Arte Clásico

Cultura clásica. Período clásico. Grecia. Roma. Arquitectura. Templos. Estructura urbanística. Pintura. Escultura

  • Enviado por: Fernando Remiro
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 17 páginas
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INTRODUCCIÓN

Este trabajo pretende acercarse, en su modestia, al floreciente arte que se produjo en Grecia y Roma en la Historia Antigua. Estas dos civilizaciones, base de la cultura occidental actual, crearon un arte que dejó una muy profunda huella en la Historia, y que influyó sobremanera en todo el Arte Occidental. Ese arte, reflejo de dos culturas con un gran avance cultural y social ha sido, es y será el referente de todas las civilizaciones venideras que han bebido de la riqueza clásica. El trabajo está estructurado según las tres artes figurativas: la arquitectura, la escultura y la pintura; además de un apartado sobre la influencias que recibe el arte clásico, y la conclusión. En cada apartado comparamos las características del arte Griego y del Romano, tan parecidos pero a la vez tan diferentes. El objetivo de este trabajo es, a partir de unos datos objetivos, sacar conclusiones sobre la importancia de este arte en nuestro arte y el que nos precedió.

ARQUITECTURA

GRECIA

Los griegos, después de conocer los templos pétreos de los egipcios, comenzaron en el siglo VII a.C. a construir sus propios templos en piedra, con un estilo propio y específico. Utilizaron la piedra caliza en el sur de Italia y Sicilia, el mármol en las islas griegas y en Asia Menor y la caliza revestida con mármol en el continente. Más tarde levantaron sus edificios principalmente de mármol.

En las polis griegas el centro de la vida urbana era el ágora o plaza pública. En ella se desarrollaba la vida económica, política y religiosa de la polis. Era el lugar predilecto de los hombres para reunirse y charlar de los más diversos asuntos. Los mercaderes se instalaban en el ágora, en pequeños tenderetes de madera. Una de las más construcciones más características del ágora es la stoa, edificio de planta rectangular estrecha que podía llegar a tener dos pisos. Su finalidad solía ser la de proporcionar un refugio frente a la lluvia o el sol a las personas del mercado. Otro edificio propio del ágora era el Bouleuterion, o edificio del Consejo Municipal. No faltaban tampoco en el ágora las bibliotecas, como la famosa biblioteca de Panteno o de Éfeso; los gimnasios; las torres de los vientos (edificios donde se colocaban relojes de sol o de agua y una especie de veleta); y por supuesto los templos y altares. Así en el ágora de Atenas había un templo a Ares y otro a Apolo y un altar a los doce dioses principales.

TEMPLOS

Arte Clásico
El templo griego, concebido como la casa del dios, se alzó siempre sobre un solar sagrado al que le rodeaba un muro perimetral a fin de separarlo del mundo profano. Su ubicación se asoció siempre a principios luminosos de carácter natural, propiciados por la tradición o las características propias del lugar, acentuadas por un elemento de ancestral veneración: un árbol, una fuente, una gruta, un bosque, una montaña, un acantilado etc., que por su especial configuración podían ser consideradas como cratofanías (manifestaciones) de la divinidad. Los requisitos básicos a la hora de elegir el lugar para la edificación de un templo eran la presencia del agua (río o manantial) una adecuada orientación con respecto al sol (la fachada principal era siempre la oriental) y una hermosa vista panorámica capaz de provocar una emoción reverente.

El templo griego era de formas rectilíneas. Los fieles no solían entrar en ellos, pues las ceremonias se celebraban al aire libre entorno a un altar que había delante del templo frente a la puerta y de cara a la estatua del dios.

La fachada de un templo griego constaba de: cornisa, frontón, friso, arquitrabe, entablamento, capitel, fuste y estilóbato. Primitivamente sólo se hacían de piedra los cimientos del templo; el resto era de ladrillo y madera. A partir del siglo VII a.C. se empezaron a hacer enteramente de piedra. Los templos solían pintarse de muchos y variados colores, frente a la sensación monocromática que dan los restos que se conservan en la actualidad.

La arquitectura de los templos griegos se ha dividido tradicionalmente en tres estilos u órdenes denominados dórico, jónico y corintio. Esta división de órdenes no es absolutamente cronológica, pues si bien el corintio es posterior al dórico y al jónico, estos dos últimos coexisten y se desarrollan en la misma época durante un gran periodo de tiempo, aunque su uso tiene lugar a veces en zonas geográficas diferentes: el estilo dórico es el característico de la Grecia continental, mientras que el jónico alcanza su mayor esplendor en las zonas asiáticas del imperio helénico.

