Descolonización y tercer mundo

Historia contemporánea. Asia. Indochina. África. Balance. Tercer mundo

  • Enviado por: Antonia
  • Idioma: castellano
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TEMA 45. DESCOLONIZACIÓN Y TERCER MUNDO.

El proceso de descolonización acelerado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial es uno de los mayores fenómenos del s. XX. Este proceso, que marca el fin de la hegemonía europea en el mundo, se ha desarrollado paralelamente al conflicto Este-Oeste, ya sea independientemente de él, como son los casos de la India o Argelia, o ligado a sus vicisitudes, como lo ejemplifican los conflictos del sudeste asiático y del Oriente Medio.

Estos nuevos estados surgidos al desaparecer los imperios coloniales suelen ser englobados bajo la denominación de Tercer Mundo, término que implica subdesarrollo económico y cultural, dependencia tecnológica del bloque capitalista o socialista, y voluntad de una parte de ellos de constituir una especia de tercera fuerza en la política internacional independiente del sistema bipolar.

Fue en Bandung (Indonesia) donde se celebró la primera conferencia intercontinental de los pueblos afroasiáticos que en aquellos días (abril de 1955) habían accedido a su total independencia. En la Conferencia de Bandung estaban representados 23 países asiáticos y 6 africanos, mayoritariamente antiguos territorios colonizados. Sus cuatro grandes protagonistas fueron: Nehru (por la India), Sukarno (por Indonesia), Nasser (por Egipto) y Zhon Enlai (por China). En esta conferencia, el Tercer Mundo, nuevo protagonista de las relaciones internacionales, encontró la plataforma ocasional desde la cual lanzar al mundo la expresión de sus deseos y el anticipo de su pretendida nueva vía: cooperación económica y cultural, conquista de la autodeterminación, asunción de la declaración de los derechos humanos proclamados por la ONU, y proclamación del derecho de los nuevos países a intervenir en la política mundial sin alinearse con ninguno de los grandes bloques. Se proponían, en efecto, un neutralismo activo que favoreciera la concordia y el entendimiento entre los pueblos. Las repercusiones de la Conferencia fueron decisivas para la generalización del proceso de independencia de otras colonias, principalmente en África, que en pocos años completó el proceso emancipador. Bandung contribuyó asimismo a una toma de conciencia internacional sobre la dignidad y la presencia de los pueblos de color en el concierto mundial.

La Primera Guerra Mundial ya había supuesto el nacimiento de movimientos independentistas en los antiguos imperios coloniales, pero la Segunda potenció mucho más estos movimientos. (En la Primera Guerra Mundial los pueblos colonizados aportan hombres o materias primas a la metrópoli; ésta, en vez de compensar la ayuda de las colonias, sólo piensa en solucionar sus problemas internos mediante una intensificación de la explotación colonial. En la Segunda Guerra Mundial el proceso se repite e intensifica, con el agravante de que algunas colonias sufren en su propio territorio la guerra). Tanto la URSS como EEUU se identificaron con estos movimientos independentistas y la Carta del Atlántico incluyó tales principios. El declive económico de Gran Bretaña y Francia contribuyó a la desaparición de sus respectivos imperios.

  • La descolonización en Asia

El gran continente asiático había tenido en franceses, holandeses y británicos sus principales colonizadores hasta 1945, especialmente Asia meridional, que por variedad, riqueza y situación geográfica quedó históricamente ligada a los intereses económicos europeos. Bastaron diez años (1945-55) para que las que parecían extensiones naturales de Gran Bretaña (India, Pakistán, Birmania), Francia (Indochina) y Holanda (Indonesia), alcanzaran su independencia política.

