Bioética del SIDA (Síndrome De Inmunodeficiencia Adquirida)

VIH (Virus De La Inmunodeficiencia Humana). Principio de Autonomía, Beneficencia, Justicia. Dilema ético. Discriminación. Libertad. Derechos Humanos

  • Enviado por: Nines
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
publicidad
publicidad

PROBLEMÁTICA ÉTICA DEL SÍNDROME DE INMUNODEFICIENCIA ADQUIRIDA . ANÁLISIS Y DESARROLLO BAJO EL PUNTO DE VISTA DE LA BIOÉTICA : DILEMAS ÉTICOS EN TORNO AL PRINCIPIO DE AUTONOMÍA, PRINCIPIO DE BENEFICENCIA , Y PRINCIPIO DE JUSTICIA.

BREVE RESEÑA CIENTÍFICA EN RELACIÓN CON EL SIDA.

La OMS considera que existen ya en el mundo un total de más de dos millones y medio de personas afectadas por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y unos trece millones que se encuentran en la situación de ser portadores del virus que causa la enfermedad conocida como SIDA, el VIH.

Esta enfermedad, que comenzó siendo una enfermedad que afectaba al “mundo desarrollado”, es hoy una enfermedad que tiene especial incidencia en el llamado “Tercer Mundo”.

La actual situación de España es particularmente grave, ya que se sitúa en el primer lugar en cuanto al número de casos por millón de habitantes. El uso de drogas por vía endovenosa es la vía de transmisión más frecuente en España, seguida de las relaciones homosexuales y de las heterosexuales. La transmisión de madre a hijo sólo supone el 1,1% de los casos.

El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida se transmite a través de tres cauces: sangre, semen y otras secreciones sexuales, y el cauce materno-filial: embarazo, parto y lactancia. Se han desarrollado test para su detección mediante la localización de los anticuerpos que el virus produce, aunque se ha de tener en cuenta el llamado “periodo ventana” en el que se puede estar infectado pero aún no se han desarrollado los anticuerpos y que puede durar un plazo de tiempo de hasta seis meses.

Debido a las tres vías de transmisión, se empezó a hablar de determinados grupos de riesgo (homosexuales, heroinómanos y hemofílicos). Esto produce la falsa opinión de que los no pertenecientes a dichos grupos están libres de la posibilidad del contagio y acentúa la discriminación de la que pueden ser objeto homosexuales y drogadictos. Por ello, y por su incurabilidad, hoy en día, el SIDA es una enfermedad que encierra una gran problemática de tipo social y moral. El tratamiento con ciertos fármacos consigue importantes mejoras en la calidad y cantidad de vida de estos pacientes pero desgraciadamente no es curativo de la enfermedad.

Los profesionales de la salud tienen un riesgo relatívamente pequeño, pero evidente, en el ejercicio de su profesión. Actualmente, el riesgo de seroconversión se valora entre un 2 y un 3 por mil en caso de accidente fortuito (pinchazo).Por todas las características de la enfermedad es necesario resaltar la importancia de la educación sanitaria en cuanto a hábitos y medidas preventivas como el uso de preservativos y de jeringuillas y agujas desechables.

DILEMAS ÉTICOS EN TORNO AL PRINCIPIO DE AUTONOMÍA

Según Ferrer, la sanidad pública es entendida como “los esfuerzos de la sociedad para proteger y promover la salud de sus miembros”. Sin embargo, medidas para proteger la salud pública como el aislamiento o las cuarentenas, que se dieron con tanta frecuencia en nuestro pasado histórico, y que eran medidas tomadas para proteger la salud pública, suponían un atentado directo a las libertades y derechos de las personas afectadas.

El debate ético que supone la tensión existente a la vista de una enfermedad como el SIDA, debe afrontarse desde la amplia perspectiva que nos ofrece la Carta de los Derechos de los Enfermos (1973), pudiendo pasar así a analizar los problemas más frecuentes:

  • Aislamiento de los afectados por el VIH.

Es éticamente inaceptable privar de la libertad a cualquier persona basándose no en lo que ha hecho, sino en lo que podría hacer más adelante, es decir, no se puede aislar a una persona por la posibilidad de transmitir una enfermedad en el futuro por la circunstancia de padecer esa enfermedad ahora.

Esta medida, además de carecer totalmente de ética y humanidad, sería tecnológicamente y económicamente inviable. El aislamiento de los infectados por el VIH es una medida que va en contra de los derechos humanos fundamentales de las personas .

Por todo esto, deben seguirse medidas centradas en la prevención, la información y la voluntariedad y responsabilidad de las personas en cuanto a individuos pertenecientes a la sociedad..

  • Exigencia de un cribado universal realizado con el fin de detectar las personas que hayan sido infectadas por el virus VIH.

Los principales motivos que se derivarían de esta exigencia y que, en un principio, favorecerían la salud pública, se basarían en que este cribado podría servir para conocer las dimensiones reales de la epidemia y para que los afectados pudieran conocer su situación y evitar comportamientos que supusieran riesgos para ellos mismos y para los demás. Sin embargo, un cribado universal no asegura que los seropositivos se abstengan de conductas de riesgo, ni constituye un último recurso para luchar contra esta enfermedad, y a la vez amenaza valores como la libertad , privacidad y confidencialidad de la persona (J.F.Childress.). Realizar las pruebas de detección del VIH es éticamente exigible en el caso de donación de órganos, tejidos, sangre y semen, ya que está demostrado el riesgo de contagio y el hecho de donar es un acto voluntario y libre, por lo que es ético exigir el test previo del VIH.

