Comportamiento y actitudes

Creencias. Sentimientos. Itención. Pensamiento. Predicción. Influencias. Autorrepresentación. Disonancia cognitiva. Autoobservación. Estímulo. Autocontradicción

  • Enviado por: Patricia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas

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TEMA 4: COMPORTAMIENTO Y ACTITUDES

Actitud es la reacción evolutiva, favorable o desfavorable, hacia algo o alguien, que puede manifestarse en creencias, sentimientos o comportamientos deliberados. Cuando cuestionamos la actitud de alguien, estamos valorando nuestras creencias y sentimientos sobre esa persona y el comportamiento resultante.

Cuando enjuiciamos las actitudes, lo hacemos a través de una de las 3 dimensiones del ABC de las actitudes:

  • Affect = afecto (sentimientos)

  • Behavior = comportamiento (intención)

  • Cognition = cognición (pensamientos)

  • ¿Las actitudes determinan el comportamiento?

    Se trata de determinar la relación, si la hay, entre lo que somos (interiormente, causas de disposición) y lo que hacemos (exteriormente, causas de disposición). La creencia general es que nuestras creencias y sentimientos privados determinan nuestro comportamiento público.

    En el comienzo, los psicólogos sociales estaban de acuerdo en que si se conocía la actitud de las personas, se podría predecir su comportamiento. Pero estudios posteriores demostraron que ello no era cierto, que las actitudes expresadas por las personas no pueden predecir sus comportamientos, porque la gente puede no hacer lo que dice que va a hacer. Tampoco los rasgos de personalidad permiten predecir el comportamiento.

    La tendencia más general acepta que el comportamiento está condicionado por influencias sociales externas, y apenas tienen importancia los factores internos.

    ¿En qué casos las actitudes predicen el comportamiento?

    Podemos actuar en contra de nuestras actitudes porque éstas y nuestro comportamiento estén sometidos a otras influencias. Hay varias condiciones en las que las actitudes predicen el comportamiento:

    • Cuando minimizamos las influencias sociales sobre las actitudes expresadas.

    Las expresiones (como otras formas de comportamiento) están sometidas a influencias externas; a veces decimos lo que pensamos que los demás quieren oír. Para evitar esta influencia social, los investigadores idearon el procedimiento de la línea falsa, que consiste en engañar a las personas, convenciéndolas de que una máquina puede medir sus respuestas psicológicas para medir sus actitudes privadas. Luego se les pide que prevean el resultado que dará la máquina, y así revelan sus actitudes reales.

    • Cuando minimizamos otras influencias sobre el comportamiento.

    El comportamiento no se puede “medir” únicamente en función de una actitud aislada, puesto que las influencias sociales sobre el comportamiento pueden ser muchas y muy variadas. Es el principio de agregación, es decir, es más evidente la influencia de una actitud sobre un comportamiento cuando observamos un agregado de comportamientos en lugar de actos aislados.

    • Cuando la actitud se correponde estrechamente con el comportamiento previsto.

    Cuando la actitud observada es muy general (ej. , actitud hacia los gitanos) y el comportamiento muy específico (ej., ayudaría a una pareja de gitanos) no suele haber una correspondencia cercana entre lo que se dice y lo que posteriormente se hace. Pero en el caso de que actitud sea muy específica, sí predecirá el comportamiento.

    • Cuando la actitud es fuerte.

    En ocasiones nuestro comportamiento es adaptativo, las actitudes están “adormecidas” (decir ”hola” automáticamente en un vestíbulo); es una situación cotidiana y conocida. Pero en situaciones nuevas, nuestro comportamiento es menos automático, pensamos antes de actuar. Es decir, que nuestras actitudes guían nuestro comportamiento si pensamos en ellas. Y las personas que tienen una mayor conciencia de sí mismas tienen una mayor coherencia entre la actitud y el comportamiento (entre palabras y hechos).

    Además, adquirimos actitudes de tal manera que unas veces son fuertes y otras no (son más fuertes si se han adquirido por experiencia o algo nos las recuerda); y las actitudes fuertes guían el comportamiento con coherencia.

    ¿El comportamiento determina las actitudes?

    Tenemos tendencia no sólo a actuar según la forma en que pensamos, sino también a pensar en función de cómo actuamos. Defendemos lo que creemos, pero también llegamos a creernos lo que defendemos.

    Al desempeñar un rol, nos sentimos extraños en un principio, pero a la larga acabamos asumiendo y creyendo estas normas que defines nuestro comportamiento en esa posición social, las interiorizamos y las hacemos propias.

    Además, cuando no existe una justificación externa convincente para lo que se dice, esto se transforma en lo que se cree. Ello está relacionado con los roles y con el efecto de lo que se dice se transforma en lo que se cree, porque solemos adaptar lo que decimos para complacer a quienes nos escuchan y al hacerlo, creemos el mensaje modificado.

    ¿Por qué las acciones influyen sobre las actitudes?

    Existen 3 teorías sobre esta influencia: la teoría de la autorrepresentación, la teoría de la disonancia cognitiva y la teoría de la autoobservación.

  • T. de la autorrepresentación: expresamos actitudes que nos hacen parecer coherentes. Causar buena impresión en los demás implica una recompensa social (de aceptación), y una mayor seguridad en uno mismo. Para no parecer contradictorios, expresamos actitudes que están de acuerdo con nuestras acciones. Y para parecer consecuentes, fingimos actitudes en las que no creemos. Ello tiene que ver con los niveles de automonitoreo de las personas; a mayor nivel de automonitoreo, más facilidad en apoyar actitudes con las que no se está de acuerdo. Por el contrario, un bajo nivel de automonitoreo conduce a actitudes que predicen el comportamiento.

  • T de la disonancia cognitiva: nuestras actitudes cambian porque estamos motivados para mantener la coherencia entre nuestras cogniciones. A veces tenemos que adoptar actitudes contrarias a nuestras convicciones. Según la teoría de la disonancia cognitiva, cuando esto sucede, sufrimos una tensión, y para reducirla, modificamos nuestros pensamientos, nuestras actitudes.

  • Esta tensión, y en consecuencia la disonancia, se reduce por el efecto de la justificación insuficiente: si la justificación externa es insuficiente, reducimos la disonancia justificándonos internamente el comportamiento propio. Por ello, estamos más motivados a creer en lo que hemos hecho y el cambio de actitud es mayor.

    En ocasiones, se produce la disonancia después de tomar una decisión. Para reducirla en estos casos, solemos aumentar el valor de la opción elegida y degradando la no escogida. Así, decidir se convierte en creer

  • T de la autoobservación: cuando no estamos seguros de nuestras actitudes, nos situamos en la postura de alguien que las ve desde fuera, sobre todo en situaciones en que no somos capaces de justificar nuestro comportamiento sobre presiones externas.

  • La disonancia como estímulo.

    Si la disonancia es un estado provocado de tensión desagradable, podemos pensar que nos estimula a actuar de una determinada manera, para reducir dicha tensión.

    Autoobservación cuando no autocontradicción.

    Según la teoría de la disonancia, sentimos tensión y modificamos nuestro comportamiento para reducirla. Entonces la teoría de la disonancia explica el cambio de actitud.

    En las situaciones en que nuestras actitudes no se hayan bien formadas, la teoría de la autoobservación explica cómo se forma la actitud.

    Tema 4 Comportamiento y actitudes

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