Baudrillard

Cultura contemporánea. Crisis política. Masa. Medios audiovisuales. Sida. Cirugía plástica

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J. Baudrillard

Baudrillard

Sociología del Consumo

El pensamiento de Jean Baudrillard se desarrolla con la fuerza evocativa de las imágenes y las metáforas. La construcción de su escritura parece a veces confirmar sus argumentos teóricos: es una escritura que discurre en la asociación libre de ideas pero que no parece sujeta a un plan de análisis. Sino mas bien una serie de fragmentos encendidos que recurren y toman de prestado de diferentes esferas del lenguaje su voz. Lo que hace dificultoso plantear una lectura crítica que contenga cierta rigurosidad en el desarrollo argumentativo y conceptual. Entonces se tiene la sensación de transitar un filo peligroso y no delimitado entre literatura y ciencias sociales.

Dentro del amplísimo abanico de posiciones con respecto a temáticas tan variadas como la crisis de representación política, desaparición de las instituciones deliberativas o la aparición del fenómeno de la videopolítica; hay dos filones teóricos que pueden identificarse y descubrirse las fronteras conceptuales que los separan.

Uno quizá esté sostenido en "A la sombra de las mayorías" por Baudrillard, en donde después de sentar el concepto de Masa enuncia la imposibilidad de su representación en lo social: ni política ni medial.

El otro aparece más común y cercano ya que está un poco más en consonancia con los grandes enfoques sobre el estudio de medios; en donde si bien se asume la crisis de representatividad política tradicional, se reconoce también el surgimiento de nuevas modalidades de representación medial de naturaleza audiovisual.

En Baudrillard la masa existe pero su representación no es posible, con lo que la masa no es el "espejo de lo social ni lo social es el espejo de ella".

No puede representarse porque ha dejado de ser referente, desdibujada como objeto se ha transmutado en una esponja que lo absorbe todo: donde los signos pierden su significado y los discursos articulados desaparecen.

Baudrillard comienza a desmitificar ciertos lugares comunes de la politología tradicional, pero no va mas allá. Porque el poder político no sólo no está reificado en esa apatía, sino que está lanzado obsesivamente a llamar la atención de la masa, a inventar nuevas estrategias de poder que funcionen sobre el ansia de espectáculo que reclaman las mayorías, a montar cada acto según las leyes que exige el show para que tenga su lugar en la pantalla. La videopolítica entonces desacraliza la política, crea la ilusión de mayor cercanía entre políticos y ciudadanos, inventa una proximidad que cambia la escala entre sistema político y esfera masiva bajo la modalidad de lo audiovisual.

La t.v. como nuevo espacio de lucha política pide a cambio nuevos estilos, formas discursivas sencillas y mas directas que las de las instituciones del sistema, aceleración en el planteo de los problemas y en el diagrama de las soluciones.

Escamotea así tanto el contexto de los conflictos como la historia de los procesos e intensifica todo en un presente perpetuo en donde el futuro es imposible de vislumbrar y el pasado ha perdido su espesor. La progresión geométrica en la sucesión ininterrumpida de los acontecimientos hace que estos, a fuerza de repetición, se conviertan en leves imágenes que ya no reclaman para sí compromiso de ningún tipo por parte del que las ve.

En la escala del compromiso todos los lugares son lejanos y equidistantes de nuestra pantalla, en incluso en el acto nostálgico de nombrarlos (Monrovia, Sierra Chica) se experimenta la volatilidad de lo que aconteció y ya no existe mas.

El fenómeno mediático ha devenido lugar común en la cultura contemporánea.La manipulación informativa atañe igualmente a los procesos políticos, históricos, inclusive los electorales. Acerca del ''montaje propagandístico de los acontecimientos" y de los temas inquietantes del aquí y ahora

Vídeo, pantalla interactiva, multimedia, Internet, realidad virtual: la interactividad nos amenaza por todos lados.

Lo que estaba separado se ha confundido en todas partes, y en todas partes se ha abolido la distancia: entre los sexos, entre los polos opuestos, entre el escenario y la sala, entre los protagonistas y la acción, entre el sujeto y el objeto, entre lo real y su doble. Y esta confusión de los términos, esta colisión de los polos hacen que en ningún sitio exista ya un juicio de valor posible: ni en arte, ni en moral, ni en política.

Mediante la abolición de la distancia, del ''pathos de la distancia'', todo se vuelve indeterminable. Incluso en el ámbito físico: la excesiva proximidad del receptor y de la fuente de emisión crea un efecto Larsen que interfiere en las ondas.

La excesiva proximidad del acontecimiento y de su difusión en tiempo real crea una indeterminabilidad, una virtualidad del acontecimiento que le quita su dimensión histórica y lo sustrae a la memoria.

Que las tecnologías de lo virtual produzcan lo indeterminable, o que sea nuestro universo indeterminable el que suscita a su vez esas tecnologías, incluso esto es indeterminable.

Y todo esto se consolida dondequiera que opere esta promiscuidad, esta colisión de los polos.

Incluso en el reality show, donde se asiste, en la emisión en directo, en el acting televisivo inmediato, a la confusión de la existencia y de su doble. Ya no hay separación, ni vacío, ni ausencia: uno entra en la pantalla, en la imagen virtual sin obstáculo.

Uno entra en su propia vida como en una pantalla. Uno enfila su propia vida como una combinación digital.

