Aztecas. Incas

Historia de América. Culturas o civilizaciones americanas precolombinas. Arte, sociedad, religión, mitología del imperio azteca e inca

  • Enviado por: Luis Torrejón
  • Idioma: castellano
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Colón fue en busca de una nueva ruta comercial, tomando un nuevo camino hacia lo desconocido hasta entonces por todos, intentando llegar a las Indias por un trayecto más corto que el existente. Su viaje consistía en dar la vuelta al mundo por el extremo que ellos consideraban el final del mundo, pero aun estando en lo cierto de que la Tierra no era plana, no consiguió llegar a su destino, sino que llegó a unas tierras desconocidas hasta el momento por todos. Puesto que las civilizaciones existentes eran indígenas como las de Las Indias, los colonizadores lo confundieron hasta que llego Americo y la puso el nombre de America al ser el primer colonizador que se dio cuenta que era un nuevo continente desconocido y lleno de culturas y riquezas inimaginables hasta entonces.

Los colonizadores empezaron a llegar desde España y de otros paises, se encontraron civilizaciones ricas en cultura y materiales preciosos. Los exploradores aprovecharon de los indigenas su oro y cultura.

Rasgos culturales

Las civilizaciones precolombinas eran principalmente agrícolas. El cultivo del maíz se convirtió en el alimento principal en Mesoamérica, como lo fue la papa o patata en la zona andina de Perú y Bolivia. Hasta la relativa secularización que se dio en el periodo postclásico, la religión fue primordial en la configuración y el desarrollo de la cultura precolombina. Sin embargo, las creencias y ritos religiosos estaban muy condicionados por preocupaciones relacionadas con la fertilidad de la tierra y la productividad de las cosechas que suelen dominar las sociedades agrícolas. Por lo tanto, gran parte del arte y la arquitectura precolombinas está relacionada con la astronomía, a través de la cual los indígenas americanos establecían las épocas más apropiadas para plantar y recoger la cosecha.

Se desarrollaron dos tipologías urbanas. Una era el centro ceremonial, de estructura compleja constituida principalmente por edificios religiosos y administrativos que se construían alrededor de plazas y que carecía de viviendas y calles. La otra tipología, similar a lo que conocemos actualmente como ciudades, tenía calles que separaban las residencias de las diferentes clases sociales, así como templos y edificios administrativos orientados hacia la plaza central. Tanto los complejos ceremoniales como las verdaderas ciudades servían como centros religiosos, gubernamentales y comerciales. El comercio no sólo era importante para el suministro de bienes necesarios y superfluos, sino también como medio de transmisión de ideas y técnicas, así como de formas y motivos artísticos.

Arte precolombino

Los aspectos más sobresalientes del desarrollo artístico precolombino se encuentran en la arquitectura, la escultura, las pinturas murales y las artes decorativas como la cerámica, la metalistería y los tejidos.

Arquitectura

Los edificios precolombinos más antiguos estaban construidos en madera, juncos trenzados, esteras de fibra o paja, y otros materiales perecederos. Las estructuras permanentes o monumentales construidas en piedra o adobe se desarrollaron principalmente en Mesoamérica y en la zona central andina. Las técnicas de construcción precolombinas eran rudimentarias. La mayor parte de las estructuras se construían con el sistema de pilastra y dintel o de vigas horizontales sin arcos, aunque la cultura chavín del Perú y la maya de Mesoamérica emplearon el arco falso o bóveda de piedra salediza, que consiste en colocar una piedra sobre otra para conseguir una forma de arco. Utilizaban más herramientas de piedra que de metal, y tanto el transporte como la construcción de edificios como las pirámides, palacios, tumbas y templos sobre basamentos escalonados, se llevaban a cabo manualmente sin ayuda de ningún tipo de maquinaria.

La pirámide precolombina era la residencia de una deidad. Los pictogramas de los códices permiten suponer que las pirámides tenían gran importancia cívica y cultural. El símbolo azteca para representar la conquista era una pirámide en llamas en la que el calli, o casa del dios (el Templo Mayor), había sido derribado por el conquistador. Para hacerlas aún más monumentales e incrementar así el prestigio del gobernante, muchas de las pirámides mesoamericanas se reconstruían periódicamente sobre una estructura ya existente.

Escultura

La mayor parte de las esculturas precolombinas que se conservan son figurillas de barro o arcilla y efigies con forma de vasija. Las esculturas de piedra se encuentran principalmente en Mesoamérica y, con menos frecuencia, en las áreas intermedias y centroandinas, que son regiones en las que la metalurgia se desarrolló antes y se utilizó más ampliamente. Aunque la técnica de trabajar los metales estaba muy evolucionada, seguían utilizando los instrumentos de piedra para tallar.

Pintura

En Teotihuacán, México, tanto las paredes interiores como las exteriores de los edificios se cubrían con una capa gruesa de estuco en la que se pintaban diseños decorativos o escenas narrativas. En Bonampak y Chichén Itzá, también en México, los mayas y los maya-toltecas pintaban el interior de los templos con frescos realistas en los que representaban hechos históricos. Entre las pinturas murales descubiertas más recientemente están las de Cacaxtla, en Tlaxcala, con su impresionante descripción de las jerarquías divinas, sacerdotales y guerreras. Aunque las primeras pinturas murales se encontraron en Mesoamérica, también se han descubierto en el área intermedia diseños geométricos en tumbas subterráneas en Tierradentro, Colombia, y murales con representaciones mitológicas en Panamarca, Perú. También en Perú, las vasijas de Moche con forma de estructuras arquitectónicas nos indican que el exterior de los edificios se pintaba a menudo con motivos simbólicos.

La refinada habilidad para la pintura y el dibujo de muchos de los pueblos precolombinos puede apreciarse en la escritura pictográfica de los códices mayas, mixtecas y aztecas. Las páginas de estos libros estaban cubiertas con figuras y símbolos de gran riqueza cromática y meticuloso dibujo que registraban hechos históricos o mitológicos.

Los códices fueron destruidos durante el siglo XVI por los misioneros españoles, por considerarlos instrumentos del mal e inducir a la idolatría. Entre los pocos que se conservan, todos ellos del periodo postclásico, están tres códices mayas, el Códice Nuttall de los mixtecos y algunas obras aztecas.

También se encuentran muestras de la pintura precolombina en la decoración de vasijas. La cerámica maya, la moche y la peruana de Nazca proporcionan algunos de los ejemplos más excepcionales sobre diseños y técnica.

Artes decorativas

Muchos de los objetos procedentes de excavaciones precolombinas están relacionados con lo funerario y tienen una función más utilitaria o ceremonial que decorativa. Son objetos de una calidad de ejecución y diseño equiparable a cualquier ejemplo artístico destacado de cualquier parte del mundo preindustrial.

Cerámica

La producción de cerámica en América nace de la necesidad de almacenar, transportar, transformar y consumir ciertos alimentos líquidos y sólidos. Las principales características de la tecnología empleada durante dicho periodo son: la utilización de cestos, calabazas y otros frutos como moldes que se cubren con arcilla para obtener recipientes y que desaparecen con la cocción; la ausencia de torno en la fabricación de piezas, lo que otorga gran libertad al artesano; y el empleo de moldes para la obtención de ciertas formas. La forma de cocer es simplemente por desecación al sol o en horno abierto.

La decoración de la cerámica es muy variada, y abarca técnicas pre y postcocción de modelado, pastillaje, incisión y excisión, impresión, engobado, pulido y digitado, pero destaca el uso decorativo de la pintura en negativo, que implica un gran desarrollo tecnológico. Este último proceso consiste en cubrir el diseño a destacar con cera o ceniza, hecho esto se sumerge la pieza en un baño coloreado y al retirar el elemento protector aparece el negativo limpio de color; el resultado final es una bicromía muy característica. Pero es en la policromía pictórica en la que este arte alcanzará un verdadero esplendor.

La producción de la cerámica prehispánica se centra en figuras, recipientes, pesas de telar, de pesca, pintaderas, sellos, cuentas de collar, orejeras, instrumentos musicales, braseros, juguetes, urnas cinerarias o de inhumación y una larga lista de objetos que dan testimonio de la necesidad de esta producción en la vida doméstica, funeraria o ceremonial de las comunidades precolombinas.

En su inicio es una actividad realizada especialmente por mujeres, pero a medida que la sociedad se hace más compleja, dicha tarea pasa a ser realizada por especialistas, generalmente masculinos, adiestrados en las pautas funcionales y simbólicas del grupo.

Por áreas, en Mesoamérica hallamos evidencias de esta producción desde el 2000 a.C., en forma de figurillas y vasijas en el Valle Central de México; la representación de escenas de la vida diaria: matrimonios, juegos o curaciones, hechas exclusivamente para acompañar a los difuntos en su tumba, las encontramos en el área occidental de México ya en el 300 a.C.; la costa del Golfo mexicana, en el 100 d.C., con sus inquietantes representaciones, explican la importancia de la cerámica en los caminos simbólicos. En la misma línea destacan las piezas mayas, decoradas con pinturas jeroglíficas, cartuchos de glifos, que representan sucesos históricos, escenas mitológicas, y aparecieron durante el periodo clásico tardío de esta cultura (700 al 900).

La zona caribeña y centroamericana, mezcla influencias de Mesoamérica y los Andes colombianos; así en Costa Rica encontramos el estilo jeroglífico cubriendo vasijas en forma de jaguar en la Gran Nicoya, mientras que en el resto del istmo las influencias son de la zona sur.

En los Andes septentrionales (Colombia, parte de Venezuela y Ecuador) se encuentra Valdivia, el lugar mas antiguo de producción cerámica del continente (4400 a.C.). Aquí ya se anuncian características que cristalizarán como arquetipos en la zona como el uso de la pintura iridiscente (se obtiene al aplicar un engobe diluido con óxido de hierro, para después cocer y ahumar la pieza; el resultado final es la aparición de los diseños realizados al humedecerse el objeto). Otros rasgos son la pintura en negativo, la cerámica figurada a molde, la adopción del asa de lazo, el uso del pico y la vertedera, la producción de vasijas silbato y los enterramientos en urnas.Los Andes centrales (Perú y Bolivia) conocen la cerámica desde el 1800 a.C., en Kotosh, región del Huánuco, pero el lugar mas significativo del periodo formativo es Chavín de Huantar, en la sierra norte de Perú, centro religioso de carácter pamperuano, cuyos motivos iconográficos son el jaguar, la serpiente y un ave rapaz.

Tras la caída de este centro surge en la costa norte la cultura mochica (100 a.C.-700 d.C.) cuyas características cerámicas más singulares son el asa estribo con vertedera, con representaciones de escenas y figuras modeladas, y el uso del cuerpo de la vasija para representar, mediante molde, personajes completos y auténticos retratos. Los temas representados son escenas de la vida cotidiana relacionados con: la enfermedad, el erotismo y la guerra, entre otros. En la costa sur está Nazca, cuya producción es opuesta a la moche por su esquematismo y abstracción.

El gran centro de Tiahuanaco, en Bolivia, se caracteriza por producir, primero en cerámica y más tarde en madera, una peculiar forma, el Kero, de paredes acampanadas y base plana, que será reproducido hasta bien entrado el mundo colonial. A partir de 1430 la producción cerámica se hace seria, práctica y sobria, si bien esta cultura va a absorber todos los avances anteriores en cuanto a tecnología.

Metalistería

Desde su supuesto origen en el norte de la zona central andina alrededor del 700 a.C., el trabajo del metal se extendió hacia el área intermedia y alcanzó Mesoamérica alrededor del 1000 d.C. Debido a la insaciable sed de oro y plata de los europeos durante la conquista y después de ella, la mayoría de los objetos que no estaban enterrados o escondidos fueron fundidos por los conquistadores españoles y transportados como lingotes a España. Aunque las culturas prehispánicas no conocían el hierro ni el acero, habían trabajado mucho el cobre y habían descubierto la aleación del bronce alrededor del 1000 d.C. La tumbaga, una aleación de cobre y oro, se utilizó en Perú, Colombia y Ecuador. Se aplicaron muchas técnicas para trabajar el metal, que iban desde la cera perdida, hasta la soldadura, el repujado y el grabado. Los trabajos en metal solían estar grabados, chapados en oro o decorados con incrustaciones de piedras y conchas.

Textiles

Gracias a su clima extremadamente seco, la costa de Perú es la única región de la que se conservan ejemplos importantes de tejidos de periodos precolombinos tempranos. Enterrados en tumbas del desierto se han conservado en perfecto estado tejidos que tienen una antigüedad de 2.500 años. La fibra más común utilizada para tejer vestidos era el algodón, aunque en la zona central andina también se usaba la lana de llama, alpaca y vicuña.

A menudo se coloreaban dichos materiales con tintes minerales y vegetales. Las telas presentaban diseños e imágenes que se incorporaban directamente al tejerlas, o que se pintaban, estampaban, bordaban o aplicaban posteriormente. En el periodo postclásico en Perú y Mesoamérica también se utilizaban plumas para hacer mosaicos y otros objetos como escudos y tocados.

Orfebrería

Es el arte de hacer objetos con metales preciosos, en el periodo anterior a la presencia europea. El arte de trabajar los metales es muy antiguo y surge de forma independiente en todo el mundo, con técnicas muy semejantes por la propia naturaleza de la materia.

Para fundir metales primero hay que extraerlos de los minerales donde se encuentran (metalurgia), y posteriormente conocer su grado de fundición con el fin de alearlos y moldearlos. Esto implica un conocimiento y control de las temperaturas a partir de otras tecnologías, tales como la cerámica. Existen técnicas para trabajar ciertos metales en frío, es decir sin tener que recurrir al fundido, tal es el caso del martillado y templado, y son estos los primeros ensayos tecnológicos que el hombre practica en oro y cobre.

Los metales susceptibles de ser transformados en objetos orfebres son: el oro, que puede trabajarse en frío o bien por fundición a 1.063 ºC; la plata, cuyo valor en el mundo indígena es equivalente, se utilizó en estado puro.

Los primeros indicios de esta industria se sitúan en los Andes septentrionales: Colombia y Ecuador en torno al 1200 a.C., también en Perú y norte de Chile se han encontrado evidencias de fundición de metales hacia el año 1000 a.C., mientras que en Mesoamérica se sitúa en el 900 a.C. Los metales elegidos para estos fines son el oro, la plata, el platino, el cobre y el estaño; las aleaciones más frecuentes son el bronce y la tumbaga: oro y cobre con plata en ciertas ocasiones, ésta, por su bajo punto de fundición, supuso una mejoría en el acabado de los objetos.

Existían diferentes métodos de trabajar los metales. En frío, el martillado, practicado sobre yunque y con martillo de piedra. Con el fin de evitar el resquebrajado de la pieza, ésta se sometía al templado, técnica que consiste en calentar al rojo vivo el objeto y someterlo inmediatamente a un baño de agua fría. También se practicaba el repujado, fórmula decorativa que también se hace en frío y que se consigue martilleando sobre una matriz. Por último el recortado, efectuado sobre lámina y con cincel de piedra.

La técnica más significada de las practicadas en América es la de la cera perdida; este procedimiento consiste en modelar en cera el objeto deseado, a continuación se cubre con capas de arcilla semilíquida y se deja secar varios días; al calentar el conjunto la cera se derrite, la arcilla se endurece, y el espacio libre que deja la cera es ocupado por el metal en estado líquido, una vez frío se rompe el molde de arcilla y se obtiene la pieza, que habrá de ser ligeramente retocada.

