Dánae y la lluvia dorada

Mitología griega. Zeus. Dioses. Mitos. Amores de Zeus. Iconografía

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DÁNAE Y LA LLUVIA DORADA

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN…. ……………………………………………………........ 3

ZEUS Y SUS AMORES……………………………………………………… 4

DÁNAE Y LA LLUVIA DORADA ………………………………………….. 6

ICONOGRAFÍA SOBRE DÁNAE…………………………………………… 8

BIBLIOGRAFÍA…………………………………............................................ 10

Dánae y la lluvia dorada

Dánae, Gustav Klimt

INTRODUCCIÓN

Desde hace tres milenios, la iconografía clásica ha sido una especie de cheque en blanco para los artistas, que han sabido aprovechar tan rica herencia recibida de la cultura helena. Escritores como Esquilo, Hesíodo, Heródoto, Ovidio y otros más, nos han transmitido multitud de mitos relacionados con los dioses olímpicos, donde se nos habla de un sinfín de dioses y héroes que luchan apasionadamente entre sí o contra los seres humanos (incluyendo romances y violaciones), capaces de lo mejor y de lo peor, componiendo así una vasta y amplísima mitología grecorromana.

En este trabajo, me centraré en uno de los tantos amores humanos de Zeus (que como dios supremo era, a su vez, el más caprichoso y el más enamoradizo) e intentaré analizar, desde el punto de vista iconográfico, un tema tan conocido como admirado: el de la bella Dánae.

Pintores tan importantes, como diferentes entre sí, han tratado el tema de Dánae. Entre éstos podemos destacar a Tiziano, Rembrandt, Klimt, Burne-Jones, Tintoretto y Corregio entre otros. Nos han dado el privilegio de poder contemplar a esta bella joven, que tuvo el gran honor de ser amada por Zeus. Dánae y la lluvia dorada

Dánae y la lluvia dorada, Theilig

ZEUS Y SUS AMORES

Antes de meternos en materia, no podemos evitar hablar del dios que protagoniza el mayor número de desvaríos y escándalos amorosos de la mitología griega: Zeus. Éste era hijo del más joven de los titanes, Crono, y de la hermana de éste, Rea.

Tras consultar un oráculo, Crono descubre que será destronado por uno de sus hijos, por lo que toma la decisión de devorarlos a medida que iban naciendo y manteniéndolos engullidos en sus entrañas, evitando así el riesgo de que alguien les devolviera la vida si directamente los mataba. Sin embargo, Rea se hartó un buen día de dar a luz hijos para el estómago de Crono, por lo que decidió salvar al niño que llevaba aún en sus entrañas.

Con mucha astucia, dio a luz de noche y en secreto, y cuando por la mañana el titán exigió su desayuno caníbal, Rea tuvo el tiempo de cambiar al recién nacido por una gran piedra, que debido a lo hambriento que estaba Crono, ni lo descubrió, ya que no masticaba sus manjares sino que se los engullía enteros. Así nació el pequeño Zeus.

Sin embargo, los problemas no habían terminado, más bien acababan de empezar. Crono enfurecido por el engaño, inició una despiadada búsqueda para encontrar al pequeño. Rea viendo el peligro que acechaba al niño, decidió esconderlo en Creta y dejarlo bajo la tutela de su nodriza, que lo colgó de un árbol, para que no pudiese ser encontrado ni en el cielo ni en la tierra ni en el mar. Respecto a este episodio en la vida de Zeus, hay varias versiones pero he creído oportuno optar por la más divulgada.

Así llegamos a su juventud, cuando intenta el asalto al poder, que no iba a ser tan fácil. Lo primero que hizo fue pedirle consejo a la diosa Metis (Prudencia) que posiblemente fuera, a la vez, su primera esposa. Ésta le suministró una droga a Crono, que le dio unas ganas insoportables de vomitar y sin poder evitarlo, echó a todos los hijos que había devorado, que curiosamente salían ya con la edad que les correspondía, siendo casi todos mayor que Zeus. Se unieron a él y juntos iniciaron una guerra contra su padre y contra los titanes, que será conocida como la Titanomaquia, que duró unos 10 años. Finalmente, tras la violenta guerra cósmica, vencieron Zeus y sus partidarios, que como castigo encadenaron a Crono y a los titanes en el lugar donde habían gobernado durante siglos, exceptuando a Atlas, que desde ese día tuvo que soportar de por vida el pesado mundo sobre sus espaldas. Finalmente, todo había acabado y el nuevo orden instaurado se repartió el botín de los vencedores. El reparto se hizo mediante sorteo, tocándole a Poseidón el poder sobre los mares, a Hades sobre el mundo subterráneo y a Zeus sobre la tierra. Los restantes hermanos, también recibieron su parte, pero serían inferiores a los anteriores. Así llegamos a un período de golpes de Estado para derrocar a Zeus, que hábilmente, pero también con mucha fortuna, consiguió salvarse.

