Antonio Machado

Poesía española contemporánea. Generación del 98. Simbolismo. Biografía del poeta. Obras. Estilo. Temas. Métrica

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ÍNDICE DE CONTENIDOS

  • Índice de contenidos. (Pág. 1)

  • Contexto Histórico. (Pág. 2)

  • Biografía del autor. (Pág. 4)

  • Análisis de los poemas. (Pág. 6)

  • “Fue una clara tarde, triste y soñolienta”. (Pág. 6)

  • “A un olmo seco”. (Pág. 10)

  • “La muerte de un niño herido”. (Pág. 13)

  • Conclusiones. (Pág. 15)

    • Bibliografía. (Pág. 16)

  • CONTEXTO HISTÓRICO

  • Los escritores más importantes que comienzan a publicar en años próximos al cambio de siglo son, ordenados por fechas de nacimiento: Miguel de Unamuno (1864 - 1936), Ramón M. del Valle-Iclán (1866 - 1939), Pío Baroja (1872 - 1956), José Martínez Ruiz, Azorín (1873 - 1967), y Antonio Machado (1875 - 1939). Añadiremos a Juan Ramón Jiménez (1881 - 1958), el más joven de todos, perteneciente a otra generación, pero de temprana vocación literaria. Todos ellos contribuyen al cambio de sensibilidad y participan del impulso innovador que caracteriza el Modernismo.

    En los años en torno a 1900, un grupo de jóvenes escritores que vio la necesidad de renovar las letras españolas adoptó una actitud rebelde, con manifestaciones extravagantes en algunos casos, como modo de provocación contra la mediocre burguesía dominante.

    Los autores mencionados, procedentes de zonas periféricas peninsulares, coincidieron en Madrid, donde participaron en múltiples actividades y acontecimientos para mostrar su inconformismo y dar a conocer sus nuevos presupuestos: acudieron a tertulias en diversos cafés de la ciudad, colaboraron en periódicos y revistas, firmaron manifiestos, se dedicaron poemas, unos a otros, recibieron influencias mutuas... a partir de este arranque renovador, estos escritores de fuertes personalidades, evolucionarán con rasgos individuales y seguirán su propio camino, tanto literaria como políticamente.

    En la segunda década del siglo se empezó a difundir la denominada Generación del 98 para agrupar a escritores cuya juventud coincidió con la fecha histórica del Desastre. Azorín, el propagador de la idea en unos artículos publicados en 1913, incluía tanto a Rubén Darío como a Unamuno en la citada generación (y no nombraba a Antonio Machado).

    Críticos posteriores plantearon la existencia de dos grupos: los Modernistas y los noventayochistas, asignando el primer término a quienes se interesaron especialmente por la estética y el segundo a quienes mostraron más preocupación por el tema de España y por contenidos humanos con orientaciones más filosóficas. Por otra parte no olvidemos que estos escritores coincidirán en plena capacidad creadora con las oleadas sucesivas de escritores que van tomando la iniciativa de la cultura: las supuestas generaciones del 14 y del 27. algunos mueren durante los años de la Guerra Civil, como Unamuno, Valle-Iclán, Antonio Machado... otros siguen viviendo y escribiendo en la posguerra, como Pío Baroja o Azorín.

    Algunos de estos escritores dirigen su mirada no sólo al interior de sí mismos, sino, además, a la sociedad en que viven. Se sienten en un mundo en crisis y ante la degradación ética y política revisan el pasado para intentar comprender las causas de los males presentes. Esta mirada crítica, cargada de subjetividad y dolor, adquiere, según la personalidad del escritor y el momento, distintas tonalidades, que van desde el escepticismo y la desesperanza hasta la fe en una generación y el compromiso político.

    Al plantearse, de forma paralela a los políticos, el problema de España, se fijan en sus tierras y en sus gentes. Muchos de ellos son viajeros que buscan la vida profunda del pueblo para reafirmar los valores propios de su lengua y de su tradición. Descubren el paisaje y, ante la realidad observada, expresan sus sentimientos más personales.

    2. BIOGRAFÍA DEL AUTOR

    Fue, en efecto, un discípulo de Unamuno, aunque en algunos casos se le considere su superador. Se ha definido, en cierta época, a Antonio Machado, como el máximo poeta español moderno. Nació en Sevilla en 1875, fue profesor de francés en Soria (donde se casó y enviudó muy pronto), en Segovia y en Madrid entre otras. Murió en 1939 en Colliure (Francia), fugitivo en el final de la Guerra Civil Española.