El templo dórico está construido sobre una gran base plana, llamada estilóbato, a la que se accede generalmente por medio de unos escalones de gran altura. Directamente sobre esta base se levantan las columnas, que en éste estilo presentan de 16 a 20 estrías biseladas que se cortan en una estría aguda. El fuste de la columna termina en una superficie plana, llamada “collarino”, sobre la cual se sitúa el capitel, que en este orden consiste en una simple moldura en forma de almohadón que recibe el nombre de equino. Inicialmente, los templos dóricos poseían pocas columnas pero de gran grosor; sin embargo, conforme pasa el tiempo, aumenta la esbeltez de las columnas y la separación entre ellas. También inicialmente se situaba sobre las columnas una estructura de madera que posteriormente se realizó en piedra. Este estructura, que debido a su origen se llama entablamento, consta a su vez de tres partes: la inferior o arquitrabe, es lisa, mientras que la intermedia, o friso, constituye una de las principales características del templo dórico. En efecto, en este estilo el friso presenta unas zonas salientes y estriadas, llamadas triglifos, que parecen producir los extremos de las antiguas vigas de madera entre las cuales, existen otras zonas lisas llamadas metopas, que en templos posteriores aparecen profusamente decoradas. Sobre el friso se sitúa la tercera parte del entablamento, la cornisa, y sobretodo el conjunto, el frontal de forma triangular, que se adorna con complejos grupos escultóricos. Templos muy característicos son los de Olimpia, Delfos, Atenas, Corinto, etc. El más famoso y logrado es el Partenón, en la Acrópolis de Atenas. Está dedicado a Atenea, y está situado en el lugar más destacado de dicha Acrópolis. Su construcción está fechada en el siglo V a.C., a partir del proyecto de los arquitectos Ictinos y Calícrates, aunque se relaciona con Fidias.

El templo jónico posee muchos elementos en común con el dórico, pero tienen también diferencias características que permiten distinguir con facilidad un estilo de otro. Como el dórico, el templo jónico está construido sobre un basamento, pero, en este caso, las columnas que rodean el recinto no se apoyan directamente en él, sino sobre una base realizada con molduras circulares. La columna jónica también posee estrías, pero éstas, que aparecen normalmente en mayor número que en las dóricas, presentan ahora una convexidad esférica. Al final de la columna, y éste es quizá el principal rasgo diferencial del estilo jónico, aparece un capitel cuadrangular que presenta en sus extremos unas volutas características. Por lo que respecta al entablamento, lo que permite distinguir a los templos jónicos es su friso corrido, en lugar de la división entre triglifos y metopas propia del orden dórico, lo que posibilita su decoración continuada. Famosos templos jónicos son los de Éfeso, Sardes, Samos, Mileto o Halicarnaso.

Cronológicamente, el orden corintio aparece posteriormente a los anteriores y, prácticamente, en Asia Menor. En su estructura general, el templo corintio es prácticamente igual al jónico y la única característica que permite diferenciar ambos es el capitel de las columnas que ahora aparece adornado con elemento vegetales muy abigarrados, entre los que destaca las hojas de acanto. Pertenecen la columna votiva de Delfos o la Linterna de Lisícrates, en Atenas.

TEATROS

El teatro griego consta de tres partes esenciales: la escena, la orquestra y la gradería para el público. La escena no tenía aún la importancia que adquirió en su versión romana. Se encontraba a nivel de tierra y en ella se empleaban decorados giratorios. En la escena solía haber en su parte anterior una plataforma de tres o cuatro metros de altura, el proscenio, donde interpretaban los actores. La orquestra, de planta circular, era la parte dedicada al coro, y tenía en su centro un altar a Dionisio, dios en cuyo honor se celebraban los festivales. La gradería era la parte destinada al público. Se construía aprovechado la pendiente de una colina. Era de planta semicircular y rodeaba prácticamente a la orquestra. A ella se accedía mediante escaleras exteriores. Aunque en el teatro griego la escena estaba abierta por detrás, la voz no se escapaba de manera que lo dicho por los actores podía ser oído hasta en las partes más altas del graderío. Uno de los teatros más importantes es el de Epidauro.

CASA

Los griegos habitualmente pasaban gran parte del día en la calle, en el ágora o al aire libre. Esto justifica que durante buena parte de su historia no se preocupaban por construir viviendas ni excesivamente cómodas ni ostentosas. En realidad sólo les preocupaba que reunieran las mínimas condiciones de habitabilidad .

Las casas solían construirse en adobe. Las ventanas estaban a la altura suficiente como para impedir que ojos indiscretos alteraran la intimidad de los inquilinos. Estas ventanas no tenían cristales. Sin embargo, lo habitual era que la luz entrara por un patio interior en torno al cual se distribuía el resto de las piezas. De éstas hay que destacar dos especialmente: el andrón, habitación destinada en exclusiva a los hombres; y el gineceo, destinada a las mujeres y los niños. El andrón estaba situado en la parte más accesible de la casa, la que daba más directamente a la calle. Solía constar de un vestíbulo y un comedor. El gineceo estaba en la parte más retirada o en piso superior. Como curiosidad digamos que las puertas de las casas solían abrirse hacia fuera, hecho éste que el teatro utilizó como recurso cómico. El modelo de la casa helenística sería copiado luego por la domus romana.

