Desarrollo cognitivo

Habilidades motrices. Desarrollo motor y psicosexual. Estimulación física. Infancia. Adolescencia y pubertad. Freud

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2. DESARROLLO

2.1 DESARROLLO COGNITIVO

El bebé desde que nace, no cesa de descubrir y conocer el mundo que le rodea. Despertar los sentidos del bebé, para que pueda percibir y relacionar estímulos entre sí, es ya un acto cognitivo y perceptivo que estimula sus capacidades intelectivas.

A partir del tercer mes, el bebé muestra gran interés por investigar y explorar; sus habilidades motrices le permiten manejar mejor su entorno y clasificar sus percepciones.

Al final del primer año, sus posibilidades motrices le abren nuevos campos de exploración. Es capaz de observar y atender con detenimiento lo que le interesa empleando bastante tiempo en ello. Es un buen momento para enseñarle las cosas, ya que demuestra buena disposición para el aprendizaje.

El desarrollo motor no está divorciado de las otras esferas; por ello cognitivamente se desarrollan las operaciones sensorio-motoras, lo cual implica una inteligencia práctica. De esta manera, el niño pasa a través de las experiencias con los objetos (motoras), por las conductas reflejas, percepción de objetos, la atención y relación con los objetos y personas, acciones mas intencionadas y la búsqueda curiosa de soluciones a las primeras representaciones simbólicas y las primeras manifestaciones de una búsqueda sistemática de soluciones, que no se basa sólo en los tanteos y las equivocaciones.

Cada momento de la vida, tanto por el proceso evolutivo de las personas como por las circunstancias externas que rodean a cada individuo, tiene una expresión distinta en cuanto al ámbito de la sexualidad. Esto es así desde el nacimiento. En los primeros momentos y meses de la vida de una persona la realidad de su existencia la componen aspectos puramente sensoriales. La única realidad que un bebé percibe es la resultante del cúmulo de sensaciones que experimenta. Si retomáramos una postura adulta ante esto, podríamos considerar que la vida, en los primeros meses, es pura sexualidad. Esto probablemente sea cierto aunque debamos aclarar que se trata de realidades y experiencias distintas de lo que podemos considerar la sexualidad adulta.

Los bebés, algo que resulta fácilmente observable, reaccionan y experimentan a través de sus órganos sensoriales. Además de emitir conductas destinadas a cubrir sus necesidades básicas, el mundo es un cúmulo de experimentación y percepción de sensaciones provenientes de los cinco sentidos.

Como padres y madres podemos favorecer el desarrollo de nuestros hijos e hijas aportando estímulos que fomenten sus necesidades primordiales. Puede ser interesante destacar que abrazándolos, jugando con ellos, no sólo estimularemos un crecimiento apropiado con respecto a su sexualidad, si no que favoreceremos su desarrollo integral en esta etapa.

Otra cuestión influyente en la caracterización de la sexualidad de los niños y niñas que puede tener consecuencias posteriores es la desnudez. A través de la información que transmitamos a nuestros hijos e hijas sobre esta cuestión ellos elaborarán ideas sobre la desnudez propiamente dicha, sobre sus cuerpos y también sobre sí mismos. Se trata de una comunicación que se realiza tanto por palabras como por hechos y actitudes. En este sentido es bueno que ellos se acostumbren a contemplarse y a ver al resto de la familia desnudos; a que actividades físicas e higiénicas como el baño se tiñan de un fuerte componente lúdico; o bien que ante la aparición de desnudos en revistas o en la televisión se emitan juicios que transmitan ideas coherentes. Esto implicará que se comienza a aprender a estas edades que el cuerpo no es algo vergonzante ni que sólo determinados cuerpos se han de considerar interesantes, cosa que habitualmente ocurre con los modelos de los medios de comunicación, donde con excesiva frecuencia sólo se enseñan cuerpos "culturalmente perfectos".

Además de la estimulación física y de la valoración del cuerpo es importante que durante los primeros años de vida el bebé desarrolle una sensación de confianza. Esto quiere decir que el bebé perciba de los adultos y del entorno que le rodea mensajes de calma y de continuidad. De esta manera el bebé se percibirá de una manera positiva y sosegada y entenderá que el mundo que le rodea es coherente y predecible. La confianza redundará ya en estos momentos en la autoestima que el niño y la niña vayan desarrollando posteriormente y en la capacidad de estos para confiar y aproximarse emocionalmente a los demás. La confianza se adquiere fundamentalmente a través de los padres, quienes la pueden enseñar a base de coherencia de sus acciones y actitudes y perseverancia en sus planteamientos, haciendo que el bebé sea capaz de empezar a predecir los acontecimientos más cotidianos.

Los primeros años.

Sobre los tres años los niños y las niñas comienzan a establecer distinciones en función del sexo de las personas. Cuando empiezan a percatarse de que pertenecen a un sexo determinado aprenden también cuál es la conducta "apropiada" para cada género o rol sexual.

Es fundamental que cada persona posea características propias, tanto "masculinas" como "femeninas". Esto es algo que ya a estas edades estamos enseñando tanto en casa como en la escuela o a través de los medios de comunicación. Son momentos en los que la necesidad de definición de los niños y niñas hacen importantísimo que adoptemos ante esta cuestión una postura clara y meditada. Una persona sana es aquella que ha integrado las partes masculina y femenina en un todo. Por ejemplo, los hombres deben poder permitirse la posibilidad de ser sensibles, ocuparse de la crianza de los hijos, mostrar ternura, etc.. Por otro lado, las mujeres deben tener la oportunidad de ser enérgicas, independientes y con capacidad de tomar iniciativas. Estas cuestiones que parecen más propias del ámbito de la coeducación, tienen en el terreno del desarrollo sexual una importancia máxima ya que condicionarán sobremanera, además de otros aspectos, la forma y la experimentación de la sexualidad individual a lo largo de la vida de cualquier persona.

