Detonantes de la Revolución francesa

Historia universal. Impotencia financiera. Juramento del juego de pelota. Toma de la Bastilla. Luis XVI

  • Enviado por: Marcos Anchorena
  • Idioma: castellano
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Revolución Francesa.

Para analizar el proceso revolucionario francés voy a comenzar por nombrar y explicar la situación de la monarquía en los años previos a la Toma de la Bastilla. Además me voy a centrar en cómo se desarrolla el Régimen del Terror y los principales cambios que se produjeron durante la Revolución y en qué cosas cambiaron efectivamente y cuales volvieron para atrás con la llegada de Napoleón Bonaparte.

¿Qué es el Tercer Estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? Nada. ¿Qué pide? Llegar a ser algo. Concluía el abate Siéyés discípulo de los filósofos de la Ilustración quién se hizo designar cómo diputado del Tercer Estado a despecho de su dignidad eclesiástica. Sobre la base de esta reflexión se desarrolla el verdadero sentido de las necesidades del pueblo que dieron lugar a la Revolución Francesa. Como satisfacción a estas demandas surge la idea de una Asamblea Nacional, primer objetivo del Tercer Estado. Durante el siglo XVIII se fue gestando una ruptura de las ideas vigentes hasta ese momento. A través de los enciclopedistas como Rousseau, Voltaire, Montesquieu y muchos otros, que cuestionaron las bases del antiguo régimen y crearon una mentalidad nueva por la que proclamaron a todos los vientos que la vida social reclamaba una reforma, que la antigua estructura del estado exigía una refundición completa para que los hombres pudiesen vivir más libres y en consecuencia más felices. Era preciso acabar con los errores que el Antiguo Régimen cometía contra los derechos naturales, los privilegios feudales debían abolirse y se debía reformar el estatuto del campesinado con relación a sus señores, en el sentido de imponer la igualdad de todos ante la ley. En el terreno de la justicia debía llevarse a cabo otra profunda reorganización: los estados del pueblo debían deliberar y decidir en materia fiscal y los impuestos ser repartidos proporcionalmente entre todas las clases sociales. El ideal era una monarquía constitucional.

La participación de los franceses en la Revolución Americana y la influencia que irradió la Constitución con sus ideas innovadoras de nuevas libertades y derechos prendieron en el pueblo francés que estaba listo para el cambio. Ya nadie en Francia, ni el mismo Luis XVI consideraba que podían seguir funcionando las cosas de aquella forma.

La impotencia financiera.

A causa de la grave crisis financiera, Necker el ministro de Hacienda aconsejaba a Luis XVI a que convoque en París a los Estados Generales, representación nacional y popular no consultada hacía 165 años.

En 1789 el estado Francés del Antiguo Régimen se hallaba en plena crisis. Francia era una agregación inconstituída de pueblos desunidos que se habían ido conquistando y se administraban según normas varias y contradictorias y en todos ellos se manifestaba un espíritu particularista, el cual dificultaba muchísimo la acción del centralismo imperfecto de la monarquía. La misma confusión imperaba en la administración judicial y económica. No solo la justicia se otorgaba por funcionarios que habían comprado sus cargos sino que muchas veces los Parlamentos vetaban los edictos reales. En cuanto a la Hacienda Pública la variedad y multiplicidad de los impuestos, el número de cajas reales independientes, las exenciones de los nobles, los eclesiásticos y los privilegiados hacían por completo imposible toda estructuración normal de los recursos financieros generales. La nobleza y el alto clero estaban empeñados en mantener sus privilegios sociales y políticos y con su egoísmo imposibilitaron la unidad de acción de la monarquía y precipitaron su ruina.

La Revolución nace, precisamente, de la clase más rica de Francia ya que los burgueses sentían que al ser los dueños de los medios de producción y financiar muchas de las actividades de la realeza les correspondía la posibilidad de participar activamente en la política y de este modo defender ellos mismos sus intereses. Entonces aprovecharon el momento revolucionario que se venía gestando hacía mucho tiempo, la inadecuación del Estado francés, la debilidad de la monarquía, la difusión de los principios intelectuales disolventes y el desequilibrio político y social para producir la explosión de 1789.