    Su obra poética incluye, entre otros, Soledades, Galerías y Otros poemas (ampliación de Soledades, publicado en 1903), publicado en 1907; Campos de Castilla, en 1912 y Nuevas Canciones de un Cancionero Apócrifo, publicado en 1928. A éstos pertenecen los tres poemas que estudiaremos en este trabajo, “Fue en una clara tarde, triste y soñolienta”, “A un olmo seco” y “La muerte del niño herido” respectivamente.

    En general, podríamos decir que la trayectoria de la obra y la experiencia espiritual de Antonio Machado constituye un intento de superar el individualismo romántico, tras de apurarlo hasta el fondo, al principio abriéndose hacia el mundo objetivo (el paisaje de Castilla), para reconocerse luego personalmente fracasado, pero dejando abierta la esperanza de otras edades históricas en que el hombre vuelva a tener conciencia de la realidad de los demás hombres, incluso como base de la renovación de la fe religiosa.

    El poeta canta las tierras, los personajes, las cosas; quiere incluso intentar una nueva épica, siguiendo el ejemplo del Romancero tradicional, aunque no para hablar de héroes, sino de figuras cotidianas del pueblo. Pero muy pronto, y también simbólicamente, la viudez del poeta coincide con la quiebra de ese prematuro intento de objetividad. El poeta, entonces, comprende que su misión no puede ser la de testigo de una realidad externa, sino que ha de dedicarse a contar y cantar lo que el tiempo le va poniendo en las manos.

    Surge y crece cada vez más un Antonio Machado teórico y estético, junto al poeta; entonces es cuando afirma que la poesía ha de ser “palabra en el tiempo” y esta idea, le servirá para combatir la poesía conceptual y pura de los años 1925 - 1930, el llamado “vanguardismo”, aunque Antonio Machado pareciera dirigir su polémica más bien contra el barroco y especialmente contra Calderón y Góngora. La poesía de Machado, cada vez más prosaica, nos da la gran paradoja final de un escepticismo que se supera a fuerza de escepticismo.

    Así evoluciona hacia la confianza en que la raíz más auténtica de la vida humana ha de dar lugar a un futuro en que el hombre vuelva a creer plenamente en la realidad de los demás hombres, y aún en la de Dios - hombre cristiano, y en que los poetas ya no se canten a sí mismos sino que cuenten “historias animadas que, siendo suyas, no obstante sean de todos”.

    La gran paradoja final de Machado es: por un lado, escéptico radical, y por otro esperanzado para los demás, abierto hacia un horizonte que podríamos llamar socialista en lo terrenal y cristiano en lo trascendente. Como muestra de ello:

    “Si el Cristo vuelve, de un modo o de otro, ¿hemos de rechazarle porque también le esperan los sacristanes?”

    En una perspectiva técnica y formal se podría decir que Antonio Machado obtuvo un logro mayor en su prosa que en su verso; su verso, visto desde fuera, se atiene a un sistema más o menos tradicional y común en su tiempo, mientras que su prosa consigue algo inesperado y excepcional; es una “prosa de ideas” sin retórica, con ironía y con buena educación conversacional.

    3. ANÁLISIS DE LOS POEMAS

    3.1. Fue una clara tarde, triste y soñolienta.

    • TEMA: Describe una tarde en la que mantiene una última conversación con una fuente, una tarde clara y triste.

    • ARGUMENTO: El poema explica cómo transcurre una tarde muy triste (...[la puerta] golpeó el silencio de la tarde muerta). Empieza contándonos cómo era, de verano, triste... y prosigue explicándonos la manera como sale de su casa, atraviesa el parque y se encuentra con una fuente, monótona, y mantiene una conversación con ella, hablando del “sueño”, que viene a significar la “conciencia”, ya que, según Machado, se puede soñar despierto. Se despide de la fuente para siempre y regresa a su hogar.

    • MÉTRICA:

    Fue una tarde, triste y soñolienta

    tarde de verano. La hiedra asomaba

    al muro del parque, negra y polvorienta...

    La fuente sonaba.

    Rechinó en la vieja cancela mi llave;

    con agrio ruido abrióse la puerta

    de hierro mohoso y, al cerrarse, grave

    golpeó el silencio de la tarde muerta.

    En el solitario parque, la sonora

    copla borbollante del agua cantora

    me guió a la fuente. La fuente vertía

    sobre el blanco mármol su monotonía.

    La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano,

    un sueño lejano mi canto presente?

    Fue una tarde lenta del lento verano.

    Respondí a la fuente:

    No recuerdo, hermana,

    más sé que tu copla presente es lejana.

