Arroyos de Barranquilla

Historia de Barranquilla. Geografía colombiana. Hidrología. Problemática de los Arroyos. Crecida de los Arroyos. Lluvias frecuentes

  • Enviado por: Janniris Perez Salcedo
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 6 páginas
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HISTORIA DE BARRANQUILLA

TRABAJO DE:

ARROYOS DE BARRANQUILLA

Problemática

I SEMESTRE ENFERMERIA

UNIVERSIDAD DEL NORTE

VIERNES 18 DE MAYO DEL 2007

INDICE

Introducción

Objetivos generales

Objetivos específicos

Antecedentes históricos de los arroyos de Barranquilla

Historia e histeria de los arroyos

Los arroyos, caudales de histeria

El arroyo `'don Juan''

Mapa por sector del arroyo don Juan

Fotos de los arroyos de Barranquilla

Alternativa de solución a los arroyos de Barranquilla

Conclusión

Bibliografía

INTRODUCCION

Este trabajo nos adentrara un poco a la problemática que se vive en Barranquilla a causa de los arroyos, por medio de este conoceremos los nombres y las ubicaciones de estos; para mantenernos alertas. Además conoceremos una solución a esta problemática que tanto nos afecta.

Al leerlo nos daremos cuenta que este problema no es de ahora es algo que se ha venido presentando desde hace mucho tiempo y a lo que no se le ha dado solución.

OBJETIVOS GENERALES

  • Conocer los arroyos de Barranquilla y su ubicación.

  • Dar a conocer la problemática de estos.

2.2 OBJETIVOS ESPECIFICOS

  • Conocer como afecta esto a Barranquilla.

  • Dar a conocer una posible solución.

  • Crear conciencia a esta problemática que tanto nos afecta.

ANTECEDENTES HISTORICOS DE LOS ARROYOS DE BARRANQUILLA

Los arroyos de Barranquilla han existido desde siempre y a través de la historia, se han vinculado con el desarrollo urbanístico de la ciudad. De acuerdo con la tradición recogida por Domingo Malabeth, se da por sentado que para la época del nacimiento de la ciudad las barrancas en que se estableció estaban separadas por arroyos poderosos que bajaban las aguas de la sierra del noroeste y las de los altos areniscos del viejo camino de Soledad, hacia una gran ciénaga espaciosa, comunicada con el río [1].

La ciénaga, que tenía su borde occidental en lo que hoy es la plaza de Bolívar y con anchura probable desde la carrera del Cuartel, hasta más allá de la plaza de la Tenería, recibía tributo del extinguido caño de Soledad y era una especie de lago que tenía gran caudal de aguas profundas, había sido primero parte del mar y antes de la formación del terreno conocido hoy como La Loma, era parte del Río Magdalena. Cuando La Loma, completó su formación, quedó siendo un brazo del río que recibía sus aguas en cercanías de Ponedera para arrojarlo otra vez al río por el caño de la tablaza. [2]

Las tierras altas del occidente, y parte de las del suroeste vertían sus aguas a la ciénaga, a través de un gran arroyo que bajaba por el callejón de Progreso, cruzando por la Calle Ancha (llamada así por el arroyo que se formaba en su centro) hasta la laguna. La existencia de la ciénaga, explica la forma irregular de los callejones formados en la banda oriental de la Calle del Comercio y la banda occidental de la Calle Real.

Los arroyos también han tenido que ver con la movilidad de sus habitantes, la comunicación con las poblaciones vecinas y especialmente, con la creación de algunos caños. En un escrito publicado en 1872 se afirma:

"... hacia el año 1687, cuando aún no se había formado la faja de terreno conocida hoy como Barranquillita, la ciénaga fue parte de la ribera occidental del Río Magdalena... Cuando los depósitos de aluvión al solidificarse formaron La Loma, no quedaron caños de comunicación con el río en frente de la ciudad; apenas había algunas vertientes o desagües naturales, formados por la presión de las aguas en las épocas de creciente, cuyos nombres no ha conservado la tradición. Por consiguiente, la acción natural de las aguas, no interrumpida o trastornada por ninguna corriente transversal, tendía siempre a profundizar su cauce, ganando fuerzas en cada invierno, para volver a arrojar al río los objetos flotantes que éste introducía desde las cercanías de Ponedera. Las necesidades del tráfico hicieron sin duda que los pueblos de la ribera occidental, aprovechando esas mismas vertientes, establecieran una comunicación regular por el cañón de Arriba, el de los Tramposos, el de Trupillos y el que conducía a otros pueblos de la provincia. La desviación del río en el curso de muchos años fue impulsada en épocas de sequía por las enorme cantidades de arena, de escombros y de basuras que ha venido arrastrando las aguas pluviales en su atropellado descenso por el plano inclinado de la población"[3].

Si bien en la época colonial "la comunicación entre las diferentes poblaciones no era problema, por el buen estado en que ordinariamente se encontraban los caminos, y por la poca distancia, que separaba cada población"[4], las inundaciones y la formación de grandes arroyos ya impedía la movilidad de las personas.

"El camino de Sabanilla a Soledad y Sabanalarga es provincial por su naturaleza. Los nueve arroyos que lo cruzan permanecen sin agua en el verano; pero en el invierno suelen crecer algunas veces, hasta el punto de impedirse el paso en algunos de ellos. Este obstáculo con frecuencia desaparece al cabo de una hora y no faltan ocasiones en que han llegado a durar hasta por seis horas en los arroyos de más consideración. En el que existe entre esta ciudad y Sabanilla hay un puente, el cual necesita de baranda. Los demás no tienen puentes y es necesario que se destine una suma para construirlos, pues es conveniente que en todo tiempo pueda transitarse, mucho más cuando por el expresado camino pasan diariamente más de cien personas"[5].

No existe información sobre los efectos de los arroyos en el periodo republicano, pero de acuerdo con la hipótesis que promueve el núcleo original de Barranquilla, entre el Paseo Bolívar y la Calle del Comercio, los primeros habitantes de este sector, tuvieron muy seguramente que enfrentar las corrientes de los arroyos Hospital, La Paz, Bolívar, entre otros.

