Antropología del Género

Sexo y Género. Sociedades Matriarcales. Sociedades Patriarcales y Matrilineales. Movimientos Feministas. Feminidad. Masculinidad. Socialización en el Género. Identidad de Género y Sexualidad. Naturaleza y Cultura. Situación Laboral de la Mujer

  • Enviado por: Agustín García Gómez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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ANTROPOLOGÍA DEL GÉNERO

Este trabajo va a estar focalizado en aspectos que desde mi punto de vista son importantes, por lo que a mi parecer merecen ser citados, como por ejemplo la diferencia entre sexo y género, la existencia o no de sociedades matriarcales, ejemplos de sociedades patriarcales y matrilineales así como sus respectivas características, análisis de los movimientos feministas, y por último la posición de la mujer de nuestra cultura en la actualidad.

1. DIFERENCIA ENTRE SEXO Y GÉNERO

En este apartado cuestionaremos la naturaleza de las diferencias de sexo analizando el carácter complejo de lo que significa ser hombre o mujer. Veremos primero las diferencias históricas entre los sexos, después los aspectos de la socialización que influyen en la feminidad o masculinidad.

Sexo, género y biología: Mientras el sexo se refiere a características físicas del cuerpo y al acto sexual en sí mismo, género alude a las diferencias psicológicas, sociales y culturales entre los hombres y las mujeres. El término "sexo" es ambiguo. La distinción entre sexo y género es fundamental, ya que muchas diferencias entre varones y hembras no son biológicas en origen. Se piensa que las diferencias de sexo son genéticas pero esto no es del todo correcto. Es útil por tanto, distinguir entre sexo, en el sentido fisiológico o biológico del término, y género, que es un constructo cultural, es una relación variable, contingente y por lo tanto cambiante (una serie de modelos de comportamiento aprendidos).

Socialización en el género: La socialización de los géneros empieza desde el preciso momento del nacimiento del niño. Los estudios sobre la interacción madre- hijo muestran diferencias en el tratamiento entre los niños y niñas, aunque los padres piensen que sus reacciones son las mismas. Los adultos deben tratar a los niños del mismo modo. Los juguetes, los libros con fotos y los programas de televisión con los que los niños entran en contacto, tienden a destacar la diferencia de atributos femeninos y masculinos. Claramente, la socialización en el género es muy poderosa, y los desafíos pueden resultar perturbadores.

Identidad de género y sexualidad. Tres teorías. : La identidad del género y los modos de expresión de la sexualidad se desarrollan conjuntamente. Se ha dicho que la masculinidad depende de la representación del apego emocional íntimo hacia la madre, y que de ello deriva la "inexpresividad masculina". A continuación, tres teorías:

a) Teoría de Freud del desarrollo del género

Según Freud, el aprendizaje de las diferencias de género en los bebés y los niños pequeños se centra en la posesión o carencia de pene, lo cual significa un símbolo de masculinidad o feminidad. Freud parece identificar de un modo demasiado directo la identidad de género con la consciencia genital. La teoría parece apoyarse en la noción de que el pene es "por naturaleza" superior a la vagina.

b) Teoría de Chodorow del desarrollo del género

Para él, a diferencia de los niños, las niñas siguen apegadas a la madre, estarán durante más tiempo que el niño apegadas a la madre, tendiendo a crear la sensibilidad y compasión emocional de la mujer. Por el contrario, los niños aprenden a no ser "afeminados". Para él la masculinidad (no la feminidad) es una pérdida porque como resultado de todo lo anterior, los niños pierden la habilidad para relacionarse íntimamente con los demás, reprimiendo su capacidad de comprender sus propios sentimientos: inexpresividad masculina.

  • Género, persona y moralidad: la teoría de Carol Gilligan

  • El lugar que ocupan las mujeres en la vida de los hombres es tradicionalmente el de cuidadoras y compañeras. Pero las cualidades que se desarrollan para estas tareas son a veces infravaloradas por los hombres. La preocupación de las mujeres por las relaciones aparece como una debilidad y no como la fortaleza que a menudo supone.

    Trabajo doméstico asociado a la mujer: Surgió con la separación del hogar y el lugar de consumo más que de producción de bienes. El trabajo doméstico se volvió "invisible" cuando el "trabajo real" empezó a definirse cada vez más como aquel por el que se recibe un salario.

