Antonio López de Santa Anna

Historia de América. Gobierno mexicano. Rebelión de Texas

  • Enviado por: Khriz
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 6 páginas

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¿Qué tipo de hombre era Sana Anna?

Antonio López de Santa Anna es un personaje extraordinariamente complejo que no es fácil definir en pocas palabras. Fue un hombre de grandes contradicciones. Por una parte, fue un hombre extremadamente frívolo, de una banalidad sorprendente e inconsistente en lo político. Fue un hombre rico que tenía haciendas de acuerdo a la definición de los estándares de la época. Sin embargo, Santa Anna no buscaba fortuna, más bien lo que buscaba eran el prestigio y el reconocimiento públicos, más que dinero. Fue una persona que buscó el poder más por el prestigio que por su responsabilidad.

Santa Anna fue un hombre singular y, de acuerdo a las memorias de la época, era bien parecido. No tenía una visión estratégica, ni era un gran general, pero poseía una personalidad extraordinaria y sabía cómo tratar a la gente. Sabía atraer a la gente porque tenía una cualidad carismática para hacerlo.

Cuando se dio la rebelión de Texas, Santa Anna -que quería profundamente a México- estaba brutalmente comprometido con su país cuando se enfrentó a los rebeldes. Para él, la integridad de la nación, la integridad territorial de la región, eran muy importantes. Fue a Texas para acabar con la rebelión y detener al grupo que trató de arrancar esa parte del territorio del país. Sin embargo, cuando se encuentra que los rebeldes estaban recibiendo apoyo de voluntarios extranjeros de un país vecino, Santa Anna se enfrenta a una situación extraordinaria. No podía permitir que un grupo de gente se separara de México porque esto sentaría un precedente y amenazaría la supervivencia de la nación.

Su derrota en San Jacinto y el haber sido capturado por los texanos fueron, sin duda alguna, un golpe muy fuerte para su reputación. Sus enemigos y aquéllos que estaban contra el cambio de gobierno en México, aprovecharon esta situación denunciando a Santa Anna por haber firmado acuerdos que lo comprometían a usar su influencia para persuadir a que México reconociera la independencia de Texas. Santa Anna viajó a Estados Unidos, tuvo una entrevista con Jackson pero mantuvo un perfil muy bajo después de estos acontecimientos. Se retiró temporalmente de la vida pública.

¿Qué motivó las acciones de Santa Anna como hombre y como líder?

Yo creo que dos de las fuerzas motrices de la personalidad de Santa Anna fueron su increíble vanidad y la necesidad de estar al frente. Estas fuerzas lo hicieron capaz de transformar situaciones a su favor que de otra manera hubieran terminado trágicamente. Por supuesto, en su época Santa Anna fue criticado por su conducta pero otros individuos no podían en realidad contrarrestarlo. Era muy hábil para transformar las situaciones a su favor, lo cual pudo hacer a lo largo de su vida. Aunque después de cierto punto, se le acabó su buena fortuna. No fue

posible que mantuviera ese récord para siempre, pero lo utilizó muy hábilmente por mucho tiempo.

En 1838, dos años después de la derrota en San Jacinto, surge un problema que dio lugar a una acción punitiva por parte de Francia hacia México. Santa Anna se unió al esfuerzo de defender el territorio nacional contra la invasión francesa. Durante un incidente Santa Anna pierde la pierna pero se ganó otra oportunidad, con la ayuda de sus seguidores, de proclamarse como defensor de la nación y de sus intereses. Hasta cierto punto, esto le permitió reparar aquella imagen negativa que se había creado por los sucesos en Texas. Santa Anna creó toda una ceremonia funeral en torno a la pérdida de su pierna y convirtió su amputación en un símbolo de su compromiso con el país. La gente olvidó momentáneamente sus errores militares en Texas y Santa Anna pudo reconstruir su reputación ante las masas. Esta campaña basada en su sacrificio y la subsecuente redención le permitió a Santa Anna crear nuevas alianzas políticas y volver al poder como presidente de México. Sin embargo, a Santa Anna no le interesaba ejercer el poder presidencial. Le gustaba el prestigio pero no la responsabilidad.