Luis XVI había nombrado a Necker, un ginebrino como director de la hacienda francesa. Este procuró obrar con prudencia al evitar todo roce con los poderosos del reino y no estableció nuevos impuestos. Gracias a sus contactos con el mundo de los negocios internacionales contaba con préstamos en beneficio del estado francés. Su actuación fue fructífera pero en 1778 cuando se desató la guerra contra Gran Bretaña se necesitó más dinero aún. La guerra hizo de Necker un hombre indispensable y además le dio popularidad, aunque su solución de utilizar los empréstitos extranjeros sólo podía ofrecer un alivio transitorio a la Hacienda francesa que acumulaba cada día una deuda más onerosa y sensible. Con el paso del tiempo la deuda se volvió inmanejable y el popular Necker se vio obligado a renunciar. Después de que dejara su cargo, se comprobó que había falseado la deuda para presentar mejores informes al Rey. Lo sucedió Calonne quién no pudo manejar una deuda pública que ascendía a 4000 millones. Éste, ideó un nuevo impuesto que debían pagar los integrantes de todas las clases sociales, pero el proyecto fue rechazado y Calonne destituido. El descontento creció en todo el país y empezó a exigirse la convocatoria de los estados Generales. La opinión pública pedía el retorno de Necker, el cual se hizo efectivo en 1788.

Si bien el Rey era amado por su pueblo, su esposa María Antonienta se había convertido en blanco del odio general por dedicarse a gastar el dinero de la Hacienda Pública francesa como hacía mucho tiempo no se dilapidaba. Además comenzó a actuar en política al obstaculizar los intentos del Rey por reformar la monarquía. Por último, se creía que ella actuaba a favor de Austria por lo que la comenzaron a llamar en un tono despectivo la “Austríaca”. Además de toda esta situación de bancarrota y gasto excesivo por parte de la realeza, se produjo una espantosa carestía, ya que la cosecha de 1788 fue la peor conocida hasta ese momento. Esta miseria impulsó a las masas populares a la rebelión, lo que fue aprovechado por las clases burguesas para satisfacer sus intereses. Necker insistió en que se convocaran los Estados Generales dada la terrible situación del Estado. El 4 de mayo de 1789 se abrieron las sesiones con 291 miembros de la Iglesia, 270 de la nobleza y 578 de la burguesía. El Tercer Estado quería hacer oír su voz e imponer su voluntad con respecto a la utilización del voto personal. El Rey, mal aconsejado puso su veto a la constitución de los Estados Generales en Asamblea Nacional y a la utilización del voto personal para sustituir al nominal. La Reina consiguió que el Rey vete la constitución de la Asamblea. Por esto se expulsó de las salas a los miembros del Tercer Estado.

El juramento del Juego de Pelota.

El 17 de junio jornada del nacimiento de la Revolución, el abate Siéyés, impulsa al Tercer Estado a votar una resolución para constituir una Asamblea Popular.

Los integrantes del Tercer Estado se congregaron en la Sala de juego de Pelota y allí acordaron determinar una Constitución para que rija en el reino y además establecieron que la Asamblea residiría en cualquier lugar en el que lo dispusieran sus miembros. El conflicto entre la burguesía y el soberano que había ordenado disolver la Asamblea para que cada una de las partes se reuniera por separado, finalizó con el triunfo de la primera al ordenar nuevamente, el irresoluto monarca, la integración de los tres estados en una sola Asamblea. La revolución se extendió a todas las provincias francesas. Por todos lados corrían rumores y se pensaba que Necker había sido destituido.

Toma de La Bastilla.

Camille Desmoulins (un místico de la revolución, que era un excelente periodista e integrante de un club político llamado Cordeliers) arengó al pueblo y el 14 de julio de 1789 se decidió tomar La Bastilla. Querían apoderarse de las armas y destruir esta cárcel que representaba el poder absoluto de los reyes contra el pueblo indefenso.