    Rosaldo en su artículo habla de las orientaciones domésticas y orientaciones públicas. Para él, doméstico hace referencia a formas de actividad organizadas dentro de un modo inmediato alrededor de una o varias madres y sus hijos. Con relación a lo público, hace referencia a formas de asociación o actividades que unen, clasifican u organizan determinados grupos de madres e hijos. Esto es el soporte que determina o relaciona a la mujer con la vida doméstica y al hombre con la pública. En el artículo de Rosaldo se podría ver cómo a la mujer se le atribuye el entender mejor los intereses de las familias, y al hombre los intereses de los aspectos más amplios de la familia, como conjunto. Las mujeres no se preocuparían por el interés común, de ahí que a las mujeres las asocien con el egoísmo y al hombre con la solidaridad. La mujer es responsable de la crianza de los hijos, el hombre no. La distancia del hombre con el grupo doméstico le confiere autoridad. Esta distancia permite al hombre controlar y manipular, mientras que para la mujer es mucho más difícil acceder a ella. En algunas zonas árabes las mujeres sólo ven a su esposo cuando le sirve la comida y unas horas cuando están en la cama. En cuanto al status que lograrán, Rosaldo expone que hay sociedades en que la niña debe seguir los pasos de su madre mediante un proceso continuo, mientras que el niño deberá buscar la masculinidad fuera de casa, despreciando el mundo de la madre. Pero lo expuesto por Rosaldo se critica porque las categorías que usaba eran etnocéntricas. A partir de estas críticas se piensa en la importancia de a que si las cosas son variables, pueden cambiar, y que podemos trabajar para conseguirlo. Por otra parte, Landes afirma que la vida de la mujer es un todo desordenado y espontáneo.

    2. PATRIARCADO Y MATRIARCADO

    Patriarcado y producción: Aunque existen notables diferencias en los roles respectivos de las mujeres y los hombres en diferentes culturas, no existe una sola sociedad en la que las mujeres sean más poderosas que los hombres. A esta dominación masculina sobre las mujeres es a lo que se denomina patriarcado, es una forma de organización social en la que el varón ejerce la autoridad en todos los ámbitos, asegurándose la transmisión del poder y la herencia por línea masculina. Al parecer, la sociedad en sus inicios se rigió por el sistema de matriarcado, situación inversa en la que la mujer es cabeza de familia y transmisora del parentesco. La actividad económica de subsistencia dependía en su totalidad del varón. La organización patriarcal se caracteriza fundamentalmente por la existencia de familias numerosas, normalmente basadas en la poligamia, dirigidas por el varón de más edad; la posición secundaria y subordinada de la mujer; la transmisión por línea masculina de bienes materiales y privilegios sociales, o el patrilinaje. Todas las sociedades que se conocen son patriarcales, aunque el grado y el carácter de las desigualdades entre los sexos varían considerablemente no sólo de unas culturas a otras, sino también dentro de la misma cultura. El patrilinaje, en sociología y antropología, sistema de organización social en la que la descendencia se organiza siguiendo sólo la línea masculina y todos los hijos llevan el apellido del padre o pertenecen a su clan. Este sistema suele ir asociado con frecuencia a la transmisión por línea masculina de los bienes materiales y las prerrogativas sociales, como la primogenitura, en virtud de la cual el hijo mayor es el heredero único. La organización social de los antiguos hebreos, era fuertemente patrilineal. El patrilinaje todavía pervive entre los pueblos nómadas actuales, sobre todo en el desierto árabe y en las estepas de Asia central. La organización de la familia y del clan de los antiguos griegos y romanos también era patrilineal, como lo era la organización familiar y social de Europa durante la edad media. En la sociedad occidental moderna subsisten variantes de este sistema arcaico, como la transmisión del apellido paterno y la herencia exclusiva para los varones. Un ejemplo de sociedad patrilineal es la tribu el shabana, la cual está situada en una pequeña ciudad de Irak. Las mujeres de esta tribu no podían mostrarse en público, así se pasaban la vida en patios interiores. Los contrastes entre naturaleza masculina y femenina están determinados culturalmente. En esta sociedad se da una fuerte desigualdad en la producción. La desigualdad entre hombre y mujer fomenta la aparición de vínculos internos en cada uno de los grupos. En la sociedad de los wodaabe, el dominio de los varones en los terrenos económico, político y social apenas deja nada al papel femenino que pueda interesar a los antropólogos. De ahí que haya pocos estudios dedicados a la vida de las mujeres de pueblos dedicados al pastoreo. Se trata de un pastoreo facultativo, que depende fundamentalmente de leche y sus derivados. ¿Por qué el matriarcado es universal de una u otra manera? El papel de las madres y cuidadoras restringe a la mujer a las actividades domésticas, ocupando así el "segundo puesto", quedando por tanto excluidas de las actividades públicas. Para la inmensa mayoría de la población en las sociedades preindustriales, las actividades productivas y las actividades del hogar no estaban separadas, lo que cambió notablemente con el desarrollo de la industria moderna. Se acabó asociando a las mujeres con los valores "domésticos", aunque la idea de que el " lugar de una mujer está en la casa" tenía implicaciones diferentes para las mujeres de los distintos estratos de la sociedad. Hoy, las mujeres trabajadoras están concentradas de un modo aplastante en las ocupaciones peor pagadas y más rutinarias. El que la mujer tenga o no hijos influye en su participación en la fuerza de trabajo remunerada. Hay más mujeres que hombres empleadas en ocupaciones a tiempo parcial. Por el momento no podemos decir hasta qué punto estas extremas desigualdades de género podrán llegar a ser menos acusadas en un futuro próximo.

