Conciencia y prudencia

Principios éticos. Jucio: mal y bien. Conciencia moral. Control de calidad. Reflexión

  • Enviado por: Chema Cabeza Rodríguez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas

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TRABAJO

DE ÉTICA

CONCIENCIA Y PRUDENCIA

TRABAJO PARA LA ASIGNATURA: ÉTICA

Este trabajo está sacado del libro de Filosofía de 1º de Bachiller del Colegio Tabladilla.

“Tema 16. Control de Calidad: Conciencia y Prudencia”.

SUMARIO

  • Juicio sobre el Bien y el Mal.

  • Control de calidad.

  • ¿Se puede vivir sin conciencia?

  • El arte de la Prudencia.

INTRODUCCIÓN

El tema sobre la conciencia ha sido abordado por la mayoría de los filósofos porque es la fuente del conocimiento de la actuación del ser humano.

Hay leyes y cumplirlas es la obligación del ciudadano, pero en innumerables casos nos encontramos con que la interpretación o la forma de aplicarlas depende mucho de unos a otros. Incluso habrá veces que se entienda que se va contra ellas, pero el ser humano no es un autómata y tiene dentro de sí una capacidad que le obliga en determinadas circunstancias a obrar en un cierto sentido.

Estamos hablando de la “conciencia” o “voz interior” que todos los individuos poseemos, y esto, es lo que hace que haya distintas actuaciones en función de las características o personalidad de cada uno.

Valga como introducción la cita de Gandhi:

He desobedecido a la ley no por querer faltar a la autoridad, sino por obedecer a la ley más importante de nuestra vida: la voz de la conciencia.”

JUICIO SOBRE EL BIEN Y EL MAL

Todo el mundo actúa en su vida. Pero eso no quiere decir que actúe bien. Dentro de sí, todo el mundo sabe que hay cosas que honradamente no se deben hacer aunque la gente las haga.

Al haber nacido libres, debemos elegir, aunque lo más difícil es acertar cuando elegimos. Por eso, nos hace falta una especie de brújula dentro de nosotros que nos oriente y nos indique la dirección en que debemos actuar.

Esta brújula es la conciencia. Por tanto, la conciencia juzga dentro de nosotros sobre el bien o el mal. Sobre la moralidad o no de lo que vamos a hacer. Es nuestra razón que nos ayuda diciéndonos si una cosa es buena o es mala. Pero, por supuesto, que nuestra razón se ve influida por lo que nos han enseñado a lo largo de nuestra vida. La razón reúne todo lo que hemos aprendido y nos orienta.

El juicio de la conciencia no es arbitrario, porque se funda en la realidad de las cosas y del propio hombre. Su sentencia no es sólo una mera información sobre la moralidad sino que se presenta con la fuerza de ser “la exigencia de nosotros a nosotros mismos”.

CONTROL DE CALIDAD

Si repasamos la historio veremos que siempre hay una espacie de sexto sentido que nos informa del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, en todos los individuos y en todas las sociedades.

Desde Confucio y Sócrates, se ha llamado conciencia moral a una especie de “control de calidad” de las acciones humanas por el cual la inteligencia ejerce una especie de autocontrol sobre los actos.

El mecanismo consiste en que el ser humano que es capaz de lo mejor y de lo peor, cuando tiene que luchar por algo utiliza todo lo que posee: su inteligencia. Esta inteligencia es capaz de auto someterse constituyendo un auténtico autocontrol. Este control de uno mismo y de sus actos se llama conciencia moral.

Por un lado, es una especie de código de conducta impuesto por nuestra educación. Pero no sólo influye la educación, también lo hace la amistad, el trabajo o el respeto a las leyes. Se trata de frutos necesarios e inevitables.

La conciencia moral no es que un bello invento sino que es el desarrollo lógico de la inteligencia. Pertenece a la esencia humana y forma parte de la estructura psicológica de la persona. El juicio moral es el juicio sobre la realidad.

La conciencia mide la dimensión moral de nuestros actos, pero puede -como cualquier otra cosa en la vida- funcionar bien o mal. Aunque se encuentra en todos los individuos y en todas las sociedades, su medición corre el peligro de ser falseada por los intereses particulares, por las pasiones, por los prejuicios o por las modas. En este caso hablamos de conciencia errónea.

Pero no siempre la conciencia es capaz de ser el reflejo estricto de la realidad moral de las cosas. Y sin llegar a ser conciencia errónea puede ser conciencia estricta cuando exigimos más de lo razonable o conciencia laxa cuando exigimos muchísimo menos de lo debido.

Por todo esto resulta necesario educar la conciencia. La educación de la conciencia se debe hacer desde la niñez y no interrumpirse en ningún periodo. Es necesaria para llegar a formar una auténtica conciencia moral correcta.

Esta conciencia moral correcta lleva consigo el equilibrio personal y supone respetar las tres reglas de oro:

  • Hacer el bien y evitar el mal.

  • No hacer a nadie lo que no quieras que te hagan a ti.

  • No hacer el mal para obtener el bien.

¿SE PUEDE VIVIR SIN CONCIENCIA?

“La falta de conciencia evitaría el sentimiento de culpa y sin este viviríamos felices”. Así piensan los que les gustaría suprimir la conciencia como si fuera un resto pasado de moda de épocas antiguas. Según su misma lógica, podrían suprimir los tribunales y nadie sería condenado. Y siguiendo con el razonamiento podríamos eliminar todo lo que nos moleste a cada uno. Al final probablemente estaríamos todos enfrentados.

Desde Caín existe la pretensión de prescindir de la conciencia. Los sofistas griegos y después Nietzsche propugnaban una conducta humana al margen de la justicia y de la moral.

Frente a ellos, Sócrates afirma que la medida de todas las cosas no debe estar en el hombre, sino en Dios. Por esta razón, desde Sócrates, la conciencia ha sido considerada como la misma voz de Dios, que habla al hombre por medio de su inteligencia.

No es posible vivir sin conciencia, porque aunque uno no lo quiera, siempre sentirá dentro de sí esa voz que le criticará todos los hechos que ocurran a su alrededor y los actos que vaya a realizar y no podrá acallarla.

EL ARTE DE LA PRUDENCIA

La conciencia es el juicio de la inteligencia sobre la moralidad de los actos. Pero un juicio moral no es un diseño de la conducta, por lo mismo que interpretar un semáforo no es igual que saber conducir.

Necesitamos conducir constantemente nuestra vida, evitando tropezones y accidentes.

La inteligencia es capaz de ver el presente y “olerse” el futuro. Por eso la inteligencia es capaz de prever y prevenir. Esta actividad de previsión es lo que se llama prudencia. Es decir, ver las consecuencias antes de actuar. “Verlas venir”.

La prudencia es una cualidad teórica y práctica a la vez; conocimiento directivo que requiere estudio, mucha experiencia, petición de consejo y reflexión ponderada. El hombre prudente es reflexivo, pues aunque el no y el si son breves de decir, a veces se debe pensar mucho.

Pedir consejo es lo propio y lo más importante cuando alguien quiere actuar con prudencia y no tiene claro qué camino debe seguir.

Hay que saber que la reflexión al servicio del mal no es prudencia porque no se puede perseguir un fin bueno por un camino malo.

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