Probablemente en sus inicios, cuando las calles y avenidas no habían entrado en proceso de pavimentación, la problemática de los arroyos, no constituía un problema grave, puesto que en su recorrido, las aguas pluviales escurrían sobre el terreno natural, siendo “desgastados” por un proceso de infiltración que repercutía en la disminución de su caudal y turbulencia.

A comienzos del siglo XX, cuando comenzaba la expansión urbana, aparecieron las primeras quejas de los pobladores con dificultades para trasladarse de un lugar a otro: "Encontré las mismas calles que conociera en mi niñez y en mi primera juventud, sin pavimento, a no ser la arena blanca y gruesa que en la estación de las brisas azotaba al transeúnte, llenando de polvo los muebles, y en el periodo de lluvia convertíanse en ríos que era imposible atravesar a pie y hacían peligroso el tráfico de los vehículos de rueda".[6]

La ciudad está plagada de nubes de arena y polvo durante cuatro a seis meses de la estación seca, y con lodo y verdaderos ríos de agua en las calles durante el periodo de lluvias. [7]

Aún en 1916, se escuchaban voces de protesta, un periódico de la ciudad manifestaba que los andenes eran tan bajos, que las corrientes de agua producida por los aguaceros se introducían en las casas, almacenes, edificios y hoteles. Tal fue el caso del Hotel Colombia que tuvo que ser reparado en muchas ocasiones por quedar averiado como consecuencia de las continuas lluvias que azotaba al

país. [8]

Buscando una solución al problema, el Concejo Municipal autorizó a la Junta de Fomento Municipal, encargada del embellecimiento de la ciudad para que contratara los servicios de una firma extranjera que estudiara la nivelación, desagües y pavimentación de las vías. [9]

Hacia el año 1920, cuando la ciudad contaba con 74.358 habitantes y una área urbanizada de 300 hectáreas, la Casa R.W. Herbard&Company Inc. de Nueva York, presentó al Concejo Municipal una propuesta de pavimentación y un programa de alcantarillado pluvial valorado en $ 258.316[10]. La propuesta del alcantarillado pluvial, no se desarrolló porque el municipio atravesaba por una difícil situación económica. Años más tarde, comenzó el proceso de pavimentación, se incrementó la construcción de viviendas, se fue impermeabilizando la superficie con pavimento rígido y lo más grave, no se conservaron los cauces naturales de los arroyos.

En 1957, cuando la apropiación del espacio público ya era un problema difícil para la ciudad [11], la Compañía Town Planning Collaborative, establece el Primer Plan Regulador de la ciudad, con base en la Ley 88 de 1947. En dicho plan recomienda la canalización de algunos arroyos. El proyecto pretendía "reordenar el espacio físico y evitar en los sucesivo el caos urbano. Como todo proyecto,

estaba sujeto a los intereses políticos del momento, y encontró poca receptividad. Aunque se aminoró el desorden, el programa no solucionó en toda su dimensión el problema"[12]. El proyecto no se concretó por los costos de las soluciones propuestas. A partir de aquí, ha sido esta la razón, para rechazar o posponer todas las soluciones integrales o puntuales que en materia de arroyo se

presentaron.

En los años siguientes se realizaron varios estudios pero como siempre la carencia de recursos económicos no permitió ejecutarlos, a finales de la década del 50 y principios del 60, estudios e informes realizados por Greeley and Hansen de Chicago, consultores de las Empresas Públicas Municipales, se limitaron a solucionar el sistema de Acueducto y Alcantarillado Sanitario.

Ante la imposibilidad de darle paso a soluciones integrales, comenzaron a ejecutarse trabajos puntuales, en los arroyos más peligrosos. En septiembre de 1962, se inaugura la primera etapa de canalización del arroyo Rebolo Las Empresas Públicas Municipales proponen en la década del 60 y 70 algunos estudios para solucionar la problemática del arroyo Felicidad. En 1964, La AID, Agencia Internacional de Desarrollo, anuncia que financiará un estudio para el alcantarillado pluvial. [13]

El proceso de desarrollo continuó y las urbanizaciones e invasiones crecieron aceleradamente. Se incrementó la impermeabilización y se disminuyó la absorción de la superficie con la construcción de viviendas y vías en concreto, se modificaron aún más los cauces naturales y se estableció un sistema de drenaje superficial por las calles de la ciudad.

En 1975, se presentó un estudio técnico-económico por parte de la firma Senior&Viana y Paternostro y Medina "CONASTEC", con un costo estimado en $1.789.692.000[14], para solucionar la problemática de los arroyos de Felicidad, La Paz, Bolívar y Hospital. De nuevo el proyecto fue rechazado por el elevado costo. En este mismo año, el Ministerio de Obras Públicas, acomete la canalización del Arroyo Rebolo y el Country.

Posteriormente se proponen varios estudios de factibilidad realizados por las Empresas Públicas Municipales y el Ministerio de Obras públicas para un sistema de alcantarillado pluvial basado en el enterramiento de grandes tubos de 4 a 5 metros de diámetro. Este proyecto se consideró irrealizable por los costos producidos por las tuberías, las excavaciones, rompimiento de concreto de las calles, relocalización de redes subterráneas de teléfono, gas, acueducto, alcantarillado, etc.

En 1982, los Ingenieros Arzuza[15], proponen cubrir en forma completa con canales invertidos de concreto estructural prefabricado, las calles y avenidas que sean cauces. La nueva cubierta sería la plataforma para el tráfico vehicular y simultáneamente la tapa de un canal cerrado para aguas lluvias, que se conecta con los demás canales cerrados de la ciudad[16].

El Ingeniero H. Heilbron presentó a la ciudad una solución que consiste en la captación de las aguas de escorrentía que bajan por los arroyos por medio de un túnel principal y dos auxiliares, evitando que las aguas ingresen al Distrito central de la ciudad[17].

