Antígona; Sófocles

Literatura universal antigua. Tragedia griega. Mitología y realidad. Autores griegos trágicos. Contexto histórico, Personaje femenino

  • Enviado por: Santo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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  • Realiza un resumen del contenido de la tragedia de Sófocles; Antígona.

  • La obra de Sófocles narra la historia de Antígona, hija de Edipo y así la de los últimos descendientes de la casa de los Lablácidas.

    La historia comienza tras la batalla en la que los dos hermanos de Antígona, Eteocles y Polinices, acaban de forma recíproca con sus propias vidas. Tras este funesto hecho, el vigente rey de Tebas, Creonte, pariente de las difuntos, toma una medida quizá desmesurada prohibiendo la sepultura de Polinices, a quien considera un traidor por atacar la ciudad de Tebas.

    Lo cierto es que Polinices solo trataba de recuperar (mediante la guerra) lo que le correspondía por derecho, ya que su hermano se negó a cumplir el trato pactado anteriormente entre ellos en el que se repartían el gobierno de la ciudad de Tebas durante ciertos años.

    Durante el transcurso de esta guerra tuvo lugar el trágico final en el que ambos morían a manos de su propio hermano en una doble estocada final a las puertas de la ciudad de Tebas.

    Como he dicho anteriormente, Creonte, sumándose a la cadena de tragedias a la que su familia estaba condenada, prohíbe dar sepultura a Polinices dándosela a Eteocles.

    Antígona, lógicamente, no está de acuerdo con esta decisión del nuevo rey, y pese a los esfuerzos de su hermana Ismene por convencerla de lo contrario, decide enterrar a su hermano, cumpliendo con la ley de los Dioses (al menos la que ella interpreta) y haciendo caso omiso de las leyes reales.

    Antígona no logra hacerlo, pues cuando trataba de concluir los ritos necesarios para su correcto viaje al mundo de los muertos, los soldados y guardias de Creonte la apresan y la llevan ante él. Creonte no muestra clemencia (al menos en un principio) ante ella, ni siquiera al pedirle su propio hijo, Hemón, prometido de Antígona, que cambie de actitud.

    El personaje de Hemón es, a mi parecer, el más interesante de toda la tragedia, pues, mientras trata de resignarse al criterio de su padre y rey Tebas, al mismo tiempo intenta convencerle de que no lo haga, pero no pidiendo piedad por tratarse de su prometida, sino, demostrando que conoce a su padre, comparándolo con un “joven inexperto” y tachándolo de mal gobernante apelando a los principios griegos de democracia, golpes, que creía surtirían efecto en él. Lo cierto es que no lo consigue, pero a mi entender, tienen mucho que ver en su futura recapacitación.

    Tanto Antígona, como Hemón, como Corifeo, le hacen saber a Creonte que el pueblo le tiene por un tirano y que en realidad están a favor del indulto de Antígona y la correcta sepultura del hijo de Edipo, aunque nunca serían capaces de reconocerlo ante él, no por respeto por la ley, como debiera ser, sino por miedo al propio Creonte. Aun así, Creonte ve en estas palabras una especie de conspiración contra su buen juicio negándose por completo a ceder ante las exigencias de aquellos a los que considera criminales o cómplices de criminales.

    De nuevo el ciego Tiresias, como ya lo fue en la historia de Edipo, provoca y supone un cambio en los acontecimientos, ya que en su visita al rey Creonte, confirma las palabras de Antígona, Hemón y Corifeo, dándoles un cariz diferente, en esta ocasión, no representa al pueblo de Tebas, sino a los Dioses, haciendo saber a Creonte, que éstos no estaban contentos con él y que si dejaba sin sepultura a Polinices y mataba a Antígona una serie de maldiciones caerían sobre el pueblo de Tebas.

    Creonte, cegado de nuevo por el sabor dulce del poder y la tiranía, ve en estas palabras del ciego Tiresias, una amenaza directa hacia su persona y hacia su pueblo al que dice amar por encima de sí mismo, por parte no de los Dioses sino del propio Tiresias. Y opta por insultar al ciego sin creer sus palabras, tras lo cual, el ciego Tiresias decide marchar, no sin antes maldecir a Creonte con un hijo muerto en sus brazos, como compensación de las muertes de las que sea causante. Hasta aquí dura la intervención del ciego, y es cierto que parece que no ha cambiado mucho las cosas, pero más tarde veremos que sus palabras provocarán el cambio de actitud del rey.

    Antes de esto, al apresar el rey a Antígona se produce un enfrentamiento entre Antígona y su hermana Ismene, apresada también por Creonte, en el que Antígona acusa a su hermana de falsa y traidora de la familia por no haber querido tomar parte en el entierro de su hermano. Ismene pide ser sancionada junto a Antígona, no deja claro si por amor a su hermana, por culpabilidad y arrepentimiento de no haber mostrado respeto por su familia o por algún otro motivo, pero Antígona, demostrando su orgullo de lo que había hecho, le niega el “privilegio” de morir por su familia. Ismene no vuelve a aparecer en la historia, ya que Creonte le perdona.

