Deontología de ingenieros y directivos

Principios éticos. Deberes profesionales. Ingenieros: tipos. Humanismo y técnica. Cultura. Tecnología. Familia. Profesión. Contrato. Salud. Sociedad

  • Enviado por: Isaac Jafet Hernández Germosén
  • Idioma: castellano
  • País: República Dominicana República Dominicana
  • 85 páginas
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UNIVERSIDAD APEC

UNAPEC

Deontología de ingenieros y directivos

Tema:

“Deontología de ingenieros y directivos de empresa”

SANTO DOMINGO, D.N.

Introducción

Deontología

Parte de la moral que se ocupa de los deberes o normas propias de cada una de las diversas profesiones: la deontología médica.

Ingeniero

Persona que ha obtenido el título de ingeniería en cualquiera de sus ramas.

Ingeniero aeronáutico: El que se dedica al diseño y construcción de aeronaves.

Ingeniero agrónomo: El experto en técnicas de explotación de cultivos.

Ingeniero civil: El que pertenece a alguno de los cuerpos facultativos no militares relacionados con los trabajos de obras públicas.

Ingeniero de caminos, canales y puertos: El dedicado al trazado, construcción y conservación de las obras públicas, como carreteras, puentes, embalses, etc.

Ingeniero de minas: El que realiza estudios de detección, construcción y explotación de minas.

Ingeniero de montes: El especialista en el desarrollo y aprovechamiento de los mismos.

Ingeniero electrónico y de telecomunicaciones: El que está especializado en dispositivos o instrumentos electrónicos y en procedimientos de comunicación a distancia.

Ingeniero industrial: Experto en lo relacionado con los aspectos técnicos de la industria, como el diseño de maquinaria, piezas, instalaciones, productos de fábrica, etc.

Ingeniero militar: El que pertenece al arma de ingenieros, cuerpo especializado en obras para uso militar, como fortificaciones, puentes, minado, etc.

Ingeniero naval: El que proyecta y construye barcos.

Areas circumprofesionales

CAPITULO I

Humanismo Y Técnica

Autor y ausente de la civilización

Así podría definirse la situación del ingeniero y el empresario en el siglo 20. las revoluciones industriales le deben en gran parte su paternidad. La civilización material es un producto de su esfuerzo, que debajo casi del todo en brazos de nodrizas. Su influjo va cambiando el pulso de los pueblos, pero su influencia social exigua. Son los propios ingenieros quienes, tomando conciencia de su misión, se juzgan así mismos.

La formación intelectual del ingeniero, fundada en ciencias que ocupan la cima del pensamiento y cuya profundidad asombraría a quienes hoy conducen el mudo si estuviesen capacitados para medirla, arrastran esta consecuencia singular de hacer de él un aislado. Tal es su precio: no rompiendo las cadenas que le enclaustran en su abstracción y en las que la sociedad le estrecha progresivamente, se excluye casi de las cosas de la vida y de los puestos en los que se ejercen las influencias mayores.

“El ingeniero es el arquitecto del universo”. “El ingeniero ha transformado las condiciones de la existencia”. Al margen de estos tópicos, el ingeniero en general es el agente, a veces oscuro, de una empresa industrial, cuyo espíritu se aplica laboriosamente al problema técnico que se le ha confiado, atento a la búsqueda de nuevas soluciones, realizando día a día un progreso pequeño o grande, hallando en ocasiones, a la manera de un buscador de oro -pero, por desgracia, sin asegurarse siempre la propiedad-, su pepita: un invento; o su mina: in descubrimiento. Cogitación imponderable, es cierto, pero inmensa por la cantidad de los individuos que se entregan a ella, y cuyo resultado es esa enorme masa bullente, la industria.

Para este representante de la ingeniería belga, Paúl Goldschmitd-Clermont, el ingeniero es el animador de la técnica, y la industria le debe nueve décimas partes. Está marcado con valores específicos: “rigor de razonamiento, objetividad, visión directa de las cosas; pero a la vez, muy a menudo, dotado de una actitud despectiva o de repulsa hacia el arte de la palabra y de la pluma, lo que constituye su punto débil. Tiene a quien imitar. Newton enviado a tomar asiento en el Parlamento, solo una vez hizo uso de la palabra, y fue para rogar al conserje que cerrara la ventana”.

Si se examinan las escalas superiores y supremas de la jerarquía, se comprueba que solo un pequeño número de ingenieros acceden a ellas, mantenidos aparte, como lo están de ordinario, por letrados y economistas. Sí la grandeza de la obra del ingeniero, su importancia para el buen funcionamiento de la Estado, no se refleja en la selección de dirigentes de la vida pública y la economía. No hay por que extrañarse -puesto que el pensamiento técnico es exclusivo, exigente y hermético- de que se muestre poco en público y queden pruebas de una actitud demasiado despectiva en cuanto a los medios de expresión que podrían, si se tomase el trabajo, proporcionarles ampliamente el acceso de los parlamentos y a las instituciones nacionales.

Ausencia de la Cultura

Desde hace unos años, la ingeniería, despertando de su letargo analiza el fenómeno de su absentismo en la estructuración de un orden nuevo en el mundo. Antes de criticar desde fuera, conviene escuchar el diagnóstico desde dentro a los mismos interesados.

Trescientos once delegados, ingenieros y directivos se reunieron del 3 al 8 de febrero de 1958 en Rapallo, para el primer Congreso internacional sobre la Formación en la industria. Expresamente determinaron restringir sus estudios a la formación técnica, con objetivos meramente industriales, dejando aparte los aspectos culturales, sociales, económicos y morales de la educación en las empresas.

La sección de cuarta comprueba además la necesidad de una formación de cultura general... La enseñanza dada en Francia, sobre todo a los ingenieros, presenta dos graves lagunas: de una parte, es demasiado especializada, conduciéndolos, por exceso de especialización, a una insuficiencia de cultura general, si se da a esta expresión el sentido de “capacidad de situarse en una situación general”; de otra parte, su formación, muy de ordinario magistral, priva el ingeniero novel del hábito de expresarse, tanto de palabra como por escrito. Estas dos lagunas son particularmente graves en una época en la que la prensa se caracteriza por la complejidad y la importancia de las relaciones internas y externas.

El factor especial del desarrollo económico ha de ser el ritmo del desarrollo de los espíritus, el ritmo con el que la nación produce hombres provistos de imaginación, de clarividencia, de instrucción y competencia.

Entre empresarios y financieros dice el señor Bertrán y Guell que son frecuentes los fracasos cuando solo se conocen una profesión o tipo de negocios.

Peligro Tecnológico

El ingeniero, en opinión del Sumo Pontífice, está relegado al extrarradio de la corriente social, a pesar de ocupar un papel primario en la industria, la técnica, el progreso. Raras veces llegaba al timón de la dirección -si bien escala, ya mayores alturas, sobre todo el ingeniero español-. Su influencia directa en la sociedad, la política y la vida no guarda proporciones con relación al adelanto de los pueblos. Oigamos razonar a Pío XII en su discurso a los ingenieros: se dirige a los participantes en el I Congreso Internacional de las Asociaciones de Ingenieros:

Más de una vez, los componentes han denunciado con pena la situación paradójica que parece haberse creado a vuestra profesión.

Sin embargo, a pesar de la amplitud considerable de su aportación, él comprueba que se le concede un puesto demasiado reducido en la organización de la sociedad; que rara vez puede escalar los puestos directivos.

Son varias las razones que explican el relativo extrañamiento del ingeniero en la vida social de su país. Una consiste en su deficiente formación y falta de humanismo.

Sus estudios son abrumadoramente técnicos: enorme caudal matemático; vasto conocimiento de múltiples disciplinas científicas interdependientes (Física, Química, Topografía, Metalografía, Mecánica...), y, por último, sumersión en la especialidad, todavía genérica, para disponerse a entrar en alguna rama en particular.

Es un deber dar espacio al cultivo de los valores humanos entre el ejercicio de cualquier profesión.

El cultivo humanista del científico es un deber. Se le impone la familia, esposa e hijos a quienes debe aplicarse como hombre. Lo exigen sus relaciones humanas -aun como factor de productividad- con la multitud de sus operarios. Lo requiere el trato y altura social con los elementos directivos de la empresa propia y de las otras con quienes habrá de tratar.

No merece diploma de ingeniero, perito o arquitecto quien no demuestra gusto por algún saber humano extra-técnico o afición a algún arte, o posesión amplia actual de cultura general.

El vértigo de la producción, potenciado por la ambición del lucro inmediato, destroza el equilibrio del hombre en su profesión.

Podrían multiplicarse los testigos que despiertan el peligro técnicista y a las responsabilidades de la ingeniería sobre el área de la sociedad.

Cultura Psicofísica

El hombre no muere; se mata, según el adagio de Bufón. Por intemperancia menos que por ignorancia.

Es muy seria la responsabilidad. Los casados están más gravemente obligados a salvar una salud perfecta, al menos hasta haber procurado a sus hijos el modo de ganarse la vida.

Cultura Artística

La sensibilidad artística es índice supremo de exquisitez.

La esfera del arte presenta un hemisferio teórico y otro práctico. El teórico consiste en los conocimientos técnicos e históricos que explican su aparición, desarrollo y naturaleza. Sus rendimientos no deberían faltar. Pero lo importante consiste en disponer la sensibilidad para gustar cualquier creación artística.

El arte más puro sin duda es el de la música. Por lo estético musical, el alma de sensibilidad exquisita -como la de Luis Neuda-, representa la vía incomparable de acceso a lo divino. Además, por su valor sedante y de expansión, constituye una terapéutica contra la fatiga.

Cultura Artística

En la vida moderna, el ingeniero, el economista y el directivo de empresa es pieza clave en la economía y en la industria. Ninguna política vive de espaldas a esos dos factores que hoy mueven el mundo. Hoy, el sentido social del gobierno es indispensable para la paz de un país. En su manejo aparecen frecuentemente los asuntos técnicos, propios del ingeniero. Sin embargo, la técnica no lo es todo cuado se trata de actuar políticamente; son necesarios conocimientos extra-profesionales.

La altura de un pueblo la da su capacidad de gobernarse. Capacidad popular, es decir, madurez ciudadana para juzgar de los asuntos y colaborar en ellos, a medida de las condiciones individuales. El radiomensaje de Pío XII en la Navidad de 1944 abordó el problema de la democracia. Hay direcciones fundamentales para encauzar los criterios sobre la política:

  • Frente a los poderes dictatoriales, el pueblo ha aprendido a oponerse, requiriendo un “sistema de gobierno que sea más compatible con la dignidad y la libertad de los ciudadanos... Estas multitudes... Hallándose hoy penetradas de la persuasión... de que si no hubiera faltado la posibilidad de vigilar y corregir la actuación de los poderes públicos, el mundo no hubiese sido arrastrado por el torbellino de la guerra... precisa crear en el mismo pueblo eficaces garantías.

  • La democracia es compatible con cualquier forma de gobierno monarquía o república.

  • “He aquí dos derechos del ciudadano que encuentran su expresión en la democracia: manifestar su propio parecer sobre los deberes y los sacrificios que le vienen impuestos, [y] no estar obligados a obedecer sin haber sido escuchado”.

  • La existencia de mayor y mejor democracia ha de significar “el colocar al ciudadano en condiciones cada vez mejores de tener su propia opinión personal, de expresarla y hacerla valer de manera conducente al bien común”.