En 1987, se realizó el Estudio de Drenaje Urbano para Barranquilla, a cargo de la Agencia de Cooperación Internacional de la Misión Japonesa, JICA. "Durante varios meses estuvo en Barranquilla un grupo de profesionales y técnicos japoneses que estudiaron la situación financiera, los servicios públicos y, especialmente, el tráfico de la ciudad (los arroyos de aguas lluvias impresionaron notablemente a la misión). Como resultado de su trabajo presentaron dos planes a consideración del municipio y su área metropolitana: un Plan Maestro de Transporte y un Estudio de Factibilidad para el Distrito de Barranquilla."[18] El estudio de la Misión Japonesa fue uno de los más completos acerca de la problemática de los arroyos, y estableció que la solución integral y definitiva, no era otra, que la construcción de un alcantarillado pluvial. El resultado ya era conocido: la solución integral es costosísima. La solución planteada por la Misión, se basaba en adelantar la canalización de los arroyos que se desarrollan por las vías de la ciudad, en tanto que para los arroyos de la zona sur-occidental, el plan contempló otras medidas encaminadas a controlar las inundaciones.

La Misión Japonesa, hizo algunas recomendaciones tendientes a atenuar los efectos de los arroyos. Entre las recomendaciones, que por cierto, no han sido desarrolladas con suficiencia, están la de instalar cunetas a ambos lados de la vía, canalizar las vías colectoras principales (box culverts), combinación de los dos casos anteriores, e instalación de drenaje en futuros planes de mejoramiento. Se sugirió también establecer soluciones en las vías más importantes, en lo sitios críticos de mayor afluencia de agua, de acuerdo con la movilidad de la población, en sentido este-oeste, o viceversa, dentro de estos "puntos críticos" estarían las carreras 21, 38, 46, 51B y 54; y las calles 47, 45, 17 y 84.

También se planteó la posibilidad de construir reservorios de agua, para disminuir los volúmenes de escorrentía y facilitar el tránsito de los vehículos y peatones. Los reservorios podrían construirse en lugares cercanos a parques, a fin de extraer esta agua mediante tuberías subterráneas para riego de los mismos.

En 1994, el Gobierno Municipal a través del alcalde Bernardo Hoyos, presentó una propuesta al gobierno canadiense con el objetivo de que este país realizara en Barranquilla el alcantarillado pluvial que se necesitaba[19]. La propuesta fue rechazada..Uno de las sugerencias más recientes, es el Estudio de Factibilidad

y Diseño de Soluciones al Drenaje Pluvial de la ciudad de Barranquilla, presentada en marzo de 1997, por Fonade-Hidroestudios S.A y ConCEP Ltda. La propuesta se basa en medidas estructurales y medidas no estructurales con las cuales se busca prevenir el avance del problema en el futuro. La nueva propuesta se aleja de las anteriores en el sentido que para la vertiente oriental, la solución busca solucionar las consecuencias de las carencia de alcantarillado pluvial, sin dar énfasis a la construcción, parcial o total de un sistema convencional, atacando la principal consecuencia cual es la parálisis que se genera en la ciudad.

Por lo visto en el desarrollo histórico anterior, no se ha escatimado esfuerzos para financiar estudios tendientes a solucionar el problema de los arroyos, sin embargo, las obras no se ejecutan. El número de arroyos canalizados en casi 100 años de expansión urbana es irrisorio y mientras no haya proyectos concretos, todas las iniciativas de solución estarán sujetas al fracaso por la razón

de siempre: no hay recursos para ejecutarlas. Es lógico suponer entonces, que en el futuro, los arroyos seguirán deteriorando la infraestructura urbanística de la ciudad, paralizando e interrumpiendo el tráfico, provocando accidentes y

enfermedades, deteriorando la salud pública y generando daños ambientales, paralizando las actividades portuarias, deteriorando la imagen de la ciudad y disminuyendo la calidad de vida de sus habitantes.

Asistiremos de nuevo durante cada temporada invernal al espectáculo de arroyos desbordados, casas destruidas, autos arrastrados, deslizamientos en el sur-occidente y pérdida de vidas humanas. El Comité de Atención y Prevención de Desastres seguirá movilizándose al día siguiente de la tragedia y entregará bultos de arena para impedir que las aguas se sigan metiendo en las casas, mercados y colchonetas para que los damnificados puedan comer y dormir, y de

nuevo, escucharemos el discurso de la lluvia extraordinaria y la carencia de recursos para emprender una solución integral al problema de los arroyos.

HISTORIA E HISTERIA DE LOS ARROYOS

DESDE LOS TIEMPOS DE LA `'ARENOSA''

Aunque parezca exagerado, todos los habitantes de esta urbe “procera

e inmortal” sabemos que los arroyos barranquilleros son “ceñidos de

agua y madurados al sol” colosales, para alquilar balcones.

Nuestros arroyos bajan con una fuerza hidráulica diabólica.

Arrastrando cuanto encuentran a su paso, más lo que le arrojan,

alegremente, las comadres del pueblo como si fuera el carro de la

basura municipal.

Siempre, este fenómeno ha paralizado a la ciudad, donde llueve,

aproximadamente siete meses al año, particularmente, de abril a

noviembre, con tipos diferentes de aguaceros. Desde el monótono

“chis-chis” que llaman cuando las nubes se ponen perezosas por el

mes de junio cuando llega radiante el “Veranillo de San Juan” con su

cortina de solaz, hasta que arreciando poco a poco en julio y

agosto, desata después las tempestades de septiembre y octubre.

Particularmente, este mes bravo, cuando antes era inmancable y se

esperaba con susto el “Cordonazo de San Francisco”, el día 4,

consagrado a la veneración del “Poverello” de Asis, cuya procesión

se dañaba y había que llevarla a cabo dentro de la Iglesia. Rayos y

centellas espectaculares. Truenos y diluvio universal.

En los tiempos de la vieja “Arenosa”, las calles estrechas y los

sardineles altos, precisamente, para evitar que el agua se metiera

en los zaguanes de las casas, había que esperar después de la lluvia

buen rato para poder salir, pues, se enchumbaban las calles y

callejones, y no pasaba, como se decía entonces, ni Mandrake, el

mago aquel pasado de moda.

Ni el tranvía de mulas podía arriesgarse, pues, las bestias no

sabían nadar, y se podía descarrillar el aparato. Se pusieron más

tarde de moda, los autobuses “Brockway”, la última palabra en

servicio público moderno con capacidad para veinte personas, muy

bien acomodadas, como si estuvieran en su propia casa. Tampoco

podían vadear los arroyos.

