Arte de élite y popular

Expresiones y manifestaciones artísticas. Artistas. Perspectivas del arte. Interpretaciones

  • Enviado por: Almatayoshi
  • Idioma: castellano
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ARTE DE ELITE Y ARTE POPULAR

Para comprender mejor el presente ensayo nos remitiremos a las definiciones de Arte, término que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define como " ARTE.- amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer una cosa./Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien alguna cosa.", pero para nuestros fines, tomaremos como punto de partida, a Cassirer en "Antropología filosófica": "Fue Kant, en su Critica del juicio, el primero en proporcionar una prueba clara y convincente de la autonomía del arte." hasta ese momento, todos los sistemas anteriores trataban de hallar un principio dentro de la esfera del conocimiento teórico o de la vida moral para poder estudiar y comprender el arte y... "Si existía una teoría del arte tenía que ser, únicamente, como gnoseología inferior, como un análisis de la porción sensible inferior del conocimiento humano." , pero el arte no poseía un valor propio como tal. ..."En la jerarquía del conocimiento y de la vida humana, no era más que una etapa preparatoria, un medio subordinado y ministerial que apuntaba hacia un fin más alto." . El arte estaba supeditado a la actividad moral y teórica de su tiempo, no era considerado como una actividad especial y digna de ser tratada autónomamente.

Los neoclásicos afirmaban que: "El arte no tiene que reproducir la naturaleza en un sentido general e indiscriminado; reproduce la belle nature : Pero, sí la imitación, representa el propósito real del arte..."

Rousseau rechaza la tradición neoclásica, pues el arte para él no es una descripción o reproducción del mundo empírico sino una superabundancia de emociones y pasiones, desde la aparición de su "Nueva Eloísa" se tuvo que abandonar el principio mimético que había imperado durante muchos siglos. Hasta ese entonces, se definía el arte como una copia de la naturaleza, el artista tenía muchas restricciones en cuanto a desarrollar su creatividad, sin embargo, ésta le era permitida hasta cierto grado.

A partir de este momento y gracias a que Herber y Goethe siguieron el ejemplo de Rousseau, el arte "característico o expresivo" logró una victoria definitiva sobre el arte "imitativo".

Según Wordsworth, todo arte "característico" o expresivo es el resultado de la inundación de sentimientos poderosos; pero no se debe considerar sólo el aspecto emotivo de la obra de arte ya que en ese caso el arte se limita a ser una reproducción de la vida interior del artista, de los efectos y emociones y entonces el arte seguiría siendo sólo reproductivo.

Tal como se desprende de Goethe, el arte es expresivo, pero no puede ser expresivo sin ser formativo, y este proceso formativo se lleva a cabo en un determinado medio sensible. "Tan pronto como se ve libre de cuidado y temor - escribe Goethe-, el semidios, creador en reposo, se lanza a la busca de materia dónde "insuflar su espíritu"".

En cambio, Croce, se interesa únicamente por el hecho de la expresión, considera que el modo no importa ni para el carácter ni para el valor de la obra de arte. Lo único que importa, dice él, es la intuición del artista y no la encarnación de esta intuición en un material especial. El material tiene una importancia técnica más no estética. La filosofía de Croce, subraya el carácter únicamente espiritual de la obra de arte, según él, toda la energía espiritual se contiene y se gasta en la formación de la intuición, cuando se ha terminado este proceso se ha acabado la creación artística. Lo que sigue a este proceso, según Croce, no es más que una reproducción externa necesaria para la comunicación de la intuición pero que nada significa con respecto a su esencia.

Consideramos que las cuestiones técnicas tales como las líneas, los colores y las palabras son factores necesarios para el proceso creador del artista y no se pueden excluir tan radicalmente de dicho proceso como afirma Croce.

El arte no es una mera reproducción de una realidad acabada, constituye una de las vías que nos pueden dar una visión objetiva de las cosas y de la vida humana. No es una imitación, sino un descubrimiento de la realidad, a nivel de las percepciones sensibles, las que encuentran un sentido objetivo bajo nociones y reglas generales. Toda obra de arte implica un esfuerzo persistente de condensación y concentración.

El lenguaje y la ciencia son abreviaturas de la realidad; el arte es una intensificación de la realidad, nos ofrece la intuición de sus formas, es un descubrimiento verdadero y genuino.

El artista es un descubridor de las formas de la naturaleza, lo mismo que el científico es un descubridor de hechos o de leyes naturales. Según Leonardo de Vinci, el pintor y el escultor son los grandes maestros en el reino del mundo visible, porque la percepción de las formas puras de las cosas en modo alguno es un don instintivo, un don de la naturaleza. Estaríamos perdidos si se nos pide, por ejemplo que describamos la forma pura y las estructuras visuales de los objetos físicos, el arte llena este vacío.

