Cuaresma y Semana Santa

Religión cristiana. Liturgia católica. Actos litúrgicos cristianos. Viacrucis. Miércoles de ceniza. Vigilia pascual

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Cuaresma

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el miércoles de ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

40 días

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Miércoles de Ceniza

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.


Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.


Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gen. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf. Mc1, 15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf. Gen 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver LC 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la reconciliación y la eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el despego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Alejandro Magno "Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos Llegar a la pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados".

Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de Ia coherencia con la propia vocación cristiana" (Juan Pablo II).

Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome.

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Éste es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.

2. Luchando por cambiar.

Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.

3. Haciendo sacrificios.

La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa "hacer sagrado". Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.

4. Haciendo oración.

Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.

Ayuno y abstinencia

El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día. La abstinencia consiste en no comer carne. Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo

La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad.

Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.

El ayuno y la abstinencia se pueden cambiar por otro sacrificio, dependiendo de lo que dicten las Conferencias Episcopales de cada país, pues ellas son las que tienen autoridad para determinar las diversas formas de penitencia cristiana.


¿Por qué el Ayuno?

Es necesario dar una respuesta profunda a esta pregunta, para que quede clara la relación entre el ayuno y la conversión, esto es, la transformación espiritual que acerca del hombre a Dios.

El abstenerse de la comida y la bebida tienen como fin introducir en la existencia del hombre no sólo el equilibrio necesario, sino también el desprendimiento de lo que se podría definir como "actitud consumís tica".

Tal actitud ha venido a ser en nuestro tiempo una de las características de Ia civilización occidental. El hombre, orientado hacia los bienes materiales, muy frecuentemente abusa de ellos. La civilización se mide entonces según la cantidad y la calidad de las cosas que están en condiciones de proveer al hombre y no se mide con el metro adecuado al hombre.

Esta civilización de consumo suministra los bienes materiales no sólo para que sirvan al hombre en orden a desarrollar las actividades creativas y útiles, sino cada vez más para satisfacer los sentidos, la excitación que se deriva de ellos, el placer, una multiplicación de sensaciones cada vez mayor.

El hombre de hoy debe abstenerse de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos: ayunar significa abstenerse de algo. El hombre es él mismo sólo cuando logra decirse a sí mismo: No.

Semana Santa

El jueves, el viernes y el sábado santos, o triduo pascual, simbolizan el cambio del mundo viejo al nuevo, son los días de renovación a través de la búsqueda y muerte de Jesús. Estos días son de liturgias especiales y no se ofrecen misas personales de ningún tipo.

 En estos días se recuerda la última cena de Jesús, con sus 12 discípulos; la traición de Judas, que entregó a Jesucristo para que fuera sentenciado y condenado a muerte; el vía crucis y la crucifixión.

 El vía crusis es el camino de la cruz, el recorrido que hace Jesús coronado de espinas, cargando el travesaño donde será clavado, hacia la cima del monte del Calvario. En ese recorrido Jesús recibe los azotes e insultos de la guardia romana, cae exhausto en tres ocasiones y vive además el inmenso dolor de su madre, María, y de María Magdalena.

Las catorce estaciones del vía crusis simbolizan para los cristianos el camino de dolor que lleva a la resurrección del espíritu. El viernes santo a las tres de la tarde se cumple el episodio más triste de la Semana Santa; la muerte de Cristo.

 El sábado de gloria se celebra la vuelta del espíritu de Cristo al reino de Dios. En nuestro país, los fieles acostumbran arrojarse agua. El domingo de resurrección se alcanza el momento de mayor júbilo en este calendario: Jesucristo vuelve desde la muerte.

Aparece más tarde en distintas ciudades, ante algunos de sus seguidores, a quienes pide que prosigan con la realización y difusión de su mensaje. Así concluye la Semana Santa.

 Esta fiesta que simboliza la renovación de la humanidad misma, está regida por el calendario litúrgico de la iglesia católica, por lo que sus fechas son movibles, varían en sus inicios entre finales del mes de marzo y principios del mes de abril de cada año.

 Una de las festividades típicas es la que se efectúa el Viernes Santo en la ciudad de San Luis Potosí, conocida como la Procesión del Silencio, en la que el pueblo sale a la calle a presenciar el desfile de encapuchados,, diferentes cofradías de hombres y mujeres y la exposición de grandes imágenes que muestran las etapas del sufrimiento de Jesucristo y la Virgen María su crucifixión y muerte.

Es célebre la procesión de Taxco, Guerrero, en la que participan muchos paisanos lacerándose, en penitencia por los pecados cometidos y en busca de recibir la gracia de Cristo que rememoran.