Todas las piezas de orfebrería son tratadas en su superficie, la técnica más llamativa es la del dorado que consiste en eliminar la capa superficial de cobre que aparece en la aleación de tumbaga, para hacer aflorar el oro mediante un ácido de procedencia vegetal. El aspecto final es el de una pieza de oro puro. Esta es la técnica empleada en los grandes conjuntos orfebres andinos.

Las regiones orfebres hispanoamericanas están en relación con sociedades desarrolladas en un estadio de jefaturas o estados, tales como Perú, Ecuador, Colombia, istmo de Panamá, Costa Rica, México y ciertas zonas de las Antillas. En estos lugares la demanda de signos distintivos por parte de un grupo social, impuso una manufactura de los metales al servicio del poder religioso y civil. La región de Perú, cuna de este arte ofrece las muestras más antiguas de oro y plata trabajado en láminas mediante técnicas de martilleado y repujado, que eran utilizadas en trajes y como aplicaciones arquitectónicas.

La región de Colombia y Centroamérica se caracteriza por ser el dominio de la tumbaga y por la ausencia de plata. Sus objetos se realizan con la técnica de la cera perdida, en un estilo preciosista, volcado hacia las pequeñas esculturas de temas zoomorfos y fantásticos; los vestigios más antiguos de esta zona se fechan hacia el 400 a.C.

Por último la zona de México y Guatemala se incorpora más tardíamente a este arte, y es sólo a partir del 1000 d.C., cuando regiones como la mixteca comienzan a producir obras de un alto grado de desarrollo.

Ámbito geográfico y cronología

Arqueólogos e historiadores culturales agrupan las culturas precolombinas por zonas geográficas. En esta división se considera que la zona de Mesoamérica, una de las regiones culturales de mayor importancia, abarca los actuales países de México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. La otra región cultural de gran importancia la constituyen Perú y Bolivia, que forman el área central andina. La zona intermedia la integran la parte sur de América Central y el norte de los siguientes países de América del Sur: Venezuela, Colombia y Ecuador. La zona periférica comprende el resto de América del Sur y las islas del Caribe.

Tradicionalmente se ha establecido una división cronológica de tres periodos que comprenden las fases más importantes: el preclásico o de formación, (c. 1500 a.C.-. 300 d.C.); el clásico o de florecimiento, (c. 300-c. 900); y el postclásico (c. 900-1540).

En el periodo preclásico pueden apreciarse ya algunos de los rasgos del desarrollo pleno de la civilización precolombina. En ese periodo temprano América estaba conformada por jefaturas tribales aisladas y reinos pequeños cuyas respectivas culturas se desarrollaron, en su mayor parte, independientes unas de otras.

Durante el periodo clásico se desarrollaron imperios muy complejos. Sus dirigentes eran generalmente sacerdotes, en lugar de los sacerdotes-guerreros que gobernaron las civilizaciones postclásicas, y las culturas se difundían o asimilaban más rápidamente. Aunque suele considerarse un periodo pacífico, los estudios arqueológicos más recientes han demostrado que la mayoría de las civilizaciones del periodo clásico eran guerreras. Las conquistas y el comercio extensivo produjeron una riqueza que se utilizó para la construcción de centros ceremoniales o ciudades, así como para la creación de efectos personales cada vez más lujosos y objetos funerarios o rituales de gran calidad.

El periodo postclásico se caracteriza por las frecuentes guerras provocadas por presiones socioeconómicas como el aumento de la población y el desarrollo técnico. Las culturas y civilizaciones de este periodo son las mejor documentadas, debido a que los cronistas españoles recogieron sus impresiones personales o recopilaron historias de los conquistados.

El área mesoamericana

La mayor parte de los emplazamientos mesoamericanos precolombinos se encuentran en lo que actualmente es México.

Periodo preclásico

Las culturas preclásicas más importantes de México fueron la olmeca y las culturas occidentales de Colima, Jalisco y Nayarit.

-Los olmecas

Instalados en la región costera central del Golfo de México, los olmecas desarrollaron la primera civilización mesoamericana importante, entre aproximadamente el 1500 y el 600 a.C. En las cuencas pantanosas y selváticas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco había grandes centros ceremoniales como La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo. Muchos de los elementos más característicos de la civilización mesoamericana se originaron con los olmecas.

La Venta, al igual que muchos emplazamientos mesoamericanos posteriores, está planificada siguiendo un eje norte-sur. En el centro de esa disposición axial de templos, plataformas y plazas se construyó una pirámide rectangular de 30 m de altura, que es una de las primeras de Mesoamérica. Este trazado se convertiría en algo común en los centros ceremoniales mesoamericanos que se construyeron posteriormente. Los olmecas fueron los primeros en utilizar la piedra en arquitectura y escultura, a pesar de la dificultad de su extracción y transporte desde las montañas de Los Tuxtlas a 97 km al oeste. Fueron también los primeros creadores de mosaicos en piedra de América.

Los objetos olmecas más impresionantes son las cabezas colosales de piedra, de alrededor de 2,7 m de altura que, por su realismo, parecen retratos. Se han descubierto relieves de gran tamaño y detalle que representan deidades o hechos mitológicos, al igual que estatuillas de basalto y de jade. Sin embargo, a pesar de su importancia, la escultura no se combinó con la arquitectura como en civilizaciones mesoamericanas posteriores.

Se erigieron estelas de piedra o lápidas de roca aisladas, posiblemente para conmemorar hechos significativos, y se grabaron con inscripciones de símbolos iconográficos, precursores de la escritura mesoamericana posterior.

El arte olmeca, como el de los mayas, se caracteriza por un alto grado de naturalismo. Predomina lo curvilíneo por encima de lo rectilíneo en contraste con el arte estilizado y anguloso que suele encontrarse en los valles relativamente austeros de las montañas del centro y sur de México.

La influencia de los olmecas se extendió desde su centro en el Golfo de México a través de la altiplanicie Mexicana, el valle de México conocido como Anáhuac, la región de Oaxaca, y por el oeste hacia el estado de Guerrero. Aunque la cerámica olmeca que se elaboró en el centro es de menor importancia, en los emplazamientos olmecas de la altiplanicie, Tlatilco y Tlapacoya, se han encontrado estatuillas huecas de arcilla que son, probablemente, las primeras de Mesoamérica y se cuentan entre los mejores ejemplos de escultura en cerámica mesoamericana. La cultura indígena de Tlatilco produjo también una gran cantidad de estatuillas de mujeres con elaborados peinados y una ornamentación corporal muy detallada que se conocen genéricamente como "mujeres bonitas". Los rasgos femeninos exagerados de su anatomía parecen indicar que se utilizaban como símbolos de la fertilidad tanto para la fecundidad humana, como para la de la tierra puesto que se enterraban en los campos de cultivo.

En los estados mexicanos de Morelos y Guerrero, se aprecia la influencia olmeca en las figurillas de barro de Xochipala, en la pintura de la cueva de Oxtotitlán, en Guerrero, y en los bajorrelieves de las paredes de la cueva de Chalcatzingo, en Morelos.

-Colima, Jalisco y Nayarit

A finales del periodo preclásico y principios del clásico se desarrollaron importantes culturas en la zona occidental de México. Actualmente se les conoce con el nombre de los estados mexicanos donde se encuentran los emplazamientos: Colima, Jalisco y Nayarit.

No se construyeron emplazamientos arquitectónicos importantes y se realizó muy poca escultura en piedra, pero de allí provienen algunas de las figurillas de barro y vasijas en forma de efigie mejor realizadas de Mesoamérica. En Nayarit, los artesanos crearon esculturas de género muy detalladas, llegando incluso a la caricatura, en las que se representaban todos los aspectos de la vida urbana. Estas escenas pintadas en negativo poseen la claridad e inmediatez de la fotografía. Las figurillas de Colima son también realistas, pero de un realismo con formas más monumentales y contornos más redondeados. Las más conocidas son las de los perros techichi o tepescuintli, que se modelaban en todas las formas y posturas imaginables. Las estatuillas de Jalisco son las más ingenuas de estilo aunque se caracterizan por su llamativa presencia.

El realismo vital de las esculturas de barro de la zona occidental mexicana las ha convertido en los ejemplos más conocidos del arte precolombino. Gracias a haber sido enterradas en tumbas con cámaras huecas, se ha conservado una cantidad de piezas elevada.

Periodo clásico

Teotihuacán, las ciudades mayas, el centro zapoteca en Monte Albán y la cultura clásica de Veracruz fueron las civilizaciones dominantes en el horizonte clásico.

-Teotihuacán

A unos 40 km al noroeste de la ciudad de México se encuentra Teotihuacán (Lugar de los dioses). Allí se desarrolló la primera civilización auténticamente urbana de Mesoamérica; fue la primera ciudad del hemisferio occidental e inició su crecimiento urbanístico antes del comienzo de la era cristiana, continuando su florecimiento hasta alrededor del 700 d.C. En Teotihuacán se desarrolló una estética clásica, basada en el orden y el refinamiento. La elegancia austera y el diseño estilizado caracterizan el arte monumental, que produce el efecto de una serena sencillez y una noble grandeza. Los edificios se diseñaron con el sistema de talud y tablero formando plataformas escalonadas. Mediante este sistema de construcción se lograba controlar y unificar totalmente los elementos horizontales y los verticales, así como las partes salientes y las recesivas, los efectos de luz y sombra, además de la ornamentación ilustrativa y geométrica.

La arquitectura de Teotihuacán es de escala monumental. La pirámide del Sol es por su tamaño la segunda edificación precolombina existente, sólo superada por la pirámide de Quetzalcóatl en Cholula. Si se tiene en cuenta la superficie y el volumen que ocupan, ambas estructuras son más grandes que cualquiera de las pirámides de Egipto. Los palacios de Teotihuacán estaban organizados alrededor de plazas y constituyen algunos de los ejemplos más impresionantes de edificios residenciales precolombinos. Al principio se cubrían todas las edificaciones de Teotihuacán con una gruesa capa de estuco, que solía pintarse. Los ejemplos mejor conservados de pinturas murales son los frescos que decoran el interior de los palacios de Teotihuacán. Se distinguen tres estilos de murales: diseños decorativos de significado simbólico, estilizadas imágenes conceptuales de deidades y criaturas mitológicas y escenas narrativas en una línea más realista que abstracta o esquemática.

Se conservan unos pocos ejemplos monumentales de escultura en piedra. De estas esculturas la más famosa es un monolito arquitectónico dedicado a la diosa del agua, de la fecundidad y del maíz Chalchiuhtlicue. Los ejemplos más característicos del tallado en piedra en Teotihuacán son las estilizadas máscaras antropomorfas.

Se produjeron dos tipos diferentes de cerámica. Una cerámica anaranjada de moldeado fino y delicado (llamada cáscara de naranja), que se comercializó mucho en toda Mesoamérica, y los objetos ceremoniales hechos con cerámica recubierta con una capa delgada de estuco que se trabajaba con la técnica del campeado y se pintaba después de modo parecido a los murales de los edificios ceremoniales. Inventaron el vaso trípode (una vasija de caras planas apoyada en tres vástagos planos) que fue uno de los objetos que más produjeron los ceramistas de Teotihuacán. También crearon figurillas, muchas de ellas retratos de gente de la época y otras representaciones de los espíritus de los muertos.

-Mayas

La civilización maya dominó el sur de Mesoamérica durante la segunda mitad del primer milenio de nuestra era. Aunque se originó en el periodo preclásico, la cultura maya alcanzó su apogeo artístico e intelectual durante la última etapa clásica, desde alrededor del año 600 hasta aproximadamente el 900. En la época de la conquista española ya se encontraba en decadencia.

Ninguna otra civilización precolombina igualó a los mayas en la variedad y calidad de su arquitectura. Los emplazamientos mayas clásicos se fundaron en un principio en las zonas de las tierras bajas tropicales. Estos emplazamientos parece que prestaron mayor atención a los aspectos ceremoniales y dedicaron menos interés a los urbanos. La mayoría de las ruinas mayas están en México. Entre ellas se puede mencionar Palenque, Yaxchilán y Bonampak y en la península de Yucatán, Chichén Itzá, Cobá, Dzibilchaltún, Edzná, Hochab, Kabah, Labná, Sayil, Uxmal, y Xpuhil. Otros emplazamientos importantes son los de Copán, en Honduras, y los de Guatemala: Piedras Negras, Quiriguá y Tikal, el mayor de todos los centros ceremoniales mayas.

Su arquitectura se caracteriza por un sentido exquisito de la proporción y el diseño, así como por su refinamiento estructural y la sutileza de los detalles. Los mayas utilizaron la escultura más ampliamente en la decoración arquitectónica que todas las demás civilizaciones precolombinas. La bóveda de saledizo se empleó no sólo para cubrir espacios interiores sino también para construir arcos apuntados o trilobulados. También construyeron caminos pavimentados que conectaban los centros administrativos y religiosos más importantes.

El arte maya es el más refinado y elegante de todos los desarrollados por las civilizaciones precolombinas. Es digno y majestuoso, exuberante y sensual, y presenta una ornamentación espléndida.Las estelas con relieves figurativos e inscripciones son los ejemplos más característicos de las esculturas conmemorativas realizadas en piedra por los mayas. Los ejemplos más elaborados se encuentran en Copán, donde la maleabilidad de la piedra permitió una exuberancia ornamental barroca. La mayor parte de los emplazamientos importantes cuenta con una evolucionada tradición en la realización de paramentos de piedra decorados con relieves.

Los mayas dominaron todas las formas artísticas precolombinas conocidas, menos el trabajo en metal. Aunque no se conservan telas tejidas por los mayas, su calidad y decoración pueden apreciarse a través de las representaciones en pinturas, figurillas y esculturas. Tallaban con maestría el jade, la madera, el hueso y las conchas, pero fue en los trabajos realizados con arcilla (barro) donde más destacaron.

Sus figurillas de un realismo extraordinario y su cerámica policromada en la que se representan escenas mitológicas o de la vida cotidiana se cuentan entre las mejores piezas de cerámica pintada precolombina.

Ejemplos de frescos mayas se han hallado en Bonampak, Palenque y Tikal. También produjeron códices con escritura jeroglífica. De los códices mayas que se conservan, el Códice de Dresde es el que mejor ilustra el uso descriptivo y formalmente dinámico de los signos por parte de los mayas.

-Zapotecas

La cultura zapoteca (también denominada cultura de Monte Albán) dominó el valle de Oaxaca. Se originó en el periodo preclásico (comenzó c. 1500 a.C.) y alcanzó su apogeo entre el año 300 d.C., aproximadamente, y el 700 d.C. En Monte Albán, que es el mayor conjunto urbano zapoteca, se aprecia que esta civilización mantuvo lazos primero con los olmecas y después con Teotihuacán. Dado que concedían gran importancia a la adoración de sus antepasados más ilustres, los zapotecas tienen una gran producción artística relacionada con los ritos funerarios. Las tumbas de Monte Albán y de toda la zona de Oaxaca poseen elaboradas urnas funerarias con figuras que representan divinidades asociadas con fuerzas naturales como la lluvia y el viento.

En los templos de Monte Albán se aprecia la influencia del sistema de talud y tablero utilizado en la arquitectura de Teotihuacán, al igual que en las espaciosas plazas rodeadas de escaleras monumentales que conducen a los basamentos de los templos. También hay estelas con relieves e inscripciones glíficas diseminadas por la zona. Las tumbas tenían antecámaras y numerosos nichos y estaban decoradas con frescos que denotan la influencia de los murales de Teotihuacán.