    ¿ Existen sociedades matriarcales? : Es cierto la existencia de sociedades matrilineales, pero sociedades matriarcales como tal no, ya que el poder siempre ha estado detentado por el hombre. El concepto de matrilinaje, en sociología y antropología, podemos definirlo como un sistema de organización social en el que la descendencia se organiza siguiendo sólo la línea femenina y todos los hijos pertenecen al clan de la madre. Este sistema se asocia a veces con la herencia por línea femenina de los bienes materiales y prerrogativas sociales. El matrilinaje está vigente en numerosas culturas de todo el mundo. Existe, en formas diversas, entre las distintas sociedades tradicionales de Australia, Sumatra, Micronesia, Melanesia y Formosa; en la India se da en Assam y por toda la costa Malabar; en África en muchas regiones; y en Estados Unidos lo practican algunos pueblos indígenas. En las sociedades matrilineales, según la mayoría de los antropólogos, no es la mujer sino sus hermanos quienes sustentan el poder político. Las mujeres suministran la mayor parte del alimento para la familia. Las mujeres son respetadas esencialmente en virtud de su contribución económica y se han asegurado un trato justo y favorable. Del matriarcado, en antropología, podemos decir que es un sistema político en el que la mujer es dominante sobre el hombre. Es sinónimo de ginecocracia. Los dos pasos más definitorios son: residencia matrilocal y descendencia matrilineal (matrilinaje). Otros pasos coadyuvantes son la matrifocalidad y la poliandria, generalmente fraternal. Hasta la publicación de El matriarcado (1861), obra del filósofo suizo Johann Jakob Bachofen, se creía que el patriarcado era un sistema político familiar intrínseco a la humanidad. Desde ese momento comenzaron a estudiarse etnográficamente los innumerables casos de pueblos en los que encontramos este tipo de sistema político. Los wayúu/guajiros y los mapuche/araucanos son sus más notorios ejemplos en América Latina. Respecto a la posición de algunas autoras feministas sobre el matriarcado, tenemos a marxistas como Leacock, De Beauvoir, Gough, Reed, y no marxistas como lo son Davis, Diner o Borun. Leacock define el matriarcado como una sociedad en que las mujeres habían poseído un poder sobre los hombres, pero niega que tal sociedad existiera nunca. Reed defiende la noción de que existieron matriarcados, pero describió por el contrario una sociedad matrilineal. Davis y Diner aceptan la definición de matriarcado como poder de clase y defienden de hecho la existencia del mismo. Diner opina que el largo período de la prehistoria, la forma social básica fue el clan materno, basado en la supremacía de la maternidad. Para Diner, el matriarcado representa el orden social ideal. De Beauvoir afirma que las mujeres nunca poseyeron poder, excepto el concedido por los hombres.