    • Indochina

Durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses ocupan Indochina que les ha sido entregada por la Francia colaboracionista de Vichy (→ Como oficialmente el régimen de Vichy era aliado de Alemania, coexisten juntas autoridades niponas y francesas). Tras la guerra, el gobierno popular de Vietnam, bajo la presidencia de Ho Chi Minh, proclama su independencia. Sin embargo, los franceses intentaron recuperar la preeminencia en el territorio (→ para Inglaterra y Francia, la paz significaba la restauración de sus anteriores poderes). Tras la rendición de Japón, Francia intentó negociar con Ho Chi Minh la constitución de una federación que incluyera Vietnam, Laos y Camboya, con una zona alrededor de Saigón administrada por París. Muy pronto surgieron las dificultades de interpretación de los acuerdos diplomáticos debidas al ansia independentista vietnamita y a la negativa francesa al abandono de su antigua colonia. Con esto, en 1946, el ejército francés se instaló rápidamente en el sur del país e inició una agresiva escalada contra el norte. La dirección del Viet-Minh (el movimiento nacionalista) estimó que esta sangrienta acción ponía fin al `modus vivendi' mantenido a lo largo del año y, en consecuencia, decidió llevar a cabo una lucha abierta contra la potencia colonial, a través de enfrentamientos llevados a cabo por las guerrillas populares vietnamitas. Los franceses controlaban todas las ciudades importantes y las principales carreteras. Así, Francia declara que el gobierno de Ho Chi Minh es sólo una organización clandestina, cuya existencia no acepta por considerar que carece de toda legitimidad, y repone al emperador Bao Dai como jefe de Estado, si bien se reserva la defensa y otros asuntos trascendentales (1949).

El triunfo de Mao en China, con el subsiguiente establecimiento de un régimen comunista al norte de Vietnam, cambia radicalmente el desarrollo de la lucha. A partir de este momento, Vietnam cuenta con un aliado que se convierte en una segura fuente de abastecimientos en armamento y pertrechos de todo tipo. En 1953, las fuerzas francesas habían sido expulsadas de tres cuartas partes del país, a pesar de recibir suministros bélicos y financieros de EEUU. En 1954, el ejército francés es cercado y hecho prisionero en Diên Biên Phu, lo que obliga a Francia a conceder la independencia. En la Conferencia de Ginebra (1954), Indochina queda dividida en Vietnam del Norte (en la que se concentrarían todas las fuerzas del Viet-Minh) y Vietnam del Sur (adonde se retirarían las tropas francesas), que constituyen un solo Estado y cuyo futuro sería la reunificación mediante elecciones libres (→ la división de Vietnam se materializaría en dos estados antagónicos y las elecciones nunca llegarían a celebrarse). Los acuerdos de Ginebra, más que poner fin a la guerra, marcaron el inicio de una nueva fase de la misma (→ enfrentamiento entre los dos Estados vietnamitas, comunista el del Norte y marcadamente anticomunista el del Sur).

  • La descolonización de África

También en África la Primera Guerra Mundial siembra las semillas de la independencia, pero las diferencias de civilizaciones, islámica al norte, negras al sur, y la no existencia de entidades de gran potencia demográfica como la India o Indonesia, además de una más fuerte presencia del tribalismo, retrasan el proceso hasta la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar ésta, sólo tres estados eran formalmente independientes en el continente africano: Egipto, Etiopía y Liberia. En las dos décadas siguientes, en especial en los años 60, África se configuró en un mosaico de naciones independientes y soberanas, que se completó con la independencia de Angola y Mozambique en 1975. Entre las causas que explican este impresionante cambio político, cabría citar la propia debilidad de las potencias europeas tras su participación en la contienda mundial, junto a las rápidas transformaciones económico-sociales que se estaban dando en el continente y que tomaron forma política en movimientos nacionalistas que a partir de conceptos como “negritud” o el “panarabismo”, manifestaron su firme vocación independentista. Junto al nacionalismo, el panafricanismo, expresado en la fundación de la OUA (Organización de la Unidad Africana) en 1963, supuso la respuesta de África a siglos de explotación y servidumbre, y cuyos retos futuros eran la superación del subdesarrollo y de la dependencia económica.

