Aspecto socioeconómico de Roma e Israel

Teología. Clases sociales. Economía. Actividades comerciales. Sociedad. Templo. Zelotes. Fariseos. Esenios. Saduceos. La Apocalíptica. Jesucristo

  • Enviado por: Loca Acade
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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Aspecto Económico de la sociedad en la que vivía Jesús:

El país de los judíos es un territorio pequeño. Le rodea el desierto por todas partes y le penetra en cuanto falta el agua. Se distinguen en él dos regiones: Galilea, al norte, con más agua y por tanto más fértil; produce sobretodo cereales. Judea, al sur, árida y montañosa, cubierta de viñas y olivares; en los sitios en que es posible se desarrolla la ganadería, sobre todo de ovejas; en las orillas de los lagos y al borde del mar se practica la pesca.

Dentro de una situación general de una gran pobreza existían varios grupos económicos que podemos dividir en:

  • Clase Alta: compuesta por propietarios o la nobleza laica (formada por el gobierno) y la nobleza clerical (los que vivían de la gente con fe) que controlaba la economía del templo. Nobleza laica denominada en el Nuevo Testamento como ansianos o senadores, que tuvieron peso decisivo en la condena de Jesús. Nobleza clerical: sumos sacerdotes.

  • Clase Media Actual: sus ingresos eran modestos y ajustados a sus necesidades y vivían sin mayores sobresaltos. Estaba compuesta por los trabajadores diarios llamados jornaleros.

  • Mendigos: vivían de lo que se les diera

  • No existían los esclavos, solamente en el aspecto laboral

La economía de la zona estaba compuesta por 3 grandes actividades económicas:

  • Agricultura: explotada en el sur de Galilea, donde se formaban centros de trabajo hacia los cuales la gente emigraba en busca de empleo. Cultivo de trigo.

  • Ganadería: explotada en la mayoría de los territorios menos fértiles. Se explotaba ganado ovino, bueyes en mayor medida y cabras.

  • Pesca: era una actividad desarrollada por la mayoría del pueblo ya que para esta no se requería de herramientas, terrenos o elementos de trabajo. Alimento al alcance de la mano del pobre. Se pescaba en el lago de Tiberíades en el centro de la región.

Estas actividades comerciales estaban explotadas por 2 grupos de ciudadanos:

  • Artesanos o comerciantes: producían sus propio productos para luego venderlos (cueros, perfumes, aceites, etc.). Trabajaban en las grandes ciudades de Jerusalén y aldeas.

  • Profesionales: gente de pueblos con oficio generalmente eran: carpinteros, tejedores, cobradores de impuestos, agricultores, pastores, etc.

Una buena parte de la población vive agrupada en pequeñas aldeas donde los habitantes viven de sus propios productos: cada cual fabrica sus propios instrumentos rudimentarios, construyen también las pobres edificaciones que necesitan. En algunos pueblos un poco mayores se desarrolla el comercio y el artesanado; Eso requiere ya cierta especialización: éstos viven de su oficio y el dinero sirve para intercambiar los productos.

Este último modo de vida está mucho más desarrollado en Jerusalén, la capital; está en la región del sur y es la única ciudad de importancia; tiene alrededor de unos 100.000 habitantes: comerciantes, artesanos, empleados del Estado, conviven con toda una clase dirigente compuesta por grandes propietarios de tierras y por las familias y allegados de los “sumos sacerdotes”. En Jerusalén toda la actividad tiene su eje en el “Templo”, lugar del encuentro del pueblo judío con su Dios. Económicamente la importancia del Templo ha llevado consigo todo un comercio de objetos de piedad, todo un tráfico de compraventa de animales para los sacrificios, toda una organización de cambio de moneda. (Pues en el templo sólo se puede comprar con una moneda especial).

Había un comercio muy intenso, principalmente en Cesárea de Filipo, porque lo romanos habían hecho de ella una ciudad portuaria y comercial. También se intercambiaban productos. Pero las dificultades eran muchas, porque los camino eran pocos y peligrosos y las regiones muy montañosas. Por causa del comercio se usaban diferentes tipos de monedas, por ejemplo el denario romano, la dracma griega o el siclo judío (la moneda de plata).