A diferencia de la fotografía, del cine y de la pintura, donde hay un escenario y una mirada, tanto la imagen vídeo como la pantalla del computer inducen una especie de inmersión, de relación umbilical, de interacción táctil, como decía ya McLuhan de la televisión. Inmersión celular, corpuscular: uno penetra en la sustancia fluida de la imagen para modificarla eventualmente, del mismo modo que la ciencia se infiltra en el genoma, en el código genético, para transformar desde ahí al cuerpo mismo. Uno se mueve como quiere y hace lo que quiere con la imagen interactiva, pero la inmersión es el precio de esta disponibilidad infinita, de esta combinatoria abierta.

Lo mismo ocurre con el texto, con cualquier texto ''virtual'' (Internet, Wordprocessor). Aquello se trabaja como una imagen de síntesis, lo que no tiene ya nada que ver con la trascendencia de la mirada o de la escritura. Ahora bien, es en la separación estricta del texto y de la pantalla, del texto y de la imagen, donde la escritura es una actividad de pleno derecho, nunca una interacción.

Del mismo modo, sólo en la separación estricta del escenario y de la sala el espectador es un actor de pleno derecho. Pero resulta que todo concurre hoy en día a la abolición de esta fractura: la inmersión del espectador se vuelve algo fácil, interactivo. ¿Apogeo o fin del espectador? Cuando todos se vuelven actores ya no hay acción ni escenario. Fin de la ilusión estética.

EL SIDA ¿VIRULENCIA O PROFILAXIS?

El Sida, como los virus informáticos o el terrorismo, llegan cuando un cuerpo, un sistema o una red expulsan todos sus elementos negativos y se resuelven en una combinatoria de elementos simples.

La medicina actual ya no puede hacer nada contra la patología actual del cuerpo, como tampoco se puede afrontar los posibles problemas que máquinas, convertidas ya en no-cuerpos, puedan presentar.

Nuestra forma de vida explica perfectamente enfermedades como el cáncer y el sida. Cuando los cuerpos se entregan a las fantasías genéticas se desorganizan sus sistemas defensivos rompiéndose su lógica biológica.

En un espacio sobre protegido el cuerpo pierde todas sus defensas. Es sabido que en lo quirófanos la profilaxis es tan grande que no hay microbio o bacteria que pueda sobrevivir. Y es allí mismo, desde el fondo de ese espacio absolutamente limpio, donde vemos surgir enfermedades misteriosas, anómalas, virales. Pues los virus resisten y proliferan en cuanto tienen un espacio libre. En el fondo, mientras había microbios no había virus. En un mundo expurgado de sus viejas infecciones, en un mundo “clínico” ideal, se despliega una patología implacable, surgida de la propia desinfección.

Es conocida la autorregulación espontánea de los sistemas, que producen sus propios accidentes y sus propios frenazos para sobrevivir contra sus propios principios.

Si el sida, el terrorismo, el crac, los virus electrónicos movilizan, además de a la policía, a la medicina, la ciencia y los expertos, a toda imaginación colectiva, es porque son, sin duda, algo más que simples episodios en un mundo irracional. Es porque encarnan toda la lógica de nuestro sistema, del que sólo son, de algún modo, los puntos de cristalización espectacular.

Lo mismo ocurre con la liberación sexual: es ya el principio del fin de cierto proceso de goce. Si la promiscuidad sexual total se realizara, el sexo mismo se aboliría en su desencadenamiento asexuado. Esta explicación vale también para el crac y las transacciones económicas. La especulación como fenómeno extremo, como turbulencia, detiene la emancipación total de los intercambios reales .

Así, la catástrofe puede revelarse como una estrategia bien atemperada de la especie, o mejor dicho nuestros virus, nuestros fenómenos extremos, muy reales, pero localizados, permitirían conservar intacta la energía de la catástrofe virtual, que es el motor de todos nuestros procesos, tanto en economía, como en política, en arte como en historia.

TODOS SOMOS TRANSEXUALES

En un doble sentido: lo transexual es a la vez un juego de la indiferenciación ( de los polos sexuales) y una forma de indiferencia al goce ( es el leimotiv de la liberación sexual), lo transexual reposa sobre el artificio, ya sea en el artificio anatómico de cambiar de sexo o el juego de los signos indumentarios, morfológicos o gestuales característicos de los travestis.

Es probable que la liberación sexual haya sido sólo una etapa en la consecución de la transexualidad. Al liberar todas las virtualidades del deseo, la revolución sexual lleva a preguntarse por la orientación de cada uno. Tal es un resultado paradójico de toda revolución: con ella comienzan la indeterminación, la angustia y la confusión. Pero también otros muchos placeres: la elección, la pluralidad, la democracia.

NECROSPECTIVA EN TORNO A MARTÍN HEIDEGGER

En líneas generales, el caso Heidegger es sintomático del revival colectivo que se ha apoderado de esta sociedad a la hora de efectuar el balance secular: revival del fascismo, del nazismo, del exterminio… Muy débil ha de ser nuestra imaginación actual, y muy grande nuestra indiferencia ante nuestra propia situación y nuestro propio pensamiento para que tengamos necesidad de una taumaturgia (capacidad de realizar prodigios) tan regresiva.