En cuanto al sometimiento del test a todas las mujeres embarazadas, nos remitimos a lo anteriormente expuesto en cuanto al cribado universal aunque sí es correcto que se ofrezca el test a toda la mujer que voluntariamente lo desee. Dejando por un momento el ámbito hospitalario, sí hemos de reseñar que está totalmente injustificado que se exija el test a personas que ya han sido admitidas en un trabajo, dado que las condiciones del medio laboral no suponen ningún riesgo de contagio.

Existen varios problemas que inciden fundamentalmente en la población estadounidense: la posible inclusión del test en licencias matrimoniales, su aplicación masiva a pacientes hospitalizados y su exigencia por parte de las compañías de seguros. En los estados de Illinois y Louisiana, ya se han incluido las pruebas en las licencias matrimoniales, lo que ,además de constituir una violación de la libertad, la privacidad y la confidencialidad, es una medida ineficaz, una mala política sanitaria y comporta un significativo número de falsos positivos y de falsos negativos. Por otra parte, el test rutinario a todos los enfermos hospitalizados no está debidamente justificado porque la protección del personal sanitario puede conseguirse adoptando las necesarias medidas de precaución que deben ser generalizadas.

Las compañías de seguros justifican por razones económicas la exigencia del test, y aunque no sea lo ideal parece que es imposible evitarlo aunque deben guardarse estrictamente el cumplimiento de unas ciertas garantías como el consentimiento informado del interesado y la confidencialidad del resultado.

Otro problema supone la consideración de si el test del VIH debe extenderse a los profesionales de la salud. Nos quedaremos aquí con las palabras de Ferrer: “ un riesgo teórico no basta para fundamentar una obligación ética generalizada a los sanitarios seropositivos de practicar la profesión... Mucho menos autoriza una intervención social de carácter coactivo , con test generalizados a los profesionales de la salud.”

DILEMAS ÉTICOS EN TORNO AL PRINCIPIO DE BENEFICENCIA.

Antes del VIH, existía un equilibrio entre la exigencia ética del personal sanitario de actuar en beneficio del enfermo y la comparación de los riesgos que entraña la práctica de la profesión ( no estar expuesto a graves riesgos de contagio). Este riesgo de contagio es ciertamente bajo (seroconversión por pinchazo es de un 2-3 por mil. El debate ético surge del interrogante sobre cómo justificar la exigencia de atención que puede conllevar que los profesionales de la salud asuman un riesgo cuya razonabilidad es discutible.

J.D.Arras propone fundamentar la obligación ética “en la noción de tradición moral, enraizada en la historia viviente de la profesión”, idea que coincide con el punto de vista de A.R.Jonsen que demuestra que el ideal y el principio de beneficencia han estado siempre presentes en la tradición médica y por ende en el resto de las profesiones sanitarias. Los profesionales médicos y los profesionales de enfermería, tienen deberes éticos que otros no tienen, por eso Pellegrino sostiene que cierto grado de sacrificio personal y de altruismo son obligatorios. La posición del bioeticista D.Gracia, se basa en que la asistencia a los enfermos de SIDA debería realizarse con personal incentivado, pero este sistema plantearía graves problemas como un insuficiente tratamiento de los afectados por el VIH.

Por último Ferrer concluye : “Una vez que se ha afirmado la existencia de una obligación individualizada de manera inequívoca, queremos añadir la deseabilidad del establecimiento de incentivos para atraer voluntarios a los servicios de asistencia de SIDA.” La sociedad tendrá que garantizar en caso de contagio ocupacional, que el profesional sanitario no sufrirá discriminaciones, tendrá acceso a los necesarios servicios médicos y a una compensación que garantice su seguridad y la de su familia.

DILEMAS ÉTICOS EN TORNO AL PRINCIPIO DE JUSTICIA.

Art. 25 de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.”

El derecho indiscutible de todos los ciudadanos a recibir asistencia sanitaria se fundamenta en los siguientes principios: el derecho a la vida y a la salud de toda persona, la afirmación de la igual dignidad de todo ser humano y la obligación del estado de proteger a la sociedad en su conjunto.

Todo esto es aplicable a los enfermos por VIH , como dijo Justiniano: “Casos iguales exigen tratamientos iguales.” No hay que olvidar que todos los afectados por el SIDA son casos iguales y no hay que discriminar a ningún afectado por el virus por ningún motivo.

En conclusión podemos afirmar que el personal de enfermería y el resto del personal sanitario, deberán cuidar sin ningún tipo de discriminación a las personas afectadas por SIDA o a las personas seropositivas y, para ello, debe estar preparado para dar los cuidados integrales que estos enfermos precisen con el mismo nivel de calidad que para el resto de los pacientes.

El paciente afectado por VIH se encuentra en una situación sumamente difícil, por lo que la enfermera ha de mantener una actitud solidaria y sin discriminación, y ser una vía de educación sanitaria para ellos, para sus familiares y amigos y en general para toda la sociedad. Si bien ha quedado claro que existen riesgos de posibilidad de contagio para el profesional de enfermería, y que al escoger esta profesión se acepta la existencia de dichos riesgos, la enfermera tiene el derecho a trabajar con las medidas de seguridad y de prevención oportunas para prevenir al máximo el posible contagio.