Las riquezas del país provienen tanto de los productos de la tierra como de todo el montaje de comercio religioso, unas y otras son acaparadas por una casta de notables que obtienen fuertes ganancias. Los propietarios saca sumas enormes de sus fincas y acumulan tierras. Los dignatarios religiosos exigen los “diezmos”: todo judío mayor de edad debe pagar este impuesto que representa, en principio, el 10% de sus ingresos. Los impuestos civíles y religiosos: “La Pax Romana” al Imperio, el lujo de la corte de Herodes y la construcción, el funcionamiento y donativos del templo, la compra de animales para sacrificios y el cordero para la Pascua. Además recogen los donativos y regalos que los peregrinos llevan a Jerusalén. Unos y otros son la clase dominante y fuera de ellos nada hay organizado en el plano social.

Entre los trabajadores se puede distinguir a aquellos que tienen un oficio: alfareros, pescadores, carpinteros, herreros, constructores, pastores, etc. Frecuentemente son oficios “familiares”: el padre enseña a sus hijos lo que él sabe: Jesús pertenecía a este medio social. A título de ejemplo digamos que por aquella época la reconstrucción del Templo fue una gran obra de ámbito nacional: 18.000 obreros estuvieron empleados en ella y estaban bastante bien pagados; Empezó el año 18 a.C. y todavía continuaba cuando empezó a predicar.

Había otro grupo de trabajadores que se alquilaban para trabajar; eran gentes sin ninguna calificación profesional; frecuentemente eran temporeros que se contrataban para la jornada. Si un día quedaban sin ser contratado era una catástrofe familiar, pues vivían al día.

Más explotados todavía estaban los esclavos, hombres y mujeres que habían perdido su libertad o porque habían nacido esclavos o por endeudamiento progresivo. Su amo disponía de ellos como le viniera en gana; unos eran esclavos domésticos vinculados al servicio de las grandes familias (cocineros, encargadas de limpieza y perfumería, profesores, etc.), otros estaban vinculados al trabajo de las tierras: campesinos reducidos a la esclavitud.

El conjunto de esta situación engendraba gran cantidad de parados a los que no les quedaba más posibilidad que mendigar su sustento. Peor era la situación de los disminuídos físicos o mentales, pues a la pobreza material se añadían motivos religiosos para rechazarles: se les consideraba malditos. No había ayuda alguna prevista para sostener a los enfermos o a los disminuidos: todo lo contrario, se les aplastaba y se les tenía en nada.

Para completar este cuadro general de aquella sociedad hay que mencionar la casta de los prestamistas de dinero, de los recaudadores de los diversos impuestos, de los intendentes (llamados “publicanos” en el evangelio): nacieron sobre todo con la ocupación romana; contribuían a acrecentar la injusticia entre la minoría dominante y la mayoría explotada; ésta era su manera de proceder: cuando un particular, un pueblo o incluso una provincia, debían sumas de dinero al poder romano en concepto de impuestos, o a los grandes propietarios, ellos pagaban esas sumas en nombre de los deudores, y luego tenían todos los poderes para recuperar por la fuerza esas cantidades, sacándoselas a la población o a los deudores particulares según los casos; y ciertamente usaban sus omnímodos poderes.

Los medios de transporte más comunes para las mercaderías lo eran también para las personas: barcos y burros.

Podemos resumir la situación económica del pueblo; despojado, explotado, tributario, empobrecido, sin espacio vital y sin garantías.

Aspecto Social de la sociedad en la que vivía Jesús:

Gran parte de la población ha sufrido el despojo de su tierra en beneficio de la corte y de los terratenientes con la consecuencia del esclavismo laboral, y del empobrecimiento. Tal atropello fu denunciado por los profetas.

A la Corte de Herodes, la burocracia y la nobleza laica y sacerdotal a comprado u obtenido tierras a cambio de fidelidad al emperador y de que ejerzan el control sobre el resto del pueblo. Esto ha reforzado la desigualdad ya existente en la estructura social: pocos tienen muchas tierras y altos niveles de vida, mientras que grande mayorías viven en la miseria.