Yo creo que Santa Anna fue un hombre de gran inestabilidad emocional. Una vez que logró su objetivo de alcanzar el poder, se retiraba a su hacienda y dejaba en manos de alguien más las responsabilidades administrativas o militares. O bien, trataba de ejercer la autoridad que le concedía su posición, pero la excedía cometiendo excentricidades brutales. Formalmente fue dictador por dos breves periodos, pero nunca fue un dictador en el verdadero sentido político. Tal vez Santa Anna sí quería serlo y de ahí que sus acciones no tenían límite alguno.

Los excesos de la autoridad de Santa Anna no eran notorios por su crueldad, sino más bien por su habilidad para marginar a sus enemigos políticos, forzándolos a salir del país, exiliándolos, persiguiéndolos o arruinando sus reputaciones. Una cosa que me sorprende del carácter de Santa Anna es que nunca fue sanguinario. No se le puede acusar de asesinatos políticos ni de persecuciones sanguinarias. Con frecuencia utilizó el exilio como un medio para deslegitimizar a sus enemigos políticos, pero por naturaleza no fue un hombre sanguinario, excepto en la batalla.

Los cambios que se dieron durante estos años en México fueron increíblemente complejos debido a que las posiciones políticas variaban constantemente. Los políticos, los ideólogos de la época, no tenían los mecanismos para movilizar a otros sectores de la sociedad. Requerían de una especie de puente, de interlocutor. Ese fue el papel que jugó Santa Anna y por esa razón es que vuelve al poder.

Santa fue derrocado otra vez a finales de 1844 porque tomó una serie de medidas que antagonizaron a quienes lo habían llevado al poder. Esta misma gente ahora

lo veía como un obstáculo, como un líder que ya no estaba dispuesto a cumplir sus promesas. Sentían que debían removerlo.

La segunda expulsión de Santa Anna en 1845 fue un golpe muy duro, tan severo como el que había sufrido en Texas. Fue bastante indigna porque primero estuvo encarcelado y

luego fue enviado al exilio. Yo creo que cuando Santa Anna dejó el país no podía prever un pronto regreso a México, pero también pienso que se iba a esperar el momento oportuno para volver. Creo que se fue sintiendo que su exilio era temporal. Así que durante su exilio, Santa Anna siguió con cuidado o fue informado sobre los problemas a los que México se enfrentaba, particularmente los riesgos implícitos en la creciente confrontación con Estados Unidos. Es evidente que Santa Anna estaba dispuesto, como con la ocupación francesa, a aprovechar esta situación y tratar otra vez de reconstruir su reputación y prestigio.

Encuentro fascinante el carácter de Santa Anna. Era una persona de recursos económicos que bien pudo haberse quedado en La Habana. Pero no, él decide volver a México y organizar una campaña militar. Eso me dice algo de esta persona que se había desacreditado a sí mismo y que, sin embargo, no puede definirse simplemente en términos negativos. Era un hombre polifacético muy difícil de entender porque tiene estos elementos de compromiso combinados con las tendencias de su enorme ego.

¿Cómo fue visto el liderazgo de Santa Anna por otras naciones y por su propio gobierno mexicano?

La gente de Estados Unidos pensaba que Santa Anna era relativamente fácil de corromper y él dejó que lo creyeran. Santa Anna usó esta idea preconcebida y la impresión errónea para jugar un juego a la inversa con el presidente Polk: “Tú piensas que me puedes usar, yo te dejo pensar que me estás usando para usarte a ti”. En este sentido, en el uso de estas sutilezas, creo que Santa Anna era mucho más inteligente que Polk.