Tenían que esperar que bajara el agua. Ningún chofer, por más hábil

y diestro que fuera iba a hacerle frente a un arroyo de “La Paz”, o

a los de “Rebolo”, “El Sello”, “La María” o el de la calle

“Felicidad”, los más tremendos.

La misma calle “Ancha” se transformaba en una laguna. Pretexto

infantil para que los pelaos del pueblo, apenas pasado el chubasco,

se divertían bañándose en cueros en la vía pública, como otros allá

en el patio de su casa gozando la regadera que la canaleta botaba,

aprovechando muchas mamás para despercudirlos que se enjabonaran con

los famosos “Mano blanca” que quitaban la mugre en un dos por tres.

La lluvia, como los arroyos, eran todo un “Show” en Barranquilla. Y

todavía lo son. Y...¡Sálvese el que pueda! si se lo coge en su

carro, en el bus o a pie. Gente imprudente ha ido a templar al Caño

de Las Compañías. y R.I.P.

En 1936, los empresarios italianos, señores Bassi, propietarios de

la empresa “Cudebus” importaron cuatro magníficos buses. La última

palabra en transporte urbano. Causaron sensación. Pintados de rojo y

verde, como también de azul y blanco, para distinguir las líneas

convenidas con la Dirección de tránsito que ya había instalado desde

1928 los primeros “faros” que ahora llaman semáforos. Había

desaparecido el viejo Tranvía de mulas.

También las “chivas” Brockway que don Luis Pérez Chacón importó, a

las cuales la picardía popular llamó así, por el “claxon” o pito de

los vehículos que sonaban como el balido vulgar de estos

animales...bee...beee!

Como aquí a todo le ponen remoquete no bien empezaron los buses

modernos a circular —“Prado-Boston”— “Delicias-Olaya”—

“Caldas-Recreo” la gente empezó a llamarlos “Góndolas” dizque porque

vadeaban muy bien los arroyos, navegaban sobre las olas de las

corrientes, y como si fuera en Venecia, pues, les endilgaron el

romántico nombrecito. Además, pusieron a funcionar, con permiso de

la Alcaldía, radios en el bus, sintonizando, por supuesto los

programas selectos de las estaciones de entonces “La Voz de

Barranquilla” de Elías Pellet, la “Emisora Atlántico” de los

Hermanos Blanco Solís y “La Voz de la Patria” de don Clemente

Vasallo

Música selecta, y popular escogida, que los pasajeros gozaban, pues,

aquellas emisoras ofrecían siempre programas de categoría. Más tarde

empezó a corromperse la sintonía, y hasta en el mismo circuito de

los buses colocaron unos timbres repelentes que el mismo chofer,

alborotado, porque se lo iba a coger el tiempo que tenía señalado

por el Tránsito que controlaba el paseo, le zampaba la chancleta al

aparato, ponía la radio con más volumen y los pasajeros tenían que

gritar ¡Próxima!...¡Próxima! y aquel aparato, como un bólido, no

paraba sino dos cuadras arriba. Empezó el relajo. Y subió el pasaje.

De cinco centavos que costaba antes, lo subieron a diez.

La picaresca popular cuando estos chócoros empezaron a envejecer y

los ponían por allá al servicio del Mercado, los llamaban

“Guaraperas” o “Calderetas” que, en verdad, ya lo eran. Se varaban a

cada rato.

Para la década de los treinta la mayoría de las arterias

barranquilleras están pavimentadas. La campaña se inició con las

Empresas Públicas Municipales, a la cabeza de la cual figuraba Mr.

Samuel Hollopeter, un gringo dinámico que le abrió rutas a la

ciudad, la modernizó, particularmente en su nomenclatura. Ya no

había que llamar más “Tumbacuatro” ni “Salsipuedes” a los callejones

antiguos sino por numeración de sur a norte. También ya estas vías,

ampliadas, disfrutaban del transporte urbano moderno. No obstante,

tampoco debían arriesgarse, porque la corriente era fuerte y mejor

era esperar que calmara la lluvia y bajara el arroyo.

Sólo los barrios de “El Prado”, “Boston” y “Delicias” no sufrían las

consecuencias de estas corrientes pluviales. Con el correr de los

años y las nuevas urbanizaciones que se fueron abriendo por la parte

alta de la ciudad fueron empujando, digámoslo así, aquellos caudales

hasta el punto de contar con un nuevo arroyo criminal como el del

“Country”. Y por el Sur, el de “Rebolo” que todos los años deja

saldos lamentables.

Pero, todavía es la hora que la gente no aprende. Y, a pesar de

tantos accidentes y tragedias, campañas de promoción y advertencias,

conductores arriesgados se le miden a esos arroyos pavorosos, que

braman, con las consecuencias conocidas.

Hace más de cinco lustros, la Alcaldía Municipal se le midió al

problema y decidió construir unos puentecitos de emergencia que han

servido mucho, aunque, estéticamente sean reprochables. Pero, no

había plata para construir alcantarillado ni tampoco para obras

maestras de la ingeniería urbana que necesitaba la ciudad para

resolver su problema fatal.

Ahora se piensa, dentro de este dinámico ejercicio municipal por

encontrarle solución definitiva a este problema agudo. Se propone

importar un servicio moderno llamado “Transmetro”. También se están

construyendo, en buena hora, Puentes que reclaman el servicio en

zonas de mucha afluencia y esperamos, conociendo la capacidad y

dinámica de quienes están al frente de esta solución, que las obras

no sólo resultarán redentoras, sino dignas del mismo paisaje urbano

de la ciudad y de quienes lo proponen.

Teniendo en cuenta la fuerza de las corrientes, la velocidad y

caudal de las mismas, si los nuevos vehículos superan esta crisis,

no dudo que la picardía local, así como llamaron años atrás

“Chivas”, “Góndolas” y “Guaraperas”, a éstos nuevos y flamantes

vehículos los llamen “Transarroyos”.