    Jakob Bachofen confundió mito con historia. Según él, el matriarcado o dominio de la madre sobre la familia y el Estado, era una evolución posterior generada por la profunda insatisfacción femenina ante la "sexualidad descontrolada" a que el hombre le había sometido. A favor del matriarcado estuvieron personalidades como McLennan, Morgan, Tylor, Engel y el citado Bachofen. A favor del patriarcado, Westermark, quien demostró con éxito que en las sociedades de descendencia matrilineal el hombre podía dominar tanto en la familia como en la política. De todo esto lo que podemos asegurar es que aunque los matriarcados hayan existido alguna vez, en la actualidad no existen. No se ha revelado entonces, un solo caso indiscutible de matriarcado. Incluso los iroqueses han resultado tener una sociedad matrilineal, aunque constituye la representación más cercana al "estado ginocrático" ideal de Bachofen. A lo sumo se considera actualmente a los iroqueses como un "cuasimatriarcado".

    El mito del matriarcado es sólo un instrumento utilizado para mantener a la mujer en su lugar. Para liberarla es preciso destruir el mito. Finalmente, se admita o no la existencia de un primitivo matriarcado, la controversia, al menos, impulsa a mujeres (y hombres) hacia el futuro, desafiándonos a imaginarnos una sociedad en la que las mujeres deberían ser liberadas, libres y poderosas.

    Un área de dificultad estriba en la definición de poder, autoridad y status. El status secundario de la mujer en la sociedad constituye un hecho particular. Se pueden distinguir tres niveles del problema:

  • El hecho universal de que en todas las sociedades se asigne a la mujer un status de segunda clase. El status de la mujer será inferior en aquellas sociedades en las que exista una fuerte diferenciación entre terrenos de actividad doméstica y pública

  • Las ideologías, simbolizaciones y ordenaciones socioestructurales concretas relativos a la mujer, que tanto varían de una cultura a otra.

  • Los detalles observables sobre el terreno de las actividades, aportaciones, poder, influencia, etc. de las mujeres, que suelen variar de acuerdo con la ideología cultural. En la mayoría de las sociedades la actividad "doméstica" se asocia a la mujer y las "públicas" o "extra-domésticas" al hombre. Todas las sociedades reconocen diferencias entre sexos y actividades asociadas al hombre y a la mujer. Hay sociedades donde las mujeres son reinas, y sociedades en las que siempre deben ceder ante los hombres. Los sistemas culturales han proporcionado más autoridad y estima a los roles de los hombres. En el capítulo de Rosaldo, se establece que las expresiones culturales de la asimetría de los sexos pueden relacionarse con la economía, pero también las encontramos bajo diversas formas en otros tipos de actividades. Mientras que en las comunidades-ghetto judías de la Europa oriental las mujeres tenían una considerable importancia, en el pueblo de los arapesh, se la situaba siempre en la zona relacionada con la ignorancia y se las consideraban como "hijas de su marido". En la tribu merina de Madagascar las mujeres eran culturalmente idiotas, las desprestigiaban inferiores. No ocurría lo mismo entre los iroqueses, los cuales eran los que más se acercaban a la sociedad matriarcal, pero lo que ocurría era que no eran las mujeres las que gobernaban. En todas partes, los hombres tienen autoridad sobre las mujeres. Algunas veces la autoridad del varón puede verse suavizada.