  • La masa agitable e inerte “es la enemiga capital de la verdadera democracia”.

  • “Las desigualdades de cultura, de riquezas, de posición social”, no se oponen “a un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad”.

  • “El Estado debe estar investido con el poder de mandar”.

  • La aplicación de los criterios enunciados requiere atemperarse a la diversa Psicología y madurez humana de cada país.

    El hecho de que la masa en una nación determinada no haya proporcionado a la categoría de un pueblo formado, con capacidad discernir y gobernarse, señala un nivel bajo en cultura y civismo.

    Cultura General

    La lectura nos sumerge en le mundo de la ciencia, la psicología y la belleza. Quien viva bajo el imperativo del progreso auténtico sabrá encerrarse en intimidad con sus libros. Bien seleccionados, constituyen la sabiduría condensada de la humanidad. La curiosidad y la publicidad nos incitan hacia las novedades. Pero la discreción nos orienta hacia las obras añejas, que, al sobrevivir, garantizan su valía. El lector avisado tomará de los nuevo y lo antiguo, como el escriba docto del Evangelio.

    El lector se convierte en un conservador e íntimo de los genios. Entra así en comunicación fruitiva con lo mejor de la humanidad.

    Las lenguas son hoy necesarias al hombre de carrera, por interés profesional. También son utilísimas por motivos de cultura y placer estético, al multiplicar la capacidad de lectura en su idioma original.

    La historia, “muestra la vida”, nos entretiene y enseña con su amenidad, se trate de obras generales o de monografías, tan aleccionadoras. El aficionado a ellas, sin apenas percatarse, irá afinando su conocimiento de los hombres. Irá granando en su interior un sentido realista de la humanidad.

    El ensayo resulta en ocasiones menos atractivo, pero puede aventajar por la profundidad o enriquecer como vivero de ideas; es manjar sabroso a los espíritus reflexivos, interiormente curiosos.

    Cultura Técnica

    Parecería increíble, pero es evidente: después de haber tronado contra el peligro tecnológico, incitando al científico a salir de su prisión profesional hacia el mundo de la belleza y el orden, deberíamos ahora reservar un párrafo para frenar el culto por la técnica. No hay, por desgracia que frenar, sino más bien estimular.

    Aplicando constantemente a resolver cuestiones prácticas, el ingeniero cede a veces a la tentación de descuidar algo el aspecto científico de su carrera, de preferir los procedimientos empíricos a las soluciones teóricas verdaderas y definitivas.

    Obligando a menudo a obedecer a consideraciones administrativas y económicas, se expone poco a poco a apartar su visión intelectual de los problemas y absorberse demasiado exclusivamente en el círculo de los intereses inmediatos, con detrimento de puntos de vista superiores, quizá menos inmediatamente útiles, pero más universales y, por consiguiente, de mayor alcance.

    La vida y la estructura de la empresa hacen con frecuencia peligrar la consagración científica del ingeniero, que, además, termina su larga y penosa carrera con una sanción de hastío de los libros.

    Quien no siga estudiando en su especialidad, congela la ciencia adquirida.

    Hemos comprobado innumerables veces que muchos de nuestros altos técnicos de empresa carecen de un conocimiento a fondo de las últimas novedades esparcidas en la vasta literatura humano-técnica de la industria moderna.

    Quien no aprovecha su primer quinquenio profesional, apenas será un hombre de ciencia y raras veces un buen técnico. Los primeros años son más propicios por disponerse de más tiempo, de más ilusión y de trabajo más técnico.

    Testimonios

    La inercia, la pobreza, la tranquilidad posesiva y suficiente de la propia profesión obstruye los impulsos de renovación, manteniéndonos rezagados el record aceleradamente evolutivo de la civilización industrial, cuyo progreso corresponde en buena parte a la ingeniería.

    Par hacer factible una valiosa actividad profesional dentro de su especialidad, el ingeniero debe estar constantemente al corriente de los progresos llevados a cabo en las ciencias de su competencia y en las ajenas.

    El jefe de empresa no puede, en buena lógica, pedir a sus colaboradores que participen en los programas de formación si rehusa él mismo hacer lo posible por su propio perfeccionamiento.

    Una de sus responsabilidades consiste claramente en trabajar con constancia en desarrollo personal.

    Progreso Técnico y Optimismo

    “El progreso técnico no debe ser considerado como un mal del cual buscamos remedios, sino como un bien en cuyo camino se levantan ciertos escollos que es preciso evitar”.

    La cultura, junto con el desarrollo económico-industrial mejoran increíblemente la condición humana en su propia entraña, si bien acarrean al mismo tiempo un peso proporcional de responsabilidad. En este sentido estamos en peor situación, porque a más conocimiento y a más cantidad de bienes, capitales o potenciales, más responsabilidad humana. La mayor educación, que se va extendiendo a todas las zonas sociales, así como la mejor posición y nivel de vida, requiere más señorío, mejor elevación moral. Los deberes crecen codo a codo con los haberes. Pero como la debilidad moral del hombre sigue en pie, de ahí que resulte más penoso el mantenimiento de su standard ético.

    CAPITULO II

    Familia y Profesión

    El feminismo

    El oficio, la misión y dignidad suprema de la a mujer -salvo excepciones de holocausto al Señor y al apostolado- reside en su maternidad, que en la práctica absorbe toda la posibilidad vital. Aunque los derechos humanos son iguales al hombre, sus características diversas, fisiológicas y psíquicas, la adaptan maravillosamente a las labores distintas: la maternidad y el hogar.

    La mujer moderna ha sido igualada con el hombre, pero no ha sido hecha feliz. Ha sido emancipada como un péndulo separado del reloj, y que ahora carece de libertad para oscilar, o como una flor que ha sido emancipada de sus raíces... La equidad y no la igualdad debe ser la base de todas las reivindicaciones y reclamaciones femeninas. La equidad va más allá de la desigualdad... Tiene la ventaja de reconocer diferencias específicas en el hombre y la mujer, cosa que no hace la igualdad...

    A pesar de todo, debe la mujer, según el sentir de la Iglesia, instruirse ampliamente, no solo por los estudios orientados a su misión en el hogar, sino a la vida social, laboral, profesional y política, aunque no todas. Necesita una cultura y un oficio en reserva, para valerse económicamente, llegado el caso.

    Estas influencias extra-hogareñas no constituyen la vocación principal ni general de la mujer.

    Cultura de la Mujer

    Hay jóvenes que no quieren par sí mujer con carrera. ¿Qué es lo mejor? Objetivamente es preferible que la tengan. Subjetivamente, dependerá su conveniencia del temperamento, tanto de él como de ella. Un hombre que se acompleja ante una muchacha instruida y penetrante no debe aspirar al amor de una licenciada, a no ser que su enorme sencillez velase su saber y suprimiese en él sus sentimientos de inferioridad. La joven a quien la ciencia apedanta tampoco debería relacionarse con ella más que lo indispensable. Si no existe armonía e inteligencia. Nada desalienta tanto al varón como la compañía de una mujer ignorante o necia. Hoy la vida social exige en la esposa del directivo cierta altura cultural.

    ¿Colaboración profesional?

    Hay situaciones laborales en las que la profesión radica en el hogar. Es increíble la cantidad de matrimonios bien avenidos entre estos sectores de la sociedad.

    Si el marido posee aparte su despacho o su taller, todavía la mujer puede prestarle sus buenos oficios, mediante la atracción a su órbita profesional, que ejercerá con simpatía, buen humor y trato con la vecindad, mientras reanima el espíritu empresarial de su compañero.

    Estamos de acuerdo con una ulterior afirmación: No cree Maurois que en ciertas profesiones más complejas -escritor, médico, funcionario, ingeniero, cineasta, periodista -el hombre guste de la colaboración de la mujer.

    CAPITULO III

    La Corporación

    Obligaciones y finalidades

    Las corporaciones obedecen a movimientos connaturales del hombre, que por naturaleza es sociable. Si la corporación profesional resultase única fórmula de resolver problemas trascendentales para la mayoría, la obligación de formar parte sería grave, aunque por circunstancias concretas no urgiese la misma gravedad a determinado individuos.

    Las finalidades originarias de muchas asociaciones consisten o en la defensa de propios intereses,, en especial crematísticos, o en la afectuosa aspiración a un clima de amistad, cultura, elevación y disfrute entre los compañeros de un mismo arte.

    Objetivos de Fuero Interno

    Aunque los intereses materiales apenas importan, sería conveniente establecer una mutualidad que salvase de la miseria a las viudas e hijos de los socios víctimas de algún imprevisto. Es deber grave para con los familiares proporcionarles semejante seguridad, si de otra forma no se hubiese proveído. También es plausible arbitrar becas ayudas a jóvenes de notables prendas, pero impedidos, por angustia económica, para cursar la carrera.

    La corporación facilitará también a sus miembros, y aun a otros estudiosos, revisteros en abundancia y calidad, biblioteca nutrida, publicaciones, circulares informativas, cursillos, conferencias, contactos técnico-culturales.

    Es natural la colaboración más leal con la Escuela, por representar la maternidad intelectual del os asociados. Los defectos que tuviese no impedirían en buena lógica el afecto, como tampoco muere el filial ante las limitaciones de la propia madre. Obligación, pues, de pensar y ayudar, aunque subordinando las sugerencias particulares a los planes de la dirección, en caso de conflicto.

    ¿Qué hace la deontología ingenieril e industrial?

    Tanto la asociación como sus individuos pueden prestar enormes servicios a los estudiantes de ingeniería abriendo las puertas de su industria, en especial durante el verano, a algunos pocos que quieran entrenarse partiendo incluso de las faenas más modestas.

    Los futuros compañeros sacarán experiencia muy interesantes.

    Deformaciones de la corporación

    Para fomentar la actitud más conforme al bien común, y, en consecuencia, a la ética, ofrecemos dos consideraciones. Primera: por ahora, existe enorme escasez; aunque el cauce se ha ensanchado algo, la fase expansiva de la industria no induce a temer, en un futuro próximo, por una sobre abundancia de técnicos. Todo lo contrario. Además, alguna abundancia estimula las fuerzas creadoras en el ejercicio de la profesión.

    Segunda consideración: la tendencia más connatural en los que ya ejercen su carrera es la de acortar el flujo de las siguientes promociones, en razón de un disfrute más tranquilo y amplio de sus posiciones. No se trata de un peligro que aceche a los ingenieros, sino de una inclinación menos altruista, inserta en la pobre condición humana, al menos después de la caída.

    En conclusión, los corazones nobles se mantendrán alerta, haciendo positivos esfuerzos para evitar sistemáticas obstrucciones al paso de otros.

    Según nos informan ingenieros venidos de Alemania, se ha cuadruplicado el número de estudiantes técnicos -y todavía se quejan allí de insuficiencia-, mientras que la matrícula de abogados y médicos ha bajado a la mitad después de la guerra.

    En la revista Mechanical engineering se lee que desde el año 1947 ha aumentado el número de ingenieros en los estados unidos el 5 por 100. Más el déficit continúa.

    La penuria de los ingenieros y técnicos es una amenaza opresiva sobre el mundo occidental.