Tras su pequeña biografía, llegamos a la parte que nos interesa: sus amores. Zeus tuvo infinidad de relaciones con otras divinidades, incluso con su madre Rea, a la que violó por ordenarle que no contrajera matrimonio, casándose al final con su hermana Hera. Con ella, llevará una relación de amor-odio presidida por la infidelidad de uno y por los celos de la otra. No relataré las mil y una relaciones amorosas con otras divinidades sino que me centraré en las que mantenía con las mujeres de carne y hueso, a las que conquistaba o forzaba, utilizando un sinfín de estratagemas, entre las que destaca la de convertirse en cualquier animal imaginable con tal de conseguir su propósito: poseer a las víctimas de sus pasiones.

DÁNAE Y LA LLUVIA DORADA

Así llegamos, en mi relato, hasta una de sus más famosas víctimas: la bella e inocente Dánae. Todo empezó en la mítica ciudad de Argos, situada en el golfo de Tirinto y capital de toda la Argólide, y donde gobernaban, alternándose, dos mellizos: Acrisio y Preto, hijos del famoso guerrero Abante y de su esposa Aglaya.

Acrisio era esposo de Eurídice, y de su matrimonio nació una hija: Dánae, la protagonista de nuestra historia. Ésta vivió una infancia feliz, ajena a la rivalidad que había entre su padre y su tío, provocada por la alternancia en el trono. Esta rivalidad fue aumentando debido a la imposibilidad de Acrisio de obtener un hijo varón, y a las miradas insinuantes de Preto hacia su hija Dánae, que hasta se le aparecían en pesadillas.

Esta tensión constante le hizo entrar en una locura iracunda, al pensar que su heredero vendría de la unión de Preto con su hija, por lo que decidió ir en busca del oráculo… Éste no pudo ser más inquietante y terrible: No sólo no tendría hijos varones, sino que su nieto, el hijo de Dánae, le daría muerte. Así Acrisio, entre un ataque de miedo e ira, recluyó a su hija en una sólida cámara para evitar cualquier contacto carnal de ésta con su tío.

En este punto, llegamos al episodio principal de la vida de Dánae: su unión con Zeus. Éste seguramente se enamoró de ella y decidió usar sus artimañas para conseguir su propósito. Hubiese podido romper la puerta y haberla raptado sin ningún problema, pero como caprichoso que era, quería mantener el secreto, evitando a su vez, que se enterara Hera.

Todo ocurrió en una noche estrellada. Dánae yacía desnuda en su lecho mientras soñaba con la ansiada libertad, cuando por una de las rendijas de la cámara, apareció Zeus, que transformándose en una suavísima lluvia dorada, entró dentro de la habitación. Así, gota a gota, fue cayendo Zeus sobre el cuerpo desnudo y asustado de Dánae, impresionada por tan importante visita. Estas gotas doradas, uniéndose en un abrazo luminoso y vibrante, la poseyeron, introduciéndole la semilla de una nueva vida: la del futuro héroe Perseo.

El hecho estaba ya consumado, cuando Dánae le pidió a Zeus la libertad y su salvación, a cambio de haberse entregado a él. Éste le pidió calma y le prometió su ayuda. Sin embargo, momentos después Acrisio descubre que su hija ha sido poseída, según él por Preto, y decide actuar rápidamente y con crueldad antes de que se cumpla el pronóstico del oráculo. Siguió cruelmente las reglas que imponía la tradición en estos casos: arrojar al niño al río más cercano, en este caso, al mar. Sin embargo, el niño no iría sólo ya que le acompañaría su madre, la cual estaba tranquila por la promesa divina recibida.

Así iniciaron los dos, Dánae y el pequeño Perseo, el viaje dentro del arcón que gracias a los vientos favorables y a las olas impulsadas por Poseidón, llegó a la isla de Sérifos, donde fueron rescatados por el pescador Dictis que los acogió en su casa.