Otro aspecto importante en este momento evolutivo es la forma en que los niños y las niñas aprenden a controlar sus esfínteres. La regulación y control de las funciones excretoras son modeladas por la cultura a la que una persona pertenece. Para un niño o niña, orinar y excretar resultan acontecimientos sorprendentes y agradables. Son ejercicios de regulación de tensión corporal y además el niño y la niña con muchísima frecuencia se ven atraídos con estos objetos que salen de su cuerpo. Se trata de ejercicios corporales e indudablemente sexuales ya que se comienzan a usar las principales parcelas corporales relacionadas con la sexualidad.

Los niños y niñas necesitan percibir que el control de esfínteres es un aspecto saludable y natural del crecimiento, sin que se sienta en ningún momento culpable por realizar acciones de este tipo.

Tanto padres y madres como cuidadores y educadores tenemos que recordar que para los niños y niñas, el control muscular es algo complejo que precisa de un entrenamiento progresivo. No se trata de realizarlo de hoy para mañana. Tampoco es bueno adelantarse a los acontecimientos. Si bien la madurez psicofísica para el control de esfínteres suele aparecer a los dos años, en muchas ocasiones no se da la maduración necesaria hasta los tres y a veces más tarde. Es bueno tenerlo en cuenta sin olvidar que un desarrollo lento en este campo no tiene que significar de ninguna manera un déficit en el desarrollo general del niño o la niña.

Cuando aparece el lenguaje comienzan a pedirse las primeras explicaciones sobre el mundo. Esto es igualmente cierto ante la sexualidad. En estos momentos ya resulta importante comenzar a hablar clara y positivamente sobre este tema, aunque esto no tenga que implicar que demos unas explicaciones pormenorizadas cuando no es eso lo que se nos está pidiendo. A estas edades las demandas de información provienen fundamentalmente del ámbito de la reproducción. De dónde vienen los niños y las niñas y cuáles son sus diferencias por sexo son las cuestiones más solicitadas.

Sin embargo no existen preguntas buenas ni malas y lo mismo ocurre con el tipo y la profundidad de las respuestas. Una norma válida para percibir el grado de detalle de las preguntas de nuestros hijos e hijas y que es aplicable a los siguientes momentos evolutivos, consiste en explorar la curiosidad de estos después de nuestra explicación. Observar si disminuye su atención o preguntar si están satisfechos con ella son conductas que nos darán información sobre sus expectativas. No debemos tener cuidado en excedernos en nuestras respuestas, ellos sólo atenderán a las cuestiones que les resulten de interés.

Por último, para entender la sexualidad en esta etapa es necesario que nos detengamos mínimamente en el desarrollo del autoerotismo. Con este término se designan a las acciones encaminadas a obtener placer en solitario. En estas edades los niños y las niñas muestran interés por su cuerpo, su exploración y su estimulación. Para ellos estas actividades constituyen una forma de descubrir otro aspecto del mundo al que cada vez se asoman de forma más intrépida. A través de la autoestimulación, además de obtener sensaciones placenteras, el niño y la niña aprenderán aspectos de su cuerpo y, si ese aprendizaje corporal y del placer es exitoso, estarán más capacitados para disfrutar de una forma más completa de sus relaciones con otras personas en la edad adulta.

Durante toda la vida, la persona que aprendió durante su infancia que estas actividades son reprobables y dañinas, conservará la impresión de que obtener sensaciones placenteras por estímulo del cuerpo es algo sucio, indebido y repugnante. Esta actitud, con toda seguridad, será una traba para disfrutar siempre de su sexualidad.

De los seis a los diez años.

En estas edades persisten algunas de las cuestiones que hemos tratado en los apartados anteriores. Esto no podía ser menos ya que siempre que dividimos el desarrollo de las personas en etapas o años tiene fisuras. Es algo que se desarrolla en un continuo, que por naturaleza es siempre distinto y peculiar para cada persona.

Cerca de los seis años y a lo largo de todo el proceso de escolaridad comienzan a aparecer las primeras manifestaciones de juegos sexuales. Se trata de conductas espontáneas de los niños y las niñas que reproducen entre sus iguales situaciones que observan y detectan en los adultos. En estos momentos, la experimentación de la sexualidad continúa y se recubre de nuevos ingredientes. El coqueteo, los besos a escondidas y las exploraciones mutuas son actividades frecuentes en estas edades.

Como padres y madres podemos adoptar distintas posiciones ante estos hechos. Sea cual sea nuestra postura debemos evitar siempre transmitir mensajes que muestren la sexualidad como algo rechazable o repugnante. Podemos plantear nuestras objeciones de una forma razonada y delicada, prestando atención a cuáles son los sentimientos de nuestro hijo o hija.

Otro aspecto vinculado con la sexualidad que podemos fomentar de forma saludable es la experimentación de sensaciones corporales agradables. Disfrutar un paseo por la playa descalzos, sentir la textura de la hierba o de los objetos, detenernos en la experimentación de los olores, son actividades que potencian el aprendizaje sensorial, algo muy importante para el disfrute de la sexualidad. Otro aprendizaje fundamental en estas edades es valorar las actividades que se realizan tanto por el resultado como por su proceso de realización.

Probablemente una de las cuestiones que a lo largo del desarrollo humano puede facilitar más un crecimiento sexual sano es la existencia de canales fluidos de comunicación entre padres y madres y sus hijos e hijas. Cuanto mayor sea el grado de libertad que presida la comunicación en estos temas, mayor será el grado de influencia que como padres y madres podremos ejercer. Además, los niños y niñas recibirán información precisa y exacta y no serán presa de los fantasmas y mitos sexuales que circulan habitualmente entre su grupo de amigos. A todo esto se le suma que una comunicación abierta entre padres e hijos permite que estos desarrollen un mayor grado de responsabilidad ante su sexualidad.

Una buena forma de generar información pasa por contestar a las demandas que nuestros hijos e hijas nos formulen. En algunos casos puede ocurrir que no se nos dirijan preguntas. Es posible que en estos casos debamos tomar nosotros la iniciativa y sondear sus posibles inquietudes.