ESTRUCTURA URBANÍSTICA

En la Grecia Arcaica, las ciudades se construían sobre colinas fortificadas, lo cual constituía refugio para los campesinos de los alrededores. Cuando las ciudades empezaron a construirse en llano, esos núcleos antiguos (llamados acrópolis) se utilizaron para albergar templos (como en el caso de Atenas).

En un principio, las ciudades se construían al azar, sin seguir un trazado en especial. En el siglo V a.C., Hipódamo de Mileto ideo el sistema urbanístico, llamado hipodámico, basado en cuadrículas, es decir, las calles se construyen paralelas de norte a sur, cruzadas con otras (igualmente paralelas) de este a oeste. Cada cuadrado de casas constituía una manzana.

ROMA

La arquitectura, considerada por los romanos expresión de su poderío, tuvo en Roma tempranas manifestaciones. El empleo a partir de los siglos III y II a.C. del mortero u opus caementicium (una mezcla de cal y arena con otros trozos o fragmentos de otros materiales), no desconocido por los griegos, pero sí alejado de su concepto de la arquitectura, constituyo la gran innovación técnica que permitió una construcción rápida, facilitó la constitución de los abovedamientos y posibilitó, en fin, que pudieran plasmar en la realidad sus concepciones espaciales. No en vano, la bóveda, el ábside y el arco son, prácticamente, hallazgo de esta civilización. La arquitectura latina es eminentemente utilitarista, funcional y práctica, muy acorde con el carácter del pueblo romano.

En la ciudad romana el centro de la vida urbana era el foro. Era el lugar de reunión, centro de la vida política, económica, judicial y religiosa. Primero en el mismo foro y luego en sus alrededores se levantaron diversos mercados. El foro también daba cabida a la actividad política. En él estaban: la Curia, donde se reunía el Senado; los Rostra, tribuna adornada con espolones de barco, desde donde los oradores se dirigían al pueblo en los actos públicos. También acogía la Basílica, edificio de usos múltiples, mitad bolsa de comercio, mitad tribunal de justicia. Por último, eran también frecuentes en él los templos como los de Vesta, de Saturno o de Julio César. Con el tiempo el viejo foro romano, se fue quedando pequeño siendo ampliado mediante los llamados foros imperiales: Foro de Augusto, Foro de Trajano.

En el Imperio Romano entre los siglo I y II d. C. Las ciudades no se amurallaron, o sus murallas fueron muy bajas. Pero a partir del siglo III, la creciente amenaza de los bárbaros hizo necesario de nuevo este tipo de construcciones. La primitiva ciudad de Roma estuvo rodeada por la llamada muralla serviana, pero ésta fue rápidamente superada por el crecimiento urbano, e incluso demolida en muchos lugares. Luego en siglo III se construyó la muralla aureliana de la que todavía en la actualidad quedan claros vestigios.

Respecto del abastecimiento de agua, en Roma, lo corriente era que el agua tuviera que traerse desde muy lejos por un sistema llamado acueducto. El agua se tomaba de un colector que recogía las aportaciones de la fuente o manantial y por tuberías que podían ir enterradas o por el sistema de arcos en que se basa el acueducto. De ahí se llevaba hasta una torre de distribución, el castellum aquae. Desde la cámara superior del castellum, el agua salía para nuevos depósitos donde sufría un nuevo proceso de clarificación y desde donde se distribuía a los edificios públicos, a las fuentes y a los propios domicilios.

TEMPLOS

En Roma, el Templo tenía el podio, especie de base elevada con una escalera frontal del acceso que conducía al vestíbulo, generalmente con columnas, que daba a la cella (la naos de los griegos). La parte más cuidada del templo era fachada. A veces añadieron una segunda fila de columnas a al vestíbulo y adosaron a los costados pilares semicirculares que simulaban columnas. El orden más empleado en la columnata fue primero el toscano, derivado del dórico, pero con basa y fuste liso; y el compuesto (mezcla de jónico y corintio), que ha dejado como muestra, sobre todo, bellos capiteles.

Para construir los templos emplearon la piedra y el ladrillo. Con éste pudieron añadir a sus construcciones elementos arquitectónicos curvados, como el arco, la bóveda y la cúpula. El ejemplo más asombroso es el Panteón de Agripa, en Roma, cuya estructura se compone de un inmenso cilindro articulado por ocho machones cubierto por una cúpula hemisférica y precedido por un pórtico rectangular de columnas. La enorme cubierta de 43 m de diámetro está perforada en su cenit por un óculo circular, a través del cual se ilumina el espacio interior. El edificio actual fue construido por el emperador Adriano entre los años 118 y 128, sobre otro pequeño panteón construido en el año 27 a.C. por mandato de Agripa, un ministro del emperador Augusto.