  • El Norte de África

    • Túnez (1956)

Desde 1883 Francia había establecido un protectorado sobre Túnez. Fue después de la Primera Guerra Mundial cuando aparecieron los primeros movimientos nacionalistas con el partido Destur (liberal-constitucional) formado principalmente por clases acomodadas burguesas. Hacia 1930 el partido deriva hacia otro llamado Neo-Destur, liderado por Habib Burguiba. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Francia liberada se negó a acceder a las peticiones autonomistas y arreció la represión. En 1952, Burguiba fue detenido, lo que dio origen a una insurrección armada en la que abundaron los sabotajes y actos de terrorismo. En 1954, el gobierno francés prometió la autonomía interna a Túnez, pero las negociaciones se vieron dificultadas por el comienzo de la guerra en Argelia. Se volvieron a iniciar los actos de terrorismo; esto, unido a la independencia de Marruecos, movió a Francia a apoyar plenamente a Burguiba y a conceder la total independencia a Túnez en 1956. Un año después fue instaurada la República con Burguiba como presidente.

    • Marruecos (1956)

En 1912 Marruecos se constituyó formalmente en protectorado francés por medio de un pacto entre el sultán y Francia. Siguió a ello otro acuerdo entre Francia y España por el cual este último país recibió en protectorado una zona norte (Rif) y una zona sur (Ifni). La ocupación de estos territorios por las tropas españolas provocó hostilidades por parte de los nativos. Desde entonces, aunque todo el país estuvo nominalmente bajo el gobierno del sultán, existió en todo el territorio una doble administración francesa y española y hubo guarniciones de ambos países en sustitución del ejército marroquí. Durante la Segunda Guerra Mundial, la burguesía y el proletariado urbano pugnaron por la emancipación y el sultán reclamó la independencia en 1947. París se vio forzada a aceptar ciertas condiciones, rechazadas por los colonos franceses residentes en Marruecos, que no querían perder sus propiedades. Los colonos franceses se opusieron al fortalecimiento del poder de los nativos y en el verano de 1955 se produjeron violentos disturbios y matanzas entre franceses y marroquíes. La autonomía dentro de la Unión francesa y la inmediata independencia en marzo de 1956 hizo que el gobierno español renunciara a su protectorado sobre la zona norte un mes después, salvo Ceuta y Melilla. El nuevo estado se organizó en monarquía constitucional, ingresó en la Liga Árabe y sostuvo una política de apoyo a la independencia argelina.

    • Argelia (1962)

Reacia a otorgar la ciudadanía francesa a los argelinos, a quienes imponía como condición para obtenerla abdicar de su religión y hábitos culturales, Francia cerró el camino de la integración y se opuso a la concesión de su independencia. En esta actitud pesaba no sólo la responsabilidad sobre un millón de súbditos franceses, sino también los intereses económicos tejidos entre los colonos y la metrópoli y los fabulosos recursos de gas natural, petróleo, hierro y manganeso que atesoraba.

En estas circunstancias, en 1954 estalló una insurrección armada entre los independentistas del FLN (Frente de Liberación Nacional) y el ejército francés, que se mostró impotente ante la táctica guerrillera del FLN, que hizo de cada callejuela, restaurante, teatro, etc. un frente de combate.

Hacia 1958, la guerra argelina había alcanzado un punto de extrema crueldad por parte de ambos bandos y puesto a Francia al borde del colapso moral e intelectual. Los colonos y la OAS (Organización de la Armada Secreta), sector del ejército, de organización clandestina, empecinado en mantener la Algérie Française, contribuyó a la caída del gobierno francés, y el general De Gaulle fue investido presidente de la V República. En contra de lo que esperaban sus compañeros de armas, De Gaulle inició conversaciones con los representantes del FLN, que terminaron en 1962 con los acuerdos de Evián, por los que Argelia consiguió su independencia como república democrática y popular, y se regulaban las futuras relaciones entre Francia y Argelia. El nuevo estado se orientó entonces hacia un intento de conjunción entre arabismo y revolución socialista, que le valió un enorme prestigio hasta que la crisis económica de los 70, el aumento demográfico y la aparición del integrismo islámico recordaron que la “batalla de Argel” todavía no había concluido.