-Cultura clásica de Veracruz

A lo largo del golfo de México se desarrolló una cultura que en el pasado se denominó erróneamente totonaca, y que actualmente conocemos como cultura clásica de Veracruz. Recibe su nombre del actual estado mexicano de Veracruz, que corresponde aproximadamente a la zona donde se concentró la actividad de dicha cultura. En El Tajín, principal centro ceremonial, se encuentran siete edificaciones para el juego de pelota, que indican la importancia que tenía para la cultura clásica de Veracruz el juego de pelota mesoamericano, un deporte alegórico de carácter ritual, el tlachtli. Muchos de los relieves más importantes de esa civilización decoran las edificaciones destinadas a este juego, y en algunos se representa el sacrificio ritual de los participantes.

Los objetos más importantes de la cultura clásica de Veracruz son las hachas, yugos y palmas, todos ellos realizados en piedra. La mayoría de los expertos creen que les eran concedidos a los mejores jugadores, que no los utilizaban durante el juego sino en celebraciones y procesiones ceremoniales. Las hachas también podrían haberse utilizado para delimitar las zonas del juego.

Destacan asimismo las figuras de barro que representan a los jugadores ataviados con todos sus atributos, desde los complicados peinados, las faldas con símbolos distintivos, y gruesos cinturones, hasta el calzado y todos los accesorios como rodilleras, coderas y elementos necesarios para practicar el deporte sagrado del juego de pelota.

Existe también una amplia producción de figurillas de barro de gran calidad, especialmente en la región de Remojadas, famosa por sus estatuillas de rostro amplio y sonriente conocidas como "caritas sonrientes". Las figurillas huecas, de gran realismo, producidas en su totalidad o en parte utilizando moldes, se cuentan entre las esculturas de barro a gran escala más significativas del periodo precolombino. Los rasgos y los detalles ornamentales de las llamadas "caritas sonrientes" se caracterizan por estar resaltados con la aplicación de chapopote (brea negra o asfalto) después de la cocción.

Probablemente por estar ubicada en las rutas comerciales y entre otras culturas mexicanas, la clásica de Veracruz era una cultura ecléctica. Su arte y arquitectura, especialmente los de cerro de Las Mesas, denotan influencias olmeca, de Teotihuacán, zapoteca y maya.

Periodo postclásico

Durante el periodo postclásico se desarrollaron varias culturas importantes: la tolteca, la purépecha o tarasca, la huasteca y totonaca, la mixteca, y la azteca.

-Toltecas y maya-toltecas

Tula, situada a unos 64 km al norte de la ciudad de México, era la capital de los militaristas toltecas, que establecieron su imperio a principios del periodo postclásico, en el siglo X d.C. Se trataba de una sociedad austera de guerreros pragmáticos, que parecían más interesados por la función que por la forma, de modo que produjeron pocos objetos lujosos. La cerámica más apreciada fue la llamada plomiza o plumbate y la anaranjada fina importada de artesanos no toltecas que vivían en la costa del Pacífico, cerca de la actual frontera entre México y Guatemala. La cerámica plomiza, única cerámica vidriada de Mesoamérica, tiene una superficie metálica, habitualmente gris verdosa resultado de la vitrificación de una barbotina de arcilla durante la cocción para obtener el brillo.

La arquitectura y la escultura toltecas reflejan la influencia de la cercana Teotihuacán. Sin embargo, los toltecas pretendían inspirar temor en vez de aspirar a la armonía espiritual que perseguía la civilización de Teotihuacán. El templo que se encuentra en la cima de la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli o de la Estrella Matutina en Tula tiene unas columnas de 4,6 m de alto, modeladas como imponentes guerreros rígidos, conocidos como atlantes, que guardan el recinto sagrado. Alrededor de la base de esta pirámide existen palacios y recintos ceremoniales. Al pie de la cara norte de la pirámide hay un elemento arquitectónico ideado por los toltecas que puede haber servido para encerrar un espacio ceremonial secreto que se denomina coatepantli o muralla de serpientes. El coatepantli consiste en un friso labrado en piedra que muestra una sucesión de serpientes que persiguen y devoran esqueletos. Otro elemento arquitectónico tolteca fue el tzompantli, o altar de cráneos, una plataforma baja, cercana a la pirámide principal, provista de soportes para apilar o ensartar las cabezas cercenadas de los sacrificados. El recio arte tolteca muestra una faceta de vigor en las formas que anuncian el predominio del guerrero sobre el sacerdote, una visión que se mantendría a lo largo del horizonte postclásico mesoamericano.

Según narraciones mítico-históricas posteriores, los toltecas invadieron la península de Yucatán alrededor del 1000 d.C. y establecieron su capital en la ciudad maya de Chichén Itzá. Una parte importante de la arquitectura e iconografía de este lugar refleja la fusión de la cultura maya tardía con la cultura tolteca temprana. Algunos elementos arquitectónicos encontrados en Tula se repiten en Chichén Itzá. Hay frescos con imágenes del asentamiento de un grupo tolteca.

La calidad del diseño y del arte en Chichén Itzá es superior a los de Tula, lo cual refleja el mayor grado de evolución de la capacidad artística de los arquitectos y artesanos mayas además de la influencia que ejercieron sobre ellos las numerosas culturas con las que tuvieron contacto.

Hacia el año 1250 se estableció una nueva capital maya en Mayapán, Yucatán: una ciudad amurallada en lugar del centro abierto construido por los mayas clásicos. Tulum es otra ciudad amurallada maya del periodo postclásico. Ubicada sobre la costa del Caribe mexicano, fue la primera ciudad mesoamericana descrita por los españoles.

-Purépechas o tarascos

La cultura purépecha o tarasca floreció en el oeste de México desde comienzos del periodo postclásico hasta la conquista española. En su capital, Tzintzuntzan, sobre el lago de Pátzcuaro, se han encontrado las yácatas (templos circulares y escalonados dispuestos en línea sobre un basamento rectangular). Se cree que los purépechas fueron los primeros que trabajaron el metal en Mesoamérica. Es probable que aprendieran las técnicas de la metalurgia gracias al comercio con las civilizaciones de América Central y las andinas a través del océano Pacífico. Los ornamentos de cobre, oro, bronce y otras aleaciones hechos por los purépechas eran tan apreciados como sus trabajos con plumas y sus telas.

-Huastecas y totonacas

En la época de la conquista española la cultura huasteca estaba asentada en la costa norte del golfo de México, mientras que la costa central estaba ocupada por los totonacas, cuya ciudad principal era Zempoala. Los huastecas eran conocidos por sus esculturas en piedra y por trabajar las conchas con intrincados dibujos recortados.

-Mixtecos

Hacia el siglo X, los mixtecos provenientes de la altiplanicie, penetraron en parte del territorio vecino de los zapotecas, en los valles de Oaxaca, por medio de guerras o de matrimonios mixtos. Utilizaron Monte Albán como necrópolis, o ciudad de los muertos, y se asentaron en ciudades fortificadas como Yagul y Mitla, que fue un importante centro religioso. Las edificaciones mixtecas están decoradas con unos mosaicos geométricos de piedra que son característicos.

La pictografía, los murales y la cerámica pintada de los mixtecos demuestran la habilidad artística de esa cultura. También fueron los más destacados en el trabajo de metalurgia en Mesoamérica, y la cerámica. En las tumbas de Monte Albán han aparecido ofrendas extraordinarias compuestas por vasijas de tecali (mármol), copas de cristal de roca, collares, perlas, objetos de ópalo, ágata, jade, ámbar, turquesa y elaborada joyería de filigrana de plata y oro.

Los mixtecos sobresalieron también en la decoración de máscaras, cuchillos ceremoniales y otros objetos con incrustaciones de coral, conchas, turquesa, obsidiana y otras piedras. Se especializaron en el labrado de la madera, destinado principalmente a las complejas decoraciones de los átlatl (instrumento utilizado para lanzar flechas) y en el tallado de los teponaztli (instrumentos horizontales de percusión de forma cilíndrica y ahuecados), de uso ceremonial.

-Aztecas o Mexicas

-Orígenes-

Tras la caída de la civilización tolteca que había florecido en Tula entre los siglos X y XI, oleadas de inmigraciones inundaron la meseta central de México, alrededor del lago Texcoco. Debido a su tardía aparición en el lugar, los aztecas-mexicas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas. El hecho de que, desde una base tan poco esperanzadora, los aztecas fueran capaces de consolidar un imperio poderoso en sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en una leyenda, según la cual fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Los sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona. Al aumentar en número, los aztecas establecieron organizaciones civiles y militares superiores. En 1325 fundaron la ciudad de Tenochtitlán.

-La capital -

Los aztecas convirtieron el lecho del lago, que era poco profundo, en chinampas (jardines muy fértiles, construidos con un armazón de troncos que sostenían arena, grava y tierra de siembra, atados con cuerdas de ixtle, para lograr islas artificiales donde se cultivaban verduras y flores y se criaban aves domésticas). Se hicieron calzadas y puentes para conectar la ciudad con tierra firme; se levantaron acueductos y se excavaron canales por toda la ciudad para el transporte de mercancías y personas. Las construcciones religiosas (gigantescas pirámides escalonadas recubiertas de piedra caliza y estuco de vivos colores, sobre las que se construían los templos) dominaban el paisaje.

La ciudad floreció como resultado de su ubicación y del alto grado de organización. En la época en la que los españoles, capitaneados por Hernán Cortés, comenzaron la conquista, en 1519, el gran mercado de Tlatelolco atraía a unas 60.000 personas diarias. Las mercancías llegaban a manos aztecas gracias a los acuerdos sobre tributos establecidos con los territorios conquistados. Muchas de esas mercancías se exportaban a otras zonas del imperio azteca y a América Central.

-La confederación azteca -

Los aztecas-mexicas establecieron alianzas militares con otros grupos, logrando un imperio que se extendía desde México central hasta la actual frontera con Guatemala. A principios del siglo XV Tenochtitlán gobernaba conjuntamente con las ciudades-estado de Texcoco y Tlacopan o Tacuba (la Triple Alianza). En un periodo de unos 100 años los aztecas lograron el poder total y, aunque las demás ciudades-estado continuaron llamándose reinos, se convirtieron en meros títulos honoríficos.

Al final del reinado de Moctezuma II, en 1520, se habían establecido 38 provincias tributarias; sin embargo, algunos pueblos de la periferia del imperio azteca luchaban por mantener su independencia. Estas divisiones y conflictos internos en el seno del imperio azteca facilitaron su derrota frente a Cortés en 1521, ya que muchos pueblos se aliaron con los españoles.

Además de los problemas internos que contribuyeron a su caída, el emperador Moctezuma había dado una bienvenida pacífica a Cortés y lo instaló junto a sus capitanes en los mejores palacios del imperio, desde donde se hicieron con la ciudad.

-Sociedad y religión aztecas -

La sociedad azteca estaba dividida en tres clases: esclavos, plebeyos y nobles. El estado de esclavo era similar al de un criado contratado. Los esclavos podían comprar su libertad y los que lograban escapar de sus amos y llegar hasta el palacio real sin que los atraparan obtenían la libertad inmediatamente. A los plebeyos o macehualtin se les otorgaba la propiedad vitalicia de un terreno en el que construían su casa. Sin embargo, a las capas más bajas de los plebeyos (tlalmaitl), no se les permitía tener propiedades y eran campesinos en tierras arrendadas. La nobleza estaba compuesta por los nobles de nacimiento, los sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo (especialmente los guerreros).

En la religión azteca numerosos dioses regían la vida diaria. Entre ellos Huitzilopochtli (deidad del sol), Coyolxahuqui (la diosa de la luna que, según la mitología azteca, era asesinada por su hermano el dios del sol), Tláloc (deidad de la lluvia) y Quetzalcoátl (inventor de la escritura y el calendario, asociado con el planeta Venus y con la resurrección). Los sacrificios, humanos y de animales, eran parte integrante de la religión azteca. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u ofrecerse como voluntarios para el sacrificio en las ceremonias importantes. Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros. También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse la continuidad de su aparición cada día y con ella la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra.

Los aztecas utilizaban la escritura pictográfica grabada en papel o piel de animales. Todavía se conserva alguno de estos escritos, llamados códices. También utilizaban un sistema de calendario que habían desarrollado los antiguos mayas. Tenía 365 días, divididos en 18 meses de 20 días, a los que se añadían 5 días "huecos" que se creía que eran aciagos y traían mala suerte. Utilizaban igualmente un calendario de 260 días (20 meses de 13 días) que aplicaban exclusivamente para adivinaciones. La educación era muy estricta y se impartía desde los primeros años. A las mujeres se les exhortaba a que fueran discretas y recatadas en sus modales y en el vestir y se les enseñaban todas las modalidades de los quehaceres domésticos que, además de moler y preparar los alimentos, consistían en descarozar el algodón, hilar, tejer y confeccionar la ropa de la familia. A los hombres se les inculcaba la vocación guerrera. Desde pequeños se les formaba para que fueran fuertes, de modo que los bañaban con agua fría, los abrigaban con ropa ligera y dormían en el suelo. Se procuraba fortalecer el carácter de los niños mediante castigos severos y el fomento de los valores primordiales como amor a la verdad, la justicia y el deber, respeto a los padres y a los ancianos, rechazo a la mentira y al libertinaje, misericordia con los pobres y los desvalidos. Los jóvenes aprendían música, bailes y cantos, además de religión, historia, matemáticas, interpretación de los códices, artes marciales, escritura, conocimiento del calendario, entre otras disciplinas.

-Arte -

Sus manifestaciones (1250-1521 d.C.) se encuentran entre las más importantes de Mesoamérica antes de la llegada de los europeos. El término azteca, junto con los de mexica y tenochca, se utiliza hoy día para designar a los siete pueblos que llegaron al valle de México procedentes de Aztlán, lugar mítico situado al norte de Mesoamérica. El arte azteca es un lenguaje utilizado por la sociedad para transmitir su visión del mundo, reforzando su propia identidad frente a la de las culturas foráneas. De marcado componente político-religioso, el arte azteca se expresa a través de la música y la literatura, pero también de la arquitectura y la escultura, valiéndose para ello de soportes tan variados como los instrumentos musicales, la piedra, la cerámica, el papel o las plumas. Lo primero que llama la atención es la asimilación azteca de las tradiciones artísticas anteriores y la impronta personal que otorgaron a sus manifestaciones. El arte azteca es violento y rudo pero deja entrever una complejidad intelectual y una sensibilidad que nos hablan de su enorme riqueza simbólica.

-Escultura-

Era fundamentalmente monumental y aparecía asociada a las grandes construcciones arquitectónicas. Muy realista en su concepción, contenía un componente simbólico y abstracto de gran importancia relacionado con su universo religioso. Existen piezas de gran tamaño que representan a los dioses, los mitos, los reyes y sus hazañas. Destacan la imponente Coatlicue (diosa de la tierra), de relieve plano y repleta de símbolos; la cabeza de Coyolxahuqui (diosa de la Luna e hija de Coatlicue); la Piedra del Sol o Calendario azteca, enorme bloque circular trabajado en relieve y dedicado a la divinidad solar Tonatiuh que algunos investigadores atribuyen al monstruo de la tierra Tlaltecuhtli y la Piedra de Tizoc, enorme disco que narra en un friso las conquistas del que fuera famoso Tlatoani (emperador) de los aztecas entre 1481 y 1486. La más conocida es la imagen de la diosa de las flores Xochipilli, sentada sobre un gran taburete, con todo el cuerpo cubierto por flores tatuadas. La escultura de pequeño tamaño en piedra tuvo también una gran importancia. Suele pertenecer más al ámbito de lo cotidiano, reproduciendo, generalmente, animales y objetos comunes. Algunas piezas conservan restos de pintura e incrustaciones realizadas con piedras diferentes. La técnica mexicana creó obras extraordinarias con materiales muy difíciles de labrar. Entre ellas debemos destacar una vasija de obsidiana que representa a un mono, o una excepcional calavera de cristal de roca que se encuentra en el Mankind Museum de Londres, donde se percibe el detallado conocimiento anatómico que poseían los mexicas, así como su pericia con el trabajo de la piedra, presentando una pieza casi transparente de un pulido perfecto. Los trabajos escultóricos en madera y turquesa supusieron un aporte interesante. Encontramos tambores con relieves muy complejos, marcos para espejos de obsidiana y los llamados mosaicos de turquesas (esculturas en madera cubiertas con mosaicos de piedras) que continúan la antigua tradición mesoamericana y de los que sólo se conservan algunas cabezas zoomorfas y máscaras.