El regreso de Santa Anna a México en 1846, durante la ya para entonces iniciada invasión norteamericana en territorio mexicano, nos dice claramente que Santa Anna no tenía una ideología específica. En este caso los federalistas, los “puros”, le dieron la oportunidad de volver al país y asumir el poder como defensor de México. Santa Anna aprovechó esto. A los puros les convenía su presencia porque en ese momento prácticamente era el único dispuesto a asociarse con ellos. Ya antes se habían asociado a mediados de los 1830, durante la república federal cuando Santa Anna fue presidente y Valentín Gómez Farías, vicepresidente. Así que para Santa Anna que no estaba comprometido con

ninguna idea, su alianza con los federalistas era sencillamente un medio disponible que le permitía volver a ocupar el poder. Era posible que Santa Anna cambiara sus alianzas políticas con un grupo o con otro, siempre y cuando el grupo le garantizara que podía estar en el poder.

Yo creo que la habilidad de atracción que Santa Anna tenía sobre las masas fue un factor muy importante para poder organizar un ejército y una defensa que pudiera intentar detener la invasión del ejército del general Zachary Taylor. Creo que la personalidad de Santa Anna fue una razón por la que algunos oficiales gubernamentales consideraron necesario que regresara a México cuando lo hizo, porque Santa Anna era capaz de crear cierto entusiasmo entre los sectores de la población que no estaban directamente

involucrados con lo que estaba pasando entre Estados Unidos y México. Yo creo que Santa Anna levantaba el espíritu del pueblo mexicano. Tal vez los mexicanos de la época

pensaban que si Santa Anna había sacrificado su pierna por defender al país, entonces ofrecía un ejemplo digno de ser seguido.

Pero Santa Anna tenía enemigos y los ataques de sus enemigos políticos eran fuertes. Había jóvenes liberales que no estaban del todo convencidos de los motivos de Santa Anna y había conservadores no muy contentos con su regreso bajo los auspicios de Valentín Gómez Farías y los federalistas. También había grupos antagónicos que divulgaban el rumor de que Santa Anna había hecho un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos para favorecer la cesión de territorio. Algunos periódicos de la ciudad de México hacían referencia a la dilación de Santa Anna en Saltillo como parte de una conspiración, un plan secreto de Santa Anna para ayudar a la invasión norteamericana y minar la defensa nacional. La prensa mexicana veía esto como un signo de que la teoría de la conspiración podía ser cierta al ver otro retraso para movilizar el Ejército del Norte a enfrentarse a las fuerzas del general Taylor.

Santa Anna sabía que el ejército no tenía armas suficientes, sabía que no contaba con los suministros de alimentos necesarios y que en realidad no estaban listos para entrar en batalla en esas condiciones. Pero como dije antes, para él, el prestigio era muy importante. Toda esta oposición creó una fuerte presión en Santa Anna para que movilizara sus fuerzas con el fin de acallar los rumores que sugerían que era un traidor a México. Así que Santa Anna tomó una decisión prematura de marchar al norte y desafiar al general Taylor antes de que sus tropas estuvieran completamente preparadas.

Toda su vida Santa Anna reaccionó fuertemente a la crítica pública. El proyectar la imagen de gran líder fue una preocupación que tuvo todo el tiempo. Un hombre que es un líder verdadero en cualquier momento tiene que dado hacer caso omiso de la crítica y concentrarse en la tarea. Desafortunadamente Santa Anna fue demasiado sensible a la crítica y reaccionó tomando acciones para cerrar los espacios que esa crítica abría; o bien, trataba de acallar a sus críticos. Lo que la

gente pensara de él le resultaba muy importante y estas percepciones extremas influenciaron algunas de sus acciones. Ese fue uno de sus grandes problemas.

Santa Anna estuvo muy cerca de la victoria en la batalla de La Angostura y, sin embargo, decide retirar sus tropas. ¿Qué nos dice esta decisión?

Alguna vez un historiador dijo que Santa Anna fue “el general de las derrotas permanentes”. Tal vez la batalla de La Angostura fue el momento en que estuvo más cerca de la victoria, pero las condiciones eran terribles. Las crónicas de los testigos presenciales mencionaron que las condiciones del ejército mexicano eran tan malas que era imposible continuar aunque la batalla estaba a punto de ser favorable para los mexicanos.