El país de los judíos llevaba entonces unos cincuenta años ocupado por los romanos; le habían divido en varias provincias. Algunas eran directamente administradas por ellos como Judea y Samaría: un gobernador romano representaba en ellas el poder central; en la época de Jesús era Poncio Pilato, que fue administrador desde el año 26 al 37. Mantuvo una buena parte de las estructuras judías, pero era él quien gobernaba directamente e incluso quien nombraba al sumo sacerdote. Otras provincias, como Galilea, estaban en manos de reyes-fantoches que sobrevivían gracias a su afán de aplicar escrupulosamente la consigna de Roma: así sucedía con Herodes, que reinaba en Galilea y Perea.

La dominación romana se traducía sobre todo en opresión económica: además de todos los gravámenes indirectos (peajes, aduanas, tasas innumerables), las provincias ocupadas pagaban a Roma el “tributo”, una suma impuesta que luego los dirigentes recuperaban sacándola de cada uno de los miembros del pueblo judío, exceptuados niños y ancianos.

¿Hay que pagar este impuesto o no? Esta pregunta dividía los ánimos de la población y que luego harán también a Jesús.

Sin embargo, esta división en diversas zonas administrativas no suponía un obstáculo para l libre circulación; se pasaba con facilidad de una parte a otra; ventajas de la “paz romana”. Realmente se trataba de una ocupación bastante superficial: sólo había unos 3.000 soldados romanos para una población de 2.000.000 de habitantes.

Además, aunque siempre dentro del cuadro que hemos señalado, los pueblos disponían de cierta autonomía: administrados por consejos de ancianos, ofrecían lugar y espacio para la constitución de comunidades de cierta calidad humana en las que se podía ejercitar alguna responsabilidad cívica. En realidad el Imperio Romano era, sobre todo, una gran Federación de ciudades y pueblos sometidos a Roma, la “ciudad” por excelencia. En Jerusalén ese consejo tenía un nombre particular: Sanedrín, asamblea que tenía competencia no sólo sobre los habitantes de Jerusalén, sino sobre cualquier asunto de importancia relativo a los judíos. Jesús tendrá un día que responder de sus palabras y de sus actos ante este consejo. Dirigida por el sumo sacerdote, esta asamblea estaba compuesta por 70 miembros; se reunía en el Templo. La componían 3 grupos: personas allegadas al sumo sacerdote, ancianos (sobretodo ricos propietarios) y “escribas” (personas que sabían escribir que eran un poco más cercanos al pueblo).

Entonces, como ahora, muchos judíos vivían fuera de Palestina; estaban dispersos por todas la s ciudades del Imperio: Alejandría, en Egipto, era “la mayor ciudad judía”. Todos éstos tenían los mismos deberes que los demás judíos y, particularmente, estaban obligados apagar los impuestos al templo de Jerusalén. Estaban más abiertos a las ideas nuevas e intentaban comunicar s fe a los no judíos de que estaban rodeados: en muchos casos fueron la base de las primeras comunidades cristianas.

Evidentemente en un país ocupado, como lo era el de los judíos, son varias las posturas que se pueden tomar: colaboracionista, situarse en la resistencia, o intentar sobrevivir como se vaya pudiendo. A los colaboracionistas se les encuentra, claro está, entre aquellso que se aprovechan de la situación: gentes próximas al poder, como los herodiano, partidarios y cortesanos de Herodes, o como los saduceos que pululan alrededor del sumo sacerdote y su grupo. Están muy interesados en mantener el orden establecido que les proporciona un grado aceptable de prosperidad. Para ellos el mejor medio para poder seguir gozando de libertad religiosa y política consiste en guardar silencio, en ser discretos y en reconocer el poder de los romanos.

