienen del entendimiento sin más, de la misma estructura del conocer. Por esto dice Kant que debe a Hume «el haber salido ya hace muchos años del sueño dogmático».

Kant determina que, para entender la experiencia (conocimiento a posteriori), es necesario tener conocimientos que no provengan de la experiencia (conocimiento a priori): «aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia». Sólo así puede tener el conocimiento empírico aquellas condiciones que exige el verdadero conocimiento (universalidad y necesidad) y que la sola experiencia no puede otorgar. Esto equivale a un cambio de método y a afirmar que no es el entendimiento el que se deja gobernar por los objetos, sino que son éstos los que se someten a las leyes del conocimiento impuestas por el entendimiento humano: un «giro copernicano», según suele decirse, un cambio de 180 grados, una perspectiva radicalmente nueva. Según Kant, este planteamiento sólo es parcialmente nuevo en la historia, porque un planteamiento similar se hizo en la matemática, en tiempos de Euclides, y en las ciencias de la naturaleza, en tiempos de Galileo.

Las matemáticas griegas fundaban su certeza en la construcción de la figura que el geómetra concebía en su mente; la ciencia moderna funda su innovación en el hecho de que es ella la que interpela a la naturaleza mediante sus hipótesis. En uno y otro caso, «la razón sólo reconoce lo que ella misma produce según su proyecto». Igual ha de hacer la filosofía si ha de progresar como ciencia, y ha de hacerlo en un doble plano: en el de la sensibilidad y en el del entendimiento. Por la primera son dados los objetos a la experiencia humana, por la segunda son pensados. En uno y otro nivel ha de haber conocimiento a priori, de modo que «sólo conocemos a priori de las cosas lo que nosotros mismos ponemos en ellas». En esto consiste el giro copernicano del pensamiento, que debe hacerse en filosofía a ejemplo de la intuición de Copérnico: si éste, para explicar los movimientos celestes, entendió que era mejor suponer que era el hombre espectador quien giraba, de manera parecida Kant cree que, en el supuesto de que sean los objetos los que se regulan por la manera como los conocemos y no al contrario, se explica mejor que lleguemos a conocerlos de un modo necesario y universal. A la filosofía le incumbe, pues, como primer objetivo averiguar si, antes de toda experiencia, es capaz de conocer algo aplicable a todo objeto de la experiencia. El tipo de conocimientos a priori a que se refiere Kant es el que ponen de manifiesto los juicios sintéticos a priori.

La hipótesis que plantea Kant es, pues, si existen juicios sintéticos a priori (ver texto ). Pero puesto que las matemáticas y la física se consideran verdadero conocimiento, la pregunta se transforma en cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en estas dos ciencias. Por otro lado, el verdadero conocimiento en general se logra a través de la sensibilidad y del entendimiento, por lo que, coordinando estos diversos pero coincidentes objetivos, el plan de trabajo de la Crítica de la razón pura se dispone en los siguiente niveles: 1) a: ¿Qué condiciones a priori supone el conocimiento sensible? b: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la matemática?2) a: ¿Qué condiciones a priori supone el conocimiento intelectual? b: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física? Demostrando, tanto para el primer punto como para el segundo, que hay elementos a priori (A: exposición metafísica) y que tales elementos son condiciones de posibilidad de todo juicio sintético a priori (B: exposición trascendental), Kant se plantea si también para la metafísica, y para la razón pura, existen elementos a priori con los que puedan formarse juicios sintéticos a priori. Debe añadir, por tanto, una tercera pregunta:3) a: ¿Hay elementos a priori de la razón pura? b: ¿son posibles los juicios sintéticos a priori en metafísica? Las respuestas son afirmativas para la primera y la segunda parte, y negativa para la tercera. La filosofía trascendental no tiene más remedio que reconocer los límites de la razón humana; ignorarlos es caer en las redes engañosas de la metafísica «natural». Por ello, estas tres preguntas pueden enunciarse de otra (cuádruple) manera: 1) ¿Cómo es posible la matemática pura? 2) ¿Cómo es posible la ciencia natural pura? 3) ¿Cómo es posible la metafísica como disposición natural? 4) ¿Cómo es posible la metafísica como ciencia? Kant responde a la pregunta (1) en la estética trascendental; a la pregunta (2) en la analítica trascendental y, a las preguntas (3) y (4) en la dialéctica trascendental; las tres partes fundamentales en que se divide conceptualmente la Crítica de la razón pura.

Ahora bien, si la Crítica de la razón pura responde a la primera de las grandes preguntas que se formula Kant (¿qué puedo saber?), las otras las intenta contestar en la Crítica de la razón práctica, en la Crítica del juicio, y en el resto de sus obras, en las que aborda los grandes temas de la filosofía.

Kepler: (1571-1630) Astrónomo alemán, nacido en Weilderstadt, en Würtemberg, hijo -hemofílico y miope- de un soldado de fortuna, Heinrich Kepler, y de Katherine Guldemann, su mujer, que lo seguía en la guerra. Tras cursar sus estudios en la escuela popular del convento de Maulbronn, una beca le permite estudiar, de los 13 a los 16 años, en el seminario de Tubinga. A los 20, se gradúa en la universidad de Tubinga y estudia luego teología, que abandona por un puesto de matemático y astrónomo en Graz, que se le ofrece en 1594. Se dedica inicialmente a las predicciones astrológicas y a los horóscopos, pese a considerarlos «sortilegios y hechicerías», pero concibe al mismo tiempo la posibilidad de una nueva astronomía, cosa que persigue, en un primer momento, por la vía del misterio y de los símbolos.En Mysterium Cosmographicum (1596), obra que, aunque de carácter simbólico muestra genialidad, intenta mostrar la relación existente entre las distancias de los planetas al Sol y el tiempo de rotación, que no era simplemente proporcional a la distancia, sino mayor, dado que al aume