    Sería interesante aclarar cómo la altura teórica de nuestra ingeniería no se ha traducido en mayor desarrollo práctico. ¿Escasez? ¿Tendencias burocráticas? ¿Lejanía de la vida industrial? Tiene palpitante vigencia la preocupación del gran Feijoo sobre las “Causas del atraso científico de España”. Claro es que los técnicos no son los únicos responsables de nuestro de nuestro retraso industrial.

    En las empresas privadas varía algo la situación. Si el ingeniero e dueño de la empresa, queda con las manos libres para admitir o distribuir cargos en ella, siempre que, a los que ya trabajan, no les infiera su decisión una positiva ofensa.

    Basta el ánimo menguado de unos pocos para que cunda el reparto de privilegios, la burocracia, la constitución exagerada de fondo comunes que anulen el espíritu o la competencia, la fijación de tarifas altas.

    Así compaginará el orgullo de su carrera con los dictados de la justicia.

    Concluiremos recordando un deber del asociado: hacer eco a la directiva, cuando se ruega intercambio, ayuda, opinión o presencia. El abandono de muchos es síntoma de informalidad, sobre todo en asuntos de interés colectivo. Los socios denominan así a sus directivos, para luego quejarse quizá de su ineficiencia.

    Acción Moral

    ¿Es privativo este contenido de las agrupaciones a quienes se dirige la presente deontología? En cierto modo, sí. Otras corporaciones también participarán en responsabilidades de moralización.

    En todos los países y épocas las inmoralidades se pegarán como la hiedra a las transacciones. Mucho más en tiempos de escasez y de apremio expansivo. Y más sutilmente en fases de control oficial.

    Concretaremos las cuatro cotas de moralidad que, en nuestra opinión, apremian la responsabilidad corporativa.

    Seriedad laboral, incompatibilidades, comisiones, precios.

    Uno a uno los empresarios como los ingenieros se sienten inermes para elevar la ética profesional, tan mellada. Pero en bloque o íntercorporación, sería posible. El éxito, cierto. Esto supone agrupaciones ocupadas de problemas reales y con dinámica para irradicar.

    Acción Social e Industrial

    Unimos ambos objetivos por su intrínseca dependencia. La cuestión social es el más vasto problema de los altos asalariados, sobre todo cuando consiguen puestos de máxima dirección. Allí expondremos los diversos flancos por donde laborar a favor de la promoción obrera.

    El equipo debería celebrar sus reuniones periódicas. Estudiar los momentos especiales o de crisis por los que pasamos. Dar la cara ante la sociedad, no sin demandar antes el voto de sus compañeros.

    La colaboración más eficaz para el técnico consiste en la expansión industrial del país. Quien se encarniza por una mejor producción, de calidad, cantidad y organización, labora en primera fila por lo social

    Hay que escoger e implantar el consejo de monseñor Richaud: “Si no queréis revolución, no os tentéis con reformas: llegar a la transformación.

    Acción Moral e Industrial

    Pío XII ha exhortado a los católicos docenas de veces a crecientes inteligencias y colaboraciones supranacionales, aun en orden a comunidades políticas, las más difíciles. Ha sido el mayor entusiasta de la Comunidad Europea.

    Un espíritu admirable, Wilhel Ropke, ha estudiado la necesidad de una convivencia internacional, ante todo europea. Con él creemos que los nacionalismos modernos han conducido al hombre a una situación inhumana, en la que “el sagrado egoísmo nacional justifica mentiras, rupturas de tratados, violencias”.

    Los técnicos de España harán un eminente servicio a nuestra patria participando en los movimientos internacionales. También lo lograrán por el hecho de visitar el extranjero con un corazón ancho, a fin de apreciar lo bueno -tanto en la esfera cívica como en la técnica-.

    La corporación está emplazada a crecientes contactos de colaboración internacional. Ello nos dará facilidades para el conocimiento de los adelantos en lo profesional.

    La ingeniería tiene el camino abierto a la acción sin fronteras en el Secretariado Internacional de Ingenieros, Agrónomos y Economistas Católicos (S.I.I.A.E.C.), como sección de la estructura mundial del catolicismo militante, Pax Romana. La VI Asamblea general se celebró en Madrid.

    Es interesantes la exposición de los fines con que nació el Secretariado Internacional de Ingenieros Católicos (S.I.I.C), tronco originario del S.I.I.A.E.C. Los esbozó en una conferencia privada su secretario-capellán, padre Chevalier: expansión de la Acción Católica por la profesión ingenieril; participación en congresos profanos, aportando criterios cristianos y mutua ayuda internacional.

    El amor y aun el orgullo por la propia profesión es compatible con la fraternidad obsequiosa.

    Nadie fomenta el orgullo familiar criticando o rebajando los méritos de sus vecinos.

    Edificación de Europa

    El II Congreso de la Federación Europea de la Asociaciones Nacionales de Ingenieros (F.E.A.N.I.), reunido en Zurich, ha tenido el mérito de evidenciar la existencia, en varios aspectos, de Europa técnica, llena de realizaciones, transportes, carbón acero, electricidad, normalización, química, electrónica, aeronáutica, radiocomunicación, televisión, energía nuclear.

    Goldschmidt ofrece algunas curiosidades sobre diversas realizaciones técnicas o de conjunto, incluyendo que no se trata de un gestión, sino de una obra que se construye ya pieza a pieza por el esfuerzo de millares de técnicos selectos que, en grupos especializados, se encuentran para construirla, y que ha creado, por lazos de estima y de amistad, un clima social escogido, sobre el cual puede injertarse un espíritu europeo.

    Es indudable que ante nosotros llamea un bello porvenir, en cuya creación es noble y justo entrar con entusiasmo, puesto que “el ingeniero europeo es responsable del potencial humano de Europa”.

    CAPITULO IV

    Sentido Nupcial de la Profesión

    Falta de seriedad profesional

    Hay poca seriedad en el ejercicio privado de la profesión. Obreros y empleados escamotean con frecuencia el trabajo. Rinden escasamente, a menos de estar primada su labor. De la jornada sacan una reserva de energías que luego invierten en horas extraordinarias para redondear su salario. Merman productividad a la industria donde están asalariados, por lo mismos que ésta reduce el debido sueldo familiar.

    Los elementos más calificados o dirigentes, aunque se empleen con gran dedicación, se rigen por cánones de excepción o de privilegio que rebaja su prestigio profesional. Por ejemplo la exención del horario, que les permite comenzar la jornada veinte o cuarenta y cinco minutos más tarde.

    Con esto no se pone en duda su laboriosidad. Hay industrias donde los ingenieros o jefes reparan con una o dos horas espontánea dedicación los veinte o treinta minutos acaso sustraídos al horario matinal.

    En las Funciones Publicas

    La profesión que ejerce con carácter público, como funcionario o administrador oficial, también acusa faltas importantes de sentido profesional. Millares de ingenieros, peritos y ayudantes son empleados oficiales.

    No domina el espíritu de funcionario, la aparición a uncirnos a la carroza estatal, pensando que en ella seremos o podremos ser algo. Se prefiere el enchufe al oficio, la seguridad a la vitalidad creativa. Nos falta ese espíritu creador, que busca actuar en empresas bellas y nobles. Es noble la colocación oficial que se mira más como servicio que como propia utilidad. No lo sería tanto su reverso. Llegaría a la explotación si se pretendiese exprimir en interés particular los bienes públicos.

    Damos pie a que se piense que la provisión de los cargos, cupos o permisos obedece más a intereses particulares que a equidad y méritos.

    Moralidad del Ingeniero

    Las más altas categorías de ingenieros están orgullosos de su profesión. Orgullosos de su competencia, orgullosos de lo que pueden realizar. Apresan las fuerzas de la Naturaleza y las obligan a trabajar para el mejoramiento de la industria, y, finalmente, para una existencia mejor de la gente. Orgullosos de ser capaces de hacer, a base de materias y energías, cosas que maravillan a la gente profana.

    Pero las más altas categorías de ingenieros están orgullosos de algo más, que en más importantes. Orgullosos del bien que hacen en el mundo. Orgullosos de servir al pueblo; de tener en la comunidad de los hombres, como objetivo primordial, un ministerio de servicio; de no ser un mero operario de alquiler.

    El ingeniero colaborará en extender la eficacia de la profesión ingenieril, mediante el intercambio de información y de experiencia con otros ingenieros y estudiantes y contribuyendo a la obra de las asociaciones de ingeniería, escuelas y prensa científica y de ingeniería.

    CAPITULO V

    Espiritualidad de la Profesión

    Religión y trabajo

    La religiosidad no toma carne del trabajo. Son los elementos que se yuxtaponen, sin llegar a la encarnación. La madurez cristiana solo se alcanza cuando se viven las realidades cotidianas teológicamente. Hay almas de entraña cristiana que, con escasa cultura quizá, lo consiguen.

    El señor acepta la ocupación de sus criaturas como moneda de rescate por sus pecados y como pieza de redención propia y ajena. La penalidad del esfuerzo satisface las ofensas de Dios. Al mismo tiempo, atesora méritos que, unidos a los de la Iglesia, aumentan la energía salvífica del mundo.

    Vida Espiritual

    Nadie puede remontarse a la perfección cristiana sin hacer el vacío del corazón respecto a los valores temporales. Si la gracia nos eleva, hay que meterla en grandes cantidades para que se levante en pesos de nuestra naturaleza a creaciones más bellas. Es indispensable la piedad constante y la renovación del saber cristiano. Equivale a decir que hay que vivir profundamente nuestra fé.

    Si todos los días no se dedica un espacio acotado por un horario valiente, al menos habrá que rebuscar una o dos horas por semana para este ejercicio espiritual, así como para el ensanche de los conocimientos teológicos más profundos y su relación con problemas que la actualidad plantea a la Iglesia.

    Espiritualidad Específica

    Es natural que, como cada estado de vida, cada profesión de pie a matices propios de religiosidad.

    Dos caracteres nos orientan su perfil. Son como las coordenadas que circunscriben en su trabajo: se llama creación y mediación.

    Creación: en la Biblia, acción de Dios que conlleva la existencia del Universo y de todo lo que contiene.

    Mediación: para el creyente, la realidad de Dios trascendente resulta inalcanzable de una forma directa. Por su propia naturaleza lo trascendente está siempre 'más allá' de lo humano. La reflexión teológica, la doctrina religiosa, los actos de culto, por ejemplo, son mediaciones que hasta cierto punto permiten un acercamiento a la trascendencia.

    Por encima de todas ellas, para el cristiano, Jesucristo es el gran mediador entre Dios y los hombres. Su misterio, en el que se dan unidas las naturalezas divina y humana, hace que sea el punto de confluencia de lo divino de Dios y la condición de cada ser humano. En este punto, Dios asume la humanidad y reafirma la dignidad humana y establece un puente entre las dos realidades.

    Polígono de la justicia

    CAPITULO VI

    Bien Común y Bien Individual

    Planteamiento del tema

    El ciudadano está enraizado en una comunidad. al mirar por sí mismo. ¿debe mirar por la sociedad en que se desarrolla su actividad?

    Con frecuencia halla caminos de medrar para si, que reportan mezquinas ventajas o ninguna a la sociedad. Otras veces se desvía hacia actuaciones lucrativas para sí, pero con fatales repercusiones para el bien común.

    La misión del ingeniero es y de la industria consiste en la innovación, lanzando a los consumidores nuevos y mejores artículos.

    El concepto de propiedad y de bien común solidariza a todos los habitantes de la tierra imponiendo en uso común.