  • Naturaleza y cultura: Las categorías "cultura" y "naturaleza" son categorías conceptuales. La cultura afirma que es superior a la naturaleza, establece un sentido de diferenciación y superioridad basados fundamentalmente en la capacidad de transformar la naturaleza. La cultura reconoce a las mujeres enraizadas en la naturaleza. Podemos decir también que la mujer está próxima a la naturaleza porque procrea, cuida a sus hijos y por su estructura psíquica. La desvalorización universal de las mujeres puede explicarse afirmando que las mujeres son consideradas más próximas a la naturaleza que los hombres, considerándose que los hombres ocupan de forma más inequívoca los niveles superiores de la cultura. Como consecuencia de todo esto, la mujer es considerada en todas partes inferior al hombre. La posición intermedia de la mujer, entre la naturaleza y la cultura, puede tener una mayor ambigüedad simbólica. Mientras que se defina al hombre en términos de sus logros, será el participante "par excellence", el mundo de la cultura será suyo, y las mujeres no pintarán nada en el orden social. El hombre será el responsable de la cultura y la mujer de la naturaleza y del desorden. En muchas sociedades se ven a las mujeres como algo anómalo. En muchas ideologías patrilineales se pueden considerar innecesarias, sin embargo son de importancia vital para le hombre como procreadoras. Por el hecho de ser importantes tienen poder. En África del sur por ejemplo, se consideran peligrosas y por lo tanto temidas, ya que los hombres dependen de las mujeres. Pero, las sociedades más igualitarias serán aquellas en que las esferas públicas y domésticas se diferencien poco (no es el caso de nuestra sociedad actual) donde el centro de la vida social es la casa. A pesar de que esto varía según la sociedad, pocas mujeres han llegado a tener una posición dominante en el mundo del trabajo. Las sociedades que no crean la oposición entre lo masculino y lo femenino y otorgan una importancia positiva a la relación conyugal y al compromiso de los hombres tanto como de las mujeres en la casa, parecen más igualitarias en términos de los roles sexuales. Un ejemplo de sociedad donde hay una cierta igualdad entre lo doméstico y lo público son la sociedad filipina de los ilongots, donde la división del trabajo del trabajo no es estricta, y donde la única actividad que diferencia a hombres y a mujeres es la caza de cabezas. A diferencia de los ilongots está la sociedad norteamericana donde hay una distancia radical entre lo público y lo privado. Por tanto, se afirma la existencia de asimetrías entre las esferas doméstica y pública. Las mujeres parecen oprimidas en tanto que están relegadas a las actividades domésticas, aisladas de otras mujeres. Éstas obtienen el poder cuando son capaces de trascender de los límites domésticos. Las sociedades igualitarias son en las que los hombres valoran y participan en la vida doméstica de la casa. Pero, a pesar de que se intente implantar este tipo de sociedad, nunca las mujeres serán políticamente equivalentes a los hombres. Tendría que cambiarse la propia naturaleza del trabajo, y es difícil pensar en adaptar nuestra sociedad al modelo de los ilongots. Ahora, para finalizar comentaré la situación de la mujer occidental actualmente, lo cual nos permitirá ver que a pesar del tiempo que ha pasado, retomando la época del Hombre Cazador donde la mujer asumía solo el papel doméstico, sigue habiendo esas diferencias tan notables entre hombres y mujeres, así como la desigualdad de oportunidades en el trabajo, condiciones de trabajo, desempleo,...