Olvidamos demasiado que toda nuestra realidad ha pasado por el hilo de los media, incluidos los sucesos trágicos del pasado. Eso significa que es demasiado tarde para verificarlos y comprenderlos históricamente, pues lo que caracteriza precisamente nuestra época, nuestro fin de siglo, es que los instrumentos de nuestra inteligibilidad han desaparecido

El caso Heidegger, es un ejemplo de las convulsiones ridículas de esta pérdida de realidad, y cuya traducción cínica pasa por la proposición de Faurisson, “Esto no ha existido”

ELOGIO DE UN CARC VIRTUAL

Vivimos bajo el signo de la catástrofe virtual. Esto se halla relacionado con un estado de cosas que apareció en esta ocasión de manera deslumbrante: la distorsión entre economía ficticia y economía real

Hoy en día no podemos soñar con el final de este tipo de economía (economía política).

Lo que observamos en la realidad es la transformación de dicho modelo económico en otro sistema transeconómico, caracterizado por la especulación (la ley del valor, las leyes del mercado, la producción, la plusvalía, la lógica misma del capital), y que por tanto, no tiene ya nada de político ni de económico.

LA ECONOMÍA VIRAL

El sida, el crac bursátil, los virus electrónicos, estamos mimados en materia de acontecimientos altamente contagiosos, de esta especie de desencadenamientos intempestivos intercontinentales que ya no afectan a Estados, individuos o instituciones, sino a estructuras enteras, transversales: el sexo, el dinero, la información y la comunicación.

Los tres no son intercambiables, pero tienen un aire de familia. El sida es sin duda una especie de crac de los valores sexuales, los ordenadores, infectados hoy por una especie de sida, desempeñaron, no lo olvidemos, un papel “virulento” en el crac de Wall Street, pero su contaminación galopante podría muy bien parecerse, a su vez, a un crac de los valores informáticos. El contagio no es activo solamente en el interior de cada sistema, sino que juega de un sistema a otro.

Tampoco es la menor paradoja ver que la economía regrese triunfalmente al orden del día, incluso en los media ( no olvidemos que el universo de los media es también un universo viral, y que la circulación de las imágenes y los mensajes funcionan como un rumor perpetuo)

Es el triunfo de la economía virtual liberada de las economías reales (no real sino virtualmente, por supuesto, pero es que hoy en día no es la realidad, sino la virtualidad la que ostenta el poder), de una economía viral que en este punto se une a todos los otros procesos virales.

LA DESPRESURIZACIÓN DE OCCIDENTE

Con el caso Rushdie, Jomeini (Ayatollah de Irán) ha iniciado una nueva era en la historia de la toma de rehenes. Lo más incómodo es, como se sabe, almacenar al rehén y conservarlo.

Jomeini ha realizado la proeza de mandar detener y vigilar al rehén por las propias potencias occidentales. Y a través de Rushdie ha conseguido que todo occidente se convierta en rehén.

No estamos en la cabeza del ayatollah ni en el corazón de los musulmanes, y tampoco se trata de abrazar sus creencias ni sus pasiones. Todo cuanto podemos hacer es escapar a ese pensamiento débil y dogmático que consiste en imputar todo aquello al fanatismo religioso.

Sólo podemos oponer los derechos del hombre, flaco recurso para tan duro ataque que, en cualquier caso, forma parte de la deficiencia política inmunitaria.

Ni siquiera se trata a un “minusválido” de minusválido; tan grande es el miedo que nos inspira el Mal que nos atiborramos de eufemismos para evitar designar al Otro, a la desgracia, a lo irreductible.

NINGUNA PIEDAD PARA SARAJEVO

El origen del problema reside en nuestra realidad (Occidente). Sólo tenemos una realidad y hay que salvarla. Aunque sea mediante el peor de los eslóganes: “Hay que hacer algo. No podemos no hacer nada”. Ahora bien, hacer lo que sea por la simple razón de que no se puede dejar de hacerlo no ha constituido nunca un principio de acción ni de libertad. A lo sumo, una forma de absolución de la propia impotencia y de compasión para con el propio destino.

Los habitantes de Sarajevo no necesitan plantearse este problema. Allí donde están, se hallan en la absoluta necesidad de hacer lo que hacen, de hacer lo necesario. Sin ilusión respecto al final, sin compasión hacia sí mismos. Aquello es estar en lo real, es ser real.

En todas partes el Nuevo orden Intelectual sigue las vías por el Nuevo Orden Mundial.

En todas partes, la desgracia, la miseria, el sufrimiento de los demás se han convertido en la materia prima y la escena primitiva. La victoria variada de los derechos del hombre como única ideología fúnebre.

El déficit y la desgracia, al igual que la deuda internacional se negocian y se revenden en el mercado especulativo, en este caso el mercado político-intelectual, que equivale al complejo militar-industrial siniestra existencia.

LA CIRUGÍA PLÁSTICA DE LA ALTERIDAD

Con la modernidad entramos en la era de la producción de lo Otro (entendido como el mundo, , cuerpo, relación sexual o social). Ya no se trata de matarlo, devorarlo o seducirlo, de hacerle frente o de rivalizar con él, de amarlo u odiarlo, se trata ante todo de producirlo. Ya no es un objeto de seducción sino de producción

Ocurre otro tanto con la diferencia sexual: cada sexo con sus características anatómicas y psicológicas, con su deseo propio y todas las peripecias insolubles que se derivan de él, incluidas la ideología del sexo y del deseo, y la utopía de una diferenciación sexual fundada a la vez en el derecho y la naturaleza.

No hay que reconciliarse con el otro, ni con el proio cuerpo ni con el extraño. No hay que reconciliarse con la naturaleza, ni con lo femenino (también válido para las mujeres). Ahí reside, pues, el secreto de una atracción extraña.