TEATRO, ANFITEATRO Y CIRCO

El diseño del teatro romano fue el mismo que el de los griegos, aunque le añadieron algunas novedades. Así en la construcción de las gradas ya no había por qué utilizar la pendiente de una montaña, sino que lo habitual era construirlas con un sistema de bóvedas de hormigón y galerías. La orquestra era semicircular, los actores ya no actuaban en ella ni tampoco el coro y solía estar destinado a dar asiento a los personajes más ilustres. El lugar reservado a los espectadores coincidía con el semicírculo de la orquestra y a el se accedía por escaleras interiores. La escena era más alta. Por detrás se añadía un muro, que servía para impedir que la voz se perdiera y que tenia un decorado permanente. Los romanos añadieron también el telón, que a diferencia de los actuales se bajaba al empezar la representación y se subía cuando acababa. Aunque eran edificios descubiertos, los días de mucho sol se tendía el velum, especie de toldo para proteger a los espectadores.

Los anfiteatros, edificios de planta elipsoidal se celebraban los combates de gladiadores, (ludi), las luchas contra las fieras salvajes (venationes) y, a veces, combates navales (naumachiae). Estos locales, destinados a contener grandes multitudes, respondían todos ellos aun esquema general, derivado, en definitiva, del anfiteatro Flavio o Coliseo de Roma.

La arena central estaba delimitada por un alto podio revestido de lastras de mármol. Este podio tenia cuatro entradas, una al final de cada uno de los ejes mayores, y otras secundarias y de servicio en un número variable. Los graderíos recibían el nombre de maeniana, y se dividían, como en los teatros en tres zonas separadas entre sí, por pasillos circulares (praecinctiones) y en sectores (cunei) por medio de escaleras radiales. Cada una de estas zonas se ocupaban en función de las distintas clases sociales. Las puertas de salida y acceso eran llamadas, como en los estadios deportivos de la actualidad, vomitorios (vomitoria). Debajo de la arena solía estar clavada la fossa vestiaria y toda una serie de dependencias donde no sólo se albergaba las fieras en sus jaulas cuando se celebraban venationes, sino donde se encontraban los vestuarios de los gladiadores, salas de estar y aun de curas de urgencia. En algunos anfiteatros, sobre todo en los de mayor importancia, solía haber una terraza anular utilizada para el manejo los toldos que, al igual que en anfiteatro Flavio, sostenidos por mástiles, se tendían sobre el recinto en los días de sol implacable.

El más famoso es el ya nombrado Anfiteatro Flavio o Coliseo, en Roma, construido en el año 80 d.C. Este edificio fue erigido por el emperador Vespasiano, que lo dedicó a su hijo y sucesor Tito. La parte superior del Coliseo se hizo originalmente en madera, que no fue reemplazada por piedra hasta después del año 223. Todas las ciudades importantes del imperio siguieron el ejemplo de Roma. De acuerdo con los datos de un documento del siglo IV, el Coliseo de Roma tenía un aforo de 87.000 espectadores; los historiadores, sin embargo, calculan que tan solo 50.000 podían estar sentados. Los anfiteatros de Pozzuoli, Capua, Verona y Tarragona tenían aproximadamente la misma capacidad.

En el circo, el espectáculo rey entre los romanos fue el de las carreras de caballos, porque en él, a la emoción de la propia carrera, se añadía la de las apuestas de fuertes sumas de dinero. De los edificios en las que éstas se celebraban, los circos, poco son los restos que hasta nosotros han llegado, ya que la gran extensión de su arena a hecho inviable su respeto. No obstante, conocemos perfectamente su estructura interna , porque han sido representados en muchos mosaicos y relieves, así como la organización y desarrollo de las carreras a través de los testimonios de los autores clásicos que las comentan y describen.

A imagen del gran circo Máximo de Roma, la estructura de estos recintos era siempre la misma: una extensa y larga planicie, la arena, dividida longitudinal-mente por la espina, un largo andén central de unos 4 ó 6 metros por 1,5 de alto y longitud variable, que servían de línea divisoria entre las dos pistas. En ella se alzaban distintos monumentos y altares; no solía faltar la diosa Cibeles cabalgando sobre un león y una Victoria en cada extremo, con la palma y la corona de los vencedores en cada mano. También a cada lado, se colocaban, sobre unos determinados dispositivos, los siete huevos dorados o los siete delfines que servían para contabilizar las vueltas superadas. Por último, las metae: tres columnas puntiagudas de bronce dorado, colocadas sobre alto pedestal, que cumplían, entre el polverío, la función de “semáforos”, avisando a los aurigas del lugar donde tenían que efectuar el giro de su cuadriga. La cabecera de la arena se remataba en una curva semicircular, en cuyo centro se abría la llamada puerta triunfal, un arco monumental al que acudía el auriga vencedor a recibir su premio y los aplausos de la multitud. En el otro extremo donde estaban las caballerizas, la curva era más suave. A ambos lados de la arena se levantaban los graderíos para los espectadores. El aforo de los circos siempre se pensó a nivel multitudinario, no siendo extraño que alcanzara cifras entre los 20.000 y 30.000 espectadores. El más famoso de los circos se hallaba en Roma, el Circus Maximus, con capacidad para más de 100.000 espectadores.