El problema fue que la marcha de San Luis Potosí a La Angostura fue tan pesado y los suministros tan escasos que cuando el ejército mexicano llegó, estaba en muy malas condiciones. Es cierto que de haber aguantado un día más se pudo alcanzar la victoria, pero también pudo haberse convertido en una horrible masacre por las condiciones en las que se encontraban las tropas. De cualquier manera, yo creo que en esos momentos era muy difícil mantener un ejército mexicano con los recursos tan limitados que se tenían, así

que no me sorprende la decisión de Santa Anna de retirarse. Creo que fue una decisión necesaria aunque no la mejor en ese momento.

Otro ejemplo interesante del liderazgo de Santa Anna se dio con la revuelta de los polkos en la ciudad de México. ¿Cómo pudo Santa Anna hacerse cargo de la situación en tan breve tiempo?

Esto nos lleva de nueva cuenta al carácter camaleónico de Santa Anna. Era un personaje que podía cambiar de piel de acuerdo al “color” de las condiciones. La “revuelta de los polkos” fue una reacción a las medidas radicales que el vicepresidente Valentín Gómez Farías había tratado de implementar cuando estuvo en el poder por segunda vez en su carrera. Los grupos que se oponían a estas políticas vieron en Santa Anna a la persona que podía resolver la situación.

Santa Anna inmediatamente cambió su posición, se adaptó al “color” del medio ambiente de ese momento, y es él quien realmente soluciona la crisis. Como nunca había tenido alianzas permanentes en su vida, era capaz de cambiar de lado, de aprovechar la oportunidad, de resolver el problema y aparentemente hacerse cargo del aspecto político. No tener ideas fijas le permite a una persona moverse en un espacio más amplio. En el momento en que uno se define y persigue una idea, uno se limita las opciones de acción. Entonces entre más ambiguo eres, más espacio tienes para moverte. Este fue Santa Anna, totalmente indefinido.

Los últimos años de Santa Anna fueron verdaderamente dramáticos. Viejo, anciano, enfermo, perdió su fortuna. Tuvo la suerte de tener una esposa, su segunda esposa, que evidentemente demostró una tremenda fidelidad como persona y como esposa de un general. Cuando Santa Anna estaba casi olvidado en la ciudad de México, su esposa buscaba y pagaba a personas para que le solicitaran entrevistas a Santa Anna. Esto debió haber sido terrible. Claro, Santa Anna nunca se enteró de ello, pero qué terrible fin éste para un hombre que siempre estuvo buscando ocupar un lugar preeminente en México y que acabó prácticamente abandonado luego de haber perdido su reputación y fortuna. Lo único que no perdió fue la lealtad de su esposa.

Yo creo que debemos analizar a Santa Anna en el contexto de México. Santa Anna fue un personaje importante, pero nunca fue el reflejo de México o de los mexicanos de su tiempo. Juzgar a México a través de Santa Anna puede ser muy deformante. Santa Anna fue un hombre de su tiempo, ocupó el poder, se benefició de las condiciones o las aprovechó para sus intereses personales, pero ni moral ni políticamente era el prototipo del México de su época. Fue una persona muy importante, pero era eso: sólo una persona. No era el ejemplo más acabado de lo que pudieran ser los mexicanos ni los políticos mexicanos de ese momento.

De alguna manera Santa Anna fue una variación del romántico que buscaba ser exitoso en formas heroicas. Tenemos en Santa Anna a un individuo rico que no estaba obligado a correr riesgos pero que decidió sacrificar su tranquilidad y su confort para volver una y otra vez a los peligros de una campaña militar y del campo de batalla. Creo que en sus nociones románticas y en su búsqueda de fama y transcendencia es que podemos encontrar una explicación al fenómeno de su singular personalidad.

Antonio López de Santa Anna

Trabajo Sobre

Antonio de Padua María Severiano López de Santa Anna

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