LA IMPOTENCIA DE LO VIRTUAL

La extensión de lo virtual ( que no incluye sólo las nuevas imágenes o la simulación a distancia, sino todo el ciberespacio de la geofinanza, el de los multimedia y de las autopistas de la información) toca todos los aspectos de la realidad.

Esta extensión conlleva una desertización sin precedentes del espacio real y de todo lo que nos rodea. Con las autopistas de la información ocurrirá lo mismo que con las de tráfico. Anulación del paisaje, desertización del territorio, abolición de las distancias reales

Otro de los posible peligros sería el del fenómeno de la Masa Crítica. Conocemos sus datos en el plano cosmológico (Expansión: Bin Bang; Contracción: Big Crunch).

Por lo demás, cabría preguntarse si no hemos traspasado ya ese umbral y si la catástrofe de la información no está de hecho ahí en la medida en que la profusión multimediática de los datos se anula por sí misma y en que el balance en términos de sustancia objetiva de la información es, ya, negativa.

No hay, pues, “amos del mundo”, sólo hay amos de la transparencia, y no es porque su dinero, sus productos o sus ideas atraviesen sin obstáculo las fronteras de un mercado mundializado por lo que es preciso inclinarse ante esta supremacía de lo virtual por aquello que no sería sino una nueva forma de servidumbre voluntaria.

SERBIODUMBRE OCCIDENTAL

Al precio de un esfuerzo sobrehumano y de tres años de matanzas dispersas, pero sobre todo al término de una humillación de las fuerzas de la comunidad internacional, parece que la opinión occidental ha reconocido por fin, a regañadientes y con todas las reservas posibles, que los serbios han sido los agresores.

Lo que está en juego con todo esto es la consideración del Mal. Al denunciar a los serbios como “psicópatas peligrosos” nos jactamos de haber localizado el Mal sin dudar un solo momento de la pureza de nuestras intenciones democráticas.

El imperialismo ha cambiado de rostro. Lo que Occidente quiere imponer en el futuro en el mundo entero, bajo el manto de lo universal, ya no son sus valores, completamente desarticulados, sino precisamente su ausencia de valores.

DESCONGELACIÓN DEL ESTE Y FIN DE LA HISTORIA

El acontecimiento del final del siglo está en marcha. Todo el mundo respira ante la idea de que la Historia, asfixiada un momento por el dominio de la ideología totalitaria, reanuda su curso de la mejor de las maneras con el levantamiento del bloqueo de los países del Este.

El campo de la Historia se ha reabierto por fin al movimiento imprevisible de los pueblos y su sed de libertad. Contraponiéndose así a la mitología depresiva que suele acompañar los fines de este siglo, ésta parece llama da a inaugurar un deslumbrante recrudecimiento del proceso final, una esperanza nueva y un relanzamiento de todas las bazas.

La URSS y los países del Este han constituido, al mismo tiempo que un congelador, un test y un medio experimental para la libertad, que estaba allí secuestrada y sometida a altísimas presiones.

La fuente de la libertad se ha agotado hasta tal punto en occidente (testigo de la conmemoración de la Revolución) que tenemos que esperarlo todo en los yacimientos del Este, finalmente abiertos y redescubiertos

Cuando ocurra totalmente, es una incógnita, puede ir muy rápido, precisamente porque no se trata de una construcción sino de una deconstrucción total de la Historia, que adopta casi una forma viral y epidémica.

VIOLENCIA PSICÓLICA . LA DROGA

Las drogas en general fascinan en la misma medida en que provocan rechazo, y su ambivalencia es definitiva desde la perspectiva de la razón occidental.

En la actualidad las drogas tienen mucho que ver con fenómenos contemporáneos “anomàlicos”. Lo anomàlico es lo que resulta del exceso de organización, de regulación y de racionalizaciòn del sistema.

En otros tiempos, los márgenes anómicos constituían la oportunidad de racionalizar más; hoy es la superracionalización del sistema lo que provoca y refuerza los accidentes anomálicos.

En la sociedad occidental el consumo de drogas está vinculado a la saturación del universo del consumo a la vez como apogeo y como parodia de éste mismo consumo, como anomalía contestaría de un mundo del que había de escaparse porque estaba demasiado lleno.

Podemos condenar la existencia de las drogas y sus comportamientos, pero a la vez podemos estar seguros de que la sociedad que quiera extirparlas y liberar de ellas al cuerpo social correrá el mayor de los riesgos.

La única solución consistiría en restaurar inmunidades y defensas simbólicas, pero nuestro sistema tiende, a destruir las inmunidades naturales y sustituirlas por inmunidades artificiales: prótesis.

La droga, todas las drogas son vectores de exorcismo: exorcizan la realidad, el orden social, la indiferencia de las cosas.

El problema del uso de las drogas debe tratarse con estrategias, no unilaterales o de distinción entre el uso y el abuso, pues nadìe podría fijar limites versátiles entre ambos.

Cuando occidente ocupa el lugar del muerto

La impotencia militar occidental para reaccionar contra la agresión serbia es igual a la imposibilidad de poner en juego la vida de uno solo de sus soldados.

Que Occidente ya no pueda poner en juego la vida de uno solo de sus soldados podría hacer pensar a que estamos frente aun grado más alto de civilización, donde incluso el ámbito militar coincide con el humanitario y el respeto a los derechos sagrados de la vida humana. De hecho, ocurre todo lo contrario, y el destino de ese soldado virtual, de ese soldado que ya no es tal, se perfila a imagen y semejanza del destino del hombre civilizado, cuyas bazas y valores colectivos han desaparecido ampliamente y cuya existencia no puede, por tanto, ser sacrificada a nada: sólo se pone en juego lo que puede tener algún valor por sí mismo..