    Fue esta misma tarde: mi cristal vertía

    como hoy sobre el mármol su monotonía.

    ¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares,

    que ves, sombreaban los claros cantares

    que escuchas. Del rubio color de la llama,

    el fruto maduro pendía en la rama,

    lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?...

    Fue en esta misma tarde de verano.

    -No sé qué me dice tu copla riente

    de ensueños lejanos, hermana la fuente.

    Yo sé que tu claro cristal de alegría

    ya supo del árbol la fruta bermeja:

    yo sé que es lejana la amargura mía

    que sueña en la tarde de verano vieja.

    Yo sé que tus bellos espejos cantores

    copiaron antiguos delirios de amores:

    mas cuéntame, fuente de lengua encantada,

    cuéntame mi alegre leyenda olvidada.

    Yo no sé leyendas de antigua alegría,

    sino historias viejas de melancolía.

    Fue una clara tarde del lento verano...

    Tú venias solo con tu pena, hermano;

    tus labios besaron mi linfa serena,

    y en la clara tarde dijeron tu pena.

    Dijeron tu pena tus labios que ardían;

    la sed que ahora tienen, entonces tenían.

    -Adiós para siempre, la fuente sonora,

    del parque dormido eterna cantora.

    Adiós para siempre; tu monotonía,

    fuente, es más amarga que la pena mía.

    Rechinó en la vieja cancela mi llave;

    con agrio ruido abrióse la puerta

    de hierro mohoso y, al cerrarse, grave

    sonó en el silencio de la tarde muerta.

    • Dada la complejidad del esquema métrico de los poemas de Antonio Machado, he analizado (en la medida de lo posible) la métrica de cada estrofa por separado:

    ESTROFA 1: serventesio (A - B - A - b)

    ESTROFA 2: Serventesio (A - B - A - B)

    ESTROFA 3: Dos pareados (A - A / B - B)

    ESTROFA 4: Tercerilla (A - libre - A)

    ESTROFA 5: libre - a - A

    ESTROFA 6: Cuatro pareados (A - A / B - B / C - C / D - D)

    ESTROFA 7: Pareado ( A - A)

    ESTROFA 8: Serventesio (A - B - A - B)

    ESTROFA 9: Dos pareados (A - A / B - B)

    ESTROFA 10: Pareado (A - A)

    ESTROFA 11: Dos pareados (A - A / B - B)

    ESTROFA 12: Pareado (A - A)

    ESTROFA 13: Dos pareados (A - A / B - B)

    ESTROFA 14: Serventesio (A - B - A - B)

    • RECURSOS LITERARIOS: En primer lugar encontramos en todo el poema la similicadencia y la anáfora en 6 estrofas (1,2,8,9,11,14). En la primera, segunda y tercera estrofa encontramos un hipérbaton; en la primera, la sexta y onceava estrofa una aposiopesis. La personificación se encuentra en varias estrofas a lo largo de todo el poema, y una anadiplosis entre los versos 11 y 12.

    3.2. A un olmo seco.

    • TEMA: El poeta habla a un olmo viejo.

    • ARGUMENTO: Describe la situación de un olmo viejo, medio podrido, roto por un rayo, lleno de hormigas y arañas; que lo derribará un leñador y lo convertirán en distintas cosas, pero que, antes de todo, hay una esperanza y renace en una rama que tiene hojas verdes.

    • MÉTRICA:

    Al olmo viejo, hendido por el rayo

    y en su mitad podrido,

    con las lluvias de abril y el sol de mayo,

    algunas hojas verdes le han salido.

    ¡El olmo centenario en la colina

    que lame el Duero! Un musgo amarillento

    le mancha la corteza blanquecina

    al tronco carcomido y polvoriento.

    No será, cual los álamos cantores

    que guardan el camino y ribera,

    habitado de pardos ruiseñores.

    Ejército de hormigas en hilera

    va trepando por él, y en sus entrañas

    urden sus telas grises las arañas.

    Antes que te derribe, olmo del Duero,

    con su hacha el leñador, y el carpintero

    te convierta en melena de campana,

    lanza de carro o yugo de carreta;

    antes que rojo en el hogar, mañana,

    ardas de alguna mísera caseta,

    al borde de un camino;

    antes que te descuaje un torbellino

    y tronche el soplo de las sierras blancas;

    antes que el río hasta la mar te empuje

    por valles y barrancas,

    olmo, quiero anotar en mi cartera

    la gracia de tu rama verdecida.

    Mi corazón espera

    también, hacia la luz y hacia la vida,

    otro milagro de la primavera.