Los desórdenes del 14 de julio promovieron la necesidad de organizar una guardia Nacional en París, que debía mantener el orden en provecho de una burguesía acomodada y defender a la nación.

La Fayette y la Guardia Nacional.

La Fayette (héroe en la guerra de las Américas, si bien era noble se alió al Tercer Estado pero siempre defendió la idea de una monarquía constitucional y trató de influir y proteger al Rey) es nombrado organizador y comandante del nuevo cuerpo militar. Luis XVI viaja a París para reconciliarse con su pueblo y tras la toma de La Bastilla vuelve a llamar a Necker y adopta la escarapela tricolor de la Guardia Nacional: el rojo y el azul los colores de París y el blanco color de los borbones. El 4 de agosto el régimen señorial fue abolido y los campesinos liberados de toda obligación hacia sus antiguos señores. Los privilegios de caza y de exoneración de impuestos fueron suprimidos. En el futuro todos los ciudadanos contribuirían en los impuestos; el principio de igualdad estableciose también para el acceso a las funciones públicas y la justicia experimentaba un cambio profundo: todos los ciudadanos eran iguales ante la ley. Así se consumó la extinción de un régimen social que, en realidad la historia ya había hecho caduco.

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Con la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano el 26 de agosto de 1789 ya no reinaban en Francia los borbones sino el pueblo francés. El documento irradiaba solemne idealismo: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho; las distinciones sociales solo pueden fundamentarse en la utilidad común”. “El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales del hombre: la libertad, la propiedad y la seguridad”.

A partir de este momento se fueron precipitando los acontecimientos. Luis XVI cede al deseo del pueblo por lo que se traslada a París a vivir en el palacio de las Tullerías. Necker no fue capaz de solucionar la grave crisis económica, entonces Tayllerant obispo de Autun, propuso la nacionalización de los bienes eclesiásticos. En efecto, la Iglesia poseía enormes riquezas. La Asamblea votó la moción anterior a fin de que la economía nacional recibiera una nueva base financiera. Además, en 1790 la Asamblea elaboró la constitución Civil del Clero en virtud de la cual la designación de obispos quedaba en lo sucesivo conferida a la nación y no al monarca o al Papa. El Rey conservaría sólo el poder ejecutivo. En cuanto al poder legislativo y el derecho a recaudar impuestos se decidió que pertenecían exclusivamente a la Asamblea Popular.