La resistencia recluta a sus hombres en las capas populares, son pequeños grupos constantemente diezmados por la represión y constantemente rehechos y reorganizados. Además de golpes de mano fulminantes, muy semejantes a actos de pillaje surgen numerosas revueltas capitaneadas por hombres que pretenden el título de “mesías-salvador”. Efectivamente: en estos grupos la fe y la política están íntimamente mezcladas: su pretensión consiste simultáneamente en liberar al país de la dominación extranjera y en reformar radicalmente el culto del templo y el sistema de los sumos sacerdotes, a los que tienen por corrompido. El grupo más organizado era de lso zelotes. Jesús tuvo contacto con ellos, ya que eligió de entre ellos al menos uno de sus discípulos. Su movimiento irá tomando cada vez mayor extensión y desembocará el año 66, en una revuelta general; la represión romana será terrible; cuando en el año 70 los romanos vuelvan a tomar Jerusalén destruirán para siempre el templo.

Entre los que intenta sobrevivir está la gran masa del pueblo y con ellos el grupo religioso de los fariseos. Verían con muy bueno ojos que se marcharan los romanos, pero ellos esperan la liberación del pueblo, más de una intervención directa de Dios que como fruto de la acción humana. Nada de esto impide que la masa popular esté llena de una gran esperanza: tiene el presentimiento de que van a llegar nuevos tiempos.

El Templo:

El templo de Jerusalén resume en sí los poderes económico, político y religioso: acaparado por la clase dominante, nadie puede atacarlo sin socavar profundamente las estructuras sociales de la época. Con esto se aprecia la importancia de las posturas que Jesús tomará respecto de él.

Como lugar de poder económico es el centro más importante de comercio y de intercambios monetarios; tras sus muros se encierra el tesoro de las finanzas públicas; también se aceptan depósitos privados. “Allí se refugia toda la riqueza judía”, dice el historiador Josefo.

Como lugar de poder político, ofrece sede a las convocatorias del Sanedrín, que es la única Asamblea que tolera el poder romano; es también la sede del sumo sacerdote, y en una de sus alas los romanos han instalado permanentemente una guarnición de soldados para controlar la situación.

Finalmente, como lugar de poder religioso, hacia él suben todos los judíos al menos una vez al año; es el único sitio en el que, según la Ley de Moisés, se pueden hacer los sacrificios prescritos; solamente allí puede el pueblo responder con toda fidelidad a su Dios y vivir la Alianza que Dios propuso.

Las rivalidades, los grupos opuestos, las diversas corrientes políticas - religiosas tienen al pueblo en efervescencia: todos son indicios de que la situación no puede durar mucho; las revueltas son continuas. Ciertamente en el pueblo se espera a alguien, se espera un mundo nuevo.

Diversas Corrientes Sociales:

  • Los Zelotes: parece que en Palestina en tiempo de Jesús reinaba una relativa tranquilidad. No hay indicios de ningún tipo de resistencia armada “organizada” contra los romanos. Naturalmente, se daban casos de rebeldes aislados. ¿Entonces qué pensar de los Zelotes que suelen ser presentados como un grupo guerrillero en plena efervescencia?

  • En el A.T. hay una alta estima del “celo” de Yahveh. “Zelote” es sinónimo de fervoroso o celoso de la Ley y de la Santidad del Templo. Los zelotes se preocupan de la pureza religiosa y no de la liberación del poder extranjero.

    En el año 6; en plena guerra contra los romanos, aparece en el Templo un grupo armado dirigido por Eleazar, que fue uno de los componentes de la resistencia y que se llamaban “Zelotes”.

    Estaba formado, en gran parte, por sacerdotes pobres de procedencia campesina, que reaccionaban violentamente contra unos sumos sacerdotes opresores, infieles a la Ley y aliados con el poder extranjero.

    Ese grupo de zelotes permaneció siempre vinculado al Templo, de modo que cuando este fue destruido, desapareció.

  • Los Fariseos: Fariseo quiere decir “separado”: para ellos era un timbre de gloria no mantener relación con la gente del pueblo, a quien se consideraba ignorante de la Ley y poco celosa de su cumplimiento. Los Fariseos eran fervorosísimos de la Ley, admitiendo la tradición oral también como revelación divina. Los evangelios presentan una imagen peyorativa de los fariseos, que corresponde al jurídicismo en que cayeron a partir del año 70. Pero ya en tiempo de Jesús existían los gérmenes de una religiosidad formal e hipócrita.