Antes de los diez años los niños y las niñas deberían conocer las cuestiones relacionadas con los órganos sexuales, la relación entre el coito y la reproducción y los cambios físicos a los que sus cuerpos se verán sometidos en la pubertad. Es importantísimo que los niños y las niñas entren en la pubertad con unos conocimientos y actitudes positivos hacia los cambios que les sucederán para que puedan valorar correctamente la experiencia y en ningún caso esta pueda resultarles frustrante. También resulta relevante que el acceso a la pubertad vaya acompañado de un conocimiento claro y positivo de la sexualidad.

La adolescencia y la pubertad de los diez a los trece.

A medida que las personas se acercan a la pubertad, sus vivencias y sus experiencias pasan a ser en alto grado condicionadas por las intensas y nuevas situaciones que este período desencadena. Cambios fisiológicos profundos como la aparición de caracteres sexuales secundarios, la aceleración del crecimiento emocional y físico, la capacidad de reproducción, los cambios en la relación que las personas comienzan a establecer con personas de otro sexo, la búsqueda de independencia y el desarrollo de principios personales son cuestiones que intervienen en estos momentos del desarrollo.

Los cambios de la pubertad no aparecen de repente ni en un solo momento, sino que se desencadenan gradualmente y en distintas edades según las personas. La pubertad comienza en las niñas, entre los nueve y los doce años y concluye entre los once y los catorce. Los niños comienzan a realizar estos cambios entre los diez y los doce y el proceso llega hasta los quince y dieciséis años.

Los niños y niñas que han sido preparados para hacer frente a esta etapa, se adaptan a los cambios con mayor facilidad que aquellos que no han recibido ningún tipo de preparación. Los que de antemano saben qué les espera acogen mejor los cambios y tienen la seguridad que estos tendrán resultados positivos. En el inicio de esta etapa puede resultar interesante revisar las concepciones y actitudes hacia la sexualidad repasando aspectos tratados en momentos anteriores.

La comunicación no debería centrarse solamente en abordar los aspectos básicos de la sexualidad y la reproducción. Es el momento de ahondar en los condicionantes sociales, religiosos y culturales de la sexualidad individual.

Esta etapa del desarrollo hace en ocasiones necesario un trato diferencial en función del sexo de nuestros hijos e hijas. Esto no quiere decir más que el énfasis y las incertidumbres serán distintos en los chicos y en las chicas.

En las niñas, los cambios físicos de la etapa implican la aparición de las curvas corporales que indican la aproximación a la adultez física, la aparición de vello y el desarrollo de los pechos. Uno de los mayores cambios será el de la aparición de la menarquía.

Dado que los tiempos del desarrollo físico son específicos en cada persona, es importante que a nuestras hijas les hagamos comprender lo peculiar del desarrollo propio, permitiendo la aceptación de las características individuales como algo que se resiste a las comparaciones. Es frecuente encontrar en las prepúberes una honda preocupación por sus características físicas. Aunque esta actitud es parte del proceso de evolución, en algunas ocasiones se convierte en una obsesión. Existen unos modelos sociales que tienden a marcar cánones allí donde la única medida posible es lo personal. Es difícil y lento para estas personas comprender que sus características personales son incomparables y abandonar su preocupación por el tamaño o la forma de sus senos, la prominencia de sus sinuosidades, o lo temprano de su desarrollo.

Poco después del inicio de la pubertad aparece la primera menstruación. Si se ha hablado anteriormente y con naturalidad de esta cuestión, será fácil revisar las posibles dudas y temores de las niñas ante la menstruación. Generalmente pueden aparecer dudas sobre si se trata de una experiencia invalidante. Es preciso detallar como se trata de un hecho que no repercute para nada en la realización de las actividades cotidianas. Esta es una aclaración oportuna sobre todo ante la menarquía, cuando las molestias y la duración de esta primera menstruación son, con frecuencia, mayores que en los sucesivos períodos. Es éste el momento de poner en práctica el uso de compresas y tampones. Estos últimos son más cómodos y permiten una mayor facilidad de movimientos. También es preciso un cierto entrenamiento para su uso. Este entrenamiento puede ser adquirido en casa con la ayuda de la madre y otros familiares.

La menarquía representa el estado de maduración física de una persona y puede ser contemplado en el ámbito familiar con el componente festivo que se merece. No estaría de más organizar una pequeña fiesta familiar para celebrar el acontecimiento.

En los chavales la pubertad se alcanza más tarde y con más lentitud que en las chicas. Además no se producen signos tan perceptibles como en ellas.

Las manifestaciones físicas comienzan con el agrandamiento del pene y los testículos, después aparece el vello en diversas partes del cuerpo. La voz cambia cerca de los quince años y el vello sigue apareciendo en la cara y en el pecho hasta pasada esta edad. Todos estos cambios inquietan a los chicos de la misma manera que las chicas se ven sorprendidas por los suyos.

Son frecuentes las exploraciones colectivas entre iguales y las comparaciones suelen llevar aparejadas críticas que tienden a confundir aspectos físicos con otros elementos como la virilidad o la masculinidad. Corre por nuestra cuenta desmitificar fantasías sobre los tamaños y los tiempos de aparición de los cambios. Estas cuestiones a veces se convierten en conflictos que acompañan a las personas durante muchísimos años.

Durante la pubertad comienzan a multiplicarse en las personas sus capacidades para fantasear y ésta es una cuestión que afecta al desarrollo sexual. Las fantasías sexuales son una herramienta que prepara a las personas para el sexo, ayudan a conocer la sexualidad personal y a descubrir la intimidad. Además las fantasías sexuales permiten que las personas desarrollen su sexualidad sin tener que recurrir a la práctica antes de que se esté mínimamente preparado para ello.

Como padres y madres es conveniente hablar con nuestros hijos e hijas sobre las fantasías sexuales, restándoles cualquier mínimo elemento de culpa y enfatizando su papel positivo en el desarrollo de la sexualidad. Por otro lado es conveniente tener presente que las fantasías sexuales son patrimonio exclusivo de quien las desarrolla dejando bien claro su carácter íntimo.