-Orfebrería -

Los orfebres aztecas alcanzaron gran pericia en la fundición, combinando oro y plata. Los metales se utilizaban fundamentalmente para hacer joyas: collares, pendientes, pectorales, orejeras, bezotes (adornos que se colocaban en un orificio practicado bajo el labio inferior) y pulseras. También se hacían figuras y recipientes. Utilizaban la cera perdida y eran maestros en la fundición, hasta el punto de fabricar figuras articuladas. Frecuentemente se combinaban los metales con piedras semipreciosas como el jade, la amatista y la turquesa, formando collares y adornos de gran belleza.

-Plumería-

Fue una de las expresiones más originales y características de los aztecas, especialmente la elaboración de mosaicos de plumas. Las aves utilizadas para estos trabajos procedían de los bosques tropicales del sur de México y Guatemala, o bien eran criadas en cautividad y cazadas con técnicas refinadas que no dañaban el plumaje de la presa. Eran clasificadas de acuerdo con el tamaño, calidad y color, siendo las más apreciadas las verdes de quetzal (sobre todo las larguísimas caudales); las rojas del tlauquecholli y las azules turquesa del xiuhtótotl. Los especialistas dedicados a estos menesteres se llamaban amanteca y eran muy apreciados, destacando los de Tlatelolco, Texcoco y Huaxtepec. Se conservan buenos ejemplares de escudos y tocados en museos de América y Europa. Destacan el escudo del Dios de la Lluvia, y el gran tocado de plumas de quetzal con adornos de oro, conocido como el Penacho (Corona) de Moctezuma, conservado en el Museo Etnográfico de Viena.

-Cerámica-

Constituye la forma de expresión más popular, sobre todo en lo relativo a las figuras de personas y divinidades entre las que destacan figurillas femeninas de fertilidad y representaciones de dioses. Las figurillas femeninas aparecen de pie, con el cabello dividido en dos crestas o bucles que se elevan sobre la cabeza, un faldellín decorado que llega hasta los pies, y suelen llevar en sus brazos otras dos figuras más pequeñas. Se ha interpretado como una representación de la diosa madre azteca (Tonantzin, Xochiquetzal, Coatlicue o Cihuacóatl), aunque en la actualidad son consideradas como un símbolo de la maternidad. Otras figuras son representaciones de los dioses Tláloc y Quetzalcóatl Ehecatl.

-Códices -

Eran libros en papel de amate o en piel de venado, doblados a manera de biombo. Plasmaban dibujos figurativos y una escritura pictográfica que servía como recordatorio de narraciones históricas, religiosas o litúrgicas. La inmensa mayoría de los códices aztecas son copias de códices antiguos o recopilaciones posteriores a la conquista realizadas a requerimiento de los frailes. Los identificados plenamente con el mundo azteca son el Códice borbónico y el Tonalamatl Aubin, los más antiguos, y los pertenecientes al grupo Magliabecchiano, entre los que destacan el propio Magliabecchiano, el Códice Tudela, el Códice Ixtlilxochitl y el Códice Veitia.

-Literatura y música -

A la llegada de los españoles muchos de los textos de los códices prehispánicos fueron recopilados en libros escritos en lengua náhuatl con caracteres latinos. Entre ellos destacan los llamados Anales de Tlatelolco, los Códices Matritenses de fray Bernardino de Sahagún y, sobre todo, por su gran calidad literaria, la Colección de cantares mexicanos y Los romances de los señores de la Nueva España, donde se ensalza lo bello, lo efímero y lo sutil de la vida. El mundo de la música y la danza corría parejo al de la literatura. Por lo que sabemos existieron gran variedad de instrumentos musicales de los que se sirvieron para realizar escalas pentatónicas y, en ocasiones, de seis, siete o más tonos.

-Mitologia-

Esta formado por conjunto de mitos y creencias propios de los aztecas, pueblo de origen náhuatl y de carácter nómada, que sucedieron y vencieron a otros pueblos de ese mismo origen, como los chichimecas, toltecas y tepanecas.

-Los dioses -

De carácter politeísta, el panteón azteca abarcaba una abundante jerarquía de dioses. Tezcatlipoca era una de las deidades principales y representante del principio de dualidad. Portaba un espejo en el que se reflejaban los hechos de la humanidad. Divinidad aérea, representaba el aliento vital y la tempestad y llegó a asociarse posteriormente con la fortuna individual y con el destino de la nación azteca. Pero también tenía poderes destructivos y, como tal, recibía los apodos de Nezahualpilli (jefe hambriento) y Yaotzin (el enemigo). La fiesta más importante consagrada a Tezcatlipoca era el Tóxcatl, que se celebraba en el mes quinto. En esa ocasión se le sacrificaba un joven honrado como representación del dios en la tierra, guarnecido con todos sus atributos, entre ellos un silbato, con el que producía un sonido semejante al del viento nocturno por los caminos.

Considerado como "padre de los toltecas", Quetzalcóatl, la "serpiente emplumada", aparece enfrentado a Tezcatlipoca quien, según la leyenda, le hizo beber varios tragos de pulque (bebida alcohólica que se obtiene haciendo fermentar el aguamiel o jugo extraído del maguey, una variedad del agave), supuestamente beneficioso para su salud, pero Quetzalcóatl, avergonzado por haber perdido su entereza, se ocultó y finalmente desapareció, prometiendo que volvería. Quetzalcóatl está relacionado con la enseñanza de las artes y, por tanto, actúa como introductor de la civilización. Sus devotos, para venerarlo, se sacaban sangre de las venas que están debajo de la lengua o detrás de la oreja y untaban con ella la boca de los ídolos. La efusión de sangre sustituía el sacrificio directo. Huitzilopochtli, dios de la guerra, representaba los dardos y lanzas del guerrero, la sabiduría y el poder, símbolos que lo identifican con la serpiente. Pero además su nombre alude al colibrí, precursor del verano, la estación de los relámpagos y la fertilidad. Se le honraba en el décimoquinto mes azteca, en una ceremonia muy semejante al Tóxcatl de Tezcatlipoca, el Panquetzaliztli, en la que el sacerdote atravesaba con una flecha una masa preparada con sangre de personas sacrificadas para tal ocasión.

Otro de los dioses importantes era Tláloc, dios de la lluvia, casado con Chalchiuhtlicue, a la que se solía representar con la imagen de una rana, y con la que tuvo muchos hijos: los tlálocs o nubes. Vivía en un paraíso de aguas llamado Tlalocan, donde iban los que habían muerto en inundaciones, fulminados por un rayo o enfermos de hidropesía, que allí disfrutaban de una felicidad eterna. Le ofrecían niños y doncellas en sacrificio. Los campesinos, en previsión de sequías, hacían fabricar ídolos a imagen de Tláloc y los veneraban ofrendándoles maíz y pulque. Relacionados con la agricultura, había un grupo de dioses, entre ellos cintéotl, a los que se identificaba con partes de la planta del maíz. La diosa principal del grupo era Chicomecoátl, otra forma de la deidad del agua, chalchiuhtlicue. Su festival, el Xalaquia, se celebraba entre junio y julio, cuando la planta del maíz había madurado completamente.

Xólotl representaba las formas ascendentes y descendentes del fuego: el de las llamas y el caído del cielo. Dios monstruoso, aparece representado con las cuencas de los ojos vacías porque, según la leyenda, al sacrificarse los dioses para dar vida al nuevo Sol, se puso tan triste y lloró tanto que los ojos se le cayeron de las órbitas. Tlazoltéotl, diosa de la inmundicia, la lujuria y el deseo, absolvía a los fieles de sus faltas o pecados; representaba a la basura, el abono y, por tanto, a la fecundidad de la tierra. Mictlantecuhtli (señor del infierno), era el dios de las tinieblas y la muerte. Vivía en una región llamada Tlalxicco, el Ombligo de la Tierra; a este lugar iban los muertos que no merecían ninguno de los diversos grados de cielos, y su castigo era el tedio.

También presente en la mitología maya, las almas, que salían de la boca de los muertos, llevaban jabalinas para afrontar varias pruebas antes de llegar a su morada e iban acompañadas por la sombra de su perro favorito: paso entre dos peñas peligrosas, batalla con una serpiente, enfrentamiento con un caimán, travesía por ocho desiertos y ocho montañas, superación de un torbellino capaz de hender las rocas más sólidas, además de una serie de demonios que le impiden el paso.

Como contraste con esta visión heroica de la travesía después de la muerte, el dios Omacahtl simbolizaba el regocijo y el espíritu festivo. Especie de Dioniso azteca, se representaba como un gordo, en blanco y negro, tocado con una diadema de papel de la que colgaban papeles de colores. Festejado sobre todo por los ricos, a través de orgías y banquetes, Omacahtl castigaba los errores en el culto con indigestiones o mareos, lo que habla de la necesidad de un mito para regular las reglas de urbanidad y el comportamiento en la mesa.

-El cómputo del tiempo-

Derivado del maya, el calendario azteca reúne el tonalpohualli, ciclo ritual de 260 días, con el año solar de 365. En cada año había cinco días funestos, llamados nemontemi, durante los cuales no se trabajaba. En su concepción cíclica del paso del tiempo, los aztecas creían que pasados cincuenta y dos años, el mundo acabaría. En la víspera del final de ese periodo, atemorizados, intentaban aplacar a los dioses con ofrendas y sacrificios. Si no se producía la catástrofe, volvían a encenderse los fuegos del hogar y se reanudaba la vida normal. En el Museo Nacional de Antropología de México se encuentra el calendario azteca, de casi 4 metros de diámetro y 25 toneladas de peso. En el centro está el dios del Sol, Tonatiuh, rodeado por cuatro secciones cuadradas que representan las encarnaciones de la divinidad y las cuatro edades anteriores del mundo. Alrededor del conjunto, unos signos manifiestan los veinte días del mes azteca.

Área central andina

El florecimiento de las culturas va acompañado por el desarrollo de las técnicas de cerámica que preceden a la evolución de las ciudades, no obstante, en el área central andina la arquitectura monumental es anterior a las primeras cerámicas hechas en la región.

Periodo precerámico

Alrededor del 2500 a.C. se construyeron túmulos ceremoniales de carácter monumental en Huaca Prieta, en el Valle de Chicama, que está al norte de la costa peruana. En el mismo sitio también fueron hallados tejidos de algodón de técnica muy evolucionada y calabazas labradas con estilizados motivos geométricos. Otro emplazamiento del periodo precerámico en la costa norte es Las Haldas, donde tal vez fueran levantadas las primeras pirámides y basamentos de templos de toda América. Estos fueron construidos con tierra y datan de alrededor del 1800 a.C. El Paraíso o Chuquitanta, en la zona central de la costa peruana, es el lugar de mayores dimensiones del periodo precerámico en el que se han realizado excavaciones. Había varios complejos residenciales construidos con piedra y arcilla, compuestos de habitaciones y terrazas superpuestas. En Kotosh, otro centro importante del periodo precerámico, ubicado en la altiplanicie del norte del Perú, se levantaron templos con terrazas en piedra revestida de arcilla y decorados con relieves de manos cruzadas, realizados también en arcilla.

Periodo preclásico

En el Perú se desarrollaron dos culturas importantes durante el periodo preclásico, la de Chavín y la de Paracas.

-Chavín

Entre aproximadamente el 1200 y el 200 a.C., floreció en el norte del altiplano una civilización paralela en muchos sentidos a su contemporánea mesoamericana de los olmecas. Ambas fueron importantes culturas dentro de sus áreas arqueológicas, y ambas usaron imágenes felinas en sus iconografías religiosas. Parece ser que la influencia artística de Chavín no se extendió a través de conquistas sino por difusión religiosa y cultural. Pueden encontrarse muestras de la influencia artística e iconográfica de la cultura Chavín en emplazamientos que van desde Ecuador hasta el sur de la costa peruana.

Chavín de Huantar está compuesto por una serie de plataformas y templos con arcos saledizos en algunos corredores. Los ejemplos más sobresalientes de escultura en piedra dentro del área central andina se encuentran en Chavín de Huantar o en emplazamientos relacionados con la cultura chavín como Cerro Blanco y Cerro Sechín. Sin embargo, a diferencia de la cultura olmeca y otras culturas mesoamericanas, la chavín y otras civilizaciones peruanas posteriores produjeron muy pocas esculturas exentas en piedra o figurillas de barro. El relieve plano chavín alcanzó su apogeo en el estilizado diseño rectilíneo de la estela conocida como Raimondi.

La vasija de asa de estribo, o caño estribo (un recipiente cerrado que tiene un asa hueca en forma de U coronada por un pico tubular), se originó probablemente en el norte del Perú y se convirtió en la vasija más característica de la cerámica chavín. La buena cerámica chavín se hacía en enclaves alejados de los principales centros ceremoniales.

En Cupisnique, Chongoyape y Tembladera, situados en los valles costeros del norte del Perú, se hacían vasijas de gran calidad en forma de efigie, con diseños abstractos y realistas.

Con el desarrollo de la metalurgia, la civilización chavín destacó en la elaboración de adornos corporales en oro repujado. Las piezas más características son las placas decorativas para adornar la ropa y las altas coronas cilíndricas con relieves de tema mitológico, que usaba la nobleza chavín.

-Paracas

Entre el año 900 y el 400 a.C. floreció otra civilización en la costa sur del Perú, la de Paracas. La cultura de Paracas es conocida sobre todo por sus tejidos, que se han conservado en perfecto estado gracias a la extrema aridez de la zona. Los cadaveres eran amortajados con telas y enterrados en tumbas, en las que la sequedad del aire momificaba los cuerpos. Dichas mortajas son de gran interés arqueológico ya que las telas están bordadas, tejidas o pintadas de forma muy elaborada con motivos felinos claramente relacionados con los de Chavín de Huantar, en el altiplano. También se aprecia una clara influencia chavín, especialmente en lo relacionado con la utilización de la iconografía felina, en las vasijas con forma de efigie halladas en la necrópolis de Paracas.

El estilo general de los objetos producidos en la región costera del sur del Perú se inclina más por los motivos sencillos y angulares que se aprecian en los tejidos de Paracas, que presentan un detallado realismo y las formas redondeadas de las esculturas de arcilla y de metal características del arte de la zona norte peruana. Por lo tanto, la decoración de la cerámica de Paracas es muy estilizada, con diseños realizados mediante incisiones y policromada con colores brillantes. Las vasijas suelen ser de doble pico y base redondeada, en lugar de tener asa de estribo y fondo plano como las de la costa norte.

Periodo clásico

El periodo clásico estaba dominado por las culturas moche y nazca, y posteriormente las culturas de Tiahuanaco y las relacionadas con Huari.