  • La mayoría de los doctores de la Ley o escribas eran fariseos. Evidentemente había otros muchos fariseos que no tenían esta preparación intelectual. Estaban organizados en comunidades, que contaban con sus propias sinagogas y con reglas precisas de admisión.

    Por su extracción social y género de vida contaban con bastante estima en el pueblo, siendo sus portavoces en el Sanedrín.

  • Los Saduceos: Era el partido de la aristocracia tanto sacerdotal como laical. En la práctica estaban helenizados y eran colaboracionistas con el ocupante griego o romano. Sin embargo, doctrinalmente eran muy conservadores, no aceptaban la tradición oral y tampoco participaban de las utopías de las clases populares, que se expresaban en el mesianismo, en la apocalíptica, en la creencia dn la resurrección de los muertos, etc. Sus intereses y sus ideologías estaban vinculados al Templo y, por tanto, desaparecieron con él.

  • Los saduceos representaban a la clase dominante en el judaísmo del tiempo de Jesús, tenían el control del templo y de las instituciones judías y eran dueños de gran parte de las tierras, pero la influencia de los fariseos en el pueblo iba en aumento y llegaría a imponerse después del 70. La oposición fariseos-saduceos ha dominado la evolución religiosa del judaísmo durante todo este tiempo. La oposición religiosa iba unida a una oposición social ya que ambos movimientos expresaban interés de clase diferente.

  • Los Esenios: El conocimiento de los esenios ha progresado decisivamente a partir de los famosos descubrimientos, en 1947, de los manuscritos de las cuevas dl Qum-Ran. Los esenios del Qum-Ran eran un grupo de sacerdotes descontentos con la relajación en que había caído el sacerdocio y el Templo. Habían roto con el judaísmo oficial, se habían retirado al desierto y se consideraban el verdadero Israel, el pueblo de la Nueva Alianza. Su fundador había sido una grande y enigmática personalidad religiosa llamada “Maestro de Justicia”.

  • Estaban influenciados por las ideas apocalípticas y por la visión dualista del mundo y de la historia, lo cual les llevaba a propugnar el amor a los propios miembros de la comunidad y el odio implacable a los enemigos.

    Seguían una serie de normas de purificación (abluciones, etc.), practicaban la comunidad de bienes, había miembros célibes y tenían reglas de ingreso y una especie de noviciado.

  • La Apocalíptica: la apocalíptica, más que un grupo determinado, es una corriente o actitud teológica que surge en momentos de dificultad y opresión y que proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que espera la salvación.

  • El pueblo judío conoció una época apocalíptica desde l insurrección de los Macabeos (167 a. C.) hasta la guerra judía (70 d. C.), época de angustia e incertidumbre en confrontación con el poder extranjero. No se sabe hasta qué punto penetraron las ideas apocalípticas pero parece que no eran exclusivas de pequeños grupos, sino patrimonio ampliamente difundido llegando a incidir en ambientes fariseos.

    Lo que sí es claro es que estas ideas encontraban eco en los sectores oprimidos y populares, ya que resultaban la expresión religiosa de sus utopías y esperanzas. En cambio, los ambientes saduceos y aristocráticos permanecían ajenos y hostiles y no admitían la resurrección de los muertos ni ninguna esperanza trascendente; se limitaban a esperar la perpetuación del régimen terrestre del Templo. Como suele suceder, las esperanzas eran coherentes con los intereses.

    La apocalíptica tiene una visión dualista de la historia: hay una neta contraposición entre “este siglo perverso” y el “siglo futuro feliz”.

    Profesa también un dualismo moral: existen los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, que se distinguen y contraponen. Frecuentemente se han hecho sutiles cálculos sobre el futuro en un intento de escudriñar y descifrar el sentido de la historia.

    Se espera la venida futura de un personaje enigmático, el Hijo del Hombre, que inaugurará una salvación universal y trascendente, que supera la noción judía más tradicional centrada en un Mesías, rey ideal del futuro, que no va más allá de los límites terrestres y nacionales de Israel.

    Trabajo Práctico de Catequesis: Distintos aspectos de la sociedad en la que vivió Jesús.