    Antígona, por orden del rey es enterrada viva en una cueva donde tendrá comida suficiente para subsistir privándola así de vivir ni entre vivos ni entre muertos. Y Polinices seguirá sin sepultura hasta que Creonte, hablando con Corifeo y asustado profundamente por las palabras del ciego, cambia de opinión y decide rectificar y deshacer lo que hizo siendo él mismo quien de entierro a Polinices y libere a Antígona, prometida de su hijo, de su cautiverio.

    Lo primero, la sepultura de Polinices, sucede sin mayores inconvenientes, pero al llegar al lugar donde debiera esperarle Antígona sucede que ésta ya no espera más que al Dios que venga a llevarla al reino de los muertos, pues se había colgado del techo de la cueva dándose a sí misma muerte, y Hemón, desconsolado, lloraba a sus pies. Creonte intenta levantar a su hijo cuando este le escupe e intenta herirle con su espada, para acabar dándose muerte a si mismo como hizo su amada. La maldición predicha por el ciego Tiresias se cumple al fín y Hemón yace muerto abrazado a Antígona.

    Creonte vuelve a Tebas con su hijo muerto en brazos para descubir que Eurídice, su esposa, al enterarse de la muerte de su hijo se suicida también culpando a Creonte de la tragedia. Y así termina la obra, con Creonte sostienendo su familia muerta en sus propios brazos.

  • ¿Por qué razones, Antígona, lleva a cabo esta desobediencia ética? ¿Es pacífica la desobediencia? ¿Acepta voluntariamente las sanciones que dicho quebrantamiento de la norma lleve?

  • Antígona decide quebrantar la ley sencillamente porque no le parece justa, y cree que debe cumplir antes las leyes que mandan sus dioses que las que mandan los gobernantes, pues, tal y como ella dice en la obra: “No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien”, y de ese modo, decide incumplir una ley que considera no injusta, sino falsa, ya que las leyes mortales deben adecuarse a las divinas y esta, al entender de Antígona, no lo hacía. De todos modos, la desobediencia es pacífica y en ningun momento intenta dañar la integridad de nadie, ni siquiera de Creonte, por el que profesa un reticente odio. Y, teniendo en cuenta que no acepta la ley como tal, es extraño ver cómo sí que acepta y se resigna al castigo que se le impone, que no es otro que la muerte. Aunque es comprensible si vemos que a ella no le queda más familia que su hermana Ismene, a quien, como podemos ver a lo largo de la historia, no considera de su familia debido a la adaptabilidad de su carácter.

    De modo que no acepta la ley por considerarla injusta y falsa, pero lleva a cabo una desobediencia pacífica y se resigna la muerte como castigo sin intentar oponerse ni pedir clemencia.

  • ¿Debería Antígona haber obedecido la ley y luchar para que esa ley fuera cambiada, o más bien con su desobediencia expresa un gran respeto por la ley y la comunidad toma conciencia de la injusticia del rey?

  • Desde mi punto de vista, Antígona debería haber cumplido con la ley, y puesto que yo, personalmente, no creo en dioses ni en leyes divinas, no sería una excusa el hecho de estar cumpliendo estas últimas. De tal modo, incumplir una ley es algo detestable y para nada respetable, tanto por el que promulga la ley como por todos los que estan obligados a cumplirla. Ahora bien, Antígona acepta su castigo, de modo que no merece la importancia que se le da en esta historia. Que un hombre independiente quebrante una ley y acepte su castigo es simplemente irrelevante. Antígona incumple la ley y acepta su castigo, esa es la función de las leyes y más exactamente de las sanciones de las leyes; castigar al que no las cumple. De todos modos, desde mi punto de vista, Antígona debería haber cumplido la ley para intentar cambiarla, ya que si incumples una ley, luego no eres quién para cuestionarla. No importa el grado de justicia que dicha ley presente.

  • ¿Es Antígona inocente? ¿Es creonte inocente? ¿Tienen parte de responsabilidad en lo que ocurre posteriormente? ¿Son todos inocentes?

  • Antígona, desde mi punto de vista no es inocente en absoluto. Sería fácil decir que Antígona es inocente porque actúa de manera más justa que Creonte, pero eso no es cierto, puesto que la justicia es algo subjetivo, y debe aplicarse a un acto con respecto a una ley, y la ley que debe imperar es la ley del estado, no interpretaciones individuales de las leyes divinas, independientemente de que estas sean o no acertadas.

    Repito que yo no creo en dioses, pero respeto lo que se hace en su nombre si el hecho en si me parece respetable.