El artista trata de expresar la atmósfera de las cosas, el juego de luces y sombras su propia percepción estética muestra una variedad mucho mayor y un orden mucho más complejo que nuestra simple percepción sensible ordinaria, en la que nos damos por satisfechos si captamos los rasgos comunes y constantes de los objetos que nos rodean; la experiencia estética es incomparablemente mucho más rica, con infinitas posibilidades, esta característica de inacabable, es uno de los privilegios y de los encantos más profundos del arte.

El artista tiene su peculiar interpretación de la realidad, no sólo a través de conceptos sino de intuiciones; no sólo a través del medio del pensamiento sino también de las formas sensibles.

Desde Platón hasta Tolstoi se ha acusado al arte de excitar nuestras emociones y de perturbar el orden y la armonía de nuestra vida moral, quizás porque la libertad estética no es la ausencia de las pasiones, tampoco la apatía estoica, sino todo lo contrario. Significa que nuestra vida emotiva adquiere su vigor máximo, entonces todos nuestros sentimientos experimentan cambios con respecto a su esencia y a su carácter. El arte nos ofrece todos los movimientos del alma humana en toda su profundidad y variedad, es el proceso dinámico de la vida misma, el constante movimiento entre polos opuestos, es decir, entre categorías semióticas opuestas, como pena y alegría, esperanza y temor, etc. El arte dota de forma estética a nuestras pasiones, lo que significa transformarlas hacia un estado libre y activo.

El proceso artístico es dialógico y dialéctico. No podemos comprender una obra de arte, sin en cierto grado, repetir y reconstruir el proceso creador que le ha dado vida. Esto al mismo tiempo se puede refutable puesto que, es imposible llegar a comprender y reconstruir el momento exacto de la creación artística y es mucho más inverosímil el tratar de revertir el proceso subjetivo del artista en ese mismo instante, es pues un acercamiento ilusorio a lo que creemos fue lo que aconteció en dicho proceso creador.

El arte transforma también los sentimientos negativos en medios de autoliberación, nos da entonces, una libertad interior que no puede ser alcanzada por ninguna otra vía y nos da pie a liberar y subliminar nuestras propias pasiones internas a través de la creación del artista.

El arte, concebido ya bajo los parámetros anteriormente nombrados, y a pesar de su evolución vertiginosa en los últimos tiempos, tanto en conceptos, formas y prácticas, viene arrastrando una segmentación económica y social y es, hasta cierto punto, privilegio de una élite o grupo social más favorecido, que tiene acceso a la educación y a la posibilidad de adquirirlo, hablando en términos de transacciones comerciales.

Paralelamente a este arte culto, educado, refinado e innovador, de élite; el pueblo desarrolla su propio arte bajo sus propios parámetros, sus propias tradiciones y su propia identidad, sin escapar por ello a las influencias y el poder del sector dominante que lo usa cuando le es favorable.

El arte del pueblo, nos refiere Hauser en "Sociología del arte", se ha convertido en un "bien cultural disminuído" pero es probable que haya sido antes un arte "sublime", pues era el único arte practicado antes del surgimiento de la élite cultural que se impuso como dueña y señora de "el arte", pues el arte popular, que actualmente es consumido por las capas semi-instruidas y mal educadas, estimuló también a los creadores del arte sublime durante la antigüedad y la Edad Media con el mimo, y entre el barroco y el clasicismo con las canciones populares; ..."Las melodías populares las han utilizado representantes auténticos de la música clásica, como Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert, sobre todo como temas de variación, tan a menudo como utilizaron temas de la música popular los últimos románticos, sobre todo en el ámbito cultural de Europa Oriental.".

El campesino de poblaciones pequeñas, organizado todavía en aldeas, representa la capa de instrucción más homogénea y estable, en lo que se refiere a ser portador del arte del pueblo, pero este arte es un arte utópico, pues actualmente ya no existen los campesinos puros, exentos de influencias culturales externas, pues, las nuevas tecnologías han logrado llegar hasta los pueblos más alejados y de una forma u otra han logrado variar sus expresiones artísticas llevándoles nuevos modelos estéticos y nuevos patrones culturales y de mercado, que hacen que su arte no sea ya un arte puro sino el producto de la fusión de su propia cultura con el medio.