Bienvenidos, pues, y que ¡llueva, que llueva Virgen de la Cueva!

como imploraban antes los campesinos, y ahora en plena vía pública

los honestos trabajadores del rebusque que se salvan en una tabla

ganándose unos pesos permitiendo a la gente pasar la emergencia de

una acera a otra, sin mojarse los botines. Manes del folclor que

tiene en los aguaceros, también, una imagen imponente, típica y

fantástica de nuestras tradiciones vernáculas.

LOS ARROYOS, CAUDALES HISTERICOS DE LA CIUDAD

IRONICOS NOMBRES DE ALGUNOS DE LOS MAS VIOLENTOS

Los arroyos, siempre, como el carnaval, tienen su temporada y forman

Parte del folclor nativo. Y, como nuestras fiestas típicas y

Escandalosas, hacen de las suyas, con la misma bulla cada vez que

Llegan las lluvias — pequeños “ivanes” — que azotan sin cuartel,

Nuestra desprotegida ciudad, en tiempos pluviosos, como

Periódicamente se repiten desde julio hasta octubre. Espectáculo

Que, a muchos turistas fascina; pues, en sus tierras, no ven

Semejantes caudales paralizando calles, tráfico y asustando a la

Población con imponentes olas, como “amazonas” desbordados.

Antiguamente, cuando la capital del Atlántico no gozaba del

Privilegio de la pavimentación, los arroyos tenaces, aparte de no

Dejar pasar a nadie de una acera a otra mientras corrían, tampoco la

Dejaban transitar, pues, se formaban charcas, lodazales, cuyos

Obstáculos impedían cualquier maroma. Hasta las mulas, asnos y demás

Acémilas típicas de nuestra circulación citadina se resistían. No

Eran tan “burros” para meterse, en el torbellino y quedarse varados

En camino, como lo hacen ciertos buses y automóviles inconsecuentes

Y testarudos.

Gente había, sí, que se atrevía a pasarlos, pero sufrían las

Consecuencias del caso. Muchas familias pudientes tenían que

Levantar los sardineles de sus casas solariegas, pues, crecía tanto

La corriente que se les metía el agua por los zaguanes, portones y

Ventanas de las que llamaban arrodilladas. Que eran muy bonitas, muy

Aristocráticas, pero, que, a la hora de los aguaceros se humillaban

Con el furor de estas cascadas, que, de paso, no venían tampoco muy

Limpias que digamos, ya que la gente resolvía convertirlas en carros

De basura gratuitos y echaban cuanto podían a la corriente.

Costumbre que no ha civilizado todavía a los vecindarios locales,

Porque aún vemos pasar muy orondos por la comarca: colchones

Averiados, zapatos viejos y montones de sacos de basura que, cuando

Se quedan por ahí atorados forman como una pirámide de “arte

Abstracto” digna del más cotizado artista de moda.

Otra cosa que tenemos que acreditar de los arroyos son los nombres

Que tienen, como los huracanes del Caribe. Son famosísimos, casi

Centenarios, el turbulento de “La Paz”, que lleva, por ironía, este

Nombre tierno cuando es uno de los más feroces y violentos. No menos

Del mismo tenor, el fatídico de “Rebolo” que cobra víctimas en todas

Las temporadas invernales.

El de la calle del “Sello” monumental, pues, lo alimentan las aguas

Que bajan por los callejones del “Progreso” y del “20 de Julio” que

Se unen por los lados de la Universidad del Atlántico, foco

Arrollante también de tantos percances. El de “La María” otrora el

Del viejo callejón de “Las Tuzas” bañaba a todo el Barrio de Abajo,

Punto final de su desembocadura en el caño de “Las Compañías” y de

Ahí rumbo al mar. Otro de grande envergadura el precipitadísimo del

Viejo callejón del “Rosario”, que, ya cuando se abrió la Avenida

“Olaya Herrera” le dio jerarquía de laguna artificial y disminuyó su

Violencia. Así, como el de la calle de “La Felicidad”.

Cuando empezaron a popularizarse los automóviles, ya corriendo la

Segunda década del siglo, se advertía a los motoristas que tuvieran

Cuidado, pues, si se le medían a los arroyos el agua y la mugre

Podían afectar el motor y pararlos en la mitad de la corriente y

Entonces ahora a encomendarse a Papá Dios.

Muchos audaces trataron de enfrentarse a estos fenómenos agresivos y

Sufrían las consecuencias. Como ocurriera cuando ya bastante crecida

La ciudad y pavimentada — cosa que agradecieron los arroyos — se

Formó otro de marca mayor — el tremendo del “Country” que ya ha

Tallado varios epitafios en las tumbas de Barranquilla. No han

Valido explicación, recomendaciones, observaciones y hasta multas.

Gentes, bien que estén bebidos o urgidos, que han pasado al otro

Mundo por hacerse los maricas.

El único vehículo que sorteaba muy bien estas corrientes

Tradicionales era el Tranvía de Mulas. No obstante, muchas veces,

Las bestias olían el tocino y por más que el conductor las azotara y

Puyara se hacían las de la oreja gorda y no pasaban. Se arranchaban.

El animal, en este caso, era el cochero.

Ya por la década de los años veinte, la empresa de don Luís Pérez

Chacón introdujo las famosas “Brockway”. Buses con capacidad para

Treinta pasajeros. La última palabra en este tipo moderno de

Transporte colectivo. No obstante, quiso probar suerte creyéndose

Muy fuerte en su estructura, cuando tratando de pasar el arroyo de

“La Paz” casi se voltea. Lo que, de inmediato, obligó a la Oficina

Del Tránsito Municipal clavarle una multa y suspender su tráfico por

Una semana.

La popular llamó a estos vehículos, graciosamente, “Chivas”, por el

Sonido del “Claxon”, cual se conocía entonces el pito del vehículo,

Que parecía el ñato de esos animalejos que también todavía

Circulaban por las calles del poblado como si estuvieran en su

Propio rebaño.