Jueves Santo

El Jueves Santo abre el Triduo pascual con la Eucaristía vespertina porque así como la Cena del Señor marcó el inicio de la pasión mientras Jesús se encamina a la donación de su vida en sacrificio expiatorio para la salvación del mundo, establece su mediación objetiva en el rito convivial de la nueva alianza, y releva su inmensa caridad, que es la base de su pasión y de su muerte.

La Eucaristía, símbolo y fuente de caridad, sugiere una respuesta de amor agradecido mediante la adoración del Santísimo Sacramento (en el lugar de la reserva solemne) hasta la media noche, cuando comienza la memoria de la pasión y de la muerte.

Viernes santo

El Viernes Santo es el día de pasión y muerte del Señor y del ayuno pascual como signo exterior de nuestra participación en su sacrificio.

Este día no hay celebración eucarística, pero tenemos la acción litúrgico después de medio día para conmemorar la pasión y la muerte de Cristo. Cristo nos aparece como el Siervo de Dios anunciado por los profetas, el Cordero que se sacrifica por la salvación de todos.

La cruz es el elemento que domina toda la celebración iluminada por la luz de la resurrección, nos aparece como trono de gloria e instrumento de victoria; por esto es presentada a la adoración de los fieles.

El Viernes Santo no es día de llanto ni de luto, sino de amorosa y gozosa contemplación del sacrificio redentor del que brotó la salvación. Cristo no es un vencido sino un vencedor, un sacerdote que consuma su ofrenda, que libera y reconcilia, por eso nuestra alegría.

Sábado santo

El Sábado Santo es el día de la sepultura de Jesús y de su descenso al lugar de los muertos, es decir, de su extremo abajamiento para liberar a los que moraban en el reino de la muerte.
 

Este es el día de espera litúrgica por excelencia, de espera silenciosa junto al sepulcro: el altar está desnudo, las luces apagadas; pero se respira un ambiente de fervorosa espera, llena de paz y cargada de esperanza.

Viacrusis

ESTACION I
 

Jesús sentenciado a muerte.

Jesús ratificó con su poder sacerdotal la sentencia que lo condenaba a muerte. . .

Acepta el alma amorosamente la sentencia divina que la constituye víctima, aceptándola como tal: ¡Jesús, "eccevenio", aquí estoy para cumplir tu voluntad!
 

ESTACION II

 

Jesús recibe su cruz.

 La cruz que el alma, a semejanza de Cristo recibe sobre sus hombros, es el dolor o conjunto de dolores, que según la disposición divina la han de inmolar.

Y Con qué amor recibe el alma la cruz bendita! ¿Tiene Jesús algo mejor que dar en este mundo a los que ama?

 
ESTACION III

 
Jesús cae por primera vez.

A las veces la víctima ha de sufrir desmayos.

Jesús quiso caer para que el alma no se desaliente cuando el dolor la oprima y para que esté segura del auxilio que Jesús le mereció.
 

ESTACION IV

 
Jesús encuentra a su Santísima Madre.

 ¡Qué dulce es pensar que María estará a nuestro lado a la hora de la inmolación. La Santa Madre es quien forma a las víctimas.

 En su seno, en su corazón, me formaré. Formar víctimas es formar a Jesús. ¿ Se puedes ser víctima sin transformarse en EL?

 
ESTACION V

 
Simón, el cireneo, ayuda a Jesús.

 Jesús quiere que le ayudemos a llevar la cruz, no tanto para aliviarle su carga, cuanto para participarnos su gloria y su dicha. Siendo tan generoso, ¿podía reservarse para El solo tan gran riqueza?

 !OH tesoro divino de la Cruz, lo más rico y dulce que existe en la tierra! ¡La última palabra del amor!

 
ESTACION VI

 
Jesús graba su Divino Rostro en el velo de la Verónica.

 Para ser víctima hay que transformarse en Jesús. La gran Víctima debe grabar en el alma su imagen, no la manera superficial, sino profunda; pero su imagen dolorosa, ¡la que tiene sangre y polvo y la saliva! ¿Cuándo será la anhelada transformación?

 
ESTACION VII

 
Jesús cae por segunda vez.

 Las caídas de Jesús enseñan al alma que para ser víctima, hay que descender hasta lo profundo del dolor...

 
ESTACION VIII

 
Jesús consuela a las mujeres que lo acompañan.

 La víctima perfecta, y sobre todo la Víctima sacerdotal, deber olvidarse de su dolor y de su inmolación para atender y consolar a los demás, como Jesús se olvidó de sus dolores para enseñar a las piadosas mujeres.

 
ESTACION IX

 
Jesús cae por tercera vez.

y A qué profundidades debe llegar la víctima! Pero con El, que quiso arrastrarse en la tierra para acompañarnos en nuestras inmolaciones.

 
ESTACION X

 
Los verdugos desnudan a Jesús.

La víctima debe estar espiritualmente desnuda: ¡ qué divina desnudez es necesaria para llegar al dolor amoroso y fecundo!