    CAPITULO VII

    Sentido y Lesión de la Justicia

    Ideas sobre la justicia

    Es necesario que el empresario “extienda la justicia bajo toda sus formas con vistas al bien de la persona y al bien común”. Ante todo aclarando las ideas, como recomienda el Código moral de ingeniería.

    Justicia es la virtud moral cardinal que inclina la voluntad a dar siempre a cada uno su derecho. La conmutativa la define con más de precisión Zalba, añadiendo que inclina a las personas particulares para que den a sus iguales sus derechos más estrictos, hasta la equivalencia aritmética.

    La justicia opera sobre la base de la saldabilidad perfecta de derechos y deberes.

    Justicia Social

    Algunos la identifican con la justicia general o legal.

    Tras una serie de definiciones, llega Villa-Creus a esta definición práctica: “es la justicia que determina los derechos de los individuos como miembros de la sociedad humana”.

    Hay cierta tendencia a localizar los deberes de la justicia social en el salario y sus complementos de seguridad. Concepción miope. Sería desconocer el alcance de las exigencias que encierran el título de ciudadanía o miembro humano de la sociedad.

    Sobre el pilar material del dinero se alzan prestaciones más nobles, como consideración, trato, educación, instrucción, libertades legítimas, toda esa excelsa condición que entraña la idea de “Promoción” en la convivencia humana.

    Todo ciudadano, según su capacidad, ha de hacer aportaciones proporcionales para que ese nivel social mínimo esté al alcance de todos.

    Deber de Restituir

    Los errores, descuidos, imperfectas apreciaciones y elementos análogos exime la reparación en conciencia.

    “El ingeniero no puede enterrar sus errores como en otras profesiones”, según advierte Herbert Hoover. Tampoco exime de las reparaciones que impone la virtud de la caballerosidad. Si por un olvido poderoso en el libro prestado, nos sentiremos obligados a reponerlo: estamos en lo más justo.

    Justicia y Caridad

    Raimundo Lulio dice que “la caridad es la riqueza de los ricos en los pobres”.

    Algunos cristianos, avergonzados de cierta limosnería entre tanta injusticia social, claman por un sentido renovado de justicia, aun a expensas de la caridad. Otros, con el cardenal Guisáosla, apremian a profundizar en el amor para resolver las situaciones de injusticia: “Es necesaria una efusión de caridad, tan intensa y dilatada, que llene los abismos cavados por el odio”.

    ¿Qué partido tomar? Ambas virtudes son entre sí complementarias. San Juan el Evangelista las unió: “El que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”. La justicia ocupa en las relaciones laborales una posición directa de preferencia. La caridad, una situación indirecta, pero más radical e influyente. En última instancia, la primacía corresponde siempre al amor.

    Procuremos sobre todo no exasperar al pobre, al necesitado, con el contraste del lujo y del derroche. En tiempos difíciles, en tiempos de cortesía, a todos particulares y organismos, se impone la austeridad; la austeridad y la caridad.

    CAPITULO VIII

    Contrato de Trabajo

    Contrato y “Relaciones Laborales”

    Se entiende por relación de trabajo aquella que se produce entre la empresa y sus trabajadores, y está constituida por un conjunto de vínculos personales y patrimoniales que liga mutuamente a ambas partes.

    Cuatro rasgos perfilan su fisonomía:

  • Superación del interés personal y egoísta de las partes por la sumisión a un interés común: el de la empresa.

  • Consideración del trabajo en un plano personal y humano, no únicamente en un orden material.

  • Superación de la lucha de clases, sustituyéndola por una franca colaboración entre los elementos personales de la producción.

  • Predominio de los valores morales de lealtad, fidelidad y protección sobre el contenido patrimonial, único y clásico, del contrato del trabajo.

  • El ingeniero fluido de la relaciones laborales se precisará para realizar a cordialidad, es decir, a caridad, la misma justicia, por un feliz desbordamiento de sus márgenes.

    El ingeniero que media entre el patronato y el operario para concluir un contrato está obligado, no a ser un nuevo emisario patronal, sino mensajero de la justicia y la equidad, como recuerda la moral profesional al ingeniero norteamericano.

    Condiciones de un Auténtico Contrato

    Si las partes que elaboran el acuerdo no arrancan de un nivel sensiblemente idéntico, no existirá peligro intrínseco de adulterar el convenio, supuesto que a la parte más débil le urja alcanzarlo. El contrato debe ser paritario para garantizar la ausencia de miedo, por coacción del más fuerte. Debe reinar la igualdad para que fluya el diálogo, en vez de erguirse el monólogo. Tal es la circunstancia radical que exigimos, la calidad de potencias, que, por tanto, no se ve abocada a la capitulación.

    Paternalismo en el Contrato

    Al abolirse la esclavitud perseveró en sus dueños una mentalidad dominativa, encasquillada en la sociedad heril. Al liquidarse esta, pervive en parte todavía la mentalidad de dueño. El trato no se adapta al nivel del contrato, evidente síntoma de que el mismo convenio no se admite plena y conscientemente como un acuerdo de dos poderes libres e iguales.

    No es raro en algunos ambientes laborales el presumir que las relaciones entre dirección y sus empleados se ajusta a la categoría de superiores a inferiores. Nada más opuesto al sentido contractual que debe regular el trato. Son restos de una concepción heril.

    Revalidación del Contrato

    Tanto el derecho natural como el positivo dejan bien claras las mutuas obligaciones consecuentes a la firma del contrato. Son impecables. El empresario tratará con todo respeto a sus operarios, no extralimitará las cláusulas, les hará efectivo su haber con toda puntualidad... Los trabajadores se entregarán con fidelidad y ardor a la empresa, y acatarán con absoluta integridad las disposiciones que se refieran al marco actual. En el orden lógico de lo ideal, todo es perfecto, más la realidad es deleznable.

    Tres elementos de la vida pueden mermar la virtualidad del contrato: la insuficiencia del salario, el carácter impositivo de los mínimos legislados y el vaho de resentimientos que cargan de sorda hostilidad las relaciones laborales. Basta la persistencia de uno de estos agentes regresivos para que el contrato formulado signifique para muchos que el patrono prestará el menor salario posible y el obrero la menor eficiencia imaginable. Si los tres elementos de inhibición operasen al mismo tiempo, se deja entender la mezquindad de la consecuencias derivadas del contrato.

    Al cerrar el contrato laboral, el patrono ha realizado la parte más insignificante de él. La ardua tarea viene luego y exige una mano maestra, esas condiciones de jefe que magnetizan la buena voluntad de sus operarios. Conquistar el corazón del empleado es empresa más noble y difícil que comprar su presencia y su consiguiente simulación de laboriosidad.

    Despido y Paro

    La sociedad debe facilitar trabajo a quien ponga voluntad en él, pero no a quienes lo escatimen, porque estos rebajan la temperatura laboral de los laboriosos, aumentan indebidamente los costes y prostituyen la calidad de los productos. El deber de brindar colocaciones recae, ante todo, sobre la sociedad, no sobre el empresario, si bien por justicia social o equidad vendrá obligado a continuar y aun ampliar su negocio, mientras fuerzas mayores no se lo impidan. Al menos no recaerá sobre él empresario cuando se trabaja ruinosamente y él hace lo posible para lograr un trabajo productivo.

    Al derecho a trabajar responde, como justo contrapunto, el deber de trabajar bien, lo que significa saber hacer el trabajo y querer realizarlo bien. La técnica y la competencia actuales no toleran en el mercado realizaciones mediocres, sean debidas a la impericia o a la desgana.

    Esfera empresarial

    CAPITULO IX

    Problemas Sobre la Empresa

    Visión de sus valores

    Importantes vicios del sistema capitalista han ensombrecido la grandeza natural de la empresa, tanto en su concepción como en su misión social. Sin comprenderla no será fácil servirla con espíritu cristiano.

    Es bien significativo que para la gente empresa suene algo hoscamente, porque se le traduce por capital; y no en su noble acepción, sino en la peyorativa de instrumento explotador de los trabajadores. Al menos se toma el nombre de empresa como unilateralmente como la representación del capitalismo en la entidad productora.

    Los sociólogos han entrañado la noble esencia de la empresa. Es tan sagrada su misión que el capital en ella invertido pertenece a su dueño con “menos propiedad privada”.

    La empresa es comunidad. Se merma su sentido cuando se la identifica con uno de sus elementos: el capital. De aquí sacaremos consecuencias fecundas al hablar del empresario, así como al tratar sobre la cuestión social.

    Nuevas Perspectivas

    Las industrias han dejado un rastro de sangre que horroriza. Justo es divisar ya el rastro de luz que difunde. La nueva era industrial hace de la empresa una portentosa central de riquezas, solidaridad, cultura, pedagogía, fe, entusiasmo y formación en todos los órdenes y grados. Constituirán, cada vez más, grandes emporios de auténtica civilización. La industria está renovado un humanismo feliz, portador de respeto y armonía.

    La industria no solo fomenta la cultura aportando las mayores masas de capital al Estado, que en parte invertirá con fines de instrucción y beneficencia, sino propulsado directamente la acción educadora y científica de las universidades y transformando su cede en cátedra de formación y en laboratorio de investigación.

    Se puede afirmar que la formación no es un hecho aislado, ni un aspecto estático y definitivo del ambiente de la empresa. Se presenta siempre como una función de la dirección y tiene su lado dinámico por el que resulta un hecho continuo que renueva sin tregua...

    Transformación de la Vida Social

    El impacto de la empresa en la sociedad ha sido monumental.

    En poco más de un siglo las estructuras han sido revolucionadas.

    Se denuncia el hecho de la migración del campo a la ciudad, foco de corrupción, inmoralidad y miseria; pero se olvida que, a la larga, estos inmigrantes o sus descendientes suben de nivel y que en el campo arrastraban una vida llena de privaciones o infraprimitiva.

    Es cierto que las nuevas invenciones técnicas pueden influir dañosamente en la sensibilidad de sus beneficiarios, pero no sería justo preferir el durísimo nivel de vida que hace más de un siglo tenía que soportar el 90 o 95 por 100 de la población de los países adelantados.

    Industrialización o Redistribución

    El articulista establece intereses y criterios para evitar una política desbocada de ahorro en países infraindustrializados, así como la carrera desenfrenada de superindustrialización entre las naciones avanzadas. En realidad, el equilibrio entre ambas tendencias -inversión sin tregua y consumo -presidirá las vías de solución.

    Lo más sensato será conjugar ambas tendencias, de modo que aumente el consumo en cierta moderada proporción al ahorro, satisfaciendo las necesidades más perentorias.

    Es necesario afrontar tal situación con criterio de justicia. Nos atrevemos a formular una indicación solutoria: el capital invertido en las implicaciones, gracias al ahorro que la empresa logra por restricción eventual de salarios, en rigor corresponde al conjunto de asalariados.

    Empresas Filiales

    La creación de industrias dependientes de la empresa matriz es una forma de ampliar el negocio por integración horizontal o vertical. Presenta las más diversas modalidades. La dependencia o independencia económico-administrativa es la más esencial. A diferencia de las sucursales, es preferible la separación gestora. De lo contrario, se agudizarán ciertos peligros morales que a veces se oyen comentar desfavorablemente.