CASA

En Roma existían varios tipos de casa. Así se daba el nombre de domus a la casa unifamiliar de la ciudad, perteneciente muchas veces a ciudadanos acomodados, y el de insula , a unos bloques de casa muy parecidos a pisos de alquiler que normalmente vive la gente pobre.

Fuera de la ciudad se levantaba la villa. Las había de dos clases, la villa urbana, que era un tipo de residencia lujosa que los más ricos solían construirse en el campo o a orillas del mar y que les servía de segunda residencia; y la villa rústica, o casa de campo, dedicada a la agricultura y ganadería. Respecto a la domus, se organizaba en torno a una habitación central, el atrium, donde se encontraba siempre encendido el fuego del hogar. Desde la calle se accedía al atrio a través del vestíbulo.

El vestíbulo era una sala abierta a la calle, situada antes de la puerta propiamente dicha de la casa. La puerta solía constar de dos hojas. Al atrio daban los dormitorios, que eran relativamente bajos, no tenían ventana exterior y una simple cortina los separaba del atrio. En la parte posterior de la casa solía haber un jardín y abiertas a la calle estaban las habitaciones que se alquilaban a comerciantes o artesanos para que instalaran sus negocios, o como vivienda para la gente más pobre. En la casa romana la cocina no tenía un lugar fijo y no eran raras las que tenían incluso baño y retrete. Una casa romana, vista desde fuera daba una pobre impresión. Apenas tenía ventanas, pues la luz y el aire entraban por el compluvium o por el jardín o el peristylum. Lo normal es que fueran casas de una sola planta.

ESTRUCTURA URBANÍSTICA

El trazado hipodámico griego fue tomado como punto de partida por los romanos, aunque el que más influyó fue el de campamento militar. Según esto, la ciudad se concebían como un cuadrado que se dividía por el centro por una gran calle que corría de norte a sur (el cardo maximus), y otra que lo hacía de este a oeste (el decumanus maximus). En el caso de la Pamplona romana, estas dos calles correspondían a las actuales Dormitalería y Curia, respectivamente. El cardo y el decumanus eran las más anchas, y junto a ellas eran frecuentes las callejas estrechas y mal trazadas, sobre todo en las ciudades antiguas. Sin embargo, en otros casos, las calles que se organizaban en torno a las dos principales formaban una cuadrícula perfecta. Los romanos, dividieron la calle en un espacio para el trafico rodado, la calzada; y las aceras para los peatones, pavimentadas con pequeños adoquines o con capas de cemento.

Además de todos estos edificios que hemos destacado debido a su importancia, eran importantes dentro de una ciudad romana las termas (baños públicos), los mercados, y otros edificios civiles.

PINTURA

GRECIA

De la belleza e importancia de la pintura griega, sólo queda constancia a través de las fuentes literarias, que hablan de grandes maestros como Polignoto, Parrasios, Zeuxis o Apeles, el retratista de la corte macedonia, las copias romanas y, sobre todo, por medio de la cerámica. Cabe señalar, sin embargo, que la decoración cerámica tiende a destacar las formas de la pieza y esté condicionada por estas mismas formas. Además de informar sobre el arte pictórico, la cerámica griega constituye una expresión artística en sí misma de extraordinario valor. En un principio la cerámica tenía un carácter puramente funcional para guardar líquidos (ánforas), servir bebidas (cráteras) o como recipiente de perfumes. La decoración fue evolucionando a lo largo de los siglos.

Del periodo arcaico destaca la gran importancia en la creación de cerámica apareciendo una nueva técnica de decoración: figuras negras sobre fondo rojo. El centro que destacó por la categoría de sus producciones fue Atenas, manteniéndose incluso cuando, a partir del año 530 a.C. La técnica cambió, pasándose a producir figuras rojas sobre fondo negro. La decoración cerámica llegó a cobrar tal importancia, que las piezas se convirtieron en simples receptáculos de la pintura y, como consecuencia, los pintores pasaron a ser los protagonistas de la producción cerámica llegando incluso en muchas ocasiones a firmar sus obras. Uno de los más importantes, ya a finales de este periodo, fue Eufronio, aunque el primer pintor ateniense de nombre conocido fue Sófilo.

En la primera mitad del siglo V a.C. destacó con brillo singular la figura del gran pintor Polignoto, cuya principal actividad se desarrolló en Atenas bajo de dominio de Cimón en torno al 474 a.C. De la belleza y calidad de sus pinturas se hicieron eco los principales tratadistas del mundo griego, gracias a los cuales conocemos algunos de los temas con los que decoró la pinacoteca de los propileos, la Lesque de Delfos, etc. La mayoría de ellos, inspirados en los temas de la Ilíada y Odisea, fueron copiados y repetidos mas tarde. El mundo heroico de Polignoto marcó una huella tan profunda en la historia de la pintura del mundo antiguo, que algunas de sus creaciones sirvieron de fuente de inspiración a las grandes composiciones mitológicas del segundo estilo pompeyano. Junto a él destacaron Mikón, Panainos y Onasias, quienes además colaboraron con Polignoto en la decoración de los más importantes templos de la época.