A pesar de las discrepancias Mirabeau (un amante de la monarquía restringida en sus poderes, por lo que siendo un noble trabajo en el Tercer Estado para abolir el feudalismo y crear una monarquía constitucional) y La Fayette defendieron acaloradamente la posición de la monarquía, poniendo la guardia Nacional al servicio de esta, acto que quedó demostrado cuando en la Fiesta de la Federación reunieron a los guardias nacionales de todas las provincias para que estos expresen su adhesión a la nobleza. Sin embargo, Luis XVI estaba aterrado por el giro que estaba tomando la revolución y comenzó a buscar apoyo en el extranjero y así llevar a cabo un intento de fuga como muchos otros nobles habían hecho, pero este se vio frustrado a mitad de camino en Varennes. A partir de ese momento el rey es suspendido en sus funciones. La burguesía moderada no quería el destronamiento ya que se mostraba afecta a la institución. El ideal republicano ganaba terreno con suma rapidez entre los girondinos (estos querían llevar las ideas de la revolución a otras tierras y expandir su nación) y jacobinos (querían estabilizar el poder del estado que había cimentado la Asamblea Nacional. En un principio el grupo fue bastante moderado ya que era dirigido por La Fayette y Mirabeau, nobles, adeptos a la monarquía constitucional pero cuando Danton y Desmoulins toman activa presencia el club se radicaliza), dos grupos que se disputaban la dirección. Surgen Marat (médico, publicista de gran talento y mentalidad revolucionaria. Él levantó al pueblo desde sus artículos en el periódico firmándolos cómo “el amigo del pueblo”. Su pluma equivalía a un ejército revolucionario), Desmoulins (un místico de la revolución. En 1789 llamó a las armas para provocar la toma de La Bastilla), Danton (Amó a Francia por encima de todas las cosas. Era un hombre muy robusto de personalidad desbordante. Su carrera se inició en 1790 en los Estado Generales y luego participó en la Asamblea Nacional. Creó un club político llamado los Cordelieres para el proletariado y con ideas extremadamente radicales. Una vez que llegó al poder instauró el Comité de Salud Pública y el estado de sitio nacional que sofocaría cualquier oposición. De estas medidas surgiría el régimen del Terror y si bien no maquinó el aniquilamiento de los girondinos, dejó que Marat y sus amigos los abatieran. Después lo perseguía la firma a regañadientes de la condena de Luis XVI y también muere en el cadalso bajo órdenes dadas por Robespierre) y Robespierre (el incorruptible. Era un joven abogado discípulo de Rousseau que sigue su camino sin desviarse, guiándose por un frío ardor y una fe fanática en las virtudes humanas y cívicas. No vacilaba en mandar a multitudes a la guillotina. Este personaje no fue tomado en serio hasta el verano de 1791, momento en el cual comenzó a tener peso en la asamblea desde la tribuna de los jacobinos. En 1794 tras mandar a decapitara Danton reinó con absoluta majestad ya que era el único sobreviviente de los grandes hombres de la revolución. En este período instauró el culto a la Razón. Instaló el Tribunal, ente que decidía por muerte o absolución la vida de sospechosos. El 27 de julio de este mismo año es mandado al cadalso por un grupo que se adelantó a su decisión de matarlos y aclamó muerte al tirano). Robespierre muere a manos de un grupo que no valía tanto como él. Estos grupos radicales solicitaron el destronamiento del Rey, por lo que el pueblo gritaba no más Rey.

El Terror.

Las masas estaban en contra de la continuación de la monarquía. Se instala la época del gran miedo (saqueos y robos por parte de los campesinos a los castillos que hasta eran incendiados. Por esto muchos nobles emigraron) y Robespierre y Danton mandaron a la guillotina a miles de personas. Los girondinos comenzaban entonces su grandiosa época. Este era un grupo del departamento de la Girondia del ala izquierda radical de la legislatura. Ellos querían la guerra contra Austria y esparcir la revolución por Europa. Robespierre estaba en contra pues no quería interrumpir la obra reformadora. Las tropas francesas marcharon contra austríacos y prusianos, pero fueron derrotadas en el primer choque. El odio contra Luis XVI se acrecentó y la monarquía fue finalmente destituida. Las clases inferiores dominaron a la burguesía liberal, Marat, Danton y Robespierre derrotaron a La Fayette. Las tropas austríacas y prusianas habían llegado a 200 kilómetros de París. ¡La patria estaba en peligro! Dumourriez tomó el mando de las tropas y la revolución comienza a vencer a las tropas extranjeras y obtener nuevos territorios cómo Worms y Maguncia. Hacia 1792, más precisamente el 21 de septiembre se proclama la República en la Convención, compuesta por los jacobinos, ubicados en el ala izquierda de la sala, los girondinos en el ala derecha y los moderados en el centro o llanura. Mientras tanto las cárceles estaban llenas de “traidores”. La ley de Sospechosos permitía allanamientos injustos e infundados, el Terror azotaba a Francia. Fue Danton, ministro de justicia el que permitió que fueran asesinados unos 1200 presos indefensos. El número de detenidos en las cárceles era de alrededor de 80000. Por esto el Tribunal Revolucionario trabajaba eficazmente para vaciarlas. El número de víctimas entre la primavera de 1793 y el verano de 1794 fue de aproximadamente 15000. El Terror duró poco más de un año y esto se puede justificar por los pensamientos de los partidarios de Robespierre que no hubieran dudado en decir: ¨Perezcan veinticinco millones de hombres antes que la República una e indivisible¨. Los jefes revolucionarios declaraban por entonces: ¨En el cruel duelo entre la libertad y la exclavitud, y en la cruel alternativa entre una derrota mil veces más sangrienta que nuestra victoria, llevar la revolución más allá de lo que es debido encierra menos peligro que retroceder; ante todo, es preciso asegurar a la República el campo de batalla¨ (Danton). Robespierre decía que los únicos ciudadanos de la República eran los republicanos, pero en cuanto a los realistas y los conspiradores eran para ella extranjeros o mejor dicho enemigos. Con estas dos citas de los hombres más importantes y poderosos de aquel momento podemos ver claramente que no tenían límites y no pensaban dejar vivo a nadie que pensara distinto a ellos y lo expresara publicamente. Además como tenían una gran facilidad para firmar sentencias no dudaban en mandar a matar a los presos para vaciar las cárceles y llenarlas con nuevos traidores.