-Moches

La sociedad militarista moche o mochica floreció entre los años 200 a.C. y 700 d.C. en la costa norte de Perú. Toma el nombre del principal centro ceremonial y administrativo de esta cultura. La ciudad de Moche, una de las más antiguas y monumentales concentraciones urbanas de Perú, se extendía alrededor de dos grandes pirámides gemelas de adobe llamadas huaca del Sol y huaca de la Luna.

A pesar de que la cultura moche era una sociedad militar, poseía un gusto artístico muy refinado. En sus tumbas se han hallado objetos de cerámica y orfebrería que superan en delicadeza y perfección a los de otras regiones del área central andina.

La cerámica moche es una de las más populares de Perú por su realismo y carácter escultórico que la sitúa entre las más refinadas del periodo precolombino. Los llamados jarros retrato, son recipientes en los que el ceramista ha modelado los rasgos faciales y psicológicos de una persona. En otras piezas se representan escenas de la vida religiosa y militar, pintadas en finos tonos siena y rojos sobre fondo amarillo.

La cerámica erótica moche es una de las más abundantes del periodo precolombino. Se cree que tenía una finalidad ceremonial, y mediante ella se establecía un verdadero código moral.

Los trabajos en metal de los moches eran más elaborados y de una técnica más avanzada que los de civilizaciones precolombinas anteriores. Los adornos corporales realizados con oro, plata, cobre y aleaciones solían tener incrustaciones de turquesas y lapislázuli. Los motivos eran geométricos y mitológicos, especialmente de la deidad felina.

-Nazca

La cultura nazca, del sur de la costa peruana, en el valle del río Nazca, era casi coetánea de la de los moches. Los nazca produjeron pocas obras arquitectónicas pero destacaron en los tejidos y la cerámica de diseños estilizados y colores brillantes. La cerámica nazca es de exuberante policromía y con diseños y decoración audaces. Ya no utiliza incisiones profundas como la de Paracas y el color se aplica antes de la cocción, y no después de ella. Aunque tanto los moches como los nazca hicieron vasijas en las que combinaban elementos modelados y dibujados, los primeros preferían la cerámica escultural y los segundos, la pintada.

Uno de los vestigios más enigmáticos del legado precolombino son las líneas dibujadas en el desierto de Nazca. Conocidos como los dibujos zoomorfos, fueron realizadas arrancando las piedras de la superficie oscura para dejar al descubierto un sustrato más claro. Los dibujos representan, a una escala enorme, formas geométricas, animales, pájaros y peces que sólo pueden apreciarse en su totalidad desde el aire. Se asemejan a las imágenes pintadas de la cerámica nazca y se cree que probablemente tuvieran una función ceremonial o astronómica.

-Tiahuanaco

Tiahuanaco es un emplazamiento boliviano próximo al lago Titicaca, en el sur del altiplano central andino, que data de fecha tan temprana como el año 200 a.C. Aproximadamente entre el 200 y el 600 d.C., este complejo urbanístico se convirtió en el centro de otra importante civilización del periodo preclásico.

El arte y la arquitectura de Tiahuanaco concedían mayor importancia al hecho de que las obras fueran austeras y perdurables. Los motivos decorativos y las imágenes religiosas son de gran rigidez. Tanto las edificaciones como las esculturas se caracterizan por su aspecto monolítico y monumental. La Puerta del Sol de Tiahuanaco, hecha de un solo bloque de piedra y decorada con relieves de espléndida ejecución, tiene 3 metros de altura y 4 de ancho, y debe su monumentalidad a la grandiosidad del diseño. Diseminadas por toda la zona de Tiahuanaco hay estatuas monolíticas antropomórficas que alcanzan alturas de más de 6 metros y están decoradas con bajorrelieves. Fue una de las pocas culturas del área central andina que utilizó la piedra de forma masiva en arquitectura, escultura y objetos ceremoniales.

-Huari

La civilización huari (o wari), aunque tenía la misma religión e iconografía que la civilización de Tiahuanaco, presentaba características socioeconómicas distintas. Aproximadamente entre el año 750 y el 1000 el imperio huari puso fin al regionalismo cultural en Perú, preparando así la unificación cultural del periodo inca.

La civilización huari era una sociedad guerrera que apreciaba el arte y el diseño. Las culturas huari costeras produjeron tejidos de la más alta calidad. Muchos de los diseños, especialmente el de los ponchos, eran abstracciones de los motivos pintados en la cerámica de Tiahuanaco. Aunque menos refinada que ésta, la cerámica huari se caracteriza por su solidez, lo audaz de sus diseños y la riqueza de la policromía.

Periodo postclásico

Durante el periodo postclásico la civilización más preeminente de Suramérica precolombina era la inca, sólo comparable a la chimú.

- Chimu

Desde el año 1000 hasta el 1470, el norte de Perú estuvo dominado por los chimú. La capital imperial, Chan Chan, estaba compuesta por grupos de edificaciones con paredes de adobe que recuerdan los primeros asentamientos huari. Chan Chan es el emplazamiento urbano más grande de la zona andina y una verdadera ciudad, compuesta de diez o doce divisiones de planta octogonal, cada una de las cuales contiene un recinto ceremonial, residencias, mercados, talleres, depósitos de agua y de alimentos y jardines. Las edificaciones están decoradas con mosaicos hechos con ladrillos de adobe o con bajorrelieves moldeados en un enlucido de arcilla, que representan animales, pájaros y figuras mitológicas.

Aunque Chan Chan no estaba fortificada, los chimú defendieron su imperio construyendo fortalezas en las fronteras. Paramonga, que defendía la frontera sur, está considerada como una obra de arte de ingeniería militar, al igual que la fortaleza de Sacsahuamán, más allá de Cuzco.

La cerámica chimú se producía principalmente usando moldes. Su característico color negro se obtenía sofocando prácticamente la llama al reducir la cantidad de oxígeno del horno durante la cocción. Se decoraba con relieves hechos en moldes y, después de cocida, la superficie de la vasija se pulía para darle un reflejo plateado.

Los orfebres chimús producían objetos mediante técnicas muy variadas como el martillado, la soldadura o la cera perdida. Comparada con la cerámica, la metalistería chimú resulta más original en lo que se refiere al diseño y ejecución artística. Son típicas de este trabajo las máscaras, los antebrazos, collares, aretes e incluso vestidos con incrustaciones de oro.

Los tejidos ofrecen características similares a los demás productos chimú en cuanto a calidad y cantidad. Especialmente sobresaliente es el arte plumario y sus ponchos decorados con plumas de pájaros tropicales estaban considerados como una de las vestimentas más lujosas del periodo postclásico.

-Incas

-Historia -

Los incas eran originariamente una pequeña y belicosa tribu que habitaba la región al sur de las tierras altas de la Cordillera Central en Perú. En torno al año 1100 d.C. comenzaron a desplazarse hacia el valle de Cusco o Cuzco, donde durante casi trescientos años llevaron a cabo incursiones, y allí donde fue posible, impusieron tributos sobre pueblos vecinos. Hasta mediados del siglo XV los incas no llevaron a cabo ninguna gran expansión o consolidación política. Su avance territorial más importante antes de esa fecha consistió en una penetración de 32 km al sur de la capital, Cusco, bajo el reinado del sexto soberano, Inca Roca, que vivió en el siglo XIV.

La expansión territorial se inició realmente con el octavo monarca, Viracocha Inca, que vivió a principios del siglo XV y que, en 1437, amplió el imperio en unos cuarenta kilómetros más allá del territorio de Cusco. Después de esto, durante un periodo de 30 años, dos personajes notables ampliaron y unificaron el territorio. El primero fue el hijo de Viracocha, Pachacutec Inca Yupanqui, considerado por algunos historiadores como uno de los mayores conquistadores y gobernantes del mundo. El segundo fue Túpac Inca Yupanqui, hijo de Pachacutec. El imperio alcanzó su mayor extensión con el reinado de el hijo de Topa, Huayna Cápac (1493-1525).

Hacia 1525 el territorio bajo control inca se extendía por la zona más meridional de la actual Colombia, por Ecuador, Perú y Bolivia y por zonas del norte de Argentina y Chile, abarcando un área de más de 3.500 km de norte a sur, y de 805 km de este a oeste.

La muerte de Huayna Cápac en 1525, antes de que pudiera designar a su sucesor, provocó la división del imperio. Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono. La consiguiente lucha entre ambos, que finalizó en 1532 con la captura de Huáscar, debilitó seriamente al imperio. En este crítico momento el conquistador español Francisco Pizarro desembarcó en la costa con 180 hombres dotados de armas de fuego. Pizarro, apoyado por distintos grupos de indígenas descontentos por la dominación inca, logró controlar el imperio haciendo prisionero a su jefe, Atahualpa. Temeroso de que Pizarro pudiera ordenar su destitución en favor de Huáscar, Atahualpa dio la orden de ejecutar a su antiguo rival, lo que sería una de las causas de su propia condena en el proceso al que le sometieron los españoles un año después. El 29 de agosto de 1533, cuando todavía se estaba acumulando un enorme depósito de ornamentos de oro procedentes de todos los rincones del imperio, Pizarro ejecutó a Atahualpa.

Ese mismo año los españoles ocuparon Cuzco y permitieron a Manco Cápac II, un hermano de Huáscar, acceder al trono. Algunos años más tarde, Manco dirigió una revuelta contra los españoles, en la que fue derrotado y asesinado. El último pretendiente al trono inca fue Túpac Amaru I, hijo menor de Manco Cápac II y último descendiente por línea masculina, que fue decapitado en 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo.

-Cultura -

Los incas habían desarrollado un sistema político y administrativo no superado por ningún otro pueblo nativo de América. El Imperio incaico era una teocracia basada en la agricultura, rígidamente organizada en grupos sociales y dominada por el todopoderoso Inca, que era adorado como un dios viviente. Por debajo de éste, en orden descendente de rango y poder, se encontraban: la familia del emperador, que ocupaba las altas jerarquías del imperio y poseía las mejores tierras; la aristocracia; los administradores imperiales y los curacas, nobles de carácter local; la gran masa de artesanos y campesinos, los hatunruna, que cultivaban sus propias tierras y de forma gratuita trabajaban las de la nobleza. Por último estaban los siervos o yanaconas y los prisioneros de guerra o mitimaes.

Administrativamente, todo el territorio estaba dividido en cuatro grandes regiones o cuarteles. Esta región estaba subdividida en 4 provincias: Antisuyu, Collasuyu, Cuntisuyu y Chinchasuyu. Estas, a su vez, se dividían en unidades socioeconómicas menores, de las cuales la más pequeña era la propiedad de tierra familiar conocida como ayllu. El cultivo de estos ayllus tenía lugar bajo estricto control oficial.

Los técnicos gubernamentales supervisaban estrechamente la selección y siembra de granos y enseñaban a los granjeros las técnicas de drenaje, fertilización, irrigación con canales y acueductos y creación de terrazas. Un porcentaje de cada cosecha de grano era entregado al Estado y almacenado en depósitos estatales para ser distribuido en casos de necesidad.

Los cultivos más importantes fueron la papa y el maíz, además del cacao, la chirimoya, la papaya, el tomate y el frijol. Las llamas fueron los animales básicos de transporte; también se domesticaron las vicuñas y alpacas por su fina lana. Otros animales domesticados fueron guanacos, perros, cobayas y ocas. Las principales manufacturas incas fueron la cerámica, los tejidos, los ornamentos metálicos y las armas con bellas ornamentaciones.

A pesar de no contar con caballos, ni vehículos de ruedas ni un sistema de escritura, las autoridades de Cusco lograron mantenerse en estrecho contacto con todas las partes del imperio. Una compleja red de caminos empedrados que conectaban las diversas zonas de las regiones, permitía esta comunicación; mensajeros entrenados -los chasquis- actuando en relevos, corrían 402 km al día a lo largo de esos caminos.

Los registros de tropas, suministros, datos de población e inventarios generales se llevaban a cabo mediante los quipus, juegos de cintas de diferentes colores anudados según un sistema codificado, que les permitía llevar la contabilidad. Botes construidos con madera de balsa constituían un modo de transporte veloz a través de ríos y arroyos. El firme control ejercido por la burocracia imperial a lo largo de todo el territorio fue posible en gran medida gracias a este eficaz sistema de comunicaciones.

Entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos, los palacios, las obras públicas y las fortalezas estratégicamente emplazadas, como Machu Picchu. Enormes edificios como el Templo del Sol en Cusco, fueron edificados con un mínimo de equipamiento de ingeniería. Otros logros destacables incluyen la construcción de puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi cien metros de longitud), de canales para regadío y de acueductos. El bronce se usó ampliamente para herramientas y ornamentos.

La religión tuvo un carácter de gran formalidad. El dios supremo de los incas era Viracocha, creador y señor de todas las cosas vivientes. Las ceremonias y rituales incas eran numerosos y frecuentemente complejos y estaban básicamente relacionados con cuestiones agrícolas y de salud, en particular con el cultivo y la recolección de la cosecha y con la curación de diversas enfermedades. En las ceremonias más importantes se sacrificaban animales vivos y raramente se exigía la realización de sacrificios humanos como ofrenda a los dioses. Los incas produjeron un rico folclore y música de la cual sólo perviven algunos fragmentos.

-Arte-

El arte supuso el momento culminante de un largo proceso social y político que se había iniciado varios milenios antes. Sus manifestaciones artísticas supusieron una continuidad con las tradiciones anteriores, siendo las más elaboradas los textiles, la orfebrería, el trabajo en piedra y la cerámica. Los incas desarrollaron un arte sencillo al que fueron incorporando las técnicas y la habilidad de los pueblos conquistados. Respondiendo a las necesidades derivadas de un estado tan complejo como el inca, sus manifestaciones artísticas se convirtieron en un arma propagandística de una gran importancia.

-Metalistería -

Los objetos de metal constituyen la realización más llamativa de todas cuantas llevaron a cabo los incas. La tradición orfebre, muy antigua en la costa peruana, ocupó un capítulo muy importante dentro de su ajuar. Trabajaron el cobre, el bronce, la plata y el oro siendo el repujado y calado de láminas el procedimiento más utilizado. Las decoraciones son geométricas, aunque los motivos antropomorfos y zoomorfos, representados frontalmente conforme a los principios de hieratismo y simetría, son bastante frecuentes. Los alfileres y prendedores para sujetar las prendas de vestir, tupu en lengua quechua, fueron elementos muy corrientes. El remate solía ser una lámina muy desarrollada, de forma variable, que en el caso de ir decorada, presentaba motivos geométricos muy simples dispuestos en bandas o cenefas. El alfiler de cabeza laminar o circular fue el modelo cuzqueño que alcanzó más difusión y popularidad, pudiéndolo encontrar tanto en Cuzco como en los últimos confines del Imperio.

Otras culturas del periodo intermedio tardío (Chancay, Chimú, Ica-Chincha) desarrollaron un arte figurativo muy rico a base de prendedores rematados por figuras humanas o zoomorfas. Colgantes, collares, aretes, anillos, brazaletes y pulseras son otros tantos objetos fabricados según las técnicas descritas. Los vistosos y ricos tocados que adornaban las cabezas de reyes y nobles (donde confluían materiales como el tejido, la plumería y los metales preciosos) son otros tantos ejemplos de la riquísima orfebrería inca. Encontramos también objetos rituales, utilizados como amuletos u ofrendas, que representan animales y figuras humanas, de bulto redondo, entre los que merece la pena destacar las figuras antropomorfas desnudas con una estilización y geometrización muy señalada. Los objetos de metal se encontraban a menudo incrustados de piedras preciosas o semipreciosas. A veces se coloreaban con un ácido natural que bruñía el cobre haciendo salir el brillo del oro o la plata con que estaba aleado. La producción se orientó hacia fines ornamentales. El Inca, la corte y los dignatarios del Estado iban ataviados con pectorales, brazaletes y collares, que ponían de manifiesto su inmenso poder.