..."Ya no existe, si es que lo hubo alguna vez, el "hombre sencillo, natural, de impulsos sanos y gusto no corrompido", que correspondería al ideal rousseauniano en el arte.". Y dado el caso de que el campesino choque con formas de vida más fáciles y agradables, entonces rompe con una facilidad asombrosa, su fidelidad a los hábitos, usos y costumbres ancestrales, sin dejar huella alguna y sin recordar con nostalgia romántica las tradiciones perdidas como lo hacen las capas ilustradas; nos afirma Hausser en su "Sociología del arte"; sin embargo, vemos claramente que su afirmación no es del todo cierta, pues basta con mirar alrededor nuestro para comprobar que los campesinos que migraron a la capital y que se "adecuaron" a las formas de vida establecidas han debido pasar por largos y duros procesos de adaptación y que, además, aún siguen expresando en su arte y en su vida social cotidiana, sus usos, costumbres y valores propios de su región pese a que en la ciudad la vida tiene, aparentemente, más "facilidades" y "comodidades", podemos ver también que los limeños antiguos recuerdan con añoranza las tradiciones perdidas por la vorágine de los tiempos que indudablemente traen consigo mejores condiciones de vida, como la tecnología, el mercado, los medios de comunicación y el acortamiento de las distancias; en pocas palabras, el sistema neo-liberal.

El arte popular tiende a repetir estructuras mecánicamente producidas, (Artesanía), aplicables en cliché, lo que no lo hace falto de fórmulas complejas y exigentes; el Arte Popular según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es: El realizado por artistas, generalmente anónimos, con base no académica, sino fundada en la tradición.

El arte popular es producido por y para el pueblo, lo que no significa que la clase dominante y su élite cultural no lo usen y lo usufructúen cuando les es favorable, socia, política o económicamente.

Únicamente el arte puro del pueblo, conservador de su originalidad, - nos señala Hauser- aunque en parte represente un "bien cultural disminuído", logra producir formas artísticas auténticas. Este arte auténtico es trasladado a lugares que le puedan dar la definición elitista de arte, que le confiere este título a todo aquello encerrado dentro de una estructura edificada para dicho fin, así se trate de un urinario o de los excrementos de un artista; como cuando en 1978 se hiciera una exposición en el Museo de Arte Moderno de París en la que se reunió a artistas llamados ingenuos o populares. Paisajistas, constructores de capillas y castillos personales, decoradores barrocos de sus cuartos cotidianos, pintores y escultores autodidactas, fabricantes de muñecos insólitos y máquinas inútiles, ejemplo tomado de "Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad" de N. García Canclini.

El hecho de poder acceder a este nuevo título de arte, aceptado por la élite cultural, da a los artistas populares la posibilidad de obtener mejores ingresos económicos, lo que nos lleva a pensar en la contradicción que se da en el momento justo en que se acercan a la élite cultural; en el que los artistas populares se verán expuestos a los estímulos e influencias del arte culto y probablemente dejarán de ser los mismos artistas ingenuos que llegaron con sus obras puras, que fueron el móvil inicial de dicho acercamiento.

El público del arte popular aumenta continua y aceleradamente, crece no sólo por el ascenso de masas antes desinteresadas en el arte, sino como consecuencia de la decadencia parcial de la élite anterior y de la depravación del gusto, de la que no escapa por completo ninguna parte de la población actual de las grandes ciudades - señala Hauser -, ésta "depravación" del gusto como la llama el autor, significa más bien una apertura de los esquemas y moldes rígidos de antaño y obedece, no a una identificación de clase social, sino solamente a intereses globalizados de la llamada élite y a un acercamiento de las masas a expresiones culturales a las que el acceso les era negado en otras circunstancias, es a mi modo de ver, un avance y no una "depravación", pues la cultura en una sociedad democrática no tiene porqué estar limitada solamente a un pequeño grupo social. Este aumento de público y de consumo de la cultura popular permite a su vez, nuevas formas de creación, recreación, adopción, reproducción y variación del arte popular; lo que en suma contribuye a enriquecer la cultura en general.

"El arte popular debe su predominio y la continua extensión de su público a la victoria de la democracia, de la relajación del privilegio de educación, a la prosecución de la productividad y competitividad económicas también en el terreno del arte y a la perspectividad cada vez más favorable de participar activa o pasivamente en el proceso de tráfico intelectual" tráfico intelectual que obedece a cambios económicos en los estratos sociales, es decir por ejemplo, el surgimiento de los nuevos ricos, que por ejemplo, adquieren una pintura de Picasso no por su valor artístico, pues no pertenecen a la élite cultural que le ha impuesto dicho valor en términos de arte, y que es el mismo que influye directamente en el precio de la obra en el mercado; el nuevo rico entonces, adquiere la obra por su valor económico o por poder darse el "lujo" de poseerlo y así sentirse "culto" y parte de la élite cultural.

Otra característica del arte popular es su poder de cohesión de grupo y de identificación, ya que sus formas más complejas están constituidas de tal manera que, cada miembro del grupo puede sentirse como parte integrante de las expresiones de este arte popular. "Rielg se aferra también a la teoría romántica acerca de la homogeneidad del espíritu popular e insiste en que las formas tradicionales de arte son propiedad común de todo el pueblo y no de una clase especial".