A esta altura del relato es cuando desaparece prácticamente la figura de Dánae y emerge la figura de un semidios: su hijo Perseo, que fue quién posteriormente cortó la cabeza de la Gorgona e hizo que se cumpliera el oráculo sobre su malvado abuelo Acrisio. Todo ocurrió en unos juegos deportivos, donde Perseo lanzó un disco que, accidentalmente, golpeó mortalmente la cabeza de Acrisio, que murió al instante. Así, lo que no quiso hacer Perseo por propia voluntad, se cumplió por voluntad divina. Cumplido el oráculo, ya nos queda poco que contar sobre Dánae, que seguramente encontró la felicidad viendo como su hijo se convertía en un ser vigoroso e inteligente.

Dánae y la lluvia dorada

Dánae llega a Sérifos, Waterhouse

ICONOGRAFÍA SOBRE DÁNAE

Como hemos dicho anteriormente, en la introducción, el tema de Dánae ha sido muy utilizado a lo largo de la Historia del Arte, debido a su interés mitológico a lo atractivo de su historia, siendo uno de los amores humanos de Zeus, como bien ya sabemos.

Respecto a la iconografía, podemos decir que en la mayoría de las obras que la representan, aparece en el momento más importante de su vida: cuando Zeus transformado en lluvia dorada la posee. Fue muy utilizado, sobretodo, en el Renacimiento italiano, donde pintores como Tiziano, Tintoretto o Corregio pusieron las bases de su iconografía.

Normalmente, aparece tendida desnuda sobre su lecho de la torre de marfil (que iconográficamente se nos muestra como una simple alcoba), en el momento que se vislumbra una lluvia dorada, simbolizada casi siempre con monedas, que van cayendo sobre su cuerpo. Su físico es siempre el de una bella joven, siempre desnuda, y de cabellos rubios (canon renacentista) que simbolizan pureza, aunque en el siglo XIX se retrata ya a Dánae según los canones de belleza de esa época.

Compartiendo la escena suele aparecer la figura de Eros, dios del amor, hijo de Venus y de Marte. Se nos muestra con forma de niño alado, armado con un arco y flechas. Eros no aparece en el mito, aunque se sabe que ayudaba a Zeus en sus travesuras amorosas. Así sabemos que el artista lo ha elegido como personaje enviado por Zeus, con la finalidad de facilitarle el cumplimiento de su objetivo. En el cuadro de Tiziano, Eros, por mandato divino, se encarga de levantar el mantón que cubre el cuerpo desnudo de Dánae.

Dánae y la lluvia dorada

Dánae, Tiziano

En otras ocasiones, aparece una especie de alcahueta, que suele ser una mujer mayor, que intenta, desesperada e inútilmente, evitar que las gotas alcancen a la virginal Dánae, que sin embargo, espera ansiosamente recibirlas. La alcahueta suele aparecer junto al lecho de la joven, mirando hacia la inesperada visita e intentando evitar con su mandil, que las gotas toquen a Dánae.

Dánae y la lluvia dorada

Dánae, Tiziano

En estas escenas, también aparece en algunas ocasiones un perro, que simboliza la infidelidad (ya que está dormido) de Dánae hacia su propia virginidad. El perro como símbolo de Fidelidad se empezó a utilizar a partir del Renacimiento, ya que anteriormente era muy mal visto, sobretodo, desde que en los textos bíblicos se nos cuenta que las llagas de Lázaro eran lamidas por un perro, simbolizando la miseria.

Así llegamos al personaje secundario de la escena, pero más importante: Zeus transformado en lluvia dorada. Seguramente, los escritores antiguos eligieron la lluvia por ser el símbolo de la acción del cielo sobre la tierra, llegándola a considerar muchos pueblos, la unión sexual de ambos, cielo y tierra, atendiendo a sus resultados de fecundidad: las cosechas fructifican gracias a la lluvia. En muy pocas ocasiones aparece un Zeus figurativo sino que sólo vemos la lluvia dorada en la que se ha transformado.

Por último, podemos hablar del cromatismo, del que podemos decir que el lecho de Dánae suele ser siempre blanco, simbolizando así su pureza y su virginidad, mientras que la lluvia dorada, aparece con tonos rojizos, simbolizando la pasión desenfrenada del dios.

BIBLIOGRAFÍA

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