-Cerámica -

La ausencia del torno hacía que el alfarero tuviera que modelar la vasija a mano. Además de esta antigua técnica andina, la utilización del molde permitió la fabricación en serie, de tal forma que la producción se incrementó notablemente. Debemos distinguir entre el menaje doméstico y la vajilla de uso ritual. Mientras que en el primer caso las formas y tamaños derivaban de las necesidades cotidianas, en el segundo, su desarrollo estuvo directamente condicionado por el mundo de las creencias. Estilísticamente encontramos la cerámica tipo Killke, con una cronología que va del 1200 al 1450 d.C., y la cerámica polícroma tipo Cuzco desde 1450 hasta la Colonia. Las primeras aparecen decoradas con motivos geométricos muy sencillos en tonos rojos y negros mientras las segundas, decoradas de igual forma, denotan una elaboración técnica más cuidada. No sólo se plasmaba sobre sus paredes una rica iconografía, sino que las piezas mismas eran colocadas como ofrendas en las sepulturas. Los alfareros incas no inventaron ninguna técnica que fuera desconocida en épocas anteriores y su cerámica se caracterizó, fundamentalmente por formas equilibradas, un pulimento notable y la preponderancia de los motivos geométricos. Los tipos más característicos y propios fueron el aríbalo, una vasija globular de base cónica, cuello cilíndrico de borde evertido con un apéndice zoomorfo en la base del cuello y dos asas en forma de lazo, el kero, un vaso de uso ceremonial utilizado por el Inca y la nobleza, y una gran variedad de cuencos y platos de muy diversas formas y decoraciones.

Los keros y pajchas realizados a partir de maderas muy duras como la chonta y utilizados para libaciones rituales a la tierra, se ornamentaba mediante incisiones o decoración labrada sobre las que luego se aplicaban pastas resinosas coloreadas. Los temas solían ser escenas figurativas dispuestas en franjas o frisos horizontales que proporcionan una riquísima información sobre la vida incaica, tanto en época prehispánica como en tiempos de la conquista española (encontramos escenas cortesanas, de guerra y rituales). Estas tipologías siguieron vigentes durante la época colonial, aunque incorporando en sus composiciones numerosos elementos ornamentales de raíz hispana y mayores dosis de dinamismo y profusión decorativa.

-Escultura-

Los trabajos realizados en piedra constituyen el otro gran conjunto de realizaciones incaicas. Suele limitarse a representaciones zoomorfas de auquénidos, llamas, vicuñas y alpacas, y fitomorfas, mazorcas de maíz, que son conocidas como conopas y a numerosos cuencos y recipientes llamados popularmente morteros. Entroncados en las tradiciones artísticas andinas, los incas supieron imprimir un carácter propio y original a sus obras que se basó en una simplificación de las formas por medio de volúmenes geométricos sencillos y una esquematización de los motivos decorativos. El arte inca se caracterizó por la sobriedad, la geometría y la síntesis, tendiendo más a lo práctico y funcional que a lo formal.

-Mitologia -

Es un conjunto de creencias, normalmente de base animista, propio de los pueblos de origen quechua y aymará que constituyeron el imperio inca. Destacan, entre otros pueblos, los mochicas y los chimu.

-Los dioses -

El dios creador es Viracocha, calificado como "Viejo hombre de los cielos" o "Señor maestro del mundo". Por haber creado la tierra, los animales y los seres humanos, y ser el poseedor de todas las cosas, los incas lo adoraban sin ofrecerle sacrificios ni tributos. Creó, destruyó a los hombres y volvió a crearlos a partir de la piedra. Después los dispersó en cuatro direcciones. Como héroe cultural, enseñó a los seres humanos varias técnicas y oficios. Emprendió muchos viajes hasta que llegó a Manta (Ecuador), desde donde surcó el océano Pacífico. El dios Sol, era la divinidad protectora de la casa real. Su calor beneficiaba a la tierra andina y hacía madurar las plantas. Se representaba con un rostro humano sobre un disco radiante. Cada soberano inca veía en Inti a su divino antepasado. La Gran Fiesta del Sol, el Inti Raymi, se celebraba en el solsticio de invierno. Para dar la bienvenida al sol, le ofrecían una hoguera, en la que quemaban a la víctima del sacrificio, coca y maíz. Culminada la celebración, exclamaban: "¡Oh, Creador, Sol y Trueno, sed jóvenes siempre! ¡Multiplicad los pueblos! ¡Dejad que vivan en paz!". La mujer de Inti se llamaba Mama-Kilya, la Madre Luna, y era la encargada de regular los ciclos menstruales de la mujer. El dios que se encargaba de dar la lluvia, Apu Illapu, era una divinidad agrícola.

En época de sequía se hacían peregrinaciones a los templos consagrados a Illapu, construidos en zonas altas. Si la sequía era muy persistente, llegaban a ofrecerle sacrificios humanos.

Los incas creían que la sombra de Illapu se encontraba en la Vía Láctea, desde donde arrojaba el agua que caería en la tierra en forma de lluvia. Otros dioses importantes son Pachamama, la madre Tierra, el mundo de las cosas visibles, señora de las montañas, las rocas y las llanuras, y Pachacamac, el espíritu que alienta el crecimiento de todas las cosas, espíritu padre de los cereales, animales, pájaros y seres humanos.

-Tiempo y calendario -

Entre los incas, el tiempo se medía según las fases en el curso natural de la Luna. El año, de trescientos sesenta días, estaba dividido en doce lunas de treinta días cada una. Los cuatro hitos del recorrido del Sol, que coincidían con los festivales más importantes consagrados al dios Inti, se indicaban por medio del intihuatana, una gran roca, coronada por un cono que hacía sombra en unas muescas de la piedra. En Cuzco los solsticios se medían con pilares llamados pachacta unanchac o indicadores de tiempo. La organización mítico-religiosa determinaba la sucesión en el calendario a través de las doce lunas, correspondientes a festividades y actividades cotidianas:

-Capac Raimi Quilla, Luna de la Gran Fiesta del Sol, equivalente a diciembre, mes de descanso.

-Huchuy Pucuy Quilla, Pequeña Luna Creciente, enero, tiempo de ver el maíz en crecimiento.

-Hatun Pucuy Quilla, Gran Luna Creciente, febrero, tiempo de vestir taparrabos.

-Pacha Pucuy Quilla, Luna de la flor creciente, marzo, mes de maduración de la tierra.

-Ayrihua Quilla, Luna de las espigas gemelas, abril, mes de cosecha y descanso.

-Aymoray Quilla, Luna de la cosecha, mayo, el maíz se seca para ser almacenado.

-Haucai Cusqui Quilla, junio, cosecha de patata y descanso, roturación del suelo.

-Chacra Conaqui Quilla, Luna de riego, julio, mes de redistribución de tierras.

-Chacra Yapuy Quilla, Luna de siembra, agosto, mes de sembrar las tierras con cantos de triunfo.

-Coia Raymi Quilla, Luna de la fiesta de la Luna, septiembre, mes de plantar.

-Uma Raymi Quilla, Luna de la fiesta de la provincia de Unia, octubre, tiempo de espantar a los pájaros de los campos recién cultivados.

-Ayamarca Raymi Quilla, Luna de la fiesta de la provincia de Ayamarca, noviembre, tiempo de regar los campos.

-Objetos de culto y fetiches -

Muchos lugares naturales como cursos de agua, montes, cuevas, precipicios, se consideraban asiento de los antepasados. De carácter sagrado, los incas creían que allí se encontraban los encargados de transmitir los oráculos a la tribu. Los llamaban pacariscas. Las piedras, concebidas como los huesos de la tierra, también merecían veneración. Se les atribuía en algunos casos el carácter de testimonios de su historia mítica; otras rocas eran representaciones antropomorfas de los gigantes que, como castigo a su desobediencia, fueron convertidos en piedras.

También se daba el caso inverso, el de piedras que se habían convertido en hombres, surgidos para prestar ayuda al Inca Pachacutic. Entre los objetos de culto estaban las huacas, que adoptaban el valor de fetiches destinados a proteger a los propios individuos, las cosechas y a los propios muertos en forma de muñecas, fenómeno que recuerda una costumbre similar entre los egipcios. Las mamas (madres) eran espíritus destinados a alentar el crecimiento de las plantas: saramama (maíz madre), cocamama (madre de la planta de coca), y también encargados de regir a fuerzas naturales como el mar (mamacocha), temido por los pueblos del interior y considerado benévolo por los habitantes de la costa, pues los alimentaba con sus frutos.

-Fertilidad y muerte -

Como en otras culturas primitivas, los ritos de la fertilidad están asociados a la vez al erotismo y a la muerte, porque se cree que de ella surge la vida. El carácter agrario de esta civilización justifica en gran medida la creencia. Una buena parte de la alfarería de los antiguos peruanos representa variadas formas de unión sexual que poseía originalmente una significación sagrada. Entre los indios kogi, por ejemplo, existe una cópula ceremonial sobre la tumba de un ser querido que acaba de fallecer. Este rito permite que el espíritu logre alcanzar el otro mundo. Sólo de esa manera se le abrirán las puertas del cielo.

Área intermedia

En el sur de Centroamérica, en Colombia y Ecuador, también se desarrollaron estilos artísticos y arquitectónicos notables.

En el sur de centro america, Costa Rica y Nicaragua, se encuentran esculturas de piedra monumentales y de magnífica realización. Además de las estatuas de dioses que reflejan la influencia mesoamericana, las culturas de Centroamérica realizaron metates ceremoniales de piedra (superficies para moler el maíz y otros granos) con diseños muy elaborados y hachas ceremoniales de jade muy trabajado.

La metalistería refleja la influencia del norte de Suramérica. Entre los ejemplos más destacados se cuentan los objetos de adorno corporal de la cultura panameña de Veraguas y la de Chiriquí, de Panamá y sur de Costa Rica.

Audaz en colorido y diseño, la cerámica coclé de Panamá muestra un parecido sorprendente con los modernos molas, o apliques invertidos, que los cuna de la cordillera de San Blas cosen en sus telas, por sus dibujos de ritmo dinámico. La cultura chorotega produjo los mejores jarros retrato policromados de toda Centroamérica en la península costarricense de Nicoya.

-Colombia

En Colombia se han descubierto pocos emplazamientos arquitectónicos. El yacimiento arqueológico más antiguo y más extenso de la zona se halla ubicado en San Agustín, lugar en el que abundan esculturas exentas en piedra, relacionadas muchas de ellas con el culto a divinidades felinas. También hay templos y tumbas subterráneas. En Tierradentro, se han hallado tumbas ricamente decoradas, excavadas en la roca. En Tairona, en la zona del Caribe, hay restos de calles empedradas y cimientos de casas circulares, también de piedra.

El trabajo del oro era el arte mayor de Colombia. Las culturas de los calima, quimbayá, tairona, tolima, sinú, darién y chibcha o muisca desarrollaron diferentes estilos de trabajar los metales según cada región, así como diferentes piezas y símbolos iconográficos. Aunque refleja la influencia centroandina, la orfebrería colombiana suele ser más innovadora en sus técnicas y diseños.

La cerámica colombiana rara vez alcanzó el nivel estético de la orfebrería, excepto en culturas como la quimbayá, cuyas robustas figurillas y vasijas de barro eran de tan alta calidad como los objetos que hacían en oro.

-Ecuador

En Ecuador se encuentra una cerámica de mejor calidad que en Colombia. En Chorrera, Guangala, Bahía, Jama Coaque, La Tolita, Mantano y Carchi se elaboraron figurillas y jarros retrato. Apenas se hallan restos de esculturas de piedra, ni exentas ni integradas en la arquitectura. Los mejores ejemplos se encuentran en los bajorrelieves de Manta, en Cerro Jaboncillo. También de este periodo (850-1500 d.C.) son las banquetas manabí, unos asientos de piedra en forma de "V" cuyo pie está formado por una figura de jaguar o atlante, son los objetos en piedra más característicos de Ecuador. Existen, asimismo, buenos ejemplos de trabajos en metal.

Área periférica

En la cuenca amazónica se han encontrado objetos de cerámica en diversos yacimientos arqueológicos, y en la zona del Caribe los arawaks y los taínos desarrollaron una cultura y un arte propios.

-Cuenca amazónica

La mayor parte del arte amazónico se realizaba con materiales perecederos como la madera, las plumas y las fibras vegetales. La cerámica precolombina más importante de esta región se ha encontrado en Brasil, en el delta del río Amazonas. En Santarem se han descubierto vasijas que datan de 1250 al 1500 d.C. con elaboradas formas figurativas. De los túmulos fechados entre el año 1000 y el 1250 de la isla de Marajó se han extraído objetos de cerámica pintada, decorados con incisiones y complicados dibujos, así como enormes urnas funerarias. En la isla de Maracá se han encontrado jarros retrato de hombres sentados.

-Zona del Caribe

La mayor parte de los objetos precolombinos de la zona caribeña proceden de las islas antillanas de Puerto Rico, Jamaica, Haití y República Dominicana. Estas islas estaban habitadas principalmente por los arawaks, procedentes de la desembocadura del río Orinoco en Venezuela. Por esa razón su arte está íntimamente relacionado con el del norte de Suramérica. Los arawaks, también llamados taínos, se establecieron en Puerto Rico alrededor del 200 d.C. y su cultura perduró hasta la conquista española. Los objetos taínos característicos están hechos de hueso, madera y piedra. Incluyen espátulas para provocar el vómito como purificación por motivos religiosos; dijos o bancos ceremoniales de madera tallada para los sacerdotes o jefes; y los cemíes o trigonolitos, piedras triangulares labradas con figuras de animales o seres humanos que representan a los dioses más importantes y espíritus de la naturaleza. Dentro de la cerámica aparecen vasijas decoradas con incisiones que forman dibujos geométricos y jarros antropomorfos.

El complejo arquitectónico taíno de mayor monumentalidad se encuentra en Utuado, Puerto Rico, donde hay un trazado de diez manzanas delimitado por piedras con incisiones, lo cual indica que el tlachtli, juego ceremonial de pelota mesoamericano, procedente de México, se había introducido allí.

-Mayas

Los mayas es grupo de pueblos indígenas mesoamericanos perteneciente a la familia lingüística maya (yucateca y quiché), que tradicionalmente han habitado en México, en los estados de Veracruz, Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas, en la mayor parte de Guatemala y en regiones de Belice, El Salvador y Honduras. El pueblo más conocido, el maya propiamente dicho, que da nombre a todo el grupo, ocupa la península de Yucatán. Entre los demás pueblos significativos se hallan los huastecos del norte de Veracruz; los tzeltales de Tabasco y Chiapas; los choles de Chiapas; los quichés, cakchiqueles, pokonchis y pokomanes de las montañas de Guatemala y los chortís del este de Guatemala y el oeste de Honduras. Con la excepción de los huastecos, todos estos pueblos ocupan territorios colindantes. Formaban parte de una civilización común que, en muchos aspectos, alcanzó las más elevadas cotas de desarrollo entre los indígenas de todo el hemisferio occidental.