La cerámica de los años 475 a 450 a.C. , ya elaborada con la llamada técnica de figuras rojas, reflejó, como era de esperar, la calidad de las creaciones pictóricas de los artistas que acabamos de citar. Se observan, no obstante, diferentes tendencias y una clara predilección por los vasos de gran tamaño que permitían que la decoración se extendiera libremente por todo su cuerpo: ánforas, pelikés, estamnos, cráteras de columnas etc. Junto a ellos gozaron del favor del público los kylikes, los cálices, y los lekythoi de fondo blanco.

Lo más destacable de la pintura helenística es la presencia de los cuadros paisajísticos. Además de los temas mitológicos se prodigaron las escenas desarrolladas en paisajes idílicos llamados a tener una larga pervivencia, hasta el punto de que gozaron de una especial predilección en la pintura romana de los siglos I y II, sobre todo en la época de los Antoninos. Los restos conservados son sin embargo, tan escasos que hay que recurrir a las pinturas de Boscoreale, Pompeya y Herculano para poder rastrear las principales creaciones pictóricas de las que nos hablan las fuentes.

ROMA

De la pintura romana quedan escasas muestras, a no ser las murales descubiertas y conservadas en las excavaciones de Pompeya y Herculano que permitieron descubrir que la pintura debió de tener una importancia primordial en la Roma clásica, pues todas las casas presentaban en sus paredes pinturas que, en muchos casos, eran de altísima calidad.

Las paredes de las habitaciones que rodeaban al atrio (habitación principal de la casa) estaban revestidas de mármol en las viviendas más ricas, pero en la mayoría de las casas nobles se cubrían con un estuco ligero que servía de base para las pinturas parietales o murales que generalmente las recubrían.

Dentro de éste tipo de pinturas podemos distinguir tres estilos diferentes.

En un primer momento la decoración se basaba en molduras pintadas que simulaban puertas o ventanas inexistentes; éste tipo de molduras va adquiriendo poco a poco mayor relieve, comenzando a aparecer en ellas elementos arquitectónicos pintados en perspectiva y, más tarde paisajes completos, como los que se han encontrado decorando las paredes de una villa imperial situada fuera de las murallas de Roma: un auténtico vergel con árboles pintados que llegan hasta el techo y en cuyas ramas el artista colocó pájaros multicolores. Este estilo denominado arquitectónico tenia como fin primordial dar una mayor sensación de amplitud a las habitaciones, y debía de ser típico de las primeras épocas del imperio.

Aparece posteriormente un estilo ornamental en el que las paredes se pintan con un color uniforme (generalmente blanco, negro o brillante) sobre el cual aparecen adornos, o guirnaldas, franjas, series de cestillos o máscaras, o una especie de paños situados en las esquinas. Este tipo de decoración ya no tiene por finalidad dar la sensación de amplitud que pretendía el anterior, sino, simplemente, apagar en parte el color brillante de la pared. El estilo ornamental debió de ser utilizado fundamentalmente en la época de Nerón, ya que es el que adorna las paredes de su Casa Áurea.

Por último, y ya en época bastante posterior, aparece un tercer estilo, el ilusionista, que podría considerarse una síntesis de los dos anteriores: por un lado utiliza como temas los elementos arquitectónicos y vegetales del primero, pero sin el realismo que éste intentaba, sino con el simple objeto ornamental del segundo. Suele tratarse de figuras idealizadas, tratadas de forma fantástica.

Otra forma artística que se puede incluir en la pintura es el mosaico, expresión eminentemente romana. En todas las partes del imperio se han encontrado mosaicos. Oscilan desde los modelos abstractos de teselas blancas y negras hasta las ambiciosas composiciones figurativas policromas, como el gran suelo de la casa del Fauno en Pompeya, que reproduce una pintura griega del siglo IV a.C. (la Batalla de Issos, un encuentro entre los ejércitos de Alejandro Magno y el rey Darío III de Persia). A menudo los techos romanos estuvieron pintados o recubiertos de mosaicos, pero también se decoraron con relieves policromos de estuco. Se han excavado hermosas bóvedas estucadas en la Casa Farnesina (20 a.C.) y en la tumba de los Pancratii en Roma (160 d.C.).

En España se conservan muchos mosaicos de época romana. Entre ellos cabe destacar los del Museo de Barcelona (temática circense y pisciforme), los del Museo Arqueológico Nacional de Madrid (sobre todo los que representan los trabajos de Hércules), los de Tarragona (con el tema de la Medusa), los del Museo de Navarra en Pamplona (Triunfo de Baco y Teseo y el Minotauro), los de Itálica (mosaico de Neptuno), los de Mérida (mosaico de los siete sabios y mosaicos de la casa del Mitreo) y los de Ampurias en Gerona (Sacrificio de Ifigenia).