    Si la industria filial está supeditada al mando supremo de la matriz, los hombres que rigen la subordinada se ven condenados al papel de prestanombres. Ofenden a la dignidad humana el oficio de marionetas manipuladas a distancia por manos ocultas.

    Otra fuente de inmoralidad provendría de los fraudes al fisco y al bien común, mistificando las contabilidades y, peor aún, simulando pérdidas ante el Estado, en busca de ayudas, exenciones o elevaciones de tarifas ante los datos ruinosos de tales empresas.

    La Democracia Industrial

    Se dice que los beneficios extraordinarios no pertenecen solo al capital, sino a cuantos colaboran en la industria. Ahora bien: si el régimen salarial es legítimo y los empleados recibieron su sueldo en justicia, ¿A qué presentar nuevos títulos sobre los frutos de la empresa? Si el capital encaja los reveses, ¿Por qué no acapara también íntegramente los frutos extra-normales? En rigor, sin cierta intrínseca modificación en el concepto de empresa, no cabría presentar los títulos de los asalariados a los crecientes beneficios de su industria.

    Creemos, pues, que siento en sí legítimo el régimen salarial, no es tan procedente ni tan equitativo en etapas de mayor progreso humano. La condición humana, cuando toma conciencia de su dignidad, demanda integrarse orgánica y activamente -creadoramente- en la esfera de su trabajo.

    Ahora bien: la elevación del trabajador, junto con su conciencia de libertad y de capacidad creadora, facilita y hasta clama por la participación en la responsabilidad creadora del trabajo encomendado. Su pensamiento y su originalidad es de más importancia que su vigor y habilidad material. Es muy natural que se le satisfaga su anhelo de paternidad industrial de transformar su quehacer material en obra de arte, de asociarle a la producción.

    CAPITULO X

    Empresario y Dirección

    La clase directorial

    La codirección sigue expandiéndose por una red de mandos, hasta los últimos cuadros ejecutivos. El hecho releva dos proposiciones significativas: el nacimiento de una moderada democracia industrial y la vocación y formación de jefatura, indeclinable al ingeniero. El cambio a que asistimos trastorna también el tono de muchas responsabilidades. La ética presenta nuevos matices de comportamiento ante la conciencia. Por eso, percatarse del hecho y de su naturaleza es la trascendental importancia para una conducta profesional irreprochable.

    Hay que aceptar apreciables cambios en el mismo concepto de empresa. Goldschmitd-Clermont muestra su simpatía, entre las diversas definiciones y descripciones que recoge, por la de H. Janne, por contener tres términos esenciales: grupo, técnica, servicio social, sin olvidar la producción de riquezas. La clase directorial ha arribado al poder de la empresa recientemente, para integrar todos sus elementos. James Burnham había predicho en 1940 el advenimiento de la revolución directorial, por el doble fracaso al capitalismo y del totalitarismo, que no supieron adaptar la sociedad anónima al bien del pueblo.

    La aparición de la dirección como institución esencial, distinta y conductora, ha sido un acontecimiento capital en la historia social... Rara vez en la historia de los hombres se ha revelado una nueva institución se ha impuesto encontrando tan poca oposición, tan pocos obstáculos y despertando tan pocas controversias.

    La gerencia científica de y las relaciones humanas, que han revolucionado al ambiente laboral de los Estados Unidos, apenas si han explotado sus posibilidades, según piensa Peter Drucker; es un inmenso capital, casi congelado por interpretaciones menos humanas e integrantes de la tarea del hombre. Nos espera todavía un gran que hacer.

    CAPITULO XI

    Los Beneficios

    Jerarquía del beneficio

    La primacía de los beneficios es solo particular y, por tanto, paradójica: en realidad, dentro de la jerarquía de valores que integran la empresa, el económico, siendo el primero específicamente, es de los últimos humanamente. Lo material es siempre ínfima criatura en el concierto social. Así, el dinero obtiene en la entidad productora una primacía subordinada, es decir, elevada a un trono de esclavitud o servidumbre a fines más nobles. Primacía y esclavitud constituyen el colosal equilibrio en que mantener el objetivo industrial que llamamos beneficio. Y es que todo lo próximo e inmediato desempeña un papel fugaz para quienes están llamados a avanzar hacia un majestuoso más allá de las cosas temporales.

    Condiciones Previas

    Con facilidad declaramos contra los dividendos. Conviene templar el demasiado escándalo. El lucro de la producción no es tan exagerad como el del comercio. Le asisten más títulos al fabricante que al comerciante, por regla general. Acontece que las ganancias en algunos ramos siguen una proporcionalidad cruzada, se alzan sobre lo justo las del comercio, mientras que apenas alcanzan lo suficiente algunas de la producción. Sin embargo, no puede darse una preferencia absoluta: el margen legítimo de beneficio dependerá del riesgo y del valor de los servicios prestados. Cuando el comercio se arriesgue y preste un servicio mayor, deberá ganar más.

    Moderación y Orden

    El principio de la sobriedad en los dividendos es tan primordial como difuso. siendo asunto de apreciación, se comprende que los elementos subjetivos de juicio alteren considerablemente las medidas.

    La primera aplicación de la moderación es el orden o tiempo en recoger los frutos de la industria. En teoría está claro: los accionistas no pueden percibir ningún dividendo mientras no hayan satisfecho sus obligaciones con los acreedores de toda especie: obreros, personal administrativo y técnico, dirección, proveedores, etc. Con deudas en su balanza, imposible el dividendo. Entre ellas clama la del salario familiar mínimo-suficiente, de que nos ocuparemos más tarde. Por consiguiente, mientras no haya el capital satisfecho el sueldo a sus empleados como lo requiere la justicia social, no puede pasar el reparto de beneficios. Lo vemos con toda claridad en el terrateniente. Hará lo posible -es decir, aun lo imposible- por pagar a sus jornaleros antes de vender la uva o la avena. Más aún: aunque la tenga que tirar. El capital es equiparable la agricultor: a los operarios les asiste el derecho de primacía.

    La tolerancia es imprescindible siempre que se trate de grandes sociedades anónimas.

    Volumen de Venta y Beneficio

    Pero en la industria el volumen de producción -seguido de la amplitud del mercado -conseguiría notables beneficios si no se reduce el precio de los artículos o no se distribuye más equitativamente entre todo el personal.

    Nos apoyamos en el fenómeno inverso: la pequeñez del negocio permite, en conciencia, un porcentaje mayor de ganancia. El principio encuentra su aplicación en aldeas donde la exigüidad de los géneros vendidos hace casi irrisorios los beneficios.

    Beneficios Extraordinarios

    La sana moral, con la sociología, ha frenado la alegría con que una economía liberal atribuía al capital todo el caudal de ganancias, por extraordinarias que fuesen. La vida espontánea del capitalismo no admitía las enseñanzas limitativas del cristianismo. Entonces se encarnó la vida oficial de implantar, al menos en parte, el criterio más recto, mediante sistemas crecientes de impuestos. La solución por fuerza pública no es la mejor, pero es preferible al abuso capitalista. Desde sus trincheras, las reivindicaciones de los sindicatos han forzado la imitación del beneficio capitalista.

    Los beneficios aleatorios, que el soplo de la suerte o de imprevistas circunstancias acarrean esporádicamente a una empresa, pueden adjudicarse en justicia al accionariado aunque la equidad aconseje hacer partícipes en algún grado a los operarios.

    Esfera técnica

    CAPITULO XII

    Empleo Técnico

    Calidad de trabajo

    Es el primer requisito moral. Sin él, imposible la honestidad en la profesión. Se falta a ella la clase de trabajo no corresponde a la altura de la carrera: se quitarían plazas a los titulados inferiores inmediatos, a la vez que enterrarían talentos o potenciales que determinada preparación suponen, con menoscabo de la riqueza industrial y el progreso.

    Todo cometido que un perito adiestrado o un inteligente ayudante puede satisfacer debe dejarse en sus manos, aunque la prudencia aconsejará alguna función supervisora.

    Hay trabajos que solo requieren al ingeniero para su puesta en marcha. Detenerse en ellos es renunciar a su jerarquía.

    Desigualdades

    El novel ingeniero piensa con frecuencia en una colocación de porvenir. Quizá no tiene idea exacta de su sentido. Vagamente pretende ingresos crecientes y ensanchamiento de su posición profesional, ya en la especialidad técnica, ya en puestos de dirección. Piensa también en una firma que amplía y así asegura el radio de acción de sus ingenieros.

    En sana la pretensión, con tal que modere sus impaciencias. La conquista no es victoria fulminante, sino bloqueo y tesón, con alternativas.

    CAPITULO XIII

    Remuneración

    Los honorarios en general

    Unas ideas de enfoque sobre los honorarios en las profesiones llamadas liberales. Lo hemos estudiado con atención y arriesgado nuestros puntos de vista. Se parte del presupuesto de que son impagables sus servicios.

    No nos parece claro que sean inmensurables y, consiguiente, impagables ya que no se cobra por la salud restituida, ni por el honor salvado, ni por la ciencia infundida en el educando, sino por el trabajo, por la habilidad, tiempo y desvelos empleados, es decir, por los servicios prestados. Tales servicios pueden medirse, si bien más elásticamente que los piñones fabricados en una Reinecker. Medidas que no lo son en rigor. No pueden comprarse “unidades de trabajo”, como observa felizmente Peter Drucker.

    Inmoralidad del Sueldo

    Sin sonsacar secretos he escuchado espontáneamente referencias timbradas de cierta angustia moral. Era dolor de solidaridad ciudadana y cristiana.

    Un ingeniero contaba, con visible satisfacción, pero templada de vergüenza, que en su segundo año de profesión pasaba las 140.000. oto me dijo a los pocos días que le asustaban las 150.000 líquidas que percibía en su tercer año de ejercicio. Se le cae, desprendida, una alusión a la estrechez económica de los demás sectores de su industria insuficientemente pagados.

    CAPITULO XIV

    Incompatibilidades

    Aclaraciones

    La necesidad lleva a caer en ellas a industriales probos, que se duelen de la vileza ante la que no hay más remedio que ceder por fuerza mayor. La gente pierde su sensibilidad moral. Se desorienta.

    Cosas así no son de un régimen ni de otro. Se forman casi de golpe en épocas menesterosas. Siempre hay vividores que acechan la ocasión y se lanzan a la explotación. La frecuencia con que la industria se halla complicada en tales enredos nos fuerza a tratarlos.

    Negocios Expuestos

    El técnico don Luis del Valle es el encargado de todas las instalaciones electromecánicas del Ministerio X, con sus pabellones y dependencias.

    A él le incumbe intervenir para la adquisición de un ventilador eléctrico, para las nuevas derivaciones o alteraciones del alumbrado, o cuando se produce la menor avería hay que avisar al fontanero.

    Todo marcha con diligencia y decoro, por suerte, en cuanto a maquinaria, montaje y reparaciones concierne. No así por parte de la firma L., que envía a sus empleados para el arreglo de las averías. Resultan francamente caros y detestables los servicios. Cada reparación asegura con puntualidad la siguiente: siempre que algún detalle que sirve de cabeza de puente para nuevos desarreglados.

    CAPITULO XV

    Cambios de Empresa

    Problemática y ética

    Es uno de los asuntos más huidizos. Conocemos los más diversos casos. Hemos oído docenas de opiniones, tanto de ingenieros como de patronos. También hemos escuchado el parecer de simples empleados. Conclusión a que hemos llegado: torbellino de opiniones y de casos variadísimos. Solo pueden darse normas abstrayendo de las variantes concretas.