La eliminación de toda cultura extranjera, de toda minoría singular bajo el signo de la limpieza étnica, y la eliminación de la muerte misma como singularidad, bajo el signo de la protección y de la supervivencia a cualquier precio están relacionadas en un plano profundo.

Los serbios, es decir los asesinos, están vivos a su manera. Los de Sarajevo, las víctimas, están del lado de la muerte real. Pero nosotros estamos en una situación extraña: ni muertos ni vivos, sino en el lugar del muerto.

Lo que todos los países ricos hacen hoy en día, suministrando armas al mundo entero y logrando así exiliar, sino la violencia, al menos la guerra de su territorio.

Todas nuestras ideologías humanitarias y ecológicas sólo nos hablan de la especie humana y de su supervivencia.

Ahora bien, es evidente que en Bosnia estamos asistiendo a esta reproducción indefinida, a esta parodia macabra y a esta confusión siniestra de una historia en proceso de disolución, a esta farsa en la que lo militar y lo humanitario se confunden.

LA GRAN COLADA

El blanqueo es la actividad primordial de este fin de siglo. Blanqueo de una historia sucia, del dinero negro, de las conciencias corruptas, del planeta contaminado... . Pero sobre todo la clase política ha entrado en la era victimaria del arrepentimiento. Todo político, todo hombre con poder es hoy merecedor de una inculpación virtual y debe ser blanqueado como dinero negro.

Esta misma óptica de blanqueo y de rebajamiento de la clase política ilumina, por otro lado, la ofensiva judicial anticorrupción. La clase política utiliza a la clase judicial para blanquearse de su inmunidad, para enmendarse de su encierro, de la pérdida de favor que padece. Todo esto no es más que división del trabajo en el interior de una casta que practica en sí misma un simulacro de purga, desestabilizándose a dosis homeopáticas para volver a estabilizarse mejor.

Las elecciones son como la caja negra del sistema político: Imput: el dinero negro, las conciencias sucias, los compromisos, el oportunismo. Output: una situación política virgen.

A VUESTRAS LÁGRIMAS CIUDADANOS

La democracia no escapa a la regla según la cual los sistemas nunca funcionan mejor que yendo en contra de su propias reglas y a pesar de sus propios principios.

Cada uno de nosotros funciona en plena inmoralidad y pese a nuestros propios principios según una regla a la que obedecemos espontáneamente y que sòlo accidentalmente se confunde con la ley moral y pasa por sutiles rituales de los que no tenemos que dar cuenta a nadie.

El papel actual de los políticos es que pretenden expresar, guiar, iluminar, racionalizar..Ya ni siquiera pretenden representar, pretenden borrarse para que todo el mundo se exprese.

El ejercicio del poder ha implicado siempre el peligro de muerte. Es el precio que hay que pagar para que la vida pública no caiga en la indiferencia total.

Podríamos incluso adelantar que la tarea de los políticos consiste hoy día en digerir el cadáver de la política, y agradecerles que, como sarcófagos vivos, nos protejan de la putrefacción del muerto que, de otro modo, invadiría al conjunto de la sociedad.

LOS ILOTAS Y LAS ELITES

Vivimos en una realidad política perfectamente disociada. Por un lado, la clase política, por otro lado, una sociedad real” cada vez más desconectada de la esfera política. Ninguna dialéctica, ni siquiera conflictual, mantiene ya los dos polos en interacción.

Los escándalos, la corrupción, y la desgracia general no tienen consecuencias decisivas en una sociedad disociada, donde la responsabilidad ya no forma parte del juego.

La sociedad real se desinteresa de la clase política sin perderse el espectáculo.

En cuanto al tipo de acontecimientos que produce esta sociedad disociada, Europa es un buen ejemplo. Es el tipo mismo de acontecimiento contemporáneo, de acontecimiento al vacío, de fantasmagoría al vacío. Tal como se perfila, Europa es de algún modo un modelo de simulación proyectada en plena desertificación social.

La decisiones seguirán tomándose, circulando entre las élites, los expertos y los estrategas, sin consideración para con ninguna opinión colectiva. Nuestra impotencia es total, a pesar de, o en función de, la información de la que estamos saturados.

En esta fractura entre los ilotas y las élites resulta vano y ridículo deplorar la estupidez de las masas víctimas de los media y del sistema electoral.

En el fondo todo ocurre como si las masas “ciegas” tuvieran una visión más sutil que los intelectuales “ilustrados” , a saber que el poder es un lugar vacío, corrupto, sin esperanza, y que en buena lógica hay que meter en él a hombres del mismo perfil.

Hay que considerar, pues, esta evidencia contradictoria de que tenemos el sistema que nos merecemos. Estamos presos entre dos intregrismos: uno populista y otro liberal, elitista, el de lo universal y la democracia forzada.

LA INFORMACIÓN EN EL ESTADO METEOROLÓGICO.

Hace ha tiempo que la información ha saltado el muro de la verdad para evolucionar en el hiperespacio de lo ni verdadero ni falso. Ya no hay criterios de verdad o de objetividad, sino una escala de verosimilitud.