El arte de élite, tantas veces citado anteriormente, es un arte que desde sus inicios fue concebido y desarrollado para recreación y deleite de una capa social favorecida económicamente y que además tenía poder político; era pues la única clase social en su tiempo que podía acceder a la educación y que tenía además tiempo libre para dedicarse a estos menesteres. La élite imponía sus propios cánones y patrones bajo los que se desarrollaba el arte.

"El gozo que proporciona el arte sublime, augusto, grandioso, no consiste en ningún modo en una vivencia que pudiera calificarse sencillamente de "placer". Su recepción adecuada supone más bien una dura prueba, tanto intelectual como moralmente; requiere una entrega incondicional, el mayor esfuerzo y abnegación, la admisión de las necesidades de la vida y la reconciliación con ellas, una prueba, como ya se ha dicho, no sólo del examinado sino también del examinador". Era pues, un arte de conocimientos, tanto de los que lo producían como de los que lo consumían, si nos situamos en aquel tiempo, podremos ver claramente que las demás clases sociales no podían acceder a este tipo de arte ya que era difundido en lugares especiales, en momentos especiales, para gente especial que se podía dar el lujo de poder disfrutarlo y entenderlo; esto explica la existencia del arte popular paralelo, pues todos los que no respondían a los requerimientos del arte de élite eran excluídos y marginados.

Hauser nos refiere que las obras de arte elevadas e importantes, correspondientes a las exigencias de esta élite ilustrada, ofrecen una variedad de tipos mucho más rica que los productos artísticos destinados a las capas de instrucción más bajas. Esto se debe obviamente, a que en las circunstancias mencionadas, no era posible que las clases populares, accedieran a la educación, pero, al igual que la élite cultural, tenían necesidad de expresiones artísticas y se valieron de los juglares, el mimo, las canciones, las celebraciones colectivas, el teatro, etc. para el desarrollo de sus propias expresiones artísticas que, al mismo tiempo, por ejemplo, en el caso de los juglares y el teatro eran un medio de denuncia y protesta contra las injusticias y abusos de la época.

Hauser, nos dice también, que las grandes obras de arte no corresponden ni al pensamiento y gusto de la generalidad ni al entendimiento humano sencillo, ingenuo y sano y que: "El mal horrible que les hace la popularidad a las grandes obras de música consiste en el abandono hedonista a una pasión convertida en puro hábito, y en la audición distraída, con intereses compartidos, con los que la orgiástica borrachera de la auténtica vivencia musical se convierte en una chispa eufórica". Considerando el desarrollo tecnológico, humano, democrático, comunicativo: debemos seguir, según el autor citado, permitiendo que sólo una élite cultural sea la heredera de las grandes obras clásicas, sobre todo de la música, pues al parecer el autor considera que la música clásica no es clásica sino se escucha en un determinado lugar con toda la atención centrada en ella; no es clásica si sólo se tararea un pequeño fragmento, no es clásica sino es un erudito el que la escucha.

Pero, lamentablemente para su culto punto de vista y en beneficio de todos los que quedamos fuera de la definición de eruditos conocedores y herederos de la élite cultural, la tecnología actual nos permite disfrutar de las grandes obras clásicas valiéndonos de un simple ordenador conectado a internet, de los documentales hechos por y para la televisión que también están presentes en la televisión de señal abierta, o de los cassettes, discos compactos y videos que ponen al alcance de casi todos la música clásica, o simplemente, hasta el conductor de una "combi" en las calles congestionadas de Lima, (personaje citado sin ninguna intención racista o clasista) puede encender la radio y sintonizar "Sol armonía" y disfrutar a su modo, que no es despreciable, de la novena sinfonía de Beethoven.

El papel que tiene la cultura dentro de la sociedad debe ser integrador por el mismo hecho de que vivimos en un mundo que permite la comunicación, la información y los medios en genera. Las posibilidades actuales de estos deben ser aprovechadas, al máximo, en nuestra sociedad contemporánea e intercomunicada. Esto implica un cambio de mentalidad para utilizar los medios de comunicación de manera que sean herramientas de integración y de difusión de la cultura a nivel masivo, porque solamente el desarrollo cultural de un pueblo es capaz de propiciar cambios sustanciales y significativos en el sistema económico y político del mismo.

Cassirer. "Antropología filosófica" , Cap. IX, p.206

Idem.

Idem. p.207

Idem. p.209

Hauser. "Socilogía del arte", Cap. 3, p.719

Hauser "Sociología del arte" Cap. 3, p.706

Idem. Cap. 4, p.731

Alois Riegl: Volkskunst, Hausfleiss und Hausindustrie, 1894. citado en Hauser, "Sociología del arte", Cap.3, p. 713.

Idem. Cap. 2, p.701

Idem. Cap. 4, p. 739

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