Otra cuestión pareja a la pubertad es la masturbación, de una manera distinta a como se presentaba en los períodos anteriores. En estos momentos, la principal variación de la autoestimulación es que a través de ella se pueden alcanzar orgasmos. El organismo puede desarrollar la respuesta sexual humana en toda su extensión.

Es recomendable que estos temas sean tratados abiertamente. Cuando no se habla de un tema siempre emitimos el mensaje de que dicha cuestión es tabú y se valora negativamente.

La masturbación es un instrumento insustituible de autoconocimiento y de exploración de la sexualidad individual. Sobre las prácticas masturbatorias saludables se asienta la posibilidad de una vida sexual satisfactoria. Es interesante abordar con nuestros hijos e hijas este tema entre los nueve y los doce años, dejándoles claro que se trata de un medio para conocer el cuerpo y las sensaciones físicas placenteras.

Otros aspectos de índole social incidirán tanto en el desarrollo personal del preadolescente como estrictamente en su desarrollo sexual. Aprender a relacionarse socialmente, saber poner límites a los demás y ser capaz de expresar adecuadamente sus emociones, son cuestiones que repercutirán en todos los ámbitos del crecimiento personal y de una forma relevante también en el sexual.

La adolescencia.

Esta es la época de las definiciones. El adolescente emerge del mundo infantil y emplea todas sus energías en perseguir una identidad y unas características propias. Es un proceso en el que se reclama insistentemente una mayor independencia y cuando se debe aceptar un mayor grado de responsabilidad. En este marco las relaciones familiares se vuelven ambivalentes. En determinados momentos el adolescente busca un gran distanciamiento y autonomía, en otras ocasiones se pretende volver al cobijo de la familia. Todo esto de forma intermitente y a veces pidiendo a la vez autonomía y protección.

Resulta esencial disponer de espacios familiares donde sea posible abordar los distintos momentos y situaciones que marcan el mundo del adolescente y donde además nosotros como adultos podamos expresar nuestros puntos de vista y nuestras preocupaciones.

Es desgraciadamente frecuente que ante los adolescentes las únicas comunicaciones familiares existentes versen sobre el desacuerdo de los adultos ante su conducta. Esto suele generar círculos viciosos donde el padre y la madre piden disciplina; el adolescente responde con la insumisión; y el padre y la madre solicitan aún más disciplina.

En estas edades la disciplina es una cuestión necesaria, no sólo para la salud mental del padre y la madre, también para el adolescente. La solución correcta pasa por articular un equilibrio entre el orden y la comunicación abierta. Esto pasa por atribuir desde nuestra posición de adultos un rango equivalente hacia esa persona que también comienza a serlo. Con un reconocimiento como éste, no solo basado en palabras sino también en hechos, es posible que las relaciones con los adolescentes se nos hagan más llevaderas y que estos alcancen la adultez de una forma menos conflictiva.

Las restricciones y las responsabilidades impuestas a los adolescentes deben modificarse a medida que pasan los años. No debemos olvidar que se trata de un período de continuo crecimiento hacia la madurez personal.

El énfasis dado por los adolescentes a su grupo de amigos como instrumento de afirmación y pertenencia puede ser una cuestión de conflicto familiar. Puede resultar de ayuda conocer a las amistades de nuestros hijos e hijas, invitarlos a celebrar reuniones en nuestra casa y entrar en contacto con los padres y madres de los amigos de nuestros hijos e hijas. Con todo ello conseguiremos, sin tener la intención de romper su intimidad, estar más cerca de ese mundo que ellos tanto valoran y que a nosotros en ocasiones nos produce preocupación.

Cuando se consigue que existan canales de comunicación amplios y sinceros, además de incidir en un desarrollo armónico de nuestros hijos e hijas, estaremos enseñando a expresar a los demás sentimientos. Se trata de un variable fundamental en toda relación íntima. Así estaremos ejercitando una capacidad que redundará en la calidad de la vida emocional y sexual de nuestros hijos e hijas.

Una vez establecidos firmemente los canales de comunicación será posible asomarse a los acontecimientos que dan forma día a día al crecimiento sexual de los adolescentes, siempre que tengamos presente el respeto y la consideración que merecen sus experiencias. También podremos exponer nuestras posiciones ante la sexualidad de una forma que sean escuchadas y tenidas en cuenta. De esta manera podremos discutir con ellos la relevancia de realizar el acto sexual, la importancia de la calidad de la relación con otra persona, la necesidad de que exista confianza mutua en la pareja, el uso de los anticonceptivos, etc.

Con todo esto conseguiremos que nuestros hijos e hijas se adentren con las mejores capacidades en la exploración adulta del mundo de la sexualidad.

ANTECEDENTES TEORICOS.

Jean Piaget es el principal exponente del enfoque del desarrollo cognitivo. Se interesa por los cambios cualitativos que tienen lugar en la formación mental de la persona, desde el nacimiento hasta la madurez. Mantiene que el organismo humano tiene una organización interna característica y que esta organización interna es responsable del modo único del funcionamiento del organismo, el cual es invariante. También sostiene que por medio de las funciones invariantes el organismo adapta sus estructuras cognitivas. Estos tres postulados, organización interna, funciones invariantes e interacción entre el organismo y el entorno, son básicos para Piaget.

El desarrollo cognitivo según Piaget no es el resultado solo de la maduración del organismo ni de la influencia del entorno, sino la interacción de los dos.

Para Piaget la inteligencia es una adaptación. Esta interesado entre el pensamiento y las cosas. Existen las funciones invariables y las estructuras cognitivas variantes, es decir, las estructuras cambian a medida que el organismo se desarrolla. Son las estructuras cognitivas variantes las que marcan las diferencias entre el pensamiento del niño y del adulto.