Por la década de los treinta — y seguían los arroyos mandando la

Parada — ya que ahora, con las calles y carreras pavimentadas en su

Mayoría, los empresarios italianos señores Bassi Hermanos

Introdujeron otros vehículos aún más modernos y vistosos. Decían sus

Propietarios como “reclame” de la empresa que ellos sí vadeaban

Arroyos y se le medían a cualquiera de los más violentos de la

Ciudad. Hicieron la prueba, en un octubre de esos que no para la

Lluvia a cántaros, y evidentemente, navegaban tranquilamente, y los

Pasajeros felices se sentían como en Venecia. Por lo que la chispa

Popular, el ingenio gracioso del pueblo carnavalero nuestro, las

Llamó en adelante... “Góndolas”.

Por los años sesenta, un muy distinguido y recordado arquitecto

Cubano radicado en la ciudad Manuel Carrerá se interesó por los

Arroyos e hizo un profundo estudio de los mismos; abrió una

Exposición interesante que nosotros, como Director de Extensión

Cultural del Departamento le patrocinamos cual se abrió,

Precisamente, una noche toda llena de lluvia, truenos y centellas,

Como protesta celestial por semejante altanería del ingeniero; se

Abrió, repito, en la Base Naval. Allí se expuso por varios días y se

Invitó de Alcalde y funcionarios para abajo dictando el mismo

Carrerá charlas, dando explicaciones acertadas acerca de la manera

De acabar con este flagelo.

Los planos, observaciones y demás conclusiones las entregó a la

Alcaldía de entonces, y parece que, el arroyo de la indiferencia

Oficial, más peligroso y tremendo que las mismas corrientes

Pluviales que tanto fastidian en época de lluvias y tormentas las

Archivó. O de pronto las tiraron al Arroyo para ponerle punto final

Al problema que sigue tan campante como hace cien años.

Ahora falta ver si el “Transmetro”, que, afortunadamente ya aseguró

Su destino, y en un par de años tendremos airoso y orgulloso el

Mecanismo moderno luciendo las galas de su respetable empresa

Poniéndose a la altura no sólo de las necesidades sino de las

Prioridades que exige toda ciudad moderna y capacitada como

Barranquilla que ha visto de qué manera tan lenta se le resuelven

Unas veces, ciertos problemas vitales dignos de mejor suerte.

Ahora lo que falta, a partir de esta buena noticia del “Transmetro”,

Es crear conciencia del servicio que va a prestar y orientar a la

Gente para que contribuya con su buena conducta a mejorar las

Circunstancias del transporte masivo.

Mientras tanto que llueva, que llueva Virgen de la Cueva, para ver

Ese colosal aparato elegante, airoso y servicial con el orgullo

Propio que justifica su prestancia de desafiar los arroyos

Turbulentos que seguirán muertos de la erré constituyendo como el

Carnaval otra tradición oral de la cultura vial de esta Barranquilla

Que sabe cantar bajo la lluvia y con el chisme disfrutar.

Y llamo “héroes” de estas jornadas catalépticas de los caudales

Barranquilleros a los jóvenes y audaces “Transarroyos” humanos que

Se ganan el día manejando los “puentes” y favoreciendo con su

Servicio oportuno a la gente apurada que tiene que atravesar la

Acera y no lo puede hacer porque la corriente o los charcos se lo

Impiden. Bien por estos oportunos y hábiles “transarroyos” humanos

Que allá en la intimidad de sus reflexiones cuando empiezan a ver

Que se está formando el tiempo rezan a la Virgen de la Cueva para

Que llueva.

EL ARROYO `' DON JUAN''

El “Don Juan” es un arroyo de carácter temporal, que drena las aguas lluvias que escurren por la superficie del suelo del sur de la ciudad fluyendo directamente hasta el Río Magdalena. Desde su nacimiento a la desembocadura, las características físicas del arroyo (anchura, profundidad, naturaleza del lecho o velocidad) varían y condicionan la vida animal y vegetal de sus riberas

(incluido el hombre).

El arroyo nace en Galapa y fluye en dirección occidente-oriente, su cauce sirve de límite natural entre la capital del Atlántico y el municipio de Soledad. En su recorrido, de aproximadamente 7500 metros de largo, atraviesa tramos rurales y urbanos, con fracciones canalizadas y estrechas (Los aledaños al Estadio Metropolitano), sectores sin canalizar (Frente de los condominios) con laderas profundas altamente erosionadas y anchuras que oscilan entre los 3 y 27 metros y partes totalmente canalizadas como el tramo que va desde el Barrio Simón Bolívar hasta su desembocadura.

El Don Juan es famoso por su fuerte caudal y la gran masa de sedimentos que arrastra durante las tormentas que azotan a Barranquilla durante la temporada invernal. Su fuerte pendiente, su rugosidad y los aportes que recibe de un gran número de arroyos menores lo convierten en uno de los más peligrosos de la ciudad.

Por ser un arroyo temporal y por su impetuoso caudal es difícil determinar su aforo. Sin embargo, algunos estudios han registrado caudales de más de 100 metros cúbicos por segundo. Con ese caudal el Don Juan arrastra en un segundo un volumen de agua correspondiente al consumo básico de 5 apartamentos en un mes. En dos horas deposita en el Río Magdalena, un volumen de agua equivalente al consumo diario de la ciudad de Barranquilla.

En algunos tramos la anchura del arroyo suele ser reducida y pocas veces supera los 4 metros, en otros sectores, el arroyo se ensancha registrándose valores cercanos a los 30 metros. De igual manera que la anchura, la profundidad del arroyo varía según el punto en que se mida. En algunos tramos la profundidad es escasa, en otros, como las zonas de caída rápida, se registran valores de hasta 6 metros de profundidad. El tramo más profundo y ancho está localizado muy cerca

De su desembocadura, en la que se registraron 8 y 34 metros de profundidad y anchura respectivamente.

Como la mayoría de arroyos de la ciudad, el Don Juan, no fue siempre peligroso. Antes del acelerado crecimiento de la ciudad la vegetación que invadía casi todos los barrios del sur, era suficiente para “desgastar” el arroyo, por un proceso de infiltración que repercutía en la disminución de su caudal y turbulencia.

Hoy la mala planificación de la ciudad y la pérdida de vegetación, transformó el flujo superficial en algo enteramente diferente al que trazó la naturaleza. El incremento continuado de la escorrentía superficial y el incremento de su caudal modelan y transforman sus laderas.