La agricultura ha constituido la base de la economía maya desde la época precolombina y el maíz su principal cultivo, además del algodón, los frijoles (judías), el camote (batata), la yuca (o mandioca) y el cacao. Las técnicas del hilado, el tinte y el tejido consiguieron un elevado grado de perfección. Los mayas domesticaron el pavo, pero carecían de animales de tiro o vehículos con ruedas. Fabricaban finos objetos de cerámica, que difícilmente se han superado en el Nuevo Mundo fuera de Perú. Como unidad de cambio se utilizaban las semillas de cacao y las campanillas de cobre, material que se empleaba también para trabajos ornamentales, al igual que el oro, la plata, el jade, las conchas de mar y las plumas de colores. Desconocían las herramientas metálicas. Los pueblos maya formaban una sociedad muy jerarquizada. Estaban gobernados por una autoridad política, el halach vinic, cuya dignidad era hereditaria por línea masculina. Éste delegaba la autoridad sobre las comunidades de poblados a jefes locales o bataboob, que cumplían funciones civiles, militares y religiosas.

-Arquitectura-

La cultura maya produjo una arquitectura monumental, de la que se conservan grandes ruinas en Palenque, Uxmal, Mayapán, Copán, Tikal, Uaxactún, Quiriguá, Bonampak y Chichén Itzá, entre muchas otras. Estos lugares eran enormes centros de ceremonias religiosas. Se consideran tres estilos arquitectónicos: el río Bec, el Chenes y el Puuc, cada uno con características de ingeniería y ornamentación propias; la distribución de las ciudades consistía en una serie de estructuras piramidales, la mayoría de las veces coronadas por templos o cresterías labradas, y agrupadas alrededor de plazas abiertas. Las pirámides escalonadas estaban recubiertas con bloques de piedra pulida y por lo general llevaban tallada una escalinata en una o varias de sus caras. La infraestructura de las pirámides estaba formada habitualmente por tierra y piedras, pero a veces se utilizaban bloques de piedra unidos con mortero. El tipo más común de construcción consiste en un núcleo de escombros o piedra caliza partida, mezclada con hormigón o cemento, y recubierta con piedra pulida o estuco. Las paredes de piedra se edificaban, por lo general, sin mortero. La madera se utilizaba para los dinteles de las puertas y para las esculturas. Su gran hallazgo técnico fue el sistema de la falsa bóveda por aproximación de filas de bloques de piedra, para cubrir espacios alargados o estrechos, que concluyen en el característico arco maya, del cual existen 10 tipos diferentes. Las ventanas eran poco frecuentes, muy pequeñas y estrechas. Los interiores y exteriores se pintaban con colores vivos. Se dedicaba especial atención a los exteriores y se decoraban profusamente con esculturas pintadas, dinteles tallados, molduras de estuco y mosaicos de piedra. Las decoraciones se disponían generalmente en amplios frisos que contrastaban con franjas de ladrillos lisos. Las viviendas de los comunes se parecían seguramente a las chozas de adobe y techumbre de ramas que todavía se pueden apreciar entre los mayas contemporáneos.

-Escritura -

Los pueblos mayas desarrollaron un método de notación jeroglífica y registraron su mitología, historia y rituales en inscripciones grabadas y pintadas en estelas (bloques o pilares de piedra), en los dinteles y escalinatas y en otros restos monumentales. Los registros también se realizaban en códices de papel amate (corteza de árbol) y pergaminos de piel de animales. Sólo existen tres muestras de estos códices: el Dresdensis (Dresde), actualmente en Dresden; el Perezianus (Peresiano o de París), en París; y el Tro-cortesianus (Tro-Cortesiano o Matritense maya). Estos códices se utilizaban como almanaques de predicción en temas como la agricultura, la meteorología, las enfermedades, la caza y la astronomía. En el siglo XVI se escribieron textos en lengua maya pero con alfabeto latino, y entre los más importantes se encuentran el Popol Vuh, relato mítico sobre el origen del mundo y la historia del pueblo maya; y los llamados libros de Chilam Balam, crónicas de chamanes o sacerdotes en las que se recogen acontecimientos históricos.

-Calendario y religión -

Entre los mayas, la cronología se determinaba mediante un complejo sistema de calendario. El año comenzaba cuando el sol cruzaba el cenit el 16 de julio y tenía 365 días; 364 de ellos estaban agrupados en 28 semanas de 13 días cada una, y el año nuevo comenzaba el día 365. Además, 360 días del año se repartían en 18 meses de 20 días cada uno. Las semanas y los meses transcurrían de forma secuencial e independiente entre sí. Sin embargo, comenzaban siempre el mismo día, esto es, una vez cada 260 días, cifra múltiplo tanto de 13

(para la semana) como de 20 (para el mes). El calendario maya, aunque muy complejo, era el más exacto de los conocidos hasta la aparición del calendario gregoriano en el siglo XVI.

La religión maya se centraba en el culto a un gran número de dioses de la naturaleza. Chac, dios de la lluvia, tenía especial importancia en los rituales populares. Entre las deidades supremas se hallaban Kukulkán, un dios creador íntimamente emparentado con el dios de los toltecas y aztecas, Quetzalcóatl, e Itzamna, dios de los cielos. Una característica maya era su total confianza en el control de los dioses respecto de determinadas unidades de tiempo y de todas las actividades del pueblo durante dichos periodos.

-Historia -

El periodo formativo comenzó, cuando menos, hacia el 1500 a.C. Durante el periodo clásico, aproximadamente entre el 300 y el 900 d.C., se propagó por todo el territorio maya una civilización más o menos uniforme. Se construyeron entonces los grandes centros ceremoniales como Palenque, Tikal y Copán. Los centros maya fueron abandonados de forma misteriosa hacia el año 900 y algunos individuos emigraron al Yucatán.

En el periodo postclásico, desde el 900 hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI, la civilización maya tenía su centro en Yucatán. Una migración o invasión tolteca procedente del valle de México impactó fuertemente en sus estilos artísticos. Chichén Itzá y Mayapán fueron ciudades esplendorosas. La liga de Mayapán preservó la paz durante algún tiempo, pero tras un periodo de guerra civil y de revolución, las ciudades quedaron abandonadas. Los españoles vencieron con facilidad a los grupos mayas más importantes, pero el gobierno mexicano no logró subyugar las últimas comunidades independientes hasta 1901. A finales del siglo XX, los mayas forman la mayoría de la población campesina en sus países de origen.

-Mitologia-

Es es conjunto de creencias y fabulaciones míticas propias de la cultura maya, que habitaron el sur de México, Guatemala y la parte norte de Belice. Su surgimiento y desarrollo cultural, el llamado periodo clásico de los mayas, se extiende aproximadamente desde el 250 al 900 d.C.. La fuente más completa y exhaustiva para el conocimiento de su mitología es el Popol Vuh (Libro de la comunidad o del consejo), biblia de los maya-quichés (de qui, "muchos", y che, "árbol": "tierra de muchos árboles"), del año 1550. Deben considerarse también los Libros de Chilam Balam, escritos en maya de Yucatán en la época de la conquista, y la Relación de las cosas de Yucatán, de 1566, compuesta por el español Diego de Landa, que incluye interesantes datos sobre la vida de los mayas en el siglo XVI.

-Los dioses -

Los dioses mayas se distinguen por su naturaleza antropomorfa, fitomorfa, zoomorfa y astral. La figura más importante del panteón maya es Itzamná, dios creador, señor del fuego y del corazón. Representa la muerte y el renacimiento de la vida en la naturaleza. Itzamná se vincula con el dios Sol, Kinich Ahau, y con la diosa Luna, Ixchel, representada como una vieja mujer endemoniada.

Chac, que se destacaba por su larga nariz, es el dios de la lluvia y suele aparecer multiplicado en chacs, divinidades que producen la lluvia vaciando sus calabazas y arrojando hachas de piedra. Las uo (ranas) son sus acompañantes y actúan como anunciadoras de la lluvia. Ligado con la vegetación y con un alimento primordial entre los mayas y otras culturas precolombinas es el joven dios del maíz, Ah Mun, en frecuente lidia con el dios de la muerte, Ah Puch, señor del noveno infierno. Otras divinidades asociadas con las tinieblas y la muerte son Ek Chuah, dios negro de la guerra, de los mercaderes y de las plantaciones de cacao. Sobresale también Ixtab, diosa de los suicidios.

La similitud y los contactos entre la cultura maya y la azteca explican la aparición entre los mayas de la Serpiente Emplumada (Quetzalcóatl), que recibe el nombre de Kukulcán en Yucatán y de Gucumatz en las tierras altas de Guatemala.

-Cosmogonía -

Como en el mito de los orígenes de otras culturas, entre los mayas aparece la del silencio y las tinieblas originales. Nada existe y es la palabra la que dará origen al Universo. De ello se encargan los progenitores, entre los que se cuentan Gucumatz y Hurakán, el Corazón del Cielo, además de Ixpiyacoc e Ixmucané, abuelos del Alba.

La creación del hombre debe pasar por varias pruebas hasta fijar el definitivo. El desarrollo de los seres humanos se identifica entre los mayas con el principal cultivo y fuente de sustento, el maíz: "de maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados".

-Arte y arqitectura-

Fue la forma de expresión social política e ideológica de uno de los pueblos más interesantes de la América Prehispánica. Sus manifestaciones abarcan todas las técnicas y materiales que podamos imaginar y se extiende en el tiempo durante más de dos mil años. El territorio que abarcaron fue muy grande: el sur de México y la península de Yucatán, Guatemala, Belice y parte de Honduras y El Salvador. El periodo de mayor auge fue el clásico (300-900 d.C.), después sobrevino el llamado colapso maya de las tierras bajas del Petén, el abandono de los centros más importantes y el resurgir de la civilización más al norte, en la península de Yucatán, durante el periodo postclásico (900-1500 d.C.). El arte maya hunde sus raíces en la cultura olmeca (1200-400 a.C.) recibiendo posteriores influencias de Teotihuacán y Tula. Nos encontramos, pues, ante un arte mesoamericano que participa de sus mismos patrones y concepciones.

-Arquitectura-

Desde el siglo XVI la arquitectura maya ha llamado poderosamente la atención de los occidentales. Sus pirámides, templos y palacios habían sido abandonados tiempo atrás, pero la selva y la falta de información actuaron como acicates para sus primeros estudiosos. Los materiales de que dispusieron los arquitectos mayas fueron la piedra caliza para los sillares de revestimiento y tierra, cascajo y lajas de piedra para el relleno de los núcleos y basamentos, obteniendo cemento para la sujeción del carbonato cálcico. La madera de caoba y zapote proporcionaba los dinteles de las puertas, los refuerzos para las bóvedas, así como andamios, escaleras y rodillos que facilitaban el trabajo. El logro técnico más característico fue la falsa bóveda, que no es otra cosa que dos muros que se juntan en la parte superior por aproximación de hiladas de piedras. El estuco se usó para enlucir pavimentos, paredes y esculturas. El enorme peso de las bóvedas y las cresterías (muros de mampostería que se alzaban sobre ellas) obligaba a aumentar el grosor de las paredes y a reducir los vanos.

Los estilos más importantes son los del Petén (Tikal, Uaxactún), caracterizado por imponentes masas frontales suavizadas por la altura de los paramentos y santuarios macizos, de planta irregular, con una sola puerta; el valle del Motagua (Copán, Quiriguá) se hace singular por la utilización de sillares de traquita, la gran abundancia de esculturas y la profusa decoración de los frisos; la región del Usumacinta (Yaxchilán, Piedras Negras) posee inmensas acrópolis, y destaca por la decoración en estuco y la sensación de ligereza que le imprimen sus amplios pórticos y las figuras de las fachadas; la zona Puuc (Uxmal, Kabah, Sayil) se caracteriza por el empleo de columnas, los zócalos sencillos, las paredes lisas y los frisos enormes y decorados profusamente con mosaicos de piedra; y en la región Chenes (Hochob, Dzibilnocac) decoraran toda la superficie de las fachadas con mascarones de piedra. Por último, el estilo Rio Bec incluye torres ficticias de mampostería revestida parecidas a las auténticas de Tikal.

-Escultura -

Incluye una gran variedad de manifestaciones: altares, estelas, lápidas, dinteles zoomorfos, tableros, tronos, jambas, columnas, figuras de bulto y marcadores de juego de pelota. Sus principales características son la utilización del relieve, la monumentalidad en el tratamiento de los temas, el uso del color en el acabado superficial, la dependencia del ámbito arquitectónico, la profusión de signos caligráficos y ornamentales, la relevancia de las líneas curvas y el carácter abigarrado y escenográfico de la composición. Las estelas conmemorativas son magníficos trabajos entre los que destacaremos las de Tikal, Copán, Quiriguá y Cobán. Se trata de enormes lajas de piedra clavadas verticalmente en el suelo, en las que los escultores mayas tallaron en bajorrelieve imágenes del jubileo de sus reyes. Se erigían al finalizar un periodo temporal concreto, cada cinco y cada veinte años, y en ellas, mediante jeroglíficos, se narraban los acontecimientos más importantes del reinado. Excelentes son los dinteles figurativos que flanqueaban las puertas de los palacios y templos de Yaxchilán, los altares de Piedras Negras y los zoomorfos de Quiriguá, aunque quizá la cumbre de la escultura maya sean los paneles de los edificios de Palenque. El palacio, y los templos de las inscripciones, el Sol, la Cruz y la Cruz Foliada, constituyen uno de los mejores ejemplos de cómo el hombre es capaz de plasmar en piedra su universo religioso.

-Arte mural -

Aunque los restos que han llegado hasta nosotros son muy escasos, la pintura mural del periodo clásico maya alcanzó una gran perfección técnica y una gran calidad artística, logrando un difícil equilibrio entre el naturalismo de los diseños y la gravedad impuesta por el convencionalismo de los temas. Aunque utilizan tintas planas carentes de perspectiva los muralistas mayas supieron crear la ilusión del espacio. Primero trazaban el dibujo en rojo diluido sobre una capa de estuco, después se pintaba el fondo quedando las figuras en blanco y posteriormente se iban rellenando los diferentes espacios con sus respectivos colores. Para sugerir la perspectiva y el volumen recurrían al fileteado de las figuras, la yuxtaposición de colores y la distribución de los motivos en diversos registros de bandas horizontales. Los murales más importantes que se conservan son los del sitio de Bonampak (Chiapas). Las pinturas ocupan la totalidad de las paredes de tres habitaciones de un edificio (790 d.C.). Relatan acontecimientos bélicos que incluyen las ceremonias preliminares a la batalla (cuarto I), la batalla (cuarto II) y el sacrificio final (cuarto III). Existen fragmentos de antiguas pinturas en Uaxactún, Palenque, Coba y Chichén Itzá.

-Cerámica y lítica-

De la misma forma que los muralistas mayas plasmaron escenas mitológicas y cortesanas en sus composiciones, los ceramistas reflejaron diversos aspectos relacionados con temas similares. La cerámica polícroma, asociada con el mundo funerario, fue la más extendida. La técnica era similar a la de los murales aunque jugaron también con las posibilidades expresivas que les brindaban el engobe y el pulimento. Suelen ser cilindros, platos y fuentes de distintas dimensiones donde la pintura cubría casi la totalidad de la superficie. Los perfiles de los dibujos se realizaban en negro sobre un fondo monocromo, crema o anaranjado. El otro estilo, del que se conservan muy pocos, llamado códice, recuerda la técnica utilizada por los escribas mayas sobre las tiras de papel vegetal estucadas y pintadas. Las figuras antropomorfas alcanzaron también una gran popularidad y perfección. Las llamadas figuritas de la isla de Jaina (Campeche) incluyen una variada muestra de tipos físicos diferentes. A esta lejana isla llegaban para enterrarse personajes ilustres de muy diversa procedencia, y los artesanos de la necrópolis preparaban los ajuares que habían de acompañarles en su viaje al mundo de los muertos (Xibalbá).