Según se va desarrollando el organismo, sus estructuras cognitivas cambian desde lo instintivo a través de los sensorio-motor a la estructura operativa del pensamiento del adulto y Piaget sostiene que estas tres formas de estructura cognitiva representan tres niveles del conocer. Por lo tanto, el conocimiento es algo que el organismo introduce dentro sino un proceso mediante el cual da sentido a su entorno, es la adaptación activa al organismo mediante acciones externas evidentes, o internalizadas.

Piaget elabora hipótesis sobre como se desarrolla el conocimiento y sostiene que este proceso de desarrollo esta marcado por una serie de etapas cuyo orden es invariable, aunque el tiempo de su inicio y su terminación pueden variar. Pero cada etapa representa un modo diferente de enfrentarse con un aspecto particular del entorno, y por esto a de esperarse que la mayor parte de la actividad pensante del niño sea característica de la etapa a la que haya llegado. Piaget distingue cuatro etapas principales:

a) Etapa sensorio-motor. (De 0 a 2 años). Durante los 2 primeros años el bebe hace unos avances cognitivos enormes. Su motivación es la llegada de un acontecimiento que es percibido como el causante de una perturbación de los sistemas existentes. Asimilándolo, el bebe acomoda sus estructuras, desarrollando, unas nuevas y así el equilibrio queda restablecido. Pese a la ausencia de pensamiento y afectividad ligada a representaciones que le permitan evocar personas y objetos ausentes, el niño elabora subestructuras cognoscitivas que le sirven de punto de partida para desarrollar destrezas perceptivas e intelectuales posteriores, así como cierto número de reacciones afectivas elementales, que determinarán la afectividad subsiguiente.

El periodo sensorio-motriz contiene a su vez varios estadios. En el primero de ellos los reflejos concebidos como ejercicio funcional le permiten una asimilación recognoscitiva (va desde chupar en el vacío entre tetadas o chupar otros objetos hasta distinguir el pezón de los otros objetos). A los dos meses la succión del pulgar no fortuita se da de manera sistemática por coordinación de los movimientos del brazo, mano y boca.

Posteriormente los primeros hábitos (que no es todavía una conducta inteligente), aún no se diferencian los medios y los fines; en este estadio se presenta la imitación como ecopraxia (imita gestos que observa de las personas).

A los cuatro meses y medio se presenta la coordinación entre visión y aprehensión. Al repetir ese acto en una serie de veces con resultados insólitos, aparecen las reacciones circulares encontrándonos frente al umbral de la inteligencia ya que se distinguen la finalidad de los medios empleados. En este estadio la imitación inicia una nueva etapa cuando se trata de modelos relativos al rostro como el abrir y cerrar la boca o los ojos; la dificultad se encuentra en que el rostro propio es reconocido táctilmente y el ajeno visualmente. Así que el niño establece correspondencias entre claves visuales y táctil o cinestésicas a fin de generalizar la imitación en las partes no visibles de su cuerpo. La imitación desempeña un papel importante en el conocimiento del cuerpo propio en analogía con el ajeno, es decir, desempeña un papel importante en la construcción complementaria del "Otro" y del "Yo".

b) Etapa preoperacional. (De 2 a 7 años). La etapa sensorio-motor termina cuando empieza la capacidad de simbolizar, pero no se desarrolla plenamente hasta que el niño es operativo, hacia la edad de 7 años. En esta etapa tiene lugar desde el final de la etapa sensorio-motor al principio de la operacional y puede ser considerada como un periodo en el que el niño usa el pensar de un modo imperfecto, situación que progresara a lo largo de las operaciones de desarrollo. El niño es egocéntrico, esto es por que su visión del mundo esta centrada en si mismo, no egoístamente, sino conceptualmente. Esta actitud egocéntrica es en realidad un ejemplo particular de una característica mas general, y esta es la incapacidad preoperativa del niño para abarcar dos aspectos de la misma situación al mismo tiempo: considerara uno por ejemplo el perceptivo, excluyendo toda información relevante.

Los actos de inteligencia aparecen en el cuarto estadio cuando se le impone al niño una finalidad previa, independientemente de los medios que se vayan a emplear; a los seis meses se observa la constancia de los tamaños (el tamaño es variable a la vista pero constante al tacto, impone una correspondencia entre la clave perceptiva visual y la cinestésica o táctil). A los siete y ocho meses se observa la constancia de forma; a los nueve-doce meses se constituye el objeto permanente, mientras que a los once o doce meses aparece la búsqueda de medios nuevos de diferenciación de los esquemas conocidos. El "insight" es el último en aparecer. La Función Semiótica o Simbólica

Al año y medio o dos el niño puede representar algo por medio de un significante diferenciado y que sólo sirve para esa representación: lenguaje, imagen mental, gesto simbólico.

Inicialmente se presenta la búsqueda de objetos por medio de las señales o indicios, los cuales constituyen una parte, un aspecto, un antecedente temporal o un resultado casual pero no la significación en su conjunto.

A los dos años pueden realizar la evocación representativa de objetos o acontecimientos ausentes. Se presentan cinco conductas de aparición simultánea y de creciente complejidad, a saber:

La imitación diferida implica la ausencia del modelo y da inicio desde la imitación sensoriomotriz al imitar los movimientos de la mano, imitación que puede continuar en ausencia del modelo; cuando un niño ve gritar y patalear a otros por primera vez y después lo repite hace uso de la imitación referida.

En el juego simbólico o de ficción, la imitación va acompañada de un gesto imitador, existiendo de por medio objetos que se han hecho simbólicos (desliza objetos y dice "miau").

c) Etapas operacionales (concretas y formales). Dura de los 7 años a los 16 y tiene 2 subetapas: las operacionales concretas que van de los 7 a los 12 años y las operacionales formales de los 12 en adelante. Durante el periodo concreto el pensamiento del niño se hace menos egocéntrico, menos fluido, y mas reversible. Empieza a desarrollar esquemas cognitivos coherentes que al principio son consecuencias de acciones. El aspecto mas importante del pensar es que es reversible y que el niño al ser mas sistemático no es tan fácilmente inducido al error.