    La alegría con que algunos cambian de filiación nos ha llevado a indagar si el nivel ético del ingeniero habrá descendido en los últimos lustros.

    Hemos recibido las impresiones más distantes. La nuestra se aproxima a la de uno todavía con pocos años de ejercicio: “La vida es más difícil y se pierden las aparentes buenas formas”.

    Razones Económicas

    Se reducen a tres grupos las cosas del cambio: económicas, profesionales, humanas.

    La situación financiera invita a la inmigración en doble forma: por bajo sueldo, con el que es imposible afrontar las necesidades o las debidas aspiraciones normalmente satisfechas por los colegas, o por mejor sueldo en el seno de otra firma. A mayor desnivel crematístico, mayor tensión migratoria. La encrucijada hace sufrir cuando uno no tiene razonables motivos de insatisfacción en su empresa.

    “Plan” de Cambio

    Estudiaremos la moralidad de los que salen a la palestra del trabajo con la idea de transitar por sucesivas industrias. Colocaciones en gradería o seriadas podrían llamarse. La idea de trampolín se larva en algunos ingenieros bisoños. Cada plaza es un ensayo en su casto plan de enriquecimiento profesional. ¿en legítima, en conciencia, la política del ave de paso?

    Si la postura es unilateral, la tenemos por injusta. No se juega limpio.

    El contrato está clandestinamente condicionando por una de las partes replican algunos que ya se sabe que uno acepta el contrato mientras le interese: sin necesidad de expresarlo, lo sobreentiende la empresa, quien también prescinde de uno de los cuando no le sirve.

    CAPITULO XVI

    Trabajos de Invención

    Legislación

    La ley se ha ocupado de amparar los derechos del inventor, sagrados como los del autor, aunque su destino sea de servicio a la sociedad. La protección en España vino con unos lustros de retraso. La primera disposición data de 1878. el 16 de mayo de 1902 se legislaban los derechos sobre patentes de invención con matices debidamente regulados. España se adhirió más tarde a los sucesivos acuerdos internacionales. De 1930 es el texto refundido vigente.

    Las cláusulas fundamentales son bien conocidas. Si el transcurrido un año el inventor no patenta en las naciones firmantes su novedad, cualquiera estará libre para explotarla a voluntad. Patentada en el propio país -o también en los de convención-, el autor disfruta su exclusiva de explotación durante veinte año.

    Los inventos del trabajo desempeñado a cuenta ajena ceden a favor del empresario, si es que desea explotarlos, aunque con participación o gratificación del inventor, si fuesen importantes por su valor financiero.

    Esfera social-laboral

    CAPITULO XVII

    La Cuestión Social

    El ingeniero y lo social

    La política del avestruz, que se tapa al enemigo con sus alas, no es rara entre quienes se dedican a la técnica industrial.

    El sistema liberal los ha mantenido en situación inofensiva, enclavándolos en un mundo inocente meramente tecnológico. Un empresario confesaba al mismo P. Chevalier: “para mí, los ingenieros son cero”. En realidad, también son considerados como ceros por abajo, desde las trincheras obreras.

    Inocencia mantenida por cierta incultura en lo que se refiere al hombre, a la sociedad y a sus responsabilidades en ella. Creemos que si, como individuo, puede el ingeniero eximirse de grave reato en conciencia, la ingeniería no está libre de gravísima responsabilidad por la actitud de dejadez frente a supremos conflictos que tienen lugar ante sus ojos; más aún con su complicidad.

    Una moral profesional que no inculcase deberes muy serios y graves para actuar socialmente sería desastrosa.

    Lentitud

    A los cuarenta años de la aparición de la Rerum Navarum seguía practicándose todavía el torpedero de la doctrina pontificia. Es legítimo suponer que el mismo fenómeno, más o menos larvado, puede repetirse. Es obvio admitir, al menos, su peligro.

    Es estimulante para el porvenir la visión del creciente interés social por parte de la Iglesia, del Estado y de algunos sectores privados. Somos optimistas para mañana, aunque vemos las deficiencias de hoy. Precisamente, en parte, porque las vemos, porque una porción cada día más vasta de la sociedad las va reconociendo. Y el reconocimiento es ya un principio de progreso.

    “Es, por desgracia, verdad que el modo de obrar de ciertos medios católicos ha contribuido a quebrantar la confianza de los trabajadores en la religión de Jesucristo.

    Enfoque Social

    Hay que desechar simplismos optimistas. Es fácil ondear reivindicaciones tajantes pensando que la sociología las ordena y manda, debiendo implantarse al día siguiente. La cuestión social es de una complejidad casi desalentadora. Tres corrientes principales de influencia descubrimos sobre ella: la economía, con sus leyes enmarañadas y sutiles; la técnica de producción; la cultura y él espíritu que aliente entre los diversos agentes laborales. El conjunto de estas disciplinas o factores, con sus ramas afines, firmará la verdadera sociología, que tan solo los expertos y estudiosos expondrán con madurez.

    Los objetivos que conquistar podrían las clases trabajadoras, tanto obreras como empleados modestos:

  • Elevación material de las clases trabajadoras, tanto obreros como empleados modestos.

  • Elevación cultural en su doble faceta, la profesional o técnica y la humano-espiritual.

  • Integración de todos los operarios en la empresa, cima de la fraternidad empresarial, cívica y cristiana, que cerraría la era de hostilidades introducidas por el maquinismo.

  • CAPITULO XVIII

    Ante el Obrero

    Necesidad de conocer

    Hay un lamentable desconocimiento mutuo entre los altos técnicos de ingeniería y la clase trabajadora, no obstante concurrir tan de cerca en la producción. Mutua ignorancia, envenenada por recelos y hasta hostilidades, sobre todo por parte de quienes se ven en el barranco.

    Por más que la vida del joven ingeniero no haya rozado la órbita patronal; por más de que siga siendo una asalariado, como los otros operarios, aunque de la más alta calificación, suele echarse del lado empresarial.

    La cultura, el nivel social, la dependencia económica, le ladean hacia el capital. Ve y juzga del conjunto con cierta imparcialidad, pero más bien sombreada capitalísticamente. Comprende al; obrero algo mejor, pero sin llegar a sintonizar de todo con él, aunque ponga en ello la mejor voluntad.

    La variedad laboral que le liga a la masa trabajadora le obliga en conciencia a conocerla más profundamente de lo que suele. Es un deber más importante que el del conocimiento de las máquinas a su cargo. La producción es un asunto de técnica y, mucho más, de humanotecnia. Aun la alta oficialidad industrial, en los torreones de sus oficinas técnicas, está obligada a proyectar el trabajo más humanitariamente.

    Hacia el Encuentro

    No es del todo fácil al acceso a la mentalidad del trabajador. Ello desalienta a los que se aproximaron con buena voluntad. Ello sirve de pretexto a quienes se excusan con la imposibilidad de sacar partido de la clase obrera.

    Con afirmar su cerrazón a los pasos dados por la empresa satisfacen algunos su conciencia.

    La primera barrera que superar la encuentra el hombre de profesión en si mismo: se fija demasiado en la deficiencias de los obreros sobre quines actúa.

    CAPITULO XIX

    El Salario

    Doctrina de la iglesia

    El mando debe entender en la cuantía del salario. Lo estudia, lo dicta, informa o colabora. En conciencia, no puede desentenderse de la más urgente apelación de la justicia en pro de sus colaboradores subordinados.

    Por otra parte, advertimos la persistencia de confusiones, cuando no de yerros en esta materia. Rara vez verá una exposición doctrinal, con visión pragmática, exenta de reparos por parte del patrono. Nos ha parecido, pues, indispensable matizar todo lo posible el problema y prevenir las objeciones usuales.

    Fácil es enumerar las necesidades que el salario en mano deberá satisfacer para plegarse a los cánones de la justicia: vivienda de elemental decoro, es decir, que la sufra la dignidad humana; manutención propia, de la esposa, hijos o inválidos a él confiados si por otro lado no se hubiese provisto a su seguridad; educación de los hijos, al menos hasta la primera edad laboral; posibilidad de algún ahorro, llevando vida sobria, que no excluye algunas moderadas expansiones; por tanto, margen de retribución para la eutrapelia o diversiones morigeradas.

    Salario Mínimo

    Aclarado el ámbito del salario justo o debido, nos hemos de replegar, por desgracia, al mínimo familial, que, en rigor, no es justo; es solo tolerable por estado de emergencia, es decir, de inteligencia o de retraso en un determinando país como el nuestro. Muchas empresas no podrían sobrevivir a la prestación del salario justo.

    Aportación de la Esposa

    Si la esposa gana o es capaz de ganar, ¿Es lícito disminuir el salario familiar mínimo del marido?. Su Santidad Pío XI parece abrir esta brecha en las primeras líneas del párrafo que citamos; pero puntualiza bien pronto que solo muy excepcionalmente cabría tolerarse:

    Justo es que bien el resto de la familia concurra, cada uno según sus fuerzas, al sostenimiento en común de todos... En casa principalmente, o en sus alrededores, las madres de la familia pueden dedicarse a sus faenas, sin dejar por ello las atenciones de su hogar. Pero es gravísimo abuso, que se ha de eliminar con todo empeño, el que la madre, por escasez del salario del padre, quede obligada a haceres y, sobre todo, la educacion de sus niños. Ha de hacerse, pues, todo lo posible para que los padres de familia perciban un salario tal que con él puedan atender convenientemente a las ordinarias necesidades domésticas. Y si las circunstancias presentes de la sociedad no siempre permiten hacerlo así, pide la justicia social que cuando antes se introduzcan reformas tales que a cualquier obrero adulto de le asegure ese salario.

    La brecha, por tanto, cerrad; se tolera como última instancia alguna materna, pero dentro del ámbito hogareño o sus inmediaciones. Tiene singular aplicación en el campo, donde la atención a pequeñas explotaciones domésticas desgrava la situación.

    Salario Terrible

    La legislación laboral de España permite entregar al operario, bajo forma de primas o premios, cantidades que, al exceder del jornal base, no son tributables, pasando sin merma ninguna a manos del trabajador. Ahora bien: con la capitalización de todas las cuotas de seguridad social se atiende también a sectores que por sus recursos o aportaciones no llegarían a disfrutar de los seguros; los jornaleros del campo, gracias a las cotizaciones de las industriales, se benefician de la seguridad social.

    CAPITULO XX

    Temporada de Trabajo

    Claridad Exterior

    La claridad exterior simboliza y despierta la interior. Por eso es tan aconsejable el cultivo de los acontecimientos, que inclinan favorablemente el espíritu. Como imponderables influyen la limpieza los detalles de buen gusto y pulcritud, las zonas verdes, la estética, la gama cromática, artística y científicamente combinada, la luz, el aire, la humedad. Hay que desterrar lo sombrío y depresivo e instaurar lo confortante y optimista. Demasiados elementos abandonan la odiosidad del trabajador para que se los alimentemos con una atmósfera antipática o repulsiva.

    Las ciudades se esmeran en la pulcritud de sus edificios y calles por donde los hombres transitan unos momentos. ¿Por qué no acumular elementos de agrado para el hombre? El reparo que se hace de la inurbanidad de muchos trabajadores, sobre todo en masa, es superable, como demuestran los ensayos de algunas grandes empresas, que se logran conservar sin vigilancia salas, comedores y parques de la fábrica por donde discurre a su gusto todo el personal. La limpieza llevada con exigencia y detalle influyen sobre los hombres despertando su sensibilidad.