Muerte de Luis XVI.

El 21 de enero de 1793 fue llevado a la guillotina Luis XVI acusado de traición a la libertad y seguridad de la patria. Por esto Inglaterra se alió con Austria, Prusia, Rusia y España para castigar este crimen. El 16 de octubre de este mismo año es ejecutada María Antonieta. En abril de 1793 se crea el Comité de Salud Pública con la misión de velar por el estado y proseguir la guerra que se había iniciado como respuesta a la ejecución de Luis XVI. Los girondinos fueron mandados por los jacobinos a la guillotina acto que se pudo hacer efectivo porque los primeros habían perdido apoyo y pasado de moda al no poder manejar la guerra. La revolución comenzaba así a devorarse a sus propios hijos.

Danton era en ese momento (1793) el gran hombre del Comité de Salud Pública. Nombran a Carnot jefe del ejército y logra vencer a los ingleses en Dunkerque y a los austríacos en Wattingnies. Los ingleses debieron evacuar Tolon. Fue un gran tiempo para la Revolución. Sin embargo Francia estaba llena de insurrecciones, por lo que los jacobinos lanzaron una contraofensiva para someter a las provincias rebeldes matando a grandes multitudes. El Terror duró poco más de un año. Robespierre juzgaba indispensable abatir a todos los enemigos de la república. Eran considerados enemigos no solo los adversarios manifiestos sino también los tibios e indiferentes a la revolución. La guillotina cambió entonces de clientela. Mataba a cualquiera que no fuera del agrado del comité sin juicio.

Danton es arrestado y guillotinado por orden de Robespierre. Por lo que este se convierte en soberano al ser el último sobreviviente de los grandes hombres de la revolución. Con el poder en sus manos, Robespierre instala el culto a la diosa Razón encarnándose en primer término en la virtud individual y cívica. Pero en 1794 Robespierre fue atrapado por un grupo de conspiradores y también pereció bajo la guillotina.

Surge el Directorio dirigido por Barras en 1795 con una tercera Constitución por la que se restableció el culto católico y se volvió a la libertad de conciencia, se cerraron los clubes políticos. Pero el estado no podía salir de la bancarrota.

En este momento, un joven militar hace su aparición, este es Napoleón Bonaparte que recibe el mando del ejército de manos de Barras y gracias a esta confianza comienza conquistas en Italia, Egipto, etcétera. Se convirtió en un héroe nacional por lo que al darse cuenta de esto regresa y toma el poder en el golpe de estado del 18 brumario. Pero como ya había sucedido anteriromente este personaje se enamoró del poder y se convirtió en el Primer Consul del poder ejecutivo por diez años convirtiéndose en el único dueño del país ya que los otros dos se veían limitados a acosejarlo. Además, se paralizó el Cuerpo Legislativo. Todos los proyectos de ley eran aceptados o rechazados por una comisión especial designada por Napoleón y este promulgó miles de decretos. Finalmente, elaboró el Codigo Napoleón que era un código civil para ciudadanos iguales ante la ley. La Francia napoleónica se convirtió en un estado policíaco con fouché como símbolo. Pocos hombres eran tan temidos como él en el país. Tenía servicios perfectamente organizados los cuales poseían registros de cuantos sospechosos circulaban por el país y que tarde o temprano caían en sus redes. La importancia de Fouché dentro de la Francia napoleónica representaba en sí un signo de debilidad y de falta de poder para controlor algunos asuntos. El 2 de agosto de 1802 Napoleón era proclamado cónsul vitalicio: era la recompensa de los triunfos ofrecidos al pueblo francés. El absolutismo se hace presente nuevamente y muchos de los logros de la Revolución son despreciados. En 1804 Napoleón se hace coronar emperador de Francia.

