Consecuencias de la desamortización

Historia de España. Desamortización de Mendizábal

  • Enviado por: Yoiko
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Tema 9. Análisis y valoración de las medidas desamortizadoras.

La desamortización y sus consecuencias.

La desamortización de los bienes eclesiásticos, obra de Mendizábal, fue impulsada en 1836 para aliviar la asfixia de las finanzas publicas, aunque venia siendo crónica desde hacia varias décadas, se incrementaba por causa de los enormes gastos que ocasionaba la Primera Guerra Carlista.

La desamortización era pues prácticamente inevitable, y ello por varias razones, además:

  • Era uno de los puntos principales del ideario liberal, que en este aspecto se hacia eco de las ideas de algunos ministros ilustrados del siglo XVIII.

  • Era incluso una necesidad perentoria en aquel momento, si se quería evitar el triunfo del carlismo y el retorno del absolutismo de la década anterior. Para ello era necesario pertrechar eficazmente al ejercito liberal, que se enfrentaba, no siempre con éxito, al acoso de las guerrillas carlistas.

  • Era la mejor ocasión para castigar a la Iglesia, por el apoyo que prestaba al carlismo una gran parte de ella: los frailes y el bajo clero.

  • Con la desamortización se trataba de crear una base social de apoyo a la monarquía liberal: los propietarios de la tierra en este caso, que eran los beneficiarios directos y absolutos de la venta de los bienes eclesiásticos.

  • Las consecuencias de la desamortización fueron muy negativas, se pudo paliar momentáneamente la grave situación que padecía la Hacienda publica, no por ello dejo de causar graves daños a los campesinos, despojados desde ese momento de las tierras de la iglesia, que venían cultivando desde hacia siglos, quedando reducidos en muchísimos casos a la más absoluta miseria. La desamortización contribuyo además a incrementar el numero y el tamaño de los latifundios, dado que los lotes de tierras subastados sólo podían ser comprados por grandes fortunas, a pesar del descenso de su precio, provocado sin duda por la avalancha súbita de tierras al mercado en función del libre juego de la oferta y la demanda.

Los conflictos entre la regente y los liberales progresistas desembocaron en el año 1836 en el pronunciamiento de los sargentos de La Granja, circunstancia que obligo a María Cristina de Borbón a acatar la Constitución de 1812. Se inicia el Gobierno progresista de José María Calatrava, con Mendizábal como ministro de Hacienda.

Análisis y valoración.

La reforma agraria liberal forma parte del proceso de sustitución del Antiguo Régimen por la sociedad capitalista que en España se produjo en la primera mitad del siglo XIX. Durante este proceso se abolieron los señoríos jurisdiccionales, los privilegios de la Mesta y se avanzo hacia el proceso de consolidación de la propiedad privada.

En todo ello desempeño un papel muy importante la desamortización, que consistió en la incautación de la mayor parte de las tierras de la Iglesia y de los ayuntamientos, lo que permitió que fueran vendidas en publicas subastas. De esta forma se consolido la propiedad privada de la tierra y desaparecieron las formas de explotación compartidas, que eran incompatibles con el crecimiento económico contemporáneo. A cambio de sus propiedades, la Iglesia recibió una serie de compensaciones como el que figurara una partida en los presupuesto generales del Estado para el sostenimiento del clero.

Aunque la razón principal de la desamortización fue la deuda de la Hacienda, muchos que la apoyaron la venta de las propiedades pensaban que la liberación de la propiedad rural mejoraría la agricultura en España.

A continuación, vamos a proceder a exponer de forma breve el proceso desamortizador en nuestro país y concluiremos con las consecuencias que derivan del mismo.

La desamortización se inicio durante el reinado de Carlos IV para poder financiar los gastos de la guerra, pero es en la primera mitad del siglo XIX cuando se produce el grueso de la actividad desamortizadora; primero con Mendizábal en la década de los 30 y a continuación en los años 50 durante el bienio progresista.

La primera es conocido como desamortización eclesiástica y fue llevada a cabo a partir de 1836 por el ministro de Hacienda Mendizábal. Su principal objetivo fue obtener los fondos necesarios para financiar la guerra carlista. Inicialmente se vendieron las tierras y propiedades del clero regular y en 1841 las del secular.

La segunda etapa conocida como desamortización Madoz fue conocida como desamortización civil o general y tuvo lugar en 1875, consistiendo en la venta de los bienes del Estado, municipios y otras instituciones o entidades sin compensación.

En este caso además de obtener dinero para el Estado se pretendía consolidar una clase media social que apoyara al régimen liberal, así como fomentar el desarrollo económico mediante obras publicas y construcción de ferrocarril. La mayor parte de las ventas se realizaron en los decenios siguientes a la Ley aunque a finales de siglo continuaron vendiendo tierras.

La desamortización produjo una transformación radical de la propiedad, y así a finales del siglo XIX, se había consolidado la propiedad privada transformando la tierra en un bien que se podía comprar y vender libremente y habían cambiado de dueño miles y miles de edificios y parcelas agrarias. La mayor parte de los que compran las tierras eran personas que ya tenia recursos para comprarles y que casi nunca eran cultivadores directos sino funcionarios, militares, propietarios, etc...

El hecho de que los compradores no fueran básicamente agricultores hace que la desamortización sea vista como una oportunidad perdida de haber realizado una reforma agraria que hubiera permitido una mayor justicia sociales. No podemos olvidar que la desamortización va unida a un proceso de consolidación del Estado liberal, que había sido amenazado durante el primer tercio del XIX por los partidarios del Antiguo Régimen y que tenían unos ingresos fiscales insuficientes para cubrir sus gastos.

Por lo tanto, podemos concluir indicando que aunque la desamortización no produjo una reforma agraria ni condujo a la industrialización, tampoco puede ser considerada un fracaso, puesto que tuvo lugar otro objetivo: como el de paliar los problemas de la Hacienda, además propuso una gran cantidad de tierras de cultivos en manos de individuos con mayor interés en obtener beneficios y en la permanencia del régimen liberal.

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