BALANCE DE LA DESCOLONIZACIÓN

Transcurridos más de 50 años del inicio del proceso de descolonización, su valoración no puede ser del todo optimista. Prácticamente los países que accedieron a la independencia política en estas décadas configuran hoy el mapa del subdesarrollo. Los indicadores económicos sitúan estas sociedades entre las más atrasadas. Los niveles de industrialización se mantuvieron muy bajos y resultaron incapaces para poder transformar los inmensos recursos naturales que tiene el continente. Esto ha obligado a una exportación de materias primas hacia los mercados internacionales a precios muy bajos y a una importación de productos manufacturados que genera grandes desequilibrios en la balanza de pagos, dando lugar a un endeudamiento que se ha convertido en problema crónico. La desnutrición eleva la mortalidad infantil a niveles intolerables, y el desempleo afecta a amplísimas capas de la población. El débil crecimiento económico contrasta con un rápido incremento de la población, fenómeno que agudiza los problemas sociales y genera todo tipo de incertidumbres sobre el futuro. No han funcionado ni los modelos de economía capitalista, ni los de economía planificada, y tampoco los modelos políticos han cuajado en sociedades que siguen manteniendo en la tradición y el tribalismo su forma de reconocerse a sí mismas.

EL TERCER MUNDO

El Tercer Mundo es, en general, un mundo dependiente. Dependencia que va mucho más allá de los aspectos económico-políticos y afecta a todos los ámbitos de la actuación humana: el educativo, el cultural, el científico, el tecnológico... De esta manera, el Tercer Mundo se encuentra cada vez más lejos de alcanzar a los países ricos. Posiblemente, el parámetro más significativo para evaluar la distancia de ambos mundos venga dado por la colonización industrial, que actúa en un doble sentido: por un lado, aumenta la dependencia de los países del Tercer Mundo respecto a los del primero; por otro, condiciona el futuro desarrollo de estos países al ser destinatarios de una transferencia de tecnología en gran parte obsoleta. Asimismo, los denominados programas de ayuda son en realidad vías de penetración de corporaciones multinacionales que controlan la tecnología, el capital y los mercados del Tercer Mundo.

Uno de los problemas que sufre el Tercer Mundo es el del elevado crecimiento demográfico que conduce inevitablemente a la superpoblación de la Tierra. Sin embargo, el problema de la superpoblación tiene diversas interpretaciones según desde el punto de vista que se mire. Para algunos, el origen del conflicto se halla en los altos índices de natalidad que se dan en los países del Tercer Mundo. Para otros, en cambio, se trata sólo de un problema de reparto de las riquezas; es decir, que los recursos que existen actualmente en el mundo alcanzarían para permitir la supervivencia de toda la población de la Tierra.

Sin embargo, el más grave problema que se plantea al Tercer Mundo viene originado por la deuda externa, unida a la caída de los precios de las materias primas, de las que son principales suministradores de los países del Primer Mundo. Los planes económicos a largo plazo son difíciles de realizar en el Tercer Mundo; la pobreza estructural o una riqueza condicionada al juego especulador de los importadores, no permiten valorar el nivel de ingresos con los que dar respuesta a la deuda contraída. Por otro lado, la producción de materias primas o de recursos alimentarios está controlada en el Tercer Mundo por las grandes multinacionales. Éstas manejan hoy la producción mundial del cacao, el tabaco, el té, el café, el azúcar, el algodón y los productos forestales. El control de la propiedad se extiende a los países pobres de África, Asia y Latinoamérica, obligados a cultivar productos y materias primas que les permitan atraer capital extranjero para pagar sus deudas. Este hecho supone una inversión en las formas tradicionales agrícolas de los países del sur: donde antes se cultivaban productos agrarios básicos para la subsistencia, se obtienen ahora productos destinados exclusivamente a la exportación, dándose la paradoja que en época de grandes sequías algunos países han de importar productos alimentarios básicos (el maíz, por ejemplo), cuando en su suelo prosperan los cultivos agrícolas para la exportación.