    3. MOVIMIENTOS FEMINISTAS

    La antropología del género nace en los años setenta, y está muy relacionada con el impulso feminista. Van a ser importantes la reivindicación de las minorías en sociedades occidentales y la de los pueblos indígenas. En esta época cobra importancia en la antropología feminista sobretodo los movimientos feministas que defendían la defensa y expansión de los derechos de la mujer, ya que no se veía bien que las mujeres fuesen invisibles y estuviesen oprimidas. Estos movimientos reivindican derechos de igualdad como el control de la propiedad privada, la igualdad de oportunidades educativas y laborales, el derecho a sufragio, la libertad sexual, igualdad de salarios a trabajo igual, legalización del aborto, análisis profundo sobre violencia, malos tratos en el hogar, discriminación, acoso sexual laboral e implicación legal de nuevas técnicas de reproducción. El movimiento feminista sigue tres líneas de actuación: la exploración de una nueva solidaridad y conciencia, la realización de campañas a favor de temas públicos y el estudio del feminismo analizando teóricamente el movimiento. El feminismo niega la "inevitabilidad" de la superioridad masculina tanto en el ámbito profesional como el personal. El movimiento feminista tiene como idea central que las mujeres sufren una opresión no compartida por el hombre y de la que por lo general, los hombres son los beneficiarios políticos, sociales, emocionales y económicos. La antropología de la mujer se centró en explicar la posible opresión de la mujer con relación al hombre, y después la diversidad de matices y formas en cómo la opresión se daba en distintas sociedades. La antropología de la mujer tiene el énfasis puesto entre hombres y mujeres, como sistemas de la mujer, analizando sistemas de género. Cada sociedad posee unos derechos y obligaciones para las mujeres y en otra unos derechos y obligaciones para los hombres, lo cual es simplemente resultado de la cultura. En los años setenta, los primeros trabajos feministas fueron el resultado de una relectura de textos clásicos antropológicos para ver que se había desatendido completamente la situación de las mujeres. A partir de aquí es cuando se estudia qué piensan las mujeres y qué hacen. Se reestudiaron las sociedades que antes el hombre había estudiado. Un trabajo a destacar es por ejemplo el de Wener, un trabajo sistemático y que trataba de responder a cuestiones de parentesco y relaciones sociales. Los primeros grupos activos organizados para promover los derechos de la mujer datan del período posterior a la Revolución francesa de 1789, a finales del siglo XVII. En París había clubes de mujeres inspirados en los ideales de libertad e igualdad, pero a lo largo del tiempo se disolvieron. En el siglo XIX, el feminismo progresó más en los Estados Unidos que en ningún otro lugar. En una convención antiesclavista que hubo en 1840 en Londres por ejemplo, no se permitió que ninguna mujer participase, lo cual llevó a las mujeres a considerar más directamente las desigualdades de género en sí mismas. Uno de los acontecimientos más importantes en el desarrollo de los movimientos feministas en Europa fue la presentación de una petición firmada por 1500 mujeres, al Parlamento británico en 1866, pero dicha petición fue ignorada. A principios del siglo XX, la influencia mundial del feminismo británico rivalizó con el feminismo de los Estados Unidos. Durante varias décadas después de 1920, los movimientos feministas entraron en decadencia. En parte, la razón fue el logro mismo del derecho a votar, que se alcanzó en la mayoría de los países occidentales por esas fechas (1928, Gran Bretaña). Las mujeres radicales se unieron normalmente a otros movimientos, como los dedicados a combatir el fascismo. En los sesenta, se favoreció la aparición del feminismo. El descenso de la mortalidad infantil, la mayor esperanza de vida y los anticonceptivos liberaron muchas responsabilidades de la mujer relativas al cuidado de los niños. Pero a finales de los años setenta, los movimientos de la mujer volvieron a ocupar un lugar destacado. A partir de entonces y durante un cuarto de siglo el feminismo ha tenido un gran impacto en todo el mundo, incluyendo muchas sociedades del Tercer Mundo. En esta época, en los setenta, surgió la idea de hacer una antropología observando los papeles que las mujeres desempeñaban, una antropología "entrando por la cocina", de gran importancia. Se empieza a trabajar sobre la causa de la opresión de la mujer, porque estaba claro que en toda sociedad las mujeres estaban oprimidas por los hombres. Las mujeres se encuentran en desventaja en la mayoría de las sociedades tradicionales. No tienen acceso al poder, sino tan sólo a las habilidades domésticas. Se critica la inferioridad de las mujeres, pero también la antropología feminista planteó que proponer ese tipo de explicaciones excepcionalmente sobre la naturaleza provocaba la inestabilidad de la situación. El resurgimiento del feminismo comenzó en los Estados Unidos. Recientemente, los movimientos feministas han presionado para obtener la igualdad económica, la legalización del aborto, entre otras cuestiones. En todas las ciencias sociales y en otros muchos campos, las autoras feministas han planteado la necesidad de volver a pensar ciertas nociones y teorías preestablecidas. La mayoría de las investigaciones realizadas en los últimos años sobre los factores históricos y culturales que afectan a la posición de la mujer, y a otras relaciones de género de un modo más general, han sido posibles gracias a la influencia del feminismo actual. Atendiendo al impacto del feminismo, el movimiento feminista ha alcanzado numerosos logros en los últimos treinta años. Sin embargo, en los ochenta se enfrentó a una contrarreacción. Derechistas sostuvieron que las mujeres debían regresar a los valores tradicionales del matrimonio y la familia, alegaron que el feminismo ha llegado a angustiar a algunas mujeres respecto a estos temas. Tales afirmaciones contradicen los resultados de la investigación sobre el tema, ya que por ejemplo, son más frecuentes las tasas de depresión en mujeres casadas que solteras. Susan Faludi (1992) señaló que las críticas del feminismo efectuadas por los derechistas se filtraron en la conciencia pública creando mitos, dándose por sentado que había llegado una situación de "postfeminismo". ¿Hasta qué punto son válidas estas apreciaciones? Los críticos feministas de ideas como las desarrolladas por Faludi y French (sostiene que los hombres de verdad dominan a sus mujeres) aceptan gran parte de sus reclamaciones, pero cuestionan sus interpretaciones. Mientras ven a la mujer como víctima de la ambición masculina de poder, sin embargo hay categorías "hombres" y "mujeres" son muy amplias e incluyen diferentes tipos de actitud y orientación. Hay muchas divisiones raciales y de todo tipo entre las mujeres, y el feminismo difícilmente puede hablar de todas ellas. Rosalind Coward afirma que las mujeres juegan a menudo un papel en su propia opresión.