De los tres a los cinco años, los niños y las niñas manifiestan mucho interés por los cuerpos propios y ajenos; puesto que ya caminan y exploran otros medios se encuentran con otros cuerpos diferentes a los suyos. A los siete años los niños elaboran las operaciones concretas en las que se dejan llevar por las evidencias perceptivas.

Más adelante vendrán las operaciones formales puesto que se cuentan con elementos cognitivos que ya no atan al niño a aspectos perceptuales ni concretos; a diferencia de las operaciones concretas lo posible no está subordinado a lo real: ahora es lo real lo que está subordinado a lo posible. En esta fase el niño puede hipotetizar, ver hacia el futuro sin tener la situación concreta frente de sí. En este progresivo avance del niño la presencia estimulante, afectiva y comprensiva de los padres impide retardos en el desarrollo cognitivo.

OTROS ENFOQUES TEORICOS DEL DESARROLLO COGNITIVO.

Piaget es el científico mas relevante del desarrollo cognitivo, pero hay otros importantes enfoques teóricos.

Las teorías del estimulo-respuesta adopta un enfoque diferente al de Piaget, en el sentido de que su interés principal es el comportamiento observable. Tienen la convicción de que todo comportamiento es aprendido, como resultado de asociar un estimulo con una respuesta. Postulan que una respuesta se repetirá si se la refuerza positivamente y se inhibirá si se la refuerza negativamente. Dentro de este grupo encontramos a Watson y Skinner.

La teoria de Heiz Werner es de interes no solo por el énfasis de su desarrollo minucioso y la influencia de sus especulaciones en los escritores posteriores. Ve al hombre como representante de una discontinuidad del mundo animal.

El enfoque de Jerome Bruner sobre la cognición es en gran parte psicológico. Bruner se preocupa del proceso del conocer es decir, de que modo la persona se enfrenta con la información a través de la selección, la retención y la transformación. El individuo es concevido como alguien que construye su mundo perceptivo con la información que les da los sentidos. Y la percepción es un proceso de toma de decisiones en que el perceptor tiene que decidir que es lo que no piensa estar viendo.

Chomsky daba a entender que los bebes humanos nacen con un mecanismo cerebral propio de la especie implantado como objetivo de detectar en el habla las reglas de la gramática. Una idea popular entre los teóricos de la psicología es la de la mente como unidad de procesamiento de la información. Para Chomsky los niños nacen con una representación mental innata de la estructura gramatical de las frases.

Bower sostiene que no comenzamos la vida con la única capacidad de responder reflejamente a unos pocos estímulos específicos, como afirmaba Piage. Influido por el modelo de inteligencia del procesamiento de la información, aporta pruebas para demostrar que los bebes nacen con una representación del mundo de un alto nivel de abstracción. El desarrollo no consiste en un proceso que va de los reflejos específicos a los conceptos abstractos, como Piaget, sino, lo contrario. Los bebes desarrollan su pensamiento mediante un aprendizaje que consiste en convertir sus ideas abstractas en ideas mas especificas. Conforme se familiarizan con los contextos concretos en que deben actuar.

3 DESARROLLO PSICOSEXUAL INFANTIL:

SIGMUND FREUD.

Freud ha sido el primero en descubrir una vida sexual en el niño. Un prejuicio muy extendido, en efecto era el que suponía que la sexualidad no aparece con el desarrollo de los órganos sexuales sino hasta la época de la madurez sexual, es decir, hasta la pubertad.

Freud insistía, desde el comienzo de su experiencia en que ciertas personas no experimentan atracción sexual mas que por las personas de sus mismo sexo. Que hay, un placer sexual que no emana de las zonas genitales y los conduce a descuidar su uso (perversión). Ciertos niños se interesan demasiado en sus órganos genitales y presentan una excitación evidente en este aspecto. El resultado de sus observaciones es el siguiente:

1) La sexualidad se manifiesta tempranamente desde el nacimiento, aunque de forma muy diferente de la sexualidad del adulto: es en gran parte difusa, es decir, que interesa al conjunto del organismo.

2) Es necesario distinguir lo sexual noción general que supera en mucho a la actividad relacionada con los órganos genitales, de lo genital que traduce esta actividad.

3) Si la vida sexual comprende la función que permite obtener el placer a partir de las diversas zonas del cuerpo y si posteriormente esta puesta al servicio de la reproducción, las dos funciones no coinciden totalmente.

Los fenómenos sexuales de la primera infancia (fijación del niño a una persona, celos etc.) que anuncian los de la vida amorosa del adulto, evolucionan regularmente y se intensifican hasta llegar al quinto año. Después hay, hasta la pubertad un periodo de latencia: hay una detención de la evolución, amnesia y con frecuencia regresión a las fases anteriores. A causa de la amnesia infantil que recurre entonces, es difícil reconstruir fenómenos de la sexualidad infantil (y la de los individuos con neurosis infantil).

Freud, médico austríaco y fundador del psicoanálisis ha establecido un modelo de desarrollo del niño. En base de la teoría psicoanalítica, ha llamado a las diferentes etapas del crecimiento "fases psicosexuales" ya que pensaba que el desarrollo de la personalidad se veía influenciada por la manera en la que el niño aprende a liberar su energía sexual (libido).

Puede parecer extraño hablar de sexualidad cuando se evoca al niño. Desde luego, no se trata del significado clásico que se da a la sexualidad en los adultos.

Para Sigmund Freud, las experiencias que más marcan la infancia y la adolescencia se asocian a la libido, en relación a las diferentes partes del cuerpo, sensibles, en las que el niño fija su atención durante su desarrollo.

Freud habla de zonas erógenas parciales. Estas son sucesivamente la boca, el ano y los órganos genitales. Estas diferentes zonas seguirán influenciando nuestra sexualidad de adultos.

Así, Freud ha descrito 5 etapas de desarrollo: el estado oral (de 0 a 1 años), la fase anal (de 2 a 3 años), la fase genital o fálica (de 3 a 4 años), la fase de latencia de 5 años a la pubertad y después la etapa genital madura, a la edad adulta.