El arroyo, además de recoger la escorrentía superficial generada por la lluvia, recoge las aguas negras, los residuos sólidos y los desechos de las urbanizaciones apostadas alrededor de sus riberas. Uno de los problemas ambientales más serios del arroyo, es sin duda, el manejo de los residuos sólidos, muchos de estos se vierten al arroyo y a sus riberas, se acumulan en vertederos clandestinos y producen un serio impacto sobre el paisaje, la flora y la fauna del lugar.

La carencia de un sistema completo de alcantarillado que incluya la recolección, transporte y tratamiento de basuras, es responsable de que se presenten situaciones sanitarias críticas en varios sectores cercanos al arroyo.

Entre los tramos más críticos están: En el sector de Los Girasoles, familias enteras evacuan sus desechos sanitarios directamente al Don Juan, mientras que sus hijos juegan entre las aguas de este arroyo. En el sector de los condominios, los carros de mula depositan toda clase desechos sólidos al cauce del arroyo.

El barrio Brisas del Río, en donde se presenta alta contaminación orgánica, derivada de los vertimientos de alcantarillado al aire libre. Los niños del sector están en permanente contacto con esta agua, no tienen un sistema de eliminación de excretas y las basuras se tiran al patio, al arroyo o al río. A escasos 80 m de este lugar se e encuentra la bocatoma de la Triple A, principal

Centro de acopio de agua de Barranquilla.

En el sector de los condominios, los carros de mula depositan los desperdicios en lotes adyacentes al arroyo Don Juan, convirtiéndolo así en foco de infección.

Algunos vecinos del Arroyo Don Juan manifiestan que han tenido que soportar durante varios años un foco de infección que les ha causado bronquitis, enfermedades de la piel y afecciones gastrointestinales de tipo viral.

En algunos tramos del arroyo se reproducen animales peligrosos tales como alacranes y culebras. Esta situación es desesperada para las familias, ya que atenta gravemente contra la numerosa población infantil.

IMÁGENES DE LOS ARROYOS EN BARRANQUILLA

'Arroyos de Barranquilla'
'Arroyos de Barranquilla'

Algunos sectores tienen muros de contención

Aquí sobre la calle murillo el arroyo para protegerse del caudaloso arroyo

Don Juan se torna más peligroso

Por su alta pendiente, anchura y y

profundidadhuaras

'Arroyos de Barranquilla'
'Arroyos de Barranquilla'

Durante varias administraciones se han construido varios puentes
que facilitan el paso durante las grandes tormentas.

'Arroyos de Barranquilla'
'Arroyos de Barranquilla'

ALTERNATIVA DE SOLUCION A LOS ARROYOS DE BARRANQUILLA

havila@uninorte.edu.co

La simple canalización es una alternativa insuficiente y altamente costosa que no proyecta una solución óptima a futuro. La ciudadanía puede contribuir a mitigar el problema, construyendo más jardines. El reto presente y futuro de los arroyos, requiere mayor inversión en investigación y desarrollo.

Todos los barranquilleros hemos percibido el asombro de quienes visitan por primera vez a nuestra ciudad cuando observan la transformación de las vías principales en caudalosos y peligrosos ríos. Realmente, después de darnos cuenta que hemos convivido con ello más de 50 años, siendo un problema crónico que causa pérdidas humanas, impactos sociales, daños ambientales y materiales y parálisis general de las actividades productivas de la ciudad, reflexionamos y queremos actuar con diligencia y prontitud. Y vemos, que mientras otros están planeando el futuro, nosotros aún estamos resolviendo nuestro pasado; por lo tanto, los ciudadanos barranquilleros, en especial los directamente responsables del desarrollo urbano de la ciudad, tenemos ahora doble responsabilidad, que nos obliga a tomar decisiones coherentes, responsables y óptimas en el tema de los arroyos.

La falta de alcantarillado pluvial es únicamente la punta del iceberg en la problemática de los arroyos. Barranquilla presenta un serio problema de deficiencia de áreas permeables que ha venido incrementándose desde hace 80 años debido al crecimiento urbano propio de cualquier ciudad capital. Diversos estudios como el de Herbard & Company Inc. en 1920, el de Town Planning Colaborative en 1956 y el de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) entre 1984 y 1987 y otras evaluaciones de factibilidad y alternativas propuestas, al parecer no han sido suficientes para abordar acciones de manera contundente.

Al conjugar áreas de drenaje prácticamente impermeables, lluvias intensas y una topografía peculiar que identifica claramente a los arroyos, Barranquilla se convierte en una de las ciudades más peligrosas del mundo durante eventos de lluvia, debido a que prácticamente el 80% del agua que cae no alcanza a infiltrarse y escurre superficialmente por todas las calles.

 

Es suficiente con recorrer los barrios que aportan caudal a los arroyos Rebolo, el Country, Felicidad, Calle 84, Don Juan, Hospital, entre otros y observar la extensión de área pavimentada impermeable que no reduce la cantidad de agua que escurre por las calles. Para tener una idea de la proporción del problema que se está manejando en Barranquilla, de los 23 arroyos importantes inventariados, se tienen 7 que paralizan totalmente el tráfico, de los cuales 4 son de alta peligrosidad (Rébolo, Felicidad, Country y Calle 84). Se tienen caudales que llegan hasta los 150 m3/s (Arroyo Rébolo) y velocidades que superan los 6 m/s, capaz de arrasar cualquier cosa a su paso. Aproximadamente las lluvias se presentan durante 70 días al año, con intensidades entre 30 y más de 100 mm/hr. Es decir, que el 20% del tiempo en el año algunas de las principales vías de Barranquilla se convierten en arroyos, generando riesgo, parálisis e impactos ambientales negativos durante y después de las lluvias.



Manejo integrado del drenaje urbano.