    Claridad Interior

    La precisión del reglamento, de las órdenes, del trabajo cometido y su marco limitativo, del plan general y de la tarea inmediata. Es evidente que bastantes operarios no se enteran del quehacer encomendado. Hay que reiterar y prevenir las interpretaciones equívocas.

    Visión parcial de la pieza que se trabaja y de su integración en la máquina que se fabrica y se monta.

    El porvenir influye en bastantes más que la inmediata percepción del efectivo semanal. Tienen derecho a que se les aclaren las oportunidades de mejorar profesionalmente.

    CAPITULO XXI

    Problemática Laboral

    Convivencia en el Subrendimiento

    La solución que damos posee ahora el valor de haber salido airosa en juicio contradictorio, aunque privado. Un eminente ingeniero lo criticó como indigna de un hombre honrado, cuya única salida en el conflicto sería la dimisión. Es evidente que nadie o casi nadie practica gestos tan heroicos, aun entre ténicos de indudable delicadeza moral. Sin embargo, vemos con alguna frecuencia infrasueldos y remoloneo. He aquí nuestra opinión:

    Si en algún caso se tratase de regateos laborales, dictados por ambición de ganar más, no por la necesidad perentoria de percibir el sueldo indispensable, en tal hipótesis la pasividad del jefe sería injusta con la prensa.

    La solución de dimitir es la más elegante. Es recomendable, pues entre otras razones, la desairada posición profesional del ingeniero o jefe casi la impone. Pero no es obligatoria, por varios motivos que se engloban en la evitación de daños propios y de los obreros. La trashumancia laboral no favorece ni siquiera a los altos empleados. Los cambios no son siempre muy oportunos, sobre todo en edad bien madura. La caridad podría invitar a no desamparar a esos hombres en manos de un sustituto desaprensivo.

    CAPITULO XXII

    Conflictos Religioso-Laborales

    La santa misa

    Los trabajos que por necesidad absorben a un grupo fabril importante piden que facilite la misma aun dentro de los locales si el horario extorsionase notablemente la asistencia en otra parte. Así lo entienden y hacen algunas empresas. Es el caso de los diarios de la mañana, si su jornada termina hacia las cuatro o las cinco de la madrugada.

    Cuando se impone ocupar a los subordinados en día festivo se tendrá en cuenta situar la jornada con márgenes hábiles para que los fieles que practiquen atiendan sin extorsión a su deber. La implantación de la misa vespertina aplaza la obligación de oírla entonces si por la mañana alguien estuvo impedido. Pero sería peligroso ocupar intensamente a los operarios desde el amanecer, con la excusa de que por la tarde satisfarán quienes deseen sus obligaciones religiosa; la hora es importuna para la mayoría, y más si el trabajo mañanero, después de una semana laboral, deja agotados a los fieles.

    Los ingenieros, ayudantes de obras de obra públicas y peritos que dirigen en despoblados o serranías centurias de jornaleros se encuentran ante el doble problema, casi indivisible, del descanso y de la misa.

    Trabajo en día Festivo

    La ley de Descanso Dominical. Fechada el 13 de julio de 1940, sanciona al precepto eclesiástico en su segunda parte prohibir trabajos serviles. Entiende por tales, no solo los fuertes y manuales, sino aun los intelectuales y acústicos por cuenta ajena, con sano criterio.

    El artículo 4.O detalla los trabajos que por su naturaleza se permiten: servicio doméstico, porteros de fincas urbanas, empleados en espectáculos autorizados, profesionales y artísticos por cuenta propia, ganadería y guardería rural, faenas agrícolas de recolección pesca de temporada, trabajo a bordo.

    El artículo 9.O señala el deber de entregar el salario por dominicales salvo al obrero eventual, es decir, contratado por menos de seis días, a quien hay que abonarle una parte alícuota.

    CAPITULO XXIII

    Mando y Comunicación

    Examen del jefe

    ¿Cómo nos vemos en la descripción contrapositiva que hace H. Gordon Selfridge?

    El amo fuerza a sus hombres; el jefe los instruye.

    El amo reposa en el principio de autoridad; el jefe, en el de la buena voluntad.

    El amo inspira temor: el jefe, entusiasmo.

    El amo dice: “Yo”; el jefe dice: “Nosotros”.

    El amo dice: “Debéis llegar puntuales al trabajo”; el jefe llega al trabajo antes de la hora.

    El amo sabe como se hace; el jefe enseña como debe hacerse.

    El amo hace penoso el trabajo; el jefe convierte el trabajo en un juego.

    El amo dice “Id”; el jefe exclama: “Vamos”.

    Puntualizaremos una serie de manifestaciones positiva del buen jefe que hacen un catálogo de auténticos deberes cuyo conjunto le apremia gravemente:

    1.- Sentir la belleza de mandar, como oportunidad de exigirse, servir e irradicar el bien.

    2.- Actuar bajo la norma del progreso, que va a más, estudia y renueva. Exigirse más a sí que a los otros.

    3.- Ser siempre un caballero con todos, en especial con los últimos subordinados.

    4.- Saludar también a los inferiores con aire amable.

    5.- Recibirlo con gesto atento y actitud complaciente.

    6. Atenderlos con presteza, desterrando demoras y pérdidas de tiempo, a la espera del despacho.

    7. Excusarse si no es fácil atenderlos en seguida.

    Indisciplina y Sanción

    Las disciplinas es tan necesarias como el orden y la claridad. Ella misma clarifica la atmósfera, llenando por el quehacer de geometría. Nos hemos referido ya a la oportunidad de un ritmo serio y vigoroso en el trabajo. la indisciplina hay que barrerlas.

    Algunos conocimientos de psiquiatría hacen falta al mando.

    Por fortuna se desarrollan ciencias socales antagónicas, más conformes con la dignidad del hombre, que merece ser ayudado para servir en la sociedad, aunque padezca taras difíciles. Téngalo en cuenta la jefatura, ya que la Clínica Mayo ha demostrado que las alteraciones psíquicas son más frecuentes entre las dirigentes que entre los empleados.

    Censura y Sanción

    No se suele tener en cuenta tan seria responsabilidad. No se consigue siempre el equilibrio entre el restablecimiento del orden y la ausencia de amargura o acrimonia. Y la sanción, que debiera redimir al culpable, lo abisma en su extravío. Entonces tiende él confundir el castigo con la justicia.

    Una injusticia o en la sustancia o en el modo de aplicarla abre herida perpetua. Con qué dificultad se olvida y perdona. No tiene derecho el mando ni a amargar a sus colaboradores -con pérdida en la eficacia profesional -ni a ponerlos en peligro de odiar. Con que exquisito humanismo enseñaba ya Feijoo la delicadeza que se requiere aun para avisar la menor deficiencia.

    Esfera comercial

    CAPITULO XXIV

    La acción Total

    Cultura general

    Es recomendable que la empresa organice los oportunos complementos culturales de empleados. ¿ Es obligatorio?

    Dividiremos en tres zonas las actividades marginales. Aunque la última pertenece a la sustancia del trabajo: Actividades festivo-culturales, formación religiosa, formación personal.

    Creemos que la justicia social urge a la empresa [restar en lo posible los complementos formativos necesarios o muy convenientes a sus empresarios. Ya que el hombre entrega a la industria su jornada, es digno que reciba de aquella facilidades para descanso, la cultura y la formación, si fuera de su seno no puede satisfacerlas.

    Cultura Profesional

    Es la tercera actividad complementaria dentro de una empresa. No es marginal, si no esencial, próximas generaciones se asombrarán de la torpeza técnica y humana de una civilización en la que las industrias reciben a sus productores con ninguna o escasa capacitación personal, para dejarlos comunicarse casi en el mismo sub-nivel de formación o peor, de ignorancia para el empleado.

    El hombre siendo el animal más torpe posee gracias a su inteligencia, un potencial gigantesco. El trabajo muscular esta vencido.

    Formación de la Juventud

    Rechazamos que la riqueza de un pueblo no la dan sus minas, ni su vegetación, si no, ante todo la formación de sus hombres. Suiza un país pobrísimo, alcanza el más alto nivel en Europa gracias a la formación profesional de sus habitantes.

    CAPITULO XXV

    El puesto del Comercio

    Función industrial y humana de comercio

    Por más que el comercio se preste a la insidia, por más de pie a praratismos inaceptables de intermediarios inútiles o vividores, nadie podrá destruir una columna tan fundamental en la estructura de un área industrial.

    Hay que desterrar la idea de suburbio que algunos se hacen del comercio. Hay que liquidar el sentimiento de que en el trueque para que haya ganancia, uno tiene que engañar al otro.

    El beneficio es tanto mayor cuando más se extiende el compás del intercambio.

    El comercio internacional a escala multilateral y mundial, no solo constituye una poderosa técnica de productividad como un nuevo invento que amplía la suma de bienes.

    La batalla del Comercio

    Varios fenómenos nos inducen a valorar la actividad comercial que culmina las fases productivas: la mascada tendencia de confiar, la dirección de compras y ventas al alto personal técnico, la trascendental influencia del comercio en los precios de un país y casi intrínseco peligro de inmoralidad administrativa

    CAPITULO XXVI

    Los Precios

    Precios abusivos

    Determinación del precio: es el beneficio justo que el producto le ha de dejar a la fábrica.

    Gasto de Publicidad

    1.- Los gastos de publicidad no beben sobre cargar el precio de artículo.

    2.- La publicidad es indispensable para la vida del producto.

    3.- La publicidad debe ser: fiel a la verdad.

    4.- La propaganda debe tener un fin informativo.

    Remedios Drásticos

    Frenar el lucro

    1.- Dar paso a unas condiciones de mercado libre.

    2.- Estudio equilibrado del margen prudencial que ceda el comercialismo.

    3.- Vigilancia y mancomunicación de las empresas que manufactureras, para que no sobrepasen ciertos topes en los descuentos hechos al comercio.

    CAPITULO XXVII

    Las Tasas

    El derecho a tasar

    La estimación común en un mercado normal de oferta y demanda regula perfectamente el precio de las mercancías, pero la crisis de escasez con su consecuente pánico, retoñan parásitamente en la entraña de la sociedad. Se llaman precios de tasa a los que la autoridad señala con carácter impositivo sobre determinados artículos obligando por igual su observancia a compradores y vendedores. Su finalidad consiste en la protección o del vendedor o del consumidor, según los casos.

    El Respeto a la Tasa

    La ley, para exigir obediencia, requiere condiciones cuya ausencia plantea graves problemas.

    CAPITULO XXVIII

    Problemática Comercial

    Reventas

    La escasez aborta un tipo nuevo en el mercado, hijo legítimo del comercio el revendedor.

    Hay intermediarios de profesión que prostituyen su carrera, especulando sobre la reventa. Hay gente ajena a la actividad comercial.

    Existen, por últimos quienes, sin dedicarse al estraperlo, aprovechan algún lance ganancioso. Se especula así con el coche, el piso, el buen café, el cemento, el hierro olas localidades de encuentro internacional. El negocio debe comprar un servicio a la sociedad, creando productos inexistentes o ampliándolos o acercándolos al consumidor.