Arte Clásico
Arte Clásico
Roma. Fresco. Pom-

Grecia. Artemis y Acteón. Peya.

Pintor de Pan. Crátera.

ESCULTURA

GRECIA

Según el mito, la escultura griega fue inventada por Dédalo (al cual se le atribuían las xoanas, pequeñas figurillas de madera), el constructor del laberinto del Minotauro. Fuera cual fuese el inicio de esta disciplina, la escultura griega sirvió durante toda la época de la Grecia Antigua como modelo de perfección formal, y de canon de belleza humana. Por ello, es un arte totalmente antropomórfico, que se centra en la representación de figuras humanas perfectas en cuanto a las medidas, o en la muestra de sentimientos humanos, según la etapa. Atraviesa por tres etapas, que coinciden con las tres de la Historia Griega Antigua.

Entre los siglos VII y VI a.C., se desarrolla el periodo arcaico. Los griegos empezaron a esculpir en piedra, inspirados en las piezas monumentales de Egipto y Mesopotamia. Los tres tipos de escultura arcaica exenta (no esculpidas en la pared), atendiendo al tema de la misma, son el joven desnudo de pie (kouros), la doncella vestida de pie (kore), y la mujer sentada. Todos ellos demuestran un conocimiento profundo de anatomía humana. Los dos primeros comparten algunas características: están en posición frontal, hierática, con los brazos en distinta posición y los hombros elevados y muy horizontales; el pelo aparece en forma de melena de rizos o de trenzas; los ojos están ligeramente almendrados; y la boca sonríe ligeramente (sonrisa arcaica). Como particularidades, los kouros van siempre desnudos, con los puños cerrados y con uno de los pies ligeramente adelantado, como en actitud de andar. Las kores, en cambio, van vestidas y los pies, apenas visibles, aparecen juntos. En un principio tuvieron una finalidad funeraria y conmemorativa. Por otro lado, también se cultivaron los relieves decorativos.

Arte Clásico
Arte Clásico

Cleobis y Bitón, de Polimedes de Argos. Dama de Auxerre. Siglo

Siglo VI a.C. VI a.C.

El periodo clásico se desarrolla entre los siglos V y IV a.C.. En él, la escultura alcanza su máxima perfección. La preocupación fundamental es reproducir cuerpos perfectos en cuanto a las medidas, crear cánones de belleza formal. Supone un gran cambio respecto a las esculturas de la etapa anterior. La evolución es enorme en cuanto al movimiento y la naturalidad. Los brazos se despegan del cuerpo, y el rostro pierde esa sonrisa arcaica y pasa a un segundo plano, inexpresivo. El artista se preocupa por reflejar la musculatura y el cuerpo en general del ser humano.

Los autores principales son Fidias, Praxíteles, Mirón y Policleto.

Fidias (Atenas,490 a.C., 431 a.C.), fue el artista más famoso del mundo clásico, y el maestro que llevó la escultura a las cotas más altas de perfección y armonía. La primera obra que se conoce de él es la Atenea Lemnia, una estatua de la diosa destinada a la Acrópolis de Atenas. En el 438 a.C. se consagró la Atenea Parthenos, la obra que le significó la fama. La patrona de Atenas está representada en esta estatua de nueve metros de altura como una diosa guerrera, con escudo y casco, preparada para la defensa de la ciudad. Fidias realizó también la famosa Efigie de Zeus, para el Santuario de Olimpia, incluida por los antiguos entre las siete maravillas del mundo. Era una estatua sedente del dios, de doce metros de altura, que destilaba grandeza y majestuosidad, y es conocida a través de reproducciones en monedas y joyas. Pero lo que engrandeció el nombre del artista ya en su tiempo y ha mantenido inalterada su fama a través de los siglos son las esculturas del Partenón. Finalizada la construcción del templo, Fidias y su taller se ocuparon de la decoración escultórica, que incluía un friso en bajorrelieve de unos ciento sesenta metros de longitud, dos frontones decorados con figuras exentas y noventa y dos metopas en altorrelieve.

mes con Dioniso niño es su obra más famosa. Data del siglo IV a.C. Representa al dios juvenil y desnudo, descansando sobre su clámide mientras juega con Dioniso. La parte inferior de las piernas fue reconstruida tras el hallazgo de la escultura en las excavaciones del Heraion.

La última etapa de la Escultura Griega Antigua es la helenística, entre los siglos III y I antes de Cristo. En esta etapa los ideales de armonía y medida son sustituidos por nuevos valores: se prefieren los cuerpos retorcidos en vez de las posturas serenas del clasicismo, se concede importancia a la expresión de lo dramático, se representan temas cotidianos, hay una tendencia a las grandes dimensiones frente a las proporciones clásicas, etc. Se representan personas tal y como son, mucho menos idealizadas, y sin ese afán de modelo estilístico. Las esculturas gana, por tanto, en movimiento y expresividad. Además de este tipo de esculturas, se cultiva mucho el género del retrato. Son frecuentes también las representaciones de ancianas, borrachos y niños. Entre las representaciones de dioses, abundan las venus.