Alguien lanza un información. Mientras no haya sido desmentida, será verosímil. Esta incertidumbre generalizada hacen derivar todos los hechos, todos los acontecimientos y su interpretación hacia un estadio que podríamos denominar meteorológico, y que ya no es el de la imprevisibilidad natural de los elementos sino el de una indeterminabilidad supletoria, surgida de la perfección misma del cálculo y de la información.

Así, la información meteorológica puede ir exactamente en contra de lo que vemos por la ventana, pero es verdadera en simulación, ya que se deduce de los distintos datos de un escenario modelo.

Si la meteorología se vuelve en cierto modo política, la política, a su vez, se vuelve meteorológica. Se juega con las cifras, los coeficientes, las tasas los índices como con las incertidumbres de la coyuntura celeste.

La opinión acaba confundiéndose con los sondeos; en todo caso, virtualmente ya no hay , fuera de éste, otro espejo de opinión.

VIOLENCIA DESENCARNADA: EL ODIO

El odio es una violencia simulada en el sentido en que, más que de la pasión o del instinto, surge de la pantalla, se halla de algún modo en potencia en la pantalla y en los media, que fingen grabarla y difundirla.

Como ya no le deja espacio a la violencia real, a la violencia histórica, a la violencia de clase, nuestra sociedad engendra una violencia virtual, una violencia reactiva.

Existe una forma contemporánea de violencia. Más sutil que la de la agresión: violencia de disuasión, de pacificación, de neutralización, de control, violencia de consenso y de la buena convivencia, que a fuerza de dr0gas, de profilaxis, de regulación psíquica y mediática tiende a abolir las raíces mismas del Mal y , por ende, cualquier radicalismo.

Violencia que de algún modo pone fin a la violencia misma, y a la que por tanto ya no se puede responder con una violencia igual, sino con odio.

De algún modo el odio nos protege contra esta desaparición del otro, del enemigo, de la adversidad; ese odio que moviliza una especie de adversidad artificial y sin objeto, convirtiéndose así en una especie de estrategia fatal contra la pacificación de la existencia. En su ambigüedad misma es una reivindicación desesperada contra la indiferencia de nuestro mundo y, en este sentido, un modo de relación mucho más fuerte que el consenso o la buena convivencia.

En un mundo lobotomizado, en el que los conflictos son circunscritos de inmediato, el odio intenta resucitar la alteridad, aunque sea para destruirla.

En el odio actual está precisamente el resentimiento de todo lo que no ha tenido lugar.

Todos tenemos odio. No depende de nosotros no tenerlo. Todos tenemos la nostalgia ambigua del fin del mundo, es decir de darle fin, una finalidad a cualquier precio, aunque sea mediante el resentimiento y el rechazo total del mundo tal como es.

EL CONTINENTE NEGRO DE LA INFANCIA.

La infancia y la adolescencia se han vuelto hoy en día, en un espacio condenado, por su abandono, a la deriva marginal y a la delincuencia.

En primer lugar lo que se transtorna es el estatuto del nacimiento: por todas partes se perfila la sustitución del destino natural por un destino artificial. Es el final de un niño como portador de un pasado y un futuro. De resultas de eso, el niño pasa a ser una perfomance técnica, una prótesis en miniatura más que un “otro” verdadero.

Así el concepto de niño será fetichizado como vestigio de una especie cuya reproducción, convertida progresivamente en una operación técnica, ya no implica un destino sexuado ni su producto maravillosamente accidental: el niño. A mismo tiempo pasara a ser una especie salvaje, delincuente, criminal. Dejara de creer que es un niño y de compararse peyorativamente con el modelo del adulto. Se volverá contra el adulto como enemigo de pleno derecho. Pero , el niño, conserva todos los medios para vengarse y plantear a los dueños de la realidad un problema insoluble.

EL DOBLE EXTERMINIO

Hoy nosotros no pensamos lo virtual, lo virtual nos piensa. Y esta transparencia inasible que nos separa definitivamente de lo real nos resulta tan ininteligible como para la mosca puede serlo el vidrio contra el cual se golpea una y otra vez, sin comprender que el lo que le separa del mundo exterior.

El sistema de lo virtual está condenado a destruir, sus propias condiciones de posibilidades.

Si hay una revolución de lo virtual, es preciso darle todo su sentido, y concebir todas las consecuencias, aunque sigamos siendo libres de rechazarlas.

Lo social , lo político, lo histórico, e incluso lo moral y lo psicológico: ya solo hay acontecimientos virtuales de todo esto. Lo que equivale a decir que la ética, la política, se ha vuelto virtual en el sentido de que una y otra pierden el principio de acción y su fuerza de realidad.

Todo este interrogante sobre lo virtual se ha vuelto ahora más delicado y complejo.

Seguimos con la historia de la mosca que se golpea contra la evidencia incomprensible del vidrio.

PERDIDOS DE VISTA Y REALMENTE DESAPARECIDOS.

El acontecimiento más importante de la historia moderna, y cada cual es actor de éste acontecimiento por el hecho mismo de estar ahí delante de su pantalla: ha perdido de vista lo real a la vez que se ha perdido de vista a si mismo.

Estamos en un mundo donde la función esencial del signo es hacer desaparecer la realidad, y, al mismo tiempo, velar esta desaparición. Detrás de cada imagen algo desaparece. Detrás de cada información desaparece un acontecimiento, bajo el pretexto de la información, los acontecimientos, nos son retirados uno a uno.