    4. SITUACIÓN LABORAL DE LA MUJER ENLA ACTUALIDAD

    El género organiza la división del trabajo. Hasta hace unos años el empleo de las mujeres casadas respondía a razones de estricta supervivencia. Por ello cada vez es más excepcional encontrar familias con la presencia de un solo salario aportado por el hombre. Las imágenes femeninas basadas en la domesticidad resultan hoy cada vez más anacrónicas la mayor parte de las mujeres de hoy se concentran en ocupaciones fuertemente feminizadas y son pocas las que acceden a cargos directivos o a categorías profesionales elevadas. Las mujeres pertenecientes a estratos sociales elevados han tenido acceso a los estudios sin ninguna dificultad, surgiendo entre ellas mujeres con una vida profesional muy activa. Las pertenecientes a la clase media presentan una gran heterogeneidad de situaciones. En los grupos sociales más modestos los niveles de estudio suelen ser bajos, por lo que las oportunidades ocupacionales son limitadas y los empleos de escasa cualificación. A pesar de que hay mujeres que llegan a la cúspide social, representan un porcentaje tan pequeño (7,6% en la actualidad) que podemos afirmar que la mayoría de las mujeres no juegan un papel decisivo en la vida social. Además en cuanto al paro, las mujeres presentan unas proporciones de desempleo más elevadas que los hombres. Esta desigualdad difícilmente podrá desaparecer.

    A lo largo de la historia, el movimiento feminista ha conseguido muchos logros. En la mayoría de los países puede votar y ocupar cargos públicos. Ha conseguido nuevos derechos, acceso a la educación y mercado laboral, entre otras muchas cosas.

    5. OPINIÓN PERSONAL

    Cada sociedad es distinta. En mi opinión, nuestra sociedad en particular, diferencia aún mucho lo doméstico y lo público, asociando lo primero a la mujer y lo segundo al hombre. Aunque la mujer quiera evitarlo, es un problema que va a estar siempre presente. Nunca han existido sociedades matriarcales ni nunca existirán, aunque no queramos reconocerlo. Es un gran problema que atañe a todas y cada una de las mujeres. Por ello, debemos luchar, ganarnos un puesto en la vida social. Aunque los movimientos feministas han logrado grandes mejoras en la mujer, aunque en 1970 la mayoría de las mujeres del mundo habían conseguido mejorar sus derechos, todavía está pendiente la total igualdad con el hombre a nivel político, económico y social. En la mayoría de los países las mujeres pueden votar y ocupar cargos públicos, pero aún quedan sociedades donde la mujer está totalmente oprimida y que generalmente no conocemos o no las prestamos la atención tan importante que requieren. Actualmente, nuestra sociedad está encaminada a la igualdad de sexos, pero en mi opinión es una meta difícilmente alcanzable. Debe quedar claro que las mujeres a lo largo de la historia más que ser superiores al hombre, lo que han pretendido es alcanzar la igualdad. Cada vez, la mujer tiene más acceso a la vida social, teniendo mayor posibilidad para triunfar en él, y así, olvidar la opresión a la que durante tan largo tiempo ha estado sometida. Hoy en día, los hombres y las mujeres todavía tienen actividades determinadas para cada uno de ellos, pero en numerosos hogares, son ya muchos los hombres que se ocupan de la tarea doméstica y/o trabajan fuera de casa, al igual que lo hace la mujer. Ya no está tan ligada a la esfera doméstica como proponía Rosaldo, y poco a poco se va separando más de ella, haciéndola más independiente del hombre e intentando superar esa superioridad masculina, esa dominancia que tanto ha marcado distintas sociedades. Por todo esto y por lo que se puede conseguir, hay que seguir intentando alcanzar nuestro objetivo, no actuando de forma pasiva ante él, sino colaborando y haciendo de la vida de la mujer una vida mejor en todos y cada uno de los aspectos.