3.1 ETAPAS.

3.1.1 FASE ORAL (De 0 a 1 años).

El modelo psicoanalítico presenta al recién nacido como un sistema de energía dinámica, deseoso de utilizar esta energía. El lactante busca utilizar esta energía libidinal (de placer) en imágenes de objetos (en el sentido de amor, de satisfacción) que satisfarán sus necesidades y le aportarán el placer de liberación de esta energía. En el momento del nacimiento, el primer objeto de satisfacción es el seno de la madre que le alimenta y reconforta, le proporciona placer. Es la boca la primera zona de su cuerpo que le proporciona este placer (a través del seno, la tetina del biberón, el chupete, la succión en su conjunto). Satisfaciendo estos deseos de alimento, de respiración, el bebé recoge sus primeras impresiones sobre el mundo y el lugar que ocupa. Su personalidad se ve influenciada por la rapidez con la que la energía libidinal es liberada, pero también por la atmósfera que se asocia a la forma en que los deseos se ven cumplidos o no. Si la madre le coge tiernamente cuando le da el pecho, el niño vivirá este período oral en un clima de felicidad y confianza.

Además de este aspecto de alimentación, la zona oral le sirve al recién nacido para descubrir los objetos que le rodean, llevándoselos a la boca o a los labios. El niño quiere dominar y controlarlos. El lactante hará progresivamente la distinción entre el "yo" y el "no yo" (él y el resto) asimilando los objetos que le procuran placer a él y a los otros que no son él, ya que al principio, el bebé no se percibe como algo distinto de su madre.

En esta etapa, el niño desarrolla sus primeros sentimientos ambivalentes: le gusta un objeto pero lo odia al mismo tiempo, algo que expresa cuando lo muerde.

A la edad adulta, los placeres de tipo oral se encuentran en la satisfacción que experimentan las personas al fumar, comer, beber… todos los placeres relacionados con la boca.

La primera es la fase oral. El primer órgano que se manifiesta como zona erógena es , desde el nacimiento, la boca. Toda la actividad psíquica se concentra primero sobre esta zona. Si bien tiene su origen en la necesidad de comer, la satisfacción es independiente y engendra placer en la necesidad de chupetear. Durante esta primera fase y desde la aparición de los primeros dientes se manifiestan ciertas pulsiones sádicas (el sadismo es una combinación de pulsiones sexuales y de pulsiones destructivas)

3.1.2 FASE ANAL (de 2 a 3 años).

A esta edad, la atención del niño y de sus padres se concentra en el control de los esfínteres. Este período es llamado la fase anal porque su objeto principal es la evacuación o retención de las heces y la orina. De esta manera, las zonas dominantes de gratificación son la cavidad anal, los músculos del esfínter y del sistema urinario. El desplazamiento de la atención del niño hacia estas zonas no supone que el interés por la zona oral haya cesado. Durante este período, una parte importante de las relaciones entre el niño y los adultos está ligado al control de los esfínteres. El placer de evacuación de las heces y la orina se ve frenado por la obligación de contenerse. Así, mediante el aprendizaje de la limpieza, el niño debe someterse a las exigencias higiénicas de sus padres. Después, el niño obtendrá placer al contener estos impulsos

La segunda fase es la fase sádica anal, caracterizada por la satisfacción de las necesidades de defecación y de orina, el sadismo se revela sobretodo en la tendencia a la destrucción (golpear, rasgar, moverse con ruido, etc.). Cada vez mas el niño reacciona ante sus insatisfacciones y ante la privación de las atenciones maternales y la imposición de la limpieza, poniéndose a menudo celoso de un hermano menor. Cada vez mas se manifiesta la cólera rabiosa o el desafió obstinado del niño cuando se le obliga a ser limpio. En esta etapa padece con rabia, antes de ceder al rigor educativo, la primera intrusión del mundo exterior, la regla de limpieza, es cuando reprime su “erotismo anal”. En estas primeras fases, las pulsiones parciales pueden actuar independientemente en vista de un placer.

3.2 OTROS PSICOANALISTAS.

Entre los discípulos directos de Freud, por una parte están los que se han limitado a profundizar en ciertos puntos de su doctrina, y por otra parte los verdaderos disidentes que se pueden dividir en dos: Adler y Jung, queda un cierto numero de discípulos fieles a su maestro, pero cuya obra personal, complemento interesante a la doctrina merece ser conocida:

  • Karl Abraham (1877-1925) realizo pocos trabajos, pero psicoanalizo a numerosos discípulos, entre ellos, a Melani Klein.

  • Hans Sachs (1861-1941) no fue medico, se intereso sobretodo en las aplicaciones literarias y artísticas del psicoanálisis o en los trabajo sobre el estudio de las religiones, desde el punto de vista sociológico.

  • E. Jones fue uno de los primeros y mas fieles discípulos de Freud

  • Otto Rank (1884-1939) no era médico y expuso el traumatismo del nacimiento, adicción al psicoanálisis que Freud no admitía: primer choque decisivo de la vida que el neurótico no lograría jamás superar y cuyo eco se encontraría en el curso del desarrollo, en la separación del niño de su madre, y en la amenaza de castración, separación de su propio pene.

  • Sandor Ferenzi (1873-1933), Wilhelm Reich, Wilhelm Stekel (1868-1942) que escribió descripciones originales y meticulosas de las desviaciones y accidentes de las sexualidad como son la masturbación, frigidez femenina, impotencia masculina, etc. y Paul Federn que es conocido sobretodo por sus estudio sobre el “yo”.