    Revisión de Alzas y Bajas

    La contestación directa tendrá más fuerza después de considerar otra táctica de evasiones, cuando corren rumores o peligros de alza de precios. La serenidad y moralidad de industriales y comerciales frente a los temores de crisis eventuales estrangularán muchas inflaciones. Es un deber positivo ante la sociedad. Luchando contra los rumores, siguiendo la normalidad en los negocios, la depreciación se editará bastantes veces. Oponerse es ya disminuir su violencia.

    CAPITULO XXIX

    Las Comisiones

    A premio y trascendencia

    La vida oficial siempre se ha prestado y se prestará a la profunsión de este caso.

    Ni el país más abierto y democrático esté exento de la claudicación estos años ha hecho caso al asunto Shernan Adams, con el abrigo de vicuña que su señora regaló. Bernard Golfine, y las cuentas de Sheraton Hotel.

    La dirección empresarial tiene como responsabilidades:

    1.- Informar con claridad y seriedad a todo su personal.

    2.- Seleccionar con sumo esmero a los que se ocupen en gestiones comerciales o se relacionen con el público en general.

    3.- Vigilar siempre su personal y comparar sus ingresos con su tren de vida.

    4.- Sancionar los asuntos malos que se descubras.

    5.- Dotar a su personal con sueldos que no empujen a compensaciones equivocadas.

    6.- Coligar sus esfuerzos, con otras entidades para barrer este vicio.

    Nacimiento del Problema

    El recurso más elemental para comprender la clientela es el de los intereses creados. Y nada despierta tanto en los negocios el Interés como el dinero.

    Conclusión sobre las Comisiones Pasivas

    La comisión que se recibe a costa de la sociedad, cargando los precios de los artículos y elevando el coste de vida, es conjunta.

    La comisión que se recibe a costa de una disminución del margen legítimo de ganancias, del que la da puede no ser injusta, pero es rechazable.

    No siempre es censurable recibir insignificantes obsequios, prestados más bien como un detalle de delicadeza.

    Esfera legal

    CAPITULO XXX

    Agentes y Representantes

    Agentes comerciales

    Si el agente tiene una retribución fija como base de sus actividades, es un empleado cabal de la empresa y no un mandatario comisionista.

    Directrices más Interesantes

    Las dietas plantean situaciones delicadas a su conciencia. En las operaciones de venta ha de estar en guardia para otorgarlas a los intermediarios que la satisfacen, salvo las situaciones extremas.

    Los intereses de la empresa no justifican una propaganda.

    CAPITULO XXXI

    La Ley y su Origen

    Entendemos por ley una “ordenación razonable dirigida al bien común promulgada por la autoridad competente de la sociedad”. Es aplicable esta noción tanto a la Ley eterna de Dios como a la civil. Más aún: la ley divina es la que da consistencia a toda disposición legal.

    Aclaraciones Sobre la Ley

    Todas las prescripciones contenidas en la Biblia son de derecho divino positivo. Las normas más corrientes de moralidad son también de derecho natural: no hacer daño al prójimo, no matar, honrar a Dios, a los padres, no mentir. Están claramente inscritas en el corazón y la mente de toda la humanidad no degenerada.

    Una ley se caracteriza por universalidad e importancia. Las prescripciones restringidas a algunos sectores o menos trascendentes para el conjunto social se llaman decretos; su reglamentación pertenece más a la esfera administrativa, que detalla su cumplimiento por órdenes.

    El hombre de precepto, hablando con propiedad, se reserva para el mandato que un superior impone a su súbdito en particular.

    El Pecado y la Autoridad

    La definición agustiana tiene la ventaja de ir al corazón de las cosas; nos recuerda que toda legítima autoridad participa en el gobierno de Dios, mientras se atenga a los dictámenes de la razón y de la justicia.

    Solo hay pecado cuando se viola el orden divino. Entonces toda trasgresión se dirige contra la única Autoridad. El misterio de la Encarnación se multiplica: Dios se disfraza y hace presente de las más diversas maneras. Cualquier poder -eclesiástico, civil, familiar -está encarnado al eterno y único legislador.

    A esta luz resulta deplorable el talante de irrespeto hacia las autoridades temporales. La crítica y la oposición, cuando fuese precisa, debería hacerse con recato.

    CAPITULO XXXII

    Problemática De Seguridad Social

    La casuística se multiplicaría sin fin, pero casi, también, sin utilidad; porque los principios por los que se rige son muy contados.

    Basta analizar algunos conflictos para hacerse cargo de las directrices por las que se desemboca en la recta solución.

    Accidentes

    Figuran los accidentes de la cabeza de nuestra preocupación por el trabajador. Fue Eduardo Dato quien ya en 1900 legisló sobre ellos.

    Sucesivas leyes en tiempo de la Monarquía y dela República modernizaron la idea inicial, de modo que el actual régimen ha tenido que progresar menos por esta rama de seguridad.

    Tipificaremos una situación delicada en el caso de un fresador que acude a un pequeño taller después de su horario normal en otra fábrica. En él presta durante tres hora sus servicios fuera de nómina.

    Si la dirección del taller ignora la solución que el mecánico se apaño, no está obligada a resarcir a la otra entidad aseguradora de los desembolsos que indebidamente hace; menos aún del lucro cesante a la otra industria por la improductividad del operario.

    Seguro de Vejez

    Obliga la afiliación a los trabajadores por cuenta ajena comprendidos entre los catorce y sesenta años. Un aspecto del problema se refiere al abandono de esta responsabilidad. La culpa puede ser, bien de un de las partes contratantes, bien compartida por ambas, que descuidaron ampararse en la entidad gestora.

    Si el patrono ha utilizado medidas tendentes a la renuncia -de hecho ilegal -de la afiliación por parte del empleado, violaría sus derechos, en caso de arribar a la jubilación sin subsidio, en justicia correspondería a la empresa pasarle la pensión.

    Si el patrono se ha limitado al abandono de la seguridad su empleado, ¿Sería responsable en conciencia? Por un lado, le urge a él también, como complemento del contrato laboral, cuidarse de estos extranjeros. Por otro, en cambio, parece que presunto beneficiario tiene la puerta abierta para pedirla afiliación a la institución gestora. ¿Por qué le ha de obligar al patrono más que al trabajador?

    CAPITULO XXXIII

    Moderación, Condición Primera

    La relativa opulencia estatal, contraste con la pobreza popular, es una incomprensible transposición de órdenes. El padre Aspiazu advierte:

    El ideal deber ser Estado pobre y nación rica; y de ninguna manera Estado rico y nación pobre.

    Suiza es un rico con un Estado más bien pobre. Esto es propiedad y jerarquía de valores.

    La ausencia de la segunda condición, cuando se a del todo cierta, permitirá la justa detracción del exceso, según el juicio de personas prudentes.

    Proporción, Condición Segunda

    La última condición que legitima las cargas fiscales se refiere a la proporción justa. Contiene dos problemas principales: uno sobre la capacidad económica del contribuyente, otro sobre los tipos de contribución que, en realidad, respetan o lesionan las diversas capacidades financieras de los ciudadanos.

    En la práctica no hay, entre teólogos y juristas católicos, quien no defienda que el impuesto debe sustentarse según la resistencia económica de los contribuyentes, de modo que los de economía deficiente o alcanzada concurran en menor proporción que los otros.

    La ordenación práctica de la proporción implica cuestiones más técnicas que éticas, por lo que tan solo nos limitamos a sugerencias sencillas:

    1.- Es indispensable la preferencia del impuesto directo (sobre la renta) más que el indirecto (derechos reales, de consumo y utilidades, transportes, fielatos, aduanas), porque este alcanza casi por igual a todos los ciudadanos contra el principio de la equidad proporcional. Los gobiernos se dejan llevar de la mayor simplicidad al gravar los consumos, en los que las defraudaciones tienen menos lugar.

    2.- es indispensable la exención total o parcial, pero importante, a las familias numerosas, al menos dentro de niveles económicos modestos.

    CAPITULO XXXIV

    Problema Fiscal

    Margen Defraudadle

    Lo difícil será determinar el porcentaje de reducción sobre la cifra oficial. Habría, entre otras cosas, que calibrar con alguna aproximación el volumen de gastos razonables del Estado y la proporcionalidad de su reparto entre los contribuyentes. Entre las consignaciones oficiales siempre se hallarán algunas partidas de dudosa justificación. Lo procedente, en tales casos, será no tacharlas de injustas. De todos modos, las apariciones dejarán en penumbra la legitimidad de bastantes inversiones.

    La empresa o el ciudadano que, sin notable detrimento, puede satisfacer todas las cargas del fisco, aunque sean exageradas, tiene la obligación de cumplirlas sin detraer la fracción abusiva; pero no por la justicia, sino, por equidad, ejemplaridad y contribución al saneamiento de la situación inmoral.

    Doble Contabilidad

    Es hoy de rigor este sistema. En general, los moralistas comienzan por vituperar su manejos para terminar condescendiendo en la práctica con ella.

    Quien siga de cerca el mundo de los negocios se inclinaría a comenzar declarando la permisión de la doble contabilidad, para terminar abogando por un final drástico de la situación.

    Damos suficientemente a entender que es por ahora tan insostenible para no pocas industrias su posición que, de observar la leyes de la sinceridad, harían imposible su existencia.

    No son los funcionarios públicos quienes disfrutan de mejor posición ética durante las fases en las que la simulación se hace ley. Dada su participación en los fraudes detectados, se explica el afán de encontrarlos.

    Fisco y Familia

    La hacienda, como pedía la justicia, alivia el peso fiscal de los jefes de familia numerosa, es decir, a partir del cuarto hijo. Los papas han abogado por la protección estatal de la familia. En rigor, debería extenderse el favor al matrimonio. En cierta medida, aunque insuficiente, lo tiene en cuenta la legislación social laboral.

    La maquinaria oficial tarda en sincronizar sus exenciones con la nueva escala, a favor de los titulares de familia numerosa, a que se refería la ley del 13 de diciembre de 1943 y el decreto del 31 marzo de 1944.

    Los ingreso no mayores de 40,000 pesetas (o a 60,000 pesetas en caso de formar una renta conyugal de trabajo), disfrutan de exención total del impuesto de utilidades.

    Conclusión

    En conclusión podemos decir que:

    Los directivos de las empresas muestran su optimismo mediante la inversión para aumentar la producción. Sin embargo, a medida que continúa el auge empiezan a surgir obstáculos que impiden que éste se prolongue. Por ejemplo, crecen los costes de producción y la falta de materias primas puede también limitar la producción; se elevan los tipos de interés, así como los precios y los consumidores reaccionan al alza comprando menos. A medida que el consumo se queda por debajo del nivel de producción, aumenta el número de productos almacenados, lo que provoca una caída de los precios. Las empresas productoras empiezan a ahorrar y despiden a los trabajadores. Estos factores conducen a un periodo de recesión. Los empresarios se vuelven pesimistas según van cayendo los precios y los beneficios y deciden ahorrar el dinero en vez de invertirlo, con lo que se suceden los cortes de producción y el cierre de fábricas, hasta que el desempleo se generaliza.

    Bibliografía

    Gill Sánchez, Deontología de Ingenieros y Directivos de Empresa, editora: Aguilar, sociedad anónima, Madrid 1961.

    Deontología de ingenieros y directivos