 

El manejo integrado del drenaje urbano se ha desarrollado en países como Canadá, Estados Unidos, Inglaterra y Japón, donde se proponen nuevas metodologías para el manejo de los arroyos, aprovechando la capacidad de infiltración y almacenamiento temporal en el sistema de drenaje, articulando y aprovechando todos sus componentes desde la fuente hasta la entrega en el cuerpo de agua receptor. Entonces, la canalización es solo una parte y no la alternativa única. Algunas instituciones y entidades locales han iniciado estudios e investigaciones conducentes a plantear alternativas de solución enmarcadas dentro de este nuevo concepto, que sugiere opciones económicas y aplicables a mediano y largo plazo. Países como Chile, Perú y Costa Rica, sufren la misma problemática en algunas de sus poblaciones, por lo tanto es una situación donde debemos estar involucrados todos los entes locales y nacionales, puesto que el reto presente y futuro de los arroyos, requiere mayor inversión en investigación y desarrollo para generar y aplicar nuevo conocimiento en el ámbito institucional, técnico, ambiental, legal, económico, financiero y cultural.

Para platear soluciones integradas en el tema de los arroyos, es importante tener en cuenta los siguientes aspectos:


1. Conocer antes de actuar.


A pesar de creer que se han hecho suficientes estudios al respecto, esta es una de las principales falencias que se repiten, sobre todo en cuanto a información básica hidrológica.

No hay un registro suficiente y confiable de la distribución espacial y temporal de las lluvias en cada una de las cuencas urbanas de Barranquilla, ni tampoco registros históricos cuantificados del comportamiento hidrológico e hidráulico de los arroyos, o de la capacidad de infiltración y almacenamiento temporal en la ciudad.

En administraciones pasadas se hablaba de una inversión en el orden de 100 millones de dólares para solucionar la problemática, una cifra significativamente alta que sugiere una inversión consciente y responsable en estudios y acciones, pues con proyectos de esta magnitud está en juego el desarrollo de la ciudad.


2. La solución va más allá de la simple canalización


Los arroyos de Barranquilla son en esencia un problema de manejo de cantidad de agua. Por lo tanto, la simple canalización sería una alternativa insuficiente y altamente costosa que no proyecta una solución óptima a futuro. Se requiere enfrentar el problema de manera integrada desde la fuente.

Es decir, hay que incrementar estratégicamente el área permeable de la ciudad y regular el uso del suelo, intensificando la construcción de pavimentos permeables, aprovechando parques, parqueaderos, patios y jardines de las viviendas como zonas de amortiguamiento y crear zonas de almacenamiento temporal para reducir los picos de caudal y la cantidad de agua que requiere ser canalizada. Todas las alternativas anteriores se apoyan, en el hecho de que la mayor parte de nuestra ciudad, como pocas en el mundo, reposa sobre un gran manto de arena de alta permeabilidad, condición que debemos aprovechar.

3. Conciencia social y cultura ciudadana


Cualquier habitante que resida en la ciudad puede reducir su aporte de agua a los arroyos, disminuyendo en algún porcentaje el área impermeable, mediante la construcción de jardines que finalmente embellecen su entorno y la ciudad en general.

Finalmente, el tema de los arroyos tiene solución y no debe ser visto solo como un problema, sino como un reto para todos los barranquilleros y una oportunidad de ser una ciudad ejemplar en el manejo del drenaje urbano en el mundo.

 

CONCLUSION

Este trabajo se hizo con el fin de mostrarnos a los barranquilleros la importancia que tiene conocer cada uno de los arroyos de nuestra ciudad, además infundirnos un pensamiento critico al momento de reaccionar ante esta problemática que tanto nos afecta.

BIBLIOGRAFIA

(1) MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". En VERGARA, José Ramón y BAENA, Fernando, Barranquilla: Su pasado y su presente. 2da edición, Barranquilla, Banco Dugand, 1946, p 4.

(2) MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.8

(3) MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.5

(4) MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.52

(5) MALABETH CASTAÑEDA, Domingo "Fundación de Barranquilla". op. cit., p.52

(6) PALACIOS Julio H. , Historia de mi vida, 1992, CITADO por Prensa, desarrollo urbano y político de Barranquilla, Jaime Álvarez Llanos y Otros, Fondo de publicaciones Uniatlántico, p. 38 año 2000

(7) ESTUDIO DE RENOVACION Y REMODELACION URBANA DEL BARRIO ABAJO, ICT, 1975. Aquí se hace referencia al estudio realizado por la Casa Herbard.

(8) PALACIOS Julio H., 1992, Op. cit p. 38 año 2000

(9) ARTESANÍAS DE BARRANQUILLA, 1892, Trabajo inédito. CITADO por Prensa, desarrollo urbano y político de Barranquilla, Jaime Álvarez Llanos y Otros, Fondo de publicaciones Uniatlántico, Artículo: Expansión urbana y servicios públicos 1880-1920. p. 38 año 2000

(10) DIARIO DEL COMERCIO, Barranquilla octubre 2 de 1925; Archivo de la Familia Roca, Citado en Historia de Barranquilla, Jorge Villalón Donoso, Artículo Barranquilla 1920-1930: Expansión Urbana, Ever González Chamorrro, Ediciones UNINORTE, p. 209, Año 2000

(11) UJUETA Christian, autor del Plan Regulador de 1957, Citado en Cuadernos Regionales No. 4, Lola Salcedo Castañeda, P. 15.

(12) VILLALÓN DONOSO, Jorge, Historia de Barranquilla, Artículo Barranquilla 1920-1930: Expansión Urbana, Ever González Chamorrro, Ediciones UNINORTE, p.215, Año 2000.

(13) Diarios del Caribe, Septiembre 28 de 1962, p. 3 y Octubre 29 de 1964 p.1.

(14) REVISTA SIDA, Los Arroyos de Barranquilla, Año VIII, No. 17, pp 33-43 Julio-Octubre 1983

(15) ARZUZA R, Arzuza E. y Arzuza A. Solución a los problemas de los arroyos de Barranquilla, 1992. Revista SIDA, Año VIII, No. 17, pp 33-43

(16) Estudio de factibilidad y diseño de drenaje pluvial de la ciudad de Barranquilla, FONADE-Hidroestudios S.A., p. 4-2

(17) Estudio de factibilidad y diseño de drenaje pluvial de la ciudad de (18) CUADERNOS REGIONALES No. 4, Lola Salcedo Castañeda, P. 23

PERIODICO EL HERALDO-de Julio del 2004, Domingo 12 de Diciembre del 2004 Y el domingo 13 de octubre del 2002.