La talla de las piedras semipreciosas, en jade y obsidiana, suponen una valiosa aportación al arte maya. Figuras humanas, excéntricos y collares alcanzaron un grado de perfección que las hizo ser incluidas en los ajuares de las tumbas más principescas.

-Tejido y arte plumario -

Aunque las extremas condiciones de calor y humedad han impedido que estas manifestaciones llegaran hasta nosotros, las escenas figurativas que aparecen sobre distintos soportes nos permiten hacernos una idea de cómo debieron ser. Los reyes y dignatarios aparecen vestidos con taparrabos, camisas, capas, túnicas y mantas realizadas en algodón, piel y fibra vegetal. Los trabajos plumarios alcanzaron un gran desarrollo. Los artesanos mayas disponían de una tradición muy rica dentro del medio natural más apropiado.

Leyendas medievales

Durante la edad media, la credulidad y la falta de sentido crítico eran el mejor alimento para que el error, las fábulas, las leyendas y la superstición crecieran y se multiplicaran.

La tradición cristiana, al querer someter la geografía al dogma, se vio en la obligación de localizar en los mapas cada uno de los parajes bíblicos que aparecían en las Sagradas Escrituras: el Paraíso Terrenal y sus alrededores, las regiones de Tarsis y Ofir, el reino de Saba. Decían, y así lo creían, que se encontraban en el Extremo Oriente, siempre tan impreciso como lejano, lo que suponía no decir nada.

Igualmente, desde la antigüedad, se venía creyendo que en regiones lejanas del mundo habitado y conocido existía un mundo de monstruos y animales fantásticos, como el basilisco, el grifo, el Ave Fénix, sirenas y dragones. También creían en la existencia de razas monstruosas, como las guerreras amazonas, antropófagos, pigmeos, hombres cíclopes, descabezados, cinocéfalos (con cabeza de perro), hipópodos (con pezuña de caballo), hombres con labios enormes que les servían de sombrilla. Con estos relatos, cualquier viajero o navegante con imaginación trataba de relacionar lo que veía con aquello que había leído o le habían contado. Colón, en su famosa carta de 1493 anunciando el Descubrimiento, proclamaba a la Cristiandad que en su viaje no había encontrado monstruos y los indios no tenían nada de seres extraños.

Ante el Océano o Mar Tenebroso, con sus miedos y fantasías, la imaginación empezó a alimentar el género de islas perdidas (San Brandán, Antilla, Siete Ciudades) que para los navegantes tan pronto aparecían como desaparecían. Estaban dentro de la tradición de islas paradisíacas, de infinitas delicias que mezclaban reminiscencias de las islas de los Bienaventurados con fantasías orientales de las Mil y Una Noches. Igualmente, respondían a los sueños cristianos del Paraíso Terrenal. Su fuerte arraigo las hizo aparecer en la cartografía durante siglos.

Biografia.

Cristobal Colon nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giácomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy… Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado".

El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.

Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

El proyecto descubridor colombino

Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónig lisboeta Fernando Martins.

De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre, y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del Ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del Ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al Ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

Las Capitulaciones de Santa Fe

Los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan y otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

Habilidades de la epoca para navegar

En contraste con la navegación de cabotaje propia del Mediterráneo, en que un marinero almorzaba en un puerto y cenaba en otro, navegando siempre cerca de tierra, los viajes de altura eran lo contrario: muchos días, a veces hasta meses, sin pisar tierra, y comiendo la mejor de las veces bajo un balanceo monótono. Esta fue la manera frecuente de navegar por el Atlántico y en la que portugueses y castellanos serían maestros. Por ello, los grandes viajes descubridores partieron de sus puertos.

Para adentrarse en el océano y practicar una navegación de altura con ciertas garantías, fue muy conveniente poder disponer, en primer lugar, de una embarcación resistente al oleaje, fuerte y bravo, del Atlántico, ya que ni servían las galeras movidas a remo, de bajo bordo y excesiva tripulación, ni tampoco los veleros redondos, lentos y poco manejables; la solución ideal sería la carabela. En segundo lugar, se hizo necesario estudiar y conocer las condiciones físicas del mar, los vientos y corrientes que reinaban en cada lugar para aprovecharlos al máximo y marcar las rutas más favorables. Por último, resultó imprescindible manejar todo tipo de instrumentos que ayudasen a orientarse en medio del ancho mar, localizar con la máxima precisión las tierras que se iban descubriendo y asegurar el regreso a los puertos de origen.

La carabela nació, y no por azar, en la península Ibérica, punto de confluencia de la técnica del Norte: barco redondo, pesado, robusto y de gran porte; y la del Mediterráneo, donde predominaba el navío ligero, largo y maniobrero (la galera). Es posible que sus creadores fueran los portugueses. Carabelas semejantes a las que surcarían las rutas de América empezaron a navegar hacia 1440, una vez descubierto el cabo Bojador y la corriente de las islas Canarias. La primera innovación que presenta es que se trataba de un velero largo, de ahí su velocidad y manejabilidad.

Tenía una proporción entre eslora (longitud de la nave sobre la principal cubierta) y manga (anchura mayor de un barco) de 3,3 a 3,8. Su casco era muy resistente y apto para la violencia del Océano. Una segunda característica se refiere al velamen. Lo desarrolló mucho: aumentó los mástiles y empleaba indistintamente la vela cuadrada y triangular o latina, con lo que ganó fuerza motriz y capacidad de maniobra. Desde que se inventó la carabela, las únicas innovaciones hechas durante casi trescientos años se refieren sólo al perfeccionamiento del velamen. Fue lo más rápido que surcó las grandes rutas y únicamente quedó desplazada por la llegada del vapor. La capacidad de carga variaba bastante.

Las más utilizadas durante los siglos XV y XVI oscilaban entre 60 y 100 toneladas. Entre 15 y 30 tripulantes eran suficientes para gobernar el barco, y algunos más si iban en misión de descubierta.

Para cualquier navegante portugués o español que surcara el Océano en una embarcación impulsada por el viento, conocer las zonas propicias o contrarias del mar, era garantía de éxito. En el Atlántico, lo mismo que en los demás grandes océanos, vientos y corrientes desarrollan un movimiento giratorio constante a modo de gigantescos torbellinos, quedando en el centro de los mismos una zona de calmas, inestabilidades y vientos variables nada propicios a la navegación.

Desde el Ecuador al paralelo 60 de latitud norte (casi hasta Islandia) la situación, en síntesis, es ésta: los vientos que soplan del oeste llegan a la Península Ibérica y toman dirección sur, bordeando África; a la altura de las Canarias se dirigen hacia el oeste (alisios); llegan a las costas americanas; penetran en el Golfo de México, y de ahí toman dirección norte (costa de América del Norte) para marchar poco después hacia el este y llegar a Europa, iniciándose de nuevo el mismo proceso.

Con las corrientes sucede algo parecido: desde Cabo Verde, siguiendo los alisios, caminan hacia el oeste; bordean la costa de América del sur; llegan a las Antillas y penetran en el golfo de México; desde ahí salen por Florida y las Bahamas, tomando dirección este (corriente del Golfo), para llegar a las Azores y Portugal; una parte se desplazará hacia el norte de Europa, y otra hacia el sur de Portugal, siguiendo la costa africana y adoptando el nombre de corriente de las Canarias.

En el centro de este gigantesco remolino, cuyos bordes se extienden desde Azores y Canarias hasta las Antillas, se encuentra una zona de calmas y vientos variables muy difícil para la navegación. La mayor parte de esa elipse es lo que forma el Mar de los Sargazos, inmenso prado de algas con una extensión semejante a la que ocupa Europa. Estas plantas no miden más allá de medio metro de altura y, por lo general, no son un obstáculo para embarcaciones medianas. Pueden resultar peligrosos algunos parajes en que se acumulan en exceso y frenan, especialmente, a pequeños navíos. Quizá en esto se asienta la leyenda medieval de monstruos con tentáculos atrapando embarcaciones y engulléndolas.

Cualquier navegante responsable que se alejara de la costa y se adentrara en mares desconocidos debía saber siempre, aunque sólo fuera aproximadamente, dónde se encontraba y cuál era su situación. Durante la segunda mitad del siglo XV, la navegación de altura, basada en la orientación de un navío según la posición de los astros, todavía resultaba muy difícil debido a la escasa preparación matemática de los navegantes, y también por la dificultad de emplear en los navíos ciertos aparatos que requerían quietud absoluta para ser exactos. Por ello, se puede decir que la mayor precisión llegaba tras observaciones desde tierra y por hombres teóricos y científicamente preparados.

Lo frecuente y normal en esta época era navegar 'a la estima', es decir, anotar el rumbo y fijar su posición en unas cartas de marear o mapas marítimos dibujados sobre pergamino. Estas cartas reflejaban con bastante precisión los accidentes geográficos y partiendo de ellas un navegante marcaba la ruta estimada a seguir. Utilizando la brújula y sobre todo el cuadrante, debía encontrar la latitud adecuada y mantenerse en ella. Cuando recorría costas nuevas, tomaba la latitud en tierra y la reflejaba en el mapa para que en lo sucesivo otros pudieran estimar su ruta con exactitud. Un buen piloto, mezcla de experiencia y sentido de la orientación, era capaz de estimar su rumbo con una precisión sorprendente. No solía equivocarse más de un cinco por ciento en travesías largas, salvo que sufriera alguna tormenta y se despistara. Y llegaba a calcular a ojo la velocidad de un navío con sólo mirar las burbujas de la estela, las algas flotando inmóviles, o la costa que divisaba a lo lejos.

Todo piloto que se lanzara a expediciones mar adentro, solía ocuparse de que no faltaran en su barco algunos instrumentos como la brújula marina, consistente en una aguja magnética depositada en una pequeña caja que flotaba sobre el agua y volvía siempre su punta hacia el norte. También solía utilizar el cuadrante común, para obtener la latitud. Menos frecuente era el uso del astrolabio y la ballestilla, también para la latitud. Tablas y almanaques, la sonda y la ampolleta o reloj de arena tampoco faltaban. Con esto y un sentido especial de la orientación, estos hombres surcaron los mares con bastante seguridad y éxito.

El gran viaje

Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.

La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María.

Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".

Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después.

Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

El segundo viaje

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela.

Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

El tercer viaje

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.

Cuarto viaje

Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España.

Biografia

Vespucio, Américo o Vespucci, Amerigo nació en la ciudad italiana de Florencia en 1454, en una familia acomodada cercana al círculo de los Médicis, lo que le permitió entrar en contacto con importantes humanistas de la Florencia renacentista. En 1478 marchó a París donde desempeñó funciones administrativas para su tío Guido Antonio Vespucci, que había sido designado embajador de Lorenzo el Magnífico en la corte de Luis XI. En Francia completó Vespucci la formación que había recibido en su ciudad natal. Tras la muerte de su padre en 1482, regresó a Florencia y permaneció hasta 1491 al servicio de los Médicis.

En 1492 se trasladó a España para representar los intereses comerciales de esta familia en Sevilla, donde se puso al servicio de Juanoto Berardi, florentino dedicado al comercio de oro y esclavos y proveedor de los aprestos de las naves en las travesías al Nuevo Mundo. Tras la muerte de Berardi en 1496, Vespucci decidió dedicarse a la navegación.

Entre 1499 y 1502 realizó varios viajes a América que relató en cinco cartas dirigidas a distintos destinatarios. Determinar el número de viajes que realizó a este continente constituye una de las cuestiones más polémicas. La mayoría de sus biógrafos admiten que Vespucci se embarcó en Cádiz en 1499 en la flota de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Siguiendo la ruta del tercer viaje de Cristobal Colón, recorrió la costa norte de Suramérica y llegó hasta el cabo de la Vela (Venezuela) regresando en junio de 1500 a Cádiz.

En 1501 se trasladó a Lisboa desde donde partió nuevamente al Nuevo Mundo, esta vez bajo bandera portuguesa, en la expedición que dirigía Gonzalo Coelho a instancias del rey de Portugal, en busca de la 'especiería', en las Molucas. Con salida desde Lisboa, tras pasar por Cabo Verde, llegó a Brasil a finales del mismo año y bordeando la costa en dirección sur arribó a la Patagonia, cerca del estrecho que poco después descubrió Fernando de Magallanes. Comprobó así que las tierras descubiertas no eran una prolongación de la península asiática, sino un nuevo continente. Este viaje fue narrado por Vespucci en una carta que dirigió a Lorenzo di Pier Francesco de Médicis, editada en París en 1502 con el título de Mundus Novus.

La noticia del descubrimiento de un nuevo continente se difundió con extraordinaria rapidez por las cortes europeas. Se decidió dar al nuevo continente el nombre de América en su honor.

Parece probable que entre 1503 y 1504 realizara un tercer viaje a las Indias, también al servicio de Portugal, bajo la dirección de Fernando Noronha, que llegó hasta Brasil. En 1504 estaba de regreso en Sevilla y al año siguiente fue recibido por el rey Fernando el Católico en Toro (Zamora) que le concedió la ciudadanía castellana. En 1508 fue designado primer piloto mayor de la Casa de Contratación, cargo que compaginó con sus negocios indianos, invirtiendo su dinero en alguna de las flotas que partían al Nuevo Mundo. En abril de 1511 Vespucci redactó su testamento y murió el 22 de febrero del año siguiente.

Descubrimiento de América

Supuso el mayor ensanchamiento de las fronteras oceánicas de Europa y la mayor aventura descubridora en la historia de la humanidad, cuya figura más distinguida y esencial fue la de Cristóbal Colón. Larga y costosa, nada casual, estuvo motivada por una serie de factores sociales, económicos, religiosos y técnicos; y se apoyó en impulsos políticos y científicos. Tras un largo aprendizaje mediterráneo, esta empresa marítima adquirió protagonismo indiscutible en la zona del golfo de Cádiz y bajo el impulso de los marinos portugueses y andaluces, los más capaces y mejor conocedores del Atlántico durante los siglos XV y XVI.

Colonización

Con los viajes de Cristóbal Colón en 1492-1594, los navegantes europeos llegaron, conquistaron y colonizaron para las Coronas de España y Portugal los extensos territorios del Nuevo Mundo. Desde las bases que habían establecido en las islas del mar Caribe, los españoles extendieron la conquista a Centroamérica, México y Perú. A finales del siglo XVI habían ocupado prácticamente la totalidad de Suramérica, Centroamérica y Norteamérica, casi desde la actual frontera meridional de Estados Unidos. Los portugueses se asentaron en las costas del actual Brasil. Los conquistadores introdujeron los preceptos del derecho romano en cuanto a leyes y la administración de justicia, el cual fue aplicado por la burocracia del sistema colonial, e impuesto a través del idioma, la religión, la cultura y las instituciones de los españoles y los portugueses sobre la población nativa. El principal elemento unificador en cuanto a organización fue la Iglesia católica. El clero desempeñó un importante papel en la conversión de la población indígena a la cultura hispánica y fue el principal elemento educador en las colonias, además de construir hospitales y otras instituciones caritativas. La Iglesia fue también el principal agente económico y, con la única excepción del gobierno real, la más grande propietaria de tierras en las colonias. Los clérigos ocuparon altos cargos en el gobierno virreinal desde banqueros a guías espirituales.

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