Pero también queremos a toda costa que nada desaparezca. Hacemos resurgir cosas que están ocultas desde el principio del mundo para ponerlas enseguida fuera de alcance y sustraerlas a la mirada hasta el fin del mundo.

Es cierto que para hacer que un objeto exista hoy día, la mejor táctica es jugar a hacerlo desaparecer, para que recupere el poder de la ilusión. Sin embargo, el objeto resucitado nunca es el mismo. Lo real, la naturaleza, incluso resucitados, solo tiene derecho a una existencia supletoria.

LA SEXUALIDAD COMO ENFERMEDAD SEXUALMENTE TRANSMISIBLE.

Parece que sea la sexualidad misma lo que esté en juego, ya que cada sexo está como afectado por una enfermedad sexualmente transmisible que sería el propio sexo.

Se tiene miedo de pescar cualquier cosa que se parezca a una pasión, una seducción o una responsabilidad. En este sentido, lo masculino sigue siendo la victima que peor parada sale de la obsesión negativa del sexo. Algo de lo que el feminismo y la liberación de las mujeres lo han despojado al menos de derecho.

La mujer ya no es alienada por el hombre, sino que está desposeída de lo masculino, de la ilusión vital del otro, y , por tanto, de su ilusión propia, de su deseo y de su privilegio de mujer.

Lo que valía como liberación, como transgresión en el orden tradicional, cambia de sentido en un mundo que se dirige cada vez más hacia una reproducción axesuada. La sexualidad sin reproducción comienza con la reproducción sin sexualidad. Si lo que antes parecía sexualmente transmisible era la libertad, el deseo, el placer, el amor, hoy parece que lo sea el odio, la desilusión, el recelo, y el resentimiento entre los sexos.

SOBERANIA DE LA HUELGA.

Podemos ver en ella una forma de interrogación radical sobre el hecho de ser gobernados.

Siempre se ha convenido en que las masas no sabían lo que querían y era necesario querer y actuar en lugar de ellas. Hoy día se revelan contra esa evangelización forzada. Se puede preferir la autodestrucción activa a un exterminio lento.

El movimiento de la huelga experimenta una manera diferente de vivir, una condición social que podría funcionar con servicios mínimos y es capaz de desplegar una energía fantástica en ausencia de un Estado y de un sistema de control.

Es eso la huelga en acto, la potenciaciòn de una capacidad inaudita para construir su propia vida con total libertad, para sustraerse a todos los que quieren encargarse de nuestro bien, a cualquier precio.

Es una factura no sólo social sino mental entre un poder manifiesto que pretende ir en el sentido de la Historia y un poder adverso que corre paralelamente a la Historia y se opone, al orden único, al pensamiento único, a la moneda única, al lenguaje esteriotipado de lo universal.

DISNEYWORLD COMPANY

En este artículo Baudrillard utiliza la factoría Disney como un ejemplo de gran empresa mundial que tiene un poder casi tan “ilimitado” como para conseguir transformar a su antojo la propia realidad que experimentamos.

El autor denuncia la pérdida de valores y de referentes reales que progresivamente está perdiendo la sociedad actual en favor de una realidad virtual manipulada y manipuladora. Así, se produce un “inmenso reality show en el que la realidad misma se ofrece como un espectáculo”.

En este mundo en el que todo se puede comprar y recomprar, es posible que una compañía como Disney construya la realidad que quiera, en la que todos participamos, “no ya como espectadores pasivos y alienados, sino como comparsas interactivos de este inmenso reality show”. El proceso es claro, “lo virtual recompra lo real ya listo y vuelve a escupirlo tal cual, como pret-a-porter”.

Otro peligro es la pérdida de un referente histórico que nos permita situarnos en un tiempo y en un espacio concretos, algo que para el autor se torna complicado en la sociedad actual. La tercera dimensión da paso a la cuarta donde el tiempo no existe.

Para Baudrillard, si todo este proceso está teniendo tanto éxito y suscita una fascinación universal es porque la realidad misma se ha transformado ya en “una perfomance universal”.

PANTALLA TOTAL

Las Nuevas Tecnologías de la Información consiguen eliminar las distancias en todas partes: entre los sexos, entre el sujeto y el objeto, entre lo real y su doble. Así, la realidad virtual, la pantalla interactiva o Internet, entre otros, consiguen que “la interactividad nos amenace por todos lados”, las distancias se acortan y los términos se confunden, la proximidad entre el acontecimiento y su difusión es tal que pierde su “dimensión histórica y lo sustrae a la memoria”. El resultado es una pérdida generalizada de un juicio de valor posible en todas las áreas de la vida.

Para él, la pantalla de televisión o el ordenador crean un vínculo tan fuerte con el que está al otro lado que éste se sumerge, se mueven dentro de la imagen interactiva, interactúa con ella. De ahí que la distancia entre el texto y el escritor o el escenario y el espectador ya no exista, “todo concurre hoy en día hacia la abolición de esa fractura”.

Pero Baudrillard avisa, “las máquinas sólo producen máquinas” existe el peligro potencial de que “a cierto nivel de maquinización, de inmersión en la máquina virtual, deje de haber distinción hombre/máquina: la máquina está en los dos lados del interfaz” y es posible que “ya sólo seamos su propio espacio, el hombre convertido en la realidad virtual de la máquina”.

De esta forma todas las cosas que se producen con una máquina pierden su esencia humana y adquieren las características artificiales de los productos maquínicos: películas desbordadas de efectos especiales, textos artificialmente expandidos, imágenes modificadas al antojo, etc.