3.2.1 ANA FREUD (1895-1982)

Psicoanalista austriaca hija de Sigmund Freud y Martha Bernays. Nació el 3 de diciembre 1895 en Viena (Austria). Obtuvo su doctorado en Leyesm, tras lo que comenzó a ejercer como maestra y colaboró estrechamente con su padre en el desarrollo de la teoría y el movimiento psicoanalíticos. Su corta carrera de maestra suministró las bases para su trabajo, pionero en el campo de la psicología infantil. Ya en el año 1938 se exiliaron juntos a la ciudad inglesa de Londres. Su trabajo se centró sobre todo en las funciones del yo en el desarrollo de la personalidad, y los mecanismos que se ponen en marcha para ajustar las pulsiones del ello a las demandas del superyó, especialmente la represión, la proyección, la racionalización, la negación, la identificación con el agresor y las formaciones reactivas.
En 1947 fue la fundadora del Hampstead Child Therapy Course and Clinic, en Londres, lugar dontre trabajó como directora desde 1952. Además contribuyó a fundar la publicación anual Estudio psicoanalítico del niño en 1945. Su principal obra, El yo y los mecanismos de defensa (1936), se ha convertido en un clásico de psicología.

Según la teoría de Freud, los cambios biológicos y sus correspondientes impulsos, reactivan nuevamente los conflictos de algunas de las etapas psicosexuales previas, pero ahora con una estructura de la personalidad diferente, pues el “superyo” se encuentra más desarrollado y la posibilidad de la procreación está presente.

La hija de Freud, Ana Freud, amplió la teoría de se padre y reafirmó que la presencia de altos grados de tensión y conflicto en la adolescencia, se deriva del aumento de la libido cuando se incrementan las secreciones hormonales de las glándulas endocrinas endocrinas en esta etapa.

La teoría del campo permite reconsiderar ciertos problemas que han preocupado por largo tiempo a los terapeutas infantiles. ¿Por qué la transferencia, que es un proceso universal tan reconocido en el análisis del adulto, no se supone que ocurra con los niños? Si la transferencia es un fenómeno humano común, ¿no debe aplicarse a la relación del terapeuta-niño? Estas preguntas reflejan la larga controversia de la oposición de los puntos de vista de Ana Freud y Melanie Klein. Ana Freud piensa que el analista debe establecerse en el papel de la madre buena antes de que ella pueda interpretar. Ella siente, por otra parte, que no hay neurosis de transferencia posible, ya que el niño vive muy cerca de las figuras transferenciables. Melanie Klein, por otra parte, interpreta inmediatamente lo que ella ve como el odio inconsciente del niño hacia el padre malo.

3.2.2. MELANIE KLEIN (1882-1960).

Psicoanalista austriaca que nació el 30 de marzo de 1882 en Viena. Su padre, Moriz Reizes, pertenecía a una sencilla familia judía muy religiosa, residente en Lvov. Melanie Klein recibió la influencia de Sándor Ferenczi y Karl Abraham. Desarrolló terapias a través del juego, en las que evidenciaba que el modo en que los niños emplean sus juguetes revela las fantasías y las ansiedades precoces, a una edad en la que el acercamiento a través de la palabra, como en el psicoanálisis tradicional, es imposible. En 1932 se publica "El Psicoanálisis de niños", la obra más importante publicada por un miembro de la Sociedad Británica hasta el momento. Se realiza el 12º Congreso Internacional de Psicoanálisis, en Wiesbade, el último realizado en Alemania antes de la guerra y el único al que no asiste Klein; esto evita enfrentamientos con Ferenczi quien apoya a la escuela vienesa. Ferenczi muere en 1933 y ese año marca el comienzo de una epoca dificil en la vida de Klein. Melitta es elegida miembro pleno de la Sociedad y comienza un análisis con E.Glover. A partir de este momento se va generando una fuerte oposicion de ambos a las teorías y la persona de Klein que va a tomar proporciones desmesuradas dentro de la Sociedad Británica, generandose un largo período de intensas disputas y fragmentaciones partidarias. Intentó liberar a los niños de los sentimientos de culpa incapacitantes, redirigiendo hacia el terapeuta los sentimientos agresivos y edípicos que no podían expresar ante sus padres. Muere el 22 de septiembre de 1960.

Los terapeutas infantiles en Estados Unidos han empleado las técnicas de la terapia de juego de Klein, pero no han utilizado sus conceptos de transferencia y contratransferencia, de tal modo que han hecho sus tratamientos no-analíticos, confiando en la relación y la aceptación para ayudar al niño. La interpretación se ha evitado generalmente por considerarse demasiado intelectual. Mientras que no hay ninguna duda del gran valor de este método en el trabajo con los niños con perturbaciones leves, la claridad sobre asuntos de transferencia y contra transferencia es de importancia decisiva en el trabajo con niños neuróticos. Se hace uso de estos fenómenos revelando e interpretando, no el comportamiento del niño, sino la reacción del terapeuta a éste. De esta manera, el niño se entera de sus sensaciones y de las reacciones que sus conductas defensivas despiertan en el adulto.

Se conviene generalmente en que la terapia de juego presenta gran dificultad en la superación de las resistencias de los niños en la etapa de latencia, a las tentativas exploratorias de padres y adultos sustitutos. Los niños de esta edad deben hacer frente a sus impulsos abrumadores frustrando las tentativas de los terapeutas para que se relajen. El niño no desea la autoexploración por miedo de deshacer los controles yoicos tentativos que él ha logrado sólo recientemente.

Los estudios y aportaciones que hace son varias. En 1921 escribe sobre el desarrollo de un niño, en 1923 escribe sobre el papel de la escuela en el desarrollo libidinoso del niño y hace el análisis infantil, tres años más tarde escribe los principios psicológicos del análisis infantil. En 1927 describe las tendencias criminales de los niños normales y un año después habla de los estadios tempranos del conflicto edípico. Ya en 1930 habla sobre la importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del “yo”, sobre la psicoterapia de las psicosis. En 1931 hace una contribución a la teoría de la inhibición intelectual y en 1933 describe el desarrollo temprano de la conciencia en el niño. Al año siguente hace una contribución a la psicogénesis de los estados maníaco-depresivos, Por último cabe resaltar que en 1945 postula sobre el complejo de Edipo a la luz de las ansiedades tempranas.