 

ESTACION XI

 
Jesús es clavado en la Cruz.

 Tenderse sobre la cruz, es ser colocada sobra el altar, es el glorioso destino del alma víctima, su anhelo supremo, su dicha cumplida. Allí encuentra a Jesús como en ninguna otra parte; es tálamo sangriento y feliz de Jesús y del alma.

 
ESTACION XII

 
Jesús muere en la Cruz.

 Morir con Jesús, morir por Jesús, morir en Jesús, es el acto específico y sacerdotal del alma víctima. ¡Si Jesús me concediera morir mártir! ¡Pero me concederá, sin duda, morir víctima!

 
ESTACION XIII

 
Jesús muerto en los brazos de su Madre.

 ¡Qué gozo saber que las manos inmaculadas de María nos ofrecen en el momento solemne del sacrificio y que nos han de recibir al bajar de la cruz! ¡Manos inmaculadas de María! ¡Manos maternales! ¡Manos sacerdotales!

 
ESTACION XIV

 
Jesús en el sepulcro.

 La última etapa de la víctima es el olvido y la abyección del sepulcro a donde descendió Jesús. ¡El sea bendito!.

Vigilia pascual

Esta Vigilia es la más grande y santísima noche del año, la celebración antigua, más importante y más rica de contenido.

No se vela porque Cristo resucitó en la noche o para esperar la resurrección, sino para expresar que vivimos en espera, en la vigilancia y en la esperanza de la venida del Señor, del cumplimiento del nuevo y definitivo paso con él.

En el centro de los ritos iniciales se encuentra el cirio, símbolo de Cristo resucitado; a su luz se escucha luego la lectura de la Palabra de Dios en la que se evoca la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección y exaltación de Cristo; sigue la primera participación en la Pascua por medio de la recepción del Bautismo o de la renovación de los compromisos bautismales con la profesión de fe; y por último la Eucaristía, banquete de la nueva alianza, en que Cristo, Cordero pascual que se ha hecho nuestro alimento, destruye la muerte nos da nueva vida.

Domingo de ramos

En la Semana Santa se celebran los misterios de salvación realizados por Cristo en los últimos días desde su entrada mesiánica en la ciudad de Jerusalén.

La semana santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triundo de Cristo -aclamador como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión con la proclamación de la narración evangélica en la Misa.

Los ramos no son algo así como un talismán, ni un simple objeto bendito, sino el signo de la participación gozosa en el rito procesional, expresión de la fe de la Iglesia en Cristo, Mesías y Señor, que va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres. Por eso, este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento, que es lo propio del Misterio Pascual.

Los días que van hasta el jueves santo pertenecen al tiempo cuaresmal, pero están caracterizados por los últimos acontecimientos de la vida del Señor, con exclusión de otras celebraciones.

En la mañana del Jueves Santo (o en otro día cercano), el obispo celebra, junto con su presbiterio, la Misa Crismal o de los Santos Oleos, en la que se bendicen los óleos que se usarán para la celebración de los sacramentos. 


Indicaciones Litúrgicas Pastorales  
 

* Las tres formas de realizar la celebración:

1) La Procesión.
 

Es la forma más expresiva, aunque también la más difícil, pues requiere de dos lugares diferentes de celebración: un lugar donde se congrega al pueblo, se bendicen los ramos, se acompaña procesionalmente al celebrante, que presenta a Cristo, con la palma o ramos en la mano, entonando cantos de victoria, hasta la Iglesia en donde se va a celebrar la Eucaristía.

2) La Entrada solemne.
 

Si no se dispone de un lugar adecuado, distinto de la iglesia, se puede recurrir a esta modalidad. En un espacio conveniente de la misma iglesia se bendicen los ramos y se lee el evangelio de entrada de Jerusalén, y desde allí el sacerdote celebrante, con los ministros y algunos fieles, desde sus lugares, siguen con sus palmas y cantos de aclamación esta marcha. No tiene sentido hacer la procesión saliendo de la iglesia para entrar de nuevo en la misa.

3) La Entrada sencilla.
 

Si no se puede hacer ni la procesión desde fuera ni la entrada solemne desde otro espacio de la iglesia, se debe al menos dar un relieve especial al canto de entrada de la Misa. A través del canto y de las moniciones los fieles aclaman al Señor victorioso que inicia su Misterio Pascual. Se podría hacer también que el pueblo repitiera solemnemente la antífona de entrada del Misal, junto con el Salmo 23 que da sentido a la fiesta.

En cualquiera de estas formas hay otro aspecto que no convendría olvidar. El papel de los niños, así como a Jesús lo aclamaron en Jerusalén. Ha sido tradición antiquísima de la iglesia el canto y el protagonismo de los niños en esta celebración.