ROMA

La escultura romana es de bastante menos importancia que la griega, de la que toma los modelos y en la que se inspira totalmente. Sin embargo, existe una gran diferencia entre ambas. Los romanos aplicaron su enorme sentido práctico a la escultura, y no se dedicó a estudiar la belleza ideal o las proporciones humanas perfectas, sino que buscó una finalidad más aplicable a sus necesidades. Por ello, los géneros escultóricos más utilizados fueron el retrato y el relieve histórico. Además destaca su labor como copistas de las grandes obra griegas, vía por la cual nos han llegado.

Dentro del retrato, destacan los bustos en cera de los familiares muertos, los imagines. Hay varios tipos e retrato según la posición o la parte del cuerpo tomada. De esta manera existen los retratos de cuerpo entero, de pie, sedente y ecuestre; o de la parte superior del cuerpo, bustos. Son importantes, además de los nombrados imagines, los retratos de los emperadores.

El relieve histórico era utilizado en los Arcos de Triunfo, o en las Columnas Militares. Destaca también el relieve funerario.

INFLUENCIAS DEL ARTE CLÁSICO

El arte clásico recibió muy diversas influencias, de diferente procedencia. Para analizarlas, vamos a dejar al margen la arquitectura, que, como es lógico, tiene una inspiración popular, debido a que es a la gente a la gente corriente a quien va dirigida. Sobre los precedentes meramente funcionales (técnicas constructoras, etc), ya hemos hablado en su momento.

Las influencias son más claras en la escultura y en la pintura. Estas dos artes enraízan en tres temas fundamentales:

  • La mitología en toda su extensión, es decir, los dioses en general (Hermes con Dioniso niño, Venus de Milo, Apolo Bellvedere, etc), los relatos míticos (Laocoonte y sus hijos)y las divinidades menores (Fauno Barberini).

  • Los atletas y deportistas (Discóbolo, series de kouros, etc).

  • La vida cotidiana (frescos de Pompeya).

CONCLUSIONES: INFLUENCIA DEL ARTE CLÁSICO EN LAS MANIFESTACIONES POSTERIORES

Es indudable que el arte clásico ha sido un referente de una envergadura enorme para todas las manifestaciones artísticas que le han sucedido. Es más, podemos considerar al arte clásico como el inicio deslumbrante del arte occidental, sobre el cual se ha construido toda una tradición artística de asombrosa genialidad. Vamos a ir viendo esa influencia con más detenimiento.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, las culturas germánicas y las naciones formadas en sus territorios hasta el fin de la Edad Media, siguieron utilizando las técnicas romanas de construcción, mejorándolas en ciertos puntos. Aprovecharon los grandes inventos latinos de la bóveda y el arco. Por ello, la Edad Media bebió directamente del arte clásico, pero no por convencimiento, digamos, sino por necesidad.

Fue con el Renacimiento con el que se retomó el arte griego y romano por puro convencimiento y admiración por ellos. En arquitectura se empezaron a construir iglesias de estilo clásico, con la utilización de la bóveda a estilo del Panteón (Cúpula de la Catedral de Santa María de las Flores de Florencia, de Bruneleschi; Basílica de San Pedro de Roma, de Miguel Ángel), y los arcos de medio punto. En escultura, no sólo se tomó el tema mitológico, sino también el afán de perfección clásico (Apolo y Dafne, de Bernini).

Aunque en el Barroco se dejó de lado (no así en el caso de Velázquez), el arte clásico resurgió con fuerza en el Neoclasicismo, con un estilo oficial, dictado por Napoleón. Así se erigieron edificaciones como la Magdeleine de París, a estilo del Partenón y los templos romanos; y Les Invalides, a estilo del Panteón de Roma.

En los movimiento artísticos posteriores, aunque no se obvió del todo, el arte clásico fue dejado un poco de lado. Así, en el Romanticismo, el Realismo, el Impresionismo, el Eclecticismo, el Modernismo y las Vanguardias no se aprecian rasgos importantes herederos del clasicismo. Aunque esto fue así, es cierto que el arte clásico posibilitó la aparición de los mismos, haciendo de base.

Las aportaciones, por tanto son enormes. En el terreno arquitectónico, como hemos visto, desarrollaron unos sistemas de construcción muy avanzados, que contribuyeron al avance de la arquitectura posterior hasta nuestros días. En el terreno de modelos de belleza, el aporte es valiosísimo. Los estudios de medidas perfectas del cuerpo humano, posteriormente desarrollados por artistas como Leonardo da Vinci, han sido la base de las figuras de la pintura y escultura posteriores hasta las Vanguardias.

En conclusión, el arte clásico es una de las piezas más grandes del enorme puzzle que supone nuestra cultura y nuestro arte. Es la pieza base, mediante la cual todo encaja, sobre la cual todo se erige y se desarrolla, y sin la cual nada tendría su actual sentido.

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