Internet también tiene su crítica y es que crea la ilusión de la información sin límite, pero sólo es la simulación de un espacio con unos elementos conocidos, unos sitios establecidos y unos códigos instituidos, más allá de los cuales no es posible investigar nada. Para Baudrillard “uno es el interrogador automático al mismo tiempo que el contestador automático de la máquina”.

El individuo pierde su protagonismo en favor de la red, la identidad es de la red y nunca de los individuos, éstos tienen la posibilidad de disimularse en ella, de desaparecer en el espacio de lo virtual. “Es el éxtasis de la comunicación. Ya no hay otro en frente, ni destino final. El sistema gira así sin fin y sin finalidad”.

FANTASMAS TELEVISIVOS

De la televisión se habla mucho en este momento, su función es la de hablarnos del mundo y borrarse ante el acontecimiento que nos transmite, es el soporte o el medio que nos acerca la realidad. El problema es que en los últimos tiempos parece que esa función mediadora se está perdiendo y la televisión “se toma a sí misma por el acontecimiento”.

La televisión como centro independiente de la realidad del mundo, engloba a todos, dándole una vuelta más a la decadencia mundial que ella misma recoge y en ella misma se encuentra.

De esta forma los media, y en especial la televisión, se constituyen cada vez más como un poder, el mediático, capaz de manipular la conciencia del individuo. La televisión se encierra en si misma, pierde su principal finalidad, su imaginación y, por último, su credibilidad.

Las personas tomaos diariamente nuestra dosis de realidad de la mano del eco del mundo, un eco distorsionado que nos desinforma y desorienta, que nos aleja y nos enfrenta. Ser capaces de discernir entre lo que ocurre realmente y lo que nos llega es tarea nuestra. Pero ¿cómo?, no tenemos los instrumentos necesarios para darnos cuenta de eso, debido a que no somos conscientes plenamente de la realidad mundial, ni siquiera la local.

Para Baudrillard, la televisión ha llegado a un punto en el que se empieza a corromper, en el que adquiere el papel protagonista que antes correspondía al acontecimiento, en el que los contenidos se programan por y para la audiencia y en el que el debate se suscita en torno al propio medio (gestión de la televisión pública/privada, contratos abusivos, rivalidades, etc) en vez de en torno al mensaje.

De ahí que Baudrillard se haga toda una serie de preguntas “¿y si el signo no remitiera ni al objeto ni al sentido, sino a la promoción del signo como signo? ¿Y si la información no remitiera al acontecimiento ni a los hechos, sino a la promoción de la información misma como acontecimiento? Y más precisamente hoy en día ¿y si la televisión ya no remitiera a nada excepto a ella misma como mensaje?”

El problema es que este “telecentrismo” está dando por sentado que las masas no tienen ningún interés por la información, que todo lo que demandan son signos e imágenes y, en parte, esto es cierto ya que la sociedad “ha perdido la imaginación” y el pensamiento único y universal cada vez toma más protagonismo.

Este filósofo y sociólogo francés se ha definido a sí mismo como un "metafísico o un sociólogo transversal", se ha interesado por el gusto estético cotidiano de los últimos años, considerando a la televisión como un medio desaprovechado. Junto con Lyotard, fundó el posmodernismo en las ciencias sociales. En su opinión, ninguna teoría es capaz de explicar la realidad; por ello plantea un desafío a través de la ficción. Ha sido crítico de diversas escuelas, entre ellas la de Frankfurt y la del estructuralismo. En sus últimos ensayos abordan la clonación, los transexuales y el sida. Nacido en Remis, Francia, en 1929. En 1966 presenta su tesis doctoral de Sociología en la Universidad de Nanterre, sede clave del movimiento de Mayo de 1968. En su tesis cita a autores como Nietzsche, Holderlin, Sartre y Barthes. Actualmente es profesor de sociología de la Universidad de París. Entre sus obras más destacadas se encuentran Cultura y simulacro (1978) Las estrategias fatales (1984), La izquierda divina (1985), El otro por sí mismo (1988) y Pantalla total (1999).

  • El sistema de los objetos. México: Siglo XXI, 1969, 230 p.

  • Crítica de la economía política del signo. México: Siglo XXI, 1974, 263 p.

  • For a critique of the political economy of the sign. Traductor. Charles Levin. St. Louis: Telos Press. 1981

  • The evil demon of images. Australia: Power Institute, 1984.

  • "Beyond true and false, or the evil genius of the image" Paris. Cahiers internationaux de sociologie. 34(82): 1987, 139-145 pp.

  • La posmodernidad. México: Colofón, 1988, 238 p.

  • "The year 2000 has already happened". Body invaders: panic sex in America. Ed. Kroker and Kroker. Montreal: New World Perspectives. 1988

  • Jean Baudrillard: selected writings. Ed. Mark Poster. Stanford: Stanford University Press, 1988.

  • The illusion of the end. Tr. Chris Turner. Stanford: Stanford University Press. 1994

  • Baudrillard, Jean, Caroline Bayard and Graham Knight. "Vivesecting the 90's: an interview with Jean Baudrillard." Canadian Journal of Political and Social Theory. 18(1-3): 1995, 15-40 pp.

  • Baudrillard, Jean and Juremir Machado da Silva. "Interview with Jean", 1996.

  • "The end of the millennium or the Countdown". Economy and Society. 26(4): 1997, 447-455 pp.

Pantalla total. Madrid: Anagrama, 1999. 239 p