    Teniendo en cuenta esto, la actuación de Antígona no es justa con respecto a una ley, la ley vigente en el estado de Tebas y si es justa con respecto a su propia interpretación de la ley divina, a partir de aquí considero que es obvio que Antígona no actúa de forma justa ni con el pueblo de Tebas ni con el estado de Tebas. El pueblo debería haberse indignado de las acciones de Antígona, ya que incumplía una ley que ellos se molestaban en cumplir, por su sentido de la legalidad, y además lo hace con una sonrisa en la cara y muy orgullosa de ello.

    Ahora veamos la inocencia de Creonte. El rey de Tebas es a mi entender un insensato poco cualificado para ser rey, pero no es culpable directamente de nada, puesto que él intenta hacerlo todo con buena voluntad y en ningún momento le ciega el poder, sino que le posee la necesidad de ser un buen gobernante.

    No olvidemos que Creonte se ve “obligado” a ser rey repentinamente tras la muerte de los hermanos Polinices y Eteocles, y desde ese momento vive con la necesidad y con la obsesión de ser un buen rey, y demostrar al pueblo que no es un rey indeciso, por eso se muestra terco a la hora de cambiar de opinión con respecto a la sanción impuesta a Antígona, porque aunque él mismo piensa, al escuchar a sus consejeros, a su hijo y sobre todo al vidente, que debería salvarla, cree que no debe cambiar de opinión y que debe hacer cumplir la ley que en su momento dictó, y que indultar a la hija de su prometido supondría un cambio en la imagen que el pueblo tendría de él, pasaría de ser un tirano (imagen que, aunque no le agradaba, le bastaba) a ser un rey blando, imagen que no quería, bajo ningún concepto, dar a su pueblo.

    Este hecho, queda demostrado cuando su propio hijo, Hemón, la persona que más debería conocerle de todos los personajes, intenta convencerle no pidiendo piedad por tratarse de su prometida sino llamándolo “mal gobernante”, ya que piensa que esto debe ser el insulto que más daño pueda hacer a su padre, y así hacerle cambiar de opinión.

    La siguiente parte de la pregunta es si tienen parte de responsabilidad en lo que ocurre. Creo que es obvio que si, pero que no son culpables ninguno de ellos, ningún hombre ni mujer puede ser culpable, creo yo, de el suicidio de otra persona. El suicidio no es más que una salida, quizá desmesurada, a unos problemas que no eres capaz de afrontar, y los culpables si los hay son la debilidad de la persona que decide suicidarse y los problemas en si, pero no los causantes de estos problemas, me parece que es ir demasiado lejos buscando culpables.

    De todos modos, no me parece justo hablar de “culpables” de algo, pues parece que el suicidio sea malo, y no quiero valorar los actos de los demás, que mientras no dañen a nadie más, me parecen en su mayoría respetables. Así que prefiero hablar de influencia y no de culpabilidad.

  • Elige uno de los siguientes títulos y elabora una redacción argumentada:

  • “Libertad personal, que en ningún caso debía ser afectada o controlada por los poderes públicos, ni siquiera por la eventual decisión de una mayoría de los ciudadanos”

    Sencillamente absurdo. Creo que tal y como se entiende la libertad (ajeno a sanciones legales) debe tenerse muy controlada, pues es importante recordar que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad del otro, de este modo, si entendemos este título como: Hacer lo que uno quiera independientemente de lo que la mayoría de ciudadanos elija, es absurdo si quiera planteárselo y es un peligro para la sociedad en la que viva ese individuo. Yo creo en la libertad de reunión, pero también en la sanción impuesta al terrorismo y a la apología del terrorismo, creo en la libertad de prensa, pero también en el derecho a la intimidad. Con esto quiero decir, que a la libertad se le da una importancia desmesurada; libertad, igualdad y fraternidad, son los cimientos de la ética actual, y darle la importancia que se le da a la libertad exclusivamente me parece peligroso. De todos modos, desde luego, creo en la libertad de pensamiento y de opinión, pero no creo, ni creo que lo haga nadie, en la libertad de acción. Es absurdo planteárselo si quiera. En una sociedad en la que todos hicieran lo que cada uno considerara oportuno (aunque tomáramos como valida una utopía en la que todos hacemos lo que nos parece más justo) sería un absoluto caos, puesto que no servirían de nada las leyes, ya que cualquier intento de sanción se vería detenido por un: “yo hago esto porque es más justo”. De este modo, (aunque aceptemos que las leyes no son buenas ni malas objetivamente) debemos luchar porque sean lo mas justas y adecuadas a la población que debe vivirlas. Y una vez decididas se deben cumplir, efectivamente, independientemente de lo que tu creas, sometiéndote a lo que quiere la mayoría, ya que el hombre es un animal social, al que, para bien o para mal, no se le permite vivir al margen de la sociedad, y mientras esto siga siendo así, nadie puede imponer su ley bajo ninguna justificación al margen de las leyes ya establecidas (no entraré a valorar los regímenes totalitarios).