    • De la misma manera que en el poema anterior, el poema es complejo en su métrica y de la misma forma se analiza cada estrofa por separado.

    ESTROFA 1: Serventesio (A - b - A - B)

    ESTROFA 2: Serventesio (A - B - A - B)

    ESTROFA 3: Tercerilla (A - LIBRE - A)

    ESTROFA 4: LIBRE - A - A

    ESTROFA 5: Está formada por:

    Pareado (A - A)

    Serventesio (B - C - B - C)

    Pareado (d - D)

    Tercerilla (E - LIBRE - e)

    Quinteto (F - G - f - G - F)

    • RECURSOS LITERARIOS: En la primera estrofa encontramos un hipérbaton, una personificación en la segunda y la tercera estrofa; en las primeras cuatro una similicadéncia; enumeración en la última estrofa, en la que encontramos también una anáfora.

    3.3. La muerte de un niño herido.

    • TEMA: Lacónico; describe la muerte de un niño enfermo.

    • ARGUMENTO: La madre cuida, mima, consuela y acompaña a su niño enfermo y moribundo. Un escenario perfecto: la noche, por la Luna, es clara; la ciudad medio oscura y la habitación, aunque pobre, es limpia. El niño muere entre fiebre y alucinaciones y la madre pregunta si duerme su hijo.

    • MÉTRICA:

    Otra vez es la noche... es el martillo

    de la fiebre en las sienes bien vendadas

    del niño. -Madre, ¡El pájaro amarillo!

    ¡Las mariposas negras y moradas!

    -Duerme, hijo mío. Y la manita oprime

    la madre junto al lecho. -¡Oh flor de fuego!

    ¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?

    Hay en la pobre alcoba olor de espliego:

    fuera la oronda Luna que blanquea

    cúpula y torre a la ciudad sombría.

    Invisible avión moscardonea.

    -¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?

    El cristal del balcón repiquetea

    -¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!

    • Nuevamente encontramos una métrica compleja que analizo verso a verso:

    VERSOS 1 A 4: Serventesio (A - B -A -B)

    VERSOS 5 A 8: Serventesio (C - D - C - D)

    VERSOS 9 A 14: Sextilla de arte Mayor (E - F - E - F - E - F)

    • RECURSOS LITERARIOS: La similicadéncia está presente en todo el poema, al igual que la sinestesia. En el quinto, noveno, décimo y onceavo verso encontramos un hipérbaton, aposiopesis en el primer verso y geminación en el último.

    4. CONCLUSIONES.

    Los poemas de Antonio Machado que he analizado en este trabajo cumplen con las características del movimiento noventayochista al que el autor pertenece: busca respuestas abstractas y filosóficas (Fue una clara tarde, triste y soñolienta); busca historias en la gente sin historia (La muerte de un niño herido); se pregunta por la existencia y el destino del hombre (A un olmo seco); se aleja del barroquismo e introduce importantes innovaciones.

    En el primer poema analizado, “Fue una clara tarde...”, al mantener una conversación de claro carácter filosófico con una fuente (que ha soportado el paso del tiempo), deja en evidencia todas las preocupaciones que atormentaban a los intelectuales de su generación: el paso del tiempo, la impotencia ante un mundo supuestamente a punto de hundirse, la pena y la melancolía ya olvidadas...

    “A un olmo seco” es un canto a la esperanza, que podemos comparar con su visión del destino del hombre. Es optimista y positivo, pero no por eso menos triste y preocupado por un presente que se desmorona ante sus ojos a marchas forzadas. Gracias a este poema vemos más claramente esa lucha de Antonio Machado contra el barroquismo; el hombre del barroco también estaba preocupado por su destino, pero era mucho menos optimista que el poeta y que toda la generación del 98.

    “La muerte de un niño herido” es quizá uno de los más pesimistas que he analizado, ya que no nos da ningún tipo de esperanza para el dolor de una madre que ve cómo su hijo muere lentamente, quizá recordando la prematura muerte de su esposa. La corta extensión de este poema no impide al autor transmitir todo el sentimiento de tristeza e injusticia que produce la muerte de un niño.

    BIBLIOGRAFÍA

    • Enciclopedia Temática Ciesa (tomo 13)

    • Biblioteca Fundamental de Nuestro Tiempo (tomo 8, poesía)

    Ed. Alianza

    • Antología Antonio Machado (tomo 13)

    Biblioteca Básica Salvat

    • Antonio Machado, Antología poética

    Ediciones Marte

    • Libro de texto de 1º de bachillerato, Literatura castellana

    Ed. Castellnou