La Revolución Francesa finalizó con el advenimiento de grupos más moderados que decidieron terminar con la violencia desatada por esta, hacía ya demasiado tiempo. Fue necesario guillotinar a Robespierre para lograr la pacificación. Demasiada sangre inocente había manchado el período revolucionario. El Terror dejó miles de muertes, entre ellas las del Rey y la Reina. Día a día la guillotina no paraba de trabajar y se sembraba la angustia de todos los ciudadanos ya que cualquiera podía convertirse en sospechoso y ser llevado sin previo aviso. La garantía de los derechos había sido masacrada. Con la muerte del sanguinario y obsesivo Robespierre la convulsión revolucionaria comenzó a ceder. La burguesía estaba satisfecha de los logros conseguidos y consideraba sin sentido continuar bajo este régimen de miedo e intranquilidad.

El feudalismo y los privilegios de la nobleza habían sido abolidos. La monarquía y el absolutismo pertenecían al pasado. Todos los órdenes habían recibido el impacto de la Revolución. Ya nada volvería a ser como antes. El Antiguo Régimen yacía bajo los escombros de un pasado demasiado largo plagado de injusticias y privilegios para unos pocos. Un futuro promisorio impregnado de libertad y de derechos adquiridos soplaba en el ánimo de los franceses que ilusionados se aprestaban a vivir esta nueva vida. Con la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano se mejoraron las condiciones jurídicas, sociales y políticas de los burgueses. El derecho a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad se convirtieron con el tiempo paradigma necesario de todas las naciones civilizadas. La influencia de las ideas de la Revolución se extenderían por todas partes. Napoleón con sus conquistas se encargaría de difundirlas por Europa. Con Bonaparte el sueño girondino de llevar la Revolución a las demás naciones se haría realidad. Sin embargo Napoleón elimina muchas de las garantías que el pueblo había ganado durante la Revolución, como la participación en la redacción de leyes, pero una gran cantidad de logros como los Derechos del Hombre y el Ciudadano y muchas de las leyes sociales permanecerían para siempre en la estructura del estado francés.

El abate Siéyés se podía dar por satisfecho. El Tercer Estado había logrado su cometido. Su momento por fin había llegado. Era ahora el que más peso tenía. La nación sería conducida de aquí en más por este grupo mayoritario que fuera relegado durante tantos siglos. Los grandes hombres de la Revolución: Mirabeau, La Fayette, Danton, Marat, Robespierre y los girondinos ahora sí, podían descansar en paz.

Bibliografía:

  • Carl Grimberg, Revoluciones y luchas nacionales, en Historia Universal Daimon, Ed. Daimond, 1793.

  • George Rudé, La Revolución Francesa. Ed. Vergara 1989.

  • David Jordan, Robespierre el primer revolucionario. Ed. Vergara 1989.

  • Louis Madelin, Los hombres de la Revolución Francesa. Ed. Vergara 1989.

  • J. Vicens Vives, Historia general moderna. Ed. Montaner y Simón S.A.

  • William Doyle, The Oxford History of The French Revolution (Oxford University Press, 1989).

  • Francois Furet, ¨La Francia revolucionaria (1787-1791)¨ y ¨La Revolución francesa y la guerra (1792-1799)¨, en L. Bergeron, F. Furet, y R. Koselleck, La época de las revoluciones europeas, 1780-1848 (Madrid: Siglo XXI, 1976